Cuando la relación va en picada

¡Cuidadoooo. Relación en Picada! Cómo identificar cuando una relación ya valió…

“El divorcio es un grito de redención, un reconocimiento de la verdad, por dura que ésta sea, un primer paso hacia una nueva primavera”

Antonio Gala

¡Cuidadoooooo! Es importante detectar cuando comienza la pendiente que lleva a la separación, porque cuando las cosas van mal, a veces, “suelen ver las llamas primero quienes están fuera del incendio, que quienes estamos en él”, parafraseando el refrán. 

Y es que sí, en el lapsus mental que significa la dopamina bañando nuestro cerebro, no nos damos cuenta cuando una relación –la que pensamos “LA” relación- está en agonía y próxima a morir. No sabemos reconocer –o no queremos reconocer- cuando todo va en picada. 

Es imposible volver atrás, los viejos patrones y estilos de vida son insuficientes. A veces, con trabajo y acompañamiento, se logra este cambio esencial.

No es fácil llevarlo a cabo: dado el deterioro previo de la comunicación, la creación de mundos y proyectos diferentes a lo largo del proceso de distanciamiento empeora la situación y, como “cereza del pastel”, en muchas ocasiones la existencia de una relación alterna facilita la puerta de salida, dificultando, evidentemente, la rehabilitación de la pareja.

Con frecuencia, por tanto, la relación se ve terminada y la separación es la única posibilidad existente.

¿Cómo puedo saber cuándo mi relación va cuesta abajo? 

No es simple, pero existe en ello un dejo de falta de paz, de inquietud, de intuición que nos dice que algo marcha mal. 

Quizá la siguiente lista pueda dar una indicación más clara:

  1. Cuando siento más intranquilidad que paz al estar con mi pareja.
  2. Cuando ya no experimento ternura y afecto por el otro.
  3. Cuando prefiero estar acompañada de familia o amigos que de mi pareja.
  4. Cuando tocar temas “de nosotros” se vuelve un peso o algo que te genera inquietud.
  5. Cuando hay poca reciprocidad, poca retroalimentación y poco interés mutuo.
  6. Cuando la comunicación se estanca fácilmente.
  7. Cuando pierde (o pierdes) interés en lo que siente(s), dice(s) o piensa(s).
  8. Cuando su presencia empieza a irritarte.
  9. Cuando cualquier motivo es excusa para pelear. 
  10. Cuando tu pareja o tú buscan afectar al otro, de cualquier modo, incluso por mero placer de verle rabiar.
  11. Cuando tienes que preguntar cuándo será la próxima vez que se verán.
  12. Cuando, lejos de transmitirte paz su presencia, te genera estrés y hasta temor.
  13. Cuando sus charlas se resumen a críticas, peleas o ataques.

Terminar con algo que comenzaste con entusiasmo e interés, con alegría, no es cosa simple. Dejar ir algo que amas o amaste requiere de poco valor. Sin embargo, ¿vale la pena pasar la vida con alguien a quien ya no amas o que ya no te ama? Nada más placentero y mejor que la paz interna, la paz que brinda estar bien con uno mismo. 

El temor a la soledad llena nuestra época. Tememos no emparejarnos, tememos no encajar; pero nada es peor que no saber acompañarse de uno mismo. Deja ir a quien ya no amas o ya no te ama más. Hoy la vida de pareja, como nunca antes, tiene más libertad de elección al tiempo que más fragilidad para su duración: no somos solo nosotros, nuestra pareja, nuestras elecciones y diversiones, lo que hacen que una relación claudique. 

Existen mil factores que entran en juego para lograr el sostenimiento de una vida de pareja en común. Pero sea la razón que sea -que nunca está de más reconocer para poder cambiar-, las buenas relaciones son para disfrutarlas, las malas para terminarlas, asimilarlas, y a través de ese proceso, madurar.

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