El amor, casi en cualquier presentación, es un intercambio. Y si bien no es “una por tí y otra por mi” en un “cuentagotas pichicato”, sí es esperar que el otro me considere, me ayude y me acompañe, y en un disponerme a considerar, ayudar y acompañar al otro también. 

Vivimos con la promesa de que al encontrar el verdadero amor, éste nos colmará; es decir, nos dará – por fin, y por el simple hecho de ser quienes somos – todo aquello que necesitamos y deseamos.  Y por tanto, navegando en la barca del “amor total” nuestras necesidades serán satisfechas y nuestros errores quedarán olvidados. Peor aún, cuando esto no ocurre persiste la ilusión de que al rato, mañana, o la próxima vez así será….

Estar enamorado es… 

Esta creencia es la fantasía del enamoramiento, esa experiencia de que todo será satisfecho y  cumplido con la pareja. Y es que estar enamorado es estar como de “luna de miel”. Y miren que ni las lunas de miel resultan, a veces, tan gratificantes. ¡Conozco a infinidad de parejas que inician el declive en las expectativas puestas en su viaje de bodas o en la boda misma.

El amor incondicional es una ilusión. Las renuncias y las entregas son la realidad.

Los sacrificios y las entregas evolucionan con el tiempo. Todas las personas cambiamos con el tiempo. Las parejas exitosas actualizan sus relaciones al preguntar y expresar sus necesidades, deseos, interes y valores. Pueden surgir nuevas necesidades a medida que las relaciones maduran y se profundizan.

Las crisis

En ellas se dan los grandes riesgos y las grandes oportunidades. En ellas se requerirá no solo renunciar sino a veces sacrificar algo. Las crisis también ofrecen la oportunidad de descubrir cosas de uno mismo y del otro que en un principio podrían parecer imposibles.

Conclusión 

La madurez – que implica autoconocimiento, capacidad de frustración, compromiso y autorresponsabilidad – da paso a condiciones elegidas y aceptadas que no solo son comprensibles para cada uno de los miembros de la pareja sino posibles de realizar. 

El conocimiento mutuo, la aceptación y el perdón son el kit de primero auxilios que previenen a la pareja del resentimiento y el martirio.

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El encanto del enamoramiento

En el inicio, ante el entusiasmo de conocernos y dar la mejor cara, la relación es pura generosidad incondicional, babeo y devoción. Esto se da también desde la distorsión que genera el enamoramiento que nos hace ver en el otro aquello que nosotros deseamos y necesitamos. Existe la sensación de que “nada” del otro me molesta y la confianza de que la otra persona “nunca” me va a decepcionar. Muchas personas afirman “he encontrado, por fin, el verdadero amor”  Y es que el enamoramiento, con todas sus reacciones químicas, genera la ilusión de que algo “tan fuerte y tan engolosinante” no puede acabar. 

Encuentros y desencuentros

En un segundo tiempo, cuando la idea de “tu y yo somos uno mismo” disminuye o termina, el tiempo avanza, aparecen las vicisitudes de la vida, y se intensifica la rutina la pareja a poner los pies en la tierra, y a veces, bruscamente.  Pero de una u otra forma, las heredas tempranas y las necesidades profundas, terminan por asomarse, abriendo la puerta a la decepción y la frustración.

Finalmente llega el momento de la negociación o de la fricción: 

  • Si se intenta cambiar al otro, exigiéndole, controlándolo, criticándolo o agrediéndolo, se cronificará el conflicto y se desgastará la relación. Los elementos corrosivos que entran aquí en juego son la crítica constante, el deprecio, el no asumir resposabilidad de lo propio y la indiferencia.
  • Si se entienden las necesidades, valores, sueños, y temperamentos  de cada uno que se esconden detrás del conflicto, se negocian las resoluciones
  • Pero ojo, no todas las diferencias tienen solución. Existen conflictos solubles e irresolubles. Aun así, todos pueden llegar a una buena negociación. 
  • Toda buena negociación deja a ambas partes un poco insatisfechas pues implica ganar algo y renunciar a algo. Renunciar, no es sacrificarse, es elegir qué puedo posponer o darme a mí misma con el fin de conservar lo bueno del vínculo. Se cede algo para ganar algo  y esto permite que la relación pueda sostenerse y disfrutarse.

Además, el amor adulto siempre nos deja un poco insatisfechos. Esperar que el amor nos de todo es una expectativa infantil, que incluso ninguna madre ni ningún padre nos puede satisfacer. Sobra decir que la mayoría de nosotros tenemos ejemplos en los que de siendo aún niños nos portábamos bien para obtener la aprobación de nuestros padres y asegurarnos su amor.

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El amor se considera algo tan sagrado, tan sublime, tan excelso, que cualquier relación o encuentro temporal podría valorarse como evasión, aventura, amistad, calentura, todo menos amor. No nos cansamos en pensar que el amor,  “el verdadero amor”,  debe ser perfecto, completo, incondicional y para siempre.

Amores de corta duración

Entonces ¿Cómo podemos connotar esos encuentros de corta duración que no son banales, que transforman nuestras vidas, que expanden la experiencia de nosotros mismos? ¿Esos “amores” que nos acompañan por un rato, que cuestionan nuestra existencia, que trastocan nuestra vida?
No todos nosotros, y mucho menos siempre, estamos dispuestos,  disponibles, y listos para un amor de larga duración. No es fácil tampoco, por las características actuales de la vida, construir el tipo de parejas que formaron nuestros padres y nuestros abuelos, que por cierto, si con frecuencia fueron duraderas pero no siempre satisfactorias. Además, lo que antes era suficiente en una relación de pareja hoy no es ni el veinte por ciento de lo que esperamos de un amor.

El mundo cambió, ¿y el amor?

Gracias a las luchas por la libertad y la igualdad hoy podemos elegir libremente a quien amar. ¿Por qué entonces no encontramos la dicha amorosa “a la vuelta de la esquina”? Es evidente que lo que divulgan los medios, atienden los terapeutas y hablan las amistades en las charlas de café gira en torno al malestar amoroso que se vive hoy.
Explicaciones se dan muchas: “que nuestra sociedad es más egoísta”, “que se han perdido los valores”, “que nuestros traumas infantiles nos llevan a elegir mal”. Pero lo que no entendemos es que justo los cambios sociales que han posibilitado la transformación del amor, generan sus propios y nuevos sufrimientos.
Pero porque es difícil hacer pareja hoy, o porque estamos en un proceso de transición personal, ¿hemos de negarnos a los intercambios sexuales, eróticos, incluso afectuosos? ¿No será mejor vivir y experimentar y en el trayecto clarificarnos y sanar? Las personas nos construimos en y por los encuentros humanos, y los que tienen que ver con la atracción, los afectos, el sexo y el erotismo, son los que más conmocionan la percepción de nosotros mismos: nos permiten reconocernos, estirar nuestros límites, recuperar la confianza, expandir nuestra dimensión afectiva y erótica, compartir ideas, sentirnos acompañados, reconocer nuestros dolores, y habilitarnos para “reinsertarnos”, si así lo deseamos, en el mundo del amor. Así, los amores de paso o entretiempo son solo una opción en medio de este abanico de opciones y posibilidades amatorias, y si los vivimos con responsabilidad, sus efectos en nuestra vida pueden perdurar de manera positiva en nuestra vida.

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Tiempo de lectura: dos minutos

Como ya sabemos, los amores de paso son todas esas experiencias erótico afectivas que se dan en un marco de intercambio y respeto, sin proyectar un futuro común de larga duración. Aquí te compartimos 10 imprescindibles de los amores de paso:

  1. Salir de tu zona de confort posibilitará que el miedo que experimentas al iniciar amores de entretiempo sea reemplazado por la sorpresa, la novedad y el asombro.

  2. Las relaciones de corta duración, pueden resultar benéficas si se saben manejar, y esto tiene mucho que ver con estar consciente de lo que buscas de ellas, y hacer al otro parte de esto.

  3. Cada encuentro, si es humano, cuidadoso y amoroso, te acercará a la claridad respecto del tipo de vínculo y relación que quieres tener. Cada persona será un regalo para conocerte, conocer la naturaleza humana y entender el erotismo y el amor.

  4. Los encuentros eróticos y amorosos son siempre enriquecedores. No nos referimos a una compulsión de conquistas sexuales sino a relaciones significativas, más allá de su estructura y relación.

  5. Un componente imprescindible y adicional que le da verdadero poder transformador a la vida es la conexión humana.

6. Para encontrarnos con un compañero de vida, antes tendremos que aprender cosas que sólo otras parejas pueden enseñarnos.

7. La relación puede no durar toda la vida pero también puede cumplir un cometido y terminar.

8. No hay una definición única que describa el amor y, por lo tanto, tampoco existe un modo único de vivirlo. Tal vez tu intento de adaptarte a un modelo amoroso único haya sido parte de tus desventuras.

9. Cuando toque un encuentro de larga duración, aparecerá ese extraño deseo de involucrarse en más aspectos con la vida del otro, de permanecer con él. En una experiencia así aparece ese deseo que une los cuerpos y las almas.

10. Y al final, aferrarse a que una relación dure para siempre requiere que ignores o pases por alto la complejidad, la contradicción y la ambivalencia del amor.

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De paso no necesariamente es de prisa

Una moral sexual que incluye la sexualidad como expresión de la propia individualidad y unicidad y al mismo tiempo se preocupa por las necesidades y el bienestar del compañero sexual, es responsable, actualizada y humana sin que esto implique necesariamente una relación amorosa comprometida de larga duración, al menos al principio. 

 

Pero el erotismo humano que se da en estos amores, si bien incluye la sexualidad, es más que la pura corporalidad, por eso los amores de entretiempo conmueven nuestro cuerpo y nuestro corazón. El erotismo que incluyen es exigente:  pide que desarrollemos una capacidad de vivir la vulnerabilidad y la intimidad. Ser vulnerable, íntimo, develarse, arriesgarse hasta cierto punto con y por el otro, y por eso es algo que puede confrontar y  atemorizar.

¿Qué hago aquí?

Algo que se puede temer, y no es algo que distinga a los amores de entretiempo,  es el consumo de un sexo físico, genital, confundiéndolo con el erotismo o con el amor, cuando no es así. Y por eso muchas personas al volver a la realidad después de un encuentro puramente sexual se preguntan “¿qué hago yo aquí?” Una relación sexual vivida como algo no relacional, en la que el otro es  un objeto de consumo, no es el inicio de un acto amoroso o de conocimiento, es sólo placer rápido –legítimo y válido-, pero limitado y con poco que ver con los amores de entretiempo. 

 

No desperdicies tu oportunidad de aprender a decir que no por respeto a ti mismo y al otro. Es el momento de aprender –o recordar- que no es tu obligación el satisfacer a una mujer o a un hombre. Tampoco estas obligado a adivinar deseos que no se expresan ni a condescender en lo que tú no gustas ni deseas. 

Con precaución y responsabilidad

Bríndate la posibilidad de explorar aspectos desconocidos de tu sexualidad: fantasías, pasividad, ternura, dar y recibir,  ritmos y tiempos diversos, entre otras cosas. Pero sobre todo genera un espacio para descubrir tu propio cuerpo, reconocer cómo se comporta tu deseo y como se va reacomodando tu corazón.  No hay duda que el lapso en el que transcurre los amores de entretiempo se pueden generar enamoramientos, y el manejo de la claridad es un tema nodal en estas situaciones; pero no solo eso: quien está menos enamorado tiene más responsabilidad pues puede manejar mejor sus decisiones y afirmar su voluntad.

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.