La relación se acabó y yo no puedo acabarla en mi interior. Ya sea que yo lo terminé o que él me haya terminado – distintas situaciones ambas – pero el sufrimiento sigue por el simple hecho de que NO LO PUEDO OLVIDAR.

La relación se acabó y yo no puedo acabarla en mi interior. Ya sea que yo lo terminé o que él me haya terminado – distintas situaciones ambas – pero el sufrimiento sigue por el simple hecho de que NO LO PUEDO OLVIDAR.

No sobra decir, antes de entrar en mayores profundizaciones, que ser “´victima” o “villano” en una separación implica tareas emocionales diferentes que conllevan sus propios retos, que de no ser atravesados estancan el proceso de superación del quiebre.

  • Las personas a las que las “cortaron” (y si es de manera abrupta e inesperada ocurre con mayor vehemencia), no solo tienen un efecto de shock que toma un tiempo ser superado, sino que lidian con dos particulares fenómenos afectivos: el primero es de humillación y el segundo de resentimiento.  Humillación por no haber sido valorado, por haber sido abandonado y sustituido. Resentimiento por tener que transformar la propia vida y sobrellevar la falta de amor sin haberlo decidido.
  • La persona que “corta” (sobre todo cuando lo hace de manera consciente), tras haber “ido y venido” para tomar la decisión, no solo ha de cargar con la imagen de ser “la mala del cuento”, sino que también ha de ladear internamente con el sentimiento de culpa. Un quiebre implica siempre sufrimiento así que por cuidadoso que se sea, es imposible evitar el dolor. A esto se suma una sensación de responsabilidad por el bienestar del ex que de hecho no le corresponde más.

Pero profundicemos más en estos vericuetos emocionales: quizás no quieres volver, o sepas que no te conviene volver, pero hay una “aferre” al ex que te sigue produciendo sufrimiento, robando energía emocional y haciéndote perder tiempo real. ¿Crees que “necesitas” la relación? ¿Piensas que como fue un verdadero amor no puede acabar? ¿Reconoces algo que crees que puede cambiar y deseas intentarlo? ¿Entrán más cosas en juego?

Te comparto varios puntos de reflexión que te pueden tener atorado en el proceso de soltar:

  1. Tu ego ha sido herido. A nadie nos gusta perder ni fracasar. Mientras más grande un “ego mal domado” es más fuerte la experiencia de haber sido maltratado.
  2. Se pierde la sensación de posesión y pertenencia. Los humanos nos construimos en la infancia identificando y nombrando nuestros vínculos: “mi madre”, “mi amigo”, “mi hermana”. Cuando “mi novio”, ha dejado de ser “mío”, viene un quiebre que cambia la idea de quién soy y de lo que me pertenece. ¿Quién soy hoy sin él o sin ella?
  3. Miedo a estar solo. La dependencia económica o emocional impiden hacer de la soledad una experiencia de enriquecimiento y crecimiento, por no decir de disfrute también. La falta de pareja no implica la carencia de vínculos de valor.
  4. Creencias erróneas sobre el amor. Cuestionar premisas como “el amor es eterno”, “el amor es incondicional”, “el amor todo lo puede”, “mientras haya sentimiento sigue habiendo amor”, es necesario. Una particular creencia errónea es estar convencido de que solo una persona puede ser, de una vez y para siempre, “el amor de tu vida”.
  5. Exposición constante a redes sociales. Ya dice el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”. En la era de las comunicaciones en la que estamos hiper conectados se requiere de decisión y voluntad para no exponerte a la información que circula en las redes sociales que activan tu necesidad de saber de tu ex.
  6. Presión familiar o social por vivir acompañado. La sociedad privilegia la vida de pareja sobre la soltería y muchas veces al aferrarte a un ex buscas sentir que embonas mejor el contexto, que no vas a defraudar a tu gente cercana o evitar sentir el rechazo de grupos que se sienten “amenazados” por la gente soltera.
  7. Tareas pendientes respecto a tu ex. Tras un rompimiento puedes haberte quedado con la necesidad de pedir perdón y reparar algún daño cometido o bien de recibir la reparación de un ex que te trató sin cuidado y consideración. Si bien esto puede o no llegar a ocurrir es importante cuestionar la necesidad de perdonarte a ti mismo por lo que pasó y a reconciliarte contigo mismo por lo que es.
  8. Aferrarte a lo bueno que sí fue y no a lo complejo o malo que empezó a ocurrir. Un amor siempre tiene algo que valió la pena o que sirvió en determinado momento. Poder atesorar lo valioso al tiempo que reconoces lo que ya no estaba ocurriendo implica manejar la ambivalencia entre lo bueno y lo imposible, tolerarla y no por eso querer regresar el tiempo y reconectar al ex galán. 
  9. Conservar demasiados objetos cotidianos que te mantienen aferrado. ¿Un anillo, una habitación, cartas y fotos? No se trata de que deseches todo, pero sí de que hagas una pequeña limpieza, reacomodo y transformación de pertenencias que te anclan en el pasado. 
  10. Hacerlo tu amigo antes de tiempo. Hay relaciones erótico-afectivas que se transforman en amistad, pero para eso requieren primero vivir la ruptura y la pérdida y luego transformar la relación. El proceso necesita tiempo y distanciamiento.
  11. No haber atravesado un proceso de duelo. Los duelos permiten experimentar el dolor de forma escalonada, desde la negación ante lo sucedido, pasando por el enojo y la depresión hasta llegar a la aceptación. Sin atravesar estos estadios no hay forma de asimilar la experiencia y continuar la vida. 
  12. Reconocer un apego ansioso o inseguro. Los vínculos con nuestros primeros cuidadores, generalmente nuestros padres, dejan una impronta en la forma de crear vínculos. Si nuestro apego infantil fue seguro, ansioso, o evitativo se verá reflejado en nuestras futuras relaciones. Se está bien en la presencia y también en la ausencia del ser amado, y al momento de terminar, se facilita soltar, aún con dolor, pues está la confianza personal de encontrar buenos vínculos en el futuro. que podremos encontrar a alguien en el futuro, en e   de manera similar con los adultos. Pero quienes vivieron un apego ansioso, inseguro o evitativo, han de trabajar en ello pues se vivirán con mucha mayor dificultad para pasar página tras una separación. 

Consejos para olvidar a tu ex 

            Empeñarse en sacar de la conciencia a alguien que fue importante en la vida genera mucho derroche de energía física y psíquica y puede incluso convertirse en una obsesión. Cambiemos el objetivo, en vez de olvidar, trata de redirigir el recuerdo para reacomodarlo en tu vida.

A esta actitud suma el realizar algunas acciones concretas para avanzar en el proceso de soltar:

  • Rodéate de gente querida. Si bien los vínculos erótico-amorosos pueden acompañar de manera especial en la vida, toda relación íntima puede ser un apoyo emocional y un espacio de acompañamiento. Haz planes con ellos, llámales, involúcrate más en sus vidas y comparte con ellos la tuya.
  • Crea nuevos hábitos.  Terminada tu vida de pareja cambian tus rutinas y quedan momentos de vacío y descontrol. Integra nuevos hábitos de ejercicio, orden, incluso acomodo de tus espacios, para llenar esos pequeños huevos de tiempo con algo que te genere placer.
  • Actualiza tu proyección de vida. Integrar a tu vida nuevas actividades adecuadas a tus intereses y necesidades permite replantear tu mundo de motivaciones y valores y reconstruir tu proyecto de vida personal.
  • Distráete de manera constructiva. Existen muchas actividades artísticas, culturales, deportivas que enriquecen tu vida y te sacan de pensar en tu ex sin ton ni son. Cine, museos, competencias, lecturas, bailes y veladas musicales, pueden ser “distracciones” que alimenten tu ser y te permitan transitar. 
  • Conoce gente nueva. Con todo y lo que duele perder a tu pareja, sobre todo si la relación fue buena y se sostuvo en el tiempo, la soltería siempre abre la oportunidad de conocer gente nueva, entender que pasa “allá afuera” y expandir tu visión del mundo, del amor, y de ti mismo, expandiendo tu circulo social.

Y sin duda, el amor –más allá de lo que opina la gente- sí tiene cura, y de pasadita, con el dolor vivido, también quien lo sufrió, madura…

 

Tras un par de años de soltería – y entendiendo mejor a tantas mujeres que quieren tener pareja y la buscan con cierta decepción –  miro con una chispa especial a diestra y siniestra, consintiendo con secreto regocijo el deseo que recorre mi mente, mi cuerpo y mi corazón de tener más cerquita a un “santo varón”. 

No hay modo de no mencionar el típico de “los hombres no se comprometen”; y es que en esta transición no hay duda de que hay algo de eso. ¿Por? Las mujeres en general nos mostramos más disponibles emocional y sexualmente que los hombres, más propensas a desear el compromiso y la exclusividad; esto –como cualquier oferta de mercado – facilita que ellos controlen mejor las condiciones de los encuentros. 

Solo el amor y el deseo conducen al compromiso que involucra la voluntad. Esa estructura cognitiva, moral y afectiva que nos permite vincularnos con un futuro y renunciar a la posibilidad de maximizar nuestras opciones. La posibilidad mayor de opciones, entonces, no facilita sino que inhibe la capacidad de comprometerse con un único objeto en una sola relación. Hay más mujeres disponibles, dispuestas, y deseantes, de cualquier edad, raza, clase y religión, que hombres en la misma condición.  

 Así con “los puntos puestos sobre las “íes” – y en medio de tormentas y vociferaciones – regreso a mi gusto por los hombres y a tantas mujeres que están en parecida situación. Sin desacreditar a todas aquellas que se encuentran entre lastimadas y filosamente resentidas, no puedo dejar de pensar que muchas de ellas, en su recóndito fuero interno anhelan – entre la resignación y el recelo – el acompañamiento de un buen amor. Nadie dice que encontrarlo y cultivarlo sea fácil, pero ¿por eso hemos de desacreditar, descalificar, menospreciar la búsqueda, el deseo del encuentro, y con ello lo que un hombre nos puede aportar?   

Va entonces una larga lista de aquello que no me puede dar ni mi bendito padre, ni mi querida madre,  ni mi amorosa hermana, ni mis adoradas amigas, ni mis hermosos hijos, ni nadie más. Y miren que de todos ellos recibo cosas hermosas, pero no, hay cosas que solo un hombre me puede aportar.  

  1. Observarlos.
    Experimento algo entre estético y poético al verlos moverse, conversar, reflexionar y sentir. Advertir su aroma o escuchar su caminar son mi objeto de deseo.
  2. Su mirada me confirma como mujer. Esa mirada discretamente curiosa y a la vez explícitamente deseante. Sentirme escudriñada por ellos me arraiga gozosamente a mi sexo.  
  3. Su compañía masculina me conecta a mi ser mujer y a dejar de lado los papeles de madre, hija, esposa, hermana. Experimento un florecimiento primitivo, intuyo una complementariedad categórica: me basta ser quien soy, me basta ser mujer.  
  4. El contacto piel a piel me alimenta. El abrazo de pareja contiene una intimidad y un derrumbamiento de barreras psíquicas que me nutre.
  5. El intercambio del juego erótico: esa danza de palabras, miradas, sonrisas, gestos, palabras o roces me resulta un baile delicioso. La seducción y sensualidad estimula mi espíritu mediante la actualización de mi dimensión erótica, me genera una vitalidad y un particular arraigo a la tierra. 
  6. Me gusta el cuerpo masculino, y me gustan los penes, simplemente me gustan. En la cama, sin duda el preludio sexual es embelesante, pero un pene erecto, listo para una penetración sin protocolo es también una excitante provocación.  
  7. Ser el deseo del otro es un gran generador de deseo. Me gusta ser el deseo de un hombre no solo porque cabalgando sobre su deseo se agudiza el mío, sino también por el simple disfrute que me produce su gozo; me deleito en su deleite. 
  8. Siendo una mujer fuerte, amo la sensación de su fortaleza física y de mi “debilidad”. Las mujeres que luchan contra la supuesta idea del “sexo débil”, sepan que estoy con ellas, pero esa lucha por la igualdad no me quita la profunda riqueza de recibir la contención de unos sólidos y apretados brazos masculinos.

9.- Su pensamiento práctico, concreto y resolutivo, al tiempo que ayuda a parar mi mente en momentos de excesivo “futureo” y obsesivo escudriñamiento, me estimula a pensar, mirar y entender la vida desde perspectivas diferentes.

10.- Su presencia me reta a desbancar roles pasivos de género, abre la posibilidad de ser proactiva, provocativa, actuar y vivir mis propios valores. Tomar la iniciativa –en la cama y en la vida- me invita a ver sus reacciones, conocer, conocerlos y reconocerme. 

El tema da para abordarlo por muchos lados, yo prefiero resaltar que estamos en una transición en donde no existen – ni existirán más – esquemas amorosos claramente trazados, y por tanto toca entender las nuevas geografías del corazón con más curiosidad y menos desazón.

Hoy más que nunca los prejuicios y tabúes sexuales van “pasando a la historia”, aun así las parejas modernas batallan por la falta de deseo sexual. Pareciera que en la era de las comunicaciones y la tecnología, –entre diversos factores– uno de los culpables de la falta de deseo es el internet en todas sus presentaciones. La atención frenética a las redes sociales, la búsqueda de nuevas aplicaciones, la información no atendida en periódicos, mails, whatsapps, entre una y mil posibilidades más, no solo nos hacen perdernos de algunos orgasmos sino de posponer indefinidamente ricas conversaciones que antaño acompañaban a las parejas antes de dormir.

En una era de “súper individualidad” reforzada por la atención constante a los diversos gadgets con todas sus variedades, la falta de diálogo nocturno entre las parejas impide actualizar su relación día a día. Dejar de compartir de manera ligera y natural las actividades realizadas durante el día, de intercambiar las impresiones sobre las experiencias vividas, de develar los sueños conquistados o de permitir asomarse a los temores enfrentados, nos está privando de cierta complicidad nocturna que antaño era casi inevitable intercambiar

Quienes aún practicamos estos intercambios conversacionales en la cama experimentamos que funcionan como pegamento emocional pues son un “ir y venir” de escucha, de contención, de interés y de acompañamiento que fortalece la sensación de pertenencia de valía, de interés y de contención amorosa.

Sin duda uno puede tener charlas íntimas con su pareja en un restaurante silencioso, o bien durante el desayuno si es que los niños ya se han ido a la escuela, pero aun así la recámara conjunta y, de manera particular, la cama compartida, contienen un significado especial en la vida conyugal. Si este espacio se apropia por los dos y se adecúa con elementos relajantes como una luz tenue y quizás un incienso de suave aroma, habrá grandes posibilidades de generar un ambiente de conexión y una conversación íntima.

El objetivo de un encuentro así es fomentar la complicidad y atenuar el distanciamiento, por esta razón, el dormitorio es adecuado para cualquier tema. Sin duda la vida se compone de momentos buenos y de situaciones complicadas, pero ¿no podremos elegir lugares menos íntimos (la cocina, la sala, etcétera) para temas rasposos que implican otra energía y en ocasiones técnicas de negociación?

Sobra decir que las charlas de almohada no han de ser siempre “miel sobre hojuelas”, también pueden ser de utilidad para aclarar algunos malentendidos y una que otra diferencia. Agrego además que hablar de “nosotros” –en el comedor, en la cama o en la cocina– siempre implica asumir responsabilidad sobre lo que uno “pone sobre la mesa” y sobre la forma en que uno maneja los propios sentimientos, pero aun así pienso que un terreno tan íntimo como la cama puede ser más un vehículo para conectar que para resolver, y ¿por qué no?, para calentar el ambiente en el sentido literal de la palabra.

El sexo, así como las conversaciones, son formas de vincularnos. Y si crees –como yo– que hay formas distintas de desnudarnos, como conversar, entonces sabrás que para hacer el amor no siempre necesitarás una relación formal.

  • Decir que la sociedad es más indulgente con la infidelidad masculina que con la femenina es una realidad pero no es una curiosidad porque todo mundo lo sabe.
  • Decir que el hombre es más promiscuo que la mujer y que sus infidelidades tienen menor fundamento emocional es una realidad pero no una curiosidad, puesto que todo el mundo lo acepta.
  • Y decir que como consecuencia de ambas cosas el hombre sea el perdonado también es una realidad pero no una curiosidad, porque todo el mundo lo reconoce.

Sin embrago, algunas realidades son menos evidentes, pero igualmente trascendentes que merecen ser destacadas, porque a simple vista pueden parecer un tanto insólitas. Mencionaré una:

  • Las mujeres más maduras (psicológicamente) son las más fieles… y las más infieles. 

Obviamente influye la edad pues para madurar se requieren vivencias y experiencias, las primeras llegan con los años y las segundas son consecuencia de la asimilación de las primeras. Por tanto no hay que confundir la cantidad de vida con la calidad de la experiencia.

Pero en virtud de este mismo razonamiento, cierto porcentaje de mujeres decide que en determinada situación recurrir a la infidelidad no va contra sus principios ni contra su coherencia.  Es el caso de quienes se sienten abandonadas emocionalmente o que practican la infidelidad reactiva, es decir, como protesta a una situación que no quieren más; en este caso permitirse la infidelidad es la manera de responder adaptativamente a su realidad y por tanto asumen lo que hacen como un ejercicio de expresión de su libertad de acción. Así, la madurez hace que, de acuerdo con su lógica, y a pesar de los riesgos que conocen como mujeres, (siempre es más riesgoso ser infiel siendo mujer que siendo hombre) la consideran una opción aceptable y deciden practicarla sin inhibirse por cuestiones de género.

En cambio, en los hombres la infidelidad juega a favor de la inercia social y en ese caso, lo que implica en ellos mérito es limitar voluntariamente el acceso a alguna de las múltiples vías de las que dispone para ser infiel sin recibir rechazo social.

El resultado de esa distinta permisividad hace que por regla general la renuncia a la infidelidad sea un indicativo de madurez en el hombre, mientras que en la mujer la interpretación puede ser más equívoca, porque puede tratarse de una restricción voluntaria y en ese supuesto, es un indicativo de madurez. O puede estar motivada por el temor a la reacción de la pareja, y en ese caso, debe interpretarse como subordinación afectiva impuesta por la inmadurez.

Las mujeres suelen ser más coherentes que los hombres tanto a la hora de restringir sus infidelidades como de permitírselas. Los hombres a medida que maduran tienden a ser más fieles.

¡Ojo! No estoy siendo más permisiva con la infidelidad femenina que con la masculina, pero en mi experiencia clínica observo que el perfil de la mujer infiel suele ser más coherente que el de los hombres, y menos inmaduro.

Los comportamientos sexuales y las decisiones tomadas en esta área de la vida son profundamente individuales, cada uno debe tomar su propio camino dependiendo de sus valores, personalidad, antecedentes, experiencias y principios personales los cuales dirigirán su camino. El primer reto en el área sexual es descubrir que es adecuado constructivo, deseado y oportuno para la persona.

Algunas personas pagan precios emocionales muy altos porque experimentaron con conductas que no eran compatibles con su forma de ser, sus principios y sus valores. La libertad sexual te permite hacer lo que quieres, no lo que debes descubriendo tu naturaleza sexual y manejándola constructivamente.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta que en ocasiones tanto hombres como mujeres nos inhibimos

  •  porque no queremos salir lastimados por diversas razones
  • porque se nos considere o nos consideremos a nosotros mismos inmorales
  • por temor a mostrar ignorancia o incompetencia durante el acto sexual

Crecer sexualmente revisando estos puntos favorece el crecimiento personal y emocional.

Aplicar la regla de oro en la sexualidad y confiar que el adulto con el que nos relacionamos también lo hace, permitirá ejercer una sexualidad libre y satisfactoria

  1. Haz todo lo que quieras
  2. No hagas nada que no quieras
  3. Siempre desde el deseo previo
  4. Y de acuerdo con la propia escala de valores sexuales.

Cabe hacerse las siguientes preguntas ya que en ocasiones dudamos de la licitud del comportamiento sexual:

¿Tengo clara mi escala de valores sexuales?
¿Lo que hago lo hago porque me gusta a mi o a mi pareja?
¿Lo que no hago es porque no me gusta o porque de acuerdo a las convenciones sociales no debo permitírmelo?

Es importante distinguir los principios de los prejuicios (colisión entre el instinto y la moral), y mi gusto personal de la necesidad de agradar.

La regla de oro refuerza la autonomía y potencia el sentimiento de singularidad. Además, facilita el logro de la compatibilidad sexual.

Más y mejor…

Al hablar de sexo se necesita hacer una distinción importante; el sexo se queda corto en relación a nuestra capacidad erótica. El sexo, en sentido literal, es reproductivo y es lo que practican instintivamente los animales. Tenemos una parte instintiva, sí, pero sobre nuestra sexualidad se construyen otras prácticas humanas que pueden o no incluir lo genital: la seducción, la sensualidad, el erotismo, el amor. 

Pero siendo lo distintivo de la vida en pareja la dimensión erótica, a diferencia de cualquier otra relación de amigos o colegas, el sexo juega un papel esencial para vincular, intimar y construir lazos sólidos. De ahí la importancia de cultivarlo, transformarlo, descubrirlo cada día y actualizarlo.

Las prácticas sexuales y eróticas, como muchos otros elementos de una relación amorosa, se compone de hábitos. Por supuesto existen hábitos que te suman (virtuosos) y hábitos que te restan (viciosos). Entonces, ¿cuáles serían aquellas prácticas habituales de las parejas con una vida sexual satisfactoria?

 

1.- Hablan sobre sexo:

Las parejas utilizan el diálogo para abordar lo que es importante para cada uno en su vida erótica. Comunicar qué te gusta, qué te excita, y esas “novedades” que quieres intentar, de manera constructiva, oportuna y sin miedo, es importante  (y puede ser excitante también). Lo mismo sirve para poner sobre la mesa “cuando alguno no está de humor”, por la razón que sea, sin atacar al otro.

 

 

2.- Se dan el tiempo para gozarse:

Quítate esa idea de que tener que agendar un espacio para tener sexo con tu pareja es síntoma de que las cosas van mal. La vida dista mucho de ese ideal que en algún momento todos imaginamos además de que el “acelere” del día a día lleva a descuidar la satisfacción sexual. Las parejas que suelen hacerse un espacio para el sexo suelen transmitir algo muy claro: mi pareja, mi relación y nuestro disfrute sexual son importantes.

 

3.- Pasan tiempo juntos:

Entienden que las buenas prácticas sexuales y el erotismo no se dan así porque sí, sino que conlleva un cierto empeño. Los momentos que estés con tu pareja, dale prioridad, con las menos distracciones posible y haciendo de lado los pendientes. La intimidad que estos espacios generan favorecen el intercambio sexual.

 

4.- Disfrutan lo que hay:

Muchas personas están esperando que el sexo con su pareja sea como de película y la realidad está muy lejos de ser eso. En la vida real hay momentos torpes, incómodos y ridículos y lejos de avergonzarse o tomarlo personal, las parejas que se ríen de la situación y lo toman a la ligera son mucho más felices.

 

5.- Mantienen la llama encendida:

Sorprende a tu pareja con un mensaje pícaro o una fantasía que tenías guardada por ahí. Recuerda que el erotismo va más allá de la cama y del intercambio sexual. Mantener esa tensión constante es algo que favorece la satisfacción sexual. Como bien canta Rossana a fuego lento me haces agua” .

 

 

 

6.- Entienden los tiempos sexuales:

La sexualidad cabalga con la vida, y en momentos diferentes del ciclo vital se adapta a los cambios que los individuos y las situaciones que van atravesando. No se puede vivir la misma pasión tras dar a luz a un hijo o atravesando una migración de ciudad o país.

 

 

 

7.- Cultivan su capital erótico mutuo:

Conscientes de la importancia de la dimensión erótica en la relación, cultivan de manera personal y en sus intercambios de pareja, su cuidado y belleza física, su vitalidad, su salud, su atractividad que incluye el caminar, los gestos, el encanto con su sentido del humor y sociabilidad. Esto permite que se adueñen del cuerpo como forma de expresión hacia el otro y en una actitud de deseo y apertura hacia el otro.

 

Para cerrar…

Si bien hay que darse el tiempo y el espacio para cultivar esto, no se trata tampoco de que sea un pendiente tortuoso. Intégralo de a poco y no esperes a que tu pareja tome la iniciativa: corre el riesgo y hazlo tú. Comunica con elegancia tu deseo y verás cómo los intercambios entre ustedes se moverán de manera distinta dando lugar de nuevo a esa “chispa” que creías que estaba muriendo. Y si no “resucita”, sin duda es que hay más temas que trabajar…

 

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.