Tiempo de lectura dos minutos 

Nadie está en una relación mala porque quiere. Si tú te sientes atrapada en una, no significa ni que eres masoquista, ni que tu te la buscaste, ni que eso es lo que mereces en la vida, y menos aún que tú atraigas a personas narcisistas porque tienes algún “defecto personal”.

A lo largo de esta lectura descubrirás que las personas narcisistas son seductoras, voraces, manipuladoras y predadoras. Sus estrategias pueden ser confusas y maquiavélicas, y con frecuencia dan probaditas de bienestar a sus presas y luego, se las quitan y las debilitan. Cuándo uno se da cuenta de esta abusiva estrategia es porque tristemente ya se encuentra atrapado ahí.

¿Pero cómo reconocer si estoy con un narcisista?

Algo que ayuda a reconocer a las personas que tienen este padecimiento, más allá de lo que hagan o digan, es que revises los efectos que generan en ti las conductas de tu pareja. Entrar  en contacto con tu propio mundo mental, emocional y corporral te permitirá confirmar la toxicidad de la relación.

Hagamos un recorrido in crescendo de los efectos en la persona que vive junto a un narciso. La acumulación de tensión, la exposición permanente a la manipulación y la negación de la propia persona y sus necesidades se hace cada vez más explícita, sostenida, e insidiosa. Produce síntomas diversos y efectos, más o menos, plausibles que deterioran la integridad física y psíquica de quien convive con ellos.

Convivir con un narciso, pretender entenderlo y comprenderlo lleva a un debilitamiento de las propias defensas físicas, psíquicas y sociales, y esto se manifiesta con la pérdida de seguridad y valía personal,  deterioro de la propia persona, pasmamiento, o bien ira y enloquecimiento ante la imposibilidad de hacer valer lo propio. ¿Vivir así se le puede llamar vida?

¿Cuáles son los primeros indicios?

Ante la ilusión de una nueva relación iniciamos con una actitud positiva y abierta, por eso las primeras señales de narcisismo, que pueden ir desde una  falta de atención hasta una mentirilla; se tienden a excusar o minimizar. Al transcurrir el tiempo estas señales son más continuas y más incisivas, manipulaciones, exabruptos y amenazas. Se genera una tensión permanente que nos mantiene en un estado de vigilancia continua.

El nerviosismo constante, la irritabilidad sin explicación, el desgaste de la tolerancia a situación que con anterioridad manejabamos bien, e incluso la sobre auto consciencia  de qué decimos y qué hacemos para no perturbar al narciso, son la constante.

Algunas preguntas

Dicho lo anterior, he creado un cuestionario que te permitirá alumbrar la oscuridad. Si la respuesta es sí, te aconsejo ser fuerte, repensar tu camino y tu vida junto a esa persona.

  1. ¿Sientes que nunca te escucha?
  2. ¿Tienes la experiencia de que no está auténticamente presente para ti cuando conversan o conviven
  3. ¿Te es casi imposible que observe y respete  tus necesidad
  4. ¿Es muy difícil ponerle un límit
  5. ¿Cuándo logras ponerle el límite difícilmente lo acata?
  6. ¿Cuándo están a solas su comportamiento contigo dista de la forma amable, receptiva y flexible que muestra cuando están con otras personas?
  7. ¿Qué sentimientos produce en ti esta relación con en el día a día? ¿Ansiedad, depresión, rabia, impotencia, agotamiento?

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Entender este transtorno puede ser el inicio de una vida plena. Por eso, los invitamos a todos a nuestra conferencia. Es hora de tomar el control de nuestra vida.

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Tiempo de lectura dos minutos 

La forma en la que nos relacionamos ha cambiado en estos últimos años. Las nuevas generaciones tienen una libertad más amplia de elegir; en ellas, las personas deciden con quién relacionarse, el momento en el que quieren irse y cómo quieren tenerlas. Aunque en apariencia este es un cambio positivo que está relacionado con  la libertad de decidir, también nos ha llevado a un nuevo problema que ha sido señalado en distintos estudios; las nuevas generaciones crean vínculos afectivos fugaces y muy pocos sólidos.

En últimos tiempos se han normalizado, cada vez más, las relaciones amorosas sin etiquetas, esas cuya unión se establece sin compromisos ni ataduras. Estos nuevos acuerdos amorosos implican, entre otras cosas, una falta de responsabilidad afectiva, que tiene por consecuencia principal, quitarnos la necesidad de aprender a edificar situaciones duraderas y sólidas.

¿Por qué nuestras relaciones son breves?

Se ha detectado que, en las relaciones de pareja actuales hay una escasa comunicación. Damos por hecho diversas situaciones que nos impiden crear vínculos duraderos y estables. Según los especialistas, uno de los principales culpables de esta situación es el miedo a enamorarse y no ser correspondidas(os). Si hemos experimentado el desamor, hemos pasado por un proceso de duelo, cuyas etapas no han sido nada placenteras y, por ello deseamos evitar que una experiencia de este tipo se repita.

Cuando evitamos enamorarnos trazamos un límite claro en el que nuestro único interés es satisfacer algunas necesidades sexuales, de compañía, de atención, etcétera. Y, esto no está mal, pero el problema se puede presentar cuando la otra persona busca algo diferente, es decir, cuando quiere crear una relación a largo plazo. En este caso se da un choque de deseos y expectativas, por lo tanto, es muy difícil continuar en una relación con metas diferentes.

La fragilidad de los vínculos afectivos

Al crear vínculos breves y sin compromiso, las relaciones se puede terminar sin mayor explicación. Entonces, ocurre un fenómeno llamado “relaciones de bolsillo” se trata de experiencias agradables porque son breves y no implican una responsabilidad y brindan satisfacciones instantáneas.

Esto es perfecto si se hace de mutuo acuerdo. Pero si uno de los involucrados no está enterado y le gusta el vínculo  sufrirá y se quedará sin respuestas. En este sentido quizá el mejor consejo es aprender a comunicarnos y a ser lo más cercanos y respetuosos con el otro. De esa manera podremos darle la vuelta a esta época.

¿Cómo aprender a crear relaciones afectivas responsables?

Sí han tomado la decisión de mantener relaciones breves y sin etiquetas, es necesario hacérselo saber a la otra persona, para evitar confusiones. Pero si lo que quieren es crear relaciones estables y duraderas, es importante aprender a:

  • No crear expectativas: no idealicemos ni las relaciónes ni a las personas.
  • Hacer acuerdos: Establecer límites es importante, porque ambas partes conocerán las intenciones de la otra persona.
  • Preguntar: no demos por hecho que todo está dicho o que es evidente, porque cada persona tiene una manera particular de interpretar y experimentar cada vivencia. La comunicación clara es necesaria.
  • Comprometerse. aunque se haya comunicado y acordado una relación efímera o abierta, es importante mantener un compromiso con la otra persona, porque la relación afectiva ya se inició.
  • Definir lo que se desea: es necesario conocer y ser conscientes de lo que queremos, pero también es importante saber lo que no queremos, para evitar aceptar cualquier situación que se nos presente.

 

Vive sin miedo a enamorarte

No ser amados es una simple desventurala verdadera desgracia es no amar – Albert Camus

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Tras un par de años de soltería – y entendiendo mejor a tantas mujeres que quieren tener pareja y la buscan con cierta decepción –  miro con una chispa especial a diestra y siniestra, consintiendo con secreto regocijo el deseo que recorre mi mente, mi cuerpo y mi corazón de tener más cerquita a un “santo varón”. 

No hay modo de no mencionar el típico de “los hombres no se comprometen”; y es que en esta transición no hay duda de que hay algo de eso. ¿Por? Las mujeres en general nos mostramos más disponibles emocional y sexualmente que los hombres, más propensas a desear el compromiso y la exclusividad; esto –como cualquier oferta de mercado – facilita que ellos controlen mejor las condiciones de los encuentros. 

Solo el amor y el deseo conducen al compromiso que involucra la voluntad. Esa estructura cognitiva, moral y afectiva que nos permite vincularnos con un futuro y renunciar a la posibilidad de maximizar nuestras opciones. La posibilidad mayor de opciones, entonces, no facilita sino que inhibe la capacidad de comprometerse con un único objeto en una sola relación. Hay más mujeres disponibles, dispuestas, y deseantes, de cualquier edad, raza, clase y religión, que hombres en la misma condición.  

 Así con “los puntos puestos sobre las “íes” – y en medio de tormentas y vociferaciones – regreso a mi gusto por los hombres y a tantas mujeres que están en parecida situación. Sin desacreditar a todas aquellas que se encuentran entre lastimadas y filosamente resentidas, no puedo dejar de pensar que muchas de ellas, en su recóndito fuero interno anhelan – entre la resignación y el recelo – el acompañamiento de un buen amor. Nadie dice que encontrarlo y cultivarlo sea fácil, pero ¿por eso hemos de desacreditar, descalificar, menospreciar la búsqueda, el deseo del encuentro, y con ello lo que un hombre nos puede aportar?   

Va entonces una larga lista de aquello que no me puede dar ni mi bendito padre, ni mi querida madre,  ni mi amorosa hermana, ni mis adoradas amigas, ni mis hermosos hijos, ni nadie más. Y miren que de todos ellos recibo cosas hermosas, pero no, hay cosas que solo un hombre me puede aportar.  

  1. Observarlos.
    Experimento algo entre estético y poético al verlos moverse, conversar, reflexionar y sentir. Advertir su aroma o escuchar su caminar son mi objeto de deseo.
  2. Su mirada me confirma como mujer. Esa mirada discretamente curiosa y a la vez explícitamente deseante. Sentirme escudriñada por ellos me arraiga gozosamente a mi sexo.  
  3. Su compañía masculina me conecta a mi ser mujer y a dejar de lado los papeles de madre, hija, esposa, hermana. Experimento un florecimiento primitivo, intuyo una complementariedad categórica: me basta ser quien soy, me basta ser mujer.  
  4. El contacto piel a piel me alimenta. El abrazo de pareja contiene una intimidad y un derrumbamiento de barreras psíquicas que me nutre.
  5. El intercambio del juego erótico: esa danza de palabras, miradas, sonrisas, gestos, palabras o roces me resulta un baile delicioso. La seducción y sensualidad estimula mi espíritu mediante la actualización de mi dimensión erótica, me genera una vitalidad y un particular arraigo a la tierra. 
  6. Me gusta el cuerpo masculino, y me gustan los penes, simplemente me gustan. En la cama, sin duda el preludio sexual es embelesante, pero un pene erecto, listo para una penetración sin protocolo es también una excitante provocación.  
  7. Ser el deseo del otro es un gran generador de deseo. Me gusta ser el deseo de un hombre no solo porque cabalgando sobre su deseo se agudiza el mío, sino también por el simple disfrute que me produce su gozo; me deleito en su deleite. 
  8. Siendo una mujer fuerte, amo la sensación de su fortaleza física y de mi “debilidad”. Las mujeres que luchan contra la supuesta idea del “sexo débil”, sepan que estoy con ellas, pero esa lucha por la igualdad no me quita la profunda riqueza de recibir la contención de unos sólidos y apretados brazos masculinos.

9.- Su pensamiento práctico, concreto y resolutivo, al tiempo que ayuda a parar mi mente en momentos de excesivo “futureo” y obsesivo escudriñamiento, me estimula a pensar, mirar y entender la vida desde perspectivas diferentes.

10.- Su presencia me reta a desbancar roles pasivos de género, abre la posibilidad de ser proactiva, provocativa, actuar y vivir mis propios valores. Tomar la iniciativa –en la cama y en la vida- me invita a ver sus reacciones, conocer, conocerlos y reconocerme. 

El tema da para abordarlo por muchos lados, yo prefiero resaltar que estamos en una transición en donde no existen – ni existirán más – esquemas amorosos claramente trazados, y por tanto toca entender las nuevas geografías del corazón con más curiosidad y menos desazón.

  • Decir que la sociedad es más indulgente con la infidelidad masculina que con la femenina es una realidad pero no es una curiosidad porque todo mundo lo sabe.
  • Decir que el hombre es más promiscuo que la mujer y que sus infidelidades tienen menor fundamento emocional es una realidad pero no una curiosidad, puesto que todo el mundo lo acepta.
  • Y decir que como consecuencia de ambas cosas el hombre sea el perdonado también es una realidad pero no una curiosidad, porque todo el mundo lo reconoce.

Sin embrago, algunas realidades son menos evidentes, pero igualmente trascendentes que merecen ser destacadas, porque a simple vista pueden parecer un tanto insólitas. Mencionaré una:

  • Las mujeres más maduras (psicológicamente) son las más fieles… y las más infieles. 

Obviamente influye la edad pues para madurar se requieren vivencias y experiencias, las primeras llegan con los años y las segundas son consecuencia de la asimilación de las primeras. Por tanto no hay que confundir la cantidad de vida con la calidad de la experiencia.

Pero en virtud de este mismo razonamiento, cierto porcentaje de mujeres decide que en determinada situación recurrir a la infidelidad no va contra sus principios ni contra su coherencia.  Es el caso de quienes se sienten abandonadas emocionalmente o que practican la infidelidad reactiva, es decir, como protesta a una situación que no quieren más; en este caso permitirse la infidelidad es la manera de responder adaptativamente a su realidad y por tanto asumen lo que hacen como un ejercicio de expresión de su libertad de acción. Así, la madurez hace que, de acuerdo con su lógica, y a pesar de los riesgos que conocen como mujeres, (siempre es más riesgoso ser infiel siendo mujer que siendo hombre) la consideran una opción aceptable y deciden practicarla sin inhibirse por cuestiones de género.

En cambio, en los hombres la infidelidad juega a favor de la inercia social y en ese caso, lo que implica en ellos mérito es limitar voluntariamente el acceso a alguna de las múltiples vías de las que dispone para ser infiel sin recibir rechazo social.

El resultado de esa distinta permisividad hace que por regla general la renuncia a la infidelidad sea un indicativo de madurez en el hombre, mientras que en la mujer la interpretación puede ser más equívoca, porque puede tratarse de una restricción voluntaria y en ese supuesto, es un indicativo de madurez. O puede estar motivada por el temor a la reacción de la pareja, y en ese caso, debe interpretarse como subordinación afectiva impuesta por la inmadurez.

Las mujeres suelen ser más coherentes que los hombres tanto a la hora de restringir sus infidelidades como de permitírselas. Los hombres a medida que maduran tienden a ser más fieles.

¡Ojo! No estoy siendo más permisiva con la infidelidad femenina que con la masculina, pero en mi experiencia clínica observo que el perfil de la mujer infiel suele ser más coherente que el de los hombres, y menos inmaduro.

El flechazo llega, la relación empieza, y cuando uno está “réquete” involucrado, las cosas que no se vieron o que se dejaron pasar por parecer poco importantes, empiezan a hacer ruido, a generar conflictos  y a crear distanciamiento y riesgo de separación.

Las parejas, con el correr del tiempo, pueden consolidar su amor o bien caminar a las grandes diferencias que llevan al rompimiento. Esto último puede darse por dos  razones principales:

  • Haber, al paso de los años, tomado caminos diferentes e irreconciliables, propios muchas veces de la velocidad del cambio en la actualidad y de las divergentes necesidades de crecimiento de cada miembro de la pareja.
  • Por no haber desarrollado una técnica de negociación adecuada para el manejo de las diferencias, abordando ineficazmente los conflictos y deteriorando el amor.

Pero otra cosa es iniciar un intercambio amoroso omitiendo o minimizando información necesaria para ver si los incipientes encuentros pueden consolidarse en una relación de pareja. Este es el caso de quienes, previo a enamorarse y comprometerse, no toman en cuenta las cuatro variables que facilitan el buen funcionamiento de una pareja.

1)   El buen acoplamiento sexual.

  • La pareja no puede vivir solo de sexo pero tampoco con una mala o nula vida sexual.

2)   La compatibilidad de caracteres. Ésta incluye:

  • La comodidad relacional que consiste en estar con el otro sin dejar de ser ellos mismos.
  • El orgullo social que significa sentirse satisfecho frente a la sociedad de estar con esa persona.
  • El nivel de madurez que implica un desarrollo emocional parecido que facilite la interacción mutua.

3)   La escala de valores similares para afrontar decisiones cruciales. Máximas coincidencias y mínimas divergencias en lo que consideran bueno, bello y verdadero.

4)   Proyectos de vida separados pero convergentes.

  • Ni se fusionan, ni se pierden en la distancia, porque son proyectos paralelos.

Con estos apuntalamientos la pareja podrá estabilizarse para:

  • Saber construir.
  • Saber aceptar.
  • Saber corregir.

Acoplarse sexualmente toma algo de tiempo – armonizar la sexualidad es complejo por los diversos niveles y matices que ésta implica -, pero conocer ciertos factores que determinan el acoplamiento te será de gran utilidad.  

            Antoni Bolinches, terapeuta y sexólogo catalán, menciona 5 variables para lograr el acoplamiento sexual.  

  1. La iniciativa. ¿Quién propone al otro iniciar? Al principio de las relaciones es deseo es alto pero tiene a decantar en que siempre sea la misma persona quien propone iniciar una relación sexual. Es muy satisfactorio sentirse deseado por otro, y si bien en un principio puede funcionar que la iniciativa sea unilateral, al paso del tiempo el “iniciador” deseará que su pareja tome la iniciativa también. Una iniciativa bilateral permite que ambos se sientas deseado, que un no de vez en cuando significa que el sí, aunque sea más ocasional, es desde el verdadero deseo. La iniciativa bilateral no ha de ser rígida – “una vez tu y otra yo”- pero sí se sugiere que sea armónicamente alternada. 

            2. La frecuencia. Lo ideal es que la frecuencia la marque el propio deseo, pero el deseo es caprichoso varia con el tiempo debido a diversas razones: el nivel de enamoramiento, el tipo de relación que lleva la pareja fuera de la cama, lo abrumador de la rutina, y sin duda a la propia energía sexual de cada uno. Esto último tiene un peso particular por la dificultad de cambiarlo a lo largo de la vida: si la pareja tiene libidos muy dispares se generará un problema serio de acoplamiento, literal, hay personas más “calientes” que otras, y tan injusto es  reprimir el deseo si se le tiene, como forzarlo si no se le tiene. Algunas parejas que valoran su vida en común llegan a acuerdos bien planeados que les permiten tratar de acoplar sus distintas energías sexuales. 

            3.Los rituales. Estos se refieren a las prácticas que forman el repertorio sexual: la diversidad de conducta sexuales que se lleven a cabo harán de la práctica sexual algo diverso, plástico, elástico, atrevido, o por el contrario ciertas posturas más o menos mecánicas, invariables, conservadoras y aburridas. Los rituales sexuales van desde las prácticas más tradicionales como los besos, caricias y la posición del misionero, hasta la integración de propuestas transgresoras que incluyen tríos e intercambios de parejas, pasando por la diversidad de posturas, de uso de materiales eróticos, de juguetes sexuales y de fantasías estremecedoras. gusto de la pareja, construidas desde del respeto mutuo y el consenso previo. No podríamos decir que un código de rituales es mejor que otro, pero sin duda a mayor rigidez y limitación en la variedad de repertorios es más fácil caer en la monotonía y el desinterés: el sexo se alimenta de la novedad y el cambio. Así, hay personas que gustan del sexo oral y hay a quienes les parece aberrante, ni que decir de la práctica de la penetración anal por ejemplo que es deseada por algunos y repelida por otros. Sin duda las prácticas más transgresoras podrían considerarse “perversas” para una moral conservadora, de ahí la importancia de construir el código de rituales de los cuales se va a disfrutar requiere diálogo, sinceridad, seguridad personal y capacidad de experimentación y disfrute.

              4. La resolución orgásmica. Quizás la iniciativa se puede negociar, la frecuencia armonizar y los rituales dentro de cierto margen ajustar, pero cuando la relación difícilmente culmina en el orgasmo produce tal frustración que puede ser una fuente importante de resentimiento: no es lo mismo cuando la relación culmina con un clímax satisfactorio para ambos que cuando alguno queda insatisfecho. Por eso la frustración orgásmica será fuente de malestares en la relación. ¿No logra alguno de los dos el orgasmo? Es tema central de conversación o de consulta. Y no me refiero a esas panaceas “de llegar juntos, siempre, y con la misma intensidad”, sino de lograr esa descarga placentera como resolución frecuente en los encuentros sexuales. 

            Pero la resolución, además del logro del orgasmo en sí, incluye la expresividad orgásmica: las manifestaciones verbales y corporales que acompañan al reflejo orgásmico. Hay parejas que expresan el placer de forma muy contrastada teniendo como efecto molestia y malestar. Por ejemplo, si alguien es muy contenido –casi ni se mueve ni hace ruido- y otro muy expresivo –grita, se agita, se contorsiona-, la tan dispareja culminación resta calidad y satisfacción a la experiencia.  

            5. La afectividad post orgásmica. Sobra decir que el acoplamiento sexual no depende solo del antes y del durante, también del después: las muestras de afecto posteriores incrementan o reducen la receptividad sexual. La necesidad de mostrar ciertas muestras de afecto sintónicas después de alcanzar el orgasmo facilitará o dificultará la satisfacción total y la disposición para los próximos encuentros. 

Nuestras relaciones son parecidas al sistema solar. Si tú eres el “sol”, ¿en qué órbita se ubica cada quien? Poner a alguien en un lugar que no le corresponde genera problemas. Ser consciente de la cercanía–distancia que cada relación requiere te permite alejarte y acercarte sin necesidad de huir o entrar en círculos viciosos con cada persona.

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.