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Es un hecho, muchos seres humanos buscan la felicidad. Sea cual sea la ideología que decidan practicar el fin es el mismo; un equilibrio que nos permita disfrutar con plenitud la existencia. Quizá por eso, a lo largo de la historia han nacido diversas doctrinas que han buscado como punto clave el bienestar y la espiritualidad para alcanzar este estado de manera permanente.

Sin embargo, se ha descubierto que la felicidad no es un sentimiento lineal y duradero. Más bien se trata de momentos, experiencias, personas, logros y, ¿por qué no? hasta de situaciones que nos proporcionan de manera inmediata un espacio agradable, pero que a largo plazo nos proveen de fuerza y resiliencia interna.

 

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¿Qué significa ser feliz?

Este estado no es lo mismo para todos. Es más, si nos diéramos a la tarea de preguntarle a un grupo de personas ¿qué es la felicidad? encontraríamos que cada una mantiene un concepto con base en su historia de vida,  según sus metas, sueños o anhelos.

Entonces podríamos decir que la felicidad habita de manera excepcional y única en cada uno de nosotros. Vista desde esta perspectiva es más bien una construcción personal y una elección vital que requiere de autoconocimiento y de responsabilidad.

Pese a esto, los ciudadanos del siglo XXI nos hemos dado a la tarea de buscar la felicidad a cualquier costo. En otras palabras, corremos frenéticamente para conseguir “un ideal”,  y hacerlo  implica un alto nivel de desgaste y genera una  tensión innecesaria que provoca autoexigencia y por tanto frustración.

Si agregamos a esto lo abrumador que resulta cumplir los criterios impuestos por la sociedad – tener prestigio, tener dinero, tener pareja -, la carrera de la felicidad lejos de llegar a su meta termina en el desencanto personal.

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En ese sentido, tenemos que aprender a pensar en la felicidad como una condición interna (no externa) que genera cierto bienestar, suficiente satisfacción y en ocasiones sentimientos de alegría. Así como el amor total no existe, la felicidad total y perfecta, como meta final de la vida, tampoco existe. Esa concepción de felicidad es un “ideal” no solo inalcanzable, sino infantil.

Factores determinantes para la felicidad

En su libro La Ciencia de la Felicidad Sonja Lyubomirsky hizo una investigación mundial sobre el tema. En ella afirma que los factores que determinan la felicidad, entendida como esa experiencia de bienestar y satisfacción, se representan de la siguiente manera:

* El 50% de nuestra predisposición a ser felices está en nuestra  información genética. Algunas personas tienen mayor disposición para experimentar más bienestar que otras.

*Sólo el 10% de la felicidad tiene que ver con las circunstancias de la vida; ser ricos o pobres, sanos o enfermos, hermosos o poco agraciados, casados o solteros. Esto quiere decir que la mayoría de las personas hemos puesto todo nuestro empeño en cambiar nuestras circunstancias, sin enfocarnos en lo que ya tenemos y lo que podemos hacer con ello.

3) Por último, el 40% tiene que ver con nuestra actividad deliberada, con nuestra forma de pensar, y nuestras decisiones y acciones en la vida. Este porcentaje demuestra que nuestro conocimiento personal y nuestra responsabilidad posibilitan tener una vida más plena.

¿Cómo se construye la felicidad?

Sonja agrega que cada persona es distinta, y por eso cada una experimenta un tipo de bienestar subjetivo relacionado con la realización de actividades concretas basadas en sus necesidades, deseos, intereses y valores particulares.

Para llegar a este estado algunos practican la gratitud y cultivan el optimismo. Otros invierten en sus relaciones sociales y otros más a través de realizar actividades con el manejo del cuerpo como la meditación y la actividad física.

El común denominador de todas estas personas es la sensación de que su vida es buena, tiene sentido y vale la pena.

Pongamos la piedra fundamental de una tarea ineludible, la de hacernos cargo de nuestra propia vida, y en ese camino, no corramos a alcanzar la felicidad como meta, sino la felicidad real, de un mundo real…

“Conocerse a sí mismo no es garantía de felicidad, pero está del lado de la felicidad y puede darnos el coraje para luchar por ella”

Simon de Beauvoir

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Autora: Julieta Castro

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