La ciudad en la que vivo, a pesar de su caos y su tráfico, es un agasajo. Caminar por ella a cualquier día, a cualquier hora, por casi cualquier calle, y observar cafecitos repletos de gente diversa, parques llenos de “un poquito de todo”, librerías atiborradas de gente “varia” y bicicletas de un lado a otro, no lo cambio por nada. En mi barrio, por ejemplo, la grata diversidad de personas que se parece poco a aquellos, mis compañeros de vida (de infancia, adolescencia, adultez temprana y media), son personas peculiares. 

 

Y ni qué decir de aquello que de pronto me entra, a la Proust, de implicarme con esmero en la búsqueda del tiempo perdido, con esa sensación de que desperdicié tiempo y vida, y que no experimenté lo suficiente, y que no conocí a los necesarios, y que no he visitado los “top ten”. Y como hilo de media, me voy acordando de mandatos infantiles que mi madre tarareaba con la voz de Serrat. “Hija: ‘que eso no se dice, que eso no se hace y que eso no se toca’”. (Sorry, soy mujer de edad suficiente y crecí de la manita de Serrat). Por no decir las exhortaciones-imposiciones paternas de “las niñas decentes…”, “las mujeres educadas…”, “las buenas hijas…”. 

Me detengo, recopilo y me vivo en el presente. Y me digo “mi vida es buena”. No en vano he tejido y destejido mi experiencia, llorado mis traumillas, liberado algunas represiones, actualizado mis queridas relaciones y, pensando a la Neruda, no me queda duda de que “¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”. 

 

Todos tenemos historias que nos marcan y todos hemos de “acomodar nuestros cajones” para dar cabida a lo nuevo que viene por vivir. Deshacerse del pasado es imposible, resignificarlo es un regalo que refresca la vida. No sería la que soy sin lo vivido, y no quisiera cambiar a quienes troquelaron parte de la persona en la que me he convertido. Sigamos lo que nos dicta Harold MacMillan: “deberíamos utilizar el pasado como trampolín y no como sofá”.

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El opuesto a la reafirmación personal equivale a la autotraición: ese proceso donde te ves arrastrado por las expectativas de los demás, tu propia inercia y temores recónditos. Un momento en el dejas de hacer valer tus deseos, necesidades, intereses y valores yendo en contra de ti mismo. ¿No has sufrido en silencio la vergüenza de “venderte” y no defender tus convicciones? Pocas cosas generan tanta minusvalía y sensación de incompetencia como la traición a uno mismo. Actuar bajo parámetros ajenos o dejar de actuar por falta de voluntad te llevará a desconfiar de ti mismo, es una especie de derrota previa a cualquier intento de cambio.

La importancia de actuar:

Si realmente estás interesado o interesada en cambiar es importante que destierres la idea de que la autoestima se modifica a base de ideas, y te convenzas de la importancia de actuar. Son muchas las maneras de activar este proceso de transformación y de generar conductas de autovalidación. 

 

Tres mecanismos eficaces

 

  • El primero consiste en diseñar experiencias de vida variadas: planear un viaje, leer un libro, cursar un taller, generar alguna relación. Las experiencias de vida te obligan a salir de tu zona de confort, te perturban y por tanto amplían tu manera de vivirte y mostrarte, te enriquecen. 
  • Otra alternativa es crear nuevas narraciones sobre ti y sobre el mundo que te rodea. Este mecanismo privilegia la reflexión: revisa cómo te describes, analiza tu pasado y reacomódalo, generando diversas interpretaciones del mismo, agregando explicaciones que enriquecen el cuento que siempre te has dicho de ti mismo. También puedes reescribir tu historia preguntando a quienes te rodean cómo te ven. 
  • El tercer mecanismo consiste en realizar acciones concretas que te permitan hacer las cosas de manera diferente. Por ejemplo, poner límites a conductas abusivas de otros, pedir lo que necesitas, levantarte más temprano, expresar lo que sientes, abrir una cuenta de banco, visitar a alguien que no has visto, compartir con alguien lo que piensas, sacar una cita de terapia, comprar algo que siempre has deseado o cambiar tu cama de lugar. 

Planear experiencias, construir nuevas narraciones o ejecutar acciones es realizar conductas de autovalidación. Éstas te moverán de la zona en la que estás “incómodamente” asentado, te permitirán descubrir tu poder y conquistar tu autonomía. Modificar lo que vives, lo que dices o lo que haces promoverá un movimiento en cualquier punto del “triángulo” experiencia-narración-acción, activando tu proceso de transformación, el mismo que es el único camino hacia la auténtica autoestima.

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Si algo caracteriza al ser humano es su potencial interno que lo hacen buscar las condiciones adecuadas para crecer. Pero es imposible lograr autoestima y bienestar sin “bien obrar”. ¡Hay que hacer algo! Por eso, y para que puedas avanzar en tu proceso de cambio personal, comparto lo siguiente:

Los primeros pasos…

  • ¡Para! Deja de hacer lo mismo, lo que no te ha funcionado. Hacer más de lo mismo puede ser fácil, conocido, incluso habitual pero no te llevará a resultados diferentes. 
  • Cierra círculos: Reconoce lo que es un obstáculo. No puedes meter cosas nuevas en un cajón si no sacas las viejas. No puedes iniciar una nueva relación si no has cerrado una anterior. No puedes comenzar un nuevo proyecto si estás intranquilo o intranquila con un trabajo anterior. 
  • Ponle nombre a tu problema concreto: Detecta tu malestar. Antes de lanzarte a actuar sin ton ni son, permítete sentir de qué va tu desasosiego, frustración o sensación de fracaso. ¿Qué realmente te perturba? ¿Tiene que ver con alguien o contigo? 

 

  • ¡Encuentra tu motor! Descubre lo que daría propósito a tu vida. El significado y sentido de vida es el motivador superior para de ahí construir un proyecto personal. ¿Qué quiero? ¿Qué anhelo? ¿Con qué sueño? 

 

  • Ten una línea de metas en el tiempo: Establece objetivos específicos; a corto, mediano y largo plazo. Pocos pero consistentes, alcanzables y claros. Pero si tus metas no corresponden a tus habilidades te puedes frustrar innecesariamente, adecúa tus aspiraciones a tus posibilidades reales. 

Continua por el camino correcto

  • Reconoce tus recursos: Haz una lista de tus competencias en uso y de las que hay que explotar: las que ya utilizas y las que puedas desarrollar. El autoconocimiento y la aceptación personal son la base del uso oportuno y constructivo de tus recursos. No todos poseemos los mismos rasgos pero todos tenemos diversidad de recursos.
  • Diseña un plan de acción: En tiempo y forma inicia con lo que te demanda más fuerza de voluntad, para dejar el premio para después.
  • Evalúa y rectifica en el camino: Pueden cambiar tus deseos y tus posibilidades, es válido. Además, no hay un sólo camino ni una mejor decisión, son diversas las opciones para poder lograr el cambio y la satisfacción. ¡Toda experiencia es útil si la asimilas y te ayuda a afinar tu sentido de propósito y el camino a seguir!
  • ¡Celebra tus avances! Cada paso es valioso, no sólo el resultado final. 
  •  Retoma un nuevo desafío y reinicia el proceso. Este proceso repetido, cada vez con mayor confianza y destreza, te llevará a la experiencia de sano amor propio.

 

No olvides que el cambio es un proceso, no un evento, por eso una pequeña diferencia introducida en el actuar puede llevarte a un lugar diferente. 

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¿Te sigues sintiendo como un agente pasivo de tu destino o empiezas a tomar las riendas de tu vida?  A muchas personas se les va la vida esperando que algo pase, que alguien llegue o que su ángel guardián les de la pista de cómo cambiar. Existe la magia de la autoestima sólo si tú haces lo que te corresponde para cambiar. 

Capacidad de adaptación

Siempre está la tensión que se genera entre el deseo de cambiar y la comodidad de lo conocido. Los seres humanos nos sentimos cómodos cuando tenemos control sobre nuestras expectativas de competencia, confianza y comodidad, pero a veces las circunstancias varían y nuestra forma de afrontar la vida no funciona más por lo que nos hallamos ante el reto del cambio. Si nuestra capacidad de adaptarnos no es adecuada, sufrimos el impacto de tener que cambiar y nuestra conducta se hace inadecuada; es como si perdiéramos el equilibrio. Es probable que una frágil autoestima te haya llevado ya a tomar decisiones incómodas e ineficaces y que estés listo para cambiar.

Cuánto tardarás en adaptarte al cambio (y si tendrás éxito o no),  dependerá de la percepción del cambio como una oportunidad o como una amenaza. Ese marco de referencia está conformado en buena parte por tus creencias. Lo primero para iniciar el cambio personal es reconocer qué pensamientos recónditos te pueden detener al iniciar la conquista de la autoestima.

“Malos pensamientos”

Algunas de esas afirmaciones y pensamientos son:

  • Prefieres evitar el malestar y ansiedad de lo desconocido y de la incertidumbre.
  • El cambio te implica un desafío grande. 
  • El confort adormece tu consciencia y te impulsa al autoengaño. 
  • No te gusta correr riesgos. 
  • Piensas que te van a dejar de querer, y quizás perderás a gente querida.
  • Temes hacer el ridículo. 
  • Te falta voluntad, tiendes a posponer gratificaciones o a evitar la frustración, aunque ambas te lleven a un bien mayor. 
  • Intuyes una amenaza real como perder un trabajo.
  • No sabes cómo iniciar la transformación de manera realista.

Insisto, el primer paso para desafiar esas creencias y practicar acciones de autovalidación es que te plantees objetivos concretos y alcanzables, ya que estos te ayudarán a evitar intentos fuera de lugar y desequilibrios innecesarios. A mayor intento de cambio mayor es la ansiedad (¡aprende a clamarte!) pero también es más grande la satisfacción que experimentarás con el logro de tus metas. La ejecución de las propias conductas de autovalidación compensa sobradamente la ansiedad que te generará el cambio de actitud; rápidamente apreciarás lo que he venido repitiendo insistentemente: que pequeñas acciones sostenidas en el tiempo producen importantes resultados. Te invito a que, de ahora en adelante, aceleres desde tu voluntad el proceso de cambio.

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.