“Siempre hay una voz en tu cabeza que te dice:

<si te rindes ahora, tu esfuerzo habrá sido en vano>”

 

 

  • Ando con Pepe después de muchos años de que me gusta y de ir en contra de la voluntad de mis papás. Hoy me siento invisibilizada y poco considerada por él, no me busca, no le interesa ni mis conversaciones ni mi persona, pero no puedo dejarlo. ¡He renunciado a tanto por esta apuesta amorosa!

 

¿Te sientes identificado con esta situación? Quizás padeces el “costo hundido”. Si ya le invertí a algo tiempo, dinero y esfuerzo, le seguiré “echando ganas” porque ahora me tiene que salir. A veces pasa con un negocio que está quebrando, con una casa que se está cayendo, con una amistad tóxica, o con un amor que no da para más.

            El costo hundido, al cual también se le conoce como costo irrecuperable o pérdida imborrable se trata de un sesgo cognitivo que nos lleva a una distorsión de la realidad, a una interpretación ilógica de los hechos y, en síntesis, a actuar de manera irracional. La trampa mental de los costos hundidos consiste en pensar que el haber puesto muchos recursos en algún proyecto en el pasado, es razón suficiente para no abandonarlo en el presente. Hay un empeño o un apego en no rendirse como si el anhelo, el tesón y la intención permitieran recuperar la inversión.

¿A ver perdido lo suficiente es razón para continuar desperdiciando recursos y tiempo por no afrontar el error inicial o el fracaso parcial del proyecto en curso? Sin esperanza real de éxito no hay salida. ¡Hay que parar!

 

Valores secundarios del costo hundido

En ocasiones existen factores secundarios que sostienen un proyecto que va a pique: sostener un negocio quebrado porque ahí se entretiene mi mamá, quedarme con un marido violento para que mi hijo se recupere de una enfermedad, o seguir una carrera que no me funciona, porque ya estudié mucho de la materia.

El problema es que muchas personas caen en la falacia y sostienen un proyecto cuando los efectos colaterales también están mermados o cuando ni siquiera reporta tales beneficios en realidad.

 

¿De dónde viene el “optimismo” y necedad para perseverar?

  1. Desagrado de perder.
  2. Vergüenza por fracasar.
  3. Carácter empecinado.
  4. Miedo al cambio.
  5. Pensamiento mágico.
  6. Conductas compulsivas.
  7. Falta de sentido de vida.

 

Observarás que todos estos factores se sustentan en ideas erróneas de lo que son las relaciones, el éxito, el bienestar y la vida en general.

 

Tips para salir, para no caer y  recaer…

  • Escribe lo que hasta hoy ya has perdido por no moverte de lugar.
  • ¿Cuánto más estás dispuesto a perder? Ponte límites en tiempo, dinero y esfuerzo.
  • No decidas conforme a lo que sientes –frustración, miedo, vergüenza- sino conforme a los datos reales y racionales.
  • Pide retroalimentación a una persona de tu confianza.
  • Evalúa lo que sí te dio tu pasada elección y piensa cómo esa experiencia ya es una ganancia.
  • Entiende tus errores y aprender de ellos.
  • Distingue entro lo perfecto y lo bueno.
  • Atraviesa el duelos necesario por la pérdida que sí tendrás.
  • ¡Ríndete! Rendirse es también de valientes.
  • Siente la fortaleza que te aporta el poder soltar.
  • Ponte un impermeable “al qué dirán” y libérate de la opinión ajena.
  • Visualiza el futuro sintiendo la ligereza de lo que ya no tendrás que cargar.

 

Para cerrar

Toda acción humana tiene riesgos y áreas de oportunidad. Al empecinarte con una carrera que no te gusta, un proyecto que no tiene “ni pies ni cabeza” y una relación que es pobre o lastimosa, estás renunciando a otras posibilidades que seguramente se ajustan mejor a los intereses, valores, necesidades y deseos de quien eres hoy. La vida es corta como para desperdiciarla en algo que no te está funcionando. Cambia de página y lejos de clavarte con el “costo hundido” atesora la “inversión de lo ganado” y vuelve a empezar.

 

 

 

De una u otra forma, con mayor o menor empeño, a la mayoría de las personas nos gusta estar acompañadas de una pareja. Si bien los vínculos familiares y amistosos son de gran riqueza e intimidad, existe –más allá de la atracción física y el deseo sexual que no son algo menor– el anhelo de formar parte especial de la vida de otro y que ese alguien acompañe la nuestra de manera particular.

Te comparto algunas de las cosas que hemos de considerar para iniciar una relación con menos riesgo de “meter la pata”:

  1. “Acomoda tus cajones” antes de iniciar una nueva relación. Es decir, si tienes círculos amorosos que no has cerrado bien, si te quedan duelos pendientes, es momento de darle cabida a la pérdida, a la sensación de fracaso y dejar ir esa relación.
  2. Para evitar el “pan con lo mismo” observa que tipo de relaciones hiciste con anterioridad: ¿de dependencia?, ¿de control?, ¿de sometimiento? Reconoce la forma en que te enganchas para cuestionar el porqué de ese patrón.
  3. ¿Por qué estamos solos? Cuestiona si eres tú quien desea estar en pareja o si te sientes presionado por tu entorno social, familiar, o laboral. No siempre estamos con deseo de tener pareja, y se vale vivir de formas poco convencionales la vida personal.
  4. Cuestiona ideas “mágicas” sobre el amor como “el amor todo lo puede”, “el amor todo lo soporta”, “el amor es eterno”, “el amor perdona cualquier cosa”, “el amor es vivir siempre enamorado”. Todas y cada una de ellas, al pasar el tiempo, te llevarán a una desilusión.
  5. Ser atractivo implica ¡Atraer! El amor es un intercambio que permite el enriquecimiento de ambas partes. Checa qué quieres que el otro te dé, pero sé claro de lo que tú también aportas a la relación.
  6. Di adiós al miedo al rechazo. No somos “monedita de oro”. Que alguien no te quiera no significa que no seas querible. El que no arriesga (inteligentemente), nunca se conocerá, nunca aprenderá amar, y no podrá capitalizar la experiencia de los fracasos amorosos.
  7. Aprende a ser seductor en todo el sentido de la palabra, es decir a mostrarte responsable de ti mismo, alegre, abierto, curioso. Muestra cuidado de tu persona, de tus palabras, de tus posesiones. Juega con las palabras, comparte su saber y tu experiencia. Seducir es hacer que el otro se interese por ser parte de tu mundo y de tu vida.
  8. Ten una vida llena de pasiones de modo que el amor no sea tu único proyecto de vida. Ama, sí, cuando haya a quién amar, pero enamorate de tu vida personal.

 

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No todos los conflictos en la pareja significan que la pareja sea conflictiva pero a veces construir un proyecto de vida puede ser complejo: permitir la cohesión para la estabilidad y mantener la ilusión para la motivación es necesario para que ésta crezca.

Lograr ese equilibrio requiere de un cuestionamiento sobre lo que le conviene preservar de la relación y lo que se requiere innovar. No confundamos la necesaria estructura que toda pareja requiere para su estabilidad con la rutina rígida y monótona que termina en el aburrimiento.  Por tanto para evitarlo se debe sortear la rutina y eso se logra primero con ciertas actitudes de cara a la relación y después con ciertas actividades a poner en acción.

 

Actitudes para evitar la rutina

No quiero hacer un listado “things to do”, que cualquiera podría mencionar, sin aclarar que sin la disposición personal hacia la novedad, no hay actividad que se pueda ni implementar ni disfrutar. Así que veamos los “prerrequisitos” para sortear la rutina:

  1. Aprende a mirar a tu pareja con curiosidad. Asume que no se le conoces del todo.
  2. Adiestra tu don de palabra. Tener algo que decir da cuenta de tu inteligencia, quererlo compartir muestra tu determinación y usarlo en la conversación es un ejercicio de voluntad. Infórmate e introduce contenidos estimulantes a tus diálogos.
  3. Desarrolla la habilidad de generar estados emotivos de relativa intensidad, emociones suficientemente fuertes que den relevancia a la interacción y resulten conmovedoras.
  4. Tolera cierta incertidumbre abriéndote a no tener todo excesivamente programado. ¡Aplica el factor sorpresa!
  5. Integra cierto matiz transgresor en tu vida. Siempre resulta interesante quien puede invitar al otro a vivir una cierta rebeldía, algo —si se quiere— un tanto “vergonzoso”.
  6. Sostén cierto enamoramiento, éste se basa en el respeto y la admiración y permite matizar la dura realidad y por tanto la capacidad de seguir asombrándose del otro.

 

Actividades para desafiar la rutina.

Romper la rutina de pareja implica intercambios dentro y fuera de casa, pero no siempre es necesario hacer grandes inversiones económicas para generar diversión y novedad. .¿No se te ocurre nada?, aquí van algunas propuestas:

  1. Toma clases de baile o bien implíquense juntos en algún reto deportivo.
  2. Aviéntate un maratón de cine en la cineteca un fin de semana.
  3. Prepara un picnic en un parque público o una reserva segura y sorpréndase con algo rico para compartir.
  4. Organiza un club del libro con amigos, o bien torneos de algún juego de mesa. Amigos que ves poco pero tienen vidas interesantes y aficiones que les sumen.
  5. Checa las exposiciones y eventos culturales –pintura, música, escultura, fotografía– que ofrece tu colonia o tu ciudad.
  6. Cocinen juntos cosas sencillas.
  7. Tomen algún curso online de interés común.
  8. Mueve los muebles y adornos de casa para crear espacios diferentes.
  9. Realiza hikings citadinos y conoce tu ciudad o población. Date paradas para tomar un café, visitar una galería, incluso rentar una bicicleta.

 

Y no te olvides que “tú y yo” no somos uno mismo”. Cada uno requiere enriquecerse en lo personal con espacios privados que cultiven los propios intereses, gustos, sueños y amistades para generar vitalidad individual y poder sumar a los encuentros de pareja. El problema del exceso de unión nos lleva también a otro problema: ¡la saturación!

 

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El “fast love”, fácil y rápido, así como la “fast food”, está de moda. Es por eso que las parejas difícilmente duran más de lo que el enamoramiento les pueda dar. El enamoramiento se puede dar en un “flechazo” pero el amor se cuece “a fuego lento”.

Por eso considero que el “propedéutico” individual que nos prepara para elegir una pareja mejor y fluir bien en el intercambio amoroso ha de ser considerado.

Aquí te comparto algunas preguntas que señalan los prerrequisitos imprescindibles para construir una buena vida de pareja.

 

1. ¿Me conozco? El autoconocimiento te permite elegir mejor y también respetar tus necesidades, intereses y valores dentro de la relación. Ver a qué puedes renunciar y que estás dispuesto a negociar y qué no.

 

2. ¿Tengo una forma de ganarme la vida? Es importante entrar a una relación con la competencia de abastecerte de lo suficiente para vivir y ser menos vulnerable al control del otro. La independencia económica también favorece la igualdad en las negociaciones.

 

3. ¿Me siento con suficiente autonomía emocional? “No solo de pan vive el hombre”. La autonomía emocional es la capacidad de legitimar tus deseos, necesidades, intereses, valores y los límites que necesitas poner al otro para poder satisfacer tus requerimientos básicos. La autonomía emocional te facilita respetarte sin tener que romper, distanciarte o cerrarte del todo a tu pareja.

 

4. ¿Mi vida tiene sentido? Conocer mis pasiones y sueños, capacidades y aptitudes más allá de mi relación de pareja hace del amor parte de mi proyecto de vida pero no mi único propósito en la vida. Una existencia con sentido propio es la que facilita que el amor florezca en libertad y aumente el tamaño de tus alas para expenderte y disfrutar.

 

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Se valora tanto el amor y la vida de pareja, de forma personal y social, que muchas veces sostenemos relaciones lastimosas, pobres, aburridas, conflictivas, por no decir violentas, con tal de vivir “de a dos”.

Un buen amor debe aportar a la vida personal, no restar, por eso una relación que quita la paz y genera permanente intranquilidad, que limita nuestro mundo de posibilidades en vez de aumentar las alternativas de vida, que genera malestar, aburrimiento y dolor, que bloquea la ternura y las manifestaciones de afecto, que impide el disfrute personal, de pareja y de la vida en general, y que nos lleva a retroceder en todas las áreas de la vida –individual, social, económica, cultural– es una relación que de amorosa tiene muy poco. Pero ¿por qué permanecemos ahí?

 

Razones para sostener una relación infeliz

 

1. Rectificar una mala elección

En ocasiones hacemos una apuesta amorosa, quizás incluso yendo en contra de las opiniones de nuestro entorno, y el hecho de “demostrar” al mundo (o a nosotros mismos) que no nos equivocamos nos lleva a perseverar, con intentos infructuosos y costos altos.

 

2. Creencias erróneas sobre el amor

Rodeados aún por ideas románticas sobre la vida de pareja –el amor, si es verdadero, todo lo puede, todo lo soporta, es sacrificado, y ha de ser eterno– nos aferramos a comprobar que lo nuestro es y ha sido amor, y que esa “fuerza amorosa” transformará los conflictos en encuentros gratificantes. El verdadero amor, si bien conserva algo de enamoramiento, se construye sobre la realidad, no sobre ideales inalcanzables.

 

3. La “matrimania”

La sociedad glorifica y privilegia la vida de pareja. Es de mayor estatus estar emparejado que estar “solo”, y si lo estás en una relación matrimonial, heterosexual y con descendencia, te posicionas en el “top” del “top”. Bella DePaulo, investigadora norteamericana sobre la soltería, acuñó el termino “solterismo”. En su libro Singlism explica que al igual que otros “ismos” como el clasismo, sexismo, racismo, el solterísimo sitúa a las personas sin pareja en un estatus menor de quienes sí la tienen. Y bueno, ¿a quién no le gustan los privilegios?, aunque con frecuencia los costos de sostenerlos sean la frustración permanente, la pérdida de energía, si no es que el desequilibrio emocional y físico.

 

4. Dependencia económica

Quienes simplemente no tienen forma de sostener una independencia económica tampoco tienen la alternativa de elegir permanecer o dejar una relación. Generalmente son más las mujeres quienes se encuentran en esta situación: por hacer del amor y la familia su principal o único proyecto de vida renuncian a una profesión y a un trabajo quedando rezagadas del mundo laboral y dependientes de sus parejas. Esto sin nombrar las reales desigualdades de género que ofrecen mayores y mejores posibilidades de trabajo a los hombres y sobrecargan a las mujeres con tareas domésticas y de crianza.

 

5. Falta de autonomía emocional

Requerir permanentemente la afirmación de la pareja, su acompañamiento permanente, su anuencia para tomar cualquier decisión, impide tener la claridad necesaria para poder reconocer los propios valores, intereses, y deseos, y la fortaleza interna para legitimizarlos y hacerlos valer. Las personas inmaduras psíquicamente se comportan como niños que requieren de la validación y apoyo del otro para hacer elecciones en la vida, desde las más insignificantes hasta las de relevancia mayor.

 

6. Miedo a la soledad

La soledad tiene mala fama, quizás porque se le confunde con el aislamiento. Estar aislado es no contar con vínculo alguno que, como seres sociales, nos aporte afecto y apoyo. En cambio la soledad, que se necesita aun viviendo en pareja, es un estado de mayor individualidad que, bien entendido y aprovechado, permite el silencio interior, el conocimiento personal y la reflexión profunda, todos indispensables para construir la vida que se quiere. Agrego, que nuestra sociedad posmoderna, como bien dice Marie France Hirigoyen en su libro Las Nuevas Soledades, nos impele a alternar a lo largo, valga la redundancia, de nuestra larga vida, periodos de emparejamiento y periodos de soledad.

 

7. Simple confort

Somos generaciones comodinas y con poca voluntad, preferimos el “más vale malo por conocido que el bueno por conocer”. El confort no solo adormece la consciencia sino que imposibilita la conducta creativa. Nos quejamos por lo que tenemos o no tenemos pero no realizamos las acciones necesarias para vivir como queremos.

 

8. Temor al fracaso

Las relaciones tienen vida propia, y como entidad vital recorren un ciclo. El amor, ya sea por una situación de muerte o de rompimiento, nunca durará toda la vida. Terminar una relación desde la decisión no es fracasar, es simplemente aceptar que el amor terminó su ciclo y dio lo que podía dar. Lo que sí ha de considerarse un fracaso es sostener algo que no tiene puntos de acoplamiento, o bien terminarlo de forma innecesariamente irresponsable y  El dolor es inevitable,  en cambio la violencia y la venganza no.

 

9. Desconocimiento de los procesos de cambio

Lo que se puede cambiar en una relación de pareja rara vez se da a base de explicaciones interminables, convencimientos insistentes, sacrificios permanentes, quejas fastidiosas, e incluso, violencias. Pensamos muchas veces que cuando nuestra pareja “se de cuenta” o “nos entienda”, cambiará y estaremos bien. El cambio inicia por la propia transformación y esto implica desafiarnos a nosotros mismos, a nuestras creencias, hábitos, temores, y comodidades. Cuando estemos realmente preparados para perder una relación, estaremos en mejores condiciones de poner y ponernos los límites necesarios que permitan transformarla. Y más allá de la posibilidad de actualizar la pareja, aseguraremos el recuperarnos a nosotros mismos.

 

Así, y confiando que a partir de estos 9 puntos sacarán sus propias conclusiones, afirmo junto con mi buen amigo Antoni Bolinches en su libro Amor al Segundo Intento: “Las buenas relaciones son para disfrutarlas (yo agrego: para cuidarlas, alimentarlas y acrecentarlas), y las malas son para terminarlas”. Y es que no podemos terminar una relación por cualquier cosa, pero ¿vale la pena sostenerla a pesar de todo?

 

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Si en algo se siente compleja la vida amorosa en la actualidad es en la duda permanente respecto a haber elegido a la persona “correcta”. Personas correctas hay muchas pero lo importante es elegir a una con la que podamos construir un rico proyecto de vida de pareja sin tener que anular nuestro proyecto personal o incluso sin tener que anularnos a nosotros mismos.

¿Cómo podemos “verificar” que la relación que tenemos nos nutre, es sólida, amorosa y lo suficientemente buena? Te regalo algunos puntos que te permitirán valorar tu propia relación, y en vez de estar constantemente dudando de la elección realizada, te permitas disfrutar y crecer con quien está junto a ti, o bien, emprender un camino de retirada.

  1. Compatibilidad sexual. Sin necesidad de experimentar permanentemente “chispazos e incendios pasionales” su intercambio erótico y sexual tiende a ser disfrutado por ambos.
  2. Intimidad compartida. Consideras a tu pareja un buen amigo o amiga, no la única, pero sí alguien con quien compartes sentimientos profundos, ayuda mutua, escucha, respeto y confianza. Cuentan el uno con el otro.
  3. Crecimiento conjunto. La relación te facilita desafiar los propios temores y limitaciones y te invita a crecer. La convivencia saca lo mejor de cada uno de ustedes y te permite construir mejores opciones de vida. La pareja te abre puertas.
  4. Aceptación mutua. Si bien toda relación tiene sus roces, reconoces que tu pareja te conoce y te acepta como eres. Del mismo modo, tu no empeñas todos tus esfuerzos en hacer que ella o él cambie y se adapte a lo que tu quieres. La perfección no existe, por lo tanto conocer sus defectos y limitaciones facilita el manejo de su relación.
  5. Discusión productiva. Los inevitables conflictos pueden ser puestos sobre la mesa, cuestionados, resueltos o negociados sin insultos, manipulaciones y revanchas. 
  6. Diversión potenciada. Cuando están juntos disfrutan más la vida. Las idas al cine, las visitas a un museo, los viajes realizados, las comidas compartidas, son espacios de placer para los dos. 
  7. Celos bajo control. Si bien en ocasiones la incertidumbre normal ante la posibilidad de perder a la pareja genera cierto desasosiego, la relación no transcurre entre persecuciones enfermizas, cuestionamientos agotadores, dudas perennes, y estrategias de control. Existe una confianza básica en tu pareja y un respeto a sus espacios individuales.
  8. Decisiones entretejidas. Aunque cada uno toma decisiones individuales en ciertas áreas de su vida personal, muchas de las decisiones tomadas no solo consideran al otro, sino que son decisiones que atañen a ambos y que por tanto los dos tienen “voz y voto”. Cuando uno solo de los miembros de la pareja ostenta el poder y el otro se somete, se abre la puerta del resentimiento y se pone en riesgo la satisfacción y la estabilidad de la relación. 
  9. Visión a futuro. Nada asegura que el amor dure “eternamente”, pero cuando piensas a futuro visualizas una vida compartida con tu pareja actual. El nosotros es parte de tu proyecto de vida.
  10. Opinión positiva. Aunque en ocasiones haya diferencias y disgustos, consideras a tu pareja una persona que vale la pena, inteligente, con buenas actitudes, con una personalidad estable y positiva. Te gusta quién y cómo es.

 

No todo es “miel sobre hojuelas” en el amor, pero estar con la persona correcta te permite encontrarle, hasta en los momentos difíciles, mejor sabor a la vida.

 

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El papel de la suegra ha tenido un impacto histórico en la vida de las familias. Las mujeres durante años, hemos sido educadas para hacernos cargo del mundo de los afectos, de lo doméstico, de los cuidados hacia los demás, si bien esto va cambiando, sigue habiendo familias y, en particular, mujeres que están identificadas y posicionadas completamente en este rol.

Entendiendo esto, podemos imaginar que cuando un hijo varón se casa (pensando por ahora en una relación heterosexual), la madre, siguiendo esta línea, considera que va a ser ella la que va a dar el toque del estilo de vida familiar de la nueva pareja, el modo de resolver las tareas domésticas, las indicaciones de cómo cuidar los afectos de la nueva familia, los tips para velar por el adecuado cuidado de su hijo, ¡ni qué decir de la forma de educar a sus nietos si los hay! En fin, muchas “súper suegras” se consideran las encargadas de enseñar a las nueras cómo construir un hogar.

Es ahí, evidentemente, donde puede comenzar el jaloneo entre las dos mujeres que se identifican con ese rol, que se viven como cuidadoras y que se consideran encargadas de lo emocional, para ver a cuál de las dos les hace caso el hijo-esposo. Sobra decir, que más allá de que me parezca importante que una mujer empoderada viva a su pareja como mutuamente responsable de esos roles con ella, a la suegra ya no le corresponde jugar ese rol: a la suegra, que ya fue madre, que ya lleva camino recorrido, le toca entender que la nueva familia de su hijo no va a vivir como ella quiere, que no replicarán sus valores, que la pareja que inicia encontrarán su propio estilo de vida, y que se equivocarán y repensarán como asimilar y aprender del error.

Siguiendo en esta línea, valdría la pena decir, que un hijo adulto que no obedece plenamente a sus padres, que se alía con su pareja, que no acata ciégamente los mandatos maternos y familiares, da cuenta de una buena educación, pues una educación exitosa lleva a la autonomía, a la toma de consciencia, a un pensamiento independiente, y a la construcción de nuevos modelos de vida adecuados a los retos presentes y a las personas que los desafían. Se vale –y suma como parte de la integridad personal– ser buen hijo: respetuoso, considerado, generoso, conectado; pero un hijo que idolatra a su madre o padre, generalmente es mal padre o mala pareja, pues cumple una función de pareja o padre de sus propios padres.

Dicho lo anterior, ¿cómo se puede ser una buena suegra?:

  1. Se debe considerar si las intromisiones en la pareja de su hijo responden más que a su “buena voluntad”, no se deben resolver los problemas propios en otra parte.
  2. Las buenas suegras aprenden que los límites pueden ser oportunidades para “jubilarse” de un estilo de ser madre que está caduco ya. Estos vínculos sanos equlibran la cercanía/distancia entre las familias.
  3. Una suegra buena entiende y tolera que la nuera y el hijo prueben métodos, hagan sus pininos y tropiecen en el transcurso del tiempo. Da su opinión cuando se la piden, y a manera de propuesta, no de juicio, ni de mandato, y mucho menos de manipulación.
  4. Una buena suegra tiene un proyecto de vida personal, no puede hacer de su hijo y de la familia de su hijo su proyecto de vida.
  5. Las buenas suegras trabajan sus propias carencias y dolores del pasado para no querer resolverlos a través de sus hijos que están viviendo otra situación de vida diferente a la propia.
  6. Quizás algunas cosas bien pensadas, con estrategias bien planeadas, pueden ser aclaradas con su nuera, pero los reclamos y enojos de una madre debe manejarlos con su hijo, directamente. Ciertamente, la relación madre e hijo siempre se puede actualizar, mejorar o perdonar, pero entrar en una dinámica agresiva suegra-nuera es desgastante: por un lado, puede hacer que el hombre se distancie de las cuestiones domésticas, pensando que son problemas que solo corresponden a las partes en disputa (problemas de “viejas”) y, por otro, en realidad siempre es más fácil resolver algo directamente con el hijo, y que el hijo aprenda a poner límites a su propia madre y a llegar acuerdos con su esposa si es necesario. Cuando una relación suegra-nuera se daña, difícilmente es reparable.

 

El punto de ser una suegra perfecta es ser una mujer realizada, madura, que ubica su papel en el rol familiar, que entiende lo que es la autonomía y que si no la ha alcanzado todavía, está en momento de alcanzarla. Además a ella le corresponde, como persona con más experiencia de vida, y mayor rango de responsabilidad, manejar esta situación de forma más inteligente.

 

Una mujer construirá junto con su pareja una sólida relación de pareja, no por las batallas ganadas a la suegra, sino por su apuesta a la propia madurez y a la solidez construida en su nueva relación. Pero ojo, el papel del hijo es central en esta triada: un hombre que se abstiene de definir su postura a favor de su pareja y sigue “exaltando” de manera desbordada el rol de su propia mamá, favorecerá el crecimiento del conflicto, el distanciamiento y la ruptura de su propia relación.

 

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Una pareja tóxica genera pensamientos, sentimientos y conductas en la persona que convive con ella

¿Cuáles observas en ti para detectarlos a tiempo?

  1. Confusión de tener razón en enojarte o exagerar.
  2. Intranquilidad y estrés permanente.
  3. Miedo de pedir algo o decir lo que sientes.
  4. Echarle más ganas y hacer lo que te piden para agradar.
  5. Pasmarte y no responder ante sus quejas y maltratos.
  6. Dar muchas explicaciones y justificaciones de lo que quieres o te gusta para que no se enoje.
  7. Pedirle permiso para hacer lo que deseas o necesitas.
  8. Pedir perdón constante por “errores” que no llegan ni a serlo.
  9. Sentirte culpable y responsable de que lo perturbas.
  10. Dejar de realizar cosas que te gustaban para no crear conflictos.
  11. Aislarte para no darle motivos de queja.
  12. Empiezas a sentirte con mucho enojo, tristeza e incluso depresión.

 

Al final todo esto genera una sensación de desvalimiento e impotencia que te dificulta cambiar la situación. La sensación de minusvalía e incompetencia se ha apoderado de ti.

 

¿Cómo salir del hoyo?

  • Darte cuenta

Notar que estás en una situación de riesgo.

  • Reconocer las situaciones que te llevaron a confundirte

Pensar el amor como tu proyecto de vida, pensar que nadie más te va a querer, urgencia de tener pareja, ser satélite de las necesidades de los demás.

  • Fortalecer tus redes de apoyo

Recuperar los amigos y familiares que dejaste.

  • Asegurarte una independencia económica

Ésta además de resolver muchas cosas, te facilita una autonomía emocional que es la legitimización de tus necesidades, deseos, intereses y valores.

  • Resistirte al sometimiento

Realizar pequeñas acciones de resistencia para detener el maltrato a ver si la otra persona reacciona.

  • Pedir ayuda psicológica y si es necesario legal
  • Y si nada cambia, acudir a otros recursos para dejar esa relación.

 

 

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Algunos amores no matan, pero pueden hacerte pomada…

 

¿Qué es la autoestima?

La autoestima no es un sentimiento ni un pensamiento, es la experiencia de vivirte con auto competencia –con capacidades y recursos para afrontar los desafíos que la vida te presenta– y con auto valía –como alguien merecedor de amor, cuidado y atención–.

 

¿Qué es el apego?

Los seres humanos somos seres gregarios, es decir, requerimos de los demás y además para sentirnos seguros nos apegamos y creamos vínculos que nos generan una sensación de pertenencia y seguridad. Nuestro sistema de apego consiste en un cúmulo de emociones y conductas que nos impulsan a querer permanecer junto a nuestros seres queridos para que nos proporcionen protección, afecto y seguridad.

 

Nuestro estilo de apegarnos a una pareja

Todo nuevo amor es un amor antiguo, porque se correlaciona con nuestra primera relación de amor –o desamor– que es la que tuvimos con nuestros cuidadores primarios, generalmente nuestros padres. Este vínculo primigenio influirá nuestra forma de amar en la edad adulta. ¿Necesitaremos demasiado amor? ¿Temeremos la distancia y la separación? ¿Nos confundiremos fácilmente entre la experiencia de amor y abuso? O más aún ¿Nos adaptaremos a relaciones que mezclan el amor y el abuso?

 

La pareja y la autoestima

Existen relaciones que aunque nos den seguridad y sensación de ser amados también incluyen comportamientos poco empáticos, conductas desdeñosas, escasas muestras de cariño y ocasionales demostraciones de preocupación por nuestro bienestar. En estos intercambios, alguno de los miembros se interesa por controlar al otro y de esa manera sentirse seguro de no perderlo, de no sentirse amenazado por sus competencias, de ser “más” y destacar a costa de su bienestar emocional.

 

  • Indicadores que atentan contra tu autoestima
  1. Gritos en público o en privado.
  2. Amenazas contra ti, tus seres queridos o tus propiedades.
  3. Burlas, sarcasmos e ironías lastimosas sobre tu aspecto, hobbies, amistades o trabajo, incluso haciéndote blanco de “chistes” para que otros se rían de ti.
  4. Te interrumpe y corrige cuando hablas, no te deja hablar de lo que a ti te interesa.
  5. Críticas sobre tu físico, tu forma de vestir, de hablar, de caminar.
  6. No llega a acuerdos contigo, los impone.
  7. Mentiras y manipulaciones. 
  8. Minimización e invisibilización de tus sentimientos, deseos o puntos de vista. Cuando deseas platicar evade diciendo que no tiene tiempo o cambia rápidamente de conversación.
  9. Te cela con persecuciones, reclamos, preguntas inquisitivas y reclamos.
  10. Te culpa de sus malestares y errores.
  11. Te voltea las cosas cuando tú eres quien reclama algo.
  12. Condiciona su amor y su permanencia en la relación para que seas de la forma que desea y que necesita.
  13. Distanciamiento físico y sexual porque ya no le atraes, o bien forzamiento a realizar conductas sexuales o actividades que no te gustan.

Estas formas de actuar, ya sean más o menos explícitas y burdas, son todas acciones humillantes que te hacen dudar de tus capacidades y competencias, y te hacen sentir poco merecedor de amor y respeto. Bajan la seguridad personal y por lo tanto tu autoestima.

 

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John Gottman, psicólogo clínico e investigador norteamericano, quien por cuatro décadas ha estudiado el divorcio y la estabilidad matrimonial, nos dice que se puede pronosticar una ruptura amorosa cuando en la vida de pareja se usan los siguientes “ingredientes” en la comunicación:

 

1. CRÍTICA

La crítica consiste en utilizar palabras negativas sobre el carácter y personalidad de la otra persona: enjuicia, culpa y difama al otro. “Eres un flojo, siempre te levantas tarde”.

 

2. DESPRECIO

Se refiere a cualquier afirmación que busca poner al otro en un lugar de inferioridad en la relación con el fin de hacerlo menos: sarcasmo, escepticismo, insultos, gestos y burla. Corregir la forma de hablar del otro y hacerle gestos con la cara es el ingrediente más agresivo porque contiene amenazas y provocaciones desde un lugar de superioridad. “Sí me levanto tarde, ¿y?, deja de fregarme, o ¿acaso vas a denunciarme por eso?”

 

3.  ACTITUD DEFENSIVA

Ante la crítica y el desprecio uno quiere defenderse: “El problema eres tú, no yo”. Cuando nos sentimos rechazados es frecuente el no asumir la responsabilidad de nada, ni siquiera cuestionamos la participación en el problema, y todo lo regresamos al otro para defendernos. “No hice el depósito porque tú no me avisaste a tiempo”. Con la actitud defensiva nadie gana pues cada uno se afianzan en su posición rígida.

 

4. ACTITUD EVASIVA

Ante la imposibilidad de diálogo y ya con desgaste acumulado, uno de los dos se distancia y actúa como si no le importara lo que el otro dice. La actitud evasiva muestra un cuerpo cerrado que no da señales de interés y apertura al diálogo.

 

Todos usamos este tipo de planteamientos en ciertos momentos, pero no siempre con la misma frecuencia. Para contrarrestarlos existen antídotos:

  • Contra la crítica hay que usar la queja auténtica que permite externar de manera asertiva lo que necesitamos y lo que nos lastima sin criticar y juzgar al otro.
  • Contra el desprecio, la admiración al otro. Vernos como iguales y no desde una actitud de superioridad. En vez de ver al otro desde arriba hacia abajo, hay que observarlo con genuina humildad y reconocimiento.
  • Contra la actitud defensiva, asumir responsabilidad. Gestionar qué parte del desencuentro tiene que ver con mi actitud y mis creencias, y hacerme cargo de qué y cómo actuar.
  • Contra la actitud evasiva, aprender a calmarse para no retirarse. El estrés muchas veces nos rebasa y nos lleva a aislarnos, a no escuchar, con el fin de no experimentar y de acabar con el mal rato. Es esencial tranquilizarnos para poder retomar una conversación en la que podamos dialogar e intercambiar.

 

 

 

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.