Sí, existen hermanos que se pelean más de cinco veces al día, los siete días de la semana. Durante periodos largos, la casa se convierte en una zona de guerra habitada por gritos, puertas que se azotan, acusaciones, fundadas e infundadas, e incluso uno que otro golpe. Y aunque a todos nos gustaría vivir en calma, en un ambiente amoroso en el que el desayuno ocurra entre silencio y sonrisas, lo cierto es que las luchas en los grupos familiares son más comunes de lo que parecen y pueden solucionarse con paciencia y con entendimiento, pero ¿cómo se logra esto?

Como madre de cuatro hombres, pienso que el primer consejo útil es eliminar de nuestro sistema esa imagen ideal de cómo deben ser las relaciones. Las familias perfectas no existen, y los hermanos totalmente pacíficos tampoco. Dicho eso, la responsabilidad de sanar los vínculos entre los hijos es de nosotros, las mamás y los papás.

El error más común

Pienso que la hermandad (o la fratría) es un pequeño laboratorio que le permite a los hijos ensayar para lo que viene. Los hermanos construyen una especie de sociedad íntima en la que no sólo se enseñan a convivir, sino a acompañarse, a divertirse y por qué no a pelear de una manera sana.

A pesar de eso, los padres cometemos el error de intentar que se lleven bien a toda costa, y en ocasiones no permitimos que la relación fluya, me ha pasado. Esto sucede porque les otorgamos roles fijos que tienen que ver con su edad – tú eres el mayor y tienes que proteger a tu hermano– o con su género – eres el hombre de la casa–. Caer en esta equivocación hace que los niños tengan que asumir un compromiso muy grande, que tal vez los incomode.

 Aceptar las diferencias y limitaciones

Para que el vínculo entre hermanos mejore tenemos que aceptar también nuestra propia naturaleza. No podemos negar que aunque los amamos a todos por igual, sentimos con frecuencia mayor comodidad o gusto por alguno de nuestros hijos. Esto no significa que los queramos más o menos, sino que como adultos somos más afines a un estilo de carácter o a cierto tipo de desempeño social.  En ese sentido otro buen consejo que les puedo dar es: acepten que está bien tener un vínculo especial con cada hijo.

Por otro lado, para que el trato mejore es muy importante entender cuáles nuestras funciones, y límites parentales. Si bien podemos lograr, a través de una educación sólida, que los hijos desarrollen una relación de cariño, cuidado y respeto mutuo, esto no significa que los hermanos deban ser mejores amigos, compañeros de aventuras y confidentes íntimos.

Hay que tener súper claro lo que nos interesa fomentar en la familia. Queremos que los hijos aprendan a convivir, a empatizar, a pedir lo que necesitan de manera asertiva, a negociar situaciones difíciles, a generar conexiones sanas y a disfrutar de sus relaciones. No queremos generar expectativas sobrehumanas de “entendimiento perfecto”, “intimidad total” y “ayuda incondicional” entre los hermanos.

¿Cómo hacemos que se lleven mejor?

Para lograr una mejor relación entre los hijos, aquí les dejo algunos consejos prácticos, y sí muy realistas, que todos los padres pueden realizar para que las peleas acaben.

  1. Erijamos una disciplina eficaz en la que haya reglas de comportamiento claras, concretas y adecuadas. En dichas normas tienen que estar, sobre todo, bien dibujados los límites ante las conductas inadmisibles. No olvidemos que es responsabilidad de los padres detener, de manera particular, el comportamiento abusivo, golpes, humillaciones, maltratos, burlas, etc.
  2. Enséñales a usar las palabras para que puedan expresar lo que piensan; para que sepan pedir lo que necesitan y decir lo que sienten.
  3. Respetemos las diferencias individuales, y evitemos, a toda costa, las comparaciones. Es importante valorar la actitud y habilidades que tiene cada uno, en el momento oportuno.
  4. Simple, hay que mostrar a cada hijo el aprecio que tenemos a su corazón y a su inteligencia.
  5. Evitemos los favoritismos, y por favor aprendamos a no tomar de partido, sin razón o fundamento, por alguno de ellos.
  6. Hay que favorecer el trabajo en equipo, tanto en situaciones domésticas como en  aventuras extra curriculares, como salidas de paseo. Las actividades colectivas generan orden y sentido de pertenencia.
  7. Fomentemos espacios de diversión y entretenimiento que les permitan relajarse y disfrutarse. Hay que recordar que el juego ofrece un momento de conexión emocional súper importante para la formación.
  8. No hay que evadir ni negar los conflictos, por el contrario, tenemos que enséñales a buscar soluciones justas para que traten sus diferencias de una manera sana.
  9. Respetemos sus espacios individuales. Necesitamos darles la oportunidad de que cada uno pueda realizar hobbies, actividades o intereses personales, sin insistir en tener que compartan todo, siempre.
  10. La buena relación empieza, por mucho, con el ejemplo. Los hijos pueden aprender a través a través de ver cómo nos relacionamos con nuestros propios hermanos, con sus abuelos, con la pareja, o ex pareja si la tienes.

Tenemos la fortuna de vivir en una época en la que cada vez hay más oportunidades para nosotras. En estos días, las mujeres podemos elegir la vida que queremos; escoger una pareja, una carrera y hasta diseñar el futuro. Yo, a mis casi 60, he sido testigo en primera fila de cómo se ha transformado la realidad desde que era niña, y a pesar de lo feliz que me hacen los derechos conquistados y las batallas libradas; estoy consciente que todavía falta mucho camino por andar.

Es hora de inspirarnos

Todos los días, mi ocupación me permite escuchar a muchas mujeres. En cada consulta, curso o domingo de “verdadazos” aparecen nuevas inquietudes, temores, retos y cansancios. Una multitud de cuestionamientos que necesitan respuestas.

Esto me ha hecho reflexionar, y entender, que más que un género, ser mujer es el arte de aprender a construir; es edificar, para nosotras mismas, posibilidades y sueños. Sé que las palabras suenan muy bonitas, pero ¿cómo se logra esto?.

La que entiende … camina

Lo primero es buscar ayuda. Todas necesitamos un empujón para encontrar nuestra identidad y por qué no nuestros deseos. Requerimos ayuda para sobrevivir, para caer paradas y para resistir los embates que se nos ponen enfrente. Una guía para, por ejemplo, terminar bien un año difícil y para empezar 2021 con una dirección clara y realista.

Lo segundo que me viene a la mente es que para avanzar hay que detenernos a analizar y revisar, no sólo a nosotras mismas, sino lo que nos rodea. Preguntarnos qué parte de nuestros problemas dependen del comportamiento individual, y qué parte del entorno en el que estamos inmersas.

Y es que aunque las mujeres hemos conseguido cambios fundamentales, todavía vivimos en un mundo patriarcal en el que se nos imponen roles y formas de comportamiento. En pleno siglo XXI aún somos satélites de las demandas de los demás, aún tenemos que postergar nuestros sueños, para que otros los cumplan.

La realidad –imperfecta y machista– nos lleva a dudar de lo que somos y de lo que queremos. Esto hace que muchas se sientan frustradas por no cumplir las expectativas ajenas, por no ser lo que otros esperan. Dicho eso, vale la pena replantear el camino y encontrar maneras de centrarnos en nosotras, para así querer bien a los demás.

Un taller para descubrir quién somos nosotras

Mucho de lo que me he planteado en la vida, lo he logrado. Algunas cosas las he tenido que descartar, pero otras las he recogido y aprovechado. Por eso me parece importante que entendamos; ¿qué es ser mujer hoy?; en este mundo, en este siglo, en este contexto, en este país.

En honor a lo anterior he creado un taller para todas. Un espacio en el que comprendamos juntas las creencias que nos limitan y las formas de encontrar la libertad. Las invito a que realicemos un viaje profundo por nuestro universo emocional, intelectual y corporal.

Ser mujer consciente hoy

¿Cuándo? 16 enero 2021

Duración: 3 horas

Costo: $990

Programa y Boletos: https://ser-mujer-consciente-hoy.boletia.com

 

  • Decir que la sociedad es más indulgente con la infidelidad masculina que con la femenina es una realidad pero no es una curiosidad porque todo mundo lo sabe.
  • Decir que el hombre es más promiscuo que la mujer y que sus infidelidades tienen menor fundamento emocional es una realidad pero no una curiosidad, puesto que todo el mundo lo acepta.
  • Y decir que como consecuencia de ambas cosas el hombre sea el perdonado también es una realidad pero no una curiosidad, porque todo el mundo lo reconoce.

Sin embrago, algunas realidades son menos evidentes, pero igualmente trascendentes que merecen ser destacadas, porque a simple vista pueden parecer un tanto insólitas. Mencionaré una:

  • Las mujeres más maduras (psicológicamente) son las más fieles… y las más infieles. 

Obviamente influye la edad pues para madurar se requieren vivencias y experiencias, las primeras llegan con los años y las segundas son consecuencia de la asimilación de las primeras. Por tanto no hay que confundir la cantidad de vida con la calidad de la experiencia.

Pero en virtud de este mismo razonamiento, cierto porcentaje de mujeres decide que en determinada situación recurrir a la infidelidad no va contra sus principios ni contra su coherencia.  Es el caso de quienes se sienten abandonadas emocionalmente o que practican la infidelidad reactiva, es decir, como protesta a una situación que no quieren más; en este caso permitirse la infidelidad es la manera de responder adaptativamente a su realidad y por tanto asumen lo que hacen como un ejercicio de expresión de su libertad de acción. Así, la madurez hace que, de acuerdo con su lógica, y a pesar de los riesgos que conocen como mujeres, (siempre es más riesgoso ser infiel siendo mujer que siendo hombre) la consideran una opción aceptable y deciden practicarla sin inhibirse por cuestiones de género.

En cambio, en los hombres la infidelidad juega a favor de la inercia social y en ese caso, lo que implica en ellos mérito es limitar voluntariamente el acceso a alguna de las múltiples vías de las que dispone para ser infiel sin recibir rechazo social.

El resultado de esa distinta permisividad hace que por regla general la renuncia a la infidelidad sea un indicativo de madurez en el hombre, mientras que en la mujer la interpretación puede ser más equívoca, porque puede tratarse de una restricción voluntaria y en ese supuesto, es un indicativo de madurez. O puede estar motivada por el temor a la reacción de la pareja, y en ese caso, debe interpretarse como subordinación afectiva impuesta por la inmadurez.

Las mujeres suelen ser más coherentes que los hombres tanto a la hora de restringir sus infidelidades como de permitírselas. Los hombres a medida que maduran tienden a ser más fieles.

¡Ojo! No estoy siendo más permisiva con la infidelidad femenina que con la masculina, pero en mi experiencia clínica observo que el perfil de la mujer infiel suele ser más coherente que el de los hombres, y menos inmaduro.

El “fast love”, fácil y rápido, así como la “fast food”, está de moda. Es por eso que las parejas difícilmente duran más de lo que el enamoramiento les pueda dar. El enamoramiento se puede dar en un “flechazo” pero el amor se cuece “a fuego lento”.

Por eso considero que el “propedéutico” individual que nos prepara para elegir una pareja mejor y fluir bien en el intercambio amoroso ha de ser considerado.

Aquí te comparto algunas preguntas que señalan los prerrequisitos imprescindibles para construir una buena vida de pareja.

 

1. ¿Me conozco? El autoconocimiento te permite elegir mejor y también respetar tus necesidades, intereses y valores dentro de la relación. Ver a qué puedes renunciar y que estás dispuesto a negociar y qué no.

 

2. ¿Tengo una forma de ganarme la vida? Es importante entrar a una relación con la competencia de abastecerte de lo suficiente para vivir y ser menos vulnerable al control del otro. La independencia económica también favorece la igualdad en las negociaciones.

 

3. ¿Me siento con suficiente autonomía emocional? “No solo de pan vive el hombre”. La autonomía emocional es la capacidad de legitimar tus deseos, necesidades, intereses, valores y los límites que necesitas poner al otro para poder satisfacer tus requerimientos básicos. La autonomía emocional te facilita respetarte sin tener que romper, distanciarte o cerrarte del todo a tu pareja.

 

4. ¿Mi vida tiene sentido? Conocer mis pasiones y sueños, capacidades y aptitudes más allá de mi relación de pareja hace del amor parte de mi proyecto de vida pero no mi único propósito en la vida. Una existencia con sentido propio es la que facilita que el amor florezca en libertad y aumente el tamaño de tus alas para expenderte y disfrutar.

 

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¿Quién dijo que son las mujeres cougar quienes van a la “caza”, como si los “cazados” fueran víctimas indefensas? Entre las pumas hay mujeres sofisticadas y atractivas que se permiten gozar del sexo fuera de relaciones institucionales y sin sentimientos de culpa.

Hace unos días me invitaron a un programa de radio, solicitando mi opinión de un tema puntual: las mujeres cougar. Al minuto de haber aceptado, recibí material que documentaba el tema, por si no sabía de lo que me estaban hablando. ¡Cómo no voy a saber! A mis “algunos años” sería candidata idónea para sumarme a las filas de las “mujeres puma”, tan criticadas… ¿tan envidiadas?

Se les llama cougar a aquellas mujeres maduras que, habiendo rebasado los 30, 40 o 50 años, buscan hombres jóvenes, entre 6 y 15 años menores que ellas. El término podría ser peyorativo: cougar da la idea de mujeres depredadoras que van a la “caza” de hombres jóvenes: “carne fresca”. Es curioso que este modelo de conquista, tan común entre los varones –y no sólo aceptado, sino con frecuencia festejado–, en el territorio femenino cause resquemor. ¿Será que ni hombres, ni mujeres hemos superado la imagen de mujer madre, asexuada y pasiva?

Hace un par de años en una reunión, una amiga comentaba sobre una conocida mayor que nosotras: “Salí de dar un seminario en la facultad y vi pasar a las hijas de Julia. Roberto (maestro) comentó algo sobre la belleza de las chicas, a lo que Félix (otro joven profesor) contestó con voz intensa: “¿Pero acaso no han visto a su mamá?, ¡para mí es más interesante y atractiva que las dos hijas juntas!”.

Así que, ¿quién dijo que son las mujeres cougar quienes van a la “caza”, como si los “cazados” fueran víctimas indefensas? Los varones que gustan de relacionarse con mujeres mayores no quieren ser como “el resto de los hombres”. Les gustan los retos, son irreverentes y algo transgresores. De sus encuentros con ellas obtienen aprendizaje: se adentran en un mundo que de otra manera les sería inaccesible y quedan libres de tomar las riendas de la relación. Adquieren madurez y confianza a través de estas experiencias, que van desde una cana al aire hasta una relación estable.

 

De las mujeres cougar se dice “que son mujeres divorciadas y fracasadas” o que “temen envejecer”. Sin duda todos capoteamos con mayor o menor elegancia las rupturas amorosas y el transcurrir de la edad, pero generalizar y descartar su opción como inválida, sería tanto como simplificar una realidad que se antoja nueva, compleja y estimulante para incursionar.

Entre las pumas hay mujeres seguras de sí mismas que disfrutan su madurez, independientes económicamente y libres de prejuicios. Mujeres sofisticadas y atractivas que se permiten gozar del sexo fuera de relaciones institucionales y sin sentimientos de culpa. Mujeres que han vivido suficiente para elegir nuevos modos y nuevos modelos. Pocas quieren casarse, de ahí que estas experiencias, más que impedirles envejecer, les permiten transitar con mayor plenitud ese proceso. Son mujeres fascinantes física y mentalmente, arrojadas, bien plantadas…

Sobra decir, que la mujer, en términos generales, alcanza su plenitud sexual a una edad más tardía que los hombres, y que éstos, siendo más jóvenes, pueden aprender y disfrutar de ellas al tiempo que están en condiciones de darles “batalla”.

El fenómeno de las cougar no es banal: es un paso más en el tema de la equidad de género. No se trata de una mera reacción a ciertas prerrogativas masculinas, sino una conquista más entre la diversidad de opciones disponibles para elegir y experimentar.

¿Ejemplos de mujeres cougar? La lista es inagotable: Madonna, Demi Moore, Mariah Carey, y muchas amigas cercanas que por razones obvias no voy a mencionar. ¿Desventajas? Sí, como en todos los encuentros amorosos hay desafíos, pero también muchas ventajas y disfrutes… Quizá el reto sería dejar de estigmatizar el suceso e integrarlo al repertorio erótico y amoroso posible, deseable, entre otros muchos más…

 

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Con riesgo de sonar egoísta, cosa particularmente despreciable en boca de casi cualquier mujer –de quienes se espera toda entrega y toda generosidad– afirmo que pocas experiencias me han resultado tan gratificantes, liberadoras y expansivas, como tener mi “habitación propia”.

En 1928, Virginia Woolf, escritora y feminista inglesa, fue invitada a dar unas charlas sobre el tema de la mujer, y ante la pregunta “¿Qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas?”, ella contestó de manera realista y valiente: “independencia económica y una habitación propia”.

De ahí surge su ensayo titulado con el mismo nombre, donde Woolf construye un discurso real y al mismo tiempo metafórico sobre los derechos de la mujer, tanto en lo referente a su expresión a través de las letras, como a su vida cotidiana.

Recordemos que por aquellos tiempos –y por aquellos rumbos– sólo hacía nueve años que se le había concedido el voto a la mujer, por no mencionar otras peculiaridades en relación al género femenino. Hoy, habiendo transcurrido casi cien años, aún me encuentro con mujeres enajenadas que desean y que necesitan una habitación propia.

En la mañana conversaba con mi amiga Karla quien afligida me compartía que cargaba con la responsabilidad de cuidar a su padre. Karla está divorciada, tiene profesión, sueños, dos hijos adolescentes, hobbies, cargas económicas, amigas, y algunas otras cosillas más. Su papá, con más de 75 años a cuestas, una viudez mal asimilada, dos rodillas en franca decadencia y una depresión viento en popa, se recarga del todo en Karla dado que sus otros dos hijos varones, “bien casados”, andan en lo suyo y tienen muchas cosas que hacer. Me pregunto yo: ¿tienen más cosas que hacer que Karla?

Como Karla hay muchas que asumen responsabilidades de más. Y es que esta identidad femenina, construida desde lo relacional: “ser para los otros y en función de los otros”, aplaudida por la sociedad,  exigida a veces por nuestros seres cercanos, consentida sin cuestionar por nosotras mismas –tenga el costo que tenga y en espera de que así nos quieran más y mejor– nos convierte en heroicas y necesarias a los ojos de los demás, en buenas y responsables antes nuestros propios ojos, y en una madeja de nervios y frustraciones para nuestras necesidades y deseos más profundos.

Me pregunto, a través de la voz de Marcela Serrano “¿puede haber una sensación más excitante (y atemorizante, a la vez, lo reconozco) para una mujer, que el sentirse fuera del alcance de los demás, de los cercanos que la aman pero que simultánea y sutilmente la ahogan?”

Me pregunto también parafraseando a Woolf “¿cómo no desear una habitación propia, con un cerrojo pesado y hermoso que impida que las imparables irrupciones nos alejen de nosotras mismas? ¡Y tanto mejor un departamento propio, y suficiente dinerillo en la cartera, y tiempo, más tiempo!  Un cuerpo para una misma, un corazón más vivo y una mente –que estando más tranquila– pueda entonces sí, compartirse de manera suave y gozosa con los demás.

Las mujeres hemos nadado contracorriente, y seguimos en este esfuerzo por lograr la equidad. Encontremos espacios de recreo, de placer, de descanso, de crecimiento, sin duda ellos nos construirán en mujeres integras, donde el amor que demos no nos restará fuerza, ni libertad.

 

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“Las mayores conquistas son las victorias psicológicas”

 

Vivimos en la era del cambio acelerado y la incertidumbre permanente. Las altas exigencias y diversidad de opciones que plantea un mundo globalizado, tecnológico, y digital nos imponen marchas forzadas y estados sostenidos de estrés. El imperativo de estar informados, actualizados y bien conectados, genera un “cocktail” que deriva en una ansiedad galopante.

La ansiedad es uno de los grandes males que caracteriza a la sociedad posmoderna. Insomnio, palpitaciones, desvanecimientos, sudoración en las manos, falta de apetito o exceso del mismo, miedos irracionales y quedar pasmados de forma recurrente, son algunos de los síntomas de este malestar que se filtra de manera inadvertida en la vida de quienes lo padecen minando su bienestar y su eficacia.

La adaptación a una vida acelerada y la posibilidad de transformarla en ritmos y territorios menos demandantes, será producto de muchos factores que habrán de conjuntarse en lo económico, político, social y cultural, de los cuales, tendremos pocos efectos en nuestra corta existencia, ya que esta nueva tendencia sigue “in crescendo”. Pero el afrontamiento del día a día, si bien puede ser acompañado por paleativos generados en el orden de lo público, será una tarea individual de las personas en sus vidas.

Existen tres elementos que resultan de vital importancia para mantener la ansiedad “a raya”: desarrollar la confianza en uno mismo, aprender a gestionar las emociones, ejercitarse en el manejo del estrés.

 

    La confianza en uno mismo crece y se consolida reconociendo nuestras competencias y haciendo uso de ellas. Si revisamos los retos que hemos ya superado a lo largo de la vida, nos daremos cuenta que somos buenos para diversas cosas, que poseemos habilidades y capacidades importantes, y que gracias a ellas hemos salido airosos de algunas circunstancias adversas, por pequeñas que hoy nos parezcan. Apropiarnos de estos logros refuerza la experiencia de agencia personal: “soy bueno y puedo lograr cosas”.

Las competencias reconocidas se pueden fortalecer y exponenciar a través de pequeñas acciones que nos permitan seguir ejercitándolas e incluso desplegando otras nuevas: hacer una llamada para consultar algo, atender un nuevo cursillo, realizar alguna lectura, pueden ser herramientas de perfeccionamiento. Las metas a corto plazo y de baja dificultad son óptimas puertas de inicio que no admiten grandes excusas al tiempo que sí van creando hábitos nuevos y enriquecedores. Nuestro cerebro es tan plástico, que las pequeñas acciones sostenidas en el tiempo crean nuevas conexiones neuronales que confirman la idea de que somos capaces, ¡porque lo somos!

Es importante parar las ideas negativas que irrumpen en nuestro cerebro y detienen nuestro avance: “no puedo”, “me falta tiempo”, “con esto no mejoraré”. ¿Cómo se paran estas creencias erróneas? ¡Parándolas! Desactivándolas. No evites el pensamiento, es imposible, pero entra y sal de él: distráete y repítete a ti mismo “esto que me digo es una creencia equivocada”, o bien “de nuevo la mente me quiere jugar chueco”. Sostente centrado en tu objetivo y avanzando en las pequeñas acciones que vas ejecutando. Si sabes lo que quieres lograr y mantienes tus acciones en esa línea, por pequeñas que éstas sean, irás haciendo conquistas importantes.

 

 

         Aprender a gestionar las emociones si bien no es una tarea fácil, también es entrenable. Manejar la presión, la ansiedad, el miedo, es una habilidad que se puede adquirir. Para conseguir esta capacidad es importante llevar a cabo ejercicios que te enseñen a respirar, a relajarte y a concentrarte. Respirar profunda, sostenida y pausadamente, obliga a bajar el ritmo cardiaco y por tanto a detener la ansiedad y el miedo. Por otra parte, reconocer el pensamiento que está tras la emoción imperante es otro recurso para erradicar la distorsión cognitiva que detona la ansiedad: por ejemplo, pensar que todos los jefes tienen que ser de carácter fuerte y pueden explotar puede generar una reacción ansiosa que no corresponde con lo que esta ocurriendo en una sala de juntas. El ejercicio, por otro lado, es un hábito fundamental relajante. Y sin duda la atención plena que implica poner foco e intensidad a lo que se está haciendo, elimina distracciones –físicas o mentales– que disparan temores y facilita permanecer en el aquí y el ahora.

 

    Por último, hablemos del manejo del estrés. Éste es la respuesta del organismo a la anticipación del futuro imaginado como amenazante, esto nos regresa de nuevo a la importancia de centrarse en el presente y mirar a los logros que se espera conseguir en el futuro, favoreciendo el sentimiento que generará la sensación de éxito. El poder vivenciar anticipadamente el logro no solo favorece la  motivación, sino que al mismo tiempo activa una química corporal que genera bienestar y positivismo. El pensamiento experimentado es química en acción.

De nada sirve rumiar los errores pasados, pero sí distinguir aquello que se puede controlar y aquello que no. Esta distinción ayuda a dejar de lado lo que está fuera de nuestra gestión e implicarnos en los factores que podemos manejar mejor. Ese sería el caso de prepararse antes de una presentación en el trabajo organizando con anticipación lo que se va a exponer, teniendo información actualizada, probando el material que se va a utilizar, durmiendo bien la noche anterior y siendo puntuales el día de la reunión. Fuera de tu control estará si asisten todos los participantes esperados, si llega de buen o mal humor el jefe, o si se va la luz.

 

Planear los pasos de lo que nos proponemos, lograr a tiempo la meta que visualizamos y hacer un manejo adecuado de la ansiedad, no nos asegura que todo saldrá a pedir de boca, pero si nos garantizará “tenernos de nuestro lado”, desarrollar nuestras competencias, disminuir el malestar y encontrar nuevos senderos para continuar el camino.

 

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El mundo ha cambiado rápidamente, y entre los cambios más llamativos, controvertidos y dramáticos se encuentra la transformación de las mujeres. Hay un mar de mujeres en universidades y en especializaciones. El 47% de la fuerza de trabajo es femenina. Aún así, el porcentaje de empresas sin mujeres en la alta dirección ha caído de 36% a 27% en los últimos años.

¿Por qué las mujeres no tienen las mismas oportunidades laborales, las mismas compensaciones, la misma proyección de crecimiento y las mismas posiciones de liderazgo que los hombres? ¿Por qué seguimos hablando de empoderarlas si nunca antes el mundo les había abierto tantas puertas?

Seguimos viviendo en un mundo patriarcal que prioriza la visión masculina sobre la visión femenina. Las mujeres seguimos siendo educadas dentro de una sociedad androcéntrica que legitima la violencia y la diferencia laboral. En los espacios de trabajo, particularmente en los altos mandos, se continúan privilegiando las formas de pensar, comunicar y actuar “masculinas” por encima de aquellas intervenciones “femeninas” que incluyen la empatía, la colaboración, la intuición y la emoción. Éstas son consideradas de menor valor, de menor utilidad e incluso se perciben como obstáculos para el logro de objetivos y el crecimiento de la productividad.

En este pequeño artículo no desarrollaré un tratado sobre feminismo (aunque buena falta nos hace a todos entenderlo), pero sí haré un llamado generalizado a considerar que hombres y mujeres requerimos sumar competencias y perspectivas para generar mejores resultados laborales y mayor satisfacción personal.

No es lo mismo la inclusión de género que la inteligencia de género. La inteligencia de género no solo se forja con políticas de cumplimiento de cuotas, trabajos de tiempo flexible y empoderamiento a grupos de mujeres. La inteligencia de género consiste en la comprensión, aprecio y uso de los talentos y habilidades diferentes que hombres y mujeres aportan en el área laboral.

La inteligencia de género estudia las diferencias en los cerebros femenino y masculino así como de la química de hombres y mujeres efecto de los diferentes niveles hormonales, y sin privilegiar una cosa sobre las otra, considera que sumar estas diferencias es mejor que eliminarlas con un discurso de “igualdad a rajatabla”. Ante tanto abuso de poder masculino en el mundo patriarcal en el que vivimos, no es fácil  afirmar que ser iguales no significa ser idénticos. Sin duda faltan muchas políticas que faciliten el tema de la equidad, pero ¿por qué negar aquellas distinciones que suman y potencian el bienestar y la efectividad?

Las empresas que reconocen las distinciones biológicas sin construir sobre ellas estereotipados roles de género e integran estrategias laborales que faciliten que las mujeres ocupen cargos de poder, favorecen el trabajo colaborativo entre hombres y mujeres y aprovechan el efecto de dichos intercambios para el bienestar personal de sus equipos de trabajo y para el crecimiento  de la organización.

Me pregunto yo y le pregunto a usted- ¿Por qué nos sigue siendo tan difícil dar este paso?

La paradoja de la masculinidad

 

Las mujeres hemos hablado, y mucho. Si bien se ha recorrido un largo camino en temas de igualdad, la brecha emocional entre mujeres y hombres se agranda cada día. Las mujeres hemos cambiado dramáticamente y es hora de que los hombres lo hagan también; no solo a nuestro favor, sino para su mejor estar.

 

Las vidas de las mujeres –con todo y su lucha- no serán suficientemente buenas si no se unen los hombres a esta transformación. Y para poder facilitar la transición primero hay que identificar en dónde están parados ellos:

  • Algunos se resisten al cambio y se rigidizan instalándose en el machismo.
  • Otros se unen a la lucha por la igualdad entre los géneros pero “más” como “comparsa” de las mujeres que por convicción y de esa forma dejar de ser políticamente incorrectos.
  • Unos cuantos son conscientes de que es importante la transición y de que sin ella tampoco podrán ser las personas que quieren ser ni tener la cercanía y el afecto femenino que desean.

 

Escuchémoslos… Con curiosidad, complejidad y esperanza. No es fácil ser hombre hoy: las mujeres NO los conocemos ni entendemos del todo. Sabemos lo que nos lastima de ellos, lo que nos falta, lo que no nos gusta y lo que necesitamos, pero no entendemos los dilemas y las presiones que ellos están viviendo, los dolores que vienen cargando, y su estar atrapados en una masculinidad que los aliena y enajena.

 

Si creemos que sabemos –sin lugar a dudas- quiénes son, qué les pasa y qué necesitan, recordemos: las certezas son enemigas del cambio.

 

PARA CONOCERLOS UN  POCO MÁS: Revisemos cinco áreas que nos permiten entrar en su interioridad.

  • Identidad: ¿Qué les asignaron ser? ¿Qué eligieron ellos? Mujer se nace, los hombres tienen que demostrar siempre que son hombres. No se adquiere la masculinidad naturalmente; es difícil de conquistar y fácil de perder. Si no son hombres, ¿qué son?

  • Intimidad: ¿Cómo son sus relaciones con otros hombres y con las mujeres? ¿Cómo se muestran ante los demás? ¿De qué forma develan su interior? ¡Ojo! Los hombres en general desarrollan menos la competencia verbal por tanto actúan más, incluso su malestar –al no poder ser identificado y expresado- diluyéndolo mediante explosiones y compensaciones autoindulgentes.

  • Sexualidad: Temen ser rechazados y juzgados en esta área que les es tan importante. La mayoría de sus deseos son genuinos y respetables. Son menos “pervertidos” de lo que las mujeres quieren señalarles. Además, para ellos tanto su cuerpo como el ejercicio de su sexualidad son formas de expresión y conexión.

  • Poder: Inevitable afirmar que en una sociedad patriarcal los varones están en una zona de privilegio, por tanto, invisibilizan con frecuencia las necesidades de los demás al tiempo que temen perder poder.

  • Trauma: Pero al mismo tiempo poco se habla del poder que ejercen de forma abusiva otros hombres sobre ellos; existe mucho abuso de poder de varón a varón.

¿Y NOSOTRAS QUÉ PODEMOS HACER?

Las mujeres también somos machistas y si no lo admitimos perpetuaremos del mismo modo algunos patrones de conducta. Hemos de asumir nuestra responsabilidad en la sutil sobreprotección de las normas patriarcales que “cuidan” a los hombres, ocultando nuestros malestares y cerrando su posibilidad de reaccionar.

No los ayudamos si los tratamos como niños pero tampoco despreciándolos o engrandeciéndolos. Mostrémonos asertivas, aprendiendo a poner límites y a pedirles lo que necesitamos sin lastimar.

Por otro lado, si no nos involucramos en comprender el significado de su vida erótica no solo no los conoceremos sino que los alejamos de conocerse y de conocernos. Los hombres necesitan sentirse deseados por quienes son y no por quien tienen que ser.

Y finalmente, somos ambivalentes cuando queremos hombres fuertes y proveedores pero también nos perturbarnos al verlos frágiles, vulnerables y fracasados. Si queremos relaciones íntimas e igualitarias hemos de poder integrar sus dos facetas, que finalmente, son comunes a todos los seres humanos.

 

¿O será acaso que nosotras tampoco sabemos lo que queremos y nos negamos a cambiar nuestra cómoda incomodidad?

 

 

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.