De la serie “Madres ¿culposas o amorosas?”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

¿No pudiste llegar a la actividad escolar de tu hija por el trabajo?,  ¿lo dejaste llorar porque te sentías exhausta?, ¿le diste comida en lata o con azúcar?

Como madres tendemos a cargar con la cruz de la culpa por estar, por no estar, por hacer, por no hacer, por decir y por no haber dicho. Las mamás debemos aprender a transitar y gestionar este sentimiento, por eso te aconsejo:

  1. Agarra la culpa y transfórmala en “reparación”. Es inevitable que te equivoques, entonces ¿cómo puedes arreglar lo que salió mal? ¿Qué hago para que no se repita?
  2. No someterte a ella, no caigas en las ideas románticas de ser mamá y las presiones sociales lo acompañan.
  3. Prioriza la conexión, vínculo con tu hijo y la contención a través de los límites.
  4. No hagas de tus hijos tu único proyecto de vida; que tu proyecto sea los suficientemente rico y variado para no quedar con las manos vacías cuando los hijos se independicen.
  5. Madre NO solo hay una: se vale crear equipos de apoyo para la co-crianza y el co-cuidado de los hijos.
  6. Practica yoga emocional: fortalecerte para no sobreproteger a los hijos, aprende a poner límites y ten claridad para decir sí cuando es sí y no cuando es no.

 

Y un pilón: no extiendas tu rol al resto de tu entorno. Existen mujeres que son madresposas: se adjudican no solamente el cuidado de sus hijos, sino el de sus parejas, de sus padres, vecinos, jefes y demás. En los intercambios sociales debe haber un balance: no solo dar sino pedir y recibir también.

Seamos mamás suficientemente buenas, dejando de lado los estándares que se nos imponen. Al final, lo que menos tiene la vida es perfección. Y en este aspecto, te recomiendo la película Una vida sin terminar, donde vemos la menos que perfecta vida de Jean y su hija.

De la serie “Madres ¿culposas o amorosas?”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 4 min 40 s

 

  1. Mito del instinto materno. La maternidad es una vocación, no un llamado de la naturaleza. Si ya tienes hijos y descubres en el camino que “no se te da eso del instinto”, ¡no pasa nada! Hay mucho que hacer para ser una madre suficientemente buena. No tienes que torturarte por no experimentar esa sensación de plenitud que otras mujeres reportan (genuinamente o por subirse al tren de la “supermom”).
  2. Sucumbir a la presión y juicio social por nuestro desempeño. Hay un listón tan alto -algunas veces autoimpuesto y a veces externo- que “poco o nada nos permitimos equivocarnos”. Hay expectativas de lo permitido y lo no en cuanto una se convierte en madre. ¡Y ni qué decir si no te conviertes nunca!
  3. Miedo a repetir la educación que nos dieron nuestros padres. La frustración de querer aplicar un modelo de crianza supuestamente más respetuoso del que nosotras recibimos, intentando frenéticamente no repetir lo que consideramos “errores” de nuestras propias madres. Un modelo ¿respetuoso con quién? ¿tiene sentido intentar cumplir con las exigencias de ese modelo si vamos a acabar ahogadas?
  4. Imposibilidad de equivocarte. El error forma parte de la exploración, así que equivocarse es sano o corriente. Además, da la oportunidad para explicarles a los infantes que errar es humano, que se puede reconocer, pedir disculpas y reparar en lo posible. Y da la oportunidad de gestionar la frustración al enseñar que no siempre las cosas salen como esperamos.
  5. Querer esconder tus limitaciones. Déjales ver que no puedes con todo, que no eres superhumana. No les hagas creer que nada te duele y que siempre la pasas bien. Que vean tus imperfecciones, distingan tus sentimientos y reconozcan tus necesidades; verte como una mujer real, de “carne y hueso”, los ayudará a ser vulnerables y más humanos.
  6. Entrar a la competencia social por tener los “mejores hijos”. ¿Por qué tus hijos tienen que ser los mejores?, ese pensamiento sólo pone presión innecesaria en ti y en ellos. No hay paz ni felicidad en un vivir en un mundo dividido entre los que “ganan” y los que “pierden”.
  7. Creer que podemos evitarles el sufrimiento. No hay modo de evitar que sufran de uno u otro modo. El dolor no sólo es inevitable en ciertas circunstancias, sino que es una experiencia de vida que, bien afrontada y asimilada, ayuda a madurar. No sobreprotejas a tus hijos, para que sepan manejar los dolores propios de su edad o los tropiezos que la vida les ponga.
  8. Conflictuarte cuando sientes que “los quieres y los odias”. Los vínculos humanos se caracterizan por la ambivalencia y la contradicción, a veces incluso la incongruencia.
  9. Sentirte egoísta por tener espacios personales. Necesitamos espacios propios. En ocasiones vivimos al límite y se acumula el cansancio, entonces así como no es sano estar siempre trabajando y no tener tiempo para desconectarse, tampoco lo es estar día y noche criando.

 

Recordemos que las mujeres que dan la vida por los hijos no sólo con el tiempo se los cobran, sino que tienden a descuidarse, reprimirse y terminan, si no enfermando, siendo una carga para ellos. Estemos atentas de estas actitudes que nos llevan a la culpa para poder maniobrarlas y transitar este sentimiento hasta lograr asimilarlo y transformarlo.

 

Te recomiendo Las cosas por limpiar, una serie en la que vemos a la protagonista -madre soltera- luchar por sacar adelante a su hija.

De la serie “Madres ¿culposas o amorosas?”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 min 40 s

 

Uno de los papeles más exaltados, endiosados y mitificados es el de la “buena madre”. Pero, ¿qué pasa cuando te sientes presionada por ti, el entorno y los hijos para ser una madre perfecta? Te esfuerzas, te agotas, te frustras, y también te culpas.

 

¿De dónde viene este sentimiento de culpa?

Primero que nada, tengamos en mente una diferencia esencial que no se toma en cuenta: no es lo mismo la capacidad de tener hijos  que el deseo de tenerlos y el gusto por criarlos, (maternidad-mothering = crianza).

 

Agreguemos la romantización sobre la maternidad. Nunca falta la persona que casi contorsionándose de emoción afirma: “No me imaginaba que se pudiera amar de una forma tan brutal, tan incondicional, tan, tan… no sé”. Quedándose sin palabras para describir el amor de madre que experimenta. Y es que, es difícil contradecir a quien está convencido de que la mujer verdadera es la mujer madre, y que sólo a través de la maternidad se accede al amor que nunca antes se sintió.

Por otro lado, se juzga a las mujeres que se atreven a pensar: “Los hijos son una pesadilla. Los puedes amar, sí, pero la inversión de tiempo, dinero y esfuerzo, no retorna”. Además, nos toca capotear el juicio de profesores, pediatras, padres, comadres, y de todo aquel que tuviera algún comentario al respecto; o los múltiples blogs de internet con fans de la lactancia prolongada (y casi obligada) y del colecho (que los bebés y niños duerman en la misma cama que los papás) hasta la primaria.

 

Nuevamente, el perseguir ser una madre perfecta o “aceptable”, hace que inevitablemente que la cara de la maternidad vaya siempre de la mano con la cruz de la culpa: culpa por estar, por no estar, por hacer, por no hacer, por decir y por no haber dicho.

 

Es necesario que entendamos que la maternidad se transforma con el tiempo, en actualidad no podemos verla con ojos del pasado debemos evolucionar a una cara real de la maternidad.

 

Te invito a reflexionar de donde vienen tus culpas como madre y a seguir con esta serie para poder contrarrestar ese sentimiento de culpa.

¿Te ofenden las alusiones a tu edad?

De la serie “Para amar nuestros cuerpos”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 min 15 s

 

¿Vieja yo? Por el propio edadismo internalizado tratamos de silenciar la narrativa de nuesto envejecer. Los estereotipos sobre la vejez y la igualación de los términos de vejez y fealdad nos pone en una posición difícil a medida que envejecemos. El deseo de gustar y despertar pasiones no desaparece con el tiempo, pero ya que culturalmente la belleza incluye como elemento imprescindible la juventud, cuando nos hacemos mayores puede resultar difícil sentir ese atractivo propio.

 

4 verdades sobre la belleza y la edad

1. No es que no seamos interesantes, guapas y deseables con la edad, sino que el bombardeo de mensajes que generan una percepción negativa del cuerpo maduro nos pueden amargar un largo tiempo de nuestra vida.

2. Ahora, las mujeres vivimos  más que nuestras abuelas, y aun así a nuestra sociedad le cuesta ofrecer imágenes actualizadas sobre mujeres mayores y el envejecimiento.

3. Sin duda, la belleza tiene un componente exterior, pero también incluye importantes elementos interiores como la inteligencia, la emoción, la bondad, el entusiasmo por la vida, que son poderosas fuentes de atractivo.

4. La definición cultural de la belleza es profundamente antidemocrática, no hemos creado modelos estéticos incluyentes de las edades (las mujeres mayores no tienen referencias que hablen de su cuerpo, cómo manejarlo y sentirlo o las relaciones en términos de sexo y afectividad con el avance de la edad).

 

Por eso nos toca crear una propia idea de belleza independiente de nuestra edad en aras de desechar los estereotipos, para ello debemos aprender sobre cómo funciona el proceso de envejecimiento y qué esperar de los cambios que experimentará nuestro cuerpo para saber cómo cuidarlo y valorarlo.

 

Si deseas obtener más información sobre este tema, te invito al taller Aprende a disfrutar tu cuerpo y tu sexualidad con Alessa di Bari

Sumisa, rebelde o consciente

De la serie “Para amar nuestros cuerpos”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 min 20 s

 

Los tratados sobre el cuerpo y la belleza no mencionan los cuerpos de las mujeres viejas o en proceso de envejecimiento. Nuestros cuerpos cambian con la edad, van adquiriendo formas, texturas y posturas que no son las de antes. No mejores ni perores: diferentes, propias de un cuerpo maduro.

 

¿Qué posición asumimos  ante el cuerpo transformado por la edad?

 

1. Caemos ante la narrativa cultural del deterioro, la pérdida, el declive y decimos que nos sentimos mayores, enfermas, cansadas y asexuales, y que “ya no estamos en edad para eso”.

2. Predicamos la teoría del envejecimiento exitoso o del no-envejecimiento, y afirmamos que estamos estupendas, alegres, fuertes, sexuales y activas.

 

Es decir, o llegamos derrotadas antes de empezar y nos desanimamos; o nos anclamos en que la juventud es la única medida, no  permitimos el paso del tiempo y nos entregamos a una guerra contra nuestros cuerpos cambiados y cambiantes, predicando una falsa alegría y una actividad sin límites aunque nos lleva a un cansancio extremo.

Ambas posiciones suponen estereotipos sobre el envejecimiento y la desvalorización social de las personas mayores: una desde la sumisión, otra desde la rebeldía, pero ninguna reconoce que nuestros cuerpos se transforman y evolucionan con los cambios naturales que se han dado en nuestra vida.

 

Hablemos de nuestros cuerpos cambiados, mirémoslos con cariño y curiosidad, dejemos nuestro enfado a un lado, y trabajemos en ellos y por ellos. Cuando somos capaces de reconocer estos cambios, retamos el discurso de la eficiencia y del rendimiento de la actividad, considerados como la única manera de estar significativamente en el mundo. Tener otras capacidades o las mismas de siempre en diferentes intensidades y utilidades es reconocerse otra, la misma, pero cambiada. Ni mejor ni peor, la misma, pero diferente.

 

No te pierdas el próximo 21 de mayo el taller con con Alessa di Bari Aprende a disfrutar tu cuerpo y tu sexualidad con Alessia di Bari

De la serie “Para amar nuestro cuerpo”

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

La definición cultural de la belleza es profundamente antidemocrática, no incluye la diversidad estética y parece que por ahora nosotras tampoco hemos sabido crear una mirada aprobatoria y valoradora de la diferencia, que nos permita apreciar nuestra propia belleza y la de otras mujeres.

 

Hablemos de cómo carecemos de modelos estéticos que incluyan la diversidad, y cómo muchas veces somos nosotras mismas quienes  desaprobamos y criticamos las diferencias: “quién le cortó a María el pelo,parece espantapájaros”, “qué necesidad de Mónica de usar esos colores, la hacen verse tan mal”, “en qué cabeza cabe ponerse ese vestido ajustado que resalta su panza”. Existe una compulsión femenina por criticar el cuerpo de las otras. ¿Poooorrrrrr? ¿En qué nos suma esta actitud? La competencia voraz por el cuerpo perfecto y la juventud eterna solo nos separa de las otras mujeres y consume nuestra vida en rutinas y proyectos ilusorios, opresivos y desgastantes.  

 

¿Tener 50 y verse de 25 implica libertad o es una forma de tiranía? Sin duda, hemos avanzado como civilización y muy particularmente en temas de inclusión e igualdad, pero el mandato femenino “sean perfectas y sexuales para complacer a los hombres” sigue limitando nuestras decisiones y alejándonos de la posibilidad real de habitar libremente nuestro cuerpo y disfrutarlo.

Una belleza con mirada propia 

 

Nos hacen creer que el poder femenino es y ha sido la belleza -una que ha sido definida culturalmente desde fuera-, por lo que constantemente necesitamos la aprobación de los demás. Nos evaluamos a partir de nuestro cuerpo, lejos del control de nuestras propias necesidades, carencias o deseos.

 

¿Por qué siento la necesidad de juzgar el cuerpo de otras mujeres? ¿Por qué no me gustan? ¿Será porque algo en mi cuerpo no me gusta? Queremos gustar, claro, pero ¿a quién?. Quizás el primer paso sería pensar que  debemos gustaros primero a nosotras mismas, vernos en el espejo e identificarnos con la imagine que éste nos devuelve.

 

No te puedes perder, el próximo 21 de mayo, las reflexiones que haremos sobre el tema en el taller con Alessa di Bari Aprende a disfrutar tu cuerpo y tu sexualidad con Alessia di Bari

De la serie “Para amar nuestro cuerpo”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

Históricamente, a las mujeres se nos ha valorado y recompensado por lo que evocamos en los demás, no por lo que deseamos. Poco interesaban nuestras acciones, nuestros sueños e intereses, nuestros proyectos. Nuestro máximo valor consistía en ser objeto de deseo. Y es que desde niñas recibimos –explícitamente o no- el mensaje de que debemos gustar,  y que nuestra apariencia es un elemento clave en nuestras vidas; necesitamos el halago. Preferimos ser deseadas a ser valoradas.

 

Y no tiene nada de malo querer ser deseadas, a todos nos gusta gustar. El problema es centrar el deseo sólo en la mirada del otro (casi siempre de un hombre) dándole el poder de decir si somos atractivas, si tenemos capacidad de seducción, y si somos interesantes y valiosas. Nos alejamos de nuestras propias necesidades, intereses o deseos.  Preferimos ser deseadas a ser valoradas. El deseo de gustar es agradable y genera bienestar psicológico, pero necesitamos integrar mensajes más incluyentes de lo que es ser interesantes y atractivas.

 

Por lo que mi consejo central es: antes de querer gustar aprendamos a gustarnos a nosotras mismas y entender que nuestro autoconcepto no requiere de la aprobación de nadie más. La propia autoestima hemos de generarla con un proyecto de vida significativo, con una vida personal rica y con la construcción de vínculos importantes.

 

Entonces, te dejo una pregunta de reflexión ¿le das prioridad a ser deseada o a lo que tu deseas?

 

Con esto en mente sigue nuestra serie de posts sobre la aceptación del cuerpo y no te vayas a perder este 21 de mayo el taller con  Alessa di Bari Aprende a disfrutar tu cuerpo y tu sexualidad con Alessia di Bari

De la serie “Para amar nuestro cuerpo”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 min 50 s

 

Es triste, pero no pasa un día sin que muchas mujeres nos miremos al espejo y nos digamos: “me faltan pompas, me sobra grasa, que feas estrías, me cuelga el pecho”. Nos cuesta vernos desnudas; movernos y vestirnos sin criticarnos; no medirnos (a cualquier edad) teniendo como parámetro a actrices, gimnastas y bailarinas “perfectas” como Jennifer López, de quien se dice que a sus cincuenta y tantos tiene cuerpo de treinta y dos.

 

En nuestra cultura, el cuerpo a través del cual nos expresamos erótica, intelectual, actitudinal y afectivamente, para las mujeres se convierte en un elemento clave de identidad personal y de valor social. Se nos evalúa -y nos evaluamos- en relación a nuestra apariencia, y muchas veces  dependiendo de cómo nos vemos es si nos sentimos adecuadas o no, valiosas o no, queribles o no, deseadas o no.  

 

¡Al diablo los cánones!

Si bien se insiste, por un lado, que cada cuerpo es diferente, y por el otro tenemos que algunas diferencias femeninas se califican -por el entorno y por las mismas mujeres- como inadecuadas, marginales e insuficientes pues no alcanzan el “ideal de belleza” de la moda: somos demasiado gordas o demasiado flacas, muy altas o extremadamente chaparras, fofas o simplemente desgarbadas, muy blancas o con una piel demasiado manchada.

 

Esto, además de ser un gran negocio para prácticas quirúrgicas riesgosas e infinidad de productos inútiles, es también un arma del patriarcado para mantener nuestra cabeza ocupada en ser unas “Barbies” y entorpecer la conquista de nuestra independencia, al desviar energía a “supuestos cánones de belleza” que nos encarcelan a través de juicios crueles sobre nuestro cuerpo.

 

¡No te pierdas nuestras siguientes entradas de esta serie!

 

Si quieres profundizar en el tema y sientes que te has evaluado a ti misma bajo estos cánones de belleza, entonces el 21 de mayo te invito al taller con Alessia di Bari Aprende a disfrutar tu cuerpo y sexualidad: estrategias para aceptarme y disfrutar(me) 

Cuando hacer más, con más estrés y buscando la “perfección”, ¡no es mejor! 

 

Escrito por: Tere Diaz 

 

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

Vivimos una era de transformación permanente: velocidad incesante, exposición digital constante, opciones múltiples en todo, exigencias inalcanzables, competencia férrea y, como efecto… incertidumbre y duda constante. Ante esto, muchos eligen el camino de la “mega tenacidad” o “super excelencia”, junto con el costo de tener una vida agotadora. Por eso, sin más preámbulo, te dejo la segunda parte de las claves para no complicarte la vida:

 

4. Trabaja la vergüenza, esa que te hace pensar que si no lo das todo, no eres suficiente o eres mala persona. Si se procesan y comprenden los sentimientos pasados de vergüenza es más fácil disminuir el perfeccionismo.

5. Trabaja con los otros. El perfeccionista se protege para sentirse a salvo, por eso hay que trabajar en cambiar este patrón de protección por uno de conexión con otros, esto te permitirá estar abierto al apoyo y compasión de los demás.

Mujer huye de reloj que la persigue, en vector

6. Distingue la responsabilidad del perfeccionismo. Revisa los estándares de cumplimiento que te pones: ¿son reales?, ¿te los ponen otros o te los pones tú? Distingue de quiénes son esas demandas, logra esto antes de que te impliques emocionalmente en la meta.

7. Deconstruye en el día a día la perfección. Indaga de dónde viene tu pensamiento de TODO O NADA. No busques sólo lo gris, sino la coexistencia del blanco y negro, desarrolla un pensamiento flexible.

 

Date permiso de realizar algunas cosas con escrupulosidad para no sentir que siempre tienes que renunciar a tu “perfección”. Pero con disfrute, y no con desgaste, para lograrlo elige sólo algunas tareas para aplicar tu máximo esfuerzo.

 

Para tener la lista completa, no olvides revisar la Parte 1 de las claves.

Si quieres conocer un poco más del tema te invito a leer Contra la ansiedad y Pérdida y resiliencia

Cuando hacer más, con más estrés y buscando la “perfección”, ¡no es mejor! 

Escrito por: Tere Diaz 

 

 

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

¿Te has puesto como meta el querer hacer todo bien, siempre rápido y con resultados de alta calidad? Como ya te habrás dado cuenta, luchar a “capa y espada” no siempre genera las recompensas esperadas, y quien no haya tenido esta experiencia ¡que lance el primer libro de superación personal!

 

No siempre los vientos del logro soplan a nuestro favor, y eso no significa ni que seamos un fracaso, ni que debamos apenarnos de ciertas experiencias frustrantes y dolorosas que terminan siendo, si las integramos bien, aprendizajes valiosos y aperturas de nuevos caminos posibles.

 

Yo no creo que seamos culpables de todo cuando no alcanzamos alguna meta. Tampoco avalo esas teorías que afirman que esforzándote al máximo conseguirás todos tus sueños y deseos. Creo en aprender a “malabarear” nuestras circunstancias, no para vivir una vida perfecta sino una suficientemente generosa, por eso aquí te dejo los primeros 3 de 7 pasos para no complicarte la vida:

 

1. No trates de cambiar tus circunstancias ”a fuerza”: busca el origen y encuentra una explicación que te permita comprender y aceptar, pero sé autocompasivo y no juicioso contigo.

 

2. Valora tus conductas, en qué te funcionan y en qué no te funcionan, es hora de soltar aquello que te causa más agobio que beneficio.

 

3. Investiga la identidad que has construido alrededor de tu versión perfeccionismo, ¿quién eres sin esa identidad de perfección?

 

¿Te interesaría conocer las siguientes claves? No te pierdas la segunda parte de esta nota.

También te recomiendo ¿Qué son las creencias limitantes y cómo superarlas?

¿Padezco ansiedad?

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.