El fantasma de la soltería

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 5 minutos

¡Ah, cómo le gusta a la gente –sobre todo a la casada, emparejada y a veces incluso mal acompañada- opinar sobre la vida de las personas solteras! Pareciera que en el modelo el “Arca de Noé”, los que viven de a dos piensan saber todo lo que los solteros y las solteras necesitan, sufren, quieren y ansían. El matrimonio sigue siendo considerado “la medalla de oro” si de estados civiles se trata. ¡Qué terrible!

Porque ni la realidad perfecta ni “la tierra prometida” se halla en el matrimonio. No hay duda que la vida de pareja tiene su encanto, y que de una u otra forma la mayoría de las personas aspiramos a vivir espacios de compañía en algún momento de la vida; pero de ahí a afirmar que es mejor vivir con alguien y que es un drama vivir en soltería, me parece un prejuicio, una creencia obsoleta, incluso, un mito ancestral.

 

Fantasmas de la soltería

Afirman “verdades” que habría que desbancar al observar de cerquita la vida de los que viven en
singularidad:

  • “Que los casados y emparejados saben bien lo que los solteros necesitan”
  • “Que las personas que tienen pareja son más maduros, confiables y comprometidos”
  • “Que los solteros lo único que desean es tener pareja”
  • “Que la vida en soltería es desgraciada”
  • “Que la gente soltera es infantil y solo le interesa pasarla bien en la vida”
  • “Que los hijos de padres y madres solteras tendrán una vida desgraciada”
  • “Que el trabajo, al que tanto tiempo dedican las personas solteras, no les dará ninguna recompensa al paso del tiempo”
  • “¡Que son promiscuos, frívolos, egoístas y, para colmo y culminación, envejecerán y morirán solos!”.
  • Y más… ¡Qué ignorancia!

Si reflexionamos a consciencia todos estos mitos vemos que son por demás simplistas. Para empezar, no todas las vidas de los solteros son iguales. No es lo mismo ser soltero hombre que si se es mujer; existe gente que siempre ha estado soltera y gente que está divorciada, o separada, o viuda; hay solterosjóvenes y mayores; con hijos y sin hijos; algunos viven en ciudades y otros viven en el campo, incluso son diferentes los que viven en el norte de los sureños. Algunos habitan solos pero otros viven con alguien. También hay diferencias entre los y las solteras de diferentes nacionalidades, culturas, etnias, religiones, preferencias sexuales, entre otras cosas. Estas distinciones importan, y mucho, y distingue de manera significativa la vida, los deseos, las necesidades, intereses y valores de unos y otros.
Por favor ¡basta de generalizar!

Nada comprueba que sean más felices los casados que los solteros, tampoco se puede asegurar que los que tienen pareja no enfrentan de manera cotidiana la experiencia de la soledad. Si bien la vida de pareja en muchos contextos sigue siendo “la norma”, cada vez son más las personas que quieren una vida individual, que la disfrutan, y que se construyen a través de ella. Ni la crisis económica de los últimos tiempos está pudiendo parar esta tendencia: muchos hombres y mujeres eligen un hogar ocupado por ellos, y nadie más.
Así que antes de hacer afirmaciones prejuiciosas con tanto ahínco, pregunta cómo, dónde y con quién disfruta la vida un soltero.

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