Cuando sí se requiere consultar a un profesional…

 

Habitamos un mundo que nos presenta cotidianamente multiplicidad de retos a enfrentar. La vida se ha enriquecido con los avances científicos y sociales y al mismo tiempo se ha vuelto complicada: los cambios acelerados y la necesidad de adaptarnos a ellos – el estilo de vida veloz y demandante, la multiplicidad de escenarios posibles a elegir: en el trabajo, en las relaciones, en los estilos de vida familiar, el progreso tecnológico que nos facilitan la vida y nos acercan a la gente al tiempo que nos individualizan y segregan -,  generan con frecuencia una infinidad de efectos en nosotros que difícilmente podemos entender y manejar.

Sin adentrarnos al mundo médico, donde el asunto de la “enfermedad mental” es el punto central de la intervención psiquiátrica, cabe distinguir algunas situaciones y desafíos que generan un sufrimiento emocional, – en ocasiones innecesario, en ocasiones indispensable para movernos hacia una situación de vida mejor -, siempre utilizable a nuestro favor: para entendernos, trabajar en nosotros mismos, transformarnos y manejar nuestra vida mejor.

El pedir ayuda terapéutica profesional, aún en pleno siglo XXI, tiene en ciertos contextos un sesgo de anormalidad, debilidad, locura y deficiencia. Es llamativo, por el contrario, que en otros espacios sociales, el haber asistido a terapia o contar con algún tipo de experiencia psicoterapéutica, es símbolo de estatus, de “caché”, requisito de pertenencia e incluso un “control de calidad”.

Más allá de los juicios y prejuicios en relación a la psicoterapia, muchos de nosotros, antes que después, hemos vivenciado el sentirnos:

  • atrapados ante algún problema que nos rebasa
  • atemorizados y extrañados por algún síntoma que persiste – insomnio, angustia, pensamientos obsesivos, cansancio –
  • desconcertados al experimentar un dolor profundo y un sufrimiento intenso que no podemos ni superar ni manejar

Incluso en la mayoría de los casos, ni siquiera entender…

Son diversas las reacciones que podemos tener ante estos malestares físicos y emocionales:

  • Algunos conversamos con amigos, leemos algún material relacionado al tema que nos acontece, hacemos ejercicio, y confiamos que con que estás acciones solucionarán nuestro problema.
  • Otros cuestionamos si la intensidad de nuestro sufrimiento es suficiente como para pedir ayuda: tememos exagerar y tememos aún más ser “entre raros y anormales”. A veces dejamos pasar mucho tiempo, doliéndonos en la soledad, antes de solicitar apoyo profesional.
  • Algunos más nos damos cuenta que nuestro desequilibrio tiene que ver con algún evento doloroso que estamos enfrentando: la pérdida de un empleo, un duelo por muerte o separación, el cambio de vivienda, la partida de los hijos… pero aunque podemos entender racionalmente lo que nos ocurre, no logramos acallar ni aliviar el sufrimiento que sentimos.
  • Hay quienes dejamos pasar los días confiando que “el tiempo todo lo cura”, hasta que una franca serie de síntomas se apodera de nosotros trastocando nuestro bienestar emocional.

 

Hay situaciones particulares que sin duda ameritan consultar a un profesional. Parece mentira como en caso de situación laborales emprendemos cursos de capacitación, adquirimos equipo de trabajo, consultamos a asesores varios expertos en su materia, y por el contrario, en asuntos personales, pensamos que “echándole ganas”, con energía, paciencia y buenas intenciones, los problemas se resolverán.

Si bien el paso del tiempo, los consejos de los amigos, las lecturas oportunas, y el ejercicio, son siempre aliados valiosos para resolver conflictos y transitar experiencias dolorosas, no siempre son intervenciones suficientes para repuntar. Agrego, que una pérdida, un problema, una crisis, normalmente remueve asuntos del pasado, vivencias de tiempo atrás que, o bien no se resolvieron en su momento, o ni siquiera se reconocieron como factores lastimosos a considerar. Las crisis presentes generalmente invitan a repensar el pasado y a resignificarlo, a aumentar nuestro conocimiento personal y a desarrollar nuestros recursos a favor de una vida con mayor agencia personal.

 

¿Qué es entonces la psicoterapia? Una psicoterapia es un espacio íntimo con un profesional de la salud mental, donde se puede trabajar conjuntamente a través de la palabra – y de otras técnicas dependiendo de la especialidad del terapeuta- , para conseguir los recursos y estrategias que generen los cambios necesarios para aliviar y si es posible, eliminar, aquellas situaciones, conductas, pensamientos o síntomas que están generando un malestar en nuestra vida personal. No se trata de eliminar “lo que no nos gusta”, sino entender el mensaje del síntoma, del malestar, del problema, para darle una salida oportuna y constructiva y mejorar así la calidad de nuestra vida.

Los psicoterapeutas, – que en su mayoría son psicólogos, psicoanalistas o psiquiatras, pero que también los hay pedagogos, trabajadores sociales, sociólogos, entre otros –  son especialistas que se han formado para entender y conocer el comportamiento humano: profundizar en el tema de las emociones y los sentimientos, en las razones que mueven la conducta de las personas, en  las características de sus relaciones y en todos los mecanismos que nos llevan  a ser las personas que somos.

Un psicoterapeuta cuenta con los conocimientos, las herramientas y las técnicas para evaluar la situación del consultante, establecer las bases de su malestar y acompañarlo a través de un proceso a conocerse, manejarse y resolver sus dilemas y malestares.

El objetivo de un proceso de terapia es mejorar la calidad de vida de quien consulta a través de un cambio en su conducta, en sus actitudes, en sus pensamientos o en sus afectos. Sin pensar en soluciones mágicas ¡es sorprendente observar que a veces el cambio inicia desde el momento mismo en que se solicita la primera consulta!.

 

¿Qué tipo de psicoterapias existen? ¿Son todas iguales?

            Existen diversas y variadas corrientes y enfoques dentro de la psicoterapia. Sus diferencias radican en los conceptos teóricos en que se basan y en las técnicas de intervención que utilizan para favorecer el cambio. El ser humano tiene la capacidad de pensar, sentir, y actuar: quizás la primera distinción entre los diferentes enfoques terapéuticos consistiría en intervenir y generar el cambio en el ámbito de la conciencia y la razón, en el mundo afectivo o bien en la conducta del consultante a través de la acción. Sin duda somos seres complejos y relacionales, con un mundo consciente e inconsciente, de ahí las diversas posibilidades de promover la transformación.

Algunas de los abordajes más comunes son:

Psicoanálisis

Logoterapia

Terapia Gestalt

Terapia cognitiva

Terapia conductual

Terapia familiar

Terapia de pareja

Entre otras…

Cada uno de estos abordajes terapéuticos pretende ofrecer salida a diferentes problemática. No es lo mismo un problema de duelo por una separación que una agorafobia; no se trabaja igual con una experiencia de vacío existencial que con una franca depresión. Por esto, la especialización de quienes ejercemos la psicoterapia requiere de unos principios y de un proceso de formación y experiencia en su ramo particular. Del mismo modo, tú como consultante, tienes que distinguir someramente la naturaleza de tu malestar para acudir con el profesional indicado.

Dentro de esta gran diversidad de opciones terapéuticas, existen dos características que las unifican a todas:

– El contacto directo y personal entre el psicoterapeuta y quien consulta, principalmente a través del diálogo.

– La calidad de la relación terapéutica que implica una relación de ayuda destinada a generar el cambio en quien consulta.

 

¿Cómo reconocer que requiero pedir ayuda profesional?

            No vale la pena llegar a un sufrimiento extremo o a sentirse asfixiado y hundido para acudir a terapia: detectar el síntoma a tiempo te facilitará una más sencilla y rápida solución.

Cuando sientas un malestar que no logras solucionar tras dos o tres intentos, y observas que dicho malestar se mantiene por un periodo sostenido de tiempo, es el momento de solicitar ayuda profesional.

Te comparto algunos puntos que te permitirán evaluar si te ha llegado  el momento de consultar:

  • Piensas que todo te sale mal y pierdes la esperanza de que esa situación vaya a cambiar.
  • Experimentas habitualmente tristeza, falta de ilusión, flojera y apatía.
  • Te sientes desesperado.
  • Requieres de usar alguna sustancia o estar con alguna persona para que funcione tu vida.
  • No puedes disfrutar las cosas buenas que pasan en tu diario vivir.
  • Con frecuencia te sientes mal de salud o presentas síntomas físicos sin un claro origen.
  • Lo que sientes y lo que piensas no es acorde a las situaciones que vives.
  • Entras constantemente en conflicto con otras personas y se están afectando tus relaciones.
  • Quieres cambiar algunas conductas pero no sabes cómo, o intentas cambiar pero no lo logras.
  • Estás paralizado y no puedes tomar acciones para mejorar tu situación.
  • Sentimientos fuertes se apoderan de ti y te impiden tener la vida que deseas.
  • No estás pudiendo funcionar en la vida cotidiana y esto te está perjudicando.
  • Te sientes solo e incomprendido.
  • Percibes tu entorno amenazante.
  • Recurrentemente te dices: ¡necesito ayuda!

Si presentas dos o tres de estos indicadores por un periodo de al menos tres meses requieres tomar acción y pedir ayuda. Es de sabios derrotarse y consultar.

No olvides que la psicoterapia no solo es útil en caso de problemas, también funciona como medida de prevención. Anticipa crisis innecesarias y evita riesgos desmedidos consultando a tiempo y equipándote con los recursos que te permitirán prevenir consecuencias negativas para tu persona y tus relaciones.

La psicoterapia también funciona para aquellos que quieren conocerse más, entenderse y aceptarse, en aras de una vida más plena, de una vida mejor…

 

“Siempre hay una voz en tu cabeza que te dice:

<si te rindes ahora, tu esfuerzo habrá sido en vano>”

 

 

  • Ando con Pepe después de muchos años de que me gusta y de ir en contra de la voluntad de mis papás. Hoy me siento invisibilizada y poco considerada por él, no me busca, no le interesa ni mis conversaciones ni mi persona, pero no puedo dejarlo. ¡He renunciado a tanto por esta apuesta amorosa!

 

¿Te sientes identificado con esta situación? Quizás padeces el “costo hundido”. Si ya le invertí a algo tiempo, dinero y esfuerzo, le seguiré “echando ganas” porque ahora me tiene que salir. A veces pasa con un negocio que está quebrando, con una casa que se está cayendo, con una amistad tóxica, o con un amor que no da para más.

            El costo hundido, al cual también se le conoce como costo irrecuperable o pérdida imborrable se trata de un sesgo cognitivo que nos lleva a una distorsión de la realidad, a una interpretación ilógica de los hechos y, en síntesis, a actuar de manera irracional. La trampa mental de los costos hundidos consiste en pensar que el haber puesto muchos recursos en algún proyecto en el pasado, es razón suficiente para no abandonarlo en el presente. Hay un empeño o un apego en no rendirse como si el anhelo, el tesón y la intención permitieran recuperar la inversión.

¿A ver perdido lo suficiente es razón para continuar desperdiciando recursos y tiempo por no afrontar el error inicial o el fracaso parcial del proyecto en curso? Sin esperanza real de éxito no hay salida. ¡Hay que parar!

 

Valores secundarios del costo hundido

En ocasiones existen factores secundarios que sostienen un proyecto que va a pique: sostener un negocio quebrado porque ahí se entretiene mi mamá, quedarme con un marido violento para que mi hijo se recupere de una enfermedad, o seguir una carrera que no me funciona, porque ya estudié mucho de la materia.

El problema es que muchas personas caen en la falacia y sostienen un proyecto cuando los efectos colaterales también están mermados o cuando ni siquiera reporta tales beneficios en realidad.

 

¿De dónde viene el “optimismo” y necedad para perseverar?

  1. Desagrado de perder.
  2. Vergüenza por fracasar.
  3. Carácter empecinado.
  4. Miedo al cambio.
  5. Pensamiento mágico.
  6. Conductas compulsivas.
  7. Falta de sentido de vida.

 

Observarás que todos estos factores se sustentan en ideas erróneas de lo que son las relaciones, el éxito, el bienestar y la vida en general.

 

Tips para salir, para no caer y  recaer…

  • Escribe lo que hasta hoy ya has perdido por no moverte de lugar.
  • ¿Cuánto más estás dispuesto a perder? Ponte límites en tiempo, dinero y esfuerzo.
  • No decidas conforme a lo que sientes –frustración, miedo, vergüenza- sino conforme a los datos reales y racionales.
  • Pide retroalimentación a una persona de tu confianza.
  • Evalúa lo que sí te dio tu pasada elección y piensa cómo esa experiencia ya es una ganancia.
  • Entiende tus errores y aprender de ellos.
  • Distingue entro lo perfecto y lo bueno.
  • Atraviesa el duelos necesario por la pérdida que sí tendrás.
  • ¡Ríndete! Rendirse es también de valientes.
  • Siente la fortaleza que te aporta el poder soltar.
  • Ponte un impermeable “al qué dirán” y libérate de la opinión ajena.
  • Visualiza el futuro sintiendo la ligereza de lo que ya no tendrás que cargar.

 

Para cerrar

Toda acción humana tiene riesgos y áreas de oportunidad. Al empecinarte con una carrera que no te gusta, un proyecto que no tiene “ni pies ni cabeza” y una relación que es pobre o lastimosa, estás renunciando a otras posibilidades que seguramente se ajustan mejor a los intereses, valores, necesidades y deseos de quien eres hoy. La vida es corta como para desperdiciarla en algo que no te está funcionando. Cambia de página y lejos de clavarte con el “costo hundido” atesora la “inversión de lo ganado” y vuelve a empezar.

 

 

 

La relación madre/padre hijo se cosecha día a día. Gracias a los aciertos de la educación que les dimos y también a pesar de los errores cometidos, siempre hay una posibilidad de actualizar nuestra relación.
Te comparto esta carta que recibí de Ale este 10 de mayo y lo que le respondí.

Madre,

Estoy pensando en la difícil y gran labor de ser madre que es el motivo por el cual estás siendo festejada el día de hoy y tú bien sabes que a mi no me gusta mucho escribir cartas por escribir, diciéndote lo mismo en cada una pero de manera diferente. 

Honestamente no sé cómo sea con mis hermanos, pero creo que los dos sabemos -por nuestra historia compartida, los años vividos y la forma de acompañarnos en más de una etapa de nuestras vidas- que el vínculo que hemos formado es especial. Por eso te agradezco, pues gran parte de quien soy hoy, se lo debo no solo a la labor de madre que hiciste conmigo, sino a tu empeño de formar un hogar desde cero cuando nos fuimos a vivir a la Roma. 

Tus varias metamorfosis han impactado en ti como mujer, y por consecuencia, en ti como madre, y por consecuencia en mi como hijo; y si me pongo a analizar, no estoy seguro de cuántas madres he tenido. Ahora sí que aquí no aplica el “madre sólo hay una”… Yo he tenido como 3 o 4 diferentes o no sé cuántas. Y cada una ha respondido a lo que le correspondía y corresponde responder en su respectivo momento. 

Y me pregunto: Hoy, ¿a qué te corresponde responder? 

Más que hacerme el muy acá, sólo trataré de brindarte mi perspectiva sobre mí, como tú hijo, de lo que yo veo que te corresponde. Digamos que no es consejo, ni acordeón de examen. Sólo un intento de empatía desde mi cariño para ti.

Para eso me remonto brevemente a mi pasado. Me has dicho cómo me ves tú a mi, pero la realidad es que batallamos bastante con mis habilidades para la escuela que se suponen que posteriormente esas serían mis habilidades para la vida laboral/profesional. Así como no tuve problema alguno con los social y que incluso, en tus palabras, era bastante autónomo, con las calis y responsabilidades mías -generalizando- siempre fui una patada en los huevos.

Hace un rato ya, hablábamos de aquella plática en Acapulco en donde nos dimos cuenta de cómo cada uno alcanza a percibir el contenido de una conversación hasta donde puede -o quiere- según lo que está viviendo. En fin… ese es un ejemplo puntal para mí de cómo respondiste ese día a lo que te correspondía responder en ese momento, en esa etapa de mi vida como mi mamá.

Hoy estás y estoy (y me atrevo a decir que mis hermanos también) en una etapa en donde siento que cada uno, de manera muy diferente, está  consolidando una autonomía, para que desde esa autonomía podamos colaborar y acompañarnos. Y eso es algo que siento hoy contigo y que siento de ti para mí; que estamos empezando una colaboración en algo que tanto nos apasiona que es nuestra vida profesional, nuestra vocación, de una manera que nunca había sentido antes. 

Además el acompañamiento que en este aislamiento he tenido contigo, en donde hemos tenido llamadas largas y sin hablar de algo en particular, pero a la vez de cosas tan significativas en nuestra vida: la de cada uno y la que compartimos. 

Por último, quiero decirte que siento que estás en una etapa en donde te corresponde colaborar con nosotros para que -si dividimos la vida en cuartos o tercios- la última fase de tu vida dejemos todo listo (en términos generales) para que nosotros podamos cuidar de ti; para que disfrutes y para que te disfrutemos. Donde lo prioritario no sea tu trabajo ni nosotros tus hijos, sino tú. 

Madre, te amo. Y me siento profundamente agradecido por la madre que me tocó tener. De todos los humanos que hay en el mundo, me tocó ser tu hijo. Qué fortuna la mía y qué gozo. 

Alejandro

 

 

 

 

 

Amor mío, mientras me daba un tiempo de tranquilidad con varios cursos que me dio por tomar sentada en la terraza del depa de Acapulco viendo el mar, recibo tu mail. Mi corazón salta de gozo, tal cual, lo siento latir aceleradamente y agradezco.

 

Te leo y me siento la madre más afortunada, querida, reconocida y respetada.   ¿Qué más puedo puedo pedir hoy 10 de Mayo? Pero no solo eso, me siento babear de leerte, pero también y tanto de verte en la vida. Y eso inunda mi ser de paz, agradecimiento y satisfacción.

 

Reconozco Ale, nuestro particular vínculo desde ese “desde Cero” que hablas, donde hubieron silencios, llantos, palabras, risas, regaños y ayudas; experiencias todas,  incomunicables. Solo tú y yo las construimos, las vivimos y las atesoramos. Nos transformaron a ambos.

 

Me observas bien, me conoces bien, y sí, siguiendo tu metáfora de la metamorfosis a veces pienso ¿Para qué reencarnar? si yo he muerto y renacido varias veces en esta vida. Me alegro que todas las facetas te hayan aportado tanto porque el amor ha estado siempre y ha sido incondicional pero al mismo tiempo en ciertos puntos limitado y deficitario, y dudar de mi como madre queda hoy tan atenuado al leer tus palabras y al verte vivir y afrontar los desafíos de la vida.

 

Nunca fuiste una patada en los huevos, Ale, pero ¡qué energía la tuya! y obstinación y deseo: porque tu querías hacer lo que querías, cuando querías, como querías, con quien querías y de manera insistente.  ¿Te dije que a tus tres meses amamantándote en Valle pensé que ya no tenía leche porque me empujabas con tu manita para ya no comer? Y nada, fui de regreso al pediatra contigo y leche había y tu subías de peso hermosamente, pero simplemente ya no te daba la gana comer de mi…

 

Percibes bien la etapa de vida en la que me encuentro, en el último tercio, para el que me cuido porque lo quiero disfrutar.  Y sí, quiero priorizarme y no sentir que me faltará tiempo, bajar el paso, disfrutar sin culpas y compromisos innecesarios y expandirme en lo que me falta pues las sorpresas de la vida son inagotables. Esta etapa es la cosecha de tantos años de aprendizaje, esfuerzo, disfrute y también de dolor y pérdidas. Y Ale, es claro que ustedes están en otra etapa y los veo fortalecerse en lo individual y como familia velozmente, lo cual es para mí una culminación maravillosa como madre. Siempre seré y estaré, no hay duda, pero con una ligereza y disfrute que no sé ni cómo describir. Me limito a disfrutar y a agradecer, ¡es maravilloso!

 

Y dices bien, nuestra inteligencia, empeño y vocación crea una coyuntura maravillosa en nuestras vidas, de estimulo, creación, colaboración y sustento de vida. Me emociona infinitamente lo que se va gestando a nivel profesional con este rebote que vamos teniendo. Y me sigue dando sentido de vida saber que a tu estilo y con tus preferencias y saberes continuarás un desarrollo personal, una realización profesional y un impacto social que también. 

 

Confío también que el futuro nos va a regalar muchas sorpresas si nos seguimos trabajando. Y me da tanta paz saber que los tengo, que te tengo, que una parte tuya está para mi y que me amas.

 

ERES MI AMOR.

 

Tu madre

Tere

 

 

No puede dejar de rondarnos por la cabeza la pregunta sobre qué pasará con nuestra mentalidad y nuestros hábitos después de esta cuarentena. Estamos en el presente pero, yo en particular, no puedo de quitar la vista del futuro próximo. Sin reparo y con la menor ansiedad posible, imagino otros escenarios posibles, que este evento, puede desencadenar.

Mi “deformación psicológica” me lleva primero a pensar en las estructuras de carácter que subyacen en nuestras respuestas naturales a lo que estamos viviendo:

  • Existen personas “introvertidas” – no porque no sepan socializar sino porque se recargan en el silencio y en la soledad – y para ellos, quedarse así, sería un “bendición”. Salvadas las proporciones de los daños colaterales.
  • Están, por otro lado, aquellos “extrovertidos” que ya advirtieron a los propietarios de bares, cafeterías y restaurantes, que se abastezcan porque están ya en posición de “¡en sus marcas, listos, fueraaaaaa!”.
  • Y por otro lado, las personas que tienen miedo por relacionarse, probablemente y en su mayoría, parte de espectro que responde a patologías previas, psicológicas o psiquiátricas, y no tanto a la pandemia en sí. Esto es tema de toda otra reflexión.

Cada respuesta tras el confinamiento dependerá de los mecanismos que cada uno usa para afrontar la vida en general: de distintas formas y con diferentes secuelas se entenderá, se procesará y se aceptará. Notaremos que somos vulnerables pero no impotentes. Y los cambios que se den no tendrán que ser del todo negativos.

Pero más allá de cada uno de estos posicionamiento me pregunto: ¿será diferente nuestra forma de ser y relacionarnos después de este confinamiento?

Comparto algunas reflexiones de lo que quizás habremos descubierto:

  1. Que se pueden mantener las relaciones, aún a distancia. Y que en este sentido, la tecnología ha sido un “plus”, porque las distintas plataformas nos permiten acercarnos en el mundo virtual y de una manera “curiosa” mantenernos actualizado, conectados y contenidos.
  2. Que se puede descartar de nuestras vidas a aquellas personas que no tienen que ser más parte de nuestro círculo cercano.
  3. Que se puede ampliar la gama de actividades que nos proporcionan placer y ocio casero. Y que quizás esta experiencia puede derivar en hobbies, goces, intereses y recursos que no imaginábamos podríamos conquistar.
  4. Que reconoceremos cuánto menos necesitamos consumir. Y que no solo el ahorro nos beneficia sino el “consumo” de experiencia y el desarrollo de vínculos.
  5. Que distinguiremos hábitos útiles e inútiles que teníamos arraigados sin siquiera notarlo.
  6. Que experimentaremos, ahora sí “en carne propia” y con mayor consciencia que somos seres sociales y creativos. Estamos re descubriendo nuestra emocionalidad que seguramente bullirá más tras el confinamiento. Esto generará ¿más arte? ¿más parejas? ¿más hijos? ¿más proyectos? ¿menos pedos?
  7. Que confirmaremos que la tecnología llegó para quedarse: home office, arte digital, relaciones a distancia, terapias virtuales.
  8. Que nos tomará tiempo desafiar el temor al acercamiento físico. ¿Qué tanto me acerco a quién?. Si antes era en lo sexual el recelo, quizás ahora se extienda a lo puro relacional.
  9. Que perderemos miedos a otros “contagios sociales”: ¿clase, preferencia sexual, raza, género? Quiero soñar que habrá mayor igualdad. ¿O retomaremos rápidamente la distancia que generan los privilegios?
  10. Que los mercados se ajustarán de forma diferente. Algunos están sufriendo terribles consecuencias pero otros han salido reforzados (Netflix). Imposible negar que cambiará la apuesta económica y financiera ¿Qué areas de oportunidad surgirán como nuevas maneras de hacer negocio?
  11. Que en esta sociedad de actividad frenética se está generando una educación para el ocio que nos obliga a parar y a reflexionar. Los espacios “vacíos” permiten relajación y creación.
  12. Que estamos re descubriendo el valor del conocimiento científico y el “irnos de puntitas” con mil propuestas alternativas que en el mejor de los casos pueden sumar, pero en muchos generan pensamientos mágicos y laberintos sin salida.
  13. Que se puede integrar lo paradójico: la solidaridad dentro de la individualidad. Tanto dentro de una mismo inmueble, o en un barrio, ciudad, o a un nivel mucho más amplio. Y confirmar que somos más interdependientes que independientes, por lo que no sobrevivirán los “mas fuertes” sino los que se apoyan.
  14. Que también desarrollaremos nuestra capacidad de resiliencia, pues serán más de una pérdida de las que nos tendremos que recuperar. Incluído aquí la capacidad de posponer la frustración y posponer la gratificación.
  15. Y quizás, que los adolescentes –tan criticados por su inmersión en la tecnología- han hecho en este encierro no cosas no tan distintas a sus hábitos previos: relaciones online, juegos, música, videos, redes, entre otras. . Pienso que desbancaremos la falsa idea de que los nativos digitales son menos sociales y confirmaremos que hay mucho solitario de bar, y muchas personas “solas” en casa conectando a través de videojuegos y otras plataformas en compañía. Agrego, que no cabe la menor duda de que la tecnología se va a acelerar.

¿A ti se te ocurre algo más? ¡Bienvenido el cambio!

Si bien hemos ganado muchísimo en tema de derechos humanos que preservan la integridad de los infantes, también hemos perdido la capacidad de enseñarles a capotear el sufrimiento y a desarrollar una voluntad tórrida que les permita afrontar los desafíos que cualquier vida presenta.

Los grandes temores de los seres humanos, citando a Sigmund Freud, son el caos, el ataque y la pérdida o abandono, todos hoy juntos y revueltos por el tema del Coronavirus. No hay duda que los pequeños, grupo particularmente vulnerable, vive esta experiencia también.

Te invito a que esta cuarentena les enseñes a salir fortalecidos con algunas estrategias de afrontamiento que podrán utilizar en cualquier reto y etapa de su vida.  No olvides que lo que menciono son orientaciones generales que hay que adaptar a cada niño de acuerdo a su personalidad, su edad y sus circunstancias.

Aquí te van algunas sugerencias:

  1. Favorece el desarrollo de hábitos. Establecer actividades y tareas concretas que se han de acometer día a día permite la construcción de rutinas que faciliten la vida de nuestros hijos.
  2. Fomenta su autonomía. Actividades como aprender a hacer la cama, abrocharse la agujetas y preparar algo de su comida, pueden generarles sentido de competencia personal, experiencia de logro y sin duda mayor autonomía.
  3. Intercala actividad física y mental recreativa. El adicionar, a manera de juego, actividades – que pueden ir desde subir y bajar escalones tomando el tiempo para “romper records”, poner música y bailar, hasta tener rompecabezas en ciertos momentos del día – son maneras de generar recursos de autocuidado, descanso y distracción, y al mismo estimular su cuerpo y su mente.
  4. Habla de sus y de tus emociones.No siempre son necesarias intensas terapias ni “rondas de sinceridad” para integrar en la comunicación el mundo emocional. Preguntar “cómo te sientes”, “qué le está pasando ahorita a tu corazón”, así como relevarle tus experiencias afectivas, les permite conactar con sus sentimiento y emociones, expresarlos, y – con tu ejemplo – aprender a manejarlos mejor. Es probable que el enojo, el miedo y la tristeza salgan a escena: deja que los expresen y ayuda a que los procesen.
  5. Deja que se aburran. Es imposible mantener a nuestros hijos divertidos todo el día. El aburrimiento es la emoción de la no emoción. Aburrirse sin demandar y sin quejarse es un aprendizaje valioso que les permitirá tolerar la frustración, aprender a esperar, posponer la gratificación y, en una de esas, explotar su capacidad de creación. Todas estas son habilidades de gran valía para forjar el carácter.
  6. Irrumpe con alguna novedad. Introducir un elemento sorpresa anticipando con un “a las 8 les tengo una sorpe”, crea ilusión e incertidumbre. La novedad puede ser tan sencilla como comprar colorantes comestibles y dejar que cada uno elija el color que pondrá a su vaso de leche esa noche.
  7. Cancela de tajo los malos tratos. La violencia no se justifica bajo ninguna circunstancia.
  8. Conéctate con ellos.Si logras activar los puntos anteriores tendrás los ingredientes suficientes para que cada día sea de conexión y no de enojos y represión. La conexión genuina genera intimidad, la intimidad fortalece los vínculos, y los vínculos fuertes son el mejor antidoto de la ansiedad, emoción que anda suelta durante esta cuarentena. 

Pareciera que todo esto esto obvio y de sentido común, pero por lo mismo, fácilmente lo olvidamos. Este 30 de abril regala a tus hijos una forma de relación que les ayudará durante el encierro y por sobre todo, durante toda la vida.

Terapia de SESIÓN ÚNICA EN LÍNEA

Con un costo solidario

¡Una consulta puede hacer la diferencia!

 

La situación de aislamiento físico debido a la contingencia que estamos viviendo puede traer efectos abrumadores en nuestras vidas.

 

            Experiencias como: 

  • Ansiedad 
  • Depresión 
  • Frustración 
  • Sobrecarga de labores
  • Pérdidas económicas
  • Miedo
  • Violencia doméstica
  • Incluso el desbordamiento de problemas que ya se venían gestando pero que estaban invisibilizados o minimizados por el trajín de la vida cotidiana.


Esta mezcla de situaciones pone ante nosotros retos importantes y reflexiones necesarias sobre nuestra vida y nuestras relaciones. 

 

La Terapia de SESIÓN ÚNICA EN LÍNEA, ofrece a los consultantes una forma de trabajo que concibe cada sesión como una experiencia completa en la que se enfatiza, la relación,  la escucha y el planteamiento de objetivos claros y concisos; así como la exploración de nuestras fortalezas, recursos y redes de apoyo para posibilitar soluciones.

 

¿Qué te ofrece este modelo? 

  1. Orientación en el aquí y en el ahora 
  2. Determinarobjetivos alcanzables que aumenten tu bienestar.
  3. Reconocer tus competencias y capacidades para fortalecerte durante esta época. 
  4. Impulsar el cambio con acciones concretas de alcance inmediato.

 

Si estas experimentando algunas de los efectos del aislamiento y la contingencia te ofrecemos Terapia de SESIÓN ÚNICA EN LÍNEA a un costo solidario que tú pactarás con tu terapeuta. 

 

Llama a Psicoterapia la Montaña

15-5701-99

No todos los conflictos en la pareja significan que la pareja sea conflictiva pero a veces construir un proyecto de vida puede ser complejo: permitir la cohesión para la estabilidad y mantener la ilusión para la motivación es necesario para que ésta crezca.

Lograr ese equilibrio requiere de un cuestionamiento sobre lo que le conviene preservar de la relación y lo que se requiere innovar. No confundamos la necesaria estructura que toda pareja requiere para su estabilidad con la rutina rígida y monótona que termina en el aburrimiento.  Por tanto para evitarlo se debe sortear la rutina y eso se logra primero con ciertas actitudes de cara a la relación y después con ciertas actividades a poner en acción.

 

Actitudes para evitar la rutina

No quiero hacer un listado “things to do”, que cualquiera podría mencionar, sin aclarar que sin la disposición personal hacia la novedad, no hay actividad que se pueda ni implementar ni disfrutar. Así que veamos los “prerrequisitos” para sortear la rutina:

  1. Aprende a mirar a tu pareja con curiosidad. Asume que no se le conoces del todo.
  2. Adiestra tu don de palabra. Tener algo que decir da cuenta de tu inteligencia, quererlo compartir muestra tu determinación y usarlo en la conversación es un ejercicio de voluntad. Infórmate e introduce contenidos estimulantes a tus diálogos.
  3. Desarrolla la habilidad de generar estados emotivos de relativa intensidad, emociones suficientemente fuertes que den relevancia a la interacción y resulten conmovedoras.
  4. Tolera cierta incertidumbre abriéndote a no tener todo excesivamente programado. ¡Aplica el factor sorpresa!
  5. Integra cierto matiz transgresor en tu vida. Siempre resulta interesante quien puede invitar al otro a vivir una cierta rebeldía, algo —si se quiere— un tanto “vergonzoso”.
  6. Sostén cierto enamoramiento, éste se basa en el respeto y la admiración y permite matizar la dura realidad y por tanto la capacidad de seguir asombrándose del otro.

 

Actividades para desafiar la rutina.

Romper la rutina de pareja implica intercambios dentro y fuera de casa, pero no siempre es necesario hacer grandes inversiones económicas para generar diversión y novedad. .¿No se te ocurre nada?, aquí van algunas propuestas:

  1. Toma clases de baile o bien implíquense juntos en algún reto deportivo.
  2. Aviéntate un maratón de cine en la cineteca un fin de semana.
  3. Prepara un picnic en un parque público o una reserva segura y sorpréndase con algo rico para compartir.
  4. Organiza un club del libro con amigos, o bien torneos de algún juego de mesa. Amigos que ves poco pero tienen vidas interesantes y aficiones que les sumen.
  5. Checa las exposiciones y eventos culturales –pintura, música, escultura, fotografía– que ofrece tu colonia o tu ciudad.
  6. Cocinen juntos cosas sencillas.
  7. Tomen algún curso online de interés común.
  8. Mueve los muebles y adornos de casa para crear espacios diferentes.
  9. Realiza hikings citadinos y conoce tu ciudad o población. Date paradas para tomar un café, visitar una galería, incluso rentar una bicicleta.

 

Y no te olvides que “tú y yo” no somos uno mismo”. Cada uno requiere enriquecerse en lo personal con espacios privados que cultiven los propios intereses, gustos, sueños y amistades para generar vitalidad individual y poder sumar a los encuentros de pareja. El problema del exceso de unión nos lleva también a otro problema: ¡la saturación!

 

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Un día me desperté, me miré al espejo y no me reconocí. A los 3 años de haber tenido a mi primer hijo y 4 años de estar casada, había en mí una tristeza muy profunda, un desencanto y una desilusión que en aquel entonces no tenía nombre. ¿Cómo había llegado hasta aquí en estos 8 años de relación?, ¿cómo me fui debilitando? Era una tristeza no compartida con las personas cercanas a mí, silenciada, y vivida en mucha soledad y vergüenza. Esto fue el parteaguas para darme cuenta que llevaba un vida paralela a la de mi esposo: él era “muy feliz” y yo todo lo contrario. Necesitaba ayuda.

El “fast love”, fácil y rápido, así como la “fast food”, está de moda. Es por eso que las parejas difícilmente duran más de lo que el enamoramiento les pueda dar. El enamoramiento se puede dar en un “flechazo” pero el amor se cuece “a fuego lento”.

Por eso considero que el “propedéutico” individual que nos prepara para elegir una pareja mejor y fluir bien en el intercambio amoroso ha de ser considerado.

Aquí te comparto algunas preguntas que señalan los prerrequisitos imprescindibles para construir una buena vida de pareja.

 

1. ¿Me conozco? El autoconocimiento te permite elegir mejor y también respetar tus necesidades, intereses y valores dentro de la relación. Ver a qué puedes renunciar y que estás dispuesto a negociar y qué no.

 

2. ¿Tengo una forma de ganarme la vida? Es importante entrar a una relación con la competencia de abastecerte de lo suficiente para vivir y ser menos vulnerable al control del otro. La independencia económica también favorece la igualdad en las negociaciones.

 

3. ¿Me siento con suficiente autonomía emocional? “No solo de pan vive el hombre”. La autonomía emocional es la capacidad de legitimar tus deseos, necesidades, intereses, valores y los límites que necesitas poner al otro para poder satisfacer tus requerimientos básicos. La autonomía emocional te facilita respetarte sin tener que romper, distanciarte o cerrarte del todo a tu pareja.

 

4. ¿Mi vida tiene sentido? Conocer mis pasiones y sueños, capacidades y aptitudes más allá de mi relación de pareja hace del amor parte de mi proyecto de vida pero no mi único propósito en la vida. Una existencia con sentido propio es la que facilita que el amor florezca en libertad y aumente el tamaño de tus alas para expenderte y disfrutar.

 

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.