Tus hijos, quieras o no, van a sufrir

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Me considero una persona optimista que busca el lado bueno de las cosas, y que sin minimizar ni negar los sinsabores de la vida, enfrenta, afronta y resuelve, al tiempo que da espacios para momentos de satisfacción y bienestar en el diario vivir. Sin duda, con cuatro hijos, tres trabajos, un divorcio, con frecuencia atravieso temporadas de “tempestades inclementes donde activo el modo de sobrevivencia para sacar el barco a flote”.

Nuestros hijos

Así, haciéndoles saber que no soy masoquista de corazón, y que el sufrimiento que conlleva existir es inevitable, me enfoco en afirmar que la vida es al tiempo difícil y maravillosa, y en su trayecto nos hemos de topar con momentos de logro, gozo, felicidad, así como de fracaso, zozobra y sufrimiento.

Y esta afirmación, con todo el dolor de mi corazón, va para nuestros hijos también. Lo queramos o no, la existencia de nuestros niños atravesará por frustraciones, desencantos, problemas, pérdidas y sentimientos amargos.

Recuerdo el día que salí del hospital con mi primer hijo en brazos a mis 24 años, pensé para mis adentros, “tú no atravesarás lo que yo he atravesado”. Hoy mi primogénito ha tenido momentos complicados, “va capoteando la marea” y gozando también de buenos ratos.

Reconocer los tipos de sufrimiento 

Como padres, nos toca saber la diferencia entre el sufrimiento necesario para crecer y el sufrimiento ocasionado por lastimar, abusar, imponer, ignorar y someter al niño. Asumir las penas de la realidad, no es desproteger y exponer a nuestros hijos a sufrimientos innecesarios.

Esto no significa que podamos y debamos evitarles todo malestar, frustración y desasosiego. Hacerles creer a nuestros niños que “la vida es siempre bella” es un tipo de sobreprotección y falta de respeto hacia su persona y competencias.

Evitarles que enfrenten sufrimientos necesarios que la vida conlleva, es decirles: “tú no sabes”, “tú no puedes”, “tú no entiendes”, y con ello, no solo les quitaremos la posibilidad de desarrollar herramientas para forjar un carácter resiliente, sino también debilitaremos su seguridad personal y su sentimiento de autocompetencia.

¿Qué hacer y qué no hacer al respecto?

¿Cómo podemos entrenar a nuestros hijos en esta faena de resolver problemas, tolerar frustraciones, contactar con el sufrimiento, reconocerlo, y asimilar las experiencias dolorosas?

*Dejemos que la realidad haga su trabajo. La vida tiene en sí misma consecuencias físicas y consecuencias sociales. Por ejemplo, si tu hijo olvida llevar su lunch a la escuela, pasará hambre, y como madre no correrás a llevarle un snack para evitársela.

*Reconoce lo propio de la etapa evolutiva que atraviesa para saber qué sí puede y qué no puede entender y hacer. Hay que distinguir sus características personales para que no enfrente retos demasiado sencillos que no le impliquen ningún desafío, pero tampoco tan grandes que lo hagan sentirse insuficiente.

*Dale algunos premios o reconócele cuando haga algo importante, pero no lo llenes de estímulos externos que alteren el ritmo natural de la vida. No todo lo que hacemos tiene que ser recompensado, el mayor premio que puede tener es la satisfacción interna de su propio logro.

*Tenemos que limitarnos cuando solicite algo de manera inmediata, ya sea física o psicológicamente. Enséñale a que espere y posponlo por periodos adecuados, no se puede quererlo todo y quererlo ahora.

*No reacciones de manera descalificadora cuando se equivoque, por el contrario, invítalo a que se cuestione ¿en qué falló?, ¿qué siente ante el fracaso?, ¿qué podría hacer diferente la próxima ocasión? Aprender del error y la sensación de decepción que conlleva alguna situación, es una herramienta poderosa para perseverar ante las dificultades inevitables del diario vivir.

Escúchalo cuando se sienta atrapado en algún problema, no le des la solución inmediata y menos aún le resuelvas su problema. Ayúdalo a calmarse, y valida su emoción.

Analicemos nuestra inteligencia emocional

Muchas veces los padres somos quienes no tenemos la fuerza física, moral o psicológica para hacerle frente a la vida, así como tampoco a los dolores de nuestros hijos. Asimismo, nosotros somos quienes desconocemos lo que sentimos y por tanto no podemos procesar y enfrentar su dolor.

También somos los progenitores quienes no hemos trabajado el sufrimiento de nuestra edad temprana y queriendo “protegernos” a nosotros mismos, sobreprotegemos equivocadamente a nuestros hijos, restándoles la posibilidad de fortalecerse manejando su dolor.

En ocasiones, somos los mismos padres quienes queriéndoles evitar situaciones complicadas, que son educativas en la vida de los niños, les infringimos lastimaduras y dolores que solo merman su seguridad y su sentido de valor personal.

¿Habías reflexionado sobre estas cuestiones? Si te identificas con alguna de ellas, no estaría de más que te preguntes sobre tú propia vida emocional, para poder acompañar a tus hijos de manera oportuna y constructiva.

“Un padre o una madre que no puede ver sufrir a su hijo,

es alguien que no sabe qué hacer con su propio dolor”

 

Los invito a participar en mi taller en línea que impartiré el 17 de abril. Hijos sanos, contentos y libres.

https://taller-hijos-sanos-contentos-y-libres.boletia.com/

 

CATEGORY: Bienestar, Diversos Temas, Familia, Mujeres y hombres

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