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Si hay una pregunta que siempre me hacen en terapias, cursos y talleres es “¿por qué no se decir “No”. Es increíble que en pleno sigo XXI le tengamos tanto miedo a una palabra de solo dos letras, que se usa en todos los idiomas. Y es que sí,  hay quienes van por la vida envueltos en situaciones en los que no quieren estar porque les da miedo usar este vocablo.

Quizá la esencia de este miedo va más allá de lo que nos imaginamos; radica en que no hemos aprendido a poner límites, y por eso dejamos que, a veces un amigo invada nuestra privacidad o terminamos yendo a trabajar los domingos.

En ese sentido puedo asegurarles que decir “no” es más que un buen hábito, es la oportunidad de ser libres y tener una buena estima personal.

¿Por qué no sabemos decir que no ?

 Poner límites no es fácil para nadie. Es más, ni siquiera es sencillo enumerar los temores que viven detrás del “No”.  Cada persona tiene una historia, un conflicto y una educación que de alguna manera influye en la forma en la que se comunica con el otro.

Sin embargo, en mis años de experiencia, he notado algunas inquietudes parecidas entre quienes padecen este problema. Muchas personas, por ejemplo, no ponen límites porque tienen miedo a perder el afecto de un ser querido, o a que se les saque de un grupo. También hay gente cuyo conflicto principal es la inseguridad; un rasgo que los condiciona a quedarse callados porque creen que sus opiniones y deseos no cuentan.

Al respecto, siempre aliento a mis pacientes a que se hagan las preguntas indicadas. Un amigo que no acepta un “no” como respuesta ¿es realmente un amigo?, decir que lo que sientes ¿no es tu derecho y te haría sentir mejor?

Los no límites

Para aprender a poner límites primero tenemos que entender aquellas conductas que lejos de ayudarnos a marcar una línea, nos generan más conflicto.

En ese sentido, no estamos poniendo un límite cuando: defendemos una opinión o cuando mostramos nuestras debilidades para que los interlocutores se “apiaden” de nosotros y hagan lo que queremos. Tampoco cuando amenazamos, intimidamos, gritamos  o agredimos.

Poner límites es más bien una forma clara de hacer respetar nuestros deseos y necesidades. Implica decir “No” lo cual genera una tensión, pero ojo también respeto.

¿Cómo poner límites?

Saber decir “No” nos permite establecer vínculos sanos, oportunos y armoniosos en los cuales se puede cultivar y preservar el amor. Los límites consolidan el sentido de coherencia e integridad porque nos permiten honrar nuestras necesidades, intereses, deseos, y valores.

En honor a lo anterior he pensado en una serie de tips que pueden servir para decir “No” sin que el otro se sienta herido.

Ten claro qué… el límite debe ser adecuado, razonable y viable. De preferencia ha de ser una consecuencia de los actos que otra persona ha realizado. Un ejemplo, si prestas  tu ropa y te la regresan maltratada y sucia, el límite será no prestársela más .

Reconoce tu estado. ¿Estás motivado y convencido?, ¿estás sereno para controlar tus reacciones? Recuerda que antes del “No”, la intención debe estar dirigida a no hacer sentir mal al otro y a mejorar la situación.

Reconoce el estado de la otra persona. Ser empático a lo que el otro vive y conocer su lenguaje corporal te ayudará a poner el límite de la manera adecuada, sin que genere un “shock” en el otro.

 Elige el lugar y el momento apropiados.  Es de mucha utilidad escoger un espacio neutro y tener el tiempo suficiente para poder comunicarse bien.

 Habla desde ti, sin juzgar al otro. Muestra cómo te sientes respecto al comportamiento ajeno, sin criticar,  juzgar o etiquetar. En otras palabras aprende a ser asertivo y a negociar.

Recuerda, decir “No” a alguien o a algo, es decir “Sí” a lo que necesitas y valoras ¿o “No”?

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El 31 de enero, cuando las manecillas caminan frente a nosotros, sentimos cierta ansiedad. Mientras tragamos uvas, el cerebro se llena de las cosas que queremos lograr en los próximos 12 meses, todo sucede rápido y al mismo tiempo. Algunos piensan en deseos cumplibles como ir a visitar al dentista, empezar  una nueva rutina de ejercicios o dejar de fumar. Otros se fijan metas más complicadas como cambiar de trabajo, dejar una relación que no funciona o hasta terminar ese proyecto que se ha pospuesto una y otra vez. No obstante, aunque los propósitos de cada persona son distintos, muy pocos los cumplen; según un estudio de la Universidad de Harvard se calcula que sólo el 20% de los comedores de uvas realizarán los cambios que su alma y su cuerpo le pide.

Dejar para mañana algo, y luego nunca hacerlo nos deja en el cerebro una gran cantidad de comezones que no podemos rascar. Esa ansiedad de otoño que nos hace darnos cuenta lo lejos que estamos de nuestras metas. A propósito de eso, quizá vale la pena preguntarnos, ¿por qué a pesar de saber que el cambio nos hará bien no tenemos las ganas o las fuerzas para trazar nuevos y mejores caminos en la vida? ¿cómo hacer para que en el 2021 no se repita la historia de deseos no hechos?

¿Cómo convertir los propósitos en acciones?

La procastinación es uno de los problemas más comunes que tiene la humanidad. Al respecto se han generado cientos y cientos de técnicas y propuestas para hacerle frente a esa manía de posponer la vida. No obstante a pesar de todos los consejos que hay al respecto, pocas veces se tiene la fuerza de voluntad necesaria para convertir el mañana en hoy; para cosechar hábitos cuyos resultados no se dejarán ver inmediatamente.

Tal vez el fracaso de los propósitos de Año Nuevo está no sólo en nuestras resistencias personales, sino en el contexto en el que vivimos y en la forma en la que analizamos nuestro paso por el planeta. Quizá el motor para realizar todos los cambios se encuentra en la mirada profunda de lo qué somos, de lo que necesitamos y de las personas con las que nos relacionamos.

En honor a lo anterior, y porque no les deseo otra cosa que encuentren su camino, he hecho una lista con 12 ideas fundamentales que les permitirán empezar el 2021 de la mejor manera posible.

12 cambios… 12 propósitos 

  1. Cambiar el entorno permite generar circunstancias donde las elecciones so sean inalcanzables.  No hay que pasar por alto que somos la medida de las cinco persona con que estamos más tiempo y nos influencian.

2. Recordar que la personalidad viene de nuestras conductas, no al revés.

3. Existen dos entornos que sirven para evolucionar. El que nos genera un alto estrés saludable y el que nos deja recuperarnos. Aunque el primero nos causa un desgaste fuerte, se necesita para desarrollarse. Asimismo, el segundo nos deja descansar y esparcirnos.

4. Tomar decisiones radicales. Este punto es difícil, pero necesario si queremos avanzar; requerimos ser proactivos (crear) y no reactivos (responder). La pregunta es ¿qué de todo lo que tengo me impide avanzar?. La respuesta a esta interrogante nos hará ver que ya es hora de deshacerse de lo que va en contra de lo que somos.

5. Un buen descanso. No sólo de la tecnología o de las redes sociales, también de no parar de pensar todo, todo el tiempo.

6. Construir una rutina. Piensen que las mañanas son sagradas. Después de todo empezar temprano da la pauta para crear y conectarse en lo importante. En este punto es necesario buscar un espacio propio que de tranquilidad.

 

7.  Aligerar la carga. Lograr esto no es fácil, porque requiere de tomar decisiones radicales como por ejemplo, no trabajar más de X horas a la semana, estar menos de 10 minutos en redes cada dos horas, hacer un viaje al mes, etc.

  1. Quitarse grilletes. Romper inercia y tomarnos tiempo para dar resultados.

9. Eliminar la abundancia de opciones y distracciones. Muchas posibilidades generan indecisión e inseguridad, por tanto hay que acotar caminos. Poner límites específicos y evitar el ¿qué pasaría si hubiera…?

10. Asumir riesgos. Las decisiones valiosas conllevan renuncias y vulnerabilidades. Sin embargo, los desafíos nos dejan ver con claridad las debilidades y fortalezas que tenemos.

11. Ante las tentaciones, hay que controlar las acciones. Si se quiere ir a caminar, hay que levantarse, ponerse los pants y los tenis. Si se quiere dormir temprano hay que apagar las luces y el celular a una hora razonable.

12. Aprender del contexto.  Tenemos que absorber y entender  la realidad que nos rodea. Empaparnos de las equivocaciones y bondades del otro, así como de lo que nos dejó lo ya vivido.

Adaptarnos al entorno elegido sí permite cambiar con esfuerzo, pero sin tanto suplicio.

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Cuando en una consulta o en un curso alguien, de entre 20 y 40 años, me expresa las siguientes inquietudes: “Siento que soy un fracaso. No tengo un proyecto de vida. Estoy perdida. Jamás me he enamorado” o bien me pregunta “¿qué hago mal? ¿qué tengo mal?, o ¿por qué no atraigo a la gente adecuada?”, no puedo evitar contestarles que yo, a mis casi sesenta, aprendo algo todos los días; un nuevo conocimiento, que antes me parecía complicado o una nueva lección de vida, que me permite superar límites que creía imposibles. Ojo, no es que minimice los dolores y sin sabores que tienen los pacientes, pero con el paso del tiempo uno aprende a entenderse, valorarse y a conquistar la vida.  ¿A los 25? era tenaz, pero era una ignorante con doctorado.

La vida es generosa

Pareciera que la existencia, sobre todo en este periodo de pandemia, se ha quedado congelada, sin embargo vale la pena entender este momento desde otro punto de vista. La vida cambia, se hace rara, nos sorprende, nos asusta, nos reta, nos deleita y no se detiene. Y aunque vivir bien o bien vivir no es fácil, la vida siempre puede ser generosa, en particular si la entendemos y la sabemos capotear. Si comprendemos nuestras frustraciones, equivocaciones y fracasos como estados de tránsito que necesitamos para llegar a mejores lugares. Es inevitable.

No pretendo convencer a nadie de que se haga de un optimismo idealizado en el que todo se puede y las cosas que siempre llegarán exactamente como las queremos y necesitamos. No creo en eso porque sé que la vida no se comporta así. Tampoco practico los famosos decretos y las afirmaciones compulsivas: “yo soy valiosa”, “yo soy poderosa”, “yo soy…”  En lo que sí creo es en la atención consciente, en las reflexiones profundas y en los procesos sostenidos, y por qué no, en el deleite de disfrutar el camino mientras atravesamos el trayecto.

Disfrutemos el camino

Para bien o para mal, la educación conservadora, religiosa y represiva que recibí, mi adaptación a las tradiciones familiares y la súper exigencia de mi entorno, me llevó a actuar, desde los primeros años, desde un riguroso “deber ser” que afortunadamente también me dio muchos momentos de diversión y placer. Aprendí, pues, a mezclar ciertas “torturas” con el goce. Y en tanto los hábitos firmes y la voluntad férrea me ayudaron a sostener mis objetivos y a sobreponerme ante los fracasos, mi curiosidad constante me impulsó a buscar, una y otra vez –en lugares familiares y en territorios desconocidos– nuevos senderos… ¡y vaya que los he encontrado! Por eso hoy, a mis casi 60, sé comenzar y emprender, y añoro cada día. Soy el resultado de todo, de lo que fui, lo que soy y lo que quiero ser.

Consejos para vivir bien

A ti que me lees, anhelo poder trasmitirte que lo que vale la pena llega muy ocasionalmente por un golpe de suerte, porque lo preciado (lo que verdaderamente importa) se cuece a fuego lento. Y es que la paciencia es un don en un mundo donde el “lo quiero todo y lo quiero ahora” es la constante: se buscan amores instantáneos, trabajos espontáneos e hijos que crecen espolvoreándoles “royal”. La inmediatez no es una buena consejera, de hecho lejos de enseñarnos a  “tomar la vida por los cuernos” distorsiona los procesos de crecimiento que eventualmente nos permiten conquistar del bienestar.

En honor a lo anterior, aquí les dejo tres ingredientes para vivir bien que me han acompañado a lo largo de mi existir:

  • Una capacidad que, aunque me ha costado, me ha permitido aprender a respirar, a transpirar y a esperar.
  • La clave aquí es no dejar de estudiar, ampliar constantemente nuestros conocimientos. Para lograrlo hay que tener información, terapia –si la situación lo amerita- y suficiente reflexión.
  • La disciplina es la posibilidad de sostener decisiones a través de acciones y omisiones concretas que están direccionadas hacia un propósito deseado. Conquistarla no es fácil para nadie, pero los resultados son maravillosos.

En conclusión, todo es una mezcla de emocionalidad, inteligencia y voluntad. Por eso siento a la vida tan viva, y la enfrento como una aventura interesante, que me desafía y me encanta. Y sí, quiero vivir mucho y más, porque morir simplemente me implicaría dejar de leer, de coger, de reír, de beber, de escribir y de aprender.

¡Buen cierre de año y mejor comienzo de tu vida!

Terminó tu vida en esta Tierra al tiempo que terminó este año, y vaya año. Tras tu partida me ha venido a la mente todo lo que vivimos juntos a lo largo de mis 59 años. Quiero que sepas que agradezco infinitamente tu presencia enérgica y amorosa, al mismo tiempo.

En estos días he vuelto a tus cartas, tus poemas, tus memorias, Cada vez que te leo he podido viajar a las distintas etapas de mi vida; que grandioso es saber que has estado presente en cada una de ellas. Hoy lo atesoro todo; los momentos hermosos, las experiencias dolorosas, y las situaciones difíciles en las que afloraron nuestras diferencias y decepciones. No quitaría nada de lo vivido porque no solo es parte de la existencia, sino de quien soy y del hombre en el que te convertiste; un ser capaz de evolucionar, de reflexionar y mejorar, que siempre me motivó.

Papá tengo en el corazón todos los recuerdos que compartimos tantos años y todas tus enseñanzas. Tu manera de hacer presente a mi mamá, a mi abuela. Tu forma de criarnos a las cuatro; nos educaste y nos mostraste el camino para aprender a trabajar, a ser fuertes e independientes. Nunca olvidaré tu alegría y el buen ejemplo que le diste a tus nietos con tu disfrute y tu presencia. Hoy es un deleite contemplar de cerca lo mucho que construimos en estos años, como familia y como personas, me deja en paz.

Papá tienes que estar orgulloso; viviste 90 años bien aprovechados, en los que sembraste y cosechaste. La tuya es una historia de sobrevivencia, lucha, entrega, sufrimiento, creatividad y gozo también. Y aunque siempre fuiste consciente del paso del tiempo y de que el ocaso se acercaba, los problemas nunca mermaron tu alegría de vivir ni tu entusiasmo por experimentar y aprender. ¿Cuántas personas pueden conseguir una victoria tan grande?

¿Qué toca hoy que no te encuentras físicamente? Lo que siempre predicaste con tus palabras y con tu ejemplo: el AMOR. Me alegra infinitamente que hayas partido sabiendo lo mucho que te queremos todos, tus nietos, tus bisnietos, tus amigos y toda tu gente. Lo mucho que yo te quiero. Creo que al final lo único que vale la pena es saberse amado. ¿No será que todo lo que buscamos se remite a eso, a confirmar que somos alguien para el otro y que ese otro quiere ser alguien para nosotros?

Este es el legado más grande que nos dejas. Es una vela prendida destinada a nunca apagarse; una vela que pasaremos de generación en generación.

Espero, padre querido que mi manera de estar en el mundo, mi amor por mis hijos, por mi gente, por mi trabajo, te alcancen y te lo recuerden, donde quiera que estés.

Y ni creas que te vas, aún descansando, te quedas conmigo siempre. 

Te amo.

Sí, existen hermanos que se pelean más de cinco veces al día, los siete días de la semana. Durante periodos largos, la casa se convierte en una zona de guerra habitada por gritos, puertas que se azotan, acusaciones, fundadas e infundadas, e incluso uno que otro golpe. Y aunque a todos nos gustaría vivir en calma, en un ambiente amoroso en el que el desayuno ocurra entre silencio y sonrisas, lo cierto es que las luchas en los grupos familiares son más comunes de lo que parecen y pueden solucionarse con paciencia y con entendimiento, pero ¿cómo se logra esto?

Como madre de cuatro hombres, pienso que el primer consejo útil es eliminar de nuestro sistema esa imagen ideal de cómo deben ser las relaciones. Las familias perfectas no existen, y los hermanos totalmente pacíficos tampoco. Dicho eso, la responsabilidad de sanar los vínculos entre los hijos es de nosotros, las mamás y los papás.

El error más común

Pienso que la hermandad (o la fratría) es un pequeño laboratorio que le permite a los hijos ensayar para lo que viene. Los hermanos construyen una especie de sociedad íntima en la que no sólo se enseñan a convivir, sino a acompañarse, a divertirse y por qué no a pelear de una manera sana.

A pesar de eso, los padres cometemos el error de intentar que se lleven bien a toda costa, y en ocasiones no permitimos que la relación fluya, me ha pasado. Esto sucede porque les otorgamos roles fijos que tienen que ver con su edad – tú eres el mayor y tienes que proteger a tu hermano– o con su género – eres el hombre de la casa–. Caer en esta equivocación hace que los niños tengan que asumir un compromiso muy grande, que tal vez los incomode.

 Aceptar las diferencias y limitaciones

Para que el vínculo entre hermanos mejore tenemos que aceptar también nuestra propia naturaleza. No podemos negar que aunque los amamos a todos por igual, sentimos con frecuencia mayor comodidad o gusto por alguno de nuestros hijos. Esto no significa que los queramos más o menos, sino que como adultos somos más afines a un estilo de carácter o a cierto tipo de desempeño social.  En ese sentido otro buen consejo que les puedo dar es: acepten que está bien tener un vínculo especial con cada hijo.

Por otro lado, para que el trato mejore es muy importante entender cuáles nuestras funciones, y límites parentales. Si bien podemos lograr, a través de una educación sólida, que los hijos desarrollen una relación de cariño, cuidado y respeto mutuo, esto no significa que los hermanos deban ser mejores amigos, compañeros de aventuras y confidentes íntimos.

Hay que tener súper claro lo que nos interesa fomentar en la familia. Queremos que los hijos aprendan a convivir, a empatizar, a pedir lo que necesitan de manera asertiva, a negociar situaciones difíciles, a generar conexiones sanas y a disfrutar de sus relaciones. No queremos generar expectativas sobrehumanas de “entendimiento perfecto”, “intimidad total” y “ayuda incondicional” entre los hermanos.

¿Cómo hacemos que se lleven mejor?

Para lograr una mejor relación entre los hijos, aquí les dejo algunos consejos prácticos, y sí muy realistas, que todos los padres pueden realizar para que las peleas acaben.

  1. Erijamos una disciplina eficaz en la que haya reglas de comportamiento claras, concretas y adecuadas. En dichas normas tienen que estar, sobre todo, bien dibujados los límites ante las conductas inadmisibles. No olvidemos que es responsabilidad de los padres detener, de manera particular, el comportamiento abusivo, golpes, humillaciones, maltratos, burlas, etc.
  2. Enséñales a usar las palabras para que puedan expresar lo que piensan; para que sepan pedir lo que necesitan y decir lo que sienten.
  3. Respetemos las diferencias individuales, y evitemos, a toda costa, las comparaciones. Es importante valorar la actitud y habilidades que tiene cada uno, en el momento oportuno.
  4. Simple, hay que mostrar a cada hijo el aprecio que tenemos a su corazón y a su inteligencia.
  5. Evitemos los favoritismos, y por favor aprendamos a no tomar de partido, sin razón o fundamento, por alguno de ellos.
  6. Hay que favorecer el trabajo en equipo, tanto en situaciones domésticas como en  aventuras extra curriculares, como salidas de paseo. Las actividades colectivas generan orden y sentido de pertenencia.
  7. Fomentemos espacios de diversión y entretenimiento que les permitan relajarse y disfrutarse. Hay que recordar que el juego ofrece un momento de conexión emocional súper importante para la formación.
  8. No hay que evadir ni negar los conflictos, por el contrario, tenemos que enséñales a buscar soluciones justas para que traten sus diferencias de una manera sana.
  9. Respetemos sus espacios individuales. Necesitamos darles la oportunidad de que cada uno pueda realizar hobbies, actividades o intereses personales, sin insistir en tener que compartan todo, siempre.
  10. La buena relación empieza, por mucho, con el ejemplo. Los hijos pueden aprender a través a través de ver cómo nos relacionamos con nuestros propios hermanos, con sus abuelos, con la pareja, o ex pareja si la tienes.

Tenemos la fortuna de vivir en una época en la que cada vez hay más oportunidades para nosotras. En estos días, las mujeres podemos elegir la vida que queremos; escoger una pareja, una carrera y hasta diseñar el futuro. Yo, a mis casi 60, he sido testigo en primera fila de cómo se ha transformado la realidad desde que era niña, y a pesar de lo feliz que me hacen los derechos conquistados y las batallas libradas; estoy consciente que todavía falta mucho camino por andar.

Es hora de inspirarnos

Todos los días, mi ocupación me permite escuchar a muchas mujeres. En cada consulta, curso o domingo de “verdadazos” aparecen nuevas inquietudes, temores, retos y cansancios. Una multitud de cuestionamientos que necesitan respuestas.

Esto me ha hecho reflexionar, y entender, que más que un género, ser mujer es el arte de aprender a construir; es edificar, para nosotras mismas, posibilidades y sueños. Sé que las palabras suenan muy bonitas, pero ¿cómo se logra esto?.

La que entiende … camina

Lo primero es buscar ayuda. Todas necesitamos un empujón para encontrar nuestra identidad y por qué no nuestros deseos. Requerimos ayuda para sobrevivir, para caer paradas y para resistir los embates que se nos ponen enfrente. Una guía para, por ejemplo, terminar bien un año difícil y para empezar 2021 con una dirección clara y realista.

Lo segundo que me viene a la mente es que para avanzar hay que detenernos a analizar y revisar, no sólo a nosotras mismas, sino lo que nos rodea. Preguntarnos qué parte de nuestros problemas dependen del comportamiento individual, y qué parte del entorno en el que estamos inmersas.

Y es que aunque las mujeres hemos conseguido cambios fundamentales, todavía vivimos en un mundo patriarcal en el que se nos imponen roles y formas de comportamiento. En pleno siglo XXI aún somos satélites de las demandas de los demás, aún tenemos que postergar nuestros sueños, para que otros los cumplan.

La realidad –imperfecta y machista– nos lleva a dudar de lo que somos y de lo que queremos. Esto hace que muchas se sientan frustradas por no cumplir las expectativas ajenas, por no ser lo que otros esperan. Dicho eso, vale la pena replantear el camino y encontrar maneras de centrarnos en nosotras, para así querer bien a los demás.

Un taller para descubrir quién somos nosotras

Mucho de lo que me he planteado en la vida, lo he logrado. Algunas cosas las he tenido que descartar, pero otras las he recogido y aprovechado. Por eso me parece importante que entendamos; ¿qué es ser mujer hoy?; en este mundo, en este siglo, en este contexto, en este país.

En honor a lo anterior he creado un taller para todas. Un espacio en el que comprendamos juntas las creencias que nos limitan y las formas de encontrar la libertad. Las invito a que realicemos un viaje profundo por nuestro universo emocional, intelectual y corporal.

Ser mujer consciente hoy

¿Cuándo? 16 enero 2021

Duración: 3 horas

Costo: $990

Programa y Boletos: https://ser-mujer-consciente-hoy.boletia.com

 

Empecemos por Don Juan, ese personaje desenfrenado y libertino –nacido en las entrañas del Romanticismo– que iba por la vida vociferándole al mundo el gran número de conquistas que había logrado. Esta hombre, de 1630, dejó para la posteridad un tipo de comportamiento masculino que sugiere que los hombres son más “hombres” de acuerdo la cantidad de mujeres con las que han estado.

De esta última idea se desprende el concepto del mujeriego. Una conducta que nace en las entrañas de una sociedad falocéntrica que celebra al hombre por seducir y condena a las mujeres por lo mismo. Y aunque esta regla parece ser más injusta para el género femenino, en realidad también lo es para ellos. En algunos entornos ser hombre implica recibir una educación en la que se aplaude el egoísmo. Una educación que convierte a la sexualidad masculina es una forma de probarse ante el mundo a través del falo y todas las creencias que hay en torno a él y su funcionamiento.

Por su parte, ser mujeriego es todo un desafío en el siglo XXI, no sólo por los avances de género, también porque las parejas han evolucionado y la felicidad ya no se asocia, de una forma tan directa, con la monogamia.  No obstante, salir con muchas mujeres al mismo tiempo, puede indicar que el individuo padece un trastorno de las relaciones; una enfermedad que si bien puede ser controlada debe tratarse para que no genere consecuencias negativas en la vida de los individuos.

Pero empecemos por el principio…

¿Quiénes son los mujeriegos? 

Este concepto se puede aplicar a aquellos hombres que necesitan conquistar compulsivamente , sin importar si su conducta genera problemas personales o con el otro . Este patrón de conducta suele venir desde la infancia, de hijos que aunque paradójicamente han sido consentidos, no han recibido toda la atención que requieren en los primeros años de formación. Estos niños necesitan aprobación constante –en particular de las mujeres–, tienen poca inteligencia emocional y varios problemas asociados a la intimidad.

Hay que destacar que en su desarrollo, los mujeriegos se suelen sentir vacíos, ya que aunque son fóbicos a la soledad, también lo son del compromiso; esto genera una sensación de insatisfacción constate. En otras palabras, no quieren pasar la vida sin compañía… pero.

En un plano social, los seductores obsesivos son menos selectivos que el resto, y aunque establecer una relación se les dificulta, tienen fijado en su comportamiento el perfil del proveedor, del hombre cuya misión en la vida es ser protector y viril. A los mujeriegos les gusta sentirse necesitados, conquistar y usar con plenitud el papel que les ha otorgado  la familia, la escuela y demás instituciones; esa función de ser los que no lloran, los que salvan al otro (niños y mujeres) antes de salvarse.

Dicho lo anterior y con toda la intención de hacer más sanos nuestros vínculos, vale la pena encontrar la manera de enfrentar este problema. Aquí te dejamos algunos consejos a considerar para vivir una existencia más plena.

Herramientas para ellos 

*Ser sinceros con uno mismo y con el otro; cuando se crea un vínculo es importante no mentir respecto a la condición no monógama y aceptar en la pareja lo mismo que se pide.

*Buscar otras maneras creativas para tratar la ansiedad. Hacer ejercicio, ir a terapia, etcétera; todas las alternativas son buenas.

*Muy simple…¡Jalársela más seguido!

*Aprender a disfrutar y entender los beneficios de la intimidad. Quizá cambiar la variedad por la intensidad.

* Sanarse internamente y madurar. En este sentido la regla de oro es posponer la gratificación y tolerar la frustración.

Herramientas para quienes viven con ellos. 

*La pareja debe tener acuerdos claros, concretos y mutuos. De no ser así hay que terminar.

*Analizar a la pareja. Vale la pena preguntarse  por qué se está con ese hombre en particular, ¿tiene cosas buenas, más allá de la monogamia, por las que vale la pena quedarse?

*Desarrollar la confianza: no perseguir, preguntar o espiar. Esto no sólo daña la relación, también a uno mismo.

Y ojo, una cosa es no ser exclusivo sexual, y otra cosa es ser un ¡patán!, con esos ¡ni en pintura!

 

La relación se acabó y yo no puedo acabarla en mi interior. Ya sea que yo lo terminé o que él me haya terminado – distintas situaciones ambas – pero el sufrimiento sigue por el simple hecho de que NO LO PUEDO OLVIDAR.

La relación se acabó y yo no puedo acabarla en mi interior. Ya sea que yo lo terminé o que él me haya terminado – distintas situaciones ambas – pero el sufrimiento sigue por el simple hecho de que NO LO PUEDO OLVIDAR.

No sobra decir, antes de entrar en mayores profundizaciones, que ser “´victima” o “villano” en una separación implica tareas emocionales diferentes que conllevan sus propios retos, que de no ser atravesados estancan el proceso de superación del quiebre.

  • Las personas a las que las “cortaron” (y si es de manera abrupta e inesperada ocurre con mayor vehemencia), no solo tienen un efecto de shock que toma un tiempo ser superado, sino que lidian con dos particulares fenómenos afectivos: el primero es de humillación y el segundo de resentimiento.  Humillación por no haber sido valorado, por haber sido abandonado y sustituido. Resentimiento por tener que transformar la propia vida y sobrellevar la falta de amor sin haberlo decidido.
  • La persona que “corta” (sobre todo cuando lo hace de manera consciente), tras haber “ido y venido” para tomar la decisión, no solo ha de cargar con la imagen de ser “la mala del cuento”, sino que también ha de ladear internamente con el sentimiento de culpa. Un quiebre implica siempre sufrimiento así que por cuidadoso que se sea, es imposible evitar el dolor. A esto se suma una sensación de responsabilidad por el bienestar del ex que de hecho no le corresponde más.

Pero profundicemos más en estos vericuetos emocionales: quizás no quieres volver, o sepas que no te conviene volver, pero hay una “aferre” al ex que te sigue produciendo sufrimiento, robando energía emocional y haciéndote perder tiempo real. ¿Crees que “necesitas” la relación? ¿Piensas que como fue un verdadero amor no puede acabar? ¿Reconoces algo que crees que puede cambiar y deseas intentarlo? ¿Entrán más cosas en juego?

Te comparto varios puntos de reflexión que te pueden tener atorado en el proceso de soltar:

  1. Tu ego ha sido herido. A nadie nos gusta perder ni fracasar. Mientras más grande un “ego mal domado” es más fuerte la experiencia de haber sido maltratado.
  2. Se pierde la sensación de posesión y pertenencia. Los humanos nos construimos en la infancia identificando y nombrando nuestros vínculos: “mi madre”, “mi amigo”, “mi hermana”. Cuando “mi novio”, ha dejado de ser “mío”, viene un quiebre que cambia la idea de quién soy y de lo que me pertenece. ¿Quién soy hoy sin él o sin ella?
  3. Miedo a estar solo. La dependencia económica o emocional impiden hacer de la soledad una experiencia de enriquecimiento y crecimiento, por no decir de disfrute también. La falta de pareja no implica la carencia de vínculos de valor.
  4. Creencias erróneas sobre el amor. Cuestionar premisas como “el amor es eterno”, “el amor es incondicional”, “el amor todo lo puede”, “mientras haya sentimiento sigue habiendo amor”, es necesario. Una particular creencia errónea es estar convencido de que solo una persona puede ser, de una vez y para siempre, “el amor de tu vida”.
  5. Exposición constante a redes sociales. Ya dice el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”. En la era de las comunicaciones en la que estamos hiper conectados se requiere de decisión y voluntad para no exponerte a la información que circula en las redes sociales que activan tu necesidad de saber de tu ex.
  6. Presión familiar o social por vivir acompañado. La sociedad privilegia la vida de pareja sobre la soltería y muchas veces al aferrarte a un ex buscas sentir que embonas mejor el contexto, que no vas a defraudar a tu gente cercana o evitar sentir el rechazo de grupos que se sienten “amenazados” por la gente soltera.
  7. Tareas pendientes respecto a tu ex. Tras un rompimiento puedes haberte quedado con la necesidad de pedir perdón y reparar algún daño cometido o bien de recibir la reparación de un ex que te trató sin cuidado y consideración. Si bien esto puede o no llegar a ocurrir es importante cuestionar la necesidad de perdonarte a ti mismo por lo que pasó y a reconciliarte contigo mismo por lo que es.
  8. Aferrarte a lo bueno que sí fue y no a lo complejo o malo que empezó a ocurrir. Un amor siempre tiene algo que valió la pena o que sirvió en determinado momento. Poder atesorar lo valioso al tiempo que reconoces lo que ya no estaba ocurriendo implica manejar la ambivalencia entre lo bueno y lo imposible, tolerarla y no por eso querer regresar el tiempo y reconectar al ex galán. 
  9. Conservar demasiados objetos cotidianos que te mantienen aferrado. ¿Un anillo, una habitación, cartas y fotos? No se trata de que deseches todo, pero sí de que hagas una pequeña limpieza, reacomodo y transformación de pertenencias que te anclan en el pasado. 
  10. Hacerlo tu amigo antes de tiempo. Hay relaciones erótico-afectivas que se transforman en amistad, pero para eso requieren primero vivir la ruptura y la pérdida y luego transformar la relación. El proceso necesita tiempo y distanciamiento.
  11. No haber atravesado un proceso de duelo. Los duelos permiten experimentar el dolor de forma escalonada, desde la negación ante lo sucedido, pasando por el enojo y la depresión hasta llegar a la aceptación. Sin atravesar estos estadios no hay forma de asimilar la experiencia y continuar la vida. 
  12. Reconocer un apego ansioso o inseguro. Los vínculos con nuestros primeros cuidadores, generalmente nuestros padres, dejan una impronta en la forma de crear vínculos. Si nuestro apego infantil fue seguro, ansioso, o evitativo se verá reflejado en nuestras futuras relaciones. Se está bien en la presencia y también en la ausencia del ser amado, y al momento de terminar, se facilita soltar, aún con dolor, pues está la confianza personal de encontrar buenos vínculos en el futuro. que podremos encontrar a alguien en el futuro, en e   de manera similar con los adultos. Pero quienes vivieron un apego ansioso, inseguro o evitativo, han de trabajar en ello pues se vivirán con mucha mayor dificultad para pasar página tras una separación. 

Consejos para olvidar a tu ex 

            Empeñarse en sacar de la conciencia a alguien que fue importante en la vida genera mucho derroche de energía física y psíquica y puede incluso convertirse en una obsesión. Cambiemos el objetivo, en vez de olvidar, trata de redirigir el recuerdo para reacomodarlo en tu vida.

A esta actitud suma el realizar algunas acciones concretas para avanzar en el proceso de soltar:

  • Rodéate de gente querida. Si bien los vínculos erótico-amorosos pueden acompañar de manera especial en la vida, toda relación íntima puede ser un apoyo emocional y un espacio de acompañamiento. Haz planes con ellos, llámales, involúcrate más en sus vidas y comparte con ellos la tuya.
  • Crea nuevos hábitos.  Terminada tu vida de pareja cambian tus rutinas y quedan momentos de vacío y descontrol. Integra nuevos hábitos de ejercicio, orden, incluso acomodo de tus espacios, para llenar esos pequeños huevos de tiempo con algo que te genere placer.
  • Actualiza tu proyección de vida. Integrar a tu vida nuevas actividades adecuadas a tus intereses y necesidades permite replantear tu mundo de motivaciones y valores y reconstruir tu proyecto de vida personal.
  • Distráete de manera constructiva. Existen muchas actividades artísticas, culturales, deportivas que enriquecen tu vida y te sacan de pensar en tu ex sin ton ni son. Cine, museos, competencias, lecturas, bailes y veladas musicales, pueden ser “distracciones” que alimenten tu ser y te permitan transitar. 
  • Conoce gente nueva. Con todo y lo que duele perder a tu pareja, sobre todo si la relación fue buena y se sostuvo en el tiempo, la soltería siempre abre la oportunidad de conocer gente nueva, entender que pasa “allá afuera” y expandir tu visión del mundo, del amor, y de ti mismo, expandiendo tu circulo social.

Y sin duda, el amor –más allá de lo que opina la gente- sí tiene cura, y de pasadita, con el dolor vivido, también quien lo sufrió, madura…

 

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.