Hombre con capucha sosteniendo una máscara que le cubre media caraMás vale prevenir

OJO con estos rasgos de la personalidad antes de iniciar una relación. Si bien no todos los gaslighteros son iguales, sí comparten rasgos que los caracterizan.
Ten mucho cuidado si llegas a identificar estas actitudes en tu pareja:

 

  • Notas insensibilidad y carencia de afectos. Aguas con una persona que parece que no atraviesa las emociones buenas y malas, y cuyos sentimientos aparentes vienen y van rápidamente.
  • Por lo tanto, es una persona que no entiende los sentimientos ajenos y no puede ponerse en el lugar del otro, carece de empatía, pero espera que los demás sí le demuestren interés.
  • No se hace responsable de sus actos y culpa a los demás, su manera de mostrar arrepentimiento es fingida pues no llega a comprender su responsabilidad dentro de sus acciones.
  • En consecuencia, sus fracasos y dificultades siempre son por alguien más, niega la realidad y se victimiza constantemente.
  • Ojo con las actitudes encantadoras y seductoras, con esta habilidad de genera admiración y atrapa a su presa para usarla de acuerdo a sus propósitos, su fortaleza radica en la seducción.
  • Ten presente que un “gaslightero” es un manipulador, crea farsas y engaños para obtener beneficios, sin importarle la otra persona.
  • Piensa que la ley se puede “doblar” a su conveniencia, desafía las normas sociales y considera inferior a quien no las manipula para obtener un beneficio.
  • Presta atención si ves demasiadas envidias y resentimientos hacia otras personas que tienen algo de lo que el “gaslightero” carece.
  • No es capaz de manejar la frustración y la decepción, y responde de manera iracunda e incluso vengativa.
  • Tiene la necesidad de dominar y por esto crea relaciones de dependencia, le teme a la separación.
  • Requiere ser admirado, tiene ínfulas de grandeza y superioridad así que no toma nada bien las críticas. ¡Mucho cuidado con los arrogantes y megalómanos!

Mano sosteniendo máscara blanca

Actuar a tiempo

Hay que recordar que en una relación de manipulación lo primero que va a buscar el “gaslightero” es aislarte, por esto siempre es necesario contar con una red de apoyo en caso de estar en una situación de gaslighting. Y sobre todo, no tener miedo a pedir ayuda para salir de una relación de abuso.

Pareja señalándose agresivamente¿Cómo responder al gaslighting?

El principal problema de tratar con un gaslighter es que hará todo lo posibile para tenerte bajo su control, con sus condiciones. Recordemos que tiende a la personalidad narcisista y manipula tu realidad para que dudes de todo lo que te rodea. Entonces, el primer paso para poder responder es darte cuenta de tu situación para poder actuar.

Es muy probable que sientas impotencia pues ser víctima de gaslighting tiene estragos en la psique y la autoestima, sin embargo, va a ser necesario que reconozcas cómo fue que caíste en una relación abusiva: por miedo a la soledad, que tu vida girara alrededor del amor, incluso sentir una urgencia por encontrar pareja…

Es importante identificar las actitudes que tiene el gaslighter para hacerte caer en su manipulación emocional y psicológica; probablemente encuentres que es un seductor nato, pero dentro de su encanto esconde envidias, deshonestidad y falta de empatía.

Mano extendida en señal de ayuda a mujer cubriéndose la cara

Es de grandes pedir ayuda

Ante una situación así, se vuelve primordial buscar ayuda psicológica para recuperar la confianza en uno mismo, habrá casos en los que se requiera asistencia legal para poder hacer frente y terminar una relación tóxica. Lo principal es levantar la voz para buscar la ayuda adecuada que responda a cada caso específico.

Muchacha triste con celular en mano

Cuando hablamos de relaciones tóxicas uno de los problemas es que parecen ser un círculo vicioso que nunca termina. Y cuando parece que por fin se acaba… suena el celular con esa llamada o mensaje de tu ex. Es aparentemente inofensivo, te busca para preguntarte cómo estás o decirte que te extraña, pero ¡cuidado! Está buscando que caigas en sus redes de nuevo, a esto se le conoce como hoovering.

 

Curiosamente este término se desprende de las famosas aspiradoras Hoover ya que, por definición, lo que está tratando de hacer la expareja tóxica es, por medio de diferentes artimañas, “aspirarte” hacia la relación que ya terminó.

 

El hoovering es una técnica que usan los narcisos para atraerte una vez más a la relación tóxica, te manipulan para que regreses a sus abusos. La disfrazan de diferentes actitudes que toman hacia ti:

 

  1. Te buscan sin razón alguna. Como te toman por sorpresa, no sabes cómo tomarlo. Evita reaccionar, ignorarlo es el mejor pasa para no darle entrada.
  2. Inventan y difunden chismes sobre ti. Además de querer dañar tu reputación, pueden estar buscando que te defiendas; al final del día estás tratando con alguien que le gusta estar en control.
  3. Buscan mantenerse en tu círculo cercano. Tal vez te enteras que siguen en contacto constante con tu familia o tus amigos.
  4. En casos extremos, pueden amenazar con hacerse daño y así ponerte esa culpa en tus hombros.

Mujer sorprendida ante celular en mano

Recuerda que si lograste terminar una relación tóxica, lo mejor es que permanezca en el pasado, no hay necesidad -aunque parezca genuina- de reconciliación. Lo mejor que puedes hacer es limitar todo contacto con esa persona que intenta regresar a tu vida para continuar con sus juegos mentales. La parte más difícil ya la lograste, te diste cuenta y terminaste una relación no sana, entonces ha estas alturas de tu avance, ¡no vuelvas a caer!

Mujer tapándose la cara, manos amenazantes sobre su cabeza

Si es un término nuevo para ti, es momento de que sepas lo que significa pues, aunque parece que se puso de moda, es una definición de gran importancia que se refiere a la manipulación dentro de una relación y, en definitiva, no se trata de algo nuevo.

En la película Gaslight vemos a un esposo se toma la tarea de hacer creer a su pareja que está mentalmente enferma. Claro, como espectador puedes ver todos los trucos y mañas, y desesperarte ante tal situación, pero estando dentro no es tan fácil despertar y tomar acción.

El gaslight consiste en un abuso psicológico y emocional sutil que hace que quién lo recibe dude de sus decisiones y percepciones. ¡Imagínate no tener la certeza de tu realidad! Ahí está el truco del gaslighter: con una red de mentiras, fabricaciones y tejidos trucados te hace creer lo que él o ella quiere que creas, pero lo hace de tal manera que hace parecer que lo que dices, sientes o ves no es verdad y que la culpa la tienes tú.

¡Cuéntaselo a quien más confianza le tengas!

Básicamente, lo que la otra persona quiere hacer es controlarte y dominarte porque, en su idea distorsionada de amor, no te quiere perder. Generalmente se trata de una personalidad narcisista y calculadora que tiende a premeditar cada acción para:

1) Aislarte de tu red social

2) Hacerte perder la noción de realidad

3) Tenerte bajo su control y posesión

Pies encadenados

El gran problema de este modo de manipulación es que una vez estando inmerso es muy difícil lograr distinguir entre lo que es y lo que se te alimenta como mentira para crear otra realidad, el abuso va desde el menosprecio hasta la intimidación y amenazas que, acaban afectando la autoestima.

Para salir de semejante situación es necesario mucho valor, recuperarse a uno mismo y tener una red de apoyo fuerte, además de la ayuda de terapia para superar los abusos psicológicos sufridos durante la relación.

personajes de caja con gorros de navidad y regalos de fondoQué va primero ¿tu salud física,  mental y tu paz interna o prolongar lo impostergable por “cuidar a los demás”?

Las festividades decembrinas y el próximo cierre de año tienden a sacudirnos de una manera en la que hay emociones y malestares que se agudizan, de igual manera, esta temporada nos plantea diversos cuestionamientos sobre logros pasados y proyectos a futuro.

Durante los festejos Navideños, a ciertas actividades, sí o sí, se les pone un freno momentáneo; por ejemplo: el inicio de proyectos laborales, intervenciones para mejorar la remodelación de tu casa, hasta operaciones quirúrgicas que es necesario posponer. Pero hay situaciones, como terminar una relación amorosa, que sí se pueden considerar e incluso, decidir.

 

Un mal amor recrudece sus efectos en estas temporadas, pero ¿por qué?

  1. Entran en juego los acuerdos necesarios para organizar y pasar las fiestas, que generan estrés.
  2. Los encuentros con personas y familiares que vemos poco evidencian o detonan malestares.
  3. El que paren o disminuyan actividades rutinarias y laborales intensifica el convivio de pareja, reflejándose en malestar amoroso (se comparten vacaciones, encierros familiares o reuniones no cotidianas tornan intolerable la intimidad).
  4. Suceden eventos puntuales que dan cuenta de la fragilidad o poca certidumbre que genera la relación.

personajes de caja con gorros de navidad 

Pasos para preparar una decisión

Pregúntante: ¿Esto que siento respecto a mi pareja se dio solo este año o solo con esta persona?

  • Si NO es la primera vez que te pasa, habrá que considerar:
    • Ocurre cada año, estés con quien estés, por lo que tal vez la situación no tiene que ver con la pareja.
    • Ocurre cada año, con la misma persona, por lo que es momento de tomar en serio el malestar, buscar solución o tomar acción.
  • Si es la primera vez que te pasa, habrá que distinguir:
    • Si pasó algo distinto a años anteriores (con la familia, el trabajo, COVID, etc.).
      1. En esta caso date un tiempo para, pasadas las fiestas, asentar la rutina y ver si baja la tensión con tu pareja o surge un problema concreto con ella que puedas resolver. A veces las fiestas generan un malestar difuso y generalizado, que nos confunde y se deposita en la pareja.
    • Si todo es igual y solo la pareja te perturba:
      1. Considera si lo que pasa es algo mayor y no puedes, o no debes, tolerarlo (violencia, mentiras, aburrimiento total).
        • En este caso pon un alto, al menos temporal, y prepárate para luego terminar. No sigas conviviendo porque la cercanía aumenta la posibilidad de poenr en riesgo tu integridad.
      2. Considera si hacer un cambio en este momento te generará más estrés del que ya tiene.
        • En este caso da el paso interno de decidir que SÍ TE MOVERÁS de esa relación, aunque no sea ahora, y planea los pasos para organizar tu salida.
      3. Considera dar un primer paso que empiece a marcar la retirada y preparar la acción.
        • En este caso podrías compartir tu decisión con alguien de tu confianza, o hablar con tu pareja para parepararla, incluso empezar a empacar y tener una charla con los hijos que te han preguntado algo.

personajes de caja con gorros de navidad y pinos nevados

¡OJO! Son muchas las razones que nos detienen a tomar UNA decisión de este tipo cuando es necesario hacerlo:

  • Arruinarle la cena a alguien.
  • Desperdiciar un viaje ya organizado o pagado.
  • Temor a no tener con quien y a dónde ir durante las fiestas.
  • Amargarles las navidades a los hijos, cuando los hay.
  • Quedar mal con alguien con quien ya habías acordado algo.

 

Éstas no son, en general, buenas razones para detener una decisión, por eso elige la opción que más se acerque a tu momento y a tu condición, y deja de rumiar la situación.

Un engaño puede ser una bala directo al corazón o un rasguño, pero en cualquiera de los casos, es una herida que duele y debe ser sanada, pues la lucha entre la pasión y la razón será épica.

 

Hablar de infidelidad es un tema complejo, pues no podemos reducir un evento con tantos matices a un asunto “causa-efecto” donde hay una víctima y un villano. No todas las infidelidades son iguales, no a todas se les concede la misma importancia, no todas se gestan desde el mismo lugar, malestar o deseo. Algunas parten de necesidades personales no satisfechas; en ocasiones son francos impulsos que permiten liberar ansiedad en etapas de transición o adaptación critica; en otras, son síntomas claros de una relación en crisis y, sin duda, son también manifestación de la tragedia que significa que no sean del todo sinónimos fidelidad y exclusividad sexual.

 

Me atrevo a afirmar que, en algunos casos, el impacto de un affair puede llegar a ser, si se maneja de manera oportuna, constructivo. Lograr esto no es tarea fácil, pero si la pareja está comprometida, la explosión de una crisis abrirá puertas para trabajar y actualizar la relación.

 

El objetivo de este texto no es destacar que una infidelidad te brinda posibilidades de crecer en el territorio amoroso o personal; dicha perspectiva me obligaría a diferenciar entre lo que es una “infidelidad necesaria para el crecimiento” y una “infidelidad tóxica” que sólo genera una experiencia de hostilidad, la búsqueda hedonista de placer y la incapacidad para tolerar y contender con las tensiones de una vida en común.

 

No importa cuál sea el origen de una infidelidad, el efecto que produce su descubrimiento es bastante traumático en general: primero se experimenta la sensación de traición y el quiebre de la confianza, después aparece el miedo al abandono, y termina con un profundo sentido de humillación. Los acuerdos de exclusividad sexual traicionados rompen lo límites de la pareja, pues los sentimientos, el cuerpo y la sexualidad compartida te dejan con la sensación de que la pareja nunca volverá a ser la misma.

 

Hay diversos elementos que influyen en la magnitud del efecto de una infidelidad:

– El género: El efecto de la infidelidad puede ser muy distinto según sea vivida por el hombre o la mujer. El tema del patriarcado nos lleva a afirmar que generalmente lo que en el hombre se condona, en la mujer se condena.

– Las circunstancias: El cómo, cuándo, dónde y cuántas veces, hace una diferencia. No es lo mismo una “cana al aire” que una relación de meses o años con involucramiento emocional.

– El perfil del amante: Su edad, atractivo, inteligencia, etc. A las mujeres en general nos afecta que “la otra” sea más joven y atractiva, y a los hombres que el “cabrón” tenga un mayor reconocimiento profesional o social. Pero lo que no toleran ni hombres ni mujeres es que el tercero tenga valores manifiestamente inferiores a los propios, porque, entonces, se suma el agravio de que te cambiaron por alguien que es “menos” que tú.

– El vínculo relacional previo: A más proximidad (un familiar o amigo), mayor es la gravedad y peor el pronóstico.

– La confianza básica desarrollada en la infancia: Este sentimiento es particularmente frágil en individuos cuya estructura de personalidad es o se acerca al narcisismo patológico; para ellos, la experiencia de la traición puede ser tan devastadora que los puede sumir en un estado de desolación y desesperación eventualmente suicida u homicida.

– El trabajo de madurez personal: Alguien comprometido en el propio crecimiento puede manejar mejor el impacto de una infidelidad, aunque no deja de ser doloroso.

Líbrate del dolor infiel

Sin importar ante qué tipo de infidelidad nos encontremos, por lo común está presente la sensación de traición. El engaño es una amenaza directa a nuestro sentimiento de pertenencia y confianza dentro de la pareja. Entonces, ¿cómo puedes manejar lo negativo de su impacto y salir bien librado de su consecuente dolor? Trata de seguir estos siete pasos y lograrás grandes avances.

 

1. Sal del shock inicial

El descubrimiento de una infidelidad produce un efecto traumático que es preciso trabajar.
• A pesar del trauma, de nada sirve actuar con violencia. Perder el control puede llevarte a cometer una tontería. La infidelidad no es motivo suficiente para convertirte en “criminal”.
• Lleva tiempo que regrese la calma; no tomes decisiones precipitadas.
• Controla tu deseo de interrogar a tu pareja como si fueras un inquisidor y espera a que hable.

2. Restaura, paso a paso, la confianza

Aunque la situación es incómoda, desconcertante y dolorosa, la relación puede rescatarse.
• La recuperación de la confianza toma tiempo; al principio hay dudas, suspicacia y reclamos.
• Llegado el momento, establece una comunicación abierta; no dejes que pase mucho tiempo.
• De preferencia, conversa en territorio neutral: analiza motivos, errores de ambos y el deseo de continuar.
• ¿Decir toda la verdad? Si te atreves a preguntar lo que no debes, te arriesgas a escuchar lo que no quieres. Esta curiosidad es peligrosa porque conocer los detalles de la infidelidad tiende a hacer incurable la herida. A veces la verdad es útil y necesaria, pero en otras ocasiones tiene consecuencias adversas y destructivas. Además, centrarse en exceso en el tema de la infidelidad, comúnmente deja fuera temas centrales de la relación.
• No sirve hablar del amante ni buscarlo, ni mencionarlo a cada rato, ni comparar, pues esto genera más humillación y hostilidad e impide la recuperación.
• No compartas lo ocurrido con cualquiera, sólo con amigos o familiares que pueden escuchar sin juzgar.

3. Experimenta el dolor

Confía en la recuperación y déjate sentir. Enojo, culpa, tristeza, miedo… todo. La infidelidad puede ser un parteaguas para mejorar la relación de pareja.

4. Revisa tu relación

Evita etiquetarte en el papel de víctima o de villano; reflexiona en la parte que te toca, pues casi siempre es asunto de dos.
• Debes saber escuchar y aprender maneras de conversar.
• Recorre la historia de la relación y asume tu responsabilidad de cuando empezaron a ir mal las cosas.
• Elige temas a tratar que vayan más allá de la infidelidad.
• Aprende a negociar y a manejar conflictos.
• Concéntrate en mejorar tu relación y no en hablar de la infidelidad.

5. Decídete por una buena relación o por una buena terminación

Si eliges continuar pero no puedes dejar de mencionar lo sucedido, es mejor poner distancia. Si optas por terminar la relación, el enojo y el rencor te facilitarán el alejamiento, pero no es la mejor manera de cerrar.

6. Trabaja en tu madurez personal

A mayor seguridad personal, menor impacto de la infidelidad.

7. Siempre es pertinente buscar ayuda profesional

Del olvido al no me acuerdo

El perdón, como proceso, es necesario para atravesar esta experiencia. Tratar de perdonar en lugar de traer a colación resentimientos del pasado facilita estar presente en la situación actual y dar al otro, y a uno mismo, la posibilidad de cambio.

Sin bien en cada caso perdonar se verbalizará de forma distinta, una buena afirmación de perdón podría ser: “Te perdono, aquello que pasó ya no me influye, pero como consecuencia ocupas un segundo nivel de confianza. No sé si alguna vez estarás en el primero, lo deseo, pero por ahora mantendré ciertas medidas de precaución que te serán evidentes. Aunque también te aseguro que responderé a lo que hagas ahora y no a lo que hiciste entonces. Si noto algún prejuicio respecto a ti te lo haré notar para poder platicarlo”.

La importancia de una infidelidad y el pronóstico de su posible asimilación no deben establecerse en función del placer que proporciona, sino de las otras variables: la pasión es diferente al amor; la primera, justamente, caracteriza las infidelidades.

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Además de la sensación de impotencia ante la poca maniobra que goza una amante para convivir con su “amor”, hay una serie de situaciones, sentimientos y circunstancias por las que atraviesa una mujer en una relación, siendo la amante en una relación. ¿Cuáles son las más comunes?

Hablemos de las amantes

Ojo: me referiré a “la amante” como aquella persona que asume ese rol “en solitario”, es decir,  sin tener otra pareja –o al menos una pareja significativa y formal- por lo que atribuye a la relación de amantes su apuesta principal. Sin duda, hay infidelidades en que ambos involucrados están casados o tienen alguna relación de pareja  comprometida; en dichos casos no se consolida un triángulo: de hecho se logra un cierto equilibrio en la relación de amantes en tanto que ambos forman parte de otros espacios de vinculación que les implican tiempo, cuidado y energía.

 

  • La sensación de estar en desventaja en tanto que no ocupa el lugar público de ser la pareja  formal, ni de contar con la presencia permanente de su amor.

 

  • Los sentimientos de minusvalía y de resentimiento pueden ser constantes: “¿cómo es que si tanto me amas no buscas terminar ‘aquello’ y quedarte aquí?”, “¿no soy suficiente como para que dejes todo por mí?”.

Torbellino de emocioanes

  •  El dilema emocional que se experimenta: navegar entre el enojo, tristeza, celos, desventura.

 

  • El afrontamiento de la soledad y la mentira: es común escuchar sobre la desazón que sobreviene al tercero, sobre todo en los días festivos que se queda “solo” (¿solo solo o solo de pareja?), mientras el amante comparte con su cónyuge.

 

  • La mentira: muchas amantes no comparten con sus familias y amigos que están en una relación –por temor al juicio y al estigma social-, así como por el cuidado que tienen en preservar el bienestar de su pareja y de la relación.

La complejidad de la relación y el desgaste

En general la mezcla de experiencias que vivencia “la tercera en discordia” pueden convertirse en un cúmulo de reclamos e insatisfacciones que empiezan a pesar más que el gozo mismo que aportan los encuentros. No es poco común que el malestar detone en la actuación de alguna conducta que favorezca el descubrimiento de la situación y la explosión de una crisis que impulse necesariamente a una resolución: todos conocemos también esas historias en las que el amante “manda un anónimo” o en que la esposa atiende un telefonazo y recibe amenazas e información.

 

Pero no solo la acción directa de la amante puede generar el descubrimiento, también sabemos del mensaje de amor descubierto en el teléfono, de la factura de un hotel encontrada en el buró, de la página de Facebook que se olvidó cerrar, y con ello inicia el peregrinar de sospechas que ponen en riesgo el sostenimiento de la situación.  Estas desafortunadas acciones decantan generalmente en el rompimiento del triángulo por la devastación que generan, impidiendo la posibilidad de que la relación progrese.

Resolver o retirarse

Es menester de quien se posiciona en este lugar reflexionar si se siente en una relación de abuso y descuido por parte del amante,  y de ser el caso, busque resolver o bien retirarse, pero no le corresponde actuar en perjuicio de otros terceros que forman parte de la ecuación (cónyuge, hijos u otros familiares o amigos) para saldar cuentas de lo que no le está dando su amante.

 

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Generalmente cuando se habla de la posición del amante en una relación, se le nombra con apodos denigrantes y se le embiste con señalamientos acusadores y juicios morales: “esa puta”, “el pendejo aquel”, “la vieja esa”, “claro, la embaucó a ver qué le saca”, “pinche idiota quién se cree”. 

La mirada al tercero

La mirada al tercero no como un sujeto, no como una persona activa en el triángulo amoroso, sino como objeto de uso y/o abuso del “villano” da cuenta de la simplificación que se hace de las experiencias triangulares, del desconocimiento que se tiene de la complejidad del fenómeno y de la primacía que se da a la vida de pareja – particularmente a la matrimonial – sobre cualquier tipo de acuerdo amoroso que se salga de la normatividad.  

 

La carga moral que se le atribuye al tercero como el causante de “la destrucción” de la pareja, deposita en él o en ella todos los prejuicios –sexuales, económicos, sociales- en relación a la infidelidad. El tercero es persona también. Sobra decir que, si bien puede ser un hombre o una mujer quien ocupe este lugar, la mayoría de las personas que se colocan en esta posición del triángulo son mujeres.

¿Hombres amantes?

Por supuesto que hay hombres que “sufren de amor” siendo los amantes de mujeres comprometidas en una relación matrimonial, pero es poco común que se limiten a ese vínculo, y que no se acompañen de otra persona en la vida cotidiana y en los eventos sociales. Es extraño también escuchar que una mujer que está comprometida con una pareja le pida “fidelidad” a su amante, situación que es extremadamente común cuando la amante es una mujer. 

Es poco frecuente también, pero llega a ocurrir, que un hombre o una mujer elija  la posición de tercero en un triángulo porque tiene a través de ella lo mejor de su pareja sin cargarse con la faena de lo doméstico. Sin embargo la mayoría de los amantes albergan la fantasía de que “tarde o temprano” serán la pareja formal, y sufren en silencio el tener que vivir en la soledad y en la ocultación. 

Personas con necesidades e intereses

Desde ese lugar, que es el más común, el tercero en discordia tiene que afrontar una sensación de impotencia ante la poca maniobra de que goza para convivir con su amor, así como del escaso influjo que tiene sobre las condiciones familiares del otro para hacerlo decidirse de una vez por todas en apostar en su relación. La sensación de impotencia se amplifica cuando la vida del tercero gira en torno a esa sola persona: estrategias para adaptarse a sus tiempos, imposibilidad de iniciar otra relación, incluso certezas de que la otra persona “jamás” dejará a su pareja.  

Quizás por eso, uno de los retos centrales de la postura del amante, cuando la situación deviene en algo más lastimoso que gozoso, es analizar –más allá del amor que experimenta por su pareja– si quiere permanecer en el triángulo como elección consciente o por necesidad. ¿De qué sirve que te quieran si no te quieren como quieres que te quieran? La terminación de una relación triangular también tiene derecho a consideraciones y cuidados para no dejar despojado o alienado al tercero tras años de intercambio; los acuerdos que cada pareja asuma dependerán de la forma como se consolidó el vínculo, pero ser el tercero no avala la postura de “nada puedo pedir yo”. Es necesario visualizar al tercero como un “ser de carne y hueso” que requiere de cuidado y consideración, como a la familia del amante, una entidad a la cual no le corresponde salir dañada innecesariamente. 

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Son muchas las razones por lo que las personas viven amores de tres, desde infidelidades hasta algún triángulo amoroso entre los que están los nuevos modelos erótico sexuales, incluidos la poliamoría, las experiencias swingers o los matrimonios abiertos. 

 

La existencia de las relaciones triangulares nos confirma que los seres humanos no escapamos a ellas aún con la tradición judeocristiana intentándonos educar en la creencia del amor exclusivo y total (y expulsándonos del territorio del “amor verdadero” si no  logramos este). Ni qué decir del señalamiento de ser “malas” o defectuosas personas: insensibles, egoístas e internamente divididas en caso de incurrir en esta contradicción. 

 

Tipos de triángulos

Además de los triángulos erótico-amorosos con o sin implicación sexual, existen diferentes tipos de triángulos: los que involucran a padres e hijos, amistades, mascotas, relaciones laborales,  espacios culturales, incluso ritos religiosos. Y es que lo triangular es una característica sustancial de las relaciones humanas: los psicoanalistas afirmarían que es una organización mental implícita en la triada edípica de la que aprendimos el “abc” del amor; y yo sumo lo que ya he mencionado en otras ocasiones: que somos seres deseantes y que el deseo no se agota con nada ni con nadie. Nuestra posibilidad de ser seres multifacéticos y complejos nos impide colmarnos en un proyecto de trabajo único, un único hobbie, en un solo corazón y con un solo cuerpo.

La complejidad del amor “entre tres”

Entender esta triangulación en territorios no amorosos puede ser más o menos sencillo, pero en la comarca del amor se complican las cosas en tanto que el “mito de la exclusividad sexual”, ante la infinidad de variaciones que ha sufrido la vida de pareja en el último siglo, parece ser lo “único” que conserva como propio y como signo de genuino compromiso y amor de pareja. Algunas personas renuncian a vivir esta triangularidad con menores implicaciones de frustración y represión en su vida personal, prefiriendo  la seguridad y cierta simpleza de una relación exclusiva, sin embargo no es la norma en términos de experiencia de vida. 

 

Así, las triangulaciones amorosas existen: algunas se detienen tras unos intercambios por chat, otras son intensas y breves (más vale arder que durar) dejando huella en la vida de los actores, otras duran toda la vida y capotean los “malabares” y desgastes necesarios para sostenerse a lo largo del tiempo. Algunas terminan transformándose en familias reconstituidas al dejar de lado la relación primaria (habiendo o no sido descubiertas).  

De una u otra forma, en distintos esquemas y con diversos efectos en la vida de los involucrados, muchos miembros de parejas estables han transitado este camino de la triangulación que por diversos factores está “a la vuelta de la esquina”. Y más allá de lo que pensemos, queramos o neguemos, en muchos casos, y dada nuestra capacidad amorosa multidimensional, su presencia da mucha estimulación y una cierta estabilidad  a las relaciones de pareja. ¿Tú qué piensas? 

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Hablar de los triángulos amorosos se ha convertido en un tema central cuando exploramos el territorio del amor y sus dilemas. Las relaciones triangulares son descritas desde antaño en textos antiguos como la Biblia y la Ilíada, recorren toda la literatura universal a lo largo de los siglos, y toman en el presente un lugar predominante por todos lados: novelas, series, películas, poemas… ¡Qué decir de las consultas terapéuticas (y los “deschongues” de pasillo), efecto del descubrimiento de una relación extraconyugal! 

Ruptura de acuerdos

Un triángulo amoroso es una relación entre dos personas con exclusión del cónyuge de uno de ellos, que incluye compromiso emocional y/o sexual, y que tiene repercusiones en la vida de todos los involucrados, a nivel psicológico y social principalmente, muchas veces económico también. En el triángulo amoroso tres integrantes, hombres o mujeres, originan y sostienen (de manera consciente o inconsciente) un vínculo de fuertes efectos emocionales y/o sexuales.  

Otra característica importante del triángulo amoroso, a diferencia de los nuevos acuerdos de pareja, es el rompimiento unilateral del acuerdo de exclusividad, así como la afectación por el mismo del nivel de intimidad,  de la cercanía emocional y/o del compromiso con la relación primaria. 

 

Más allá de las “canas al aire”

Para adentrarnos en la complejidad de los triángulos amorosos, dejo fuera del concepto “triángulo” todas las “canas al aire” que implican aventuras de una “noche de copas” y que generalmente carecen de un contenido emocional, si bien involucran actividad erótica y sexual. Excluyo también todas las “infidelidades” cibernéticas que nunca se actúan “en vivo y a todo color” pues pueden catalogarse ya sea como nuevas prácticas eróticas nunca imaginadas (herramientas de exploración y autoconocimiento) o bien como muestra social de miedo a la intimidad y a la cercanía emocional propias de la era post moderna que vivimos. Y por supuesto no considero tampoco las patanerías sostenidas, que más que constituir un triángulo de amor, significan un sin fin de abusos y maltratos que correlacionan con la violencia (en ocasiones la enfermedad mental, la adicción), y no con la complejidad de la experiencia erótico amorosa.

 

Finalmente, un triángulo amoroso, no se define ni por su duración ni por su intensidad, sino por el equilibrio personal, de pareja y grupal que aporta, de manera consciente o inconsciente, deseada o rechazada, a quienes los conforman. En general, inicia desde la atracción mutua, con o sin interés de implicaciones sexuales, pasando por el enamoramiento, hasta consolidarse en algún tipo de vinculación. La terminación del mismo se da por razones diversas: o deja de cumplir su cometido, o es descubierto y pierde la posibilidad de existir ante la crisis de pareja que detona, o bien la culpa o malestar de alguno de los involucrados lo disuelve, o simplemente la renuncia elegida o las circunstancias vividas precipitan su desintegración. Esto no significa que el espacio interior o intrapsíquico que le da cabida, incluso los sentimientos amorosos internos, desaparezcan necesariamente. 

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.