¿Por qué la gente ya no se quiere casar?

La sociedad ha tenido muchos cambios y eso explica ¿por qué la gente ya no se casa como antes?

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

Podemos ver que la estructura de la vida familiar se ha transformado. La familia nuclear –madre, padre e hijos- no ha sido la norma a lo largo del tiempo, de hecho los humanos al inicios  se organizaban en pequeñas tribus y sociedades, que tras años de prolongado desarrollo dieron origen a  las primeras organizaciones familiares. 

Por ello, entre diversos modelos familiares -familias uniparentales, familias, reconstituidas, familias sin hijos, familias extensas, familias de parejas homosexuales- hoy los hogares unipersonales van creciendo. Y con ellos, diversos acuerdos amorosos que poco tienen que ver con el estereotipado contrato matrimonial. Y es que sexo, paternidad y economía solo podían vivirse en el paquete del matrimonio, por lo que las diferencias entre la vida en soltería y la vida en matrimonio eran abismales: no se podía sobrevivir en s1ngular ni física, ni económica, ni socialmente. La libertad sexual y la legitimación del placer invitó a los individuos a explorar sus cuerpos y cuestionar sus relaciones a favor de la satisfacción personal.

Con el movimiento feminista las mujeres reclamaron sus derechos y su autonomía, empezaron a salir a la vida pública tras años de enclaustramiento doméstico, y exigieron más de ellas mismas, de las instituciones, y de sus relaciones de pareja.

Lo anterior ha derivado en lento pero sostenido desgaste del patriarcado: las mujeres  no toleran más la opresión y la dependencia y han decidido asumir ciertos costos y incursionar en una vida individual. Cada vez más mujeres rechazan la vida diaria con un hombre: en el marco de la pareja tradicional que con frecuencia es un obstáculo para el éxito y la autonomía, desafiando el rol de estar al servicio de los demás y atender al deseo de los otros, perdiendo con ello la conciencia de su propio deseo.

Ante esto algunos hombres se aferran a un machismo galopante para controlar a mujeres sumisas, otros buscan mujeres “chapadas a la antigua” que sigan cumpliendo su rol de cuidadoras, algunos se infantilizan regresando al “club de Tobi” prefiriendo socializar con varones que no los van a cuestionar, y un grupo creciente trabaja por una identidad menos costosa para ellos y en busca de un intercambio satisfactorio e igualitario con las mujeres.

¿De dónde viene este cambio de perspectiva?

La vida en soltería ha dejado de ser un mito, un sueño, un imposible, y menos, una catástrofe. Ser soltero es una posibilidad de vida válida, una conquista, una tendencia.

En los sesenta la soltería no estaba bien vista: los y las solteras eran etiquetados como “solterona”, “raro”, “dejada”, “neurótico”. Para la década de los ochenta, principalmente en Europa, las personas empezaron a postergar y/o a rechazar el matrimonio para vivir en soltería.

Los factores que han posibilitado esta nueva elección de vida. 

  • Debido a la longevidad atravesamos más ciclos a lo largo de la vida: vivimos solos, convivimos en pareja, retomamos la individualidad.
  • La incorporación de las mujeres al mercado laboral. Las mujeres ya no necesitan de un hombre para subsistir, y si lo tienen y las cosas no marchan, se pueden divorciar.
  • Los jóvenes que no quieren compartir vivienda ni comprometerse en una relación estable: posponen o renuncian a la paternidad o maternidad y tienen una estabilidad financiera que les permite vivir en individual.
  • La revolución en las comunicaciones. Con el Internet y las redes sociales se facilita el contacto permanente con los demás.

Por su parte, Eric Klinenberg, sociólogo de la Universidad de Nueva York, destaca en su libro Going Solo los siguientes: 

  • El incremento de la esperanza de vida.
  • La incorporación de las mujeres al mercado laboral.
  • El rechazo de los jóvenes a compartir vivienda y a comprometerse.
  • La revolución en las comunicaciones, que permite el contacto permanente con los demás.

Estos factores según Klinenberg, empujan a superar el antiguo estigma del “soltero” o el “solitario”, y resaltan los privilegios de la vida individual. ¡Y es que las ganancias son muchas! Además de la conquista del espacio y el tiempo personal, los “solos” pueblan los rincones de las ciudades y llenan de vida los espacios públicos. Forman grupos con personas que comparten intereses y valores, gastan más en ellos. 

Todos esto empuja a superar el antiguo estigma del “soltero” o el “solitario”, y resalta los privilegios de la vida individual: 

  • la conquista del espacio y el tiempo personal.
  • pueblan los rincones de las ciudades y llenan de vida los espacios públicos.
  • se congregan en grupos con personas con quienes comparten intereses o pasiones profesionales estrechas. 
  • gastan más en ellos: gimnasio, clases de arte, conciertos, teatro, viajes.
  • sensación de tener el control de la propia vida.
  • tiene incluso un sesgo de éxito y distinción.
  • tensión entre cierto sufrimiento por la soledad y el goce de paz y libertad.
  • a cargo de nuestra vida afectiva y social.

Honrar tu elección y estilo de vida

Recuerda que la individualidad no es sinónimo de aislamiento. Permítete vivir dando un giro total a tus paradigmas. Valórate como soltero o soltera y diviértete. No olvides llevar la frente en alto, y de disfrutar tu posición de soltero en la sociedad. De acceder a un trato igualitario, y de mostrar al mundo, no que estas en contra de la vida de pareja –de hecho muchos han vivido en pareja– sino de que tenemos construida una vida rica en significado, con multiplicidad de intereses, y dentro de entrañables conexiones sociales. Finalmente, aprovecha la libertad que te da la consciencia de que debes estar preparado para alternar periodos de soltería y periodos de vida en pareja.

LA SOLTERÍA NO ES LA MADRE DE TODOS LOS VICIOS

Soledad, no es sentirse sola

 

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