Según una formula usada en 2005 para calcular el día más triste del año, el tercer lunes de enero es esa fecha. Los factores que se tomaron en cuenta fueron el clima, el nivel de deuda post-navideña, los propósitos de año nuevo y la motivación o desmotivación para cumplirlos.

Sin embargo, sabemos que la depresión -aunque la hay estacional- no es algo que se pueda predecir con fórmulas. Si bien, en enero venimos saliendo de las fiestas navideñas y puede haber un bajón en los ánimos, no quiere decir el Blue Monday sea algo que necesariamente nos tenga que afectar.

También hay que distinguir que sentir melancolía y tristeza no es equivalente a estar deprimido, eso sin olvidar que una melancolía prolongada sí podría desembocar en depresión. Una persona melancólica está en constante espera de encontrarse en una mejor situación y, al no ocurrir, puede caer en una tristeza sostenida y y quizás en la decepción.

 

De la melancolía a la nostalgia

Extrañar el pasado es parte de la naturaleza humana, pero quedarse estancado en las buenas épocas de antes conlleva problemas para vivir el presente. No está mal recordar lo vivido, de hecho, nos da un sentido autobiográfico con el que podemos transformar algo doloroso en una narrativa positiva, es decir, pasar de la melancolía a la nostalgia.
Para cumplir este proceso se debe dejar de lado la añoranza, asimilar las experiencias que vivimos en el pasado y aceptarlas como parte de quien somos hoy; tener presentes los recuerdos que nos proporcionan crecimiento y sobre todo, mirar al pasado con gratitud.

Vector terapeuta consolando a paciente, fondo azul

Marketing útil

Al final, Blue Monday es un término que, así como se puede usar para fines de mercadotecnia, también puede ser útil para abrir conversaciones sobre la depresión. Siempre es importante pedir ayuda a tiempo, si el día más triste se convierte en meses de desánimo es momento de acercarse a una terapia que ayude a salir de una insidiosa depresión.

¡Cuidado con la depresión decembrina!

Persona con gorro rojo viendro a través de ventana lluviosa

 

Nos han vendido la idea de que la Navidad es una época más feliz del año, en la que estamos obligados a sentirnos contentos y disfrutar de los festejos. Sin embargo, algunas personas no compaginan con este ánimo festivo.

Un problema que se debe identificar

La depresión navideña ¡no es un mito! se manifiesta con desánimo, nostalgia, apatía y melancolía ante la temporada decembrina; tiene síntomas similares a los de cualquier episodio depresivo como cansancio, desgana, pérdida de vitalidad, irritabilidad extrema y pensamientos negativos.
Además, se tienen que considerar otros rasgos:
–  Pérdida de interés por lo relacionado con la Navidad.
–  Sentir molestia ante los villancicos, las decoraciones navideñas, y cualquier cosa
relacionada con la festividad.
– Apatía por las actividades relacionadas con los festejos decembrinos.

–  Aislamiento y poco interés por la compañía de otras personas.

 

 

Es algo pasajero que aparece en diciembre, ya pasadas las fiestas las personas se recuperan para continuar con su vida diaria. Sin embargo, hay que poner especial atención cuando se presentan síntomas prolongados como: fatiga, problemas para concentrarse, alteraciones de sueño y de apetito, irritabilidad general, pensamientos suicidas ya que puede tratarse de una depresión más profunda.

Esferas con corona rotas

¿Por qué pasa en Navidad?

Hay muchas razones que hacen que la Navidad sea una fuente de estrés, frustraciones y melancolía:
1. Factores climáticos, como recibir menos horas de luz tienen efectos en los niveles de serotonina que, al disminuir puede conducir a la depresión. En el invierno desciende el nivel de melatonina en el organismo, hormona encargada de controlar los ciclos de sueño y el estado de ánimo.
2. Las vacaciones infantiles, aunque son motivo de ilusión para los niños, no tanto para todos los adultos.
3. Exceso de compromisos y de gastos.
4. Parece que es la temporada de valorar los logros y fracasos para cerrar ciclos y tener proyecciones a futuro, que pueden venir cagados de temores.
5. Nos hacemos conscientes de las pérdidas de seres queridos, dolor que se recrudece al ser una época emocional y familiar.
6. Se reactivan conflictos familiares no resueltos.
7. En Navidad parece que estamos obligados a ser felices, y esto genera el efecto contrario en los que no lo están: intensifica el malestar.

 

¿Cómo se puede atenuar, capotear o evitar?

  • Fomentando un estilo de vida sana durante el año y buscando sentido en tu ocupación.
  • Identificando y reconociendo tus emociones para entender tu malestar y poder darle la vuelta.
  • Evitando las típicas reflexiones de fin de año; alguien deprimido no tiene objetividad, puede ser un juez muy severo con sus fallas y lo contrario con sus logros.
  • No esperando que en diciembre se resuelva la vida y se encuentre armonía al 100%.
  • Encontrando razones para estar agradecidos.
  • Teniendo atenciones con los demás; los actos generosos hacia otros producen una sensación de gratificación.
  • Manteniendo la convivencia SANA para evitar el aislamiento, PERO ¡no exageres!
  • Diciendo NO a lo que te desborda y no te hace sentido.

Esfera roja rota

 

No te quedes de brazos cruzados

Es importante considerar que la depresión tiene orígenes genéticos, bioquímicos, psicológicos y
sociales. Se le considera de origen endógeno cuando ningún hecho concreto la desencadena –como el caso de la depresión navideña-, pero puede llegar a agravarse y, si no se trata adecuadamente, podría extenderse.

Recordemos, un buen diagnóstico es básico para saber cómo tratarla. A veces basta trabajar en terapia para conocer sus causas y cambiar nuestras conductas; otras tantas se requiere un entrenamiento para poder “ponerla a raya” y, en ocasiones, se requiere una intervención médica para que nuestro organismo reestablezca su equilibrio bioquímico.

Si tienes dudas escribe a Psicoterapia la Montaña en el 5545548535. ¡Una consulta te puede hacer una gran diferencia!

personajes de caja con gorros de navidad y regalos de fondoQué va primero ¿tu salud física,  mental y tu paz interna o prolongar lo impostergable por “cuidar a los demás”?

Las festividades decembrinas y el próximo cierre de año tienden a sacudirnos de una manera en la que hay emociones y malestares que se agudizan, de igual manera, esta temporada nos plantea diversos cuestionamientos sobre logros pasados y proyectos a futuro.

Durante los festejos Navideños, a ciertas actividades, sí o sí, se les pone un freno momentáneo; por ejemplo: el inicio de proyectos laborales, intervenciones para mejorar la remodelación de tu casa, hasta operaciones quirúrgicas que es necesario posponer. Pero hay situaciones, como terminar una relación amorosa, que sí se pueden considerar e incluso, decidir.

 

Un mal amor recrudece sus efectos en estas temporadas, pero ¿por qué?

  1. Entran en juego los acuerdos necesarios para organizar y pasar las fiestas, que generan estrés.
  2. Los encuentros con personas y familiares que vemos poco evidencian o detonan malestares.
  3. El que paren o disminuyan actividades rutinarias y laborales intensifica el convivio de pareja, reflejándose en malestar amoroso (se comparten vacaciones, encierros familiares o reuniones no cotidianas tornan intolerable la intimidad).
  4. Suceden eventos puntuales que dan cuenta de la fragilidad o poca certidumbre que genera la relación.

personajes de caja con gorros de navidad 

Pasos para preparar una decisión

Pregúntante: ¿Esto que siento respecto a mi pareja se dio solo este año o solo con esta persona?

  • Si NO es la primera vez que te pasa, habrá que considerar:
    • Ocurre cada año, estés con quien estés, por lo que tal vez la situación no tiene que ver con la pareja.
    • Ocurre cada año, con la misma persona, por lo que es momento de tomar en serio el malestar, buscar solución o tomar acción.
  • Si es la primera vez que te pasa, habrá que distinguir:
    • Si pasó algo distinto a años anteriores (con la familia, el trabajo, COVID, etc.).
      1. En esta caso date un tiempo para, pasadas las fiestas, asentar la rutina y ver si baja la tensión con tu pareja o surge un problema concreto con ella que puedas resolver. A veces las fiestas generan un malestar difuso y generalizado, que nos confunde y se deposita en la pareja.
    • Si todo es igual y solo la pareja te perturba:
      1. Considera si lo que pasa es algo mayor y no puedes, o no debes, tolerarlo (violencia, mentiras, aburrimiento total).
        • En este caso pon un alto, al menos temporal, y prepárate para luego terminar. No sigas conviviendo porque la cercanía aumenta la posibilidad de poenr en riesgo tu integridad.
      2. Considera si hacer un cambio en este momento te generará más estrés del que ya tiene.
        • En este caso da el paso interno de decidir que SÍ TE MOVERÁS de esa relación, aunque no sea ahora, y planea los pasos para organizar tu salida.
      3. Considera dar un primer paso que empiece a marcar la retirada y preparar la acción.
        • En este caso podrías compartir tu decisión con alguien de tu confianza, o hablar con tu pareja para parepararla, incluso empezar a empacar y tener una charla con los hijos que te han preguntado algo.

personajes de caja con gorros de navidad y pinos nevados

¡OJO! Son muchas las razones que nos detienen a tomar UNA decisión de este tipo cuando es necesario hacerlo:

  • Arruinarle la cena a alguien.
  • Desperdiciar un viaje ya organizado o pagado.
  • Temor a no tener con quien y a dónde ir durante las fiestas.
  • Amargarles las navidades a los hijos, cuando los hay.
  • Quedar mal con alguien con quien ya habías acordado algo.

 

Éstas no son, en general, buenas razones para detener una decisión, por eso elige la opción que más se acerque a tu momento y a tu condición, y deja de rumiar la situación.

Mujer vestida de rojo con gorro de navidad sosteniendo un regalo

Los retos de la vida actual son particularmente desafiantes y el proceso concreto que recorres para dejar atrás un ciclo o etapa de vida requiere cuidados particulares. Este cierre de año es una oportunidad para mirar lo que pasó en 2021 y reconciliarse con ello. Es también la oportunidad para valorar y mejorar la relación contigo mismo, ser quien eres y ¿por qué no?, olvidar eso que te trae atorado y te impide seguir adelante: desde una ruptura amorosa, la incertidumbre laboral hasta la pérdida inesperada de un ser querido.

Cuatro emojis con cuatro emociones: triste, contento, enojado, confundidoPor eso, vale la pena reconocer que hay ocasiones en las que una consulta a tiempo o un proceso psicoterapéutico oportuno puede facilitar tu travesía, aminorar los costos, hacer eficiente tu esfuerzo y agilizar tu recuperación.

La psicoterapia o la consulta psicológica no son sinónimos de fracaso, menos aún de enfermedad mental. Los apoyos terapéuticos facilitan encontrar respuestas creativas a la situación que estás viviendo. En momento de crisis se reactivan los viejos mecanismos de respuesta que ciertamente ya no corresponden a los eventos que hoy enfrentas.

Dos mujeres en sesión de terapia

Aplicar soluciones viejas a nuevos problemas esperando resultados diferentes es la antesala del auténtico fracaso. En este momento una mirada diferente puede ayudarte a reactivar tus recursos internos y dar respuestas eficaces a tu situación. Date la oportunidad, si te sientes estancado, de agilizar tu proceso acompañándote de un profesional.

El dinamismo de tu vida es una invitación a desarrollarte; actualizar ese potencial innato y latente es lo que te construye como ser humano. Seguramente has sentido la fuerza de tu ser cuando quiere crecer: se trata de tu propio potencial buscando el desarrollo, que puedes fomentarlo siendo consciente y fomentando el diálogo interior. Los efectos de este desarrollo generarán en ti la sensación de congruencia y la experiencia de autonomía.

No se nos ha dado una existencia acabada sino una vida por construir

Para ello, tú -y sólo tú- eres responsable de generar las condiciones que facilitan tu crecimiento; es decir, necesitas integrar armónicamente tres facultades humanas como efecto de tu capacidad consciente: sentir, pensar y actuar. Además de que puedas sentir, necesitas entender; no es suficiente que entiendas, tendrás que hacer un juicio crítico; no bastará con hacer un juicio crítico, habrás de comprometerte, actuar para transformarte y transformar tu mundo. Como ser único, creativo e irremplazable contribuyes de manera insustituible a la tarea de creación personal y de tu entorno.

Atrévete a cambiar

Hay quienes piensan que las personas no pueden cambiar. A estas alturas del partido, con nuestra experiencia y trayectoria, tenemos la certeza de que todos tenemos un margen para mejorarnos. ¡No creer en el cambio sería desesperanzador! El ser humano siempre es perfeccionable, por esto mismo nunca termina de construirse: cada meta que logras es un nuevo comienzo y la manera de recorrer esta aventura de vivir es tan única como lo eres tú.

El cambio favorece el crecimiento, y con éste se llega a la madurez. Pero ¿qué es la madurez? Se usa esta palabra de forma tan constante que es mejor hablar de sus efectos para que le reconozcas en ti y en los demás. Se manifiesta en formas concretas al afrontar tu vida: ser más reflexivo en tus decisiones; actuar con detenimiento e inteligencia en vez de impulsividad y arrebato; ser más autocrítico al asumir una justa valoración de ti mismo, tanto en tus riquezas como en tus limitaciones; buscar comprensión del mundo en el que vives y generar relaciones constructivas con quienes te rodean; tolerar la frustración y posponer el placer y la gratificación cuando es necesario hacerlo y, por último, adquirir la posibilidad de asumir el sufrimiento inevitable de la vida, afrontándolo y aprendiendo de él.

Éstas son las auténticas manifestaciones de la madurez; no bastan los buenos propósitos ni los sabios discursos.

Elegir la inmadurez como modo de funcionar en la vida es una opción. Esta vía se caracteriza por actuar de manera impulsiva, cambiando permanentemente de foco; culpar a los demás de los fracasos sin asumir responsabilidad sobre las decisiones; mendigar la comprensión de los demás para que avalen tus errores sin fomentar tu propia capacidad para evaluar tus acciones y hacer de tu punto de vista el parámetro de la medición; por vivir las experiencias frustrantes y los eventos dolorosos como tragedias de las que no puedes aprender y, por lo tanto, deseas a toda costa evitar.

Por el contrario, elegir la madurez es elegir el camino del autoconocimiento, saber qué puedes hacer y cuáles son tus limitaciones. Considerar si tienes la fuerza para realizar el esfuerzo que requiere el reto y medirlo desde la realidad. Ver si los resultados que tendrás tras realizar el esfuerzo son los esperados y luego valorar el logro para persistir en él, o bien cambiar de objetivo o de estrategias. Sólo la superación personal hace posible la felicidad general. Y como ves, ésta no se persigue en sí misma sino que es resultado de algo.

El camino hacia la madurez

Para madurar requieres activar tu conciencia y el uso de la misma no se da de manera automática. Por eso, para madurar, necesitas querer hacerlo, saber cómo y ponerlo en práctica. Lo ideal sería que bastara tu deseo, pero la conquista de la madurez no se da solamente así. Si deseas crecer, necesitas hacerlo: es decir, aprender nuevas conductas.

¿Por qué algunas personas avanzan más fácilmente hacia la madurez mientras otras se pierden en el camino? Una educación permisiva, con demasiado confort, dificulta el arrojo que se requiere para emprender cualquier tarea e incrementa el temor a correr riesgos, cometer errores y asumir las consecuencias. Por otro lado, una educación extremadamente autoritaria exhorta a quienes la reciben a obedecer a rajatabla sin reflexionar ni cuestionar, impidiéndoles contactar su brújula interna y dificultando la posibilidad de elección: se someten o reaccionan.

Cualquiera que sea tu trayectoria previa debes saber que todos transitamos de la inmadurez a la madurez. La inmadurez no es lo opuesto a la madurez sino su estado previo: la una conduce a la otra si se trabaja personalmente. Sólo se aprende a madurar viviendo: la vida siempre abre oportunidades de aprendizaje. Posiblemente tu experiencia de separación es hoy una puerta de entrada para emprender el camino de ser quien eres y madurar.

Sin duda hay una correlación entre la magnitud y frecuencia de los problemas afrontados y el grado de madurez alcanzado. El número de situaciones críticas afrontadas en la vida y tu modo de resolverlas de forma adecuada acorta el camino hacia la madurez. Mientras más trascendentes sean las situaciones atravesadas y más responsables tus decisiones mayor es el aprendizaje vital y la maduración obtenida.

Todos los días tienes que decidir sobre cosas cotidianas, en cierto modo de poca trascendencia, pero existen momentos en la vida en que la decisión es crucial. De lo que optes en esas circunstancias dependerá, de manera determinante, tu futuro. Ciertamente tu rompimiento amoroso es una de esas experiencias cruciales.

Se dice que a lo largo de la vida se dan entre ocho y 10 de estas decisiones vitales, sin duda podríamos incluir elecciones como tener o no hijos, casarse o no, cambiar de dirección profesional o de trabajo.

Algunos de esos eventos se dan por propia iniciativa, son decisiones personales desde el deseo y la conciencia, desde el impulso del crecimiento. Otros son posturas que hay que tomar ante situaciones que nos ocurren y nos hacen asumir responsabilidades ante ellas; requieren la aceptación y afrontamiento de elecciones que no hemos tomado nosotros y que generalmente producen desasosiego y dolor. En ambas situaciones las decisiones que tomes y las posturas que asumas tendrán aciertos y desaciertos: por ello tendrás que detenerte para verlos, rectificarlos y decidir si persistes en la elección o replanteas.

¿Desde qué lugar afrontas lo que vives? ¿Como una iniciativa de cambio o como una respuesta ante un planteamiento que no esperabas? Cualquiera que sea tu situación,la actitud que asumas en esta etapa de la vida puede ser un disparador hacia la madurez. Si haces lo que debes hacer te convertirás en quien quieres ser. Casi nos atrevemos a afirmar que las decisiones trascendentes se dan de manera particular en el mundo de los afectos; que las decisiones amorosas son definitivas pues, además de compensar las carencias infantiles, son fuente de apoyo para el crecimiento desde la propia responsabilidad.

Sin duda, el caos bien atravesado siempre pronostica un nuevo orden, más rico y prometedor en la vida. En tu vida.

El cambio, la pérdida de algo querido como un empleo, una casa o incluso un rompimiento amoroso incluyen dos grandes penas: el dolor que sentimos por todo lo que había y no hay; es decir, por todo lo que terminó, y el que sentimos por todo lo que no termina, esto es, por no poder desprendernos de algunas cosas, de algunos recuerdos, de algunas historias y aventuras compartidas, de varias responsabilidades generadas. Dolor que nos obliga a darnos cuenta de que no todo termina tan rápido ni tan fácilmente, que detrás de un final hay todavía demasiadas cosas por las cuales responsabilizarse, demasiadas vivencias por acomodar en su sitio, demasiados vínculos por redefinir, demasiadas experiencias por capitalizar, demasiados estímulos por procesar, demasiadas ausencias por superar…

En muchas ocasiones y circunstancias experimentamos no sólo la ausencia o la incertidumbre del cambio y lo que está por venir, sino mucho más: la experiencia de la presencia de lo ausente; esto es el dolor de lo que está y no sólo de lo que falta. Los vínculos no finalizan, se transforman; podemos terminar alguna relación amorosa, laboral o familiar, pero no se puede extirpar el vínculo.

Si alguna vez estuvimos unidos a alguien (o a algo), parte del otro, de una forma u otra, ha quedado en nosotros, por eso el vínculo sigue en nuestra alma, más allá de la lejanía del otro. Es necesario entonces que el lugar que ocupa sea lo más amoroso posible, un lugar de paz. Esto no significa rehacer la relación o recrear una situación, sino acomodar pacíficamente la experiencia en el corazón.

Mira en retrospectiva

 

Echa un vistazo hacia atrás y reconoce el proceso: ¿qué es lo que más disfrutaste? ¿Qué fue lo que más te interesó? ¿Qué etapa te pareció más difícil? ¿Cuál la más dolorosa? ¿Puedes identificar cuántos cambios han ocurrido en ti en las últimas semanas o meses? ¿Sientes que lograste un avance emocional? ¿Cómo te sientes respecto de la transformación que has vivido? ¡Has trabajado duro! Dejar atrás una relación, decir adios a un empleo, lugar de residencia o simplemente iniciar una nueva etapa de vida es quizá más difícil de lo que pensabas; por eso mucha gente se da por vencida antes de terminar el proceso de recuperación. Lo que implica este recorrido sólo lo perciben los pocos que logran transitar todo el camino para cerrar el ciclo y dar paso a uno nuevo. 

 

Transitar el camino 

 

Acercándote al final del trayecto podrás ver que nada garantiza la felicidad total; sin embargo, recorrer el camino de la recuperación  te brindará la posibilidad de sentirte mejor contigo mismo, de encontrar mayor paz estando solo, de descubrir opciones de vida estimulantes y de reconocer recursos propios para llevarlas a cabo. También pensamos que vivir este proceso te dispone a abrir la posibilidad de generar encuentros significativos con otras personas: amistosos, eróticos y amorosos. El camino completo para cerrar eso que llamamos “ciclos” para Volver a empezar en la ruta que decidas caminar lo realiza poca gente, no todos llegan al final.

 

Recuerda que de los costos de crecer es hacerse selectivo y gustar de menos cosas, de menos relaciones, aunque de mejor calidad. Esta selectividad te permitirá disfrutar más de la profundidad y significado de tus decisiones, de tus encuentros y por supuesto de los ciclos de vida que decidas comenzar.

Miedo a la incertidumbre 

 

Puedes también desanimarte un poco cuando sientas que los viejos patrones que creías haber vencido regresan y que no cambiaste tanto como lo imaginabas. Quizá retorne el temor al futuro, a lo que está por venir. Todo esto es normal. Recuerda el miedo que sentías cuando iniciaste el camino, tal vez te paraliza, tal vez te hacía reaccionar de modo poco constructivo para ti y para los demás. Ninguno de estos “tropezones” ha de impedirte reconocer los pasos que has dado, porque en pocas situaciones de la vida es tan clara la experiencia de proceso como en el momento de vivir un duelo por el vínculo con eso o aquello que queríamos pero que por la razón que sea, debemos dejar atrás. Esto no significa que hayas olvidado los costos de la decisión tomada ni despreciado lo que ya no está, sino que tengas conciencia de lo que dejó en ti ese pasado y agradezcas a la vida haberlo vivido el tiempo que duró.

 

Cerrando ciclos 

 

Sin duda el paso del tiempo puede llevarte a sentir nostalgia, esto es señal de tu avance pues significa que ya estás capacitado para reconocer los costos de iniciar un nuevo ciclo… Si vuelve a acosarte la culpa o la sensación de rechazo, visualiza cómo estabas antes de decidir dejar ir esa relación o situación y constata que no quieres volver a ese lugar; no volverás a atravesar el arduo camino transitado. Es momento de echar a andar lo que quieres realmente: dejar de vivir en el pasado para disfrutar el presente y planear el futuro. Hoy es momento de ir cerrando círculos para abrir nuevas puertas y, ahora sí, dar la bienvenida a lo que está por venir….

 

 

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Desde hace ya varios años los hombres llegan a consulta porque no entendían muy bien cuál es su papel en su relación… Las mujeres con las que comparten la vida son, según ellos, muy “independientes”. El tiempo como únicos proveedores del hogar ha terminado y el desconcierto está permeando su interacción con nosotras, desde el trabajo hasta la cama. Y aunque llevamos ya varias décadas hablando del papel de la mujer en la sociedad, en lo laboral, en la vida conyugal y con nosotras mismas, muy poco hemos discutido sobre cómo queda parado el hombre ante estos cambios.

Por eso, hoy que se celebra el Día del Hombre, o más bien habría que deci: Día de los hombres, es un buen momento para cuestionarnos qué significa ser hombre hoy y lo más importante: cuáles son las demandas absurdas que les hacemos a los hombres y que debemos cuestionar para acompañarlos en su propia liberación de género. 

Demandas absurdas

  • Los hombres han crecido “poniendo el cuerpo” como si no fuera suyo: lo han usado como herramienta y coraza, haciéndolo “fuerte” y guardando dentro de él temores y dolores, junto con sentimientos que, dicen, “no son masculinos”. Las mujeres tendemos a integrarnos más con nuestro cuerpo: entre la experiencia de la menstruación y, en ocasiones, de la gestación y el parto, aprendemos a entenderlo. Muchos hombres se disocian de su cuerpo, lo maltratan y no lo escuchan cuando habla, ignorando síntomas con tal de no parar esa máquina “productora”. Habitualmente, las mujeres sentimos el derecho a esperar “algo especial” del sexo masculino, mientras que ellos sienten el deber de darnos “ese algo especial”. Pero, ¿de qué se trata esa demanda femenina que atribuye a los hombres una masculinidad costosa? Sin duda, tiene que ver con esas características estereotipadas que sobreexige a los varones a que sean “superhéroes”: a cortejar, mantener, elogiar, proteger. Muchas mujeres no han renunciado al antiguo modelo “admirativo”, donde el hombre tiene que ser “más”: más rico, más fuerte, más seguro, más, más, más..

 

  • Las mujeres nos comunicamos con palabras; los hombres lo hacen con actos. A diferencia del más amplio lenguaje femenino, el masculino prefiere temas concretos relacionados con el mundo externo. Con frecuencia, nos quejamos de que ellos no hablan. Muchos no han sido educados para estar en contacto con su sensibilidad; y es probable que, conforme encuentren los modos de relacionarse con sus afectos, tengan más para expresar. Sin embargo, también hay que valorar el silencio de ellos, inherente a su masculinidad, acompañado de actos conmovedores y acciones solidarias.

 

  • Mientras se escribe y se reflexiona sobre la maternidad, la paternidad se ha mantenido en un perfil bajo. Las mujeres gestan y amamantan, crían y educan; los hombres, para proveer, han de estar fuera de casa y pierden la posibilidad de vincularse con sus hijos. Pocos reflexionan y se cuestionan acerca de la paternidad: la sociedad ni la aplaude, ni la solicita; cuanto más, al ser padres, se “certifica” su potencia sexual, al tiempo que se satisface la expectativa de dos mujeres: la madre y la esposa. Pero la paternidad como elección no es un deber sino un derecho que atañe a padres e hijos. 

 

  • Se dice que los hombres no tienen mucha resistencia a la soledad, quizá porque la que comúnmente experimentan es la de haberlo perdido todo tras fracasos, divorcios, despidos y derrotas. En dichas condiciones, ellos tienden a escapar en busca de otra persona o a entrar en el estatus de “fracasados solitarios”. Estar solo no significa estar abandonado, sino distanciarse de determinadas situaciones y personas para crecer. La soledad, entendida como elección, es propicia para la confrontación personal, para reconocer las propias sensaciones, necesidades y sentimientos, así como para poder desarrollar aspectos postergados. Hay quienes aún piensan que ser “hombre” es que “aquello” que está debajo de su cintura responda cada vez que se le requiera, lo cual da origen al mito de que, en el sexo, los hombres “siempre quieren y siempre pueden”. En el área sexual, las ideas de “producir y rendir” también aparecen como exigencias. La suma de estas creencias provoca que los hombres teman el no querer o el no “poder” tener sexo. Así, las disfunciones sexuales pueden ser una forma “silenciosa” a través de la cual el cuerpo se rebela por no tomar en cuenta lo que siente el varón. El sexo es más que genitalidad: es soltarse para sentir.

 

Vías de liberación

Parece claro, tras este recorrido, que los pesares y dificultades masculinos no vienen de una “envidia del clítoris”, como dice dice por ahí. Adquirir la identidad masculina es tarea ardua, pero que no se logra “asumiendo lo femenino”: la “cara oculta” de la masculinidad no es la de una mujer. El camino consiste en dos puntos: la posibilidad de los hombres de expresar esos atributos que les han sido negados por haber sido considerados características únicamente “femeninas”; y el reconocer y respetar tanto los modos como los estilos individuales y más auténticos de expresar dichos atributos. Y, partiendo de esta autenticidad, cada sexo se encargará de construirse primero a sí mismo y (si se quiere) de encontrarse después de manera más integral. Y hoy, 19 de noviembre, es un buen día para reflexionar en ello.

 

El amor, casi en cualquier presentación, es un intercambio. Y si bien no es “una por tí y otra por mi” en un “cuentagotas pichicato”, sí es esperar que el otro me considere, me ayude y me acompañe, y en un disponerme a considerar, ayudar y acompañar al otro también. 

Vivimos con la promesa de que al encontrar el verdadero amor, éste nos colmará; es decir, nos dará – por fin, y por el simple hecho de ser quienes somos – todo aquello que necesitamos y deseamos.  Y por tanto, navegando en la barca del “amor total” nuestras necesidades serán satisfechas y nuestros errores quedarán olvidados. Peor aún, cuando esto no ocurre persiste la ilusión de que al rato, mañana, o la próxima vez así será….

Estar enamorado es… 

Esta creencia es la fantasía del enamoramiento, esa experiencia de que todo será satisfecho y  cumplido con la pareja. Y es que estar enamorado es estar como de “luna de miel”. Y miren que ni las lunas de miel resultan, a veces, tan gratificantes. ¡Conozco a infinidad de parejas que inician el declive en las expectativas puestas en su viaje de bodas o en la boda misma.

El amor incondicional es una ilusión. Las renuncias y las entregas son la realidad.

Los sacrificios y las entregas evolucionan con el tiempo. Todas las personas cambiamos con el tiempo. Las parejas exitosas actualizan sus relaciones al preguntar y expresar sus necesidades, deseos, interes y valores. Pueden surgir nuevas necesidades a medida que las relaciones maduran y se profundizan.

Las crisis

En ellas se dan los grandes riesgos y las grandes oportunidades. En ellas se requerirá no solo renunciar sino a veces sacrificar algo. Las crisis también ofrecen la oportunidad de descubrir cosas de uno mismo y del otro que en un principio podrían parecer imposibles.

Conclusión 

La madurez – que implica autoconocimiento, capacidad de frustración, compromiso y autorresponsabilidad – da paso a condiciones elegidas y aceptadas que no solo son comprensibles para cada uno de los miembros de la pareja sino posibles de realizar. 

El conocimiento mutuo, la aceptación y el perdón son el kit de primero auxilios que previenen a la pareja del resentimiento y el martirio.

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.