Pasó, lo quisieras o no, pasó. Tuvieron la plática, se desearon lo mejor, y desde ahora cada uno tomará un camino separado. Ahora viene lo más difícil, hay que volver a empezar. Ha llegado el momento de enfrentar los fantasmas y transitar un proceso complejo que eventualmente nos permitirá ver la luz del día de nuevo.

El duelo no va a ser fácil porque, entre otras cosas, requiere mucha paciencia y energía; dos virtudes que tras la ruptura parecen casi inalcanzables. No obstante puedo asegurarlos que atravesar este proceso y escalar la montaña vale la pena. Tal vez se pregunten ¿cuánto durará la subida? Recuperarse de una separación puede variar en duración por diversas razones: las circunstancias en que ocurre el rompimiento, los años que duró la relación, las personalidades de los miembros de la antigua pareja y el tipo de familia que construyeron juntos. Sin embargo, en promedio este proceso dura de uno a tres años.

Pero no nos adelantemos, vamos poco a poco…

El duelo 

El duelo es parte necesaria de cualquier proceso de pérdida, por tanto es indispensable vivirlo. Lo primero que toca hacer es reconocer que la tristeza nos indica que algo necesita sanar. Dejar que los sentimientos fluyan será incómodo y los pondrá ansiosos, pero evitarlo o negarlo sólo los llevará a posponer la recuperación. Ahora que sienten el dolor del rompimiento tienen dos opciones: despreciarlo capoteándolo y desperdiciando la invitación a evolucionar, o bien usarlo como motivación para conocer quiénes somos y qué somos capaces de hacer para crecer.

La palabra duelo generalmente se asocia a la muerte de un ser querido. Todos sabemos que cuando alguien muere existen rituales establecidos que facilitan la asimilación. Resulta sorprendente descubrir que para las separaciones amorosas no existe un ritual definido. A esto se suma que con frecuencia las crisis vienen en cascada. Generalmente el dolor de terminar un relación amorosa nos obliga a examinar el pasado; situaciones no procesadas y carencias antiguas que suelen hacerse evidentes ante la situación de caos y abatimiento de la separación.

Expresar las emociones, no negarlas

Al respecto, puede ser de utilidad no sólo hablar del asunto, sino expresar lo que se siente. Contactar con las emociones que nos atraviesan y dejarlas salir de manera oportuna, ya sea llorando, escribiendo o incluso gritando. Hay que hacer lo que sea que facilite la recuperación. Ojo, experimentar los sentimientos no es lo mismo que hablar y hablar de ellos.

Les hago una sugerencia: si sienten que giran sobre lo mismo en exceso, sin experimentar avance alguno; consideren la posibilidad de pedir ayuda profesional. 

Todos los síntomas del duelo pueden manejarse mejor admitiéndolos. Llorar, gritar, confrontar no son actos destructivos, son posibilidades que nos permiten  expresar lo que se siente. Insisto, reconocer todo lo ocurre nos dará la posibilidad de vivir el duelo con un mínimo de temor y ansiedad.

Las fases del duelo

 Para atravesar el proceso les va a ser muy útil identificar fases del duelo. Se las debemos a la Dra. Elisabeth Kubler-Ross por su excelente trabajo en esta materia. Según ella hay cinco fases concretas que tenemos que completar para seguir adelante. No todas se viven en ese orden ni en un espacio determinado, pero de alguna manera todos las pasamos.

 Fase 1: La negación 

La negación nos lleva a afirmar: “esto no me está pasando”, “si sólo espero un rato, todo estará bien y mi pareja regresará conmigo”. El impacto de la noticia y la sensación de amenaza y pérdida pueden ser tan abrumadores que la mente las integrarla de manera dosificada.

            Fase 2: El enojo

Conforme uno empieza a aceptar gradualmente el final de la relación se desarrolla una sensación de ira. En un principio el enojo se canaliza hacia adentro, y luego se dirige hacia, de manera particular hacia el ex. La expresión de este sentimiento nos  hace sentir bien, pero también nos genera inquietud por miedo a que una explosión incontrolada  asuste a la expareja, y no regrese más. Esta ambivalencia produce sentimientos de culpa y confusión.

          Fase 3: Negociación

Cuando uno empieza a enfrentar el hecho de que la relación amorosa ha terminado, comienza el proceso de negociar con el interior. Esta fase es peligrosa para el proceso de separación porque puede impulsarnos a regresar por motivos equivocados; evitar la soledad, por tristeza, por culpa o por promesas poco probables de cumplir. Para pasar bien esta etapa, tenemos que considerar que el regateo puede hacerse con un contigo mismo, no con el otro. En esta fase intentaremos convencernos de que algo puede transformarse para continuar con la relación.

         Fase 4: Depresión

Esta fase consiste en dejar ir la relación y se asemeja a la oscuridad antes del amanecer. Aunque la depresión es característica de esta etapa, pero es distinta a la del inicio. Esta fase está llena de diálogo interno acerca del significado de la vida: ¿por qué estoy aquí? ¿cuál es el propósito de mi existencia?. Es un periodo de crecimiento personal que los impulsará a construir una identidad más sólida, a encontrar el propósito más profundo de la vida y a hacer de nuestro paso por la vida algo significativo.

        Fase 5: Aceptación

Llegamos finalmente al momento de la aceptación. En esta etapa aceptamos con serenidad haber perdido la relación amorosa. Empezamos a sentirnos libres del dolor emocional del duelo, y a vivenciar que ya no necesitamos invertir tiempo ni dolores físicos y emocionales en la vieja pareja. Llegado a este punto podremos seguir el ascenso de la montaña hacia una libertad personal y una vida más plena.

Es indispensable elaborar estas cinco fases del duelo antes de iniciar una nueva relación amorosa, de modo que el nuevo compañero no sea un intento de recargarse en alguien más por el temor a caminar con nuestro propios pies .

“Es al separarse cuando se siente y se comprende la fuerza con que se ama.” Dostoievski

¡Esto también va a pasar!

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