Ojo con estas 9 actitudes que promueven la culpa materna

De la serie “Madres ¿culposas o amorosas?”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 4 min 40 s

 

  1. Mito del instinto materno. La maternidad es una vocación, no un llamado de la naturaleza. Si ya tienes hijos y descubres en el camino que “no se te da eso del instinto”, ¡no pasa nada! Hay mucho que hacer para ser una madre suficientemente buena. No tienes que torturarte por no experimentar esa sensación de plenitud que otras mujeres reportan (genuinamente o por subirse al tren de la “supermom”).
  2. Sucumbir a la presión y juicio social por nuestro desempeño. Hay un listón tan alto -algunas veces autoimpuesto y a veces externo- que “poco o nada nos permitimos equivocarnos”. Hay expectativas de lo permitido y lo no en cuanto una se convierte en madre. ¡Y ni qué decir si no te conviertes nunca!
  3. Miedo a repetir la educación que nos dieron nuestros padres. La frustración de querer aplicar un modelo de crianza supuestamente más respetuoso del que nosotras recibimos, intentando frenéticamente no repetir lo que consideramos “errores” de nuestras propias madres. Un modelo ¿respetuoso con quién? ¿tiene sentido intentar cumplir con las exigencias de ese modelo si vamos a acabar ahogadas?
  4. Imposibilidad de equivocarte. El error forma parte de la exploración, así que equivocarse es sano o corriente. Además, da la oportunidad para explicarles a los infantes que errar es humano, que se puede reconocer, pedir disculpas y reparar en lo posible. Y da la oportunidad de gestionar la frustración al enseñar que no siempre las cosas salen como esperamos.
  5. Querer esconder tus limitaciones. Déjales ver que no puedes con todo, que no eres superhumana. No les hagas creer que nada te duele y que siempre la pasas bien. Que vean tus imperfecciones, distingan tus sentimientos y reconozcan tus necesidades; verte como una mujer real, de “carne y hueso”, los ayudará a ser vulnerables y más humanos.
  6. Entrar a la competencia social por tener los “mejores hijos”. ¿Por qué tus hijos tienen que ser los mejores?, ese pensamiento sólo pone presión innecesaria en ti y en ellos. No hay paz ni felicidad en un vivir en un mundo dividido entre los que “ganan” y los que “pierden”.
  7. Creer que podemos evitarles el sufrimiento. No hay modo de evitar que sufran de uno u otro modo. El dolor no sólo es inevitable en ciertas circunstancias, sino que es una experiencia de vida que, bien afrontada y asimilada, ayuda a madurar. No sobreprotejas a tus hijos, para que sepan manejar los dolores propios de su edad o los tropiezos que la vida les ponga.
  8. Conflictuarte cuando sientes que “los quieres y los odias”. Los vínculos humanos se caracterizan por la ambivalencia y la contradicción, a veces incluso la incongruencia.
  9. Sentirte egoísta por tener espacios personales. Necesitamos espacios propios. En ocasiones vivimos al límite y se acumula el cansancio, entonces así como no es sano estar siempre trabajando y no tener tiempo para desconectarse, tampoco lo es estar día y noche criando.

 

Recordemos que las mujeres que dan la vida por los hijos no sólo con el tiempo se los cobran, sino que tienden a descuidarse, reprimirse y terminan, si no enfermando, siendo una carga para ellos. Estemos atentas de estas actitudes que nos llevan a la culpa para poder maniobrarlas y transitar este sentimiento hasta lograr asimilarlo y transformarlo.

 

Te recomiendo Las cosas por limpiar, una serie en la que vemos a la protagonista -madre soltera- luchar por sacar adelante a su hija.

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