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Todos experimentamos emociones, éstas tienen como finalidad que nuestro organismo se oriente a su supervivencia y bienestar. Lo que hacemos y aprendemos en relación a las emociones y los sentimientos que de ellas derivan, está moldeado por la cultura: si hemos aprendido de nuestros padres o de nuestros maestros, que los sentimientos y emociones no deben manifestarse ni expresarse, nos sentimos vulnerables ante ellos y no sabemos manejarlos cuando surgen en nuestro interior.

Los sentimientos no son ni buenos ni malos, lo que sí hacen es producir energía positiva o negativa por lo cual hay que saberlos canalizar. Los sentimientos y emociones no reconocidos, expresados y aceptados hacen que su efecto doloroso se prolongue, produciendo agresión, represión y depresión, las cuales nos drenan energía para disfrutar la vida y conectarnos amorosamente con los demás.

Las emociones tienen todo un lenguaje propio que hay que escuchar ya que resumen lo que hemos vivido, tanto grato como doloroso. Reflejan nuestra historia, nuestras preocupaciones y nuestros anhelos y temores futuros. Confiar únicamente en el intelecto es una estrategia limitada y a veces inhumana de aprender y vivir.

La Inteligencia Emocional es la capacidad de reconocer los propios sentimientos y emociones, entenderlos y manejarlos adecuadamente para interactuar con uno mismo y con el entorno. A su vez, la Inteligencia Emocional incluye la competencia de poder percibir en los demás la existencia de su propio mundo emocional, es decir, de reconocerlo sin que eso signifique asumirlo e interpretarlo, sino estar abiertos a escucharlo, entenderlo y posicionarnos respecto a él.

La Inteligencia Emocional implica un conjunto de conocimientos, habilidades y capacidades intrapersonales, es decir de yo conmigo mismo, e interpersonales, es decir, de yo con los demás. Citemos brevemente: 

Habilidades intrapersonales

  1. Autoconocimiento. Es la capacidad de saber qué ocurre en nuestro interior y reflexionar sobre ello.
  2. Autocontrol. Consiste en regular nuestros impulsos y acciones, autogestionar lo que sentimos, tolerar la frustración, posponer la gratificación y responder oportunamente a los eventos que nos acontecen.
  3. Automotivación. Incluye nuestra pasión por la vida. Esta pasión que deriva de saber lo que es bueno, bello, correcto, interesante y valioso para nosotros.

 

Habilidades Interpersonales

  1. La comunicación auténtica
    1. Empatía. Nos permite reconocer al otro con su propio mundo de emociones, valores y necesidades; entenderlo y respetarlo.
    2. Nos facilita legitimizar y actuar con base en nuestros propios intereses o necesidades.
  2. Habilidades sociales. Existen otras competencias importantes para construir relaciones sociales con quienes nos rodean, entre ellas el positivismo, el cuidado personal, el don de palabras, la responsabilidad por la propia vida.

 

 

 

La Familia Reconstituida, si bien puede considerarse un modelo de familia “moderno”, ha existido desde siempre.

Podemos definirla como una relación formada por una pareja adulta en la que al menos alguno de los cónyuges tiene un hijo de una relación anterior. Esta definición excluye a las parejas en segundas vueltas sin hijos, y es que lo central de este sistema familiar es la dinámica y desafíos debido a la existencia de hijos de matrimonios o relaciones anteriores.

Tipos. Existen entonces varios tipos de familia reconstituida:

  1. Familias provenientes de un divorcio o viudez, en la cual uno de los cónyuges tiene hijos/as previos.
  2. Familias provenientes de un divorcio o viudez, en la cual ambos cónyuges tienen hijos previos.
  3. Divorciado/a que tiene hijos, y cuyo ex-esposo/a se ha vuelto a emparejar aunque él o ella no tenga otra relación de pareja.

¿Qué las caracteriza?

Las familias reconstituidas tienen que asumir muchos cambios en un corto tiempo, o al menos más corto que el de las familias nucleares por tanto lo que las caracteriza es la transición. Las adaptaciones y transformaciones que requieren no estaban consideradas en las expectativas vitales de sus miembros (tener un hijo de un día para otro, o varios; iniciar una vida de pareja y al mismo tiempo fungir como padre o madre; convivir con a un adolescente cuándo estoy dando a luz por primera vez).

Si bien el ciclo de vida incluye cambios de manera natural -noviazgo, matrimonio, nacimiento del primer hijo, etcétera- también genera expectativas respecto al tiempo que durará cada uno de ellos. En las familias reconstituidas las etapas del ciclo vital a menudo se trastocan, y los plazos no cumplen las expectativas prevista pues generalmente se dan de forma más acelerada.

Por otro lado las familiar reconstituidas nacen de la pérdida.  Sus puntos de partidas son dos: la muerte de uno de los cónyuges, o el divorcio previo de uno o los dos cónyuges. Ambos casos, si bien son diferentes, constituyen pérdidas fundamentales e intensidades emocionales equiparables para el resto de los miembros de las familias. Esto nos lleva a señalar que otra características de estas familias es la necesidad de un duelo. Pareciera extraño decir que el duelo por divorcio es más difícil de elaborar que el duelo por muerte pero es que en un divorcio queda la ilusión del reencuentro de los padres en la mayoría de los hijos.

¿Cuáles son los “prerquisitos”  de estas familias?

Aprender a manejarse con las pérdidas y los cambios. Por tanto el trabajo con el duelo así como el desarrollo de estrategias de flexibilidad y adaptación acelerada, son de necesidad fundamental para la nueva familia.

Otros retos.

  • Al haber varios adultos a cargo de los hijos, (la nueva pareja más los padres y madres de relaciones anteriores) es necesario clarificar las obligaciones conyugales y parentales de cada uno de ellos. Eso sin tener en cuenta otros niveles de parentesco como serían los papeles de tíos y abuelos.
  • Definir el límite del sistema familiar. No se sabe claramente quiénes son miembros de la nueva familia y quiénes quedan excluido. “¿Mi primo es primo de mis hermanastros también?” “¿Yo como hijastra seré tratada como nieta con los padres de mi padrastro?” “¿Quiénes estarán invitados en la cena de Navidad?”. En las familias nucleares la frontera biológica, legal y geográfica delimita los límites, no es el caso de las familias reconstituidas por lo que es importante definirlos.

Tips concretos para que funcionen.

  1. Trabajar los duelos previos (por muerte o divorcio tanto en los padres como en los hijos). Aquí no aplica el dicho “un clavo saca a otro clavo”.
  2. Los padres biológicos han de tener claros acuerdos sobre los hijos (económicos, emocionales, sociales).
  3. Los nuevos cónyuges han de conversar sobre el rol que fungirán con los hijastros e hijastras.
  4. Los padrastros y madrastras no han de posicionarse de inmediato como figuras parentales sino construir una relación con el hijastro o hijastra con base a los acuerdos previos y a lo que se puede y se necesita en cada caso.
  5. No rivalizar con los hijos del cónyuge. Si bien se ha de tener claro el lugar que ocupa la pareja, se eligió a alguien que llega a la relación con hijos/as.
  6. Es importante tener tiempo y espacio separado para el cultivo de la pareja, para los hijos biológicos y para la nueva familia. Esto implica mayor creatividad y mayor tiempo.
  7. Acompañar la relación de la fratría, es decir, la relación entre los hermanos/as, hermanastros/as y medio hermanos/as.
  8. Moverse con prisa pero con pausas. Si bien la adaptación a los cambios requiere rapidez, el exceso de entusiasmo en “compensar” el pasado o en construir una familia “ideal” puede hacer que se presione a tener actitudes y realizar actividades que requieren de tiempo para ser procesadas y poderse instaurar.

No se trata de querernos profundamente.  

Con frecuencia las familias reconstituidas se torturan y conflictuan porque tienen expectativas “románticas” del vínculo que van a generar entre sus miembros. Me inclino a decir que el amor o el afecto entre los miembros de estas familias se desarrolla (o no ) a través del tiempo, pero lo central no es “quererse y disfrutarse” profundamente, sino respetarse y cuidarse buscando lo que es oportuno y constructivo para cada uno de ellos. El amor no siempre se acompaña de sentimientos gratos, además quererse sería ideal pero imposible de instaurar en un inicio, por eso basta con que cada integrante de la familia se sienta respetado, apreciado, atendido, reconocido y cuidado, para que el tiempo haga su trabajo…

 

 

 

Todos experimentamos emociones, éstas tienen como finalidad que nuestro organismo se oriente a su supervivencia y bienestar. Lo que hacemos y aprendemos en relación a las emociones y los sentimientos que de ellas derivan, está moldeado por la cultura: si hemos aprendido de nuestros padres o de nuestros maestros, que los sentimientos y emociones no deben manifestarse ni expresarse, nos sentimos vulnerables ante ellos y no sabemos manejarlos cuando surgen en nuestro interior.
Los sentimientos no son ni buenos ni malos, lo que sí hacen es producir energía positiva o negativa por lo cual hay que saberlos canalizar. Los sentimientos y emociones no reconocidos, expresados y aceptados hacen que su efecto doloroso se prolongue, produciendo agresión, represión y depresión, las cuales nos drenan energía para disfrutar la vida y conectarnos amorosamente con los demás.

Las emociones tienen todo un lenguaje propio que hay que escuchar ya que resumen lo que hemos vivido, tanto grato como doloroso. Reflejan nuestra historia, nuestras preocupaciones y nuestros anhelos y temores futuros. Confiar únicamente en el intelecto es una estrategia limitada y a veces inhumana de aprender y vivir.
La Inteligencia Emocional es la capacidad de reconocer los propios sentimientos y emociones, entenderlos y manejarlos adecuadamente para interactuar con uno mismo y con el entorno. A su vez, la Inteligencia Emocional incluye la competencia de poder percibir en los demás la existencia de su propio mundo emocional, es decir, de reconocerlo sin que eso signifique asumirlo e interpretarlo, sino estar abiertos a escucharlo, entenderlo y posicionarnos respecto a él.

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La relación madre/padre hijo se cosecha día a día. Gracias a los aciertos de la educación que les dimos y también a pesar de los errores cometidos, siempre hay una posibilidad de actualizar nuestra relación.
Te comparto esta carta que recibí de Ale este 10 de mayo y lo que le respondí.

Madre,

Estoy pensando en la difícil y gran labor de ser madre que es el motivo por el cual estás siendo festejada el día de hoy y tú bien sabes que a mi no me gusta mucho escribir cartas por escribir, diciéndote lo mismo en cada una pero de manera diferente. 

Honestamente no sé cómo sea con mis hermanos, pero creo que los dos sabemos -por nuestra historia compartida, los años vividos y la forma de acompañarnos en más de una etapa de nuestras vidas- que el vínculo que hemos formado es especial. Por eso te agradezco, pues gran parte de quien soy hoy, se lo debo no solo a la labor de madre que hiciste conmigo, sino a tu empeño de formar un hogar desde cero cuando nos fuimos a vivir a la Roma. 

Tus varias metamorfosis han impactado en ti como mujer, y por consecuencia, en ti como madre, y por consecuencia en mi como hijo; y si me pongo a analizar, no estoy seguro de cuántas madres he tenido. Ahora sí que aquí no aplica el “madre sólo hay una”… Yo he tenido como 3 o 4 diferentes o no sé cuántas. Y cada una ha respondido a lo que le correspondía y corresponde responder en su respectivo momento. 

Y me pregunto: Hoy, ¿a qué te corresponde responder? 

Más que hacerme el muy acá, sólo trataré de brindarte mi perspectiva sobre mí, como tú hijo, de lo que yo veo que te corresponde. Digamos que no es consejo, ni acordeón de examen. Sólo un intento de empatía desde mi cariño para ti.

Para eso me remonto brevemente a mi pasado. Me has dicho cómo me ves tú a mi, pero la realidad es que batallamos bastante con mis habilidades para la escuela que se suponen que posteriormente esas serían mis habilidades para la vida laboral/profesional. Así como no tuve problema alguno con los social y que incluso, en tus palabras, era bastante autónomo, con las calis y responsabilidades mías -generalizando- siempre fui una patada en los huevos.

Hace un rato ya, hablábamos de aquella plática en Acapulco en donde nos dimos cuenta de cómo cada uno alcanza a percibir el contenido de una conversación hasta donde puede -o quiere- según lo que está viviendo. En fin… ese es un ejemplo puntal para mí de cómo respondiste ese día a lo que te correspondía responder en ese momento, en esa etapa de mi vida como mi mamá.

Hoy estás y estoy (y me atrevo a decir que mis hermanos también) en una etapa en donde siento que cada uno, de manera muy diferente, está  consolidando una autonomía, para que desde esa autonomía podamos colaborar y acompañarnos. Y eso es algo que siento hoy contigo y que siento de ti para mí; que estamos empezando una colaboración en algo que tanto nos apasiona que es nuestra vida profesional, nuestra vocación, de una manera que nunca había sentido antes. 

Además el acompañamiento que en este aislamiento he tenido contigo, en donde hemos tenido llamadas largas y sin hablar de algo en particular, pero a la vez de cosas tan significativas en nuestra vida: la de cada uno y la que compartimos. 

Por último, quiero decirte que siento que estás en una etapa en donde te corresponde colaborar con nosotros para que -si dividimos la vida en cuartos o tercios- la última fase de tu vida dejemos todo listo (en términos generales) para que nosotros podamos cuidar de ti; para que disfrutes y para que te disfrutemos. Donde lo prioritario no sea tu trabajo ni nosotros tus hijos, sino tú. 

Madre, te amo. Y me siento profundamente agradecido por la madre que me tocó tener. De todos los humanos que hay en el mundo, me tocó ser tu hijo. Qué fortuna la mía y qué gozo. 

Alejandro

 

 

 

 

 

Amor mío, mientras me daba un tiempo de tranquilidad con varios cursos que me dio por tomar sentada en la terraza del depa de Acapulco viendo el mar, recibo tu mail. Mi corazón salta de gozo, tal cual, lo siento latir aceleradamente y agradezco.

 

Te leo y me siento la madre más afortunada, querida, reconocida y respetada.   ¿Qué más puedo puedo pedir hoy 10 de Mayo? Pero no solo eso, me siento babear de leerte, pero también y tanto de verte en la vida. Y eso inunda mi ser de paz, agradecimiento y satisfacción.

 

Reconozco Ale, nuestro particular vínculo desde ese “desde Cero” que hablas, donde hubieron silencios, llantos, palabras, risas, regaños y ayudas; experiencias todas,  incomunicables. Solo tú y yo las construimos, las vivimos y las atesoramos. Nos transformaron a ambos.

 

Me observas bien, me conoces bien, y sí, siguiendo tu metáfora de la metamorfosis a veces pienso ¿Para qué reencarnar? si yo he muerto y renacido varias veces en esta vida. Me alegro que todas las facetas te hayan aportado tanto porque el amor ha estado siempre y ha sido incondicional pero al mismo tiempo en ciertos puntos limitado y deficitario, y dudar de mi como madre queda hoy tan atenuado al leer tus palabras y al verte vivir y afrontar los desafíos de la vida.

 

Nunca fuiste una patada en los huevos, Ale, pero ¡qué energía la tuya! y obstinación y deseo: porque tu querías hacer lo que querías, cuando querías, como querías, con quien querías y de manera insistente.  ¿Te dije que a tus tres meses amamantándote en Valle pensé que ya no tenía leche porque me empujabas con tu manita para ya no comer? Y nada, fui de regreso al pediatra contigo y leche había y tu subías de peso hermosamente, pero simplemente ya no te daba la gana comer de mi…

 

Percibes bien la etapa de vida en la que me encuentro, en el último tercio, para el que me cuido porque lo quiero disfrutar.  Y sí, quiero priorizarme y no sentir que me faltará tiempo, bajar el paso, disfrutar sin culpas y compromisos innecesarios y expandirme en lo que me falta pues las sorpresas de la vida son inagotables. Esta etapa es la cosecha de tantos años de aprendizaje, esfuerzo, disfrute y también de dolor y pérdidas. Y Ale, es claro que ustedes están en otra etapa y los veo fortalecerse en lo individual y como familia velozmente, lo cual es para mí una culminación maravillosa como madre. Siempre seré y estaré, no hay duda, pero con una ligereza y disfrute que no sé ni cómo describir. Me limito a disfrutar y a agradecer, ¡es maravilloso!

 

Y dices bien, nuestra inteligencia, empeño y vocación crea una coyuntura maravillosa en nuestras vidas, de estimulo, creación, colaboración y sustento de vida. Me emociona infinitamente lo que se va gestando a nivel profesional con este rebote que vamos teniendo. Y me sigue dando sentido de vida saber que a tu estilo y con tus preferencias y saberes continuarás un desarrollo personal, una realización profesional y un impacto social que también. 

 

Confío también que el futuro nos va a regalar muchas sorpresas si nos seguimos trabajando. Y me da tanta paz saber que los tengo, que te tengo, que una parte tuya está para mi y que me amas.

 

ERES MI AMOR.

 

Tu madre

Tere

 

 

Cuando de festejar a las mamás se trata, parece que a todo lo bien que nosotras conocemos a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestra pareja, a nuestros hermanos, ellos poco conocen de nosotras, e incluyo a esta variedad de miembros familiares (y no solo a nuestra descendencia) por no agregar en la lista a algunos amigos, vecinos y compañeros de trabajo. ¿Por qué? Pues es que a las mujeres se nos ha dado ese papel de “hacerle de mamá”, y pilmama, y madrina, y madrastra, de una multitud de personas que reciben nuestros cuidados, nuestro cariño, y nuestro apoyo, más allá de lo que nos correspondería. Nos convendría aplicar el sagrado mandamiento un poquito modificado: “Ámate a ti misma como amas a tu prójimo”

¡Ojo!, no digo que esto sea malo dar cuidados y consideraciones a los demás, pero si vamos a dar a los demás cuidados maternos, más allá de nuestras responsabilidades con nuestros propios hijos, hemos de hacerlo porque de verdad lo deseamos, porque la entrega nos sale sin un sentido de culpa personal, porque los otros no nos lo exigen por ser mujeres, y porque cuando decimos “no, ahora sí no puedo” (o no quiero, o no sé qué ching… me pasa…) no hay ofensas, ni chantajes, ni amenazas ni, menos aún, represalias.

Pero si te vives satélite de las necesidades de todos y jamás siendo el eje de tu propia órbita, este 10 de mayo pide que no te festejen y que mejor observen quien eres y escuchen lo que realmente necesitas.

Te comparto algunas reflexiones:

 

  1. Antes de ser madre, eres una mujer con necesidades, intereses, sueños, y valores que quieres respetar y disfrutar. Dalos a conocer.
  2. Para lograr lo que te propones necesitas tiempo, descanso y algo de dinero. Es momento de pedir esos espacios y si no depende de otros conseguirlos, de darte a ti misma lo que los demás no te pueden (o no te quieren) dar.
  3. No te azotes con temas de maternidad. Puedes ser una madre “imperfecta” sin por eso dejar de ser una buena madre. Para desmitificar el rol materno ayúdales a comprender que amas a tus hijos pero no te identificas con eso de que “las buenas mamás disfrutan profundamente de ellos”,  que “lo más importante en la vida es ser madre”,  y que “no hay amor más perfecto que el de una mamá”.
  4. Claro, aclara que el no encajar en el rol de “la madre angelical” no te resta responsabilidad para con ellos, pero si te libera de culpas.
  5. Muestra que madre “no solo hay una”, así que para alcanzar tus sueños, sin con eso descuidar a tus pequeños, acompáñate no solo del padre (o bien otra madre si tu familia es homosexual) sino de otras figuras maternales que puedas sumarse en este rol. ¿Amigas? ¿Hermanos? ¿Vecinos?
  6. Pide a quien te rodea que si no cumples los roles tradicionales no te señalen que no tienes “instinto materno”. La maternidad es una elección, una vocación y una responsabilidad, no a todas nos sale “instintivamente” y ¡no pasa nada!
  7. Da a conocer tus limitaciones. No hagas creer a quienes te rodean que nada te duele, que todo lo puedes y que siempre la pasas bien. Que miren tus imperfecciones, distingan tus sentimientos y reconozcan tus necesidades; verte como una mujer real, de “carne y hueso”.
  8. ¡Diles que te regalen una buena novela! Sí, busca historias y novelas con temas de mujeres, familias, dilemas de la convivencia familiar, ambivalencias de los lazos afectivos, contradicciones de la feminidad y la maternidad.
  9. Aclara que no eres de las que “da su vida por los demás”. Vive tu vida, y compártela con quienes te rodean. La sumisión, el altruismo excesivo, el sacrificio, la abnegación, son actitudes que con frecuencia nos llevan a postergar o frustrar nuestras propias necesidades para sostener las demandas de otros (hijos incluidos), y claro, luego cobrárselas…
  10. Compárteles tu proyecto de vida. Y es que tus hijos no pueden ser tu proyecto de vida. Tienes que tener un proyecto vital que incluya tus deseos, tus intereses, capacidades, sueños y valores. No se trata, por supuesto de negar que la maternidad pueda ser un proyecto atractivo, pero no el único.

 

Si sueltas el “qué dirán” y echas de lado los mitos sobre la maternidad que te acorralan, podrás priorizar el vínculo con sus hijos, la verdadera conexión y la genuina contención.

¡Que este 10 de Mayo  te regalen tiempo para ti y espacios para crear!

 

 

No puede dejar de rondarnos por la cabeza la pregunta sobre qué pasará con nuestra mentalidad y nuestros hábitos después de esta cuarentena. Estamos en el presente pero, yo en particular, no puedo de quitar la vista del futuro próximo. Sin reparo y con la menor ansiedad posible, imagino otros escenarios posibles, que este evento, puede desencadenar.

Mi “deformación psicológica” me lleva primero a pensar en las estructuras de carácter que subyacen en nuestras respuestas naturales a lo que estamos viviendo:

  • Existen personas “introvertidas” – no porque no sepan socializar sino porque se recargan en el silencio y en la soledad – y para ellos, quedarse así, sería un “bendición”. Salvadas las proporciones de los daños colaterales.
  • Están, por otro lado, aquellos “extrovertidos” que ya advirtieron a los propietarios de bares, cafeterías y restaurantes, que se abastezcan porque están ya en posición de “¡en sus marcas, listos, fueraaaaaa!”.
  • Y por otro lado, las personas que tienen miedo por relacionarse, probablemente y en su mayoría, parte de espectro que responde a patologías previas, psicológicas o psiquiátricas, y no tanto a la pandemia en sí. Esto es tema de toda otra reflexión.

Cada respuesta tras el confinamiento dependerá de los mecanismos que cada uno usa para afrontar la vida en general: de distintas formas y con diferentes secuelas se entenderá, se procesará y se aceptará. Notaremos que somos vulnerables pero no impotentes. Y los cambios que se den no tendrán que ser del todo negativos.

Pero más allá de cada uno de estos posicionamiento me pregunto: ¿será diferente nuestra forma de ser y relacionarnos después de este confinamiento?

Comparto algunas reflexiones de lo que quizás habremos descubierto:

  1. Que se pueden mantener las relaciones, aún a distancia. Y que en este sentido, la tecnología ha sido un “plus”, porque las distintas plataformas nos permiten acercarnos en el mundo virtual y de una manera “curiosa” mantenernos actualizado, conectados y contenidos.
  2. Que se puede descartar de nuestras vidas a aquellas personas que no tienen que ser más parte de nuestro círculo cercano.
  3. Que se puede ampliar la gama de actividades que nos proporcionan placer y ocio casero. Y que quizás esta experiencia puede derivar en hobbies, goces, intereses y recursos que no imaginábamos podríamos conquistar.
  4. Que reconoceremos cuánto menos necesitamos consumir. Y que no solo el ahorro nos beneficia sino el “consumo” de experiencia y el desarrollo de vínculos.
  5. Que distinguiremos hábitos útiles e inútiles que teníamos arraigados sin siquiera notarlo.
  6. Que experimentaremos, ahora sí “en carne propia” y con mayor consciencia que somos seres sociales y creativos. Estamos re descubriendo nuestra emocionalidad que seguramente bullirá más tras el confinamiento. Esto generará ¿más arte? ¿más parejas? ¿más hijos? ¿más proyectos? ¿menos pedos?
  7. Que confirmaremos que la tecnología llegó para quedarse: home office, arte digital, relaciones a distancia, terapias virtuales.
  8. Que nos tomará tiempo desafiar el temor al acercamiento físico. ¿Qué tanto me acerco a quién?. Si antes era en lo sexual el recelo, quizás ahora se extienda a lo puro relacional.
  9. Que perderemos miedos a otros “contagios sociales”: ¿clase, preferencia sexual, raza, género? Quiero soñar que habrá mayor igualdad. ¿O retomaremos rápidamente la distancia que generan los privilegios?
  10. Que los mercados se ajustarán de forma diferente. Algunos están sufriendo terribles consecuencias pero otros han salido reforzados (Netflix). Imposible negar que cambiará la apuesta económica y financiera ¿Qué areas de oportunidad surgirán como nuevas maneras de hacer negocio?
  11. Que en esta sociedad de actividad frenética se está generando una educación para el ocio que nos obliga a parar y a reflexionar. Los espacios “vacíos” permiten relajación y creación.
  12. Que estamos re descubriendo el valor del conocimiento científico y el “irnos de puntitas” con mil propuestas alternativas que en el mejor de los casos pueden sumar, pero en muchos generan pensamientos mágicos y laberintos sin salida.
  13. Que se puede integrar lo paradójico: la solidaridad dentro de la individualidad. Tanto dentro de una mismo inmueble, o en un barrio, ciudad, o a un nivel mucho más amplio. Y confirmar que somos más interdependientes que independientes, por lo que no sobrevivirán los “mas fuertes” sino los que se apoyan.
  14. Que también desarrollaremos nuestra capacidad de resiliencia, pues serán más de una pérdida de las que nos tendremos que recuperar. Incluído aquí la capacidad de posponer la frustración y posponer la gratificación.
  15. Y quizás, que los adolescentes –tan criticados por su inmersión en la tecnología- han hecho en este encierro no cosas no tan distintas a sus hábitos previos: relaciones online, juegos, música, videos, redes, entre otras. . Pienso que desbancaremos la falsa idea de que los nativos digitales son menos sociales y confirmaremos que hay mucho solitario de bar, y muchas personas “solas” en casa conectando a través de videojuegos y otras plataformas en compañía. Agrego, que no cabe la menor duda de que la tecnología se va a acelerar.

¿A ti se te ocurre algo más? ¡Bienvenido el cambio!

Si bien hemos ganado muchísimo en tema de derechos humanos que preservan la integridad de los infantes, también hemos perdido la capacidad de enseñarles a capotear el sufrimiento y a desarrollar una voluntad tórrida que les permita afrontar los desafíos que cualquier vida presenta.

Los grandes temores de los seres humanos, citando a Sigmund Freud, son el caos, el ataque y la pérdida o abandono, todos hoy juntos y revueltos por el tema del Coronavirus. No hay duda que los pequeños, grupo particularmente vulnerable, vive esta experiencia también.

Te invito a que esta cuarentena les enseñes a salir fortalecidos con algunas estrategias de afrontamiento que podrán utilizar en cualquier reto y etapa de su vida.  No olvides que lo que menciono son orientaciones generales que hay que adaptar a cada niño de acuerdo a su personalidad, su edad y sus circunstancias.

Aquí te van algunas sugerencias:

  1. Favorece el desarrollo de hábitos. Establecer actividades y tareas concretas que se han de acometer día a día permite la construcción de rutinas que faciliten la vida de nuestros hijos.
  2. Fomenta su autonomía. Actividades como aprender a hacer la cama, abrocharse la agujetas y preparar algo de su comida, pueden generarles sentido de competencia personal, experiencia de logro y sin duda mayor autonomía.
  3. Intercala actividad física y mental recreativa. El adicionar, a manera de juego, actividades – que pueden ir desde subir y bajar escalones tomando el tiempo para “romper records”, poner música y bailar, hasta tener rompecabezas en ciertos momentos del día – son maneras de generar recursos de autocuidado, descanso y distracción, y al mismo estimular su cuerpo y su mente.
  4. Habla de sus y de tus emociones.No siempre son necesarias intensas terapias ni “rondas de sinceridad” para integrar en la comunicación el mundo emocional. Preguntar “cómo te sientes”, “qué le está pasando ahorita a tu corazón”, así como relevarle tus experiencias afectivas, les permite conactar con sus sentimiento y emociones, expresarlos, y – con tu ejemplo – aprender a manejarlos mejor. Es probable que el enojo, el miedo y la tristeza salgan a escena: deja que los expresen y ayuda a que los procesen.
  5. Deja que se aburran. Es imposible mantener a nuestros hijos divertidos todo el día. El aburrimiento es la emoción de la no emoción. Aburrirse sin demandar y sin quejarse es un aprendizaje valioso que les permitirá tolerar la frustración, aprender a esperar, posponer la gratificación y, en una de esas, explotar su capacidad de creación. Todas estas son habilidades de gran valía para forjar el carácter.
  6. Irrumpe con alguna novedad. Introducir un elemento sorpresa anticipando con un “a las 8 les tengo una sorpe”, crea ilusión e incertidumbre. La novedad puede ser tan sencilla como comprar colorantes comestibles y dejar que cada uno elija el color que pondrá a su vaso de leche esa noche.
  7. Cancela de tajo los malos tratos. La violencia no se justifica bajo ninguna circunstancia.
  8. Conéctate con ellos.Si logras activar los puntos anteriores tendrás los ingredientes suficientes para que cada día sea de conexión y no de enojos y represión. La conexión genuina genera intimidad, la intimidad fortalece los vínculos, y los vínculos fuertes son el mejor antidoto de la ansiedad, emoción que anda suelta durante esta cuarentena. 

Pareciera que todo esto esto obvio y de sentido común, pero por lo mismo, fácilmente lo olvidamos. Este 30 de abril regala a tus hijos una forma de relación que les ayudará durante el encierro y por sobre todo, durante toda la vida.

Se pronostica que para mediados de siglo una tercera parte de los hogares mexicanos serán unipersonales. Eso sin mencionar las cifras en otros países, que van a la avanzada con el fenómeno urbano del “single”.  Es evidente que en los últimos tiempos los humanos hemos migrado de un estilo de vida comunitario a una rampante individualización.

La culminación de la individualidad se gesta en el siglo XX con un cúmulo de avances tecno-científicos nunca antes vistos, el auge del capitalismo, así como la cuna de movimientos sociales que cambiaron nuestra manera de pensar: la Revolución Sexual con la legitimación del placer invitó a los individuos a explorar sus cuerpos y cuestionar sus relaciones a favor de la satisfacción personal. El movimiento feminista empoderó a las mujeres y las posicionó en la vida pública tras años de enclaustramiento doméstico. El movimiento LGBT a favor de la equiparación y reconocimiento de derechos de las personas homosexuales, bisexuales, transgénero y transexuales.

         Hace no tantas décadas considerar esta alternativa de vida era simplemente “impensable” y es que antaño no había forma de sobrevivir en individual. Basta recordar que, de manera particular las mujeres, requerían de un hombre que las sostuviera pues no tenían manera de independizarse. La soltería en general era mal vista y de dudosa reputación. Y la vida individual, si bien ya venía gestándose como estructura posible, se veía de forma negativa: como egoísmo, patología y desubicación.

Pero hoy, si bien la vida de pareja en muchos contextos sigue siendo “la norma”, cada vez son más las personas que quieren una vida individual, que la disfrutan, y que se construyen a través de ella. Ni la crisis económica de los últimos tiempos está pudiendo parar esta tendencia: muchos hombres y mujeres eligen un hogar ocupado por ellos, y nadie más. Y si bien los privilegios son muchos existen también retos a superar.

Algunos de los más comunes y propagados son los siguientes:

 

  1. Privilegio otorgado socialmente a la vida de pareja, considerándola lo mejor, lo más loable y lo más deseable.
  2. Prejuicios sociales sobre el soltero considerado como “raro, anormal, no querible”.
  3. Idealización personal del amor como principal proyecto de vida la vida y no poder disfrutar la etapa de individualidad.
  4. Pensar que la soledad es aislamiento.
  5. Dificultad de explotar el valor de la interioridad que se da en la individualidad.
  6. Superar distorsiones cognitivas sobre ideas como “estoy solo porque soy raro, o porque no me sé relacionar”.
  7. Lograr una independencia económica que permita elegir este estilo de vida de manera libre y sin sacrificios extremos.

 

¿Qué reto atraviesas tú para vivir cómodamente tu soltería?

 

 

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.