¿Decir todo lo que pienso?

Actualmente vivimos En la era de la incertidumbre y la honestidad cobra un importante valor, pero ir por la vida con el corazón en la mano y mostrar todo de nosotros, puede dejarnos sin protección. ¿Todos deben saber todo de mí?

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 5 minutos.

Es cierto que recorremos tiempos inciertos:

Los fracasos son frecuentes, las dudas son constantes, las traiciones son comunes, y la incapacidad de ponerle ”nombre y apellido” a lo que somos en las relaciones, así como la imposibilidad de afirmar “que lo nuestro es sólido y que durará por siempre”,

nos lleva a querer poseer información de más con la idea de que eso nos evitará repetir errores, apaciguará nuestros resquemores  y nos garantizará un futuro triunfal.

Sobra decir que este camino de preguntar sin límite, rara vez llega a puerto seguro.

Me atrevo a afirmar que para iniciar una relación basta con ciertas “certezas” que permitan planear un trayecto para ver si se puede construir un amor con lo que hay. 

Hoy se han trastocado los pasos del recorrido amoroso:

Primero nos encontramos, luego nos liamos sexualmente, nos vamos con el tiempo medio conociendo, nos damos cuenta un día que ya nos apegamos, y al final nos comprometemos; eso si llegamos a coincidir en un acuerdo suficientemente bueno para ambas partes. 

Y aún comprometidos, en un mundo que privilegia la libertad y la individualidad, los compromisos son “eternos” mientras duran, o mientras se actualizan con nuevos acuerdos.

Por esto es importante entender lo que sí se requiere saber y lo qué no sirve preguntar.

Lo público, lo privado y lo íntimo

Todos tenemos:

  • Un mundo público que incluye información que damos a conocer a todos. 
  • Un mundo privado que abrimos a la gente cercana con quienes compartimos parte de nuestra intimidad. 
  • Pero además poseemos un mundo íntimo, complejo y contradictorio:  fantasías, pensamientos y sensaciones; diversos sueños, temores, vivencias y anhelos. 

El mundo íntimo es incomunicable.

Difícil ponerlo en palabras. Genera confusión y malestar abrirlo. Incluso puede ser arriesgado poner en palabras lo que se está procesando.

Tenemos derecho a preservar un mundo íntimo para nosotros mismos: en él cuestionamos, soñamos y construimos nuestro ser. A veces ni nosotros podemos descifrarlo y entenderlo, menos aún compartirlo.

Nadie puede obligarte a abrirte del todo. Tu tampoco puedes obligar a nadie a abrirse de todo. Cuántas veces el tradicional: “¿Qué piensas?, si no me dices todo es que no me tienes confianza”, se convierte en el principio del fin.

¿Somos acreedores a la verdad? 

No todos. Muchas personas, una vez que la tienen “en sus manos”, no saben qué hacer con ella.  Sea por la razón que sea, porque son inmaduros, neuróticos o abusivos.  Una verdad, por poderosa que  sea, en manos de alguien que no sepa qué hacer con ella, generará un desastre. 

Sin abusar de este argumento como pretexto para no compartir algún tema o problema, es importante evaluar a quién vas a decir qué y para qué. 

¿Cuándo es mejor callar o mentir? 

  • Si las mentiras son pocas o más bien son cosas que estás ocultando.
  • Si te produce una sensación interna de paz por haber hecho lo correcto. 
  • Si buscas cuidar al otro. 
  • Si beneficia más a quien la recibe que a quien la dice.
  • Si no te da ventaja.
  • Si mentir evita un sufrimiento innecesario y decir la verdad lo genera. 
  • Si al mentir sabes que puedes asumir, si es necesario, las consecuencias de la verdad que pretendes ocultar y, aún así, prefieres callar. 
  • Si el callar te permite experimentar más congruente y seguro de tu conducta, no un farsante que quiere esconder quién es y lo que hace.
  • Si es en defensa propia porque la verdad te generaría daños mayores. 

¿Madurez o inmadurez?

Las personas maduras mienten poco, lo hacen bien y les da buenos resultados.  Las personas inmaduras mienten mucho, lastiman a los demás y tienen malos resultados.

Para ser digno de confianza se requiere tener juicio crítico, discreción y de una madurez básica, pero también se necesita tolerar la incertidumbre, vivir cierta contradicción y ambivalencia interna, y aun así poder tomar una decisión y establecer algún tipo de compromiso.

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