Por qué el arte es la terapia que todos necesitamos

Alguna vez Pablo Picasso dijo que “el arte limpia del alma el polvo de la vida cotidiana”. Aunque han pasado unas décadas desde que el pintor dejara el mundo, ahora, en pleno 2021 esta frase resuena más que nunca. Y es que en estos días nuestro ánimo está sobrecargado, cansado. Llevamos meses en una pandemia, que ha muchos ya nos ha generado pérdidas de distintos tipos; que nos ha obligado a sobrevivir, a cerrar filas y a resistir con la misma entereza que las piezas que dejó para la posteridad el artista español.

En estos instantes de incertidumbre, el arte es una gran salida; después de todo representa a la vida misma, en su estado más puro y más desafiante. Es tan efectivo que incluso salvó a Picasso de la oscuridad, cuando perdió a uno de sus amigos más queridos y sintió que la melancolía lo abatía. En vez de dejar avanzar a la depresión, Pablo tomó su pincel y dejó sus emociones plasmadas en su famosísimo periodo azul.

El arte es también un lugar al que yo intento recurrir para entender un poco más del misterio que somos. Para mí es una forma, no sólo de observar la existencia desde otros ojos, sino de transformarla y mejorarla. Una herramienta capaz de conectarnos con las personas que somos.

Contemplación para el alma

Pararse frente a una obra para verla durante largos minutos es un bálsamo para el cerebro. Al observar una pieza podemos proyectar nuestra vida en ella, revivir experiencias y por tanto conectarnos con nuestra sensibilidad y reflexión.

Además, ante el estrés y la infelicidad, la contemplación – lectura o escucha– de una pieza de arte nos ayudará a rescatar aquellos sentimientos extraviados en el pasado. Tal como podemos leerlo en las novelas de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, el arte nos puede llevar al olor de la cocina de nuestra abuela o la primera vez que nos pareció interesante el cielo. En otras palabras nos recuerda que fuimos felices y que podremos volver a serlo cuando las nubes se vayan.

Y es que el arte, sea de la disciplina que sea, es la mejor narradora de los sentimientos universales. De las tristezas, temores y fantasías que todos hemos tenido a lo largo de nuestro camino. En ese sentido cuando estamos frente a la obra de un artista podemos aprender a reconocer, dentro de ella, nuestro propio presente, y saber si es hora de movernos o de quedarnos.

De alguna manera todos somos artistas

Dibujar, escuchar música, escribir, cantar, o hasta esculpir nos permitirá generar experiencias sensibles que desahoguen emociones y nos vinculen con nuestro interior. La creación puede ser el secreto para iniciar un diálogo sano y productivo con nosotros mismos, más en estos momentos de encierro.

Hay investigaciones que dan cuenta que el simple hecho de conectarnos con temas alejados a nuestras preocupaciones cotidianas genera una mejora en el estado de ánimo en sí. En ese sentido mi mejor consejo es que  abran su imaginación y atestigüen ustedes mismos de todo lo que son capaces.

Estoy segura que de entre todos los me leen ahora mismo hay grandes artistas, que solo esperan tener una oportunidad para inventar (de la forma que sea) universos.

Un ejercicio para las emociones

Dicho lo anterior,  hoy les propongo que usemos las imágenes para mejorar el estado de ánimo. ¿se animan a hacerlo?

1)Salgan a la calle, y durante unos minutos, tomen fotografías de aquello que consideren bello. Da igual si le gusta o no a las demás personas, lo único importante es que a ustedes les gusten.

2)Luego, en la tranquilidad de su casa, escojan sus postales favoritas.

3)Imprímanlas y cuélguenlas en sitios por los que pasen frecuentemente.

Todos verán que cada vez que las contemplen se sentirán mejor, recrearán no solo la belleza que observaron, sino un estado interno placentero. Se reconocerán como los autores de una gran experiencia y tendrán ganas de seguir adelante. Ese es el poder del arte.

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CATEGORY: Mujeres y hombres

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