FAMILIAS RECONSTITUIDAS

La Familia Reconstituida, si bien puede considerarse un modelo de familia “moderno”, ha existido desde siempre.

Podemos definirla como una relación formada por una pareja adulta en la que al menos alguno de los cónyuges tiene un hijo de una relación anterior. Esta definición excluye a las parejas en segundas vueltas sin hijos, y es que lo central de este sistema familiar es la dinámica y desafíos debido a la existencia de hijos de matrimonios o relaciones anteriores.

Tipos. Existen entonces varios tipos de familia reconstituida:

  1. Familias provenientes de un divorcio o viudez, en la cual uno de los cónyuges tiene hijos/as previos.
  2. Familias provenientes de un divorcio o viudez, en la cual ambos cónyuges tienen hijos previos.
  3. Divorciado/a que tiene hijos, y cuyo ex-esposo/a se ha vuelto a emparejar aunque él o ella no tenga otra relación de pareja.

¿Qué las caracteriza?

Las familias reconstituidas tienen que asumir muchos cambios en un corto tiempo, o al menos más corto que el de las familias nucleares por tanto lo que las caracteriza es la transición. Las adaptaciones y transformaciones que requieren no estaban consideradas en las expectativas vitales de sus miembros (tener un hijo de un día para otro, o varios; iniciar una vida de pareja y al mismo tiempo fungir como padre o madre; convivir con a un adolescente cuándo estoy dando a luz por primera vez).

Si bien el ciclo de vida incluye cambios de manera natural -noviazgo, matrimonio, nacimiento del primer hijo, etcétera- también genera expectativas respecto al tiempo que durará cada uno de ellos. En las familias reconstituidas las etapas del ciclo vital a menudo se trastocan, y los plazos no cumplen las expectativas prevista pues generalmente se dan de forma más acelerada.

Por otro lado las familiar reconstituidas nacen de la pérdida.  Sus puntos de partidas son dos: la muerte de uno de los cónyuges, o el divorcio previo de uno o los dos cónyuges. Ambos casos, si bien son diferentes, constituyen pérdidas fundamentales e intensidades emocionales equiparables para el resto de los miembros de las familias. Esto nos lleva a señalar que otra características de estas familias es la necesidad de un duelo. Pareciera extraño decir que el duelo por divorcio es más difícil de elaborar que el duelo por muerte pero es que en un divorcio queda la ilusión del reencuentro de los padres en la mayoría de los hijos.

¿Cuáles son los “prerquisitos”  de estas familias?

Aprender a manejarse con las pérdidas y los cambios. Por tanto el trabajo con el duelo así como el desarrollo de estrategias de flexibilidad y adaptación acelerada, son de necesidad fundamental para la nueva familia.

Otros retos.

  • Al haber varios adultos a cargo de los hijos, (la nueva pareja más los padres y madres de relaciones anteriores) es necesario clarificar las obligaciones conyugales y parentales de cada uno de ellos. Eso sin tener en cuenta otros niveles de parentesco como serían los papeles de tíos y abuelos.
  • Definir el límite del sistema familiar. No se sabe claramente quiénes son miembros de la nueva familia y quiénes quedan excluido. “¿Mi primo es primo de mis hermanastros también?” “¿Yo como hijastra seré tratada como nieta con los padres de mi padrastro?” “¿Quiénes estarán invitados en la cena de Navidad?”. En las familias nucleares la frontera biológica, legal y geográfica delimita los límites, no es el caso de las familias reconstituidas por lo que es importante definirlos.

Tips concretos para que funcionen.

  1. Trabajar los duelos previos (por muerte o divorcio tanto en los padres como en los hijos). Aquí no aplica el dicho “un clavo saca a otro clavo”.
  2. Los padres biológicos han de tener claros acuerdos sobre los hijos (económicos, emocionales, sociales).
  3. Los nuevos cónyuges han de conversar sobre el rol que fungirán con los hijastros e hijastras.
  4. Los padrastros y madrastras no han de posicionarse de inmediato como figuras parentales sino construir una relación con el hijastro o hijastra con base a los acuerdos previos y a lo que se puede y se necesita en cada caso.
  5. No rivalizar con los hijos del cónyuge. Si bien se ha de tener claro el lugar que ocupa la pareja, se eligió a alguien que llega a la relación con hijos/as.
  6. Es importante tener tiempo y espacio separado para el cultivo de la pareja, para los hijos biológicos y para la nueva familia. Esto implica mayor creatividad y mayor tiempo.
  7. Acompañar la relación de la fratría, es decir, la relación entre los hermanos/as, hermanastros/as y medio hermanos/as.
  8. Moverse con prisa pero con pausas. Si bien la adaptación a los cambios requiere rapidez, el exceso de entusiasmo en “compensar” el pasado o en construir una familia “ideal” puede hacer que se presione a tener actitudes y realizar actividades que requieren de tiempo para ser procesadas y poderse instaurar.

No se trata de querernos profundamente.  

Con frecuencia las familias reconstituidas se torturan y conflictuan porque tienen expectativas “románticas” del vínculo que van a generar entre sus miembros. Me inclino a decir que el amor o el afecto entre los miembros de estas familias se desarrolla (o no ) a través del tiempo, pero lo central no es “quererse y disfrutarse” profundamente, sino respetarse y cuidarse buscando lo que es oportuno y constructivo para cada uno de ellos. El amor no siempre se acompaña de sentimientos gratos, además quererse sería ideal pero imposible de instaurar en un inicio, por eso basta con que cada integrante de la familia se sienta respetado, apreciado, atendido, reconocido y cuidado, para que el tiempo haga su trabajo…

 

 

 

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