¿Se puede perdonar una infidelidad?

No les voy a mentir, uno de los dilemas más fuertes, y más comunes, por los que atraviesa un pareja es la infidelidad. Cada tanto recibo pacientes que pasan por este momento, y lo primero que les digo es que cuando un engaño así ocurre el gran problema no es el acto, es todo lo que hay detrás de él. En otras palabras no hay una solo definición de lo que es la infidelidad, y por ende cuando pasa no se debe manejar ni resolver de la misma manera.

Nunca será lo mismo una cana al aire en Madrid, mientras se espera un vuelo de regreso, con un par de copas sin mayor implicación emocional, que más de un acostón; en tu casa, en tu habitación, cuando estabas dando a luz en un hospital y curiosamente, con tu prima.

¿Puedo, quiero, debo?              

Empecemos con el puedes. Conozco muchas personas que desean perdonar a su pareja, pero que por las razones que sean no pueden hacerlo. En este sentido hay que tomar en cuenta que uno tiene la capacidad de hacer ciertas cosas y no otras. Yo quiero dominar el Inglés, por ejemplo, lo estudio y lo practico, pero a la menor provocación, lo olvido. Alguien que no puede perdonar estará permanentemente resentido con su pareja y verá la forma de hacérselo saber.

¿Pero qué si no se quiere, pero se siente que sí se puede perdonar? Sobra decir que cuando uno no quiere algo difícilmente puede hacerlo. En este caso sería importante hacer un análisis interno para entender de qué lugar viene el enojo.  Quizás no se quiere perdonar porque tenemos ideas erróneas sobre el amor, sobre la fidelidad, sobre la vida pareja; si este es el caso ha buenas posibilidades de retomar la pareja, siempre y cuando se trabajen estos problemas en terapia. Ahora que si la relación ya estaba deteriorada por otras lastimaduras, si resultaba pobre y poco estimulante, la infidelidad es solo el “empujón” a moverse de lugar.

Abordemos ahora el “debo”. Esta interrogante se cruza con lo que “tendría que ser”, en este sentido hay que considerar los factores que rodean  el problema y quizá aprender a hacerse las preguntas correctas. Más allá de los pasó ¿vale la pena sostener el vínculo? ¿seguir es constructivo para mi vida? ¿tengo energía para que edifiquemos un nuevo camino juntos?

Dicho lo anterior y para empezar a transitar este proceso de una forma sana, con más certezas que dudas, aquí les dejo algunas razones que los ayudarán a saber si quedarse o irse.

No perdones sí…

  • El comportamiento infiel ha sido crónico. No es la primera vez, por tanto, no será la última.
  • Su infidelidad fue descuidada y descarada: te mintió varias veces, la llevó a cabo en tus narices, etc.
  • Confirmas, con la infidelidad, que esta es una manifestación de más abusos y más mentiras. Es un maltratador en lo emocional que descalifica cualquiera de tus percepciones, por no decir que ha llegado a lastimarte físicamente .
  • Te das cuenta que la infidelidad es la puerta de salida de una relación que ya no daba para más, pero no podían terminar, por la razón que sea.
  • El infiel no muestra arrepentimiento alguno, te culpa e incluso no está dispuesto a trabajar el asunto para entender que pasó y como pueden superarlo juntos.

Intenta perdonar si…

  • La infidelidad es un evento ocasional y no solo no se había dado antes sino que les asalta de algún modo, a ambos, por sorpresa.
  • La relación está viva y es buena en muchos sentidos. Se quieren, disfrutan juntos, tienes proyectos en común y estás dispuestos a continuar con ellos.
  • El infiel, con todo y su error, es una persona ética y confiable en términos generales.
  • Observas en él un genuino arrepentimiento y un dolor por haberte lastimado.
  • Muestra un deseo genuino de reparar su error y sabe que tomará tiempo que recuperes la confianza.
  • Acepta, o incluso propone, hacer un trabajo terapéutico individual y de pareja, para entender qué ocurrió y sanar las heridas.

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