A veces disfrazado de seducción, a veces de dolor, toma tiempo detectar el peligro que implica caer en las garras del chantaje emocional.

 

Objetivo del chantajista

Una persona chantajista busca tener el control de la presa que elige para obtener de ella los beneficios que desee: dinero, sexo, cuidados, comodidades, y demás.

 

¿Qué conductas usa para ejercer su chante?

Promesas. “No quiero perderte nunca”. “Te querré siempre si te casas conmigo”

Palabras bonitas. “Me encanta como cocinas porque nadie tiene tu sazón”. “Nunca había amado a alguien como te amo a ti”

“Mejores” propuestas. “Deja de viajar con tus amigas porque en esas fechas ya tengo planeado que juntos crucemos el Atlántico”

Regalos. “No te puede ver este fin de semana porque me dediqué a buscarte este hermoso reloj”

Auto castigos. “Si me dejas me suicidaré”

Enojos.  “Eres muy tacaña, sabes cuánto te quiere mi mamá y no le llevaste el regalo que te dije” (Esto acompañado de malas palabras, muecas, amenzas)

Desprecio. “Desde que estudias no te interesas en mis conversaciones pues te sientes muy chingona. Prefiero hablar con mis amigos que contigo. Ellos sí me entienden.”

Castigo del silencio. “……………………..” Te deja de hablar cuando algo de lo que hiciste no le parece.

¿Cuál es este modus operandis del chantajista?

El chantajista despliega todas estas estrategias de maltrato psicológico complejas logrando tocar, al inicio de los intercambios o de la relación, el inconsciente de sus presas, prometiendo, a ese nivel profundo, que ellos van a satisfacer sus más intimas necesidades, deseos y anhelos, o bien haciéndolas sentir mal –culpables, temerosas, inseguras- si no acceden a sus demandas.

Esto no siempre se deja ver desde el inicio sino que una vez logrado el vínculo o el enamoramiento el chantajista empieza el maltrato psicológico y los sueños y promesas dadas se comienzan a evaporar.

 

Señales de alarma para identificarlo

Justamente hacer caso a lo que sientes y no caer en la confusión a pesar de que lo que diga parezca promisorio.

  • Sentir culpa por lo que le pasa con frecuencia.
  • Hacer cosas contrarias a la propia voluntad para que no se enoje o decepcione.
  • Temer permanentemente su reacción y su enojo.
  • Cansancio de tener que explicarle y justificar tus necesidades, deseos y decisiones.
  • Duda constante de que estás en lo correcto o estás equivocada.
  • Demolición emocional por la experiencia de falta de libertad y permanente estado de inquietud.

Pasos iniciales para la liberación

El primer paso a dar es evaluar si las promesas que hace son irreales de entrada: “te amaré siempre”, o imposibles dadas sus condiciones: “voy a comprar esa casa para tenerte como una reina” y no tiene ni trabajo.

El segundo paso es detectar el zigzag entre la adulación – “qué bien que compraste un coche ” – al desprecio  – “desde que no usas trasporte público te sientes de una clase superior” -.

Tras observar esto es importante rebotarlo con alguien que te conozca, te haya visto en este “ir y venir”, y te afirme constatando esta dinámica chantajista.

Finalmente habrás de descubrirlo y aprender a poner límites para ver si se ajusta a lo que necesitas, quieres y deseas o bien no tiene mayor futuro la relación.

  • “Acepto tu regalo pero no trabajaré contigo”
  • “Entiendo que tu querías que no fuera y eso te intimida pero no dejaré de ir!
  • Es muy útil la técnica de disco rayado es útil: “No gracias. No quiero”.
  • Usa frases cortas y difusas, mejor con tono humorístico e irónico.

 

Personalidades que hacen chantaje siempre

Existen tres tipos de personalidades que recurren al chantaje emocional:

  • Los narcisistas. Personas con delirios de grandeza, poder y bella que actúan con prepotencia y falta de empatía.
  • Los sociópatas o antisociales. Carecen de remordimiento y mienten con frecuencia.
  • Las personalidades border o límite. En ellas impera la inmadurez emocional, la dependencia, el miedo y la sensación de vacío. Pasan de una idealización a una devaluación del otro. Son muy victimistas y a veces amenazan con el suicidio.

 

¡Ojo! La única arma del chantajista es la misma persona chantajeada, si te desactivas la estrategia queda totalmente fuera de alcance.

 

¿Cómo definir el ghosteo y qué implica específicamente?

El ghosteo, que viene del inglés ghost – que significa fantasma – consiste en dar por terminada una relación que ya iniciaba o sostenía intercambios afectivos y/o eróticos cortando contacto con el otro y desapareciendo en forma radical de su vida.

En el ghosteo no hay aviso previo ni explicación alguna ante la desaparición, como si el hecho de perderse para siempre aportara suficiente claridad respecto al cierre de los intercambios sostenidos y de la relación.


¿Qué razones tiene alguien para desaparece así?

Las razones pueden ser muchas y variadas, desde el efecto genera la vida en esta sociedad individualista –que invisibiliza las necesidades y deseos de los demás o las minimiza frente a las propias-, incluyendo el creciente condicionamiento del  consumo –que no solo consume objetos y los desecha sino que ve al otro como objeto de uso y abuso y no como sujeto de respeto y cuidado- hasta patrones individuales de conducta evitativos aprendidos en la propia crianza con el objeto de no afrontar situaciones complejas que pueden generar conflicto y malestar, pero sobre todo que desean al tiempo que temen, de manera muy inconsciente, la intimidad.

Existen muchas más razones posibles que se pueden sumar y mezclar a las anteriormente mencionadas. Citaré varias más:

  • La falta de madurez personal que limita la posibilidad de posponer la gratificación inmediata y de tolerar ciertas frustraciones y decepciones propias de toda relación: “no me gusta esto, lo dejo sin mayor molestia y explicación”.
  • La experiencia posmoderna de una sociedad líquida en donde se quiere todo, rápido y al mismo tiempo: “quiero experimentar esto y también aquello, y además no perderme de tal experiencia pero sin soltar aquella otra también”. Y en ese “barajar” todo y más de lo que se puede manejar, se termina soltando lo que deja de producir interés e intensidad.
  • El analfabetismo emocional con su consecuente incapacidad para expresar lo que se desea y poner límites a lo no gusta de forma oportuna y constructiva. Esto incluye la dificultad de incluir puntos de vista diversos a los propios de y de regular el malestar emocional.
  • De la mano de lo anterior va la carencia de habilidades sociales. Al no saber cómo comunicar y cómo manejar algún conflicto, decido cancelar toda interacción.
  • No sobra poner sobre la tema el tema de género, y es que este comportamiento se da más en hombres que en mujeres, sin generalizar con esta afirmación que el ghosting es una conducta exclusivamente masculina. Pero cabe resaltar que en nuestra sociedad patriarcal, los privilegios de género otorgados a los varones fomentan no solo la visión utilitaria hacia la mujer como territorio de conquista y propiedad, sino de minimización e invisibilización de sus legítimos necesidades y derechos.

A todo esto quiero agregar la ausencia básica de educación y respeto al otro. Cualquier persona con un mínimo de sentido de compasión y decencia, no huye de una manera tal vil.

 

¿Llega a ser justificable ghostear? Si sí, ¿cuándo es justificable hacerlo?

No. Siempre hay formas de decir “no quiero”, “no puedo”, “esto no marcha para mi”. Pero no dejo de cuestionar si alguien “enamorado del amor”, urgido por tener pareja, cuyo “modus operandi” es el whisful thinking (tanto lo deseo que pienso que por eso lo tendré) y además dependiente emocional, pueda haber omitido información importante dada por el “ghost” en cuestión durante los intercambios previos, información que daba cuenta de que él otro no estaba en la  misma línea de disponibilidad que él,  o bien que haya incluso invisibilizado advertencias o peticiones de la otra parte al punto de que el “ghost” –al no sentirse escuchado- prefiera desaparecer. Aún así, siempre se puede decir adiós, con un mail o con un chat.


Señales básicas de que la persona puede ser un “ghoster”

Para mi los 10 mandamientos de la ley del “ghost” serían…

  1. Si muestra un exagerado amor antes de tiempo…
  2. Si cambia acuerdos y cancela encuentros con frecuenta…
  3. Si repite en varias ocasiones que no sabe bien qué quiere…
  4. Si te comparte sus previas historias de “víctima” donde nadie le entiende y nada le sale…
  5. Si no aparece en ninguna red social…
  6. Si le cachas inconsistencias y mentiras…
  7. Si quiere ir demasiado rápido y presiona para obtener lo que quiere…
  8. Si no otorga datos personales después de un tiempo…
  9. Si no te esconde de su gente cercana -familia, amigos o compañeros de trabajo-…
  10. Si dice que NUNCA había tenido una relación comprometida como la tuya…

¡Pon mucha atención!

Todos tenemos dudas al iniciar una relación, todos tenemos carencias al buscar un amor y todos cargamos con contradicciones y ambivalencias en la vida, pero si sumas más de tres de las anteriores afirmaciones tienes que ser muy cuidadoso antes de involucrarte de más. No te precipites, toma distancia para observar y genera paciencia para reflexionar.

 

¿Tiene que ver esta actitud con alguna herida de la niñez?

A reserva de casos con francos transtornos de personalidad (como sociopatías y narcisimos), me parece que el ghosting es más una conducta de abuso y desconsideración que un trauma infantil.

Antaño las sociedades se organizaban en pequeñas comunidades humanas, no existían las comunicaciones digitales de hoy, y el anonimato era casi imposible. Las personas se conocían entre sí, a sus familias y sus ocupaciones. Además,  el tema del honor y la moral, -como lo muestran las novelas de Jane Austen, entre ellas Sentido y Sensibilidad y Orgullo Prejuicio, clásicos de la época Georgiana – estaba por encima de muchos valores y sobre todo de las necesidades individuales. Si el individuo en cuestión quería desaparecer, la coerción familiar y la deshonrra social le obligaban cumplir sus compromisos. Hoy, en la era de la postmodernidad, una mal entendida relatividad y subjetividad, puede hacer que le ética salte por los aires.

 

¿Qué consecuencias puede traerte a ti como ghoster?

Si tu estrategia de sobrevivencia es el desaparecer, más que consecuencias posteriores para tu vida habrías de cuestionarte si ya eres un fantasma “viviente” que esta desconectado de sí mismo y de su presente. Una actitud así da cuenta de que no solo no sabes lo que quieres, sino de que esa actitud “escurridiza” y evitativa que utilizas en las relaciones puede dar cuenta de tu imposibilidad de generar vínculos íntimos, de tu duda con respecto al tipo de relación que quieres construir, de tu temor a no ser querible y suficiente para retener a alguien a tu lado o bien de tu franco descuido y abuso hacia los demás. ¿Consideras que no tienes las competencias para proporcionar a otros y a ti mismo placer, confirmación o seguridad?. Todos tenemos derecho a vivir diferentes experiencias eróticas, afectivas y/o amorosas, a aprender de ellas y a crecer en el amor, pero nadie está autorizado para lastimar a otros a expensas del propio bienestar.

 

¿Qué consecuencias puede traer  a la persona a la que se la aplicas?

Las consecuencias para el “dejado” son perturbadoras y negativas. En primera instancia, y más en un país como el nuestro donde la inseguridad es una constante, surge el temor profundo de que le haya pasado algo al desaparecido. En un momento posterior viene la duda de que algún contratiempo en la vida del otro haya impuesto un silencio, y en medio de ansiedad y desasosiego, se deja abierta la posibilidad de una  reaparición y explicación. Cuando la ausencia es inminente aparecen los cuestionamientos obsesivos respecto a “¿fui yo?”, “¿qué hice mal?”, con una sensación de vergüenza ante el abandono y de pérdida de seguridad personal ante el no entendimiento de la decisión.  De esta etapa se puede pasar a la experiencia del enojo ante el descuido y el abuso y generarse una espiral de sentimientos lastimosos:  para culpa, temor,  tristeza, humillación y volver a saltar a la rabia ante la falta de consideración y la decepción.

Todo esto hace notar que el duelo se puede dificultar al no tener claro lo que pasó y ante el sentirse maltratado y abusado debido a la forma cobarde y canalla de desaparecer.  No sobra decir que poco hay que reflexionar sobre la conducta del desaparecido, el gran reto es analizar el grado de involucramiento emocional alcanzado durante el tiempo de convivencia, atravesar un duelo ambiguo por la falta de claridad, recuperar la paz interna y continuar la vida.

 

¿Cuál es la mejor forma de actuar si tú eres la víctima?

  • Detener los cuestionamientos en cuánto a la razones de la desaparición para frenar el círculo obsesivo mental que no tiene ninguna sin salida.
  • Experimentar el malestar emocional ante la pérdida –tristeza, enojo, decepción, miedo, culpa- y, al sentirlo, permitir que se vaya disipando.
  • Generar una explicación muy concreta pero convincente que aporte datos –aunque sean mínimos- de la incongruencia o falta de integridad de la persona desaparecida.
  • Atravesar el duelo vivido para sanar la herida. ¿Qué perdí además de perder a esa persona? ¿Ilusiones futuras? ¿Confianza en mi mismo?
  • Asimilar la experiencia integrando aprendizajes para el futuro.
  • Fortalecer la autoestima comprobando que estoy saliendo airoso de esta situación y crecido al avanzar con más certezas en la siguiente relación.

Si la situación no puede ser superada y queda un estrés postraumático muy pervasivo, puede ser que el “ghosteo” haya abierto heridas de abandono anteriores que requieran de una intervención profesional para poder entender y manejar mejor la historia personal.

Y ojo, siempre cabe la posibilidad de que el fantasma aparezca con “explicaciones fantásticas”, en tal caso, salvo en excepcionales y justificadas ocasiones, ¡no se da un a segunda oportunidad!

 

 

 

 

¿Mitos o realidades?

Para hablar de “madrastrasgo” hay que hablar de lo que es una Familia (o una Relación) Reconstituida.

La Familia Reconstituida es la relación formada por una pareja adulta en la que al menos alguno de los dos tiene un hijo de una relación anterior. Esta estructura familiar conlleva retos particulares pues al haber varios adultos a cargo de los hijos es necesario clarificar las obligaciones conyugales y parentales de cada uno de ellos.

Pero antes de llegar a ese punto y obvio antes de conocer a los hijos de tu pareja ¡Conózcanse ustedes como pareja! Y prepárate y entérate de algunas cosas que te comparto:

  • ¿Se están trabajando los duelos previos? Las familias reconstituidas tienen muchas pérdidas, ya sea por muerte de algún progenitor o por un divorcio. Se pierde, sino a una persona en forma literal, sí sueños, casa, un padre y una madre presente, en ocasiones al perro y la flexibilidad económica.
  • ¿Los padres biológicos tienen acuerdos concretos y explícitos sobre los hijos? (económicos, emocionales, sociales). Sin claridad en cuanto a qué toca a quién respecto a la crianza de los hijos biológicos los acuerdos de la nueva pareja se tornarán confusos y complicados.
  • ¿Se tiene claro lo que se espera de ti con respecto a tus hijastros? En ocasiones la nueva pareja tiene diferentes expectativas en relación al rol que se jugará con los hijos previos a su nuevo compromiso.
  • ¿Estás lista para no participar de todas las actividades que haga tu pareja con sus hijos? Es importante, si bien requiere de creatividad, flexibilidad y obvio, tiempo, contar de espacios diferenciados para el cultivo de la pareja, para convivir con los hijos biológicos y para la nueva familia.
  • ¿Se puede hablar con claridad sobre finanzas por aquello de “los tuyos, los míos y los nuestros? Es importante poner sobre la mesa el aspecto económico de la nueva relación, sobre todo cuando se abre la posibilidad de tener hijos en la nueva unión.

Una vez tomada la decisión de “entrarle” a una familia reconstituida hay que moverse con prisa pero con pausas. El acomodo de estas familias toma más tiempo que una familia intacta pues hay más variables en juego. A veces el nuevo amor, con un exceso de entusiasmo por “compensar” el pasado o en construir una familia “ideal”, puede ejercer presión sobre los hijos/hijastros a tener actitudes y realizar actividades que requieren de tiempo para ser procesadas y poderse instaurar. ¡No olvides ir paso a paso!

Tips para ser una madrastra correcta (no perfecta)

  1. Lo primero es asumir que ¡los hijos estaban primero!, lo cual no significa que no seas importante.
  2. Busca el mejor momento para conocerlos por primera vez. Cuándo te sientas preparada y tu pareja también. Ni antes ni después.
  3. No te posiciones de inmediato como una figuras materna. Esto se desarrolla paso a paso y con base a los acuerdos previos y a lo que se puede y se necesita en cada caso.
  4. Ubica tu rol. ¡No eres ni la mamá ni el papá! Hay que encontrar el lugar adecuado en el sistema familiar. Esto no significa que no tengas un lugar o que claudiques a tus necesidades.
  5. No asumas papeles que le corresponden a tu pareja o a su ex. Si te sobrecargas te resentirás rápidamente además de que estarás ocupando un lugar que no te corresponde.
  6. Ten claro tus límites. Reconoce no lo que “debería ser” sino lo que realmente puedes y lo que no puedes. Y se asertiva al compartirlos con tu pareja.
  7. No compitas. Ni por los hijos ni por la ex. Si bien se ha de tener claro el lugar que ocupa tu vida de pareja, recuerda que elegiste a alguien que llega a la relación con hijos/as y ex.
  8. Asegúrate que sea tu pareja quien te de tu lugar. Reclamar a los hijastros y a los ex que te traten de “X o Z” forma es un fracaso seguro y un pleito anticipado. Si tu pareja no se posiciona como “tu pareja” frente a sus hijos y ex es inútil y lastimoso quererte dar ese lugar.
  9. Deja a tu pareja lugares privados con sus hijos. No tienes que estar en todo y con todos. Cada subsistema familiar requiere sus tiempos.
  10. Ve ajustando tus expectativas a la realidad. Por más preparada que estés siempre habrá sorpresas. La adaptación es indispensable para poder avanzar.
  11. Relaciónate lo más cordialmente con la ex. Eso sí existe la posibilidad de lograrlo. Y sino ¡diplomacia siempre!
  12. Desahóga “tus penas” con tus amistades. No sirven los verdadazos con tu pareja, a ella aprende a plantearle lo esencial y con cautela.
  13. Sortea y negocia las barreras de otros círculos sociales. Amigos, colegas, familiares, no siempre reciben con el júbilo que podrías esperar.

Otros temas. No sirve tomarse como personal las reacciones de los hijastros. Recuerda que ellos viven:

  • Duelos en relación a los padres.
  • Conflictos de lealtades.
  • Adaptación a dos estilos y normas pues su familia es binuclear.

¡Pero esto no significa que has de tolerar groserías!

Una buena relación con tus hijastros no implica  amarse profundamente. A veces las expectativas “románticas” del vínculo que se “debe” a generar producen mucho dolor. El amor o el afecto con los hijastros se genera (o no) a través del tiempo, pero lo central no es “quererse y disfrutarse” profundamente, sino respetarse y cuidarse buscando lo que es oportuno y constructivo para cada uno de los integrantes de la nueva familia. Con suerte el afecto también llega.

 

Y recuerda ¡No todas las madrasteas son como las pintan! Puedes “pintar” un nuevo modelo siempre y cuando la situación, tu elección y la relación ofrezca  los colores y pinceles necesarios.

El placer sexual es el más fuerte de los placeres. La relación erótica a nivel corporal nos proporciona la experiencia más placentera que podemos sentir: el orgasmo. Pero además de la respuesta genital, en los humanos, el instinto se transforma en placer y el placer en erotismo: el erotismo surge del cultivo de la excitación, es la búsqueda intencionada del placer.

 

¿Por qué muchas personas se sienten culpables al experimentarlo?

Definamos la culpa como la experiencia de sentirnos malos, inmerecedores, agobiados, ansiosos, avergonzados, egoístas, perversos, entre otras cosas, por que nuestra conducta no corresponde a un código moral interno que incluye normas conscientes y normas inconscientes, generalmente introyectadas  en nuestra infancia, provenientes no solo de nuestros padres y maestros, sino de una cultura que permea todas nuestras creencias.

Pero existe una culpa funcional y una disfuncional. La primera nos señala que hemos transgredido algo valioso e importante. Este sentimiento nos  ayuda a resolver un problema, a cuidar de uno mismo y de los demás, y reparar los daños causados. La culpa disfuncional sólo añade sufrimiento a nuestra vida y produce no solo malestar sino parálisis también. ¿Cómo hacer distinciones? Si la norma transgredida es actual y viable de cumplir, si la hemos elegido libremente y si está basada en principios éticos, es probablemente sano y oportuno que experimentemos cierta culpa. Pero si la norma nos fue impuesta por otra persona, por la sociedad, por la iglesia, y no la hemos elegido por cuenta propia, no nos hace sentido, ni tiene ningún valor en nuestras circunstancias particulares, y ni nos daña a nosotros ni viola los derechos de los demás, los sentimientos de culpa serán poco productivos y viviremos en una agónica tortura.

 

Origen de nuestras culpas sexuales

La base del pensamiento occidental que construye nuestro mundo de creencias se basa en la filosofía griega, la tradición judeocristiana y el patriarcado. La prime consideraba una dualidad entre espíritu y cuerpo y  después entre mente y cuerpo, considerando siempre superior a la primera que a la segunda. El cristianismo ensalza el dolor con la idea de que fortalece el espíritu, penaliza el placer al cual considera sucio, riesgoso e indomable. Y por último, el patriarcado, sistema jerárquico donde los hombres y todo lo masculino enarbola el poder y los privilegios, condona a los hombres lo que condena en la mujeres. Todo junto suma a mayores culpas en las mujeres puesto que la división entre ser “virgen” y respetada, a “puta” y despreciada, sigue vigente en muchos contextos.

Todo esto termina influyendo nuestros contextos familiares, escolares, laborales y sociales y aterriza en cada historia personal. ¿Aprendimos o no a experimentar el placer? ¿Se nos enseñó a sentirnos a gusto con nuestro cuerpo? ¿Se respeto nuestro sexo y la expresión de nuestra sexualidad?

¿Cómo liberarse de la culpa ante el placer sexual?

  • Reconocerla cuando se manifiesta con malestares físicos, con rechazos corporales, con adicciones.  O bien cuando aparece como una ansiedad difusa o una represión costosa. También se asoma con autoreproches y autocastigos.
  • Ponerle nombre, saber que es culpa y no otra cosa.
  • Rastrear de dónde viene. Reconocer su particular origen en nuestra historia, que incluye desde mandatos constantes, rechazos inconscientes, hasta amenazas y castigos puntuales.
  • Crear la propia escala de valores sexuales. Actuando con base en principios y no en creencias erróneas y Reconocer que solo lo que no es oportuno y constructivo para uno y para los demás es lo que pone en riesgo nuestra integridad.
  • Cambiar la narrativa del sexo individual y cultural. Informarnos a través de libros, cursos, cine, arte, terapias, sobre lo bueno, lo bello y lo correcto de la sexualidad.
  • Tomar acciones que contrapongan nuestros temores. Aventurarnos, en contextos seguros y con personas confiables, a vivir una sexualidad libre de temores, novedosa, acorde a lo que deseamos y a quienes somos.
  • Consertir el deseo, buscar el placer, activar la excitación. Y volver a disfrutar.

 

Hagamos de nuestros deseos bien gestionados pequeños paraísos terrenales, porque no somos ángeles, somos seres humanos.

“Siempre hay una voz en tu cabeza que te dice:

<si te rindes ahora, tu esfuerzo habrá sido en vano>”

 

 

  • Ando con Pepe después de muchos años de que me gusta y de ir en contra de la voluntad de mis papás. Hoy me siento invisibilizada y poco considerada por él, no me busca, no le interesa ni mis conversaciones ni mi persona, pero no puedo dejarlo. ¡He renunciado a tanto por esta apuesta amorosa!

 

¿Te sientes identificado con esta situación? Quizás padeces el “costo hundido”. Si ya le invertí a algo tiempo, dinero y esfuerzo, le seguiré “echando ganas” porque ahora me tiene que salir. A veces pasa con un negocio que está quebrando, con una casa que se está cayendo, con una amistad tóxica, o con un amor que no da para más.

            El costo hundido, al cual también se le conoce como costo irrecuperable o pérdida imborrable se trata de un sesgo cognitivo que nos lleva a una distorsión de la realidad, a una interpretación ilógica de los hechos y, en síntesis, a actuar de manera irracional. La trampa mental de los costos hundidos consiste en pensar que el haber puesto muchos recursos en algún proyecto en el pasado, es razón suficiente para no abandonarlo en el presente. Hay un empeño o un apego en no rendirse como si el anhelo, el tesón y la intención permitieran recuperar la inversión.

¿A ver perdido lo suficiente es razón para continuar desperdiciando recursos y tiempo por no afrontar el error inicial o el fracaso parcial del proyecto en curso? Sin esperanza real de éxito no hay salida. ¡Hay que parar!

 

Valores secundarios del costo hundido

En ocasiones existen factores secundarios que sostienen un proyecto que va a pique: sostener un negocio quebrado porque ahí se entretiene mi mamá, quedarme con un marido violento para que mi hijo se recupere de una enfermedad, o seguir una carrera que no me funciona, porque ya estudié mucho de la materia.

El problema es que muchas personas caen en la falacia y sostienen un proyecto cuando los efectos colaterales también están mermados o cuando ni siquiera reporta tales beneficios en realidad.

 

¿De dónde viene el “optimismo” y necedad para perseverar?

  1. Desagrado de perder.
  2. Vergüenza por fracasar.
  3. Carácter empecinado.
  4. Miedo al cambio.
  5. Pensamiento mágico.
  6. Conductas compulsivas.
  7. Falta de sentido de vida.

 

Observarás que todos estos factores se sustentan en ideas erróneas de lo que son las relaciones, el éxito, el bienestar y la vida en general.

 

Tips para salir, para no caer y  recaer…

  • Escribe lo que hasta hoy ya has perdido por no moverte de lugar.
  • ¿Cuánto más estás dispuesto a perder? Ponte límites en tiempo, dinero y esfuerzo.
  • No decidas conforme a lo que sientes –frustración, miedo, vergüenza- sino conforme a los datos reales y racionales.
  • Pide retroalimentación a una persona de tu confianza.
  • Evalúa lo que sí te dio tu pasada elección y piensa cómo esa experiencia ya es una ganancia.
  • Entiende tus errores y aprender de ellos.
  • Distingue entro lo perfecto y lo bueno.
  • Atraviesa el duelos necesario por la pérdida que sí tendrás.
  • ¡Ríndete! Rendirse es también de valientes.
  • Siente la fortaleza que te aporta el poder soltar.
  • Ponte un impermeable “al qué dirán” y libérate de la opinión ajena.
  • Visualiza el futuro sintiendo la ligereza de lo que ya no tendrás que cargar.

 

Para cerrar

Toda acción humana tiene riesgos y áreas de oportunidad. Al empecinarte con una carrera que no te gusta, un proyecto que no tiene “ni pies ni cabeza” y una relación que es pobre o lastimosa, estás renunciando a otras posibilidades que seguramente se ajustan mejor a los intereses, valores, necesidades y deseos de quien eres hoy. La vida es corta como para desperdiciarla en algo que no te está funcionando. Cambia de página y lejos de clavarte con el “costo hundido” atesora la “inversión de lo ganado” y vuelve a empezar.

 

 

 

El aislamiento forzado que estamos viviendo puede incrementar el riesgo de la violencia doméstica. Una de las tácticas de quienes perpetúan la violencia es controlar lo que la otra persona hace, a quién ve, con quién habla, lo que lee, a dónde va. Esto incluye utilizar los celos para justificar sus acciones y retenerle documentos o gadgets importantes. Hoy la estrategia de limitar su participación con el exterior la tienen en “bandeja de plata”.

La mayor parte de las víctimas de la violencia en la pareja son mujeres, y la mayor parte de los perpetradores son hombres. Las mujeres tienen un riesgo significativamente más alto de ser víctimas de violencia doméstica que los hombres.

Los perpetradores de violencia utilizan una combinación de las siguientes tácticas para lograr y mantener dominación, poder, y control sobre su víctima.

  • Abuso emocional. Insultar; hacerla pensar que se está loca/o; manipular mentalmente; humillar; hacer sentir mal acerca de una/o misma/o; hacer sentir culpable.

 

  • Coerción y amenazas. Haciendo o cumpliendo con amenazas de hacerle daño, de abandono, de cometer suicido, etc.

 

  • Intimidación. Hacer sentir miedo por medio del uso de miradas, acciones, gestos; destrucción de su propiedad; abuso de las mascotas; mostrarle armas.

 

  • Menospreciar, negar, culpar. Dar poca importancia al abuso y no tomar en serio sus preocupaciones al respecto; decir que el abuso nunca sucedió; cambiar la responsabilidad del comportamiento abusivo; decir que ella fue la que causó el abuso; reclamar que él es la víctima “verdadera”.

 

  • Privilegio masculino/autorización. Tratar como sirviente; tomar todas las decisiones grandes; hacer todas las reglas; ser la persona que defina los papeles de ser mujer y hombre.

 

  • Abuso económico. Evitar que obtenga y mantenga un trabajo; hacer pedir dinero; agarrar su dinero; no dejar que conozca o tenga acceso a la información del ingreso familiar.

 

  • Violencia sexual. Tocamientos y caricias no deseadas; contacto sexual forzado; violación; acusar que es o fue infiel; humillar y objetivar su cuerpo; restringir acceso a atención de su salud reproductiva; forzar a tomar parte en sexo no deseado; amenazar con tener sexo con algún otro; coaccionar a tener sexo.

 

  • Violencia física. Agarrar; empujar; dar patadas; escupir; morder; jalonear; pellizcar; golpear; pegar; cachetear; estrangular; cortar; apuñalar.

 

Si te identificas con esta situación, estás siendo víctima de violencia doméstica.

¡PIDE AYUDA!

 

No todos los conflictos en la pareja significan que la pareja sea conflictiva pero a veces construir un proyecto de vida puede ser complejo: permitir la cohesión para la estabilidad y mantener la ilusión para la motivación es necesario para que ésta crezca.

Lograr ese equilibrio requiere de un cuestionamiento sobre lo que le conviene preservar de la relación y lo que se requiere innovar. No confundamos la necesaria estructura que toda pareja requiere para su estabilidad con la rutina rígida y monótona que termina en el aburrimiento.  Por tanto para evitarlo se debe sortear la rutina y eso se logra primero con ciertas actitudes de cara a la relación y después con ciertas actividades a poner en acción.

 

Actitudes para evitar la rutina

No quiero hacer un listado “things to do”, que cualquiera podría mencionar, sin aclarar que sin la disposición personal hacia la novedad, no hay actividad que se pueda ni implementar ni disfrutar. Así que veamos los “prerrequisitos” para sortear la rutina:

  1. Aprende a mirar a tu pareja con curiosidad. Asume que no se le conoces del todo.
  2. Adiestra tu don de palabra. Tener algo que decir da cuenta de tu inteligencia, quererlo compartir muestra tu determinación y usarlo en la conversación es un ejercicio de voluntad. Infórmate e introduce contenidos estimulantes a tus diálogos.
  3. Desarrolla la habilidad de generar estados emotivos de relativa intensidad, emociones suficientemente fuertes que den relevancia a la interacción y resulten conmovedoras.
  4. Tolera cierta incertidumbre abriéndote a no tener todo excesivamente programado. ¡Aplica el factor sorpresa!
  5. Integra cierto matiz transgresor en tu vida. Siempre resulta interesante quien puede invitar al otro a vivir una cierta rebeldía, algo —si se quiere— un tanto “vergonzoso”.
  6. Sostén cierto enamoramiento, éste se basa en el respeto y la admiración y permite matizar la dura realidad y por tanto la capacidad de seguir asombrándose del otro.

 

Actividades para desafiar la rutina.

Romper la rutina de pareja implica intercambios dentro y fuera de casa, pero no siempre es necesario hacer grandes inversiones económicas para generar diversión y novedad. .¿No se te ocurre nada?, aquí van algunas propuestas:

  1. Toma clases de baile o bien implíquense juntos en algún reto deportivo.
  2. Aviéntate un maratón de cine en la cineteca un fin de semana.
  3. Prepara un picnic en un parque público o una reserva segura y sorpréndase con algo rico para compartir.
  4. Organiza un club del libro con amigos, o bien torneos de algún juego de mesa. Amigos que ves poco pero tienen vidas interesantes y aficiones que les sumen.
  5. Checa las exposiciones y eventos culturales –pintura, música, escultura, fotografía– que ofrece tu colonia o tu ciudad.
  6. Cocinen juntos cosas sencillas.
  7. Tomen algún curso online de interés común.
  8. Mueve los muebles y adornos de casa para crear espacios diferentes.
  9. Realiza hikings citadinos y conoce tu ciudad o población. Date paradas para tomar un café, visitar una galería, incluso rentar una bicicleta.

 

Y no te olvides que “tú y yo” no somos uno mismo”. Cada uno requiere enriquecerse en lo personal con espacios privados que cultiven los propios intereses, gustos, sueños y amistades para generar vitalidad individual y poder sumar a los encuentros de pareja. El problema del exceso de unión nos lleva también a otro problema: ¡la saturación!

 

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Un día me desperté, me miré al espejo y no me reconocí. A los 3 años de haber tenido a mi primer hijo y 4 años de estar casada, había en mí una tristeza muy profunda, un desencanto y una desilusión que en aquel entonces no tenía nombre. ¿Cómo había llegado hasta aquí en estos 8 años de relación?, ¿cómo me fui debilitando? Era una tristeza no compartida con las personas cercanas a mí, silenciada, y vivida en mucha soledad y vergüenza. Esto fue el parteaguas para darme cuenta que llevaba un vida paralela a la de mi esposo: él era “muy feliz” y yo todo lo contrario. Necesitaba ayuda.

El “fast love”, fácil y rápido, así como la “fast food”, está de moda. Es por eso que las parejas difícilmente duran más de lo que el enamoramiento les pueda dar. El enamoramiento se puede dar en un “flechazo” pero el amor se cuece “a fuego lento”.

Por eso considero que el “propedéutico” individual que nos prepara para elegir una pareja mejor y fluir bien en el intercambio amoroso ha de ser considerado.

Aquí te comparto algunas preguntas que señalan los prerrequisitos imprescindibles para construir una buena vida de pareja.

 

1. ¿Me conozco? El autoconocimiento te permite elegir mejor y también respetar tus necesidades, intereses y valores dentro de la relación. Ver a qué puedes renunciar y que estás dispuesto a negociar y qué no.

 

2. ¿Tengo una forma de ganarme la vida? Es importante entrar a una relación con la competencia de abastecerte de lo suficiente para vivir y ser menos vulnerable al control del otro. La independencia económica también favorece la igualdad en las negociaciones.

 

3. ¿Me siento con suficiente autonomía emocional? “No solo de pan vive el hombre”. La autonomía emocional es la capacidad de legitimar tus deseos, necesidades, intereses, valores y los límites que necesitas poner al otro para poder satisfacer tus requerimientos básicos. La autonomía emocional te facilita respetarte sin tener que romper, distanciarte o cerrarte del todo a tu pareja.

 

4. ¿Mi vida tiene sentido? Conocer mis pasiones y sueños, capacidades y aptitudes más allá de mi relación de pareja hace del amor parte de mi proyecto de vida pero no mi único propósito en la vida. Una existencia con sentido propio es la que facilita que el amor florezca en libertad y aumente el tamaño de tus alas para expenderte y disfrutar.

 

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.