¿Te ofenden las alusiones a tu edad?

De la serie “Para amar nuestros cuerpos”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 min 15 s

 

¿Vieja yo? Por el propio edadismo internalizado tratamos de silenciar la narrativa de nuesto envejecer. Los estereotipos sobre la vejez y la igualación de los términos de vejez y fealdad nos pone en una posición difícil a medida que envejecemos. El deseo de gustar y despertar pasiones no desaparece con el tiempo, pero ya que culturalmente la belleza incluye como elemento imprescindible la juventud, cuando nos hacemos mayores puede resultar difícil sentir ese atractivo propio.

 

4 verdades sobre la belleza y la edad

1. No es que no seamos interesantes, guapas y deseables con la edad, sino que el bombardeo de mensajes que generan una percepción negativa del cuerpo maduro nos pueden amargar un largo tiempo de nuestra vida.

2. Ahora, las mujeres vivimos  más que nuestras abuelas, y aun así a nuestra sociedad le cuesta ofrecer imágenes actualizadas sobre mujeres mayores y el envejecimiento.

3. Sin duda, la belleza tiene un componente exterior, pero también incluye importantes elementos interiores como la inteligencia, la emoción, la bondad, el entusiasmo por la vida, que son poderosas fuentes de atractivo.

4. La definición cultural de la belleza es profundamente antidemocrática, no hemos creado modelos estéticos incluyentes de las edades (las mujeres mayores no tienen referencias que hablen de su cuerpo, cómo manejarlo y sentirlo o las relaciones en términos de sexo y afectividad con el avance de la edad).

 

Por eso nos toca crear una propia idea de belleza independiente de nuestra edad en aras de desechar los estereotipos, para ello debemos aprender sobre cómo funciona el proceso de envejecimiento y qué esperar de los cambios que experimentará nuestro cuerpo para saber cómo cuidarlo y valorarlo.

 

Si deseas obtener más información sobre este tema, te invito al taller Aprende a disfrutar tu cuerpo y tu sexualidad con Alessa di Bari

Sumisa, rebelde o consciente

De la serie “Para amar nuestros cuerpos”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 min 20 s

 

Los tratados sobre el cuerpo y la belleza no mencionan los cuerpos de las mujeres viejas o en proceso de envejecimiento. Nuestros cuerpos cambian con la edad, van adquiriendo formas, texturas y posturas que no son las de antes. No mejores ni perores: diferentes, propias de un cuerpo maduro.

 

¿Qué posición asumimos  ante el cuerpo transformado por la edad?

 

1. Caemos ante la narrativa cultural del deterioro, la pérdida, el declive y decimos que nos sentimos mayores, enfermas, cansadas y asexuales, y que “ya no estamos en edad para eso”.

2. Predicamos la teoría del envejecimiento exitoso o del no-envejecimiento, y afirmamos que estamos estupendas, alegres, fuertes, sexuales y activas.

 

Es decir, o llegamos derrotadas antes de empezar y nos desanimamos; o nos anclamos en que la juventud es la única medida, no  permitimos el paso del tiempo y nos entregamos a una guerra contra nuestros cuerpos cambiados y cambiantes, predicando una falsa alegría y una actividad sin límites aunque nos lleva a un cansancio extremo.

Ambas posiciones suponen estereotipos sobre el envejecimiento y la desvalorización social de las personas mayores: una desde la sumisión, otra desde la rebeldía, pero ninguna reconoce que nuestros cuerpos se transforman y evolucionan con los cambios naturales que se han dado en nuestra vida.

 

Hablemos de nuestros cuerpos cambiados, mirémoslos con cariño y curiosidad, dejemos nuestro enfado a un lado, y trabajemos en ellos y por ellos. Cuando somos capaces de reconocer estos cambios, retamos el discurso de la eficiencia y del rendimiento de la actividad, considerados como la única manera de estar significativamente en el mundo. Tener otras capacidades o las mismas de siempre en diferentes intensidades y utilidades es reconocerse otra, la misma, pero cambiada. Ni mejor ni peor, la misma, pero diferente.

 

No te pierdas el próximo 21 de mayo el taller con con Alessa di Bari Aprende a disfrutar tu cuerpo y tu sexualidad con Alessia di Bari

De la serie “Para amar nuestro cuerpo”

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

La definición cultural de la belleza es profundamente antidemocrática, no incluye la diversidad estética y parece que por ahora nosotras tampoco hemos sabido crear una mirada aprobatoria y valoradora de la diferencia, que nos permita apreciar nuestra propia belleza y la de otras mujeres.

 

Hablemos de cómo carecemos de modelos estéticos que incluyan la diversidad, y cómo muchas veces somos nosotras mismas quienes  desaprobamos y criticamos las diferencias: “quién le cortó a María el pelo,parece espantapájaros”, “qué necesidad de Mónica de usar esos colores, la hacen verse tan mal”, “en qué cabeza cabe ponerse ese vestido ajustado que resalta su panza”. Existe una compulsión femenina por criticar el cuerpo de las otras. ¿Poooorrrrrr? ¿En qué nos suma esta actitud? La competencia voraz por el cuerpo perfecto y la juventud eterna solo nos separa de las otras mujeres y consume nuestra vida en rutinas y proyectos ilusorios, opresivos y desgastantes.  

 

¿Tener 50 y verse de 25 implica libertad o es una forma de tiranía? Sin duda, hemos avanzado como civilización y muy particularmente en temas de inclusión e igualdad, pero el mandato femenino “sean perfectas y sexuales para complacer a los hombres” sigue limitando nuestras decisiones y alejándonos de la posibilidad real de habitar libremente nuestro cuerpo y disfrutarlo.

Una belleza con mirada propia 

 

Nos hacen creer que el poder femenino es y ha sido la belleza -una que ha sido definida culturalmente desde fuera-, por lo que constantemente necesitamos la aprobación de los demás. Nos evaluamos a partir de nuestro cuerpo, lejos del control de nuestras propias necesidades, carencias o deseos.

 

¿Por qué siento la necesidad de juzgar el cuerpo de otras mujeres? ¿Por qué no me gustan? ¿Será porque algo en mi cuerpo no me gusta? Queremos gustar, claro, pero ¿a quién?. Quizás el primer paso sería pensar que  debemos gustaros primero a nosotras mismas, vernos en el espejo e identificarnos con la imagine que éste nos devuelve.

 

No te puedes perder, el próximo 21 de mayo, las reflexiones que haremos sobre el tema en el taller con Alessa di Bari Aprende a disfrutar tu cuerpo y tu sexualidad con Alessia di Bari

De la serie “Para amar nuestro cuerpo”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

Históricamente, a las mujeres se nos ha valorado y recompensado por lo que evocamos en los demás, no por lo que deseamos. Poco interesaban nuestras acciones, nuestros sueños e intereses, nuestros proyectos. Nuestro máximo valor consistía en ser objeto de deseo. Y es que desde niñas recibimos –explícitamente o no- el mensaje de que debemos gustar,  y que nuestra apariencia es un elemento clave en nuestras vidas; necesitamos el halago. Preferimos ser deseadas a ser valoradas.

 

Y no tiene nada de malo querer ser deseadas, a todos nos gusta gustar. El problema es centrar el deseo sólo en la mirada del otro (casi siempre de un hombre) dándole el poder de decir si somos atractivas, si tenemos capacidad de seducción, y si somos interesantes y valiosas. Nos alejamos de nuestras propias necesidades, intereses o deseos.  Preferimos ser deseadas a ser valoradas. El deseo de gustar es agradable y genera bienestar psicológico, pero necesitamos integrar mensajes más incluyentes de lo que es ser interesantes y atractivas.

 

Por lo que mi consejo central es: antes de querer gustar aprendamos a gustarnos a nosotras mismas y entender que nuestro autoconcepto no requiere de la aprobación de nadie más. La propia autoestima hemos de generarla con un proyecto de vida significativo, con una vida personal rica y con la construcción de vínculos importantes.

 

Entonces, te dejo una pregunta de reflexión ¿le das prioridad a ser deseada o a lo que tu deseas?

 

Con esto en mente sigue nuestra serie de posts sobre la aceptación del cuerpo y no te vayas a perder este 21 de mayo el taller con  Alessa di Bari Aprende a disfrutar tu cuerpo y tu sexualidad con Alessia di Bari

De la serie “Para amar nuestro cuerpo”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 min 50 s

 

Es triste, pero no pasa un día sin que muchas mujeres nos miremos al espejo y nos digamos: “me faltan pompas, me sobra grasa, que feas estrías, me cuelga el pecho”. Nos cuesta vernos desnudas; movernos y vestirnos sin criticarnos; no medirnos (a cualquier edad) teniendo como parámetro a actrices, gimnastas y bailarinas “perfectas” como Jennifer López, de quien se dice que a sus cincuenta y tantos tiene cuerpo de treinta y dos.

 

En nuestra cultura, el cuerpo a través del cual nos expresamos erótica, intelectual, actitudinal y afectivamente, para las mujeres se convierte en un elemento clave de identidad personal y de valor social. Se nos evalúa -y nos evaluamos- en relación a nuestra apariencia, y muchas veces  dependiendo de cómo nos vemos es si nos sentimos adecuadas o no, valiosas o no, queribles o no, deseadas o no.  

 

¡Al diablo los cánones!

Si bien se insiste, por un lado, que cada cuerpo es diferente, y por el otro tenemos que algunas diferencias femeninas se califican -por el entorno y por las mismas mujeres- como inadecuadas, marginales e insuficientes pues no alcanzan el “ideal de belleza” de la moda: somos demasiado gordas o demasiado flacas, muy altas o extremadamente chaparras, fofas o simplemente desgarbadas, muy blancas o con una piel demasiado manchada.

 

Esto, además de ser un gran negocio para prácticas quirúrgicas riesgosas e infinidad de productos inútiles, es también un arma del patriarcado para mantener nuestra cabeza ocupada en ser unas “Barbies” y entorpecer la conquista de nuestra independencia, al desviar energía a “supuestos cánones de belleza” que nos encarcelan a través de juicios crueles sobre nuestro cuerpo.

 

¡No te pierdas nuestras siguientes entradas de esta serie!

 

Si quieres profundizar en el tema y sientes que te has evaluado a ti misma bajo estos cánones de belleza, entonces el 21 de mayo te invito al taller con Alessia di Bari Aprende a disfrutar tu cuerpo y sexualidad: estrategias para aceptarme y disfrutar(me) 

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.