5 conductas que indican que tu pareja ¡Ya fue!

Como dice la canción de José José, “El amor acaba”, de modo que aquí te explico 5 conductas que indican que tu pareja Ya fue

La socióloga Diane Vaughan nos describe de la siguiente manera –resumiendo- 

los pasos que recorre la pareja para “desemparejarse”

Uno de los miembros de la pareja empieza a sentirse molesto

y no lo dice por temor a no estar totalmente seguro de lo que está pasando, o bien porque hubo muchos intentos de conversación y propuestas de resolución que fueron despreciadas, así –desde el miedo, el cansancio, o el desencanto- prefiere minimizar y no hacer más “olas”.

Generalmente se dice a sí mismo que lo que ocurre no es tan importante, que se las puede agenciar así, que pasará, pero por el contrario, al paso del tiempo el malestar crece. 

Unilateralmente,

y sin dar sospecha alguna, empieza a cuestionar el compromiso hacia la relación, piensa que no vale la pena vivir así, toma conciencia de su insatisfacción y esto lo lleva a crear un mundo privado para cuestionar lo que le pasa, ya sin compartir su preocupación con el otro. 

Dando este paso, el miembro “iniciador” de la terminación crea,

muchas veces inconscientemente, obstáculos a la comunicación e intimidad de la pareja, que ya sufría de dolencias. Sin la comunicación adecuada, el otro cónyuge ya no sabe de la insatisfacción de su pareja –incluso piensa que si hubo quejas previas ya todo volvió a la normalidad-.

El “iniciador” da a notar su malestar de manera sutil e indirecta y al mismo tiempo desarrolla planes para tomar decisiones sin definir externamente el problema y, por tanto, sin ya plantear conjuntamente si tiene alguna solución.

Los sutiles intentos del “iniciador”

por mostrar el malestar no tienen la fuerza suficiente para que el otro se de cuenta del tamaño del descontento. A punta de frustrarse por la escasa respuesta del compañero, el miembro que se siente insatisfecho busca alternativas fuera de la relación para compensar su frustración. Estas pueden ir desde conseguir un trabajo o hacer nuevos amigos hasta embarcarse en una aventura amorosa, creando así una vida social francamente independiente. Si bien esta estrategia atenúa la frustración al interior de la relación, hace más grande la distancia con la pareja.

El cónyuge “espectador”

puede atribuir estos cambios a un sin fin de razones: el estrés de los hijos, la crisis de la edad, la enfermedad de algún familiar, problemas económicos…, pero sin tener elementos claros y suficientes de parte del “iniciador”, aunado a una estrategia defensiva de negación y evasión, no puede reconocer que es la relación misma la causa del problema.

El distanciamiento

que se da en este momento hace que el “iniciador” evalúe toda la historia de su relación amorosa de forma negativa y se viva como víctima de ese hecho. Siendo ya tan notorio el desasosiego, abre con su compañero la posibilidad de terminar la relación.

El planteamiento que hace enfatiza que hay poco o nada por hacer.

Esta primera apertura

del desencuentro toma por sorpresa al cónyuge “espectador”, quien no considera que la situación sea ni tan crítica ni tan irremediable. El “iniciador” argumenta que en diversas ocasiones intentó hacerle notar el malestar e incluso propuso alternativas de solución sin ser tomado en cuenta. A estas alturas del camino se hacen evidentes las historias diferentes que cada uno se ha venido contando respecto a la vivencia amorosa. 

El “espectador”,

ante las evidentes diferencias, dice que pidan ayuda dado que “algo no marcha bien”, mientras que el “iniciador”, habiéndose atrevido a abrir la situación y con varios meses de vivir de planear en silencio la retirada, busca ya un franco plan de salida.

Aquí empiezan las confrontaciones directas:

mientras el “espectador” intenta cambiar de actitud –tardíamente- y mejorar la situación, el “iniciador” está en un punto de no retorno haciendo movimientos para separarse.

El equilibrio de poder en la relación se ha roto y la ruptura o continuidad del compromiso depende prácticamente del “iniciador”. Si bien el sufrimiento de ambos es equivalente, el “iniciador” lleva más tiempo procesando y por tanto se muestra menos vulnerable y más claro en lo que quiere.  

El cónyuge “espectador” empieza a distinguir las causas que llevaron a esta crisis.

En ocasiones, esto basta para aceptar que el vínculo está roto y dejar atrás la relación, en otros casos la pareja se reactiva y llega a buscar una auténtica reconciliación para la cual requiere situarse en una contratación que les permita crear algo sustancialmente diferente. 

En algunos casos la pareja de común acuerdo elige separarse. La experiencia de elegir conjuntamente y de prepararse para la separación, facilita los acuerdos y movimientos que implica un rompimiento.

Pero para crear una pareja se necesita el consenso de dos personas, pero para terminarla basta la decisión de uno de los dos. Considera que el beneficio debe ser mutuo, entre tú y la otra persona.

Si deseas profundizar en este tema, siempre puedes solicitar ayuda de un especialista.

Una sesión puede hacer la diferencia.

 

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