Sanar las heridas de la infancia (para ser adultos felices)

¿Te has puesto a pensar por qué de pronto sientes algún miedo constante arraigado en su interior, como temor a la soledad, a sentirte ridiculizado, al abandono o cualquier otro? La respuesta puede estar en las heridas de la infancia.

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En la parte más profunda de nuestro ser existen algunos sentimientos y emociones que ocurrieron durante nuestra infancia y se fueron almacenando hasta convertirse en huellas de dolor. Esto pasó cuando todavía no éramos conscientes de las situaciones que vivíamos, por lo que no tuvimos control sobre ellas y pudimos haber alterado la realidad.

Huellas de dolor

Las heridas de la infancia ocurrieron cuando no teníamos las herramientas para comprender las situaciones desagradables, entonces, al no tener los mecanismos adecuados para poder sanar el dolor aprendimos a protegernos a través de una máscara o escondernos en una falsa personalidad para no sentirnos afectados.

Dichas heridas nos han acompañado durante toda nuestra existencia dejando una surco en nuestra alma, que seguramente muchos de nosotros ni sabíamos que existían hasta la madurez o mejor dicho hasta que tenemos la valentía de trabajar en ellas, porque para abordarlas se necesita fuerza y valor, ya que para nadie es agradable recordar situaciones que nos causaron sufrimiento.

¿Cuáles son?

El primer paso para liberarnos del pasado es aceptar y conocer nuestras heridas tempranas. Cada persona tiene las suyas de acuerdo a sus vivencias y sus relaciones; no obstante, algunos estudios han revelado cinco heridas de la infancia y sus máscaras que nos pueden servir de guía para saber de dónde partir y luego buscar ayuda. Recordemos que un pasado mejor puede ser la clave para un presente pleno.

Miedo al rechazo. Máscara o personalidad huidiza

Quien presenta esta herida, en su infancia sintió rechazo de alguno de sus seres queridos, (ya sea real o imaginario) y por ende puede rechazarse a sí mismo y a los demás. Tiende a huir del compromiso y de experiencias desagradables, y le cuesta comprometerse con su pareja, amigos, trabajo, etc. Son personas que no se sienten merecedoras de afecto.

*Esta herida la podemos trabajar sintiéndonos valorados y reconocidos.

Miedo al abandono. Personalidad dependiente

En su niñez no se sintieron apoyados por sus padres, o fueron abandonados de alguna manera, ya sea porque ambos trabajaban, por tener otro bebé o por cuidar a alguien. Su mayor miedo en la edad adulta es la soledad y generan dependencia en personas o actividades.

*Hay que afrontarlo estando en paz con nosotros mismos y disfrutar de nuestra propia compañía.

Miedo a la humillación. Máscara del masoquista

En su infancia pudieron haber experimentado abusos físicos o mentales, y fueron avergonzados de sus comportamientos. De adultos tienen sentimientos de culpa y vergüenza, y tienen miedo de ser libres. Sienten que los demás los critican y los desaprueban.

*Esta herida la podemos trabajar sintiéndonos dignos y merecedores de la vida.

Miedo a la injusticia. Personalidad rígida

De niños, sintieron frialdad, crítica y autoritarismo por parte de sus padres. De adultos no les gusta ver situaciones injustas, no se sientan reconocidos y valorados por los demás, son desconfiados y les gusta el perfeccionismo para evitar que los juzguen. Sus relaciones son tóxicas y dependientes.

*Con esta herida hay que buscar la flexibilidad y la humildad.

Miedo a la traición. Personalidad controladora

De niños sufrieron alguna decepción y perdieron la confianza de sus progenitores porque no cumplieron sus promesas. De adulto no confían fácilmente en la gente, sienten que cualquier persona los puede herir, les gusta controlar a los demás y manipular a sus parejas.

*Necesitan trabajar la tolerancia y paciencia.

Es muy importante saber con qué heridas crecimos y tratar de NO evadirlas. Una vez que las reconocemos hay que aceptarlas para empezar el proceso de sanación y poder trabajar en ellas con humildad, respeto y con amor. En caso de no querer enfrentar alguna herida por el dolor que nos puede causar es mejor acudir con un especialista para que nos pueda ayudar a superarlas.

Como adultos tenemos que responsabilizarnos de sanar nuestras heridas para poder aceptarnos a nosotros mismos, estar en paz, vivir libres de máscaras y sobre todo evitar transmitírselas a nuestros hijos.

“Limpiar duele pero sana” (Tere Díaz)

También te puede interesar asistir a la conferencia sobre este tema que se impartirá el 28 de abril.

8:00 pm por zoom.

Autora Paola Alderete

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