Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 5 min

 

De unos años para acá diversos chistes y sarcasmos rondan alrededor de la vida matrimonial. Son mayoría los hombres que bromean al respecto, pero cada vez más mujeres cuestionan el deseo de casarse. En fin, hay momentos en los que no estamos listos para el matrimonio, o simplemente no es una opción en nuestro proyecto de vida.

 

Si tras leer la primera parte del postTe amo, pero no quiero casarme, por ahora… ¿o nunca? Parte 1” has decidido que el matrimonio no es de momento tu opción de vida, te dejo estos consejos para decir que no.

¿Cómo decir NO si sí queremos conservar nuestra relación de pareja y no es nuestra intención lastimar al otro?

 

1. Si sabes que te va a sorprender con la noticia, adelántate a hablar con tu pareja para que no le hagas pasar el mal rato y sentirse defraudad(o).

2. Anticipa la conversación en un marco de seriedad: Un “no” NO se dice en una charla de pasillo, o  –sin “ton ni son”– después de una noche de pasión.

3. Busca un lugar “poco significativo” para ambos. Un lugar neutro que dé seguridad y te permita la tranquilidad necesaria para hablar.

4. Ten una frase inicial preparada. “Quiero decirte algo importante sobre tu propuesta de matrimonio y explicarte mis razones: no estoy list(o) o no tengo deseo de tener una vida de casad(o)”. Usa tono amable, pero firme y claro.

5. Explica con claridad, sin rodeos y desde tu experiencia y necesidades el por qué. No culpes al otro por no querer casarte, se honesto, no mientas, ni manipules o evadas.

6. Habla sobre tu interés en seguir con él o ella como pareja, la importancia del vínculo y el futuro que proyectas con él o con ella.

7. Discúlpate si no hablaste antes con claridad por “temor a lastimarl(o)”, sabiendo que tenías una postura de no querer casarte.

8. Dale tiempo para tomar  la noticia y recuperarse.  Puede enojarse, “bajonearse”, incluso poner cierta  distancia. Mantente en la cercanía que requiera, respetando su “duelo” ante tu decisión.

9. Si visualizar que tu NO hace que tu pareja quiera terminar la relación, ¡no te eches para atrás! El miedo a perderl(o) no es suficiente para cambiar una elección de vida.

10. Acude a terapia si entran en un círculo vicioso de “sí y no” que desgasta innecesariamente la relación.

 

Así como es válido querer el matrimonio, también lo es no creer en esta institución. Para que una relación funcione los dos deben estar en la misma página, en la que debe haber honestidad y el valor de tomar una decisión, incluso si eso implica que le pueda doler a tu pareja.

 

Si tienes dudas sobre las relaciones y el solterismo, date una vuelta por mi conferencia sobre soltería

El amor no puede ser tu único proyecto de vida

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Estamos viviendo en una sociedad donde, afortunadamente, las relaciones ya no se forman por arreglos sociales, donde las familias ya no se benefician de esta unión ni buscan mejorar su estatus a través de un matrimonio. Esto quiere decir que nos emparejamos más por amor, cuando antes era lo último a considerar cosa en la lista al formar una relación de pareja.

 

Como consecuencia, somos más propensos a la fragilidad y malestar amoroso, es decir, vivimos en una época donde hay más corazones partidos. Y esto solo significa que debemos desarrollar herramientas emocionales que nos dejen bien librados cuando llegue el desamor, porque es algo que va a pasar y, probablemente, más de una vez.

 

Corazón roto con curita al centro

 

Te dejo algunos tips valiosos para la recuperación de un corazón roto:

  1. No te mueres de corazón roto. Debes saber que estamos equipados para que el dolor pase y es un proceso que necesitas pasar
  2. Atraviesa el duelo, es necesario tocar el dolor para poder moverte de esa etapa. Siente lo que tienes que sentir sin pena ni culpa
  3. Construye una red de contención de gente significativa como amigos y familiares
  4. Reconcíliate con la soledad. Hay que aprender a estar cómodamente solos y están conscientes que en la vida hay temporadas para estar solos y temporadas para tener compañía, ¡es normal!
  5. Explora tu dimensión erótica, siendo consciente de tu situación emocional
  6. Se vale cuestionar tus creencias sobre el amor, hacer nuevas o modificarlas
  7. El amor no puede ser tu proyecto de vida; construye, edúcate, crece e invierte en ti mismo. Sigue un camino que te entusiasme y que tenga sentido para ti

 

Al final, no podemos evitar sufrir por amor, lo que sí podemos hacer es equiparnos para no tener temor al apego después de una ruptura, ser capaces de volver a general vínculos y no escondernos dentro de un caparazón que nos aísle del dolor.

No solo de amor vive el hombre… Por eso las personas solteras también celebran en febrero su soltería. ¡Y es que son muchos los beneficios del tiempo individual! Pero, para disfrutarlo hemos de romper el estereotipo “de la soltera quedada” y del soltero “que nadie lo quiere”, o de las personas solas que son “raritas” y algo con ellas anda mal. ¡Para nada! Mejor dejemos de glorificar, desproporcionadamente, la vida en pareja.

¿De qué va la vida en soltería?

Ante los avances y cambios en la sociedad globalizada y digitalizada en que vivimos, se han desarrollado nuevas formas de vivir, entre ellas está la soltería. Transformaciones como la posibilidad de las mujeres de introducirse en el mercado laboral y ya no depender de los hombres; una juventud que no está dispuesta a compromisos que cancelen su libertad; así como la interconectividad por la celeridad de las comunicaciones, han hecho que la soltería llegue para quedarse. Y es que, a pesar de que somos seres sociales, hoy en día es más fácil –y posible- llevar una vida individual.

Y por esto, es necesario entender que darle prioridad al individuo es también darle privilegio a:

  • El espacio y el tiempo personal
  • La sensación de control sobre la vida propia
  • La formación de grupos que comparten los mismos intereses
  • Consentirse a uno mismo: gastar en viajes, conciertos, salidas, comidas, etc.
  • Estar a cargo de la vida afectiva y social
  • Experimentar diversos modelos erótico afectivos

Fuera los estigmas

Con todo esto en mente, resaltemos que el ser soltero es una elección de vida que debe sacudirse los prejuicios instalados en la sociedad, porque los personas solteras NO SON incompletas, inmaduras, e infantiles, tampoco son promiscuas, egoístas o raras, ni le huyen al compromiso por elegir la superficialidad. Los solteros, durante el tiempo que lo son, descubren caminos diferentes para vivir la felicidad y no “se casan” con la creencia popular que encontrar una pareja es su pimera necesidad y su propósito de vida.

La soltería es un trayecto vital que también lleva a la plenitud, al éxito, al goce, a la libertad, y a vincularse afectivamente de diversos modos y, finalmente, a conquistar la realización personal. Entonces, ya sea una etapa o una decisión, el ser soltero es algo que debe disfrutarse, ya que al final del día, ¿qué mejor compañía puede haber que la propia?

En muchos de sus escritos, Rosario Castellanos, se refirió a la lamentable condición en que vivían sus contemporáneas, y a uno de los peores maleficios de la época: la soltería. Es cierto que muchas cosas han cambiado para las mujeres desde 1970, no es ninguna novedad decirles que durante cientos de años la mujer fue tratada como alguien inferior, cuya función básica era la maternidad. Una mujer sin hijos y sin marido era considerada un ser incompleto. Sin embargo, en todas las familias existía la “solterona” o la “quedada” que, como decía Castellanos, “se convertía en el comodín de la familia”. Sobre la vida de la soltera todos podían disponer, opinar y decidir.

“Raras y amargadas”

María Antonieta Barragán Lomelí señala en su libro Soltería, elección o circunstancia: “Las solas no son un conjunto de mujeres desdichadas, fracasadas, amargadas, neuróticas, radicales, anti hombres, absorbentes, ambiciosas, controladoras, desorientadas, desestabilizadoras, frustradas, deprimidas, infelices, inseguras, permisivas, intolerantes, y tampoco son las superinteligentes, las listillas, las quita hombres, las sabelotodo, las libertinas, las competitivas, las patéticas, las pobrecitas, las ninfómanas, las locas, las incontrolables, las busconas, las desesperadas, las deficientes emocionalmente ni las incompletas”.

De tal manera que durante mucho tiempo las mujeres soportaron matrimonios infernales con tal de no quedarse solas. Otras, se casaron con el que creyeron era la “última coca del desierto”, y las menos, se arriesgaron a vivir solteras

Divertidas y exitosas 

En la actualidad las cosas son distintas, ser soltera es una de las muchas opciones que tiene una mujer. En los últimos años, las sociedades han experimentado cambios: se han creado nuevos modelos de familia y nuevas maneras de hacer pareja: ¿por qué no se pueden vivir nuevas formas de soltería? Que las mujeres vivan con mayor libertad, da también un respiro a los varones, que ya no tienen  que jugar el rígido papel de proveedores o de cuidadores. 

Ser soltera hoy implica independencia económica, claridad de metas, fortaleza y seguridad; saberse valiosa y estar convencida de que con o sin pareja la vida se puede disfrutar. Algo que la mayoría de las personas que ha pasado periodos largos de soltería ha descubierto que ellas mismas son su mejor compañía.

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Transitar de una vida pensada para vivirse en pareja a una en soltería, implica retos importantes: primero, porque la vida misma tiene una serie de desafíos en su recorrido, y segundo, porque estos desafíos se acentúan cuando la cultura dominante sigue privilegiando la idea de que el matrimonio forevery la familia nuclear intactason los caminos de la estabilidad y el éxito.

Somos, inevitablemente, moldeados por el entorno en el que crecemos: familia, escuela, comunidad, sociedad, época histórica con sus consecuentes paradigmas en puerta, entre muchos otros aspectos. Sin embargo, hay que cuestionarse las propias creencias anquilosadas, de lo contrario, podrían repetirse los roles del soltero tradicional: triste, incompleto, y al servicio del trabajo o la familia porque no tiene una vida propia.

Pareja seduciendose

Superación de rompimientos amorosos

Muchas personas se integran a la soltería tras un divorcio, lo cual supone un desafío particular. No es lo mismo ingresara este estilo de vida tras un quiebre amoroso elegido, que como consecuencia de la decisión de la pareja (cuesta entender que para formar una relación se necesita la decisión de dos personas, pero, para terminarla, basta que una no quiera continuar).

Quienes son arrojados a la soltería por una separación no deseada, además de la frustración y el resentimiento que les produce su estado, albergan sentimientos de enojo, de depresión y de angustia que tienen que superar. No obstante, necesitan trabajar la inseguridad personal que produce sentirse dejado para hallar las virtudes de su nuevo estado civil. Asimismo, aquellos que deciden terminar con la relación, deberán aprender a manejar la dosis de culpa que su decisión implica. Para ambas partes, es un camino que necesita repararse y cada uno debe sanarlo por su cuenta.

Ciclos de cambio 

Para poder integrar una forma diferente de vida (fuera de la normatradicional) hay que estar dispuesto al cambio, tener apertura a la movilidad y la capacidad de soltar. Esto no significa que la soltería implique una sucesión de experiencias banales y poco comprometidas, más bien es el aplomo de vivir con intensidad y responsabilidad la experiencia elegida y tener el coraje de saber dejar ir cuando el ciclo de lo vivido llegó a su punto final.

Aceptación de la incertidumbre

Si bien la incertidumbre es parte de la vida de cualquiera, quienes viven en una pareja establecreen transitar un trayecto bien definido y un futuro asegurado (¡cuántos no se dan un frentazo cuando descubren que fíjate que siempre no!). A los solteros, en cambio, si bien planean, desean, emprenden y logran, los vi- sita con más frecuencia la estimulante (e inquietante) pregunta: “¿cómo será mi vida a lo largo del tiempo?.

En su diario acontecer experimentan más, esperan menos, planean hasta donde pueden el futuro, pero requieren aprender a tolerar una buena dosis de incertidumbre, y a aprender a vivir en paz en medio de la impermanencia.

Manejo de la soledad

La soledad tiene una pésima fama porque con frecuencia se la empata con la idea de aislamiento o desolación. El aislamiento (a diferencia de la soledad) es traumático: somos seres sociales que, de una u otra forma y con mayor o menor necesidad de convivencia, requerimos del intercambio con los otros, tanto para sobrevivir como para construirnos como personas. Es distinto estar solo y poder hacerlo (incluso disfrutarlo) contando con la posibilidad de interactuar, convivir, solicitar ayuda y dar cariño, a no tener a quién recurrir en caso de desear compañía o necesitarla.

Por otro lado, la desolación tiene que ver más con la interpretación que le damos al hecho de no tener pareja (y a veces hijos), desde la visión de la cultura dominante. Pero, independientemente de que decidamos estar con alguien, ser padres o no, aprender a vivir en soledad es tarea básica para cualquier ser humano. Es en la soledad donde nos relacionamos con nosotros mismos, donde construimos la autonomía necesaria para crecer y el espacio donde planeamos quienes queremos ser.

 

Construcción de redes sociales

Puede ser lastimoso y frustrante querer seguir encajando en antiguos grupos que se sostienen en estilos de vida que invisibilizan la vida en soltería, de ahí la necesidad de soltar espacios que restan más de lo que aportan, al tiempo de construir nuevos ambientes que respondan a la persona que son en su presente.

Sobra decir que un soltero ajeno al mundo virtual queda fuera de infinidad de intercambios y encuentros propios de la soltería: ¡los solteros están en las redes! Así que a navegar en ellas.

Incorporar el error

La libertad que tienen los solteros facilita el despliegue de vivencias que se construyen a base de “prueba y error”: experimentan más, se equivocan más, pero aprenden más. Sin embargo, aceptar los errores y continuar requiere de un trabajo de seguridad personal, de medir los riesgos, y de capacidad de recuperación.

Es reto especial de los solteros aprender a no vivir como fracaso los errores que, inevitablemente, se cometen en el camino.

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No todos los solteros y solteras son iguales; un estilo de vida individual se percibe diferente según la edad de la persona. Marie France Hirigoyen, en su  libro Las nuevas soledades, hace algunas distinciones. 

No somos iguales

De los 20 a los 35 años, las personas solas aún esperan el encuentro del “gran amor”, pero la prolongación de los estudios y la falta de estabilidad laboral hace que los “compromisos” relacionales se posterguen.

Entre los 35 y los 45 años, particularmente las mujeres, se cuestionan el tema de tener o no hijos. Algunas profesionistas con puestos de alto rango esperan el límite biológico para analizar si se van a embarazar. Tanto hombres como mujeres experimentan esta etapa como un estado pasajero. 

Después de los 45 años, llega a menudo “la individualidad de los divorciados”, quienes, tras años de relaciones que dejaron de tener sentido para ellos, retoman su vida autónoma priorizando sus deseos, intereses y valores. 

Los solteros seniors, de entre 60 y 75 años siguen siendo muy activos. Varios aún gustarían de tener una relación pero muy pocos anhelan formalizar. Otros prefieren su absoluta individualidad: si tienen hijos, dividen su tiempo entre ellos y las amistades. La mayoría se permite gustos estereotipados como viajes o gustos lujosos.

Vive tu soltería de manera plena

No podemos negar que la vida individual incluye la paradoja de no escapar a cierto sufrimiento por los prejuicios que imperan en la sociedad y, a la vez, de procurar el goce de una buena dosis de paz y libertad. Quédate con lo segundo y recuerda que más que un estado civil, la soltería es un estilo de vida: una experiencia puede ser enriquecedora y placentera si así lo deseas. Lograrlo depende de ti. 

 

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No todos los solteros viven igual su soltería; ¿cuáles son las diferencias entre estos grupos de solteros? o ¿cómo se conciben los habitantes de cada uno de estos territorios?

ROJO: ARROJADOS

  • Piensan que la vida es mejor en pareja. 
  • Se sienten inadecuados o rechazados porque no han encontrado a su “media naranja”.
  • Posponen proyectos estimulantes o valiosos por darse a la tarea de encontrar “su amor ideal”.
  • Piensan que lo que hasta hoy habían vivido era “válido” porque eran jóvenes y estaban en etapa de experimentar.
  • Consideran que el ingreso a la “madurez” se los da el casarse y tener hijos. 
  • Creen que lo que da significado a sus vidas son los vínculos de pareja, y no los diversos vínculos amistosos, laborales y culturales. 

AMARILLO: EN TRANSICIÓN

  • Han comenzado a soltar “las cargas” de un rompimiento. 
  • Comienzan a apreciar las bondades de la individualidad y su estilo de vida empieza a tener descubrimientos interesantes. 
  • Están abiertas a las posibilidades que este estatus les pueda brindar como…
  • Recorren un proceso de aceptación de su soltería. 
  • Se resisten menos a lo que están viviendo e integran mejor su nueva realidad. 
  • Si bien, la incertidumbre sigue siendo parte de su vida, experimentan una esperanza que los abre a vivir experiencias diversas, a cuestionar la vida convencional.
  • Desafían los prejuicios y mitos relacionados con la vida individual. 

VERDE: POSICIONADOS 

  • Valoran y defienden su soltería. 
  • Entienden que no todas las personas tienen la vocación de la vida matrimonial.
  • No sienten culpa por vivir de una forma “diferente”.
  • Priorizan su crecimiento profesional y tienden a ser exitosos laboralmente.
  • Ven en su trabajo una fuente de satisfacción y de servicio. 
  • Refuerzan su autoconcepto.
  • Obtienen reconocimiento social.

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Las “malas lenguas” y algunas investigaciones dejan ver que la vida llevada de manera individual está en aumento. Se pronostica que, para mediados de siglo, una tercera parte de los hogares de nuestro país serán unipersonales. Es evidente que, en los últimos tiempos, los humanos hemos migrado de un estilo de vida comunitario a una rampante individualización. 

 

El camino no ha sido sencillo…

Recorriendo la historia, encontraremos que, a partir de la modernidad, triunfaron valores antes despreciados: progreso, comunicación, felicidad, libertad e individualidad. Se deja atrás el llamado “oscurantismo” y el teocentrismo de la Edad Media para retomar al hombre como centro del universo y a la razón como eje para combatir la ignorancia, la tiranía y la superstición. Con el triunfo del capitalismo en el siglo XIX queda coronada la primacía del individuo.

Factores que detonaron la vida individual

La culminación de la individualidad se gesta en el siglo XX con una serie de avances tecno-científicos nunca antes vistos, así como varios movimientos sociales que cambiaron nuestra mane-ra de pensar: la revolución sexual, con la legitimación del placer, invitó a los individuos a explorar sus cuerpos y cuestionar sus relaciones a favor de la satisfacción personal; el movimiento feminista dotó a las mujeres de poder y las posicionó en la vida pública tras años de enclaustramiento doméstico. Hace poco, era imposible vislumbrar la vida a solas. En términos prácticos, se necesitaba de una familia aglutinada para reproducirse… y producir.

 

Abramos a la puerta soltería

Pero con todo y los logros de la tan preciada conquista de la vida individual, la experiencia misma de la soltería, de pronto, tiene un toque surrealista (y algunos retos por superar): ¿Será real lo que vivimos nuevas caras de la soltería? ¿Son acaso un cúmulo de sueños de los que vamos a despertar? 

Yo digo que no “abramos la puerta” a las irrupciones de aquellos que aún estigmatizan la vida en “solo” y, en cambio, sí permitámonos la experiencia de dejarnos envolver por el discreto encanto de una vida individual…

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Aunque la vida de pareja en muchos contextos sigue siendo “la norma”, cada vez son más las personas que quieren una vida individual, que la disfrutan, y que se construyen a través de ella. Ni la crisis económica de los últimos tiempos, a consecuencia de la pandemia, ha podido parar esta tendencia y sin importar las razones que las orillan a ello, cada vez son más los hombres y las mujeres que deciden disfrutar de su “soledad”. El camino no ha sido sencillo, pero hoy, más que nunca, ser soltero está de moda. 

¿De dónde viene este cambio de perspectiva?

Eric Klinenberg, sociólogo de la Universidad de Nueva York, destaca en su libro Going Solo los siguientes: 

  • El incremento de la esperanza de vida.
  • La incorporación de las mujeres al mercado laboral.
  • El rechazo de los jóvenes a compartir vivienda y a comprometerse.
  • La revolución en las comunicaciones, que permite el contacto permanente con los demás.

Estos factores según Klinenberg, empujan a superar el antiguo estigma del “soltero” o el “solitario”, y resaltan los privilegios de la vida individual. ¡Y es que las ganancias son muchas! Además de la conquista del espacio y el tiempo personal, los “solos” pueblan los rincones de las ciudades y llenan de vida los espacios públicos. Forman grupos con personas que comparten intereses y valores, gastan más en ellos. 

Ser “solo”

Ser “solo” (o “ sola”) hoy tiene incluso un sesgo de éxito y libertad. En particular para las mujeres, actualmente las solteras tienen la oportunidad de demostrar que pueden vivir una vida plena sin la necesidad de casarse o tener pareja.

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Estar bien consigo mismo no es cosa que se logre con facilidad, pero la soltería pone el 50% de las condiciones necesarias para lograrlo, que es tener tiempo con uno mismo. El otro 50% le toca a cada quién. ¿Pero por qué a algunos les resulta tan desabrida la vida sin pareja? 

La vida es un pastel con varias rebanadas

Preguntémonos cuántas áreas de desarrollo y satisfacción tiene una persona. Hay quienes sostienen su vida con sólo dos o tres dimensiones (pareja y trabajo, por ejemplo). ¿Qué pasa cuando hay una de estas crisis entra en crisis? El equilibrio se pierde y la gente se puede venir abajo. Si tenemos seis o siete áreas de desarrollo y satisfacción, en cambio (por ejemplo la profesional, la social, la familiar, la del cuidado físico, la intelectual, la artística, la cultural, la deportiva, la espiritual, etcétera), el equilibrio se sostiene en caso de que alguna de ellas se desestabilice. Así pues, ¿por qué darle un peso desproporcionado a la relación de pareja? Por supuesto que lo tiene, pero debe tomarse en su justa dimensión. La soltería, por el tiempo libre que ofrece, constituye una enorme oportunidad de desarrollo personal.

 

Tú eres tu mejor compañía

Aprender a estar con uno mismo aporta un autoconocimiento mayor, así como crecimiento y evolución. Recuerda, sobre todo si estás viendo tu soltería como algo temporal, que si no eres una buena compañía para ti mismo, difícilmente lo serás para alguien más. En cambio, quien disfruta su soledad con la conciencia de que es una persona completa, muy probablemente cesará de actuar como si estuviera “trunco”. Dejará, entonces, de ser un alma en busca de “su media naranja”, para convertirse en un alma al 100%.

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.