El cambio, la pérdida de algo querido como un empleo, una casa o incluso un rompimiento amoroso incluyen dos grandes penas: el dolor que sentimos por todo lo que había y no hay; es decir, por todo lo que terminó, y el que sentimos por todo lo que no termina, esto es, por no poder desprendernos de algunas cosas, de algunos recuerdos, de algunas historias y aventuras compartidas, de varias responsabilidades generadas. Dolor que nos obliga a darnos cuenta de que no todo termina tan rápido ni tan fácilmente, que detrás de un final hay todavía demasiadas cosas por las cuales responsabilizarse, demasiadas vivencias por acomodar en su sitio, demasiados vínculos por redefinir, demasiadas experiencias por capitalizar, demasiados estímulos por procesar, demasiadas ausencias por superar…

En muchas ocasiones y circunstancias experimentamos no sólo la ausencia o la incertidumbre del cambio y lo que está por venir, sino mucho más: la experiencia de la presencia de lo ausente; esto es el dolor de lo que está y no sólo de lo que falta. Los vínculos no finalizan, se transforman; podemos terminar alguna relación amorosa, laboral o familiar, pero no se puede extirpar el vínculo.

Si alguna vez estuvimos unidos a alguien (o a algo), parte del otro, de una forma u otra, ha quedado en nosotros, por eso el vínculo sigue en nuestra alma, más allá de la lejanía del otro. Es necesario entonces que el lugar que ocupa sea lo más amoroso posible, un lugar de paz. Esto no significa rehacer la relación o recrear una situación, sino acomodar pacíficamente la experiencia en el corazón.

Mira en retrospectiva

 

Echa un vistazo hacia atrás y reconoce el proceso: ¿qué es lo que más disfrutaste? ¿Qué fue lo que más te interesó? ¿Qué etapa te pareció más difícil? ¿Cuál la más dolorosa? ¿Puedes identificar cuántos cambios han ocurrido en ti en las últimas semanas o meses? ¿Sientes que lograste un avance emocional? ¿Cómo te sientes respecto de la transformación que has vivido? ¡Has trabajado duro! Dejar atrás una relación, decir adios a un empleo, lugar de residencia o simplemente iniciar una nueva etapa de vida es quizá más difícil de lo que pensabas; por eso mucha gente se da por vencida antes de terminar el proceso de recuperación. Lo que implica este recorrido sólo lo perciben los pocos que logran transitar todo el camino para cerrar el ciclo y dar paso a uno nuevo. 

 

Transitar el camino 

 

Acercándote al final del trayecto podrás ver que nada garantiza la felicidad total; sin embargo, recorrer el camino de la recuperación  te brindará la posibilidad de sentirte mejor contigo mismo, de encontrar mayor paz estando solo, de descubrir opciones de vida estimulantes y de reconocer recursos propios para llevarlas a cabo. También pensamos que vivir este proceso te dispone a abrir la posibilidad de generar encuentros significativos con otras personas: amistosos, eróticos y amorosos. El camino completo para cerrar eso que llamamos “ciclos” para Volver a empezar en la ruta que decidas caminar lo realiza poca gente, no todos llegan al final.

 

Recuerda que de los costos de crecer es hacerse selectivo y gustar de menos cosas, de menos relaciones, aunque de mejor calidad. Esta selectividad te permitirá disfrutar más de la profundidad y significado de tus decisiones, de tus encuentros y por supuesto de los ciclos de vida que decidas comenzar.

Miedo a la incertidumbre 

 

Puedes también desanimarte un poco cuando sientas que los viejos patrones que creías haber vencido regresan y que no cambiaste tanto como lo imaginabas. Quizá retorne el temor al futuro, a lo que está por venir. Todo esto es normal. Recuerda el miedo que sentías cuando iniciaste el camino, tal vez te paraliza, tal vez te hacía reaccionar de modo poco constructivo para ti y para los demás. Ninguno de estos “tropezones” ha de impedirte reconocer los pasos que has dado, porque en pocas situaciones de la vida es tan clara la experiencia de proceso como en el momento de vivir un duelo por el vínculo con eso o aquello que queríamos pero que por la razón que sea, debemos dejar atrás. Esto no significa que hayas olvidado los costos de la decisión tomada ni despreciado lo que ya no está, sino que tengas conciencia de lo que dejó en ti ese pasado y agradezcas a la vida haberlo vivido el tiempo que duró.

 

Cerrando ciclos 

 

Sin duda el paso del tiempo puede llevarte a sentir nostalgia, esto es señal de tu avance pues significa que ya estás capacitado para reconocer los costos de iniciar un nuevo ciclo… Si vuelve a acosarte la culpa o la sensación de rechazo, visualiza cómo estabas antes de decidir dejar ir esa relación o situación y constata que no quieres volver a ese lugar; no volverás a atravesar el arduo camino transitado. Es momento de echar a andar lo que quieres realmente: dejar de vivir en el pasado para disfrutar el presente y planear el futuro. Hoy es momento de ir cerrando círculos para abrir nuevas puertas y, ahora sí, dar la bienvenida a lo que está por venir….

 

 

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De todas las frases trilladas que he escuchado o leído respecto al cambio la que más me gusta es “lo único que no cambia es el cambio”; y es que si bien el cambio siempre ha estado presente en nuestros ciclos de vida, hoy más que nunca es una constante que abre el cuestionamiento de qué postura queremos asumir ante él: ¿somos agentes pasivos o tomamos las riendas de nuestra vida?

Muchas personas quieren empezar el año próximo sin haber ciclos pasados. Desean el cambio esperando que algo pase, que alguien llegue, que se ganen la lotería, que su ángel les de la pista… Existe la magia de la transformación sólo si tú haces lo que te corresponde para cambiar. Ya lo dijo San Agustin: “Ora como si todo dependiera de Dios, pero actúa como si todo dependiera de ti.”

El cambio es un proceso, no un evento y una pequeña diferencia introducida en una actuar con inercia puede llevarnos a un lugar diferente.

 

Entonces… ¿cómo le hago para cambiar?

1. ¡Para! Deja de hacer lo mismo que no te ha funcionado: Hacer más de lo mismo puede ser fácil, conocido incluso habitual, pero no llevará a resultados diferentes.

2. Cierra círculos: Reconoce lo que es un obstáculo. No puedes meter cosas nuevas en un cajón si no sacas las viejas. No puedes iniciar una nueva relación si no has cerrado una anterior. No puedes iniciar un nuevo proyecto si estás intranquilo con un trabajo anterior.

3. Ponle nombre a tu problema: Detecta tu malestar. Antes de lanzarte a actuar sin ton ni son, permítete sentir de qué va tu desasosiego, frustración o sensación de fracaso. ¿Qué es lo que realmente te perturba? ¿Tiene que ver con alguien o contigo?

4. ¡Encuentra tu motor! Descubre lo que daría propósito a tu vida. El significado y sentido de vida es el motivador superior para de ahí construir un proyecto personal. ¿Qué quiero? ¿Qué anhelo? ¿Con qué sueño?

5. Ten una línea de metas en el tiempo: Establece objetivos específicos; a corto, mediano y largo plazo. Pocos pero consistentes, alcanzables y claras. Pero si tus metas no corresponden a tus habilidades, te puedes frustrar innecesariamente, adecua tus aspiraciones a tus posibilidades reales

6. Reconoce tus recursos: Haz una lista de tus competencias en uso y de las que hay que explotar: Las que ya utilizas y las que puedas desarrollar. El autoconocimiento y aceptación personal son la base del uso oportuno y constructivo de tus recursos. No todos poseemos los mismos rasgos pero todos tenemos diversidad de recursos.

7. Diseña un plan de acción: En tiempo y forma. Inicia con lo que es de más flojera para dejar el premio para después!

8. Evalúa y rectifica en el camino: Pueden cambiar tus deseos, tus posibilidades, y se vale. Además no hay uno solo camino ni una mejor decisión, son diversas las opciones para poder lograr el cambio y la satisfacción. ¡Toda experiencia es útil si la asimiladas y afina tu sentido de propósito y tu camino a seguir!

9. ¡Celebra tus avances! Cada paso es valioso, no sólo el resultado final.

 

¿Cómo iniciar el cambio?

Es común estar cansado de vivir de determinada manera o estar harto de alguna situación, pero la gente con frecuencia se queja y se queja sin tomar la decisión de hacer algo para ponerse en otro lugar. A veces el grado máximo de malestar o la sensación de un atrapamiento sin salida es lo que te lleva a la convicción de que así no puedes seguir.

Sería muy útil anticiparte a ciertas “catástrofes” de la vida e iniciar movimientos en relación a ti mismo y al tipo de vida que tienes antes del derrumbamiento. Esta óptima alternativa de anticipar el cambio no es usual y generalmente son los acontecimientos los que se imponen aun sin planearlo o quererlo.


Pero ojo,  si bien en este caso el “querer es poder” no aplica, la decisión de cambiar es previa a cualquier acción, sin ella es imposible movilizar ningún recurso. Y recuerda que la transformación es el único camino hacia la auténtica autoestima y autorrealización.

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La ciudad en la que vivo, a pesar de su caos y su tráfico, es un agasajo. Caminar por ella a cualquier día, a cualquier hora, por casi cualquier calle, y observar cafecitos repletos de gente diversa, parques llenos de “un poquito de todo”, librerías atiborradas de gente “varia” y bicicletas de un lado a otro, no lo cambio por nada. En mi barrio, por ejemplo, la grata diversidad de personas que se parece poco a aquellos, mis compañeros de vida (de infancia, adolescencia, adultez temprana y media), son personas peculiares. 

 

Y ni qué decir de aquello que de pronto me entra, a la Proust, de implicarme con esmero en la búsqueda del tiempo perdido, con esa sensación de que desperdicié tiempo y vida, y que no experimenté lo suficiente, y que no conocí a los necesarios, y que no he visitado los “top ten”. Y como hilo de media, me voy acordando de mandatos infantiles que mi madre tarareaba con la voz de Serrat. “Hija: ‘que eso no se dice, que eso no se hace y que eso no se toca’”. (Sorry, soy mujer de edad suficiente y crecí de la manita de Serrat). Por no decir las exhortaciones-imposiciones paternas de “las niñas decentes…”, “las mujeres educadas…”, “las buenas hijas…”. 

Me detengo, recopilo y me vivo en el presente. Y me digo “mi vida es buena”. No en vano he tejido y destejido mi experiencia, llorado mis traumillas, liberado algunas represiones, actualizado mis queridas relaciones y, pensando a la Neruda, no me queda duda de que “¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”. 

 

Todos tenemos historias que nos marcan y todos hemos de “acomodar nuestros cajones” para dar cabida a lo nuevo que viene por vivir. Deshacerse del pasado es imposible, resignificarlo es un regalo que refresca la vida. No sería la que soy sin lo vivido, y no quisiera cambiar a quienes troquelaron parte de la persona en la que me he convertido. Sigamos lo que nos dicta Harold MacMillan: “deberíamos utilizar el pasado como trampolín y no como sofá”.

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Transitar de una vida pensada para vivirse en pareja a una en soltería, implica retos importantes: primero, porque la vida misma tiene una serie de desafíos en su recorrido, y segundo, porque estos desafíos se acentúan cuando la cultura dominante sigue privilegiando la idea de que el matrimonio forevery la familia nuclear intactason los caminos de la estabilidad y el éxito.

Somos, inevitablemente, moldeados por el entorno en el que crecemos: familia, escuela, comunidad, sociedad, época histórica con sus consecuentes paradigmas en puerta, entre muchos otros aspectos. Sin embargo, hay que cuestionarse las propias creencias anquilosadas, de lo contrario, podrían repetirse los roles del soltero tradicional: triste, incompleto, y al servicio del trabajo o la familia porque no tiene una vida propia.

Pareja seduciendose

Superación de rompimientos amorosos

Muchas personas se integran a la soltería tras un divorcio, lo cual supone un desafío particular. No es lo mismo ingresara este estilo de vida tras un quiebre amoroso elegido, que como consecuencia de la decisión de la pareja (cuesta entender que para formar una relación se necesita la decisión de dos personas, pero, para terminarla, basta que una no quiera continuar).

Quienes son arrojados a la soltería por una separación no deseada, además de la frustración y el resentimiento que les produce su estado, albergan sentimientos de enojo, de depresión y de angustia que tienen que superar. No obstante, necesitan trabajar la inseguridad personal que produce sentirse dejado para hallar las virtudes de su nuevo estado civil. Asimismo, aquellos que deciden terminar con la relación, deberán aprender a manejar la dosis de culpa que su decisión implica. Para ambas partes, es un camino que necesita repararse y cada uno debe sanarlo por su cuenta.

Ciclos de cambio 

Para poder integrar una forma diferente de vida (fuera de la normatradicional) hay que estar dispuesto al cambio, tener apertura a la movilidad y la capacidad de soltar. Esto no significa que la soltería implique una sucesión de experiencias banales y poco comprometidas, más bien es el aplomo de vivir con intensidad y responsabilidad la experiencia elegida y tener el coraje de saber dejar ir cuando el ciclo de lo vivido llegó a su punto final.

Aceptación de la incertidumbre

Si bien la incertidumbre es parte de la vida de cualquiera, quienes viven en una pareja establecreen transitar un trayecto bien definido y un futuro asegurado (¡cuántos no se dan un frentazo cuando descubren que fíjate que siempre no!). A los solteros, en cambio, si bien planean, desean, emprenden y logran, los vi- sita con más frecuencia la estimulante (e inquietante) pregunta: “¿cómo será mi vida a lo largo del tiempo?.

En su diario acontecer experimentan más, esperan menos, planean hasta donde pueden el futuro, pero requieren aprender a tolerar una buena dosis de incertidumbre, y a aprender a vivir en paz en medio de la impermanencia.

Manejo de la soledad

La soledad tiene una pésima fama porque con frecuencia se la empata con la idea de aislamiento o desolación. El aislamiento (a diferencia de la soledad) es traumático: somos seres sociales que, de una u otra forma y con mayor o menor necesidad de convivencia, requerimos del intercambio con los otros, tanto para sobrevivir como para construirnos como personas. Es distinto estar solo y poder hacerlo (incluso disfrutarlo) contando con la posibilidad de interactuar, convivir, solicitar ayuda y dar cariño, a no tener a quién recurrir en caso de desear compañía o necesitarla.

Por otro lado, la desolación tiene que ver más con la interpretación que le damos al hecho de no tener pareja (y a veces hijos), desde la visión de la cultura dominante. Pero, independientemente de que decidamos estar con alguien, ser padres o no, aprender a vivir en soledad es tarea básica para cualquier ser humano. Es en la soledad donde nos relacionamos con nosotros mismos, donde construimos la autonomía necesaria para crecer y el espacio donde planeamos quienes queremos ser.

 

Construcción de redes sociales

Puede ser lastimoso y frustrante querer seguir encajando en antiguos grupos que se sostienen en estilos de vida que invisibilizan la vida en soltería, de ahí la necesidad de soltar espacios que restan más de lo que aportan, al tiempo de construir nuevos ambientes que respondan a la persona que son en su presente.

Sobra decir que un soltero ajeno al mundo virtual queda fuera de infinidad de intercambios y encuentros propios de la soltería: ¡los solteros están en las redes! Así que a navegar en ellas.

Incorporar el error

La libertad que tienen los solteros facilita el despliegue de vivencias que se construyen a base de “prueba y error”: experimentan más, se equivocan más, pero aprenden más. Sin embargo, aceptar los errores y continuar requiere de un trabajo de seguridad personal, de medir los riesgos, y de capacidad de recuperación.

Es reto especial de los solteros aprender a no vivir como fracaso los errores que, inevitablemente, se cometen en el camino.

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No todos los solteros viven igual su soltería; ¿cuáles son las diferencias entre estos grupos de solteros? o ¿cómo se conciben los habitantes de cada uno de estos territorios?

ROJO: ARROJADOS

  • Piensan que la vida es mejor en pareja. 
  • Se sienten inadecuados o rechazados porque no han encontrado a su “media naranja”.
  • Posponen proyectos estimulantes o valiosos por darse a la tarea de encontrar “su amor ideal”.
  • Piensan que lo que hasta hoy habían vivido era “válido” porque eran jóvenes y estaban en etapa de experimentar.
  • Consideran que el ingreso a la “madurez” se los da el casarse y tener hijos. 
  • Creen que lo que da significado a sus vidas son los vínculos de pareja, y no los diversos vínculos amistosos, laborales y culturales. 

AMARILLO: EN TRANSICIÓN

  • Han comenzado a soltar “las cargas” de un rompimiento. 
  • Comienzan a apreciar las bondades de la individualidad y su estilo de vida empieza a tener descubrimientos interesantes. 
  • Están abiertas a las posibilidades que este estatus les pueda brindar como…
  • Recorren un proceso de aceptación de su soltería. 
  • Se resisten menos a lo que están viviendo e integran mejor su nueva realidad. 
  • Si bien, la incertidumbre sigue siendo parte de su vida, experimentan una esperanza que los abre a vivir experiencias diversas, a cuestionar la vida convencional.
  • Desafían los prejuicios y mitos relacionados con la vida individual. 

VERDE: POSICIONADOS 

  • Valoran y defienden su soltería. 
  • Entienden que no todas las personas tienen la vocación de la vida matrimonial.
  • No sienten culpa por vivir de una forma “diferente”.
  • Priorizan su crecimiento profesional y tienden a ser exitosos laboralmente.
  • Ven en su trabajo una fuente de satisfacción y de servicio. 
  • Refuerzan su autoconcepto.
  • Obtienen reconocimiento social.

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Las “malas lenguas” y algunas investigaciones dejan ver que la vida llevada de manera individual está en aumento. Se pronostica que, para mediados de siglo, una tercera parte de los hogares de nuestro país serán unipersonales. Es evidente que, en los últimos tiempos, los humanos hemos migrado de un estilo de vida comunitario a una rampante individualización. 

 

El camino no ha sido sencillo…

Recorriendo la historia, encontraremos que, a partir de la modernidad, triunfaron valores antes despreciados: progreso, comunicación, felicidad, libertad e individualidad. Se deja atrás el llamado “oscurantismo” y el teocentrismo de la Edad Media para retomar al hombre como centro del universo y a la razón como eje para combatir la ignorancia, la tiranía y la superstición. Con el triunfo del capitalismo en el siglo XIX queda coronada la primacía del individuo.

Factores que detonaron la vida individual

La culminación de la individualidad se gesta en el siglo XX con una serie de avances tecno-científicos nunca antes vistos, así como varios movimientos sociales que cambiaron nuestra mane-ra de pensar: la revolución sexual, con la legitimación del placer, invitó a los individuos a explorar sus cuerpos y cuestionar sus relaciones a favor de la satisfacción personal; el movimiento feminista dotó a las mujeres de poder y las posicionó en la vida pública tras años de enclaustramiento doméstico. Hace poco, era imposible vislumbrar la vida a solas. En términos prácticos, se necesitaba de una familia aglutinada para reproducirse… y producir.

 

Abramos a la puerta soltería

Pero con todo y los logros de la tan preciada conquista de la vida individual, la experiencia misma de la soltería, de pronto, tiene un toque surrealista (y algunos retos por superar): ¿Será real lo que vivimos nuevas caras de la soltería? ¿Son acaso un cúmulo de sueños de los que vamos a despertar? 

Yo digo que no “abramos la puerta” a las irrupciones de aquellos que aún estigmatizan la vida en “solo” y, en cambio, sí permitámonos la experiencia de dejarnos envolver por el discreto encanto de una vida individual…

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.