Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Cuando hablamos de verdades y mentiras tengamos en cuenta que para ser digno de confianza se tiene que dar muestras de juicio crítico, discreción y de una madurez básica. Hay personas que no están preparadas para conocer ciertas verdades, por inmaduros, neuróticos o abusivos; y hay quienes hasta dan señales de que prefieren ignorarlas.

 

Hay temas que sí se pueden comunicar y que además quieres compartir con alguien más. Muchas veces, quienes demandan de manera insistente que se les diga alguna verdad, por íntima que esta sea, una vez que la tienen “en sus manos”, no saben qué hacer con ella. OJO, no nos referimos al caso de una mentira descubierta que a modo de reparación se requiere explicar, sino a ciertos temas y dilemas, que no cualquiera podría entender, abrazar, ni manejar.

 

¿Qué tanto es tantito?

Las mentiras suelen deteriorar la confianza y cualquier relación amorosa o de amistad que no tiene un grado básico de confianza no logra subsistir. La mentira constante, manipuladora, agresiva, es símbolo de abuso, de uso del otro y de inmadurez; existen expertos mentirosos que logran envolver a sus víctimas.

 

Pero ¿qué hay de la mentira ocasional? Esa que se usamos esporádicamente y que no daña a nadie. No se puede negar que un determinado tipo de mentiras facilita la convivencia y permite las relaciones en un ambiente de armonía. Por contradictorio que parezca, en algunos casos puede resultar lícito, maduro y hasta adecuado utilizar una mentira.

 

¿Cómo no confundir el auto engaño del ocultamiento oportuno de una verdad?

Van algunos síntomas internos que te permitirán saber si mentiste de manera oportuna y constructiva, o bien, por enojo, conveniencia o descuido:

 

  1. Si las mentiras son pocas y decirlas te produce una sensación interna de paz por haber hecho lo correcto, seguramente es una mentira buena.
  2. Súmale que, al mentir, has de ser consciente de que puedes asumir -de ser necesario- las consecuencias de la verdad que pretendes ocultar y, aun así, prefieres utilizar la mentira.
  3. El efecto del uso esporádico de la mentira permite experimentarte más congruente y seguro de tu conducta, no un farsante que quiere esconder quién es y lo qué hace.
  4. Podemos considerar buena aquella mentira que surge de la parte madura de quien sale y genera más beneficios al que la recibe que a quien la dice. Buscas cuidar al otro, o a la relación.
  5. Y, por último, existe la mentira “en defensa propia”, comprensible si sabes que lo que hiciste generará daños mayores e irreversibles a tu persona porque no hay manera de defender tu verdad.

 

Este tema de mentir o no es inagotable y el camino sinuoso. Entonces usa tu conciencia, se cuidadoso contigo y con tu pareja, rebota con alguien cercano y confiable si es necesario y, como la persona adulta que eres, asume que solo tú tienes la respuesta correcta.

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Desde siempre nos han enseñado que mentir es malo y decir la verdad es bueno. Sin embargo, existe la posibilidad de “abusar de la verdad”, de usarla de manera inoportuna y exagerada: ¿realmente el otro tiene que saber todo de mí y yo todo de él? ¿Para que una relación sea buena se requiere de una apertura total? ¿Será factible que cierto ocultamiento facilite la convivencia, preserve la individualidad y proteja el amor? Estas preguntas no dejan de ser delicadas pues se requiere de una importante consciencia ética para abordar este tema.

 

Aun así, y apelando a la responsabilidad y honestidad los lectores, no puedo dejar de afirmar que pretender vivir en la verdad absoluta -eso que yo llamo “verdadazos sin ton ni son”- es no solo imposible sino, en algunas ocasiones, lastimoso. Explicaré un poco más…

 

Los mundos del individuo

  • Los seres humanos tenemos un mundo público con la información que damos a todas las personas: en dónde trabajamos, a qué familia pertenecemos, nuestro estilo de vida, ciertos gustos particulares, etc.
  • También tenemos un mundo privado: un espacio más pequeño que solo compartimos con nuestra gente cercana y de confianza. Incluye nuestros temores, algunos deseos e intereses, necesidades importantes, experiencias vividas y valores que nos mueven en el diario vivir.
  • Además, las personas poseemos un mundo íntimo que se juega en la profundidad de nuestro ser: ciertas fantasías, pensamientos y sensaciones; diversos sueños, temores, anhelos… Algunas experiencias muy personales -gratificantes y vergonzosas- que nos ayudaron a constituirnos en lo que somos. Esto habita en el silencio de nuestro interior y crea un mundo complejo y contradictorio dentro de nosotros mismos. Es frecuente que nosotros mismos nos sorprendamos de él, que no lo entendamos del todo, o que prefiramos callarlo por temores hacia nosotros mismos y los demás.

 

Todos tenemos, desde la responsabilidad y buen juicio, derecho a preservar un mundo íntimo para nosotros mismos: en él cuestionamos, soñamos y construimos nuestro ser. Reitero que frecuentemente ni nosotros podemos descifrarlo y comprenderlo con claridad, menos aún abrirlo y compartirlo con los demás. Quererlo poner en palabras y trasmitirlo al otro, además de ser difícil es arriesgado. Por eso es sano y necesario conservarlo como algo propio e interno.

 

Quizás tu deseo de compartir tu mundo íntimo tiene que ver con una necesidad de ser honesto, pero también puede ser porque te perturba lo complejo de su naturaleza contradictoria y quieres descargar ese pesar en alguien. Si este es tu caso considera la posibilidad de abrirlo con alguien confiable que pueda escucharte, no juzgarte; será importante también que aprendas a manejarte con cierto grado de incertidumbre y ambivalencia.

Si esto no te es suficiente, valdrá la pena que busques un espacio terapéutico para trabajar sus contenidos.

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.