Escrito por: Tere Diaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Sobra decir que nadie puede considerarse “el todo” de la vida de su pareja. Una pareja crece nutriéndose de su propio amor, claro, pero también de los proyectos personales y de las relaciones sociales de que cada uno cultiva por separado. Esto no significa priorizar los proyectos personales sobre la vida de pareja, sino complementar la propia vida y alimentar el amor, tanto de los procesos conjuntos como de los intereses, sueños, competencias y valores individuales. Pero que pasa cuando más que un  “compañero de vida” te vuelves  “comodín”, y te encuentras a tu pareja priorizando todo antes que tu persona y tu lugar en su vida.

 

Casos en los que sientes que tu pareja no te da su lugar

 

  1. Primero que nada, si te deja excluida o excluido de su sistema familiar o social. No te presenta con nadie ni habla con nadie de ti.
  2. Si está aliada –o sometida- a alguno de sus padres, (rara vez a ambos) y las decisiones vienen dadas desde las necesidades de su papá o de su mamá. De ahí los inmensos temas y chistes alrededor de la suegra y el suegro.
  3. Si está aliada –o sometida– a alguno de tus hijos. Hay madres que hacen y deshacen con un hijo o una hija, subiendo al hijo a un nivel jerárquico que no le corresponde y restándote poder como mamá o papá.
  4. Si se sigue viviendo como “hermanita” o “hermanito”. No porque obedezca a los papás, pero porque se compara y te compara siempre con su hermano, con su cuñada, con alguien de “su clan”.
  5. Club de Tobi o de Lulú… Te minimiza o invisibiliza por ser hombre o por ser mujer.
  6. Cuando tiene un amante (persona, animal, vicio, hobbie o cosa) que lo desconecta de ti. Hay quienes están casados con el juego, con el alcohol, con el futbol, con su cría de perros, o bien, se la viven posando “de flor en flor”. Sea cual sea la afición desmedida o adicción que tenga, sea o no una decisión o una enfermedad, la intensidad de estas conductas impiden la intimidad contigo, y por tanto… no puede ni sabe, darte tu lugar…

 

Bonus para de Parejas reconstituidas

 

Es imposible, por tanto, pretender que tu pareja corte de tajo con su pasado, y más aún con sus hijos y con el progenitor de los mismos. Aún así en estos casos estamos teniendo el mismo problema de que no te da tu lugar cuando:

 

  1. No quiere avisar a sus hijos que tiene una nueva relación. En algún momento esta decisión puede ser estratégica pero no puede prolongarse eternamente sin más ni más. Esto no significa que te los presente de inmediato, que convivan, que se amen locamente; pero negarte indefinidamente a que sepan de ti, es no darte tu lugar.
  2. No quiere avisar a su ex que tiene una nueva relación. Misma situación de arriba.
  3. Si los hijos conviven bajo el mismo techo contigo y tu pareja te impide aplicar reglas razonables para “los tuyos, los míos y los nuestros”, porque teme contrariar a sus hijos, no te está dando tu lugar. Incluso, puede estar de acuerdo con que tengas reglas, pero no te apoya cuando su hijo las desobedece…
  4. Cuando cede a las manipulaciones y amenazas de un ex sin causa alguna justificada y en detrimento de tu relación (cancelando viajes, llevándose a los niños que no les tocaba llevar, dando dinero destinado para otras necesidades), no te está dando tu lugar.

 

Y entonces, tras este recorrido, ¿es válido de lo que te quejas?, ¿exageras?, ¿has permitido cosas que no eran aceptables? Conocer un poco de qué va la vida de familia y pareja, ha de ayudarte a pedir tu lugar en esa estructura de manera constructiva y con dignidad. Para saber más te recomiendo De parejas y estructuras familiares

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 5 minutos

 

La pareja es un sistema dentro de más sistemas. Así, las personas que forman una pareja juegan distintos roles en los diferentes sistemas familiares y en la sociedad:

 

  1. Rol de padres, si tienen hijos (Sistema parental).
  2. Rol de conyugue en sí, que alimenta el amor y el intercambio erótico amoroso entre ellos. (Sistema conyugal)
  3. Rol de hijos y/o hermanos, como miembros de sus familias de origen (Sistema fraternal y sistema filial).
  4. Como miembros de grupos, amigos, trabajos, diversos roles sociales. Formamos parte de sistemas diversos laborales, comunitarios y sociales.

 

Cuando se forma una pareja queda en el centro del universo familiar, de manera que el resto de los miembros deberán recolocarse los lugares que le corresponden. Por ejemplo, respecto a la familia de origen, una vez que uno de sus miembros inicia su nueva vida, los padres han de recolocarse como padres, pero en roles secundarios con respecto del hijo que se “desprende” del núcleo para constituir un nuevo hogar como conyugue o pareja o padre.

 

Cuando una pareja inicia, son las familias mismas las que generalmente tienen problemas para incluir y dejar ir a sus integrantes, reacomodar sus roles y volver a recuperar un nuevo equilibrio, pero ¿Por qué es importante recolocación en la estructura familiar?

 

Para que cada miembro del sistema pueda acometer las tareas de desarrollo que le corresponden por su edad y lugar en la familia, la estructura debe acomodar a sus miembros de manera jerárquica, en el lugar que les corresponde, para que funcionen. Ojo, la primacía en jerarquía no implica supremacía en valor, en sabiduría, en importancia: todos son iguales en importancia, pero diferentes en funciones y responsabilidades.

 

Así, si un hijo es el que toma las decisiones familiares con su madre, dejando de lado a la esposa, al paso del tiempo las tareas de desarrollo de cada uno de los miembros de la familia se verán entorpecidos por exceso o por defecto.

 

Esto también significa que, en situaciones de crisis, todos los integrantes familiares tendrán que reacomodarse temporalmente para salir airosos de los problemas (como si una madre está enferma, o un progenitor tiene que migrar), pero aún así, el entendido de que es una necesidad temporal y no una negligencia permanente.

 

Y tú, ¿cómo has vivido esta recolocación de roles con tu pareja familia y sus familias de origen? Re leo.

 

Si te pareció interesante este tema, no te pierdas mi siguiente post ¿Sientes que tu pareja no te da tu lugar?

Escrito por: Tere Díaz

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En medio de la transformación social que vivimos, y más allá de la mala fama que el matrimonio ha adquirido en diversos contextos y por suficientes razones, éste sigue siendo una de las formas más comunes en las que se vive el amor. De ahí la importancia de pensarlo de manera diferente, y de buscar la forma de mejorar la entrada en él.

 

Aquí las últimas preguntas que te aconsejo reflexiones antes de lanzarte de lleno a un compromiso que, en teoría, sería de por vida:

 

1. ¿Responsabiliza a todos de sus fracasos y sus problemas? Hay personas que carecen de autocrítica y nunca asumen su responsabilidad; estas personas siempre se victimizan de lo que les sucede. Los individuos que no pueden aprender de lo vivido, de sus problemas y no conectan su realidad con factores que son consecuencias de su actuar, serán parejas que no solo se negarán a recibir una queja tuya o a escuchar retroalimentación, sino que difícilmente abordarán la vida con resiliencia, proactividad y agencia personal. No dudes que, al paso del tiempo, de sus desgracias, también a ti te va a culpar.

 

2. ¿Te quiere mucho y por eso te quiere cambiar? Las personas cambiamos cuando queremos y sobre todo cuando necesitamos hacerlo porque la forma en la que hemos venido procediendo no nos funciona más. Las personas difícilmente nos transformamos desde la insistencia, el señalamiento, la presión y la amenaza. Alguien que te presiona a cambiar no busca la aceptación, sino que te adaptes a lo que él o ella quiere.

 

3. ¿Siempre y en todo te quiere complacer sin poner ningún límite a tus demandas? A veces esperamos que la relación de pareja cure heridas de la infancia mediante la aceptación incondicional que de pequeños nos fue dosificada. Esta expectativa es válida y puede llegar a ser restauradora si la manejamos bien. Pero si la necesidad de nuestra pareja de no ser rechazada es exagerada, tocará el extremo de minimizar o invisibilizar sus necesidades y de violar sus límites para complacerte y con ello obtener tu aceptación total. Ser maduro significa tolerar la ansiedad que produce decir no y manejar las diferencias.

 

4. ¿Se enoja con mucha facilidad? La famosa mecha corta es generalmente un rasgo de violencia en diversos grados. Las personas que responden con groserías, enojos, portazos, silencios eternos y arranques humillantes, crean a su alrededor un ambiente de miedo, de inseguridad y de amenaza. Sea la razón que sea la causa de sus explosiones, el no poder regular el enojo, gestionar las frustraciones, controlar los impulsos agresivos y externar de manera oportuna y constructiva sus malestares o sus necesidades es síntoma de inmadurez (o de trastorno mental). Las personas que explotan están en la antesala de la violencia en cualquier versión (psicológica, emocional, sexual, física, económica, etc.)

 

5. ¿Es un buen ex? Elige a alguien que pueda resultar un buen “ex”, o que de hecho ya lo sea… porque si tu candidato a pareja despotrica, chantajea, culpa o “tortura” a sus anteriores parejas, en caso de que tu llegues a serlo, la historia se repetirá

 

Cada pareja es un mundo y cada relación es diferente a la otra, sin embargo, es importante detectar esos rasgos que con el tiempo pueden llevar al precipicio la vida amorosa. De acuerdo a tus experiencias, ¿agregarías alguna pregunta a esta lista? Te leo…

Escrito por: Tere Díaz

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Si bien en pleno siglo XXI la apertura a nuevos y variados modelos amorosos es la constante, generalmente, nuestras formas de amar se acaban concretando y viviendo en lo que llamamos matrimonio.

 

Es así que te dejo una serie de preguntas que te pueden guiar en la elección de un mejor cónyuge

1. ¿Está excesivamente pegado a su mamá o papá? Si sí, acabarás siendo una segunda madre y, además, vas a rivalizar con sus verdaderos progenitores. Considera que alguien que nunca suelta el rol de “hijo parental”, siempre va a dar prioridad a la relación con su familia de origen que a la nueva relación de pareja. Ahora, si lo que buscas es seguir siendo hija de familia, suplir las carencias de tus propios padres, o bien “subir tu autoestima” compitiendo por ser una “mejor cuidadora” que sus papás, elegir a alguien que tenga “mamitis o papitis”, te lo permitirá lograr.

 

2. ¿El sexo es malo, pero consideras que lo sexual no es importante para durar? El acoplamiento sexual, como sea que cada pareja lo viva y lo pacte, es importante en la vida amorosa. Los humanos somos la especie que somos porque nos vinculamos con otras personas, y el buen sexo es un “pegamento vinculatorio” por excelencia. La sexualidad se vive de muchas formas y además se transforma en el tiempo porque cabalga con las experiencias de vida. Pero una pareja que se disfruta sexualmente, que se vive mirada y atraída por el otro, buscará caminos para sobrevivir y resolver. No solo de sexo vive la pareja, pero sin sexo, ¿para qué vivir en pareja?

 

3. ¿Tiene trabajo y autonomía económica? Elige a alguien que asegure su autonomía. Sin dinero propio tu pareja, no solo tendrá que someterse a tu bolsillo y a tus decisiones, sino que cargarás con él. Quizás en un principio, en medio del revuelo del enamoramiento, vivirán su dependencia como “bendición” o “buenaventura”, pero al poco tiempo viene la asfixia, limitaciones o sensación de ser usada(o) o controlada(o). Además, si la relación no funciona, la falta de dinero dificultará salir de ella bien librado.

 

4. ¿Trata bien a los extraños? Elige a alguien que trate bien a los extraños, sobre todo a personal de servicio o cualquiera por debajo de su línea jerárquica. Tarde o temprano te tratará como trate a esas personas. El modo de relacionarse con los demás es una pauta de comportamiento a su común modo de proceder y aun siendo su pareja, formas parte de “los demás”.

 

5. ¿Te cela por amor? Los celos se dan en el territorio del amor, pero no son amor. Al principio de una relación los celos puede que tengan un toque de diversión o de interés, pero la vida será un infierno al cabo de poco tiempo. El celoso quiere certezas, control, y el amor es intercambio, no posesión.

 

6. ¿Ha mentido consecutivamente y promete no volverlo hacer? Quizás uno de los mayores dolores de cabeza en las relaciones amorosas es el tema de las mentiras, antesala de las traiciones. Las mentiras suelen deteriorar la confianza, y una pareja que no sostiene entre sus miembros un grado básico de confianza, no logra subsistir. Cuidado con alguien que tergiversa información, omite datos importantes y niega evidencias. La mentira constante, manipuladora, agresiva, es símbolo de abuso y de inmadurez. Jamás podrás soltar el cuerpo con alguien que no sabes realmente qué piensa y en dónde está.

 

Con esto concluimos la primera parte de la reflexión que propongo frente al tema de las parejas que están por casarse. No te pierdas el próximo post, en el que finalizaré la lista de preguntas que debes de considerar antes de comprometerte al matrimonio.

 

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Cuando hablamos de verdades y mentiras tengamos en cuenta que para ser digno de confianza se tiene que dar muestras de juicio crítico, discreción y de una madurez básica. Hay personas que no están preparadas para conocer ciertas verdades, por inmaduros, neuróticos o abusivos; y hay quienes hasta dan señales de que prefieren ignorarlas.

 

Hay temas que sí se pueden comunicar y que además quieres compartir con alguien más. Muchas veces, quienes demandan de manera insistente que se les diga alguna verdad, por íntima que esta sea, una vez que la tienen “en sus manos”, no saben qué hacer con ella. OJO, no nos referimos al caso de una mentira descubierta que a modo de reparación se requiere explicar, sino a ciertos temas y dilemas, que no cualquiera podría entender, abrazar, ni manejar.

 

¿Qué tanto es tantito?

Las mentiras suelen deteriorar la confianza y cualquier relación amorosa o de amistad que no tiene un grado básico de confianza no logra subsistir. La mentira constante, manipuladora, agresiva, es símbolo de abuso, de uso del otro y de inmadurez; existen expertos mentirosos que logran envolver a sus víctimas.

 

Pero ¿qué hay de la mentira ocasional? Esa que se usamos esporádicamente y que no daña a nadie. No se puede negar que un determinado tipo de mentiras facilita la convivencia y permite las relaciones en un ambiente de armonía. Por contradictorio que parezca, en algunos casos puede resultar lícito, maduro y hasta adecuado utilizar una mentira.

 

¿Cómo no confundir el auto engaño del ocultamiento oportuno de una verdad?

Van algunos síntomas internos que te permitirán saber si mentiste de manera oportuna y constructiva, o bien, por enojo, conveniencia o descuido:

 

  1. Si las mentiras son pocas y decirlas te produce una sensación interna de paz por haber hecho lo correcto, seguramente es una mentira buena.
  2. Súmale que, al mentir, has de ser consciente de que puedes asumir -de ser necesario- las consecuencias de la verdad que pretendes ocultar y, aun así, prefieres utilizar la mentira.
  3. El efecto del uso esporádico de la mentira permite experimentarte más congruente y seguro de tu conducta, no un farsante que quiere esconder quién es y lo qué hace.
  4. Podemos considerar buena aquella mentira que surge de la parte madura de quien sale y genera más beneficios al que la recibe que a quien la dice. Buscas cuidar al otro, o a la relación.
  5. Y, por último, existe la mentira “en defensa propia”, comprensible si sabes que lo que hiciste generará daños mayores e irreversibles a tu persona porque no hay manera de defender tu verdad.

 

Este tema de mentir o no es inagotable y el camino sinuoso. Entonces usa tu conciencia, se cuidadoso contigo y con tu pareja, rebota con alguien cercano y confiable si es necesario y, como la persona adulta que eres, asume que solo tú tienes la respuesta correcta.

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Desde siempre nos han enseñado que mentir es malo y decir la verdad es bueno. Sin embargo, existe la posibilidad de “abusar de la verdad”, de usarla de manera inoportuna y exagerada: ¿realmente el otro tiene que saber todo de mí y yo todo de él? ¿Para que una relación sea buena se requiere de una apertura total? ¿Será factible que cierto ocultamiento facilite la convivencia, preserve la individualidad y proteja el amor? Estas preguntas no dejan de ser delicadas pues se requiere de una importante consciencia ética para abordar este tema.

 

Aun así, y apelando a la responsabilidad y honestidad los lectores, no puedo dejar de afirmar que pretender vivir en la verdad absoluta -eso que yo llamo “verdadazos sin ton ni son”- es no solo imposible sino, en algunas ocasiones, lastimoso. Explicaré un poco más…

 

Los mundos del individuo

  • Los seres humanos tenemos un mundo público con la información que damos a todas las personas: en dónde trabajamos, a qué familia pertenecemos, nuestro estilo de vida, ciertos gustos particulares, etc.
  • También tenemos un mundo privado: un espacio más pequeño que solo compartimos con nuestra gente cercana y de confianza. Incluye nuestros temores, algunos deseos e intereses, necesidades importantes, experiencias vividas y valores que nos mueven en el diario vivir.
  • Además, las personas poseemos un mundo íntimo que se juega en la profundidad de nuestro ser: ciertas fantasías, pensamientos y sensaciones; diversos sueños, temores, anhelos… Algunas experiencias muy personales -gratificantes y vergonzosas- que nos ayudaron a constituirnos en lo que somos. Esto habita en el silencio de nuestro interior y crea un mundo complejo y contradictorio dentro de nosotros mismos. Es frecuente que nosotros mismos nos sorprendamos de él, que no lo entendamos del todo, o que prefiramos callarlo por temores hacia nosotros mismos y los demás.

 

Todos tenemos, desde la responsabilidad y buen juicio, derecho a preservar un mundo íntimo para nosotros mismos: en él cuestionamos, soñamos y construimos nuestro ser. Reitero que frecuentemente ni nosotros podemos descifrarlo y comprenderlo con claridad, menos aún abrirlo y compartirlo con los demás. Quererlo poner en palabras y trasmitirlo al otro, además de ser difícil es arriesgado. Por eso es sano y necesario conservarlo como algo propio e interno.

 

Quizás tu deseo de compartir tu mundo íntimo tiene que ver con una necesidad de ser honesto, pero también puede ser porque te perturba lo complejo de su naturaleza contradictoria y quieres descargar ese pesar en alguien. Si este es tu caso considera la posibilidad de abrirlo con alguien confiable que pueda escucharte, no juzgarte; será importante también que aprendas a manejarte con cierto grado de incertidumbre y ambivalencia.

Si esto no te es suficiente, valdrá la pena que busques un espacio terapéutico para trabajar sus contenidos.

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Para finalizar esta serie, te daré los últimos consejos para enfrentar una situación en la que entra un tercero en discordia -voluntaria o involuntariamente- en la relación. Quizás durante el enamoramiento -en la burbuja en la que “tu y yo somos uno mismo”- toda la energía psíquica y sexual queda canalizada en el ser amado y “no tienes ojos” para nadie más; pero pasado el tiempo y el enamoramiento, la atracción por otras personas puede aparecer…

 

Entonces, ¿cómo enfrentar si te ves envuelta(o) en esta situación? Aquí la continuación de mis consejos:

 

  1. Cuestiona si viene de la carencia o de la potencia. Los temas de carencia se resuelven detectando y asumiendo lo que te falta (o faltó), aceptándolo y promoviéndolo para ti. La energía de potencia se canaliza enfocándola en actividades y proyectos que sumen en la vida.

 

  1. Si “persisten las molestias” de forma invasiva, y quieres continuar con tu pareja, intenta resolverlo en el plano “del juego”. Las fantasías son una importante fuga de tensión sexual; hay parejas que hasta escalan sus rituales amorosos a prácticas más transgresoras.

 

  1. En caso de que siga la “comezón”: aléjate y corta del todo el contacto con ese tercero, o cuida tus acercamientos en caso de que no lo puedas controlar.

 

  1. Si “persisten las molestias” de forma invasiva, y no quieres continuar con tu pareja, actúa coherentemente y ten una conversación clara, sin necesidad de hablar de tu atracción hacia otros.

 

  1. En caso de que siga la “comezón” (y la persona no es de tus círculos cercanos) que alguien te acompañe a explorar, CON EXTREMO CUIDADO, cierto flirteo virtual que dé desahogo a una fantasía más que a una realidad. Hay mini encuentros que realmente apagan la “llamarada de petate”.

 

  1. Si nada de esto te funciona, y no quieres caer en tentación, consulta a un terapeuta que te apoye a entender, acomodar, y transicionar esta etapa que, si bien es inquietante, también es agotadora y puede arruinar una relación valiosa.

 

Y recuerda, lo he dicho muchas veces: uno se casa o empareja con la persona que ama, con quien comparte un proyecto suficientemente sólido y con quien tiene un acoplamiento bueno en muchos sentidos, pero el deseo no se casa con nadie. Entonces, antes de meter la pata reflexiona sobre las acciones que debes de seguir para no herir a los involucrados en esta situación.

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

Empecemos por la simple cuestión de que, al hablar de relaciones, el que nos atraigan otras personas no es un problema, aunque puede ser algo inquietante y desestabilizador. Y esto nos lleva a pensar “¿estoy mal?”, “¿mi relación ya no funciona?”, “¿qué me puedo permitir?”, “¿qué no debo consentir”, “¿cuándo me debo de parar?”. Para calmar la culpa debemos saber que el deseo sexual es una de las gestiones más difíciles en la vida del adulto por la “necesidad” de desahogo que genera.

 

Ahora, antes de entrar de lleno, toma un momento para preguntarte con honestidad si lo tuyo es la monogamia; hay para quien no lo es y le es imposible cumplir los acuerdos de exclusividad sexual. Quien lo sabe, lo asume y lo actúa debiera entrar a una relación poniéndolo sobre la mesa.

 

Aquí te dejo unos consejos para manejar la situación en la que cuestionas tu atracción hacia alguien más que tu pareja:

 

  1. Primero, baja tu experiencia de culpa, porque uno no elige aquello que le resulta atractivo y le produce deseo. El deseo corre, como río, por su propia cuenta.

 

  1. No le digas a tu pareja… ¡para el verdadazo! Hay quien, para calmar sus culpas, depositan en su pareja la responsabilidad de contenerlos, orientarlos, etc.

 

  1. De momento, no actúes tu deseo… No empieces a coquetear, a buscar acercamientos, a espiarlo(a) en persona o en línea.

 

  1. Aprende a manejar tu frustración como un adulto. Te servirá para muchas cosas más.

 

  1. Reflexiona sobre el momento de vida que estás atravesando. ¿Esta atracción se da en un momento particular dónde están pasando cosas nuevas, desafiantes o estresante en tu vida? El nacimiento de un hijo, un ascenso de trabajo, una pérdida importante…

 

Para conocer el resto de los consejos, no te pierdas la segunda entrega de este tema, que hablará de las situaciones a las que te puedes enfrentar si lo que quieres es seguir con tu pareja o no.

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 7 minutos

 

Para finalizar esta serie, te hablaré de los aspectos sociales en los que te puedes fijar para saber si la persona con la que estás empezando a salir tiene red flags que enciendan las alarmas. Ten la certeza que tomar en cuenta estas red flags, que pueden aparentemente no ser “taaan importantes”, te proporcionará información valiosa sobre la persona que tienes enfrente, y te evitará tropezar con el aburrimiento, pasando decepción, acercándote a la desesperanza, hasta la posible desgracia de caer en relaciones donde el control y el maltrato se pudieran llegar a instalar

 

1. Está excesivamente pegado a sus padres

No hay nada de malo, de hecho, es recomendable que las personas lleven relaciones cordiales y de respeto con sus familias. Pero los individuos que “idolatran” a su mamá no han acabado de lograr la autonomía emocional. Esto ocurre porque tuvieron una madre que les dio de más o no les dio suficiente. La gente excesivamente apegada a sus progenitores termina queriendo que te sumes a su vida de “hijo crónico” o bien te demandará que funjas como su mamá o su papá.

2. Trata mal a los extraños

Sobre todo, a los que están por debajo suyo en la línea jerárquica: empleados, camareros, personal de servicio. También a gente de diferente clase o raza, incluso a los animales, niños y hasta a sus propios padres. La gente prepotente tiende a ser discriminatoria y a posicionarse en un lugar de supremacía y ventaja sobre quienes siente “inferior”. Sin duda, quien trata mal a otras personas, con el tiempo se dirigirá a ti del mismo modo como lo hace con los demás.

3. Quiere cambiar a todo el mundo -incluida tú- en vez de cambiarse a sí mismo

Las personas cambiamos cuando queremos y, sobre todo, cuando necesitamos hacerlo porque nuestras formas no nos funcionan más. Si alguien constantemente te señala errores, te sugiere mejores opciones -de ropa, estudio, amistades y trabajo–, te corrige, lo que quiere es que te adaptes a él. Las personas “exigentitas” buscan la perfección y no la aceptación; siempre encontrarán algo que “tienes que mejorar por tu bien” o incluso un defecto insalvable. Insistir en que seas quien no eres es el inicio de una presión que te llevará al desgaste y a la desesperación.

4. No te comparte su vida, su mundo, sus espacios y a su gente

Si la persona con la que estás saliendo nunca encuentra el mejor momento de presentarte con su familia, de introducirte a su grupo de amigos, de informar a sus hijos que está en una relación, de permitirte visitar su casa, etc. es que algo, sin duda, esconde. El amor es desear introducir al otro en la propia vida y poder ser parte de la vida de él o ella también. Así que tanto ocultamiento implica que se niega a revelarte alguna verdad.

5. Todo lo mío es más importante

Las personas ególatras y narcisistas, si bien en un inicio podrán “bajarte el sol y las estrellas” y adularte sin parar, al tiempo, a través de engaños, manipulaciones y chantajes, querrán que te adaptes a su vida y pidas muy poco para ti. Priorizarán a sus amigos, a sus trabajos, a sus familias, a sus gustos y a todas sus necesidades. Serán poco empáticas ante lo que sientes y pides, y con facilidad te harán dudar de lo que quieres y necesitas. Alguien que no se interesa por escucharte, por tu vida, tu gente, tus valores y tus necesidades, es alguien que no sabe amar.

6. Es un mal ex

Un candidato a pareja que despotrica, chantajea, culpa o “tortura” a sus anteriores parejas, pronostica que en caso de que tu llegues a ser su ex, la historia se repetirá. Un buen ex es alguien que honra sus relaciones pasadas porque sabe que a través de ellas se ha construido como persona y como pareja; sabe que, si muchas de estas relaciones no fueron suficientemente buenas, todas tuvieron momentos de alegría, de placer y seguro de aprendizaje. Un buen ex no es quien necesariamente es “amigo” de su ex, sino quien honra lo que se tuvo y respeta a la persona de quién se amó.

7. Culpa a los demás de sus problemas

Hay personas que carecen de autocrítica y nunca asumen responsabilidad de sus actos. Siempre se victimizan de lo que les sucede y no pueden aprender de lo vivido, reinventarse tras los problemas que han tenido, ni conectar su realidad presente con factores que son consecuencias de su actuar. Una pareja así será alguien que no solo se negará a recibir una queja tuya o a escuchar tu retroalimentación. Las personas que simplifican su vida lanzando culpas a los demás, son incapaces de hacerse cargo de sí mismos y de mejorar así que no dudes que con el paso del tiempo y de sus desgracias, también a ti te va a culpar.

 

Al final, hay que recordar que todo amor nos reta, nos invita a crecer, a negociar, incluso a renunciar a algunas cosas en tanto que lo que se está construyendo con el otro genera un plus en nuestra vida. No se trata de sacrificarnos por amor, pero sí de entender que no se puede todo y que eso implica llegar a acuerdos y a hacer algunas adaptaciones y concesiones.

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 5 minutos

 

En esta serie de 2 partes te compartiré red flags que pueden ser señales de alerta al empezar a salir. Entonces, antes de iniciar una relación “con el pie izquierdo” omitiendo en nuestro “volamiento amoroso” información que deja ver que la relación, o bien no tiene ni “pies y cabeza”, o de plano va derechito “al barrancho de la perdición” te invito a considerar los siguientes aspectos:

 

1. No te gusta su olor

La química sí existe. El olor natural de la persona con quien estas saliendo activa o anula tu deseo de relacionarte erótica y amorosamente. El olfato juega un papel importantísimo en el hecho de sentirnos a gusto con alguien; este sentido genera el más inconsciente y poderoso test de compatibilidad. Si no te agrada el olor de tu candidato a pareja, difícilmente podrás sostener una convivencia él.

2. No tiene “ni oficio ni beneficio”

Para bien o para mal vivimos en una sociedad capitalista donde el dinero no sólo adquiere bienes, sino que tiene un significado a nivel psicológico: seguridad, poder, éxito. Entonces, sin dinero propio y suficiente, tu pareja no solo limitará tu mundo de posibilidades, sino que quizás tendrá que someterse a tu bolsillo. Así, la independencia económica facilita que la relación de pareja no se reduzca al estrés de sacar a flote las necesidades básicas, limitando al espacio amoroso de cierta creatividad, disfrute, y satisfacción.

3. Su único y principal proyecto de vida es “el amor”

Alguien sin un proyecto de vida personal que lo apasione en diversos intereses y valores hará de ti el sentido principal de su existir y tendrá demasiadas expectativas, que difícilmente le podrás cumplir. Quien hace del amor el único proyecto de vida acaba esperando una fusión que, con el tiempo, termina por ser demandante y asfixiante. El amor requiere de espacio y de misterio para existir e implica la unión de dos personas que tienen una vida propia.

4. Es una estrella, pero fugaz…

Las personas que aparecen y desaparecen no son de confiar. Pueden estar contigo y dar “lo mejor” de ellas mismas, hacerte sentir “en las nubes”. Pero ojo, si de pronto ponen una distancia incomprensible, cambian el ritmo y el tono de los encuentros, desaparecen sin previo aviso y vuelven sin excusa, no son estables y menos fiables. Una relación duradera requiere de ciertas certezas, rutinas, y consistencias. Alguien así está destinado a volverte a defraudar.

5. ¿Amar es celar?

Los celos se dan en el territorio del amor, pero no son derivados del amor. Pensar que “celar es amar” es una idea errónea de quienes alimentan la creencia de que si su pareja no es “algo” celosa es porque no las quiere de verdad. El celoso elige poseer antes que amar; esto nos sitúa en un mundo en el que una persona es un objeto para el uso de otra. Los celosos asfixian y desgastan el amor.

6. Miente y vencerás

Quizás uno de los mayores dolores de cabeza en las relaciones amorosas es el tema de las mentiras, con frecuencia antesala de las traiciones. Las mentiras suelen deteriorar la confianza y una pareja que no sostiene entre sus miembros un grado básico de confianza, no logra subsistir. Cuidado con alguien que tergiversa información, omite datos importantes y niega evidencias. La mentira constante, manipuladora, agresiva, es símbolo de abuso y de inmadurez.

7. Es de “mecha corta”

Generalmente es un rasgo de violencia en diversos grados. Las personas que responden con groserías, enojos, silencios eternos y arranques humillantes crean a su alrededor un ambiente de miedo y de amenaza. Quienes explotan están en la antesala de la violencia -en cualquier versión- pues no saben regular el enojo, gestionar las frustraciones de la vida, controlar los impulsos agresivos y externar de manera oportuna y constructiva sus malestares o sus necesidades.

 

No dejes de leer mi próxima entrega, en la que hablaré de los otros 7 rasgos de los que tienes que cuidarte si tu prospecto a pareja los deja ver en los primeros encuentros.

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.