Nos guste o no, el trabajo es una parte esencial de nuestra vida; y aspecto central del mismo son las personas de las que nos rodeamos en él. ¿Qué conductas debemos observar en nuestros compañeros de trabajo para minimizar los intercambios con quienes pueden generarnos dificultades laborales y personales?

 

1.- El que deja todo para el final:

Estas personas se dedican a todo menos a trabajar. Constantemente están buscando distracciones para no hacer lo que les corresponde. Por lo general son personas agradables y simpáticas, por lo que puedes caer fácilmente en su juego sin darte cuenta.

 

2.- El quejumbroso:

Es quien se considera la pieza más importante de todas en la empresa, sea cual sea el puesto que ocupe. Para él, los demás hacen cosas sin importancia mientras él “hace todo lo que deberían hacer otros” (incluyéndote). No lo vas a poder sacar de su discurso, pero no te dejes arrastrar por él.

 

3.- El pedinche:

¡Cómo hay de estos aquí en México! Piden, piden, piden –y nunca dan-. Entre compañeros toca echarnos la mano, pero a estas personas “les das la mano y te toman del pié”. Cuidado, porque sin darte cuenta puedes empezar a absorber sus responsabilidades.

 

4.- El que no le para la boca:

La oficina sería un espacio inhóspito y frío si nadie platicara con nadie; de hecho es indispensable el diálogo entre compañeros de trabajo tanto por cuestiones laborales como para la socialización “per se”. Pero cuando una persona no suelta el micrófono para hablar de trabajo o sólo para “echar chisme”, hay que poner una distancia. Mucha cercanía con ellas terminará por distraerte.

 

5.- El creído:

A este tipo de actitud, Fredy Kofman, autor de “La Empresa Consciente” la denomina arrogancia ontológica. Los “creídos” son personas que creen saberlo todo y asumen tener siempre la verdad. Es importante descubrir la distancia justa que puedes sostener con ellos para no ponerte en una posición de subordinación innecesaria ya que jamás te reconocerán como su igual.

 

Una relación de cercanía con los que compartes el espacio de trabajo hace mucho más agradable tu vida laborar; facilita desde acompañarse a pasar un mal trago hasta celebrar un objetivo que se venía buscando tiempo atrás. Pero lograr este equilibrio implica identificar las características de quienes nos rodean y tener claro el lugar que cada uno puede ocupar.

 

Ojo, si a ti “te queda el saco” de alguno de los comportamientos mencionados… ¡Pon más atención!

 

En cuántas escuelas, cuántas clases, cuántos libros, se habla de “la historia del hombre” como si el sexo y el género masculino fuese el único representante de la raza humana. Si bien a lo largo de la historia, el (des)orden social ha sido impuesto por el hombre a través de leyes, la ciencia, la política, la academia, las sociedades no siempre se vivieron desde esta “rigurosa” patriarcalidad.

En la época de los grupos de cazadores-recolectores existía una equidad y una horizontalidad entre hombres y mujeres en el manejo del día a día, si bien esta tenía una cierta distinción de roles. Estamos en otro momento y en otro contexto; sin lugar a dudas hemos avanzado como humanidad y los beneficios de esta transformación no los pongo en disputa, pero en términos de equidad de género el avance se da con más lentitud de la deseada.

Vivimos en una estructura patriarcal. El patriarcado es un sistema sociocultural en el cual se considera que los hombres deben tener el poder y mandar sobre las mujeres, tanto en la familia y el trabajo como en la sociedad en general.

Razones que apelan a la naturaleza como base de estas diferencias son muchas: “que si es porque los hombres tienen mayor corpulencia”, “que porque la esencia masculina es proveer”, “que es la naturaleza femenina la que necesita la maternidad”… Si con naturaleza nos referimos a cuestiones biológicas, solo el sexo –ser hembra o macho- cabe en esta categoría.

 

Y me cuestiono entonces, ¿el sexo y el género van de la mano?

 

El sexo, por definición, es la condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas. Por su parte, el género es el grupo al que pertenecen los seres humanos, entendido desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico. Por lo tanto, el sexo es algo “fijo” -y lo pongo entre comillas porque existe la transexualidad-, mientras que el género es una construcción que va cambiando según la evolución de las sociedades y sus culturas.

La forma de ser hombre y ser mujer hoy trasciende creencias y constructos sociales que a lo largo de los años ha tejido el patriarcado: esa imposición histórica que da a los hombres el poder en todos los ámbitos. El patriarcado existe desde que las comunidades se hicieron sedentarias; es decir, desde que los humanos lograron establecerse en un lugar para dejar de ser cazadores-recolectores.

Hoy, el presente nos demanda cuestionar todas esas creencias para cambiar las prácticas cotidianas en los diferentes sistemas en los que nos desenvolvemos. Marina Castañeda, psicoterapeuta y conferencista, en su libro El machismo invisible, menciona tres ideas fundamentales sobre las cuales se sostiene el patriarcado:

 

  1. Lo masculino se contrapone a lo femenino: y no solo se contrapone, sino que es más. Por ejemplo: “los hombres son fuertes, las mujeres débiles.” “Ellos son racionales y ellas sensibles.”                            
  2. La superioridad en actividades relevantes: mayor poder para tomar ciertas decisiones como qué hacer con el dinero, o a dónde se van a mudar.                                                                                                   
  3. El imperio de ciertos valores que se consideran masculinos: en terminos generales, es más valioso ser de “x” manera. Es más valioso ser inteligente que ser sensible.                                                                 

El cambio en los hombres hacia la equidad supone beneficios directos para las mujeres cercanas a ellos, y esa equidad tiene también beneficios directos para los propios hombres. Ser un hombre más equitativo supone asumir mayores responsabilidades hacia el cuidado de las demás personas, pero también de uno mismo: aumenta la autoestima, favorece el crecimiento personal y aumenta la calidad en las relaciones tanto con las mujeres como con otros hombres, entre otras ventajas.

¿Hay otras formas posibles de vivir como varón en esta sociedad y en esta cultura que no exija pobreza afectiva, abandono de ilusiones, aislamiento emocional, productivismo a destajo, pérdida del contacto real con otros hombres, desencuentro con las mujeres -alarmantes síntomas orgánicos- y finalmente, estrés, desencanto y sobre todo silencio?

Una sociedad equitativa quita de los hombros, a ambos sexos, una carga terrible que el patriarcado, a lo largo de muchas generaciones, ha impuesto sobre los individuos desde el momento mismo de su nacimiento. Que bueno que todos nos vamos cansando, y entre incertidumbres y trompicones, vamos cambiando, también…

Sería fácil pensar, “¿Por qué no? Todos podemos ser amigos de todos” pero en

realidad, la situación entre padres e hijos resulta ser un tanto más compleja que

entre amigos.

Antes de profundizar en cualquier situación, es importante saber cuáles son las

bases de una amistad: es una relación que se basa en el afecto, la simpatía y la

confianza y se da entre pares.

El sitio lafamilia.info plantea que, a menudo, los padres se cuestionan qué

tan amigos y qué tanta autoridad tienen que ser con sus hijos, por lo que es muy

importante diferenciar lo que es una relación de amistad y una de confianza.

Por ejemplo, ¿puede una ser amiga de su jefe o jefa en espacios en donde no

estén bajo ningún compromiso laboral? Por supuesto que sí, porque no todo el

tiempo se es jefa o empleada. Sin embargo, no se puede afirmar lo mismo

entre padres e hijos, pues no se puede dejar de ser papá, mamá o hijo según el

espacio o la situación en la que se esté, puesto que existe el riesgo de perder la

línea autoritaria necesaria para que los hijos identifiquen los límites que existen

en la vida.

Las mamás y los papás son los primeros que representarán un límite para

cualquier niño, lo cual no quiere decir que no se pueda tener una relación

cercana, de confianza o empatía, pero para eso es importantísimo tener bien

clara la línea de autoridad, planteada de manera respetuosa.

Un conflicto común que se presenta en las amistades entre padres e hijos

es el uso abusivo de la relación. Los hijos pueden identificar la necesidad de

cercanía con ellos y utilizarlo para manipular o; en otros casos, los papás

pueden ser quienes impongan su autoridad, sosteniéndola en que ésta se debe

respetar para cuidar la amistad.

Además, según se ha expresado en diversos foros, a los hijos les genera

inseguridad y ansiedad sentirse a la par de sus papás. Los seres humanos

tardamos varios años en desarrollar las capacidades que nos permiten sobrevivir

por nuestros propios medios; por eso es fundamental para los hijos ver a sus

padres como personas superiores a ellos.

Como puedes leer, ser amigo de tu hijo tiene desventajas claras, pero

también tiene su lado positivo. La principal ventaja es la cercanía, pues, al

fomentar una relación abierta y de confianza con ellos, sentirán la contención

para acudir a ti como apoyo en situaciones complicadas.

Es muy importante dejar en claro que el límite no significa tener el control

de absolutamente todo lo que hacen los hijos, sino marcarles la pauta para que

ellos puedan ir manejándose individualmente en distintas situaciones.

Más allá de las diversas posturas que pueda haber respecto a la amistad

con los hijos, lo importante es no caer en los juicios de si está “bien” o “mal”, sino

identificar los puntos importantes para ambas partes.

He ahí el reto como padre o madre: construir una relación de confianza y

empatía con los hijos, sin dejar de lado un límite ético y respetuoso, en donde se

tenga clara la autoridad y la necesidad de ésta, de forma que ambos puedan

ocupar el lugar que requieren y generar un ambiente.

 

Es un hecho que en el presente la brecha de inequidad en el contexto social –laboral, sobre todo- va reduciéndose; pero también es un hecho que queda muchísimo por hacer para que mujeres y hombres partan de una base en la que cada uno reciba justamente lo que merece según sus propios méritos y derechos.

No profundizaré en definiciones de equidad o igualdad, ni en distinciones entre una y otra. En este pequeño texto pretendo abordar la brecha que se abre desde lo más básico que es la formación que se recibe en el hogar.

Los niños aprenden más de ciertas actitudes de su padre y de su madre que de aquellas cosas puntuales que ellos buscan enseñarles de manera explícita. Es decir, la mayoría de la educación que reciben nuestros hijos de nosotros son esos hábitos y conductas en general que hacemos sin darnos cuenta.

Algo muy básico -pero lleno de significados- son las labores domésticas. Muchos estudios realizados en hogares de Estados Unidos reflejan que en los últimos años ha habido una disminución en la brecha de inequidad en cuanto al tiempo que pasan niños y niñas colaborando en quehaceres de la casa, pero sigue siendo mayor el tiempo y la exigencia que se pone sobre las niñas en la atención de estas labores y en que ellas realicen las que son “más femeninas”.

Esto nos invita a considerar algunos puntos para que la educación en el hogar sea más equitativa y en un futuro, esto se refleje en nuestra sociedad:

 

1.- Tiempo dedicado a los quehaceres:

Si bien la equidad implica muchas más cosas que el tiempo dedicado a particulares actividades en el hogar, a partir de la distribución del mismo se transmite el mensaje de que la responsabilidad de lo doméstico es conjunta e igual tanto para los niños como para  las niñas.

 

2.- Tipo de quehaceres que se les adjudican:

Reitero que la equidad va más allá de la distribución equilibrada del tiempo en las labores del hogar, por tanto hemos de mirar también el tipo de quehaceres que hay que desempeñar.

Si las labores de la cocina les tocan a las niñas mientras que las de sacar la basura y limpiar el patio a los niños, a simple vista puede parecer equitativo, pero encapsular la capacidad de hombres y mujeres en lo que se considera femenino o masculino es replicar roles de género que llevan a las distinciones estereotipadas de lo que es ser hombre y lo que es ser mujer.

 

 

3.- Promueve flexibilidad y destrezas diversas a través de los quehaceres de cada uno:

Crea un sistema que genere variedad y constante cambio en la distribución de las tareas en el hogar. Hoy en día el mundo demanda muchísimas habilidades y aunque los quehaceres de la casa sean limitados, el mensaje es claro: “puedes hacer más de una función y adquirir habilidades y destrezas diferentes que te darán competencias para la vida”.

Para cerrar….

Sea cual sea el modelo familiar en el que vivas, la responsabilidad de comenzar a construir ambientes de igualdad en el hogar es necesaria. El mundo funciona hoy de manera mucho más compleja y las nuevas generaciones necesitan de perspectivas más amplias e incluyentes para enfrentar la vida. Pequeñas acciones son las que generan grandes diferencias. ¡Empecemos en casa!

 

¿Cómo retomas viejas amistades?

Por si existe alguna duda de que los seres humanos somos seres sociales, existen estudios científicos sobre los beneficios que tiene para la salud una buena amistad; está comprobado que las amistades son muy buen antídoto para la incidencia en enfermedades crónicas, lo cual hace que no solo se viva más, sino con una calidad de vida mejor.

Pero en este pequeño artículo abordaremos un tema mucho más complejo que la amistad en sí misma: esas grandes amistades de años atrás que hoy ya no son lo que fueron. Y más que analizar los “ires y venires” de la vida, los cambios de etapa o las situaciones puntuales que hacen que las amistades se transformen o se distancien, me cuestiono… ¿Cómo hacer para volver a “encender esa chispa” con una vieja amistad que no se ha frecuentado?

Estoy segura de que muchas personas nos hemos enfrentado a esta compleja situación de querer actualizar una vieja relación de amistad con la inevitable tarea de construir un nuevo punto de partida que vaya más allá de la previa historia compartida. Y es que esa química que en algún momento se dio puede ya no ser la misma, lo cual no significa que no se puedan recuperar, o bien, reconstruir buenas cosas.

Aquí van algunos puntos importantes a considerar para retomar una vieja amistad:

Primero, como dice Rosana: Sin pausa, pero sin prisa.”

Retomar una amistad implica paciencia y es importante que de antemano se observen las expectativas que hay de por medio. Las etapas de la vida cambian y para retomar hay que partir de la base de que hoy cada quien está en una momento distinto, por lo que la mejor manera de reiniciar es de a poco, pero de manera constante. Incluso esto permite constatar si existen nuevos puntos de coincidencia de donde partir.

 

No esperes a ver quién da el siguiente paso; ¡hazlo tú!

No esperes a que la otra persona de el primer paso o bien que responda o actúe de la manera en la que a ti te gustaría. Independientemente de las razones por las que se hayan distanciado, el “ponerte tus moños” y esperar a que la otra persona te escriba o te marque puede distanciarlos más.

Ahora… una cosa es dar el primer paso y otra que haya un constante desinterés por parte del otro. En ese caso, evalúa si realmente vale la pena el esfuerzo que estás haciendo para retomar la amistad y si esa otra persona tiene un interés real en hacerlo.

Mantén un perfil bajo.

No quieras contarle todo lo que has vivido ni hagas como que no ha cambiado nada entre ustedes durante todo este tiempo. Busca mantener un balance entre recuperar aquello que se pueda y siga vigente y construir una nueva dinámica que los vuelva a vincular. Sin lugar a dudas la mezcla de emoción, intriga y nerviosismo del reencuentro puede hacerte perder de vista que estás sobreactuando.

Y por último… es importante enfocarse en los factores en los que sí puedes influir para retomar la amistad y dejar de lado aquellos que no controlas aunque también influyan en la relación. No te aferres a que las cosas “jalen”, pero intenta que así sea, y si la cosa funciona, no te estanques lo que fue y con lo que es.

En este mundo cambiante se va aprendiendo que una buena amistad no es tan fácil de encontrar y mucho menos de conservar; es por eso que, si hay material suficiente, nunca sobra brincar algunos obstáculos para reconstruir aquello que en el pasado fue tan valioso.

 

La vida después de los 50-60 años es,

en sí misma,

“otro país”.

Gloria Steinem

 

¿Qué es?

Existe más de una forma de discriminación y el edadismo es una de ellas. Siguiendo a Ana Freixas en el libro “Los Cambios en la Vida de las Mujeres” entendemos que edadismo al prejuicio cultural hacia las personas mayores por el simple hecho de serlo. El edadismo incluye conductas, sentimientos y actitudes de rechazo o desagrado hacia quienes no están en “la flor de la vida”.

Todas las formas de discriminación –sexismo, racismo, clasismo, edadismo, solterismo– incluyen distinciones, restricciones, exclusiones, por acción u omisión, que obstaculizan, limitan, impiden, menoscaban o anulan el goce o ejercicio de los derechos humanos o libertades individuales. Debilitan el “yo” y sitúan a los afectados en una posición inferior en las relaciones de poder.

El edadismo incluye prejuicios acerca de envejecer: todo es pérdida, fealdad, enfermedad y deterioro. El imaginario juvenilista no hace espacio al cuerpo y a la vida de las personas mayores.

 

Efectos que genera

A través de expresiones del edadismo como: “estás muy bien para tu edad” o “mi madre no es la típica mujer mayor”, hay una sutil desvalorización porque lo que se espera a esta edad es que las personas estén hechas un horror. Esto genera por un lado, a quienes han sobrepasado los 50, la negación y rechazo del propio envejecimiento, y por el otro, entre los más jóvenes, el desprecio a las personas mayores como grupo del que tratamos de distanciarnos.

 

Diferencias de género: es igual pero no es lo mismo.

En la cultura occidental no es lo mismo envejecer siendo hombre que siendo mujer: mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen.  Las mujeres “alcanzan” la mediana edad y la vejez a una edad cronológica más joven que los hombres, que son quienes tienen un margen mayor de “juventud social” (casi veinte años más).

Para ellos existe toda la indulgencia posible en cuanto a la edad, la belleza, la posibilidad de encontrar una pareja afectiva y sexual; para ellas hay menos posibilidades de situarse y estar libremente en el mundo y de ser consideradas atractivas y sexualmente elegibles.

 

¿Qué hacer?

Antaño, la vida era mucho más corta. En promedio, vivimos un tercio más que nuestros abuelos.  Pero… ¿cómo dar significado a estos años “extra”?

  1. Nombrando y visibilizando el edadismo como discriminación: la vida es un ciclo que va más allá de toda forma de discriminación, entre ellas el edadismo.
  2. Creando nuevos mapas mentales ajustados entre lo que la realidad ofrece y las creencias culturales que atrapan: identificando por tanto cuáles son las creencias limitantes para luego cambiarlas.
  3. Aceptando y enfrentando la crisis de identidad que surgirán ante tantos cambios (relaciones, finanzas, profesión, cuerpo, roles y deberes).

 

 

Envejecer bien

La satisfacción a lo largo de la vida correlaciona con haber logrado ciertos resultados, ganado madurez, experiencia, sentido de competencia, confianza en uno mismo, y cierta certeza de los recursos y posibilidades personales.

¿Qué caracteriza a la gente mayor realizada?

Hay un par de elementos claves que reflejan la realización personal en la vida de las personas mayores:

1.- Profundos sentimientos de bienestar y satisfacción: no hay cuentas pendientes ni reclamos a la vida o a alguien en particular. Su experiencia de vida les da la confianza personal para tener clara una postura definida ante la vida misma que le de un profundo significado.

2.- “No estoy cada vez mejor, pero tampoco “cada vez peor”: Se comprende el ciclo de vida y en esta etapa se le da lugar a aquello que te interesa y desarrolla personalmente. Desde convivir con personas con las que tienes relaciones de antaño hasta practicar hobbies.

 

Para cerrar…

El envejecimiento es un proceso de “llegar a ser”. Un hacerse, no un destruirse.

Entre la idea de deterioro y la de progreso existe el proceso de asimilar e integrar el cambio.

 

 ¡Bienvenido cada cumpleaños!   

 

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.