¿ERES LIBRE?

Quizás hoy más que nunca, debido a muchos factores, pero muy en concreto producto del actual confinamiento, reconocemos que la libertad es “un divino tesoro”. Si bien es un espejismo pensar – incluso lo era aún antes de la pandemia – que podemos tener y lograr todo, sí tenemos un interesante margen de acción para construir la vida que deseamos.

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Somos, los seres humanos, “sujetos deseantes”. Así como el esqueleto sostiene y estructura al cuerpo, la capacidad de desear es el eje que configura nuestra identidad y da sentido a nuestra vida. ¿Qué quiero? ¿Qué necesito? ¿Qué sueño?

Es fácil sucumbir a los deseos ajenos con el fin de agradar, de sentir que pertenecemos y de experimentar así cierta seguridad. De manera particular, la sociedad patriarcal nos ha entrenado a las mujeres para descifrar los deseos ajenos (de padres, maridos e hijos) a tal punto de dificultarnos –sino hasta imposibilitarnos en ocasiones– descifrar los propios. A los hombres se les impulsa más a escuchar sus deseos y necesidades, siempre enmarcados en el paradigma del “éxito” masculino que implica fuerza, productividad y pobreza emocional: esto también tiene sus altos costos.

Conquistar la libertad requiere que dirijamos la mirada a nosotros mismos, que busquemos nuestros deseos postergados y nuestros entusiasmos no indagados. Pero para ello se requiere tanto autonomía emocional como independencia económica.

Diferencia entre independencia económica y autonomía emocional. 

La primera es la disponibilidad de recursos económicos propios que nos permitan tener un margen de acción real. La segunda es la posibilidad de utilizar dichos recursos económicos para legitimizar y gestionar –con base en decisiones de criterio propio que impliquen una evaluación de las alternativas posibles– los propios deseos, necesidades, sueños, intereses y valores. Y esto nos regresa a lo dicho al inicio, no se puede ni todo, ni siempre, pero sí lo suficiente para construir una vida plena.

Así, si bien la independencia económica no es garantía de autonomía emocional, sí es condición necesaria –insuficiente– para poseerla.

¿Cómo conquistar la libertad? 

  1. Realizando un arduo trabajo psíquico para saber qué es adecuado o no para nosotros.
  2. Siendo creativos y arrojados para generar un proyecto de vida propio que honre y valide nuestros valores, nuestras necesidades, nuestros sueños y nuestros intereses.
  3. Trabajando para generar un ingreso económico a través del desarrollo y uso de nuestras competencias y capacidades que nos de un margen de acción real.
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¿Soy libre? 

La verdadera libertad es la conciencia progresiva de tener cierto control sobre la propia vida, con un aumento de la confianza personal y un sentimiento de satisfacción y competencia.

Esto se manifiesta a través de:

  • Intensificar relaciones de genuina intimidad con otras personas.
  • Llevar a cabo actividades que impulsan nuestro desarrollo personal.
  • Cuidar nuestra imagen corporal para disfrutar nuestra dimensión física y sexual.
  • Tomar en serio nuestros intereses.
  • Desarrollar una vocación/profesión significativa.
  • Experimentar sentimientos de eficacia y competencia.
  • Gestionar nuestro mundo emocional para comprender su lenguaje.

El camino a la libertad implica consciencia, aceptación y acción con base en realidades.

Consciencia para reconocer quiénes somos, qué necesitamos, qué apreciamos.Aceptación para vivir en el presente, asumir el cambio constante y validar nuestros deseos, necesidades, intereses y valores. Y acción para a través de conductas concretas asumir el protagonismo de la propia vida.  

A veces disfrazado de seducción, a veces de dolor, toma tiempo detectar el peligro que implica caer en las garras del chantaje emocional.

 

Objetivo del chantajista

Una persona chantajista busca tener el control de la presa que elige para obtener de ella los beneficios que desee: dinero, sexo, cuidados, comodidades, y demás.

 

¿Qué conductas usa para ejercer su chante?

Promesas. “No quiero perderte nunca”. “Te querré siempre si te casas conmigo”

Palabras bonitas. “Me encanta como cocinas porque nadie tiene tu sazón”. “Nunca había amado a alguien como te amo a ti”

“Mejores” propuestas. “Deja de viajar con tus amigas porque en esas fechas ya tengo planeado que juntos crucemos el Atlántico”

Regalos. “No te puede ver este fin de semana porque me dediqué a buscarte este hermoso reloj”

Auto castigos. “Si me dejas me suicidaré”

Enojos.  “Eres muy tacaña, sabes cuánto te quiere mi mamá y no le llevaste el regalo que te dije” (Esto acompañado de malas palabras, muecas, amenzas)

Desprecio. “Desde que estudias no te interesas en mis conversaciones pues te sientes muy chingona. Prefiero hablar con mis amigos que contigo. Ellos sí me entienden.”

Castigo del silencio. “……………………..” Te deja de hablar cuando algo de lo que hiciste no le parece.

¿Cuál es este modus operandis del chantajista?

El chantajista despliega todas estas estrategias de maltrato psicológico complejas logrando tocar, al inicio de los intercambios o de la relación, el inconsciente de sus presas, prometiendo, a ese nivel profundo, que ellos van a satisfacer sus más intimas necesidades, deseos y anhelos, o bien haciéndolas sentir mal –culpables, temerosas, inseguras- si no acceden a sus demandas.

Esto no siempre se deja ver desde el inicio sino que una vez logrado el vínculo o el enamoramiento el chantajista empieza el maltrato psicológico y los sueños y promesas dadas se comienzan a evaporar.

 

Señales de alarma para identificarlo

Justamente hacer caso a lo que sientes y no caer en la confusión a pesar de que lo que diga parezca promisorio.

  • Sentir culpa por lo que le pasa con frecuencia.
  • Hacer cosas contrarias a la propia voluntad para que no se enoje o decepcione.
  • Temer permanentemente su reacción y su enojo.
  • Cansancio de tener que explicarle y justificar tus necesidades, deseos y decisiones.
  • Duda constante de que estás en lo correcto o estás equivocada.
  • Demolición emocional por la experiencia de falta de libertad y permanente estado de inquietud.

Pasos iniciales para la liberación

El primer paso a dar es evaluar si las promesas que hace son irreales de entrada: “te amaré siempre”, o imposibles dadas sus condiciones: “voy a comprar esa casa para tenerte como una reina” y no tiene ni trabajo.

El segundo paso es detectar el zigzag entre la adulación – “qué bien que compraste un coche ” – al desprecio  – “desde que no usas trasporte público te sientes de una clase superior” -.

Tras observar esto es importante rebotarlo con alguien que te conozca, te haya visto en este “ir y venir”, y te afirme constatando esta dinámica chantajista.

Finalmente habrás de descubrirlo y aprender a poner límites para ver si se ajusta a lo que necesitas, quieres y deseas o bien no tiene mayor futuro la relación.

  • “Acepto tu regalo pero no trabajaré contigo”
  • “Entiendo que tu querías que no fuera y eso te intimida pero no dejaré de ir!
  • Es muy útil la técnica de disco rayado es útil: “No gracias. No quiero”.
  • Usa frases cortas y difusas, mejor con tono humorístico e irónico.

 

Personalidades que hacen chantaje siempre

Existen tres tipos de personalidades que recurren al chantaje emocional:

  • Los narcisistas. Personas con delirios de grandeza, poder y bella que actúan con prepotencia y falta de empatía.
  • Los sociópatas o antisociales. Carecen de remordimiento y mienten con frecuencia.
  • Las personalidades border o límite. En ellas impera la inmadurez emocional, la dependencia, el miedo y la sensación de vacío. Pasan de una idealización a una devaluación del otro. Son muy victimistas y a veces amenazan con el suicidio.

 

¡Ojo! La única arma del chantajista es la misma persona chantajeada, si te desactivas la estrategia queda totalmente fuera de alcance.

 

¿Cómo definir el ghosteo y qué implica específicamente?

El ghosteo, que viene del inglés ghost – que significa fantasma – consiste en dar por terminada una relación que ya iniciaba o sostenía intercambios afectivos y/o eróticos cortando contacto con el otro y desapareciendo en forma radical de su vida.

En el ghosteo no hay aviso previo ni explicación alguna ante la desaparición, como si el hecho de perderse para siempre aportara suficiente claridad respecto al cierre de los intercambios sostenidos y de la relación.


¿Qué razones tiene alguien para desaparece así?

Las razones pueden ser muchas y variadas, desde el efecto genera la vida en esta sociedad individualista –que invisibiliza las necesidades y deseos de los demás o las minimiza frente a las propias-, incluyendo el creciente condicionamiento del  consumo –que no solo consume objetos y los desecha sino que ve al otro como objeto de uso y abuso y no como sujeto de respeto y cuidado- hasta patrones individuales de conducta evitativos aprendidos en la propia crianza con el objeto de no afrontar situaciones complejas que pueden generar conflicto y malestar, pero sobre todo que desean al tiempo que temen, de manera muy inconsciente, la intimidad.

Existen muchas más razones posibles que se pueden sumar y mezclar a las anteriormente mencionadas. Citaré varias más:

  • La falta de madurez personal que limita la posibilidad de posponer la gratificación inmediata y de tolerar ciertas frustraciones y decepciones propias de toda relación: “no me gusta esto, lo dejo sin mayor molestia y explicación”.
  • La experiencia posmoderna de una sociedad líquida en donde se quiere todo, rápido y al mismo tiempo: “quiero experimentar esto y también aquello, y además no perderme de tal experiencia pero sin soltar aquella otra también”. Y en ese “barajar” todo y más de lo que se puede manejar, se termina soltando lo que deja de producir interés e intensidad.
  • El analfabetismo emocional con su consecuente incapacidad para expresar lo que se desea y poner límites a lo no gusta de forma oportuna y constructiva. Esto incluye la dificultad de incluir puntos de vista diversos a los propios de y de regular el malestar emocional.
  • De la mano de lo anterior va la carencia de habilidades sociales. Al no saber cómo comunicar y cómo manejar algún conflicto, decido cancelar toda interacción.
  • No sobra poner sobre la tema el tema de género, y es que este comportamiento se da más en hombres que en mujeres, sin generalizar con esta afirmación que el ghosting es una conducta exclusivamente masculina. Pero cabe resaltar que en nuestra sociedad patriarcal, los privilegios de género otorgados a los varones fomentan no solo la visión utilitaria hacia la mujer como territorio de conquista y propiedad, sino de minimización e invisibilización de sus legítimos necesidades y derechos.

A todo esto quiero agregar la ausencia básica de educación y respeto al otro. Cualquier persona con un mínimo de sentido de compasión y decencia, no huye de una manera tal vil.

 

¿Llega a ser justificable ghostear? Si sí, ¿cuándo es justificable hacerlo?

No. Siempre hay formas de decir “no quiero”, “no puedo”, “esto no marcha para mi”. Pero no dejo de cuestionar si alguien “enamorado del amor”, urgido por tener pareja, cuyo “modus operandi” es el whisful thinking (tanto lo deseo que pienso que por eso lo tendré) y además dependiente emocional, pueda haber omitido información importante dada por el “ghost” en cuestión durante los intercambios previos, información que daba cuenta de que él otro no estaba en la  misma línea de disponibilidad que él,  o bien que haya incluso invisibilizado advertencias o peticiones de la otra parte al punto de que el “ghost” –al no sentirse escuchado- prefiera desaparecer. Aún así, siempre se puede decir adiós, con un mail o con un chat.


Señales básicas de que la persona puede ser un “ghoster”

Para mi los 10 mandamientos de la ley del “ghost” serían…

  1. Si muestra un exagerado amor antes de tiempo…
  2. Si cambia acuerdos y cancela encuentros con frecuenta…
  3. Si repite en varias ocasiones que no sabe bien qué quiere…
  4. Si te comparte sus previas historias de “víctima” donde nadie le entiende y nada le sale…
  5. Si no aparece en ninguna red social…
  6. Si le cachas inconsistencias y mentiras…
  7. Si quiere ir demasiado rápido y presiona para obtener lo que quiere…
  8. Si no otorga datos personales después de un tiempo…
  9. Si no te esconde de su gente cercana -familia, amigos o compañeros de trabajo-…
  10. Si dice que NUNCA había tenido una relación comprometida como la tuya…

¡Pon mucha atención!

Todos tenemos dudas al iniciar una relación, todos tenemos carencias al buscar un amor y todos cargamos con contradicciones y ambivalencias en la vida, pero si sumas más de tres de las anteriores afirmaciones tienes que ser muy cuidadoso antes de involucrarte de más. No te precipites, toma distancia para observar y genera paciencia para reflexionar.

 

¿Tiene que ver esta actitud con alguna herida de la niñez?

A reserva de casos con francos transtornos de personalidad (como sociopatías y narcisimos), me parece que el ghosting es más una conducta de abuso y desconsideración que un trauma infantil.

Antaño las sociedades se organizaban en pequeñas comunidades humanas, no existían las comunicaciones digitales de hoy, y el anonimato era casi imposible. Las personas se conocían entre sí, a sus familias y sus ocupaciones. Además,  el tema del honor y la moral, -como lo muestran las novelas de Jane Austen, entre ellas Sentido y Sensibilidad y Orgullo Prejuicio, clásicos de la época Georgiana – estaba por encima de muchos valores y sobre todo de las necesidades individuales. Si el individuo en cuestión quería desaparecer, la coerción familiar y la deshonrra social le obligaban cumplir sus compromisos. Hoy, en la era de la postmodernidad, una mal entendida relatividad y subjetividad, puede hacer que le ética salte por los aires.

 

¿Qué consecuencias puede traerte a ti como ghoster?

Si tu estrategia de sobrevivencia es el desaparecer, más que consecuencias posteriores para tu vida habrías de cuestionarte si ya eres un fantasma “viviente” que esta desconectado de sí mismo y de su presente. Una actitud así da cuenta de que no solo no sabes lo que quieres, sino de que esa actitud “escurridiza” y evitativa que utilizas en las relaciones puede dar cuenta de tu imposibilidad de generar vínculos íntimos, de tu duda con respecto al tipo de relación que quieres construir, de tu temor a no ser querible y suficiente para retener a alguien a tu lado o bien de tu franco descuido y abuso hacia los demás. ¿Consideras que no tienes las competencias para proporcionar a otros y a ti mismo placer, confirmación o seguridad?. Todos tenemos derecho a vivir diferentes experiencias eróticas, afectivas y/o amorosas, a aprender de ellas y a crecer en el amor, pero nadie está autorizado para lastimar a otros a expensas del propio bienestar.

 

¿Qué consecuencias puede traer  a la persona a la que se la aplicas?

Las consecuencias para el “dejado” son perturbadoras y negativas. En primera instancia, y más en un país como el nuestro donde la inseguridad es una constante, surge el temor profundo de que le haya pasado algo al desaparecido. En un momento posterior viene la duda de que algún contratiempo en la vida del otro haya impuesto un silencio, y en medio de ansiedad y desasosiego, se deja abierta la posibilidad de una  reaparición y explicación. Cuando la ausencia es inminente aparecen los cuestionamientos obsesivos respecto a “¿fui yo?”, “¿qué hice mal?”, con una sensación de vergüenza ante el abandono y de pérdida de seguridad personal ante el no entendimiento de la decisión.  De esta etapa se puede pasar a la experiencia del enojo ante el descuido y el abuso y generarse una espiral de sentimientos lastimosos:  para culpa, temor,  tristeza, humillación y volver a saltar a la rabia ante la falta de consideración y la decepción.

Todo esto hace notar que el duelo se puede dificultar al no tener claro lo que pasó y ante el sentirse maltratado y abusado debido a la forma cobarde y canalla de desaparecer.  No sobra decir que poco hay que reflexionar sobre la conducta del desaparecido, el gran reto es analizar el grado de involucramiento emocional alcanzado durante el tiempo de convivencia, atravesar un duelo ambiguo por la falta de claridad, recuperar la paz interna y continuar la vida.

 

¿Cuál es la mejor forma de actuar si tú eres la víctima?

  • Detener los cuestionamientos en cuánto a la razones de la desaparición para frenar el círculo obsesivo mental que no tiene ninguna sin salida.
  • Experimentar el malestar emocional ante la pérdida –tristeza, enojo, decepción, miedo, culpa- y, al sentirlo, permitir que se vaya disipando.
  • Generar una explicación muy concreta pero convincente que aporte datos –aunque sean mínimos- de la incongruencia o falta de integridad de la persona desaparecida.
  • Atravesar el duelo vivido para sanar la herida. ¿Qué perdí además de perder a esa persona? ¿Ilusiones futuras? ¿Confianza en mi mismo?
  • Asimilar la experiencia integrando aprendizajes para el futuro.
  • Fortalecer la autoestima comprobando que estoy saliendo airoso de esta situación y crecido al avanzar con más certezas en la siguiente relación.

Si la situación no puede ser superada y queda un estrés postraumático muy pervasivo, puede ser que el “ghosteo” haya abierto heridas de abandono anteriores que requieran de una intervención profesional para poder entender y manejar mejor la historia personal.

Y ojo, siempre cabe la posibilidad de que el fantasma aparezca con “explicaciones fantásticas”, en tal caso, salvo en excepcionales y justificadas ocasiones, ¡no se da un a segunda oportunidad!

 

 

 

 

¿Mitos o realidades?

Para hablar de “madrastrasgo” hay que hablar de lo que es una Familia (o una Relación) Reconstituida.

La Familia Reconstituida es la relación formada por una pareja adulta en la que al menos alguno de los dos tiene un hijo de una relación anterior. Esta estructura familiar conlleva retos particulares pues al haber varios adultos a cargo de los hijos es necesario clarificar las obligaciones conyugales y parentales de cada uno de ellos.

Pero antes de llegar a ese punto y obvio antes de conocer a los hijos de tu pareja ¡Conózcanse ustedes como pareja! Y prepárate y entérate de algunas cosas que te comparto:

  • ¿Se están trabajando los duelos previos? Las familias reconstituidas tienen muchas pérdidas, ya sea por muerte de algún progenitor o por un divorcio. Se pierde, sino a una persona en forma literal, sí sueños, casa, un padre y una madre presente, en ocasiones al perro y la flexibilidad económica.
  • ¿Los padres biológicos tienen acuerdos concretos y explícitos sobre los hijos? (económicos, emocionales, sociales). Sin claridad en cuanto a qué toca a quién respecto a la crianza de los hijos biológicos los acuerdos de la nueva pareja se tornarán confusos y complicados.
  • ¿Se tiene claro lo que se espera de ti con respecto a tus hijastros? En ocasiones la nueva pareja tiene diferentes expectativas en relación al rol que se jugará con los hijos previos a su nuevo compromiso.
  • ¿Estás lista para no participar de todas las actividades que haga tu pareja con sus hijos? Es importante, si bien requiere de creatividad, flexibilidad y obvio, tiempo, contar de espacios diferenciados para el cultivo de la pareja, para convivir con los hijos biológicos y para la nueva familia.
  • ¿Se puede hablar con claridad sobre finanzas por aquello de “los tuyos, los míos y los nuestros? Es importante poner sobre la mesa el aspecto económico de la nueva relación, sobre todo cuando se abre la posibilidad de tener hijos en la nueva unión.

Una vez tomada la decisión de “entrarle” a una familia reconstituida hay que moverse con prisa pero con pausas. El acomodo de estas familias toma más tiempo que una familia intacta pues hay más variables en juego. A veces el nuevo amor, con un exceso de entusiasmo por “compensar” el pasado o en construir una familia “ideal”, puede ejercer presión sobre los hijos/hijastros a tener actitudes y realizar actividades que requieren de tiempo para ser procesadas y poderse instaurar. ¡No olvides ir paso a paso!

Tips para ser una madrastra correcta (no perfecta)

  1. Lo primero es asumir que ¡los hijos estaban primero!, lo cual no significa que no seas importante.
  2. Busca el mejor momento para conocerlos por primera vez. Cuándo te sientas preparada y tu pareja también. Ni antes ni después.
  3. No te posiciones de inmediato como una figuras materna. Esto se desarrolla paso a paso y con base a los acuerdos previos y a lo que se puede y se necesita en cada caso.
  4. Ubica tu rol. ¡No eres ni la mamá ni el papá! Hay que encontrar el lugar adecuado en el sistema familiar. Esto no significa que no tengas un lugar o que claudiques a tus necesidades.
  5. No asumas papeles que le corresponden a tu pareja o a su ex. Si te sobrecargas te resentirás rápidamente además de que estarás ocupando un lugar que no te corresponde.
  6. Ten claro tus límites. Reconoce no lo que “debería ser” sino lo que realmente puedes y lo que no puedes. Y se asertiva al compartirlos con tu pareja.
  7. No compitas. Ni por los hijos ni por la ex. Si bien se ha de tener claro el lugar que ocupa tu vida de pareja, recuerda que elegiste a alguien que llega a la relación con hijos/as y ex.
  8. Asegúrate que sea tu pareja quien te de tu lugar. Reclamar a los hijastros y a los ex que te traten de “X o Z” forma es un fracaso seguro y un pleito anticipado. Si tu pareja no se posiciona como “tu pareja” frente a sus hijos y ex es inútil y lastimoso quererte dar ese lugar.
  9. Deja a tu pareja lugares privados con sus hijos. No tienes que estar en todo y con todos. Cada subsistema familiar requiere sus tiempos.
  10. Ve ajustando tus expectativas a la realidad. Por más preparada que estés siempre habrá sorpresas. La adaptación es indispensable para poder avanzar.
  11. Relaciónate lo más cordialmente con la ex. Eso sí existe la posibilidad de lograrlo. Y sino ¡diplomacia siempre!
  12. Desahóga “tus penas” con tus amistades. No sirven los verdadazos con tu pareja, a ella aprende a plantearle lo esencial y con cautela.
  13. Sortea y negocia las barreras de otros círculos sociales. Amigos, colegas, familiares, no siempre reciben con el júbilo que podrías esperar.

Otros temas. No sirve tomarse como personal las reacciones de los hijastros. Recuerda que ellos viven:

  • Duelos en relación a los padres.
  • Conflictos de lealtades.
  • Adaptación a dos estilos y normas pues su familia es binuclear.

¡Pero esto no significa que has de tolerar groserías!

Una buena relación con tus hijastros no implica  amarse profundamente. A veces las expectativas “románticas” del vínculo que se “debe” a generar producen mucho dolor. El amor o el afecto con los hijastros se genera (o no) a través del tiempo, pero lo central no es “quererse y disfrutarse” profundamente, sino respetarse y cuidarse buscando lo que es oportuno y constructivo para cada uno de los integrantes de la nueva familia. Con suerte el afecto también llega.

 

Y recuerda ¡No todas las madrasteas son como las pintan! Puedes “pintar” un nuevo modelo siempre y cuando la situación, tu elección y la relación ofrezca  los colores y pinceles necesarios.

No demos por hecho que entendemos perfectamente a nuestros hijos y que sabemos lo que necesitan y quieren.

 

Para escucharlos hemos de tener presente su edad, su etapa evolutiva, su lugar en la familia y las circunstancias concretas que atraviesa en este momento de su vida, y muy importante, ¡su individualidad!. ¿Es muy sensible? ¿distraído? ¿impulsivo?

 

Escuchar activamente a tus hijos no solo permite una comunicación auténtica con ellos, sino reforzar un vínculo de conexión, comprensión y contención que les permite sentirse mirados, entendidos y cuidados.

 

¡Van los tips!

  1. Escúchate primero a ti. ¿Estás tranquilo? ¿Dispuesto? ¿Agitada? Primero decide si puedes estar presente “en cuerpo y alma” o si  es mejor proponer la escucha para otro momento.
  2. Haz contacto visual, de preferencia poniéndote a su altura para intercambiar miradas al mismo nivel.
  3. Presta atención a su lenguaje verbal pero también al no verbal.
  4. Mira a la cara, asiente con la cabeza y refleja expresiones faciales congruentes con aquello que está explicando.
  5. Refleja en lenguaje sencillo lo que escuchas para verificar que comprendiste lo que te dice.
  6. Si es necesario, para mostrar tu interés y tener mayor claridad, pregúntale detalles para corroborar que le has comprendido.
  7. Incluye, en lo que le dices, los sentimientos explícitos o implícitos que te expresa para que él los pueda reconocer y nombrar también.
  8. Muestra empatía, es decir, demuéstrale aceptación y comprensión ante lo que dice y siente. “Entiendo lo que me expresas”, “imagino cómo te sientes”. Ser empático implica no invalidarlo, rechazarlo o juzgarlo.
  9. Indaga junto con él, a través de preguntas sencillas, la forma en que lo puedes ayudar. No saltes rápidamente a dar consejos y letanías, tampoco manipules las soluciones. Hacerle preguntas acertadas pueden ayudarlo, incluso, a reflexionar y encontrar soluciones solo.
  10. Si aún es necesario, haz con él una lluvia de ideas para tomar acciones adecuadas y cerrar la conversación.

 

Al principio te sentirás extraño aplicando estos tips, pensarás que saber escuchar es difícil, pero verás que con la práctica no solo no es complicado sino que tus hijos se sentirán entendidos, respetados y contenidos por ti. Y te cuento: ¡justo esto es lo que constituye el verdadero amor!.

 

El placer sexual es el más fuerte de los placeres. La relación erótica a nivel corporal nos proporciona la experiencia más placentera que podemos sentir: el orgasmo. Pero además de la respuesta genital, en los humanos, el instinto se transforma en placer y el placer en erotismo: el erotismo surge del cultivo de la excitación, es la búsqueda intencionada del placer.

 

¿Por qué muchas personas se sienten culpables al experimentarlo?

Definamos la culpa como la experiencia de sentirnos malos, inmerecedores, agobiados, ansiosos, avergonzados, egoístas, perversos, entre otras cosas, por que nuestra conducta no corresponde a un código moral interno que incluye normas conscientes y normas inconscientes, generalmente introyectadas  en nuestra infancia, provenientes no solo de nuestros padres y maestros, sino de una cultura que permea todas nuestras creencias.

Pero existe una culpa funcional y una disfuncional. La primera nos señala que hemos transgredido algo valioso e importante. Este sentimiento nos  ayuda a resolver un problema, a cuidar de uno mismo y de los demás, y reparar los daños causados. La culpa disfuncional sólo añade sufrimiento a nuestra vida y produce no solo malestar sino parálisis también. ¿Cómo hacer distinciones? Si la norma transgredida es actual y viable de cumplir, si la hemos elegido libremente y si está basada en principios éticos, es probablemente sano y oportuno que experimentemos cierta culpa. Pero si la norma nos fue impuesta por otra persona, por la sociedad, por la iglesia, y no la hemos elegido por cuenta propia, no nos hace sentido, ni tiene ningún valor en nuestras circunstancias particulares, y ni nos daña a nosotros ni viola los derechos de los demás, los sentimientos de culpa serán poco productivos y viviremos en una agónica tortura.

 

Origen de nuestras culpas sexuales

La base del pensamiento occidental que construye nuestro mundo de creencias se basa en la filosofía griega, la tradición judeocristiana y el patriarcado. La prime consideraba una dualidad entre espíritu y cuerpo y  después entre mente y cuerpo, considerando siempre superior a la primera que a la segunda. El cristianismo ensalza el dolor con la idea de que fortalece el espíritu, penaliza el placer al cual considera sucio, riesgoso e indomable. Y por último, el patriarcado, sistema jerárquico donde los hombres y todo lo masculino enarbola el poder y los privilegios, condona a los hombres lo que condena en la mujeres. Todo junto suma a mayores culpas en las mujeres puesto que la división entre ser “virgen” y respetada, a “puta” y despreciada, sigue vigente en muchos contextos.

Todo esto termina influyendo nuestros contextos familiares, escolares, laborales y sociales y aterriza en cada historia personal. ¿Aprendimos o no a experimentar el placer? ¿Se nos enseñó a sentirnos a gusto con nuestro cuerpo? ¿Se respeto nuestro sexo y la expresión de nuestra sexualidad?

¿Cómo liberarse de la culpa ante el placer sexual?

  • Reconocerla cuando se manifiesta con malestares físicos, con rechazos corporales, con adicciones.  O bien cuando aparece como una ansiedad difusa o una represión costosa. También se asoma con autoreproches y autocastigos.
  • Ponerle nombre, saber que es culpa y no otra cosa.
  • Rastrear de dónde viene. Reconocer su particular origen en nuestra historia, que incluye desde mandatos constantes, rechazos inconscientes, hasta amenazas y castigos puntuales.
  • Crear la propia escala de valores sexuales. Actuando con base en principios y no en creencias erróneas y Reconocer que solo lo que no es oportuno y constructivo para uno y para los demás es lo que pone en riesgo nuestra integridad.
  • Cambiar la narrativa del sexo individual y cultural. Informarnos a través de libros, cursos, cine, arte, terapias, sobre lo bueno, lo bello y lo correcto de la sexualidad.
  • Tomar acciones que contrapongan nuestros temores. Aventurarnos, en contextos seguros y con personas confiables, a vivir una sexualidad libre de temores, novedosa, acorde a lo que deseamos y a quienes somos.
  • Consertir el deseo, buscar el placer, activar la excitación. Y volver a disfrutar.

 

Hagamos de nuestros deseos bien gestionados pequeños paraísos terrenales, porque no somos ángeles, somos seres humanos.

Cuando sí se requiere consultar a un profesional…

 

Habitamos un mundo que nos presenta cotidianamente multiplicidad de retos a enfrentar. La vida se ha enriquecido con los avances científicos y sociales y al mismo tiempo se ha vuelto complicada: los cambios acelerados y la necesidad de adaptarnos a ellos – el estilo de vida veloz y demandante, la multiplicidad de escenarios posibles a elegir: en el trabajo, en las relaciones, en los estilos de vida familiar, el progreso tecnológico que nos facilitan la vida y nos acercan a la gente al tiempo que nos individualizan y segregan -,  generan con frecuencia una infinidad de efectos en nosotros que difícilmente podemos entender y manejar.

Sin adentrarnos al mundo médico, donde el asunto de la “enfermedad mental” es el punto central de la intervención psiquiátrica, cabe distinguir algunas situaciones y desafíos que generan un sufrimiento emocional, – en ocasiones innecesario, en ocasiones indispensable para movernos hacia una situación de vida mejor -, siempre utilizable a nuestro favor: para entendernos, trabajar en nosotros mismos, transformarnos y manejar nuestra vida mejor.

El pedir ayuda terapéutica profesional, aún en pleno siglo XXI, tiene en ciertos contextos un sesgo de anormalidad, debilidad, locura y deficiencia. Es llamativo, por el contrario, que en otros espacios sociales, el haber asistido a terapia o contar con algún tipo de experiencia psicoterapéutica, es símbolo de estatus, de “caché”, requisito de pertenencia e incluso un “control de calidad”.

Más allá de los juicios y prejuicios en relación a la psicoterapia, muchos de nosotros, antes que después, hemos vivenciado el sentirnos:

  • atrapados ante algún problema que nos rebasa
  • atemorizados y extrañados por algún síntoma que persiste – insomnio, angustia, pensamientos obsesivos, cansancio –
  • desconcertados al experimentar un dolor profundo y un sufrimiento intenso que no podemos ni superar ni manejar

Incluso en la mayoría de los casos, ni siquiera entender…

Son diversas las reacciones que podemos tener ante estos malestares físicos y emocionales:

  • Algunos conversamos con amigos, leemos algún material relacionado al tema que nos acontece, hacemos ejercicio, y confiamos que con que estás acciones solucionarán nuestro problema.
  • Otros cuestionamos si la intensidad de nuestro sufrimiento es suficiente como para pedir ayuda: tememos exagerar y tememos aún más ser “entre raros y anormales”. A veces dejamos pasar mucho tiempo, doliéndonos en la soledad, antes de solicitar apoyo profesional.
  • Algunos más nos damos cuenta que nuestro desequilibrio tiene que ver con algún evento doloroso que estamos enfrentando: la pérdida de un empleo, un duelo por muerte o separación, el cambio de vivienda, la partida de los hijos… pero aunque podemos entender racionalmente lo que nos ocurre, no logramos acallar ni aliviar el sufrimiento que sentimos.
  • Hay quienes dejamos pasar los días confiando que “el tiempo todo lo cura”, hasta que una franca serie de síntomas se apodera de nosotros trastocando nuestro bienestar emocional.

 

Hay situaciones particulares que sin duda ameritan consultar a un profesional. Parece mentira como en caso de situación laborales emprendemos cursos de capacitación, adquirimos equipo de trabajo, consultamos a asesores varios expertos en su materia, y por el contrario, en asuntos personales, pensamos que “echándole ganas”, con energía, paciencia y buenas intenciones, los problemas se resolverán.

Si bien el paso del tiempo, los consejos de los amigos, las lecturas oportunas, y el ejercicio, son siempre aliados valiosos para resolver conflictos y transitar experiencias dolorosas, no siempre son intervenciones suficientes para repuntar. Agrego, que una pérdida, un problema, una crisis, normalmente remueve asuntos del pasado, vivencias de tiempo atrás que, o bien no se resolvieron en su momento, o ni siquiera se reconocieron como factores lastimosos a considerar. Las crisis presentes generalmente invitan a repensar el pasado y a resignificarlo, a aumentar nuestro conocimiento personal y a desarrollar nuestros recursos a favor de una vida con mayor agencia personal.

 

¿Qué es entonces la psicoterapia? Una psicoterapia es un espacio íntimo con un profesional de la salud mental, donde se puede trabajar conjuntamente a través de la palabra – y de otras técnicas dependiendo de la especialidad del terapeuta- , para conseguir los recursos y estrategias que generen los cambios necesarios para aliviar y si es posible, eliminar, aquellas situaciones, conductas, pensamientos o síntomas que están generando un malestar en nuestra vida personal. No se trata de eliminar “lo que no nos gusta”, sino entender el mensaje del síntoma, del malestar, del problema, para darle una salida oportuna y constructiva y mejorar así la calidad de nuestra vida.

Los psicoterapeutas, – que en su mayoría son psicólogos, psicoanalistas o psiquiatras, pero que también los hay pedagogos, trabajadores sociales, sociólogos, entre otros –  son especialistas que se han formado para entender y conocer el comportamiento humano: profundizar en el tema de las emociones y los sentimientos, en las razones que mueven la conducta de las personas, en  las características de sus relaciones y en todos los mecanismos que nos llevan  a ser las personas que somos.

Un psicoterapeuta cuenta con los conocimientos, las herramientas y las técnicas para evaluar la situación del consultante, establecer las bases de su malestar y acompañarlo a través de un proceso a conocerse, manejarse y resolver sus dilemas y malestares.

El objetivo de un proceso de terapia es mejorar la calidad de vida de quien consulta a través de un cambio en su conducta, en sus actitudes, en sus pensamientos o en sus afectos. Sin pensar en soluciones mágicas ¡es sorprendente observar que a veces el cambio inicia desde el momento mismo en que se solicita la primera consulta!.

 

¿Qué tipo de psicoterapias existen? ¿Son todas iguales?

            Existen diversas y variadas corrientes y enfoques dentro de la psicoterapia. Sus diferencias radican en los conceptos teóricos en que se basan y en las técnicas de intervención que utilizan para favorecer el cambio. El ser humano tiene la capacidad de pensar, sentir, y actuar: quizás la primera distinción entre los diferentes enfoques terapéuticos consistiría en intervenir y generar el cambio en el ámbito de la conciencia y la razón, en el mundo afectivo o bien en la conducta del consultante a través de la acción. Sin duda somos seres complejos y relacionales, con un mundo consciente e inconsciente, de ahí las diversas posibilidades de promover la transformación.

Algunas de los abordajes más comunes son:

Psicoanálisis

Logoterapia

Terapia Gestalt

Terapia cognitiva

Terapia conductual

Terapia familiar

Terapia de pareja

Entre otras…

Cada uno de estos abordajes terapéuticos pretende ofrecer salida a diferentes problemática. No es lo mismo un problema de duelo por una separación que una agorafobia; no se trabaja igual con una experiencia de vacío existencial que con una franca depresión. Por esto, la especialización de quienes ejercemos la psicoterapia requiere de unos principios y de un proceso de formación y experiencia en su ramo particular. Del mismo modo, tú como consultante, tienes que distinguir someramente la naturaleza de tu malestar para acudir con el profesional indicado.

Dentro de esta gran diversidad de opciones terapéuticas, existen dos características que las unifican a todas:

– El contacto directo y personal entre el psicoterapeuta y quien consulta, principalmente a través del diálogo.

– La calidad de la relación terapéutica que implica una relación de ayuda destinada a generar el cambio en quien consulta.

 

¿Cómo reconocer que requiero pedir ayuda profesional?

            No vale la pena llegar a un sufrimiento extremo o a sentirse asfixiado y hundido para acudir a terapia: detectar el síntoma a tiempo te facilitará una más sencilla y rápida solución.

Cuando sientas un malestar que no logras solucionar tras dos o tres intentos, y observas que dicho malestar se mantiene por un periodo sostenido de tiempo, es el momento de solicitar ayuda profesional.

Te comparto algunos puntos que te permitirán evaluar si te ha llegado  el momento de consultar:

  • Piensas que todo te sale mal y pierdes la esperanza de que esa situación vaya a cambiar.
  • Experimentas habitualmente tristeza, falta de ilusión, flojera y apatía.
  • Te sientes desesperado.
  • Requieres de usar alguna sustancia o estar con alguna persona para que funcione tu vida.
  • No puedes disfrutar las cosas buenas que pasan en tu diario vivir.
  • Con frecuencia te sientes mal de salud o presentas síntomas físicos sin un claro origen.
  • Lo que sientes y lo que piensas no es acorde a las situaciones que vives.
  • Entras constantemente en conflicto con otras personas y se están afectando tus relaciones.
  • Quieres cambiar algunas conductas pero no sabes cómo, o intentas cambiar pero no lo logras.
  • Estás paralizado y no puedes tomar acciones para mejorar tu situación.
  • Sentimientos fuertes se apoderan de ti y te impiden tener la vida que deseas.
  • No estás pudiendo funcionar en la vida cotidiana y esto te está perjudicando.
  • Te sientes solo e incomprendido.
  • Percibes tu entorno amenazante.
  • Recurrentemente te dices: ¡necesito ayuda!

Si presentas dos o tres de estos indicadores por un periodo de al menos tres meses requieres tomar acción y pedir ayuda. Es de sabios derrotarse y consultar.

No olvides que la psicoterapia no solo es útil en caso de problemas, también funciona como medida de prevención. Anticipa crisis innecesarias y evita riesgos desmedidos consultando a tiempo y equipándote con los recursos que te permitirán prevenir consecuencias negativas para tu persona y tus relaciones.

La psicoterapia también funciona para aquellos que quieren conocerse más, entenderse y aceptarse, en aras de una vida más plena, de una vida mejor…

 

“Siempre hay una voz en tu cabeza que te dice:

<si te rindes ahora, tu esfuerzo habrá sido en vano>”

 

 

  • Ando con Pepe después de muchos años de que me gusta y de ir en contra de la voluntad de mis papás. Hoy me siento invisibilizada y poco considerada por él, no me busca, no le interesa ni mis conversaciones ni mi persona, pero no puedo dejarlo. ¡He renunciado a tanto por esta apuesta amorosa!

 

¿Te sientes identificado con esta situación? Quizás padeces el “costo hundido”. Si ya le invertí a algo tiempo, dinero y esfuerzo, le seguiré “echando ganas” porque ahora me tiene que salir. A veces pasa con un negocio que está quebrando, con una casa que se está cayendo, con una amistad tóxica, o con un amor que no da para más.

            El costo hundido, al cual también se le conoce como costo irrecuperable o pérdida imborrable se trata de un sesgo cognitivo que nos lleva a una distorsión de la realidad, a una interpretación ilógica de los hechos y, en síntesis, a actuar de manera irracional. La trampa mental de los costos hundidos consiste en pensar que el haber puesto muchos recursos en algún proyecto en el pasado, es razón suficiente para no abandonarlo en el presente. Hay un empeño o un apego en no rendirse como si el anhelo, el tesón y la intención permitieran recuperar la inversión.

¿A ver perdido lo suficiente es razón para continuar desperdiciando recursos y tiempo por no afrontar el error inicial o el fracaso parcial del proyecto en curso? Sin esperanza real de éxito no hay salida. ¡Hay que parar!

 

Valores secundarios del costo hundido

En ocasiones existen factores secundarios que sostienen un proyecto que va a pique: sostener un negocio quebrado porque ahí se entretiene mi mamá, quedarme con un marido violento para que mi hijo se recupere de una enfermedad, o seguir una carrera que no me funciona, porque ya estudié mucho de la materia.

El problema es que muchas personas caen en la falacia y sostienen un proyecto cuando los efectos colaterales también están mermados o cuando ni siquiera reporta tales beneficios en realidad.

 

¿De dónde viene el “optimismo” y necedad para perseverar?

  1. Desagrado de perder.
  2. Vergüenza por fracasar.
  3. Carácter empecinado.
  4. Miedo al cambio.
  5. Pensamiento mágico.
  6. Conductas compulsivas.
  7. Falta de sentido de vida.

 

Observarás que todos estos factores se sustentan en ideas erróneas de lo que son las relaciones, el éxito, el bienestar y la vida en general.

 

Tips para salir, para no caer y  recaer…

  • Escribe lo que hasta hoy ya has perdido por no moverte de lugar.
  • ¿Cuánto más estás dispuesto a perder? Ponte límites en tiempo, dinero y esfuerzo.
  • No decidas conforme a lo que sientes –frustración, miedo, vergüenza- sino conforme a los datos reales y racionales.
  • Pide retroalimentación a una persona de tu confianza.
  • Evalúa lo que sí te dio tu pasada elección y piensa cómo esa experiencia ya es una ganancia.
  • Entiende tus errores y aprender de ellos.
  • Distingue entro lo perfecto y lo bueno.
  • Atraviesa el duelos necesario por la pérdida que sí tendrás.
  • ¡Ríndete! Rendirse es también de valientes.
  • Siente la fortaleza que te aporta el poder soltar.
  • Ponte un impermeable “al qué dirán” y libérate de la opinión ajena.
  • Visualiza el futuro sintiendo la ligereza de lo que ya no tendrás que cargar.

 

Para cerrar

Toda acción humana tiene riesgos y áreas de oportunidad. Al empecinarte con una carrera que no te gusta, un proyecto que no tiene “ni pies ni cabeza” y una relación que es pobre o lastimosa, estás renunciando a otras posibilidades que seguramente se ajustan mejor a los intereses, valores, necesidades y deseos de quien eres hoy. La vida es corta como para desperdiciarla en algo que no te está funcionando. Cambia de página y lejos de clavarte con el “costo hundido” atesora la “inversión de lo ganado” y vuelve a empezar.

 

 

 

Si no quieres precipitar una ruptura antes de ver si pudo ser algo más

 

No hay duda que hombres y mujeres hemos sido socializados (educados) diferente con respecto a muchos temas, pero uno diametralmente opuesto es el centralismo que las mujeres le damos al amor y a la vida de pareja.

 

Cuántas mujeres en los verdadazos me preguntan:

  • Me encanta, ¿le digo que lo amo?
  • Cuando salimos y me dice que me extraña, ¿le pregunto que si siente algo serio por mi?
  • Somos muy parecidos y disfrutamos mucho, ¿le digo que qué somos?

Todas son distintas variables de declararle el amor

 

De manera simple y general:

– Los hombres construyen su identidad por sus logros profesionales. No urgencia de comprometerse. (Hasta miedo, en muchos casos, de comprometerse).

– Las mujeres construyen su identidad por sus logros amorosos.Urgencia de comprometerse.

 

Cuáles son los momentos en los que NO ES ESTRATÉGICO decirle que lo amas:

            

    • 1. En la primera cita.Aunque exista el amor a primera vista y te sientas conquistada por él.

– Además da cuenta de impulsividad, urgencia, ansiedad e inmadurez.

    • 2.En las primeras (o la primera noche juntos).Aunque les haya salido de 10 el numerito.
    • – Los hombres disocian más fácilmente sexo de amor y aún una excelente relación sexual no les significa necesariamente una posibilidad de algo más.
    • – Durante la intimidad se liberan hormonas de felicidad y podemos incluso confundir “encul… “ con amor. Y ojo, el buen sexo sí vincula… 
  1. Cuando está recién salido de una ruptura. 

– Su energía está más en el proceso de duelo que en el inicio de una relación.

  1. Si tú estás pasando por una situación muy necesitada y de crisis.

– Quizás estás confundiendo el amor con la tristeza, la soledad, el miedo.

  1. Cuando aun aparece y desaparece, aunque la pasen super esporádicamente.

– Muy probablemente anda en “otra” o con otras y no está listo para amores serios.

  1. Bajo tus o sus efectos del alcohol.

– En ambos casos no lo tomará en serio. 

  1. En una fiesta rodeado de sus amistades o familiares.

– Probablemente su energía está muy dividida además de que no sabes qué versión ha dado él de la relación.

  1. Cuando empiezan a hacer algún plan a futuro sin haber definido la relación.

– Es probable que estén en la etapa de experimentación con más estructura pero eso no significa otro tipo de compromiso amoroso.

  1. Cuando ya te dijo que no quiere algo comprometido o que de plano no cree en el amor.

– Ni la fuerza de tu amor lo hará cambiar de opinión.

 

Decir te amo, palabras tan poderosas, íntimas e importantes, no pueden decirse a la ligera. Por eso es importante:

    

1¿Por qué quieres decirle que lo amas?

2. ¿El ha hecho alguna insinuación que te hace pensar que quiere saber?

3. ¿Checas sí lo que sientes es atracción, enamoramiento, inseguridad o ansiedad?

4. Dilo sin esperar respuesta

5. Asume que el puede sentir que no está en ese canal y se retira.

Me encanta que las mujeres tomemos la iniciativa, sin duda, pero seamos sinceras y también sensatas.

 

 

Todos experimentamos emociones, éstas tienen como finalidad que nuestro organismo se oriente a su supervivencia y bienestar. Lo que hacemos y aprendemos en relación a las emociones y los sentimientos que de ellas derivan, está moldeado por la cultura: si hemos aprendido de nuestros padres o de nuestros maestros, que los sentimientos y emociones no deben manifestarse ni expresarse, nos sentimos vulnerables ante ellos y no sabemos manejarlos cuando surgen en nuestro interior.

Los sentimientos no son ni buenos ni malos, lo que sí hacen es producir energía positiva o negativa por lo cual hay que saberlos canalizar. Los sentimientos y emociones no reconocidos, expresados y aceptados hacen que su efecto doloroso se prolongue, produciendo agresión, represión y depresión, las cuales nos drenan energía para disfrutar la vida y conectarnos amorosamente con los demás.

Las emociones tienen todo un lenguaje propio que hay que escuchar ya que resumen lo que hemos vivido, tanto grato como doloroso. Reflejan nuestra historia, nuestras preocupaciones y nuestros anhelos y temores futuros. Confiar únicamente en el intelecto es una estrategia limitada y a veces inhumana de aprender y vivir.

La Inteligencia Emocional es la capacidad de reconocer los propios sentimientos y emociones, entenderlos y manejarlos adecuadamente para interactuar con uno mismo y con el entorno. A su vez, la Inteligencia Emocional incluye la competencia de poder percibir en los demás la existencia de su propio mundo emocional, es decir, de reconocerlo sin que eso signifique asumirlo e interpretarlo, sino estar abiertos a escucharlo, entenderlo y posicionarnos respecto a él.

La Inteligencia Emocional implica un conjunto de conocimientos, habilidades y capacidades intrapersonales, es decir de yo conmigo mismo, e interpersonales, es decir, de yo con los demás. Citemos brevemente: 

Habilidades intrapersonales

  1. Autoconocimiento. Es la capacidad de saber qué ocurre en nuestro interior y reflexionar sobre ello.
  2. Autocontrol. Consiste en regular nuestros impulsos y acciones, autogestionar lo que sentimos, tolerar la frustración, posponer la gratificación y responder oportunamente a los eventos que nos acontecen.
  3. Automotivación. Incluye nuestra pasión por la vida. Esta pasión que deriva de saber lo que es bueno, bello, correcto, interesante y valioso para nosotros.

 

Habilidades Interpersonales

  1. La comunicación auténtica
    1. Empatía. Nos permite reconocer al otro con su propio mundo de emociones, valores y necesidades; entenderlo y respetarlo.
    2. Nos facilita legitimizar y actuar con base en nuestros propios intereses o necesidades.
  2. Habilidades sociales. Existen otras competencias importantes para construir relaciones sociales con quienes nos rodean, entre ellas el positivismo, el cuidado personal, el don de palabras, la responsabilidad por la propia vida.

 

 

 

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.