¿Cómo reconocer nuestras heridas?

Uno de los temas más tratados en psicología son las heridas de la infancia. Los dolores, a través de castigos, negligencias y advertencias, que nuestros padres u otros cuidadores primarios, influyeron en nosotros por exceso o por defecto.

Las primeras experiencias

Las primeras experiencias de la vida, si bien no tendrían que determinar nuestro porvenir, sin duda condicionan, en mayor o menor medida. Somos quienes somos, en parte importante, por una herencia genética que se define por las experiencias tempranas de nuestra vida. Si bien su huella es más honda en nuestra psique, también es cierto que el trabajo que hagamos de ella, si bien no la borra, sí puede hacer que dichas experiencias iniciáticas se transformen en autoconocimiento, aceptación, aprendizaje y un manejo que genere crecimiento, y paz interior.

Que empiece la sanación

Por eso es importante distinguir los “traumillas” de los “traumotas” así como el impacto que estos tienen en cada uno de nosotros. Pocos recibimos un amor infantil perfecto, de hecho dudo que exista. Incluso es correcto decir que muchos padres cuidadosos y amorosos lastiman a sus hijos aunque tengan las mejores intenciones.

Por ejemplo, el hecho de haber minimizado o descalificado nuestros sentimientos (“eso no es importante, no te sientas mal”) o nuestros pensamientos (“eso no fue así, no te atormentes, todo está bien”) para cuidarnos, produce una experiencia de incompetencia, una duda sobre nosotros mismos y una sentido disminuído del “yo”.

Por eso todos, en mayor o menor grado, cargamos a cuestas dolores, temores y sin sabores, y con ellos situaciones de crisis, con sus respectivas secuelas. Pero toda crisis, dependiendo de qué hagamos de ella, es portadora de oportunidades para sanar y crecer.

¿Qué debemos de hacer?

Las heridas infantiles generan, en primera instancia, emociones: rabia, vergüenza, tristeza, humillación, culpa, miedo, envidia, son las experiencias que se activan en nosotros con facilidad, dependiendo de lo vivido en el pasado.

Dicho lo anterior aquí les dejamos algunos tips que les permitiran sanar…

Reconexión con los eventos del pasado: Traer a la mente y al cuerpo, de a poco y con cuidado, imágenes, sensaciones físicas, conversaciones, nos permitirá, más clarificar infinitos detalles de lo que ocurrió, afirmar que lo que pasó sí pasó, y sí nos lastimó.

Reconocimiento de los sentimientos y emociones que se  generaron en el pasado y que se generan hoy.

Dejarnos experimentar en el cuerpo el dolor, localizar la emoción: – ¿en el pecho? ¿en la espalda? ¿en la boca del estómago? – y conectar desde ahí con las emociones (enojo, vergüenza, culpa, miedo, tristeza, humillación, resentimiento).

Atravesar otros duelos que  derivaron de la herida primaria. Es común que un problema o una pérdida presente, como por ejemplo, un rompimiento amoroso, nos detone la apertura de abandonos o rechazos más temprano. Los dolores emocionales intensos, muchas veces destapan traumas infantiles dando así a la herida primaria una nueva oportunidad de sanar.

Para todos los que quieran profundizar en el tema, los invitamos a que se unan a mi conferencia de Heridas de la Infancia . Un regalo que todos nos tenemos que hacer.

Si deseas profundizar y trabajar de manera personal en los puntos señalados anteriormente, puedes consultar con algún especialista del equipo que he formado en Psicoterapia la Montaña al 5545548535 o al 5515570199

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