La era de la inmediatez

 

Tanto qué hacer y nada lo hacemos. Tantos pendientes y no sacamos ninguno. Bueno… quizás sacamos uno que otro pendientillo, pero ni cerca estamos de avanzar cabalmente en lo que toca. ¿Cómo es que teniendo tanto trabajo nos ponemos a responder nuestros viejos mensajes de Facebook o a revisar esos grupos de WhatsApp que no paran?

Constantemente, sobre todo en esta era llena de información y distractores,  entramos en un ritmo de rutina en donde experimentamos que el tiempo no nos da para llevar a cabo lo que tenemos que hacer y el visualizar todas las tareas nos paraliza, perdiendo así más tiempo aún. Personalmente, no soy de las personas que dejan las labores urgentes para después, pero sin lugar a dudas desplazo acciones importantes y así me sumo a esta tendencia creciente de posponer.

¿Cómo explicamos esta procrastinación cada vez más frecuente? Es famoso un experimento en el que sientan a diferentes niños, uno por uno,  en una mesa frente a un malvavisco y les dicen que si no se lo comen después se le dará no sólo ese, sino varios malvaviscos más. Ante tal planteamiento algunos de los niños se agarran las manos, lo huelen y hacen de todo para no llevárselo a la boca. Otros, sin dudar, lo toman y “va pa’dentro”. El experimento concluye que los niños que pudieron posponer la gratificación fueron capaces de tener mejores resultados en diferentes áreas de su vida que aquellos a los que se les dificultó tolerar la frustración que implica la auto limitación.

Vivimos en la era de la inmediatez, en donde todo lo queremos en el momento que lo deseamos. Y aunque de primera mano no haga mucho sentido, estas conductas van directamente asociadas con la procrastinación. Procrastinar es retrasar una tarea, y usualmente son aquellas que requieren de mayor planeación, empeño e implicación. Procrastinamos lo más importante. ¿Por qué pasa esto?

En esta necesidad de gratificación inmediata que tenemos, las tareas que requieren mayor enfoque y constancia para generar un resultado tangible son aquellas que solemos dejar para después por el esfuerzo y voluntad que nos implican. Preferimos hacer cosas que nos den una respuesta inmediata aún sabiendo que no es lo más importante que tenemos que hacer. Por eso contestamos mensajes de Facebook y revisamos los grupos de WhatsApp.  El resultado de esto es una aparente gratificación inmediata; pero en el fondo hay poca sensación de competencia y una experiencia de ansiedad.

 

¿Cómo hacer para poder identificar cuando estamos procrastinando?

Primero que nada, pregúntate: “¿qué tan esencial es la tarea que estoy realizando en este momento?” Si bien puede ser importante revisar tus redes sociales y estar al tanto del WhatsApp, puedes apartar un tiempo posterior para hacerlo. Limitar aquellas distracciones que desvían la atención de las tareas importantes es lo que te permitirá construir de a poco una plena autorrealización.

En esta era digital no tiene sentido omitir la virtualidad de nuestras vidas; es más, hoy es un “modus operandi”,  por lo que es importante, incluso necesario  revisar tus redes sociales y estar al tanto del WhatsApp, pero siempre puedes apartar un tiempo posterior para hacerlo, o bien dejar intervalos acotados para entrar a la red.

Hay que saber identificar y organizar nuestros deberes, priorizando aquellos que realmente dan un propósito esencial a nuestra vida, que generalmente son los que más nos cuestan. Estos se nos dificultan más porque, aún sabiendo que son necesarios para llegar a donde queremos, no percibimos un resultado a corto plazo que nos haga sentir ni mucho avance ni mayor satisfacción.

Una técnica puntual es el proponerte pequeñas metas concretas que te lleven paulatinamente a realizar esa tarea mayor, de manera tal que te sientas en movimiento y no percibas nada más una gran carga “sin pies ni cabeza” con la cual no sabes cómo lidiar. Pequeños pasos constantes y sostenidos te llevarán a la meta que quieres alcanzar. Sin prisa pero sin pausa…

 

 

 

 

 

Cómo lidiar con ella

 

Parece que la ansiedad está de moda; y es que es una de las consecuencias emocionales del ritmo desenfrenado al que nos enfrentamos los que vivimos en esta era y en especial en grandes urbes. Si bien existen factores genéticos y de personalidad que pueden predisponer a padecimientos ansiosos, los niveles de ansiedad que las personas vivimos en el día a día van “in crescendo”.

Hay estrategias puntuales que quizás no dobleguen del todo la ansiedad pero que sin lugar a duda ayudan a poder “surfearla” de mejor manera. Veamos qué puedes hacer para lograr sobrellevarla y de a poco, disminuirla y manejarla mejor. No se trata de erradicarla, pero sí de lograr que no “pasme” tu funcionamiento y que no socave tu bienestar .

¿Qué se puede hacer cuando experimentamos ansiedad?

 

1.- Date chance de sentir:

Muchas veces lo que más ansiedad nos genera es el no querer sentir ansiedad y al negar esa emoción o sentimiento potenciamos la posibilidad de que nos atrape y nos paralice. La ansiedad se caracteriza por generar pensamientos repetitivos, por lo que el no permitirte fluir con la emoción pone la mente en tu contra. Empieza dándote cuenta de que la estás experimentando, acéptala y déjate sentir.

 

2.- ¡Muévete!

Literalmente, mueve el cuerpo. Hacer ejercicio es uno de los principales antídotos para la ansiedad, pero ésta se presenta en momentos en los que no siempre podemos salir a correr o hacer yoga. Brinca 10 veces, sal a caminar un rato, aprieta y relaja los puños, arruga en tu puño cerrado un papel… Este tipo de ejercicios canalizan la ansiedad a una acción concreta haciendo que se libere. Inténtalo y observarás una diferencia en ese momento de crisis interna.

3.- Escribe:

El escribir lo que piensas y lo que sientes para volverlo a leer, corregirlo, y reescribirlo si es necesario, te dará una perspectiva muy diferente y mucho más abarcadora de lo que estás viviendo y experimentando. La escritura abre la puerta a la ansiedad generando la sensación de ya no sentirte atrapado por esos sentimientos y pensamientos. Puedes escuchar música para relajarte, inspirarte y escribir un poco más.

4.- Agárrate de un “mantra”:

En religiones y filosofías como el budismo y el hinduismo, un mantra es una frase, palabra o sílaba sagrada que se recita como apoyo de la meditación o para invocar a la divinidad. Aquí puedes construir tu propio mantra: una frase breve que te haga regresar a tu centro en momentos de ansiedad. “Todo estará bien”, “Todo tiene una solución”, “Yo puedo con esto”, “Va a pasar”. Inventa un mantra que te funcione y que puedas repetir cuando lo necesites.

5.- Deja un rato el celular y la computadora:

Aunque estés trabajando, date unos minutos para despejarte. Si estás viendo permanentemente las redes sociales te beneficiará cerrarlas algunos minutos, incluso varios días. Limita el uso del celular a lo básico: descubrirás que no pasa nada si te desconectas un rato para volver a reconectar contigo.

6.- Si se puede, toma acción:

La ansiedad muchas veces surge de problemas que la mente crea y que pueden no ser del todo reales, pero en otras ocasiones atravesamos dificultades y en tales casos sí se puede hacer algo para cambiar o solucionar la situación. Toma responsabilidad y haz lo que te corresponda en cada caso. Unos de los grandes aliados de la ansiedad es la disejecución y el postergar la acción.

Por último…

 

7.- ¡Pide ayuda!

Acudir con un especialista te brinda un proceso de acompañamiento para profundizar lo que estás experimentando en un espacio adecuado a tu situación y tu condición, ofreciéndote así más y mejores herramientas y estrategias para poder lidiar con la ansiedad. Un buen acompañamiento terapéutico te ayudará a construir una base emocional que te proporcione mayor bienestar.

 

 

 

Más y mejor…

Al hablar de sexo se necesita hacer una distinción importante; el sexo se queda corto en relación a nuestra capacidad erótica. El sexo, en sentido literal, es reproductivo y es lo que practican instintivamente los animales. Tenemos una parte instintiva, sí, pero sobre nuestra sexualidad se construyen otras prácticas humanas que pueden o no incluir lo genital: la seducción, la sensualidad, el erotismo, el amor. 

Pero siendo lo distintivo de la vida en pareja la dimensión erótica, a diferencia de cualquier otra relación de amigos o colegas, el sexo juega un papel esencial para vincular, intimar y construir lazos sólidos. De ahí la importancia de cultivarlo, transformarlo, descubrirlo cada día y actualizarlo.

Las prácticas sexuales y eróticas, como muchos otros elementos de una relación amorosa, se compone de hábitos. Por supuesto existen hábitos que te suman (virtuosos) y hábitos que te restan (viciosos). Entonces, ¿cuáles serían aquellas prácticas habituales de las parejas con una vida sexual satisfactoria?

 

1.- Hablan sobre sexo:

Las parejas utilizan el diálogo para abordar lo que es importante para cada uno en su vida erótica. Comunicar qué te gusta, qué te excita, y esas “novedades” que quieres intentar, de manera constructiva, oportuna y sin miedo, es importante  (y puede ser excitante también). Lo mismo sirve para poner sobre la mesa “cuando alguno no está de humor”, por la razón que sea, sin atacar al otro.

 

 

2.- Se dan el tiempo para gozarse:

Quítate esa idea de que tener que agendar un espacio para tener sexo con tu pareja es síntoma de que las cosas van mal. La vida dista mucho de ese ideal que en algún momento todos imaginamos además de que el “acelere” del día a día lleva a descuidar la satisfacción sexual. Las parejas que suelen hacerse un espacio para el sexo suelen transmitir algo muy claro: mi pareja, mi relación y nuestro disfrute sexual son importantes.

 

3.- Pasan tiempo juntos:

Entienden que las buenas prácticas sexuales y el erotismo no se dan así porque sí, sino que conlleva un cierto empeño. Los momentos que estés con tu pareja, dale prioridad, con las menos distracciones posible y haciendo de lado los pendientes. La intimidad que estos espacios generan favorecen el intercambio sexual.

 

4.- Disfrutan lo que hay:

Muchas personas están esperando que el sexo con su pareja sea como de película y la realidad está muy lejos de ser eso. En la vida real hay momentos torpes, incómodos y ridículos y lejos de avergonzarse o tomarlo personal, las parejas que se ríen de la situación y lo toman a la ligera son mucho más felices.

 

5.- Mantienen la llama encendida:

Sorprende a tu pareja con un mensaje pícaro o una fantasía que tenías guardada por ahí. Recuerda que el erotismo va más allá de la cama y del intercambio sexual. Mantener esa tensión constante es algo que favorece la satisfacción sexual. Como bien canta Rossana a fuego lento me haces agua” .

 

 

 

6.- Entienden los tiempos sexuales:

La sexualidad cabalga con la vida, y en momentos diferentes del ciclo vital se adapta a los cambios que los individuos y las situaciones que van atravesando. No se puede vivir la misma pasión tras dar a luz a un hijo o atravesando una migración de ciudad o país.

 

 

 

7.- Cultivan su capital erótico mutuo:

Conscientes de la importancia de la dimensión erótica en la relación, cultivan de manera personal y en sus intercambios de pareja, su cuidado y belleza física, su vitalidad, su salud, su atractividad que incluye el caminar, los gestos, el encanto con su sentido del humor y sociabilidad. Esto permite que se adueñen del cuerpo como forma de expresión hacia el otro y en una actitud de deseo y apertura hacia el otro.

 

Para cerrar…

Si bien hay que darse el tiempo y el espacio para cultivar esto, no se trata tampoco de que sea un pendiente tortuoso. Intégralo de a poco y no esperes a que tu pareja tome la iniciativa: corre el riesgo y hazlo tú. Comunica con elegancia tu deseo y verás cómo los intercambios entre ustedes se moverán de manera distinta dando lugar de nuevo a esa “chispa” que creías que estaba muriendo. Y si no “resucita”, sin duda es que hay más temas que trabajar…

 

Es evidente que lo que requieren en la actualidad las parejas para estar satisfechas dista mucho de lo que necesitaban los matrimonios de antaño. Comenzando porque antes había un acuerdo único de pareja, el matrimonial, con esquemas bien planteados, roles establecidos y objetivos que todos conocían. Hoy existen diversas formas de vivir el amor, con acuerdos y formatos diversos que son poco claros y que pocas veces se acuerdan explícitamente.

 

Ante expectativas no dichas pero altas, la mayoría de las parejas discuten por los siguientes asuntos:

1.-La intimidad. Ser íntimo es la capacidad de develarse o mostrarse al otro compartiendo el mundo interno: sentimientos, temores, anhelos. Los problemas aparecen cuando en la relación, no se origina un ambiente en el que ambos se sientan seguros para expresar sus sentimientos y temores. O bien, cuando hay expectativas muy diferentes en cuanto a la necesitad y deseo de intimar. Hay quien requiere “decirse todo” para ser íntimo y hay quien no necesita constantemente compartir su mundo emocional.

2.-Roles rígidos. El lento pero sostenido debilitamiento del patriarcado unido al feminismo que va posicionando a la mujer en la sociedad, han hecho que los roles tradicionales de género “salten por los aires” y no quede claro qué le toca a quién, en qué forma y por cuánto tiempo. La mujer ya no se queda en casa como responsable de lo familiar y el hombre ya no es el único proveedor.

3.-El compromiso. Estar comprometido se confunde muchas veces con la definición del tipo de relación que se tiene y con las dudas acerca del vínculo que une a la pareja. Con frecuencia se obvia que estar comprometido es casarse, o cuidar a los hijos del otro, o vivir juntos, cuando en realidad el compromiso puede funcionar de distintas y diversas maneras…

4.-La diferenciación. Diferenciarse es atravesar el proceso que nos constituye en individuos autónomos, distintos a nuestra familia de origen. Esto no significa romper con nuestros orígenes o distanciarnos de nuestros padres, pero sí conquistar la autonomía. Y la autonomía no es solo la independencia económica – si bien la implica y la requiere – sino la posibilidad de elegir qué quieres con base en la propia escala de valores, propios deseos, necesidades, gustos, e intereses.

5.-La pasión. Es ese sentimiento intenso de conexión con el otro. Los problemas generalmente aparecen, primero, cuando uno de los miembros pasa, antes que el otro, del enamoramiento a una etapa más estable; el que sigue enamorado deja de ser correspondido en esa pasión intensa. Y segundo, cuando al pasar el enamoramiento se hace evidente una falta de acoplamiento sexual que quizás se venía arrastrando desde antes, pero por el mismo enamoramiento, ninguno de los dos lo notaban.

6.-Cercanía – Distancia. Por razones diversas – usos y costumbres, carácter, idea del amor, estilo de apego, entre otras – las personas necesitamos diferente cercanía y fusión con nuestra pareja: algunos requieren compartir casi todo en cuanto a actividades, cercanía física, compañía constante, comunicación abierta y permanente, etcétera, y otros son más individualistas buscando espacios privados, tiempos a solas y actividades consigo mismo. Esto puede generar confusión y desgaste en tanto que uno requiere más contacto que el otro.

7.-El poder. El poder se juega siempre en cualquier intercambio humano; y no es malo siempre que se use para construir. El poder sirve para lograr cosas, acceder a espacios de crecimiento, y hacer el bien. Pero quien tiene más poder tiene siempre más responsabilidad.

¿Cuáles son los efectos de estos problemas?

La imposibilidad de visibilizar estos asuntos, cuestionarlos y ponerlos sobre la mesa para manejarlos, generarán interacciones de pareja cada vez más centradas en la lucha de poder, en la crítica y desacreditación hacia el otro, en la frustración y por tanto en el desgaste de la relación. La posibilidad de resolver lo que tiene solución y de negociar y manejar lo que no tiene, es la clave para que las parejas logren convivencias satisfactorias, duraderas y que apuesten al apoyo y crecimiento de cada una de las personas que la constituyen.

 

El “fast love”, fácil y rápido, así como la “fast food” (comida rápida), está de moda. Y es por eso que las parejas difícilmente duran más de lo que el enamoramiento les pueda dar. El enamoramiento se puede dar en un “flechazo” pero el amor se cuece a fuego lento.

Construir un buen amor nos requiere de ciertas habilidades y “requisitos” particulares que podemos desarrollar. Veamos de qué tratan algunas de ellas.

1.- Tolerancia a la frustración: Si esperas satisfacciones y placer constante no lograrás brincar los momentos ríspidos y las circunstancias de aridez que todo amor conlleva.

2.- Flexibilidad: Esta te permite integrar las diferencias que el otro trae a la relación y modificar algo tuyo para bien de la pareja. Podemos cambiar algunas cosas pero hay diferencias irreductibles que se deben conocer y aceptar.

3.- Auto Conocimiento: El conocerte te permite elegir mejor y también respetar tus necesidades, intereses y valores dentro de la relación, así como ponerlos al servicio del otro. Además el auto conocimiento te permite adecua tus aspiraciones a tus posibilidades.

 

4.- Capacidad de llegar a acuerdos: Los buenos amores son los que actualizan su relación. Las diferencias se aceptan y el manejo de las mismas se negocian a través de acuerdos temporales que cuando sea necesario se pueden actualizar.

5.- Técnicas de comunicación: si no sabes escuchar y no te puedes expresar, difícilmente podrás poner sobre la mesa tu punto de vista y entender, al mismo tiempo, la perspectiva de tu pareja.

6.-Independencia económica: La independencia económica te da mucho margen de acción además de sumar recursos materiales a la relación. El amor no florece bien en la escases, además de que la falta de recursos de alguien lo hace más vulnerable al control del otro y a la igualdad en las negociaciones.

7.-Autonomía emocional: Pero “no solo de pan vive el hombre”. La autonomía consiste en la capacidad de poner los límites que necesitas con el otro sin tener que romper, distanciarte o cerrarte del todo. La autonomía emocional te permite manejar tus afectos de forma que te puedas auto contener ante la ansiedad que genera la aparición de ciertos problemas así como legitimar lo que requieres y deseas.

8.- Un proyecto de vida personal: El amor no puede ser tu único proyecto de vida. Quien tiene una vida con sentido y con pasión está más capacitado para sumar y no para restar a una relación.

Cada uno tenemos personalidades distintas y sin lugar a dudas nuestros rasgos de carácter condicionan la forma en la que nos relacionamos con una pareja. Pero además de aprender a pulir nuestra personalidad podemos desarrollar herramientas y recursos personales que nos aporten madurez y con ello mayores competencias para construir un buen amor.

Elemento para NO tener un buen amor

Cuántas veces nos vemos enredados en amores, cortos o largos, en donde más que adquirir una sensación de placer, bienestar y crecimiento, nos sentimos debilitados, drenados y con una necesidad de “poseer”, por encima de todo, a esa otra persona.

Los amores tóxicos implican relaciones que generan angustia ante la separación del otro y que requieren de la fusión. Son amores que viven compulsivamente la sexualidad buscando tener una sensación de intimidad y que controlan a la pareja a fin de asegurar la seguridad “absoluta” y la permanencia “eterna”.

Estos amores, como se observa en la descripción anterior, se caracterizan por desplegar comportamientos específicos que echan por la borda la construcción de buenos amores. Mencionemos aquellas conductas más comunes que generalmente pueden verse como “normales”:

  • Buscar frenéticamente el amor sin considerar si el sujeto amoroso es adecuado.

  • Insistir en una conquista sin tomar en cuenta si la relación con esa persona es viable. Elegir personas que son egoístas, egocéntricas, patanas y enfermas que demandan de un protagonismo incesante, aunque ello pueda lastimar.

  • Escasa tolerancia a la frustración que el amor tiene como parte de la vida lo cual impulsa a tomar acciones de evasión y de escape, refugiándose en otras personas.

  • Incapacidad de autocrítica, proyectando los problemas y las responsabilidades personales en la otra persona.

  • Dificultad para aceptar relaciones igualitarias con las personas en general y con la pareja en particular, posicionándose en una postura sumisa o ventajosa, ambas de poca responsabilidad y compromiso.

  • Miedo constante de perder al ser amado y ansiedad ante su ausencia. Equilibrio emocional precario y necesidad desmedida del otro para alcanzar una estabilidad básica.

  • El deseo de cambiar al otro ―a través de la insistencia, la súplica o la amenaza―  y darse a la tarea de que “el amor” lo mueva a donde uno necesita antes de cambiar uno mismo.

  • Exigir más de lo que se da: pedir permanentemente más afecto, más atención, más servicios, más dinero, más, más, más…

  • Sexualidad compulsiva: relaciona la afectividad con la sexualidad sin importar la calidad de la misma.

  • Necesidad de celar al ser amado. Y sí, los celos se dan en el territorio del amor pero no son derivados del amor. Pensar que “celar es amar” es una idea romántica y errónea de quienes alimentan la creencia de que si su pareja no es “algo” celosa es porque no las quiere de verdad.

  • Conductas de abuso, violencia y maltrato que ponen en riesgo la integridad física, emocional, y social, cuando no también la económica y patrimonial.

 

Una cosa es que alguno de estos comportamientos pueda llegar a presentarse en una relación como un caso en particular y aislado y otra muy diferente es que uno o más se presenten de manera constante.

Todos los amores presentan desafíos en donde cada uno de los miembros de la pareja debe trabajar lo que le corresponde, pero distinguir entre un reto particular y un patrón que se repite constantemente, es esencial para salir de ese círculo tóxico.

Un buen amor genera calma, aumenta nuestras opciones de vida, genera diversión y placer y nos aporta madurez. Los amores tóxicos, por el contrario, nos limitan y nos marchitan. ¿O prefieres la supuesta “certeza” al genuino bienestar?

 

 

 

En mis tiempos de temprana juventud (porque a mis 55 me sigo sintiendo muy joven) era difícil concebir la posibilidad de enamorarse y aventurarse en una relación con alguien al que prácticamente no se conocía. Hoy, pareciera que esta realidad está “a la vuelta de la esquina” (incluida yo, en esta segunda vida adquirida a raíz de mi divorcio).

Por un lado, no sobra decir que en mi “primera vida” -y con un montón de tabúes y prejuicios a cuestas- nunca hubiera considerado válida la posibilidad de vivir un “rush”, esa explosión de placer que da la aventura que –dure lo dure- genera esa intensa experiencia que tantos deseamos y tememos al mismo tiempo; por el otro lado, en ciertos momentos también deseamos algo diferente, entonces nos ponemos límites  y metemos más la cabeza para regular nuestra búsqueda de intensidad y placer, con la idea de construir una relación de mayor solidez y permanencia. Ambas apuestas son válidas, ¿pero qué hacer cuando en la base de nuestras conductas erótico afectivas está el interés de conseguir no solo experiencias satisfactorias y no necesariamente banales, sino un buen amor?

El deseo es bastante irreverente y difícil de domesticar, por eso, si lo que pretendes son encuentros que te encaminen a una relación con cierta proyección a futuro, habrá que aprender a gestionarlo. Son muchos y diversos los factores que necesitan coexistir para que una relación se pueda construir. ¿Qué elementos hemos de considerar para no precipitarnos en el amor?

1. Reconoce tus límites. Tener claro quién eres tú y quién es el otro te hará poder expresar qué necesitas y cómo pedirlo, así como poner límites a lo que no quieras o no puedas vivir en ese momento. A esto se le llama diferenciación y permite modular la cercanía y distancia que requieres vivir en el encuentro, así como el tipo de interacciones e intercambios que buscas vivir.

 

 

2.Tú sabes cuándo tener sexo. Los encuentros sexuales pueden ser, dependiendo de tus creencias y gustos, una puerta de entrada para un mayor conocimiento propio y del otro, o bien, algo que se culmina tras un periodo de intercambio y acercamiento. Ahora, si tu deseo es solo tener compañeros sexuales, o incluso “una cana al aire”, dilo con claridad para no generar expectativas en la otra persona. Y es que el sexo vincula y experimentando alguien se puede enamorar.

3. Ábrete, pero poco a poco. Una cosa es decirte con la cabeza que no te precipitarás, y otra es -cuando sientes la mariposa en la panza- desbordarte queriendo que el otro sepa todo de ti. La clave aquí es ir revelando rasgos esenciales en los contextos adecuados para que la otra persona te vaya conociendo. Además, el conocimiento requiere de tiempo, no solo la auto revelación, sino también la convivencia nos permite mostrar quienes somos. ¡Y por favor no caigas en dar monólogos! Además de dar flojera, comunicas una versión idealizada de ti.

4. Cuida tus tiempos y tu ritmo. Cada relación requiere ritmos diferentes para ir integrando al otro e ir generando una interconexión sana. Para lograr este equilibro es fundamental mantener un balance  de ritmos y espacios entre los encuentros con la persona y ese tiempo para tus cosas (amigos, trabajo, hobbies y demás). Las relaciones sólidas se construyen por personas fuertes que no hacen del amor su único proyecto de vida.

5. La compatibilidad sexual y afectiva no van en el mismo cajón. El esperar que ambas vengan en el mismo paquete puede conducirte a una decepción. Estas compatibilidades, en parte se dan y en parte se construyen y por lo general se dan –si es que se dan- en tiempos diferentes.

 

Suponiendo que todo marche y que la relación se estabilice, eso no significa que el amor tenga que ser eterno, pero tampoco que la apertura a un final implique que no sea un buen amor – que aporte tranquilidad, placer, madurez y crecimiento-, dure el tiempo que dure. Amén.

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.