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El placer sexual es el más fuerte de los placeres. La relación erótica a nivel corporal nos proporciona la experiencia más placentera que podemos sentir: el orgasmo. Pero además de la respuesta genital, en los humanos, el instinto se transforma en placer y el placer en erotismo: el erotismo surge del cultivo de la excitación, es la búsqueda intencionada del placer.

 

¿Por qué muchas personas se sienten culpables al experimentarlo?

Definamos la culpa como la experiencia de sentirnos malos, inmerecedores, agobiados, ansiosos, avergonzados, egoístas, perversos, entre otras cosas, por que nuestra conducta no corresponde a un código moral interno que incluye normas conscientes y normas inconscientes, generalmente introyectadas  en nuestra infancia, provenientes no solo de nuestros padres y maestros, sino de una cultura que permea todas nuestras creencias.

Pero existe una culpa funcional y una disfuncional. La primera nos señala que hemos transgredido algo valioso e importante. Este sentimiento nos  ayuda a resolver un problema, a cuidar de uno mismo y de los demás, y reparar los daños causados. La culpa disfuncional sólo añade sufrimiento a nuestra vida y produce no solo malestar sino parálisis también. ¿Cómo hacer distinciones? Si la norma transgredida es actual y viable de cumplir, si la hemos elegido libremente y si está basada en principios éticos, es probablemente sano y oportuno que experimentemos cierta culpa. Pero si la norma nos fue impuesta por otra persona, por la sociedad, por la iglesia, y no la hemos elegido por cuenta propia, no nos hace sentido, ni tiene ningún valor en nuestras circunstancias particulares, y ni nos daña a nosotros ni viola los derechos de los demás, los sentimientos de culpa serán poco productivos y viviremos en una agónica tortura.

 

Origen de nuestras culpas sexuales

La base del pensamiento occidental que construye nuestro mundo de creencias se basa en la filosofía griega, la tradición judeocristiana y el patriarcado. La prime consideraba una dualidad entre espíritu y cuerpo y  después entre mente y cuerpo, considerando siempre superior a la primera que a la segunda. El cristianismo ensalza el dolor con la idea de que fortalece el espíritu, penaliza el placer al cual considera sucio, riesgoso e indomable. Y por último, el patriarcado, sistema jerárquico donde los hombres y todo lo masculino enarbola el poder y los privilegios, condona a los hombres lo que condena en la mujeres. Todo junto suma a mayores culpas en las mujeres puesto que la división entre ser “virgen” y respetada, a “puta” y despreciada, sigue vigente en muchos contextos.

Todo esto termina influyendo nuestros contextos familiares, escolares, laborales y sociales y aterriza en cada historia personal. ¿Aprendimos o no a experimentar el placer? ¿Se nos enseñó a sentirnos a gusto con nuestro cuerpo? ¿Se respeto nuestro sexo y la expresión de nuestra sexualidad?

¿Cómo liberarse de la culpa ante el placer sexual?

  • Reconocerla cuando se manifiesta con malestares físicos, con rechazos corporales, con adicciones.  O bien cuando aparece como una ansiedad difusa o una represión costosa. También se asoma con autoreproches y autocastigos.
  • Ponerle nombre, saber que es culpa y no otra cosa.
  • Rastrear de dónde viene. Reconocer su particular origen en nuestra historia, que incluye desde mandatos constantes, rechazos inconscientes, hasta amenazas y castigos puntuales.
  • Crear la propia escala de valores sexuales. Actuando con base en principios y no en creencias erróneas y Reconocer que solo lo que no es oportuno y constructivo para uno y para los demás es lo que pone en riesgo nuestra integridad.
  • Cambiar la narrativa del sexo individual y cultural. Informarnos a través de libros, cursos, cine, arte, terapias, sobre lo bueno, lo bello y lo correcto de la sexualidad.
  • Tomar acciones que contrapongan nuestros temores. Aventurarnos, en contextos seguros y con personas confiables, a vivir una sexualidad libre de temores, novedosa, acorde a lo que deseamos y a quienes somos.
  • Consertir el deseo, buscar el placer, activar la excitación. Y volver a disfrutar.

 

Hagamos de nuestros deseos bien gestionados pequeños paraísos terrenales, porque no somos ángeles, somos seres humanos.

Cuando sí se requiere consultar a un profesional…

 

Habitamos un mundo que nos presenta cotidianamente multiplicidad de retos a enfrentar. La vida se ha enriquecido con los avances científicos y sociales y al mismo tiempo se ha vuelto complicada: los cambios acelerados y la necesidad de adaptarnos a ellos – el estilo de vida veloz y demandante, la multiplicidad de escenarios posibles a elegir: en el trabajo, en las relaciones, en los estilos de vida familiar, el progreso tecnológico que nos facilitan la vida y nos acercan a la gente al tiempo que nos individualizan y segregan -,  generan con frecuencia una infinidad de efectos en nosotros que difícilmente podemos entender y manejar.

Sin adentrarnos al mundo médico, donde el asunto de la “enfermedad mental” es el punto central de la intervención psiquiátrica, cabe distinguir algunas situaciones y desafíos que generan un sufrimiento emocional, – en ocasiones innecesario, en ocasiones indispensable para movernos hacia una situación de vida mejor -, siempre utilizable a nuestro favor: para entendernos, trabajar en nosotros mismos, transformarnos y manejar nuestra vida mejor.

El pedir ayuda terapéutica profesional, aún en pleno siglo XXI, tiene en ciertos contextos un sesgo de anormalidad, debilidad, locura y deficiencia. Es llamativo, por el contrario, que en otros espacios sociales, el haber asistido a terapia o contar con algún tipo de experiencia psicoterapéutica, es símbolo de estatus, de “caché”, requisito de pertenencia e incluso un “control de calidad”.

Más allá de los juicios y prejuicios en relación a la psicoterapia, muchos de nosotros, antes que después, hemos vivenciado el sentirnos:

  • atrapados ante algún problema que nos rebasa
  • atemorizados y extrañados por algún síntoma que persiste – insomnio, angustia, pensamientos obsesivos, cansancio –
  • desconcertados al experimentar un dolor profundo y un sufrimiento intenso que no podemos ni superar ni manejar

Incluso en la mayoría de los casos, ni siquiera entender…

Son diversas las reacciones que podemos tener ante estos malestares físicos y emocionales:

  • Algunos conversamos con amigos, leemos algún material relacionado al tema que nos acontece, hacemos ejercicio, y confiamos que con que estás acciones solucionarán nuestro problema.
  • Otros cuestionamos si la intensidad de nuestro sufrimiento es suficiente como para pedir ayuda: tememos exagerar y tememos aún más ser “entre raros y anormales”. A veces dejamos pasar mucho tiempo, doliéndonos en la soledad, antes de solicitar apoyo profesional.
  • Algunos más nos damos cuenta que nuestro desequilibrio tiene que ver con algún evento doloroso que estamos enfrentando: la pérdida de un empleo, un duelo por muerte o separación, el cambio de vivienda, la partida de los hijos… pero aunque podemos entender racionalmente lo que nos ocurre, no logramos acallar ni aliviar el sufrimiento que sentimos.
  • Hay quienes dejamos pasar los días confiando que “el tiempo todo lo cura”, hasta que una franca serie de síntomas se apodera de nosotros trastocando nuestro bienestar emocional.

 

Hay situaciones particulares que sin duda ameritan consultar a un profesional. Parece mentira como en caso de situación laborales emprendemos cursos de capacitación, adquirimos equipo de trabajo, consultamos a asesores varios expertos en su materia, y por el contrario, en asuntos personales, pensamos que “echándole ganas”, con energía, paciencia y buenas intenciones, los problemas se resolverán.

Si bien el paso del tiempo, los consejos de los amigos, las lecturas oportunas, y el ejercicio, son siempre aliados valiosos para resolver conflictos y transitar experiencias dolorosas, no siempre son intervenciones suficientes para repuntar. Agrego, que una pérdida, un problema, una crisis, normalmente remueve asuntos del pasado, vivencias de tiempo atrás que, o bien no se resolvieron en su momento, o ni siquiera se reconocieron como factores lastimosos a considerar. Las crisis presentes generalmente invitan a repensar el pasado y a resignificarlo, a aumentar nuestro conocimiento personal y a desarrollar nuestros recursos a favor de una vida con mayor agencia personal.

 

¿Qué es entonces la psicoterapia? Una psicoterapia es un espacio íntimo con un profesional de la salud mental, donde se puede trabajar conjuntamente a través de la palabra – y de otras técnicas dependiendo de la especialidad del terapeuta- , para conseguir los recursos y estrategias que generen los cambios necesarios para aliviar y si es posible, eliminar, aquellas situaciones, conductas, pensamientos o síntomas que están generando un malestar en nuestra vida personal. No se trata de eliminar “lo que no nos gusta”, sino entender el mensaje del síntoma, del malestar, del problema, para darle una salida oportuna y constructiva y mejorar así la calidad de nuestra vida.

Los psicoterapeutas, – que en su mayoría son psicólogos, psicoanalistas o psiquiatras, pero que también los hay pedagogos, trabajadores sociales, sociólogos, entre otros –  son especialistas que se han formado para entender y conocer el comportamiento humano: profundizar en el tema de las emociones y los sentimientos, en las razones que mueven la conducta de las personas, en  las características de sus relaciones y en todos los mecanismos que nos llevan  a ser las personas que somos.

Un psicoterapeuta cuenta con los conocimientos, las herramientas y las técnicas para evaluar la situación del consultante, establecer las bases de su malestar y acompañarlo a través de un proceso a conocerse, manejarse y resolver sus dilemas y malestares.

El objetivo de un proceso de terapia es mejorar la calidad de vida de quien consulta a través de un cambio en su conducta, en sus actitudes, en sus pensamientos o en sus afectos. Sin pensar en soluciones mágicas ¡es sorprendente observar que a veces el cambio inicia desde el momento mismo en que se solicita la primera consulta!.

 

¿Qué tipo de psicoterapias existen? ¿Son todas iguales?

            Existen diversas y variadas corrientes y enfoques dentro de la psicoterapia. Sus diferencias radican en los conceptos teóricos en que se basan y en las técnicas de intervención que utilizan para favorecer el cambio. El ser humano tiene la capacidad de pensar, sentir, y actuar: quizás la primera distinción entre los diferentes enfoques terapéuticos consistiría en intervenir y generar el cambio en el ámbito de la conciencia y la razón, en el mundo afectivo o bien en la conducta del consultante a través de la acción. Sin duda somos seres complejos y relacionales, con un mundo consciente e inconsciente, de ahí las diversas posibilidades de promover la transformación.

Algunas de los abordajes más comunes son:

Psicoanálisis

Logoterapia

Terapia Gestalt

Terapia cognitiva

Terapia conductual

Terapia familiar

Terapia de pareja

Entre otras…

Cada uno de estos abordajes terapéuticos pretende ofrecer salida a diferentes problemática. No es lo mismo un problema de duelo por una separación que una agorafobia; no se trabaja igual con una experiencia de vacío existencial que con una franca depresión. Por esto, la especialización de quienes ejercemos la psicoterapia requiere de unos principios y de un proceso de formación y experiencia en su ramo particular. Del mismo modo, tú como consultante, tienes que distinguir someramente la naturaleza de tu malestar para acudir con el profesional indicado.

Dentro de esta gran diversidad de opciones terapéuticas, existen dos características que las unifican a todas:

– El contacto directo y personal entre el psicoterapeuta y quien consulta, principalmente a través del diálogo.

– La calidad de la relación terapéutica que implica una relación de ayuda destinada a generar el cambio en quien consulta.

 

¿Cómo reconocer que requiero pedir ayuda profesional?

            No vale la pena llegar a un sufrimiento extremo o a sentirse asfixiado y hundido para acudir a terapia: detectar el síntoma a tiempo te facilitará una más sencilla y rápida solución.

Cuando sientas un malestar que no logras solucionar tras dos o tres intentos, y observas que dicho malestar se mantiene por un periodo sostenido de tiempo, es el momento de solicitar ayuda profesional.

Te comparto algunos puntos que te permitirán evaluar si te ha llegado  el momento de consultar:

  • Piensas que todo te sale mal y pierdes la esperanza de que esa situación vaya a cambiar.
  • Experimentas habitualmente tristeza, falta de ilusión, flojera y apatía.
  • Te sientes desesperado.
  • Requieres de usar alguna sustancia o estar con alguna persona para que funcione tu vida.
  • No puedes disfrutar las cosas buenas que pasan en tu diario vivir.
  • Con frecuencia te sientes mal de salud o presentas síntomas físicos sin un claro origen.
  • Lo que sientes y lo que piensas no es acorde a las situaciones que vives.
  • Entras constantemente en conflicto con otras personas y se están afectando tus relaciones.
  • Quieres cambiar algunas conductas pero no sabes cómo, o intentas cambiar pero no lo logras.
  • Estás paralizado y no puedes tomar acciones para mejorar tu situación.
  • Sentimientos fuertes se apoderan de ti y te impiden tener la vida que deseas.
  • No estás pudiendo funcionar en la vida cotidiana y esto te está perjudicando.
  • Te sientes solo e incomprendido.
  • Percibes tu entorno amenazante.
  • Recurrentemente te dices: ¡necesito ayuda!

Si presentas dos o tres de estos indicadores por un periodo de al menos tres meses requieres tomar acción y pedir ayuda. Es de sabios derrotarse y consultar.

No olvides que la psicoterapia no solo es útil en caso de problemas, también funciona como medida de prevención. Anticipa crisis innecesarias y evita riesgos desmedidos consultando a tiempo y equipándote con los recursos que te permitirán prevenir consecuencias negativas para tu persona y tus relaciones.

La psicoterapia también funciona para aquellos que quieren conocerse más, entenderse y aceptarse, en aras de una vida más plena, de una vida mejor…

 

“Siempre hay una voz en tu cabeza que te dice:

<si te rindes ahora, tu esfuerzo habrá sido en vano>”

 

 

  • Ando con Pepe después de muchos años de que me gusta y de ir en contra de la voluntad de mis papás. Hoy me siento invisibilizada y poco considerada por él, no me busca, no le interesa ni mis conversaciones ni mi persona, pero no puedo dejarlo. ¡He renunciado a tanto por esta apuesta amorosa!

 

¿Te sientes identificado con esta situación? Quizás padeces el “costo hundido”. Si ya le invertí a algo tiempo, dinero y esfuerzo, le seguiré “echando ganas” porque ahora me tiene que salir. A veces pasa con un negocio que está quebrando, con una casa que se está cayendo, con una amistad tóxica, o con un amor que no da para más.

            El costo hundido, al cual también se le conoce como costo irrecuperable o pérdida imborrable se trata de un sesgo cognitivo que nos lleva a una distorsión de la realidad, a una interpretación ilógica de los hechos y, en síntesis, a actuar de manera irracional. La trampa mental de los costos hundidos consiste en pensar que el haber puesto muchos recursos en algún proyecto en el pasado, es razón suficiente para no abandonarlo en el presente. Hay un empeño o un apego en no rendirse como si el anhelo, el tesón y la intención permitieran recuperar la inversión.

¿A ver perdido lo suficiente es razón para continuar desperdiciando recursos y tiempo por no afrontar el error inicial o el fracaso parcial del proyecto en curso? Sin esperanza real de éxito no hay salida. ¡Hay que parar!

 

Valores secundarios del costo hundido

En ocasiones existen factores secundarios que sostienen un proyecto que va a pique: sostener un negocio quebrado porque ahí se entretiene mi mamá, quedarme con un marido violento para que mi hijo se recupere de una enfermedad, o seguir una carrera que no me funciona, porque ya estudié mucho de la materia.

El problema es que muchas personas caen en la falacia y sostienen un proyecto cuando los efectos colaterales también están mermados o cuando ni siquiera reporta tales beneficios en realidad.

 

¿De dónde viene el “optimismo” y necedad para perseverar?

  1. Desagrado de perder.
  2. Vergüenza por fracasar.
  3. Carácter empecinado.
  4. Miedo al cambio.
  5. Pensamiento mágico.
  6. Conductas compulsivas.
  7. Falta de sentido de vida.

 

Observarás que todos estos factores se sustentan en ideas erróneas de lo que son las relaciones, el éxito, el bienestar y la vida en general.

 

Tips para salir, para no caer y  recaer…

  • Escribe lo que hasta hoy ya has perdido por no moverte de lugar.
  • ¿Cuánto más estás dispuesto a perder? Ponte límites en tiempo, dinero y esfuerzo.
  • No decidas conforme a lo que sientes –frustración, miedo, vergüenza- sino conforme a los datos reales y racionales.
  • Pide retroalimentación a una persona de tu confianza.
  • Evalúa lo que sí te dio tu pasada elección y piensa cómo esa experiencia ya es una ganancia.
  • Entiende tus errores y aprender de ellos.
  • Distingue entro lo perfecto y lo bueno.
  • Atraviesa el duelos necesario por la pérdida que sí tendrás.
  • ¡Ríndete! Rendirse es también de valientes.
  • Siente la fortaleza que te aporta el poder soltar.
  • Ponte un impermeable “al qué dirán” y libérate de la opinión ajena.
  • Visualiza el futuro sintiendo la ligereza de lo que ya no tendrás que cargar.

 

Para cerrar

Toda acción humana tiene riesgos y áreas de oportunidad. Al empecinarte con una carrera que no te gusta, un proyecto que no tiene “ni pies ni cabeza” y una relación que es pobre o lastimosa, estás renunciando a otras posibilidades que seguramente se ajustan mejor a los intereses, valores, necesidades y deseos de quien eres hoy. La vida es corta como para desperdiciarla en algo que no te está funcionando. Cambia de página y lejos de clavarte con el “costo hundido” atesora la “inversión de lo ganado” y vuelve a empezar.

 

 

 

Si no quieres precipitar una ruptura antes de ver si pudo ser algo más

 

No hay duda que hombres y mujeres hemos sido socializados (educados) diferente con respecto a muchos temas, pero uno diametralmente opuesto es el centralismo que las mujeres le damos al amor y a la vida de pareja.

 

Cuántas mujeres en los verdadazos me preguntan:

  • Me encanta, ¿le digo que lo amo?
  • Cuando salimos y me dice que me extraña, ¿le pregunto que si siente algo serio por mi?
  • Somos muy parecidos y disfrutamos mucho, ¿le digo que qué somos?

Todas son distintas variables de declararle el amor

 

De manera simple y general:

– Los hombres construyen su identidad por sus logros profesionales. No urgencia de comprometerse. (Hasta miedo, en muchos casos, de comprometerse).

– Las mujeres construyen su identidad por sus logros amorosos.Urgencia de comprometerse.

 

Cuáles son los momentos en los que NO ES ESTRATÉGICO decirle que lo amas:

            

    • 1. En la primera cita.Aunque exista el amor a primera vista y te sientas conquistada por él.

– Además da cuenta de impulsividad, urgencia, ansiedad e inmadurez.

    • 2.En las primeras (o la primera noche juntos).Aunque les haya salido de 10 el numerito.
    • – Los hombres disocian más fácilmente sexo de amor y aún una excelente relación sexual no les significa necesariamente una posibilidad de algo más.
    • – Durante la intimidad se liberan hormonas de felicidad y podemos incluso confundir “encul… “ con amor. Y ojo, el buen sexo sí vincula… 
  1. Cuando está recién salido de una ruptura. 

– Su energía está más en el proceso de duelo que en el inicio de una relación.

  1. Si tú estás pasando por una situación muy necesitada y de crisis.

– Quizás estás confundiendo el amor con la tristeza, la soledad, el miedo.

  1. Cuando aun aparece y desaparece, aunque la pasen super esporádicamente.

– Muy probablemente anda en “otra” o con otras y no está listo para amores serios.

  1. Bajo tus o sus efectos del alcohol.

– En ambos casos no lo tomará en serio. 

  1. En una fiesta rodeado de sus amistades o familiares.

– Probablemente su energía está muy dividida además de que no sabes qué versión ha dado él de la relación.

  1. Cuando empiezan a hacer algún plan a futuro sin haber definido la relación.

– Es probable que estén en la etapa de experimentación con más estructura pero eso no significa otro tipo de compromiso amoroso.

  1. Cuando ya te dijo que no quiere algo comprometido o que de plano no cree en el amor.

– Ni la fuerza de tu amor lo hará cambiar de opinión.

 

Decir te amo, palabras tan poderosas, íntimas e importantes, no pueden decirse a la ligera. Por eso es importante:

    

1¿Por qué quieres decirle que lo amas?

2. ¿El ha hecho alguna insinuación que te hace pensar que quiere saber?

3. ¿Checas sí lo que sientes es atracción, enamoramiento, inseguridad o ansiedad?

4. Dilo sin esperar respuesta

5. Asume que el puede sentir que no está en ese canal y se retira.

Me encanta que las mujeres tomemos la iniciativa, sin duda, pero seamos sinceras y también sensatas.

 

 

Todos experimentamos emociones, éstas tienen como finalidad que nuestro organismo se oriente a su supervivencia y bienestar. Lo que hacemos y aprendemos en relación a las emociones y los sentimientos que de ellas derivan, está moldeado por la cultura: si hemos aprendido de nuestros padres o de nuestros maestros, que los sentimientos y emociones no deben manifestarse ni expresarse, nos sentimos vulnerables ante ellos y no sabemos manejarlos cuando surgen en nuestro interior.

Los sentimientos no son ni buenos ni malos, lo que sí hacen es producir energía positiva o negativa por lo cual hay que saberlos canalizar. Los sentimientos y emociones no reconocidos, expresados y aceptados hacen que su efecto doloroso se prolongue, produciendo agresión, represión y depresión, las cuales nos drenan energía para disfrutar la vida y conectarnos amorosamente con los demás.

Las emociones tienen todo un lenguaje propio que hay que escuchar ya que resumen lo que hemos vivido, tanto grato como doloroso. Reflejan nuestra historia, nuestras preocupaciones y nuestros anhelos y temores futuros. Confiar únicamente en el intelecto es una estrategia limitada y a veces inhumana de aprender y vivir.

La Inteligencia Emocional es la capacidad de reconocer los propios sentimientos y emociones, entenderlos y manejarlos adecuadamente para interactuar con uno mismo y con el entorno. A su vez, la Inteligencia Emocional incluye la competencia de poder percibir en los demás la existencia de su propio mundo emocional, es decir, de reconocerlo sin que eso signifique asumirlo e interpretarlo, sino estar abiertos a escucharlo, entenderlo y posicionarnos respecto a él.

La Inteligencia Emocional implica un conjunto de conocimientos, habilidades y capacidades intrapersonales, es decir de yo conmigo mismo, e interpersonales, es decir, de yo con los demás. Citemos brevemente: 

Habilidades intrapersonales

  1. Autoconocimiento. Es la capacidad de saber qué ocurre en nuestro interior y reflexionar sobre ello.
  2. Autocontrol. Consiste en regular nuestros impulsos y acciones, autogestionar lo que sentimos, tolerar la frustración, posponer la gratificación y responder oportunamente a los eventos que nos acontecen.
  3. Automotivación. Incluye nuestra pasión por la vida. Esta pasión que deriva de saber lo que es bueno, bello, correcto, interesante y valioso para nosotros.

 

Habilidades Interpersonales

  1. La comunicación auténtica
    1. Empatía. Nos permite reconocer al otro con su propio mundo de emociones, valores y necesidades; entenderlo y respetarlo.
    2. Nos facilita legitimizar y actuar con base en nuestros propios intereses o necesidades.
  2. Habilidades sociales. Existen otras competencias importantes para construir relaciones sociales con quienes nos rodean, entre ellas el positivismo, el cuidado personal, el don de palabras, la responsabilidad por la propia vida.

 

 

 

La Familia Reconstituida, si bien puede considerarse un modelo de familia “moderno”, ha existido desde siempre.

Podemos definirla como una relación formada por una pareja adulta en la que al menos alguno de los cónyuges tiene un hijo de una relación anterior. Esta definición excluye a las parejas en segundas vueltas sin hijos, y es que lo central de este sistema familiar es la dinámica y desafíos debido a la existencia de hijos de matrimonios o relaciones anteriores.

Tipos. Existen entonces varios tipos de familia reconstituida:

  1. Familias provenientes de un divorcio o viudez, en la cual uno de los cónyuges tiene hijos/as previos.
  2. Familias provenientes de un divorcio o viudez, en la cual ambos cónyuges tienen hijos previos.
  3. Divorciado/a que tiene hijos, y cuyo ex-esposo/a se ha vuelto a emparejar aunque él o ella no tenga otra relación de pareja.

¿Qué las caracteriza?

Las familias reconstituidas tienen que asumir muchos cambios en un corto tiempo, o al menos más corto que el de las familias nucleares por tanto lo que las caracteriza es la transición. Las adaptaciones y transformaciones que requieren no estaban consideradas en las expectativas vitales de sus miembros (tener un hijo de un día para otro, o varios; iniciar una vida de pareja y al mismo tiempo fungir como padre o madre; convivir con a un adolescente cuándo estoy dando a luz por primera vez).

Si bien el ciclo de vida incluye cambios de manera natural -noviazgo, matrimonio, nacimiento del primer hijo, etcétera- también genera expectativas respecto al tiempo que durará cada uno de ellos. En las familias reconstituidas las etapas del ciclo vital a menudo se trastocan, y los plazos no cumplen las expectativas prevista pues generalmente se dan de forma más acelerada.

Por otro lado las familiar reconstituidas nacen de la pérdida.  Sus puntos de partidas son dos: la muerte de uno de los cónyuges, o el divorcio previo de uno o los dos cónyuges. Ambos casos, si bien son diferentes, constituyen pérdidas fundamentales e intensidades emocionales equiparables para el resto de los miembros de las familias. Esto nos lleva a señalar que otra características de estas familias es la necesidad de un duelo. Pareciera extraño decir que el duelo por divorcio es más difícil de elaborar que el duelo por muerte pero es que en un divorcio queda la ilusión del reencuentro de los padres en la mayoría de los hijos.

¿Cuáles son los “prerquisitos”  de estas familias?

Aprender a manejarse con las pérdidas y los cambios. Por tanto el trabajo con el duelo así como el desarrollo de estrategias de flexibilidad y adaptación acelerada, son de necesidad fundamental para la nueva familia.

Otros retos.

  • Al haber varios adultos a cargo de los hijos, (la nueva pareja más los padres y madres de relaciones anteriores) es necesario clarificar las obligaciones conyugales y parentales de cada uno de ellos. Eso sin tener en cuenta otros niveles de parentesco como serían los papeles de tíos y abuelos.
  • Definir el límite del sistema familiar. No se sabe claramente quiénes son miembros de la nueva familia y quiénes quedan excluido. “¿Mi primo es primo de mis hermanastros también?” “¿Yo como hijastra seré tratada como nieta con los padres de mi padrastro?” “¿Quiénes estarán invitados en la cena de Navidad?”. En las familias nucleares la frontera biológica, legal y geográfica delimita los límites, no es el caso de las familias reconstituidas por lo que es importante definirlos.

Tips concretos para que funcionen.

  1. Trabajar los duelos previos (por muerte o divorcio tanto en los padres como en los hijos). Aquí no aplica el dicho “un clavo saca a otro clavo”.
  2. Los padres biológicos han de tener claros acuerdos sobre los hijos (económicos, emocionales, sociales).
  3. Los nuevos cónyuges han de conversar sobre el rol que fungirán con los hijastros e hijastras.
  4. Los padrastros y madrastras no han de posicionarse de inmediato como figuras parentales sino construir una relación con el hijastro o hijastra con base a los acuerdos previos y a lo que se puede y se necesita en cada caso.
  5. No rivalizar con los hijos del cónyuge. Si bien se ha de tener claro el lugar que ocupa la pareja, se eligió a alguien que llega a la relación con hijos/as.
  6. Es importante tener tiempo y espacio separado para el cultivo de la pareja, para los hijos biológicos y para la nueva familia. Esto implica mayor creatividad y mayor tiempo.
  7. Acompañar la relación de la fratría, es decir, la relación entre los hermanos/as, hermanastros/as y medio hermanos/as.
  8. Moverse con prisa pero con pausas. Si bien la adaptación a los cambios requiere rapidez, el exceso de entusiasmo en “compensar” el pasado o en construir una familia “ideal” puede hacer que se presione a tener actitudes y realizar actividades que requieren de tiempo para ser procesadas y poderse instaurar.

No se trata de querernos profundamente.  

Con frecuencia las familias reconstituidas se torturan y conflictuan porque tienen expectativas “románticas” del vínculo que van a generar entre sus miembros. Me inclino a decir que el amor o el afecto entre los miembros de estas familias se desarrolla (o no ) a través del tiempo, pero lo central no es “quererse y disfrutarse” profundamente, sino respetarse y cuidarse buscando lo que es oportuno y constructivo para cada uno de ellos. El amor no siempre se acompaña de sentimientos gratos, además quererse sería ideal pero imposible de instaurar en un inicio, por eso basta con que cada integrante de la familia se sienta respetado, apreciado, atendido, reconocido y cuidado, para que el tiempo haga su trabajo…

 

 

 

Todos experimentamos emociones, éstas tienen como finalidad que nuestro organismo se oriente a su supervivencia y bienestar. Lo que hacemos y aprendemos en relación a las emociones y los sentimientos que de ellas derivan, está moldeado por la cultura: si hemos aprendido de nuestros padres o de nuestros maestros, que los sentimientos y emociones no deben manifestarse ni expresarse, nos sentimos vulnerables ante ellos y no sabemos manejarlos cuando surgen en nuestro interior.
Los sentimientos no son ni buenos ni malos, lo que sí hacen es producir energía positiva o negativa por lo cual hay que saberlos canalizar. Los sentimientos y emociones no reconocidos, expresados y aceptados hacen que su efecto doloroso se prolongue, produciendo agresión, represión y depresión, las cuales nos drenan energía para disfrutar la vida y conectarnos amorosamente con los demás.

Las emociones tienen todo un lenguaje propio que hay que escuchar ya que resumen lo que hemos vivido, tanto grato como doloroso. Reflejan nuestra historia, nuestras preocupaciones y nuestros anhelos y temores futuros. Confiar únicamente en el intelecto es una estrategia limitada y a veces inhumana de aprender y vivir.
La Inteligencia Emocional es la capacidad de reconocer los propios sentimientos y emociones, entenderlos y manejarlos adecuadamente para interactuar con uno mismo y con el entorno. A su vez, la Inteligencia Emocional incluye la competencia de poder percibir en los demás la existencia de su propio mundo emocional, es decir, de reconocerlo sin que eso signifique asumirlo e interpretarlo, sino estar abiertos a escucharlo, entenderlo y posicionarnos respecto a él.

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La relación madre/padre hijo se cosecha día a día. Gracias a los aciertos de la educación que les dimos y también a pesar de los errores cometidos, siempre hay una posibilidad de actualizar nuestra relación.
Te comparto esta carta que recibí de Ale este 10 de mayo y lo que le respondí.

Madre,

Estoy pensando en la difícil y gran labor de ser madre que es el motivo por el cual estás siendo festejada el día de hoy y tú bien sabes que a mi no me gusta mucho escribir cartas por escribir, diciéndote lo mismo en cada una pero de manera diferente. 

Honestamente no sé cómo sea con mis hermanos, pero creo que los dos sabemos -por nuestra historia compartida, los años vividos y la forma de acompañarnos en más de una etapa de nuestras vidas- que el vínculo que hemos formado es especial. Por eso te agradezco, pues gran parte de quien soy hoy, se lo debo no solo a la labor de madre que hiciste conmigo, sino a tu empeño de formar un hogar desde cero cuando nos fuimos a vivir a la Roma. 

Tus varias metamorfosis han impactado en ti como mujer, y por consecuencia, en ti como madre, y por consecuencia en mi como hijo; y si me pongo a analizar, no estoy seguro de cuántas madres he tenido. Ahora sí que aquí no aplica el “madre sólo hay una”… Yo he tenido como 3 o 4 diferentes o no sé cuántas. Y cada una ha respondido a lo que le correspondía y corresponde responder en su respectivo momento. 

Y me pregunto: Hoy, ¿a qué te corresponde responder? 

Más que hacerme el muy acá, sólo trataré de brindarte mi perspectiva sobre mí, como tú hijo, de lo que yo veo que te corresponde. Digamos que no es consejo, ni acordeón de examen. Sólo un intento de empatía desde mi cariño para ti.

Para eso me remonto brevemente a mi pasado. Me has dicho cómo me ves tú a mi, pero la realidad es que batallamos bastante con mis habilidades para la escuela que se suponen que posteriormente esas serían mis habilidades para la vida laboral/profesional. Así como no tuve problema alguno con los social y que incluso, en tus palabras, era bastante autónomo, con las calis y responsabilidades mías -generalizando- siempre fui una patada en los huevos.

Hace un rato ya, hablábamos de aquella plática en Acapulco en donde nos dimos cuenta de cómo cada uno alcanza a percibir el contenido de una conversación hasta donde puede -o quiere- según lo que está viviendo. En fin… ese es un ejemplo puntal para mí de cómo respondiste ese día a lo que te correspondía responder en ese momento, en esa etapa de mi vida como mi mamá.

Hoy estás y estoy (y me atrevo a decir que mis hermanos también) en una etapa en donde siento que cada uno, de manera muy diferente, está  consolidando una autonomía, para que desde esa autonomía podamos colaborar y acompañarnos. Y eso es algo que siento hoy contigo y que siento de ti para mí; que estamos empezando una colaboración en algo que tanto nos apasiona que es nuestra vida profesional, nuestra vocación, de una manera que nunca había sentido antes. 

Además el acompañamiento que en este aislamiento he tenido contigo, en donde hemos tenido llamadas largas y sin hablar de algo en particular, pero a la vez de cosas tan significativas en nuestra vida: la de cada uno y la que compartimos. 

Por último, quiero decirte que siento que estás en una etapa en donde te corresponde colaborar con nosotros para que -si dividimos la vida en cuartos o tercios- la última fase de tu vida dejemos todo listo (en términos generales) para que nosotros podamos cuidar de ti; para que disfrutes y para que te disfrutemos. Donde lo prioritario no sea tu trabajo ni nosotros tus hijos, sino tú. 

Madre, te amo. Y me siento profundamente agradecido por la madre que me tocó tener. De todos los humanos que hay en el mundo, me tocó ser tu hijo. Qué fortuna la mía y qué gozo. 

Alejandro

 

 

 

 

 

Amor mío, mientras me daba un tiempo de tranquilidad con varios cursos que me dio por tomar sentada en la terraza del depa de Acapulco viendo el mar, recibo tu mail. Mi corazón salta de gozo, tal cual, lo siento latir aceleradamente y agradezco.

 

Te leo y me siento la madre más afortunada, querida, reconocida y respetada.   ¿Qué más puedo puedo pedir hoy 10 de Mayo? Pero no solo eso, me siento babear de leerte, pero también y tanto de verte en la vida. Y eso inunda mi ser de paz, agradecimiento y satisfacción.

 

Reconozco Ale, nuestro particular vínculo desde ese “desde Cero” que hablas, donde hubieron silencios, llantos, palabras, risas, regaños y ayudas; experiencias todas,  incomunicables. Solo tú y yo las construimos, las vivimos y las atesoramos. Nos transformaron a ambos.

 

Me observas bien, me conoces bien, y sí, siguiendo tu metáfora de la metamorfosis a veces pienso ¿Para qué reencarnar? si yo he muerto y renacido varias veces en esta vida. Me alegro que todas las facetas te hayan aportado tanto porque el amor ha estado siempre y ha sido incondicional pero al mismo tiempo en ciertos puntos limitado y deficitario, y dudar de mi como madre queda hoy tan atenuado al leer tus palabras y al verte vivir y afrontar los desafíos de la vida.

 

Nunca fuiste una patada en los huevos, Ale, pero ¡qué energía la tuya! y obstinación y deseo: porque tu querías hacer lo que querías, cuando querías, como querías, con quien querías y de manera insistente.  ¿Te dije que a tus tres meses amamantándote en Valle pensé que ya no tenía leche porque me empujabas con tu manita para ya no comer? Y nada, fui de regreso al pediatra contigo y leche había y tu subías de peso hermosamente, pero simplemente ya no te daba la gana comer de mi…

 

Percibes bien la etapa de vida en la que me encuentro, en el último tercio, para el que me cuido porque lo quiero disfrutar.  Y sí, quiero priorizarme y no sentir que me faltará tiempo, bajar el paso, disfrutar sin culpas y compromisos innecesarios y expandirme en lo que me falta pues las sorpresas de la vida son inagotables. Esta etapa es la cosecha de tantos años de aprendizaje, esfuerzo, disfrute y también de dolor y pérdidas. Y Ale, es claro que ustedes están en otra etapa y los veo fortalecerse en lo individual y como familia velozmente, lo cual es para mí una culminación maravillosa como madre. Siempre seré y estaré, no hay duda, pero con una ligereza y disfrute que no sé ni cómo describir. Me limito a disfrutar y a agradecer, ¡es maravilloso!

 

Y dices bien, nuestra inteligencia, empeño y vocación crea una coyuntura maravillosa en nuestras vidas, de estimulo, creación, colaboración y sustento de vida. Me emociona infinitamente lo que se va gestando a nivel profesional con este rebote que vamos teniendo. Y me sigue dando sentido de vida saber que a tu estilo y con tus preferencias y saberes continuarás un desarrollo personal, una realización profesional y un impacto social que también. 

 

Confío también que el futuro nos va a regalar muchas sorpresas si nos seguimos trabajando. Y me da tanta paz saber que los tengo, que te tengo, que una parte tuya está para mi y que me amas.

 

ERES MI AMOR.

 

Tu madre

Tere

 

 

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.