Cuando en una consulta o en un curso alguien, de entre 20 y 40 años, me expresa las siguientes inquietudes: “Siento que soy un fracaso. No tengo un proyecto de vida. Estoy perdida. Jamás me he enamorado” o bien me pregunta “¿qué hago mal? ¿qué tengo mal?, o ¿por qué no atraigo a la gente adecuada?”, no puedo evitar contestarles que yo, a mis casi sesenta, aprendo algo todos los días; un nuevo conocimiento, que antes me parecía complicado o una nueva lección de vida, que me permite superar límites que creía imposibles. Ojo, no es que minimice los dolores y sin sabores que tienen los pacientes, pero con el paso del tiempo uno aprende a entenderse, valorarse y a conquistar la vida.  ¿A los 25? era tenaz, pero era una ignorante con doctorado.

La vida es generosa

Pareciera que la existencia, sobre todo en este periodo de pandemia, se ha quedado congelada, sin embargo vale la pena entender este momento desde otro punto de vista. La vida cambia, se hace rara, nos sorprende, nos asusta, nos reta, nos deleita y no se detiene. Y aunque vivir bien o bien vivir no es fácil, la vida siempre puede ser generosa, en particular si la entendemos y la sabemos capotear. Si comprendemos nuestras frustraciones, equivocaciones y fracasos como estados de tránsito que necesitamos para llegar a mejores lugares. Es inevitable.

No pretendo convencer a nadie de que se haga de un optimismo idealizado en el que todo se puede y las cosas que siempre llegarán exactamente como las queremos y necesitamos. No creo en eso porque sé que la vida no se comporta así. Tampoco practico los famosos decretos y las afirmaciones compulsivas: “yo soy valiosa”, “yo soy poderosa”, “yo soy…”  En lo que sí creo es en la atención consciente, en las reflexiones profundas y en los procesos sostenidos, y por qué no, en el deleite de disfrutar el camino mientras atravesamos el trayecto.

Disfrutemos el camino

Para bien o para mal, la educación conservadora, religiosa y represiva que recibí, mi adaptación a las tradiciones familiares y la súper exigencia de mi entorno, me llevó a actuar, desde los primeros años, desde un riguroso “deber ser” que afortunadamente también me dio muchos momentos de diversión y placer. Aprendí, pues, a mezclar ciertas “torturas” con el goce. Y en tanto los hábitos firmes y la voluntad férrea me ayudaron a sostener mis objetivos y a sobreponerme ante los fracasos, mi curiosidad constante me impulsó a buscar, una y otra vez –en lugares familiares y en territorios desconocidos– nuevos senderos… ¡y vaya que los he encontrado! Por eso hoy, a mis casi 60, sé comenzar y emprender, y añoro cada día. Soy el resultado de todo, de lo que fui, lo que soy y lo que quiero ser.

Consejos para vivir bien

A ti que me lees, anhelo poder trasmitirte que lo que vale la pena llega muy ocasionalmente por un golpe de suerte, porque lo preciado (lo que verdaderamente importa) se cuece a fuego lento. Y es que la paciencia es un don en un mundo donde el “lo quiero todo y lo quiero ahora” es la constante: se buscan amores instantáneos, trabajos espontáneos e hijos que crecen espolvoreándoles “royal”. La inmediatez no es una buena consejera, de hecho lejos de enseñarnos a  “tomar la vida por los cuernos” distorsiona los procesos de crecimiento que eventualmente nos permiten conquistar del bienestar.

En honor a lo anterior, aquí les dejo tres ingredientes para vivir bien que me han acompañado a lo largo de mi existir:

  • Una capacidad que, aunque me ha costado, me ha permitido aprender a respirar, a transpirar y a esperar.
  • La clave aquí es no dejar de estudiar, ampliar constantemente nuestros conocimientos. Para lograrlo hay que tener información, terapia –si la situación lo amerita- y suficiente reflexión.
  • La disciplina es la posibilidad de sostener decisiones a través de acciones y omisiones concretas que están direccionadas hacia un propósito deseado. Conquistarla no es fácil para nadie, pero los resultados son maravillosos.

En conclusión, todo es una mezcla de emocionalidad, inteligencia y voluntad. Por eso siento a la vida tan viva, y la enfrento como una aventura interesante, que me desafía y me encanta. Y sí, quiero vivir mucho y más, porque morir simplemente me implicaría dejar de leer, de coger, de reír, de beber, de escribir y de aprender.

¡Buen cierre de año y mejor comienzo de tu vida!

Terminó tu vida en esta Tierra al tiempo que terminó este año, y vaya año. Tras tu partida me ha venido a la mente todo lo que vivimos juntos a lo largo de mis 59 años. Quiero que sepas que agradezco infinitamente tu presencia enérgica y amorosa, al mismo tiempo.

En estos días he vuelto a tus cartas, tus poemas, tus memorias, Cada vez que te leo he podido viajar a las distintas etapas de mi vida; que grandioso es saber que has estado presente en cada una de ellas. Hoy lo atesoro todo; los momentos hermosos, las experiencias dolorosas, y las situaciones difíciles en las que afloraron nuestras diferencias y decepciones. No quitaría nada de lo vivido porque no solo es parte de la existencia, sino de quien soy y del hombre en el que te convertiste; un ser capaz de evolucionar, de reflexionar y mejorar, que siempre me motivó.

Papá tengo en el corazón todos los recuerdos que compartimos tantos años y todas tus enseñanzas. Tu manera de hacer presente a mi mamá, a mi abuela. Tu forma de criarnos a las cuatro; nos educaste y nos mostraste el camino para aprender a trabajar, a ser fuertes e independientes. Nunca olvidaré tu alegría y el buen ejemplo que le diste a tus nietos con tu disfrute y tu presencia. Hoy es un deleite contemplar de cerca lo mucho que construimos en estos años, como familia y como personas, me deja en paz.

Papá tienes que estar orgulloso; viviste 90 años bien aprovechados, en los que sembraste y cosechaste. La tuya es una historia de sobrevivencia, lucha, entrega, sufrimiento, creatividad y gozo también. Y aunque siempre fuiste consciente del paso del tiempo y de que el ocaso se acercaba, los problemas nunca mermaron tu alegría de vivir ni tu entusiasmo por experimentar y aprender. ¿Cuántas personas pueden conseguir una victoria tan grande?

¿Qué toca hoy que no te encuentras físicamente? Lo que siempre predicaste con tus palabras y con tu ejemplo: el AMOR. Me alegra infinitamente que hayas partido sabiendo lo mucho que te queremos todos, tus nietos, tus bisnietos, tus amigos y toda tu gente. Lo mucho que yo te quiero. Creo que al final lo único que vale la pena es saberse amado. ¿No será que todo lo que buscamos se remite a eso, a confirmar que somos alguien para el otro y que ese otro quiere ser alguien para nosotros?

Este es el legado más grande que nos dejas. Es una vela prendida destinada a nunca apagarse; una vela que pasaremos de generación en generación.

Espero, padre querido que mi manera de estar en el mundo, mi amor por mis hijos, por mi gente, por mi trabajo, te alcancen y te lo recuerden, donde quiera que estés.

Y ni creas que te vas, aún descansando, te quedas conmigo siempre. 

Te amo.

Empecemos por Don Juan, ese personaje desenfrenado y libertino –nacido en las entrañas del Romanticismo– que iba por la vida vociferándole al mundo el gran número de conquistas que había logrado. Esta hombre, de 1630, dejó para la posteridad un tipo de comportamiento masculino que sugiere que los hombres son más “hombres” de acuerdo la cantidad de mujeres con las que han estado.

De esta última idea se desprende el concepto del mujeriego. Una conducta que nace en las entrañas de una sociedad falocéntrica que celebra al hombre por seducir y condena a las mujeres por lo mismo. Y aunque esta regla parece ser más injusta para el género femenino, en realidad también lo es para ellos. En algunos entornos ser hombre implica recibir una educación en la que se aplaude el egoísmo. Una educación que convierte a la sexualidad masculina es una forma de probarse ante el mundo a través del falo y todas las creencias que hay en torno a él y su funcionamiento.

Por su parte, ser mujeriego es todo un desafío en el siglo XXI, no sólo por los avances de género, también porque las parejas han evolucionado y la felicidad ya no se asocia, de una forma tan directa, con la monogamia.  No obstante, salir con muchas mujeres al mismo tiempo, puede indicar que el individuo padece un trastorno de las relaciones; una enfermedad que si bien puede ser controlada debe tratarse para que no genere consecuencias negativas en la vida de los individuos.

Pero empecemos por el principio…

¿Quiénes son los mujeriegos? 

Este concepto se puede aplicar a aquellos hombres que necesitan conquistar compulsivamente , sin importar si su conducta genera problemas personales o con el otro . Este patrón de conducta suele venir desde la infancia, de hijos que aunque paradójicamente han sido consentidos, no han recibido toda la atención que requieren en los primeros años de formación. Estos niños necesitan aprobación constante –en particular de las mujeres–, tienen poca inteligencia emocional y varios problemas asociados a la intimidad.

Hay que destacar que en su desarrollo, los mujeriegos se suelen sentir vacíos, ya que aunque son fóbicos a la soledad, también lo son del compromiso; esto genera una sensación de insatisfacción constate. En otras palabras, no quieren pasar la vida sin compañía… pero.

En un plano social, los seductores obsesivos son menos selectivos que el resto, y aunque establecer una relación se les dificulta, tienen fijado en su comportamiento el perfil del proveedor, del hombre cuya misión en la vida es ser protector y viril. A los mujeriegos les gusta sentirse necesitados, conquistar y usar con plenitud el papel que les ha otorgado  la familia, la escuela y demás instituciones; esa función de ser los que no lloran, los que salvan al otro (niños y mujeres) antes de salvarse.

Dicho lo anterior y con toda la intención de hacer más sanos nuestros vínculos, vale la pena encontrar la manera de enfrentar este problema. Aquí te dejamos algunos consejos a considerar para vivir una existencia más plena.

Herramientas para ellos 

*Ser sinceros con uno mismo y con el otro; cuando se crea un vínculo es importante no mentir respecto a la condición no monógama y aceptar en la pareja lo mismo que se pide.

*Buscar otras maneras creativas para tratar la ansiedad. Hacer ejercicio, ir a terapia, etcétera; todas las alternativas son buenas.

*Muy simple…¡Jalársela más seguido!

*Aprender a disfrutar y entender los beneficios de la intimidad. Quizá cambiar la variedad por la intensidad.

* Sanarse internamente y madurar. En este sentido la regla de oro es posponer la gratificación y tolerar la frustración.

Herramientas para quienes viven con ellos. 

*La pareja debe tener acuerdos claros, concretos y mutuos. De no ser así hay que terminar.

*Analizar a la pareja. Vale la pena preguntarse  por qué se está con ese hombre en particular, ¿tiene cosas buenas, más allá de la monogamia, por las que vale la pena quedarse?

*Desarrollar la confianza: no perseguir, preguntar o espiar. Esto no sólo daña la relación, también a uno mismo.

Y ojo, una cosa es no ser exclusivo sexual, y otra cosa es ser un ¡patán!, con esos ¡ni en pintura!

 

La relación se acabó y yo no puedo acabarla en mi interior. Ya sea que yo lo terminé o que él me haya terminado – distintas situaciones ambas – pero el sufrimiento sigue por el simple hecho de que NO LO PUEDO OLVIDAR.

La relación se acabó y yo no puedo acabarla en mi interior. Ya sea que yo lo terminé o que él me haya terminado – distintas situaciones ambas – pero el sufrimiento sigue por el simple hecho de que NO LO PUEDO OLVIDAR.

No sobra decir, antes de entrar en mayores profundizaciones, que ser “´victima” o “villano” en una separación implica tareas emocionales diferentes que conllevan sus propios retos, que de no ser atravesados estancan el proceso de superación del quiebre.

  • Las personas a las que las “cortaron” (y si es de manera abrupta e inesperada ocurre con mayor vehemencia), no solo tienen un efecto de shock que toma un tiempo ser superado, sino que lidian con dos particulares fenómenos afectivos: el primero es de humillación y el segundo de resentimiento.  Humillación por no haber sido valorado, por haber sido abandonado y sustituido. Resentimiento por tener que transformar la propia vida y sobrellevar la falta de amor sin haberlo decidido.
  • La persona que “corta” (sobre todo cuando lo hace de manera consciente), tras haber “ido y venido” para tomar la decisión, no solo ha de cargar con la imagen de ser “la mala del cuento”, sino que también ha de ladear internamente con el sentimiento de culpa. Un quiebre implica siempre sufrimiento así que por cuidadoso que se sea, es imposible evitar el dolor. A esto se suma una sensación de responsabilidad por el bienestar del ex que de hecho no le corresponde más.

Pero profundicemos más en estos vericuetos emocionales: quizás no quieres volver, o sepas que no te conviene volver, pero hay una “aferre” al ex que te sigue produciendo sufrimiento, robando energía emocional y haciéndote perder tiempo real. ¿Crees que “necesitas” la relación? ¿Piensas que como fue un verdadero amor no puede acabar? ¿Reconoces algo que crees que puede cambiar y deseas intentarlo? ¿Entrán más cosas en juego?

Te comparto varios puntos de reflexión que te pueden tener atorado en el proceso de soltar:

  1. Tu ego ha sido herido. A nadie nos gusta perder ni fracasar. Mientras más grande un “ego mal domado” es más fuerte la experiencia de haber sido maltratado.
  2. Se pierde la sensación de posesión y pertenencia. Los humanos nos construimos en la infancia identificando y nombrando nuestros vínculos: “mi madre”, “mi amigo”, “mi hermana”. Cuando “mi novio”, ha dejado de ser “mío”, viene un quiebre que cambia la idea de quién soy y de lo que me pertenece. ¿Quién soy hoy sin él o sin ella?
  3. Miedo a estar solo. La dependencia económica o emocional impiden hacer de la soledad una experiencia de enriquecimiento y crecimiento, por no decir de disfrute también. La falta de pareja no implica la carencia de vínculos de valor.
  4. Creencias erróneas sobre el amor. Cuestionar premisas como “el amor es eterno”, “el amor es incondicional”, “el amor todo lo puede”, “mientras haya sentimiento sigue habiendo amor”, es necesario. Una particular creencia errónea es estar convencido de que solo una persona puede ser, de una vez y para siempre, “el amor de tu vida”.
  5. Exposición constante a redes sociales. Ya dice el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”. En la era de las comunicaciones en la que estamos hiper conectados se requiere de decisión y voluntad para no exponerte a la información que circula en las redes sociales que activan tu necesidad de saber de tu ex.
  6. Presión familiar o social por vivir acompañado. La sociedad privilegia la vida de pareja sobre la soltería y muchas veces al aferrarte a un ex buscas sentir que embonas mejor el contexto, que no vas a defraudar a tu gente cercana o evitar sentir el rechazo de grupos que se sienten “amenazados” por la gente soltera.
  7. Tareas pendientes respecto a tu ex. Tras un rompimiento puedes haberte quedado con la necesidad de pedir perdón y reparar algún daño cometido o bien de recibir la reparación de un ex que te trató sin cuidado y consideración. Si bien esto puede o no llegar a ocurrir es importante cuestionar la necesidad de perdonarte a ti mismo por lo que pasó y a reconciliarte contigo mismo por lo que es.
  8. Aferrarte a lo bueno que sí fue y no a lo complejo o malo que empezó a ocurrir. Un amor siempre tiene algo que valió la pena o que sirvió en determinado momento. Poder atesorar lo valioso al tiempo que reconoces lo que ya no estaba ocurriendo implica manejar la ambivalencia entre lo bueno y lo imposible, tolerarla y no por eso querer regresar el tiempo y reconectar al ex galán. 
  9. Conservar demasiados objetos cotidianos que te mantienen aferrado. ¿Un anillo, una habitación, cartas y fotos? No se trata de que deseches todo, pero sí de que hagas una pequeña limpieza, reacomodo y transformación de pertenencias que te anclan en el pasado. 
  10. Hacerlo tu amigo antes de tiempo. Hay relaciones erótico-afectivas que se transforman en amistad, pero para eso requieren primero vivir la ruptura y la pérdida y luego transformar la relación. El proceso necesita tiempo y distanciamiento.
  11. No haber atravesado un proceso de duelo. Los duelos permiten experimentar el dolor de forma escalonada, desde la negación ante lo sucedido, pasando por el enojo y la depresión hasta llegar a la aceptación. Sin atravesar estos estadios no hay forma de asimilar la experiencia y continuar la vida. 
  12. Reconocer un apego ansioso o inseguro. Los vínculos con nuestros primeros cuidadores, generalmente nuestros padres, dejan una impronta en la forma de crear vínculos. Si nuestro apego infantil fue seguro, ansioso, o evitativo se verá reflejado en nuestras futuras relaciones. Se está bien en la presencia y también en la ausencia del ser amado, y al momento de terminar, se facilita soltar, aún con dolor, pues está la confianza personal de encontrar buenos vínculos en el futuro. que podremos encontrar a alguien en el futuro, en e   de manera similar con los adultos. Pero quienes vivieron un apego ansioso, inseguro o evitativo, han de trabajar en ello pues se vivirán con mucha mayor dificultad para pasar página tras una separación. 

Consejos para olvidar a tu ex 

            Empeñarse en sacar de la conciencia a alguien que fue importante en la vida genera mucho derroche de energía física y psíquica y puede incluso convertirse en una obsesión. Cambiemos el objetivo, en vez de olvidar, trata de redirigir el recuerdo para reacomodarlo en tu vida.

A esta actitud suma el realizar algunas acciones concretas para avanzar en el proceso de soltar:

  • Rodéate de gente querida. Si bien los vínculos erótico-amorosos pueden acompañar de manera especial en la vida, toda relación íntima puede ser un apoyo emocional y un espacio de acompañamiento. Haz planes con ellos, llámales, involúcrate más en sus vidas y comparte con ellos la tuya.
  • Crea nuevos hábitos.  Terminada tu vida de pareja cambian tus rutinas y quedan momentos de vacío y descontrol. Integra nuevos hábitos de ejercicio, orden, incluso acomodo de tus espacios, para llenar esos pequeños huevos de tiempo con algo que te genere placer.
  • Actualiza tu proyección de vida. Integrar a tu vida nuevas actividades adecuadas a tus intereses y necesidades permite replantear tu mundo de motivaciones y valores y reconstruir tu proyecto de vida personal.
  • Distráete de manera constructiva. Existen muchas actividades artísticas, culturales, deportivas que enriquecen tu vida y te sacan de pensar en tu ex sin ton ni son. Cine, museos, competencias, lecturas, bailes y veladas musicales, pueden ser “distracciones” que alimenten tu ser y te permitan transitar. 
  • Conoce gente nueva. Con todo y lo que duele perder a tu pareja, sobre todo si la relación fue buena y se sostuvo en el tiempo, la soltería siempre abre la oportunidad de conocer gente nueva, entender que pasa “allá afuera” y expandir tu visión del mundo, del amor, y de ti mismo, expandiendo tu circulo social.

Y sin duda, el amor –más allá de lo que opina la gente- sí tiene cura, y de pasadita, con el dolor vivido, también quien lo sufrió, madura…

 

Hoy más que nunca los prejuicios y tabúes sexuales van “pasando a la historia”, aun así las parejas modernas batallan por la falta de deseo sexual. Pareciera que en la era de las comunicaciones y la tecnología, –entre diversos factores– uno de los culpables de la falta de deseo es el internet en todas sus presentaciones. La atención frenética a las redes sociales, la búsqueda de nuevas aplicaciones, la información no atendida en periódicos, mails, whatsapps, entre una y mil posibilidades más, no solo nos hacen perdernos de algunos orgasmos sino de posponer indefinidamente ricas conversaciones que antaño acompañaban a las parejas antes de dormir.

En una era de “súper individualidad” reforzada por la atención constante a los diversos gadgets con todas sus variedades, la falta de diálogo nocturno entre las parejas impide actualizar su relación día a día. Dejar de compartir de manera ligera y natural las actividades realizadas durante el día, de intercambiar las impresiones sobre las experiencias vividas, de develar los sueños conquistados o de permitir asomarse a los temores enfrentados, nos está privando de cierta complicidad nocturna que antaño era casi inevitable intercambiar

Quienes aún practicamos estos intercambios conversacionales en la cama experimentamos que funcionan como pegamento emocional pues son un “ir y venir” de escucha, de contención, de interés y de acompañamiento que fortalece la sensación de pertenencia de valía, de interés y de contención amorosa.

Sin duda uno puede tener charlas íntimas con su pareja en un restaurante silencioso, o bien durante el desayuno si es que los niños ya se han ido a la escuela, pero aun así la recámara conjunta y, de manera particular, la cama compartida, contienen un significado especial en la vida conyugal. Si este espacio se apropia por los dos y se adecúa con elementos relajantes como una luz tenue y quizás un incienso de suave aroma, habrá grandes posibilidades de generar un ambiente de conexión y una conversación íntima.

El objetivo de un encuentro así es fomentar la complicidad y atenuar el distanciamiento, por esta razón, el dormitorio es adecuado para cualquier tema. Sin duda la vida se compone de momentos buenos y de situaciones complicadas, pero ¿no podremos elegir lugares menos íntimos (la cocina, la sala, etcétera) para temas rasposos que implican otra energía y en ocasiones técnicas de negociación?

Sobra decir que las charlas de almohada no han de ser siempre “miel sobre hojuelas”, también pueden ser de utilidad para aclarar algunos malentendidos y una que otra diferencia. Agrego además que hablar de “nosotros” –en el comedor, en la cama o en la cocina– siempre implica asumir responsabilidad sobre lo que uno “pone sobre la mesa” y sobre la forma en que uno maneja los propios sentimientos, pero aun así pienso que un terreno tan íntimo como la cama puede ser más un vehículo para conectar que para resolver, y ¿por qué no?, para calentar el ambiente en el sentido literal de la palabra.

El sexo, así como las conversaciones, son formas de vincularnos. Y si crees –como yo– que hay formas distintas de desnudarnos, como conversar, entonces sabrás que para hacer el amor no siempre necesitarás una relación formal.

  • Decir que la sociedad es más indulgente con la infidelidad masculina que con la femenina es una realidad pero no es una curiosidad porque todo mundo lo sabe.
  • Decir que el hombre es más promiscuo que la mujer y que sus infidelidades tienen menor fundamento emocional es una realidad pero no una curiosidad, puesto que todo el mundo lo acepta.
  • Y decir que como consecuencia de ambas cosas el hombre sea el perdonado también es una realidad pero no una curiosidad, porque todo el mundo lo reconoce.

Sin embrago, algunas realidades son menos evidentes, pero igualmente trascendentes que merecen ser destacadas, porque a simple vista pueden parecer un tanto insólitas. Mencionaré una:

  • Las mujeres más maduras (psicológicamente) son las más fieles… y las más infieles. 

Obviamente influye la edad pues para madurar se requieren vivencias y experiencias, las primeras llegan con los años y las segundas son consecuencia de la asimilación de las primeras. Por tanto no hay que confundir la cantidad de vida con la calidad de la experiencia.

Pero en virtud de este mismo razonamiento, cierto porcentaje de mujeres decide que en determinada situación recurrir a la infidelidad no va contra sus principios ni contra su coherencia.  Es el caso de quienes se sienten abandonadas emocionalmente o que practican la infidelidad reactiva, es decir, como protesta a una situación que no quieren más; en este caso permitirse la infidelidad es la manera de responder adaptativamente a su realidad y por tanto asumen lo que hacen como un ejercicio de expresión de su libertad de acción. Así, la madurez hace que, de acuerdo con su lógica, y a pesar de los riesgos que conocen como mujeres, (siempre es más riesgoso ser infiel siendo mujer que siendo hombre) la consideran una opción aceptable y deciden practicarla sin inhibirse por cuestiones de género.

En cambio, en los hombres la infidelidad juega a favor de la inercia social y en ese caso, lo que implica en ellos mérito es limitar voluntariamente el acceso a alguna de las múltiples vías de las que dispone para ser infiel sin recibir rechazo social.

El resultado de esa distinta permisividad hace que por regla general la renuncia a la infidelidad sea un indicativo de madurez en el hombre, mientras que en la mujer la interpretación puede ser más equívoca, porque puede tratarse de una restricción voluntaria y en ese supuesto, es un indicativo de madurez. O puede estar motivada por el temor a la reacción de la pareja, y en ese caso, debe interpretarse como subordinación afectiva impuesta por la inmadurez.

Las mujeres suelen ser más coherentes que los hombres tanto a la hora de restringir sus infidelidades como de permitírselas. Los hombres a medida que maduran tienden a ser más fieles.

¡Ojo! No estoy siendo más permisiva con la infidelidad femenina que con la masculina, pero en mi experiencia clínica observo que el perfil de la mujer infiel suele ser más coherente que el de los hombres, y menos inmaduro.

Los comportamientos sexuales y las decisiones tomadas en esta área de la vida son profundamente individuales, cada uno debe tomar su propio camino dependiendo de sus valores, personalidad, antecedentes, experiencias y principios personales los cuales dirigirán su camino. El primer reto en el área sexual es descubrir que es adecuado constructivo, deseado y oportuno para la persona.

Algunas personas pagan precios emocionales muy altos porque experimentaron con conductas que no eran compatibles con su forma de ser, sus principios y sus valores. La libertad sexual te permite hacer lo que quieres, no lo que debes descubriendo tu naturaleza sexual y manejándola constructivamente.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta que en ocasiones tanto hombres como mujeres nos inhibimos

  •  porque no queremos salir lastimados por diversas razones
  • porque se nos considere o nos consideremos a nosotros mismos inmorales
  • por temor a mostrar ignorancia o incompetencia durante el acto sexual

Crecer sexualmente revisando estos puntos favorece el crecimiento personal y emocional.

Aplicar la regla de oro en la sexualidad y confiar que el adulto con el que nos relacionamos también lo hace, permitirá ejercer una sexualidad libre y satisfactoria

  1. Haz todo lo que quieras
  2. No hagas nada que no quieras
  3. Siempre desde el deseo previo
  4. Y de acuerdo con la propia escala de valores sexuales.

Cabe hacerse las siguientes preguntas ya que en ocasiones dudamos de la licitud del comportamiento sexual:

¿Tengo clara mi escala de valores sexuales?
¿Lo que hago lo hago porque me gusta a mi o a mi pareja?
¿Lo que no hago es porque no me gusta o porque de acuerdo a las convenciones sociales no debo permitírmelo?

Es importante distinguir los principios de los prejuicios (colisión entre el instinto y la moral), y mi gusto personal de la necesidad de agradar.

La regla de oro refuerza la autonomía y potencia el sentimiento de singularidad. Además, facilita el logro de la compatibilidad sexual.

Si bien hemos ganado muchísimo en tema de derechos humanos que preservan la integridad de los infantes, también hemos perdido la capacidad de enseñarles a capotear el sufrimiento y a desarrollar una voluntad tórrida que les permita afrontar los desafíos que cualquier vida presenta.

Los grandes temores de los seres humanos, citando a Sigmund Freud, son el caos, el ataque y la pérdida o abandono, todos hoy juntos y revueltos por el tema del Coronavirus. No hay duda que los pequeños, grupo particularmente vulnerable, vive esta experiencia también.

Te invito a que esta cuarentena les enseñes a salir fortalecidos con algunas estrategias de afrontamiento que podrán utilizar en cualquier reto y etapa de su vida.  No olvides que lo que menciono son orientaciones generales que hay que adaptar a cada niño de acuerdo a su personalidad, su edad y sus circunstancias.

Aquí te van algunas sugerencias:

  1. Favorece el desarrollo de hábitos. Establecer actividades y tareas concretas que se han de acometer día a día permite la construcción de rutinas que faciliten la vida de nuestros hijos.
  2. Fomenta su autonomía. Actividades como aprender a hacer la cama, abrocharse la agujetas y preparar algo de su comida, pueden generarles sentido de competencia personal, experiencia de logro y sin duda mayor autonomía.
  3. Intercala actividad física y mental recreativa. El adicionar, a manera de juego, actividades – que pueden ir desde subir y bajar escalones tomando el tiempo para “romper records”, poner música y bailar, hasta tener rompecabezas en ciertos momentos del día – son maneras de generar recursos de autocuidado, descanso y distracción, y al mismo estimular su cuerpo y su mente.
  4. Habla de sus y de tus emociones.No siempre son necesarias intensas terapias ni “rondas de sinceridad” para integrar en la comunicación el mundo emocional. Preguntar “cómo te sientes”, “qué le está pasando ahorita a tu corazón”, así como relevarle tus experiencias afectivas, les permite conactar con sus sentimiento y emociones, expresarlos, y – con tu ejemplo – aprender a manejarlos mejor. Es probable que el enojo, el miedo y la tristeza salgan a escena: deja que los expresen y ayuda a que los procesen.
  5. Deja que se aburran. Es imposible mantener a nuestros hijos divertidos todo el día. El aburrimiento es la emoción de la no emoción. Aburrirse sin demandar y sin quejarse es un aprendizaje valioso que les permitirá tolerar la frustración, aprender a esperar, posponer la gratificación y, en una de esas, explotar su capacidad de creación. Todas estas son habilidades de gran valía para forjar el carácter.
  6. Irrumpe con alguna novedad. Introducir un elemento sorpresa anticipando con un “a las 8 les tengo una sorpe”, crea ilusión e incertidumbre. La novedad puede ser tan sencilla como comprar colorantes comestibles y dejar que cada uno elija el color que pondrá a su vaso de leche esa noche.
  7. Cancela de tajo los malos tratos. La violencia no se justifica bajo ninguna circunstancia.
  8. Conéctate con ellos.Si logras activar los puntos anteriores tendrás los ingredientes suficientes para que cada día sea de conexión y no de enojos y represión. La conexión genuina genera intimidad, la intimidad fortalece los vínculos, y los vínculos fuertes son el mejor antidoto de la ansiedad, emoción que anda suelta durante esta cuarentena. 

Pareciera que todo esto esto obvio y de sentido común, pero por lo mismo, fácilmente lo olvidamos. Este 30 de abril regala a tus hijos una forma de relación que les ayudará durante el encierro y por sobre todo, durante toda la vida.

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.