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Los que somos padres, tenemos la responsabilidad de guiar a nuestros hijos desde nuestra experiencia con las herramientas que hemos aprendido a lo largo de la vida para aprender a comunicarnos con ellos de manera asertiva.  Así como también para que crezcan individual y socialmente.

Después de todo, son seres que nosotros decidimos traer a este mundo; que al nacer son indefensos y conforme crecen necesitan forjarse, escuchar un consejo y sentir que alguien los apoya. En este complicado proceso aparecen dudas, tropezones y sobre todo muchos recuerdos de nuestro pasado. Puede ser que algunos de nosotros hayamos tenido una infancia difícil, una mala comunicación con nuestros padres, o cuestiones dolorosas que debemos de trabajar y sanar individualmente para no repetir ese patrón en nuestra familia. 

Dicho eso, por más buenas intenciones que tengamos, en algún punto todos tenemos la necesidad de construir nuevos caminos para interactuar con nuestros hijos. Tener espacios que nos permitan crear una unión basada en la confianza, el respeto y el amor.

Comunicación

Cómo hablar con nuestros hijos 

Por lo general los humanos no somos conscientes de la forma en que decimos lo que pensamos o sentimos. En ocasiones incluso, alzamos la voz, usamos un tono despectivo, juzgamos, o criticamos sin antes escuchar al otro.

Lamentablemente, lo mismo sucede cuando se trata de la comunicación con la familia, y por ello, es importante más que cualquier otra cosa, aprender a cuidar nuestras palabras cuando hablamos con ellos. Intimidar, amenazar o prejuzgar no aporta nada si lo que queremos es tener una buena relación con nuestros hijos. Debemos de ser el ejemplo para su formación, cada vez que hablemos con ellos hay que tener claro cuál es el objetivo, cómo va a ayudar la plática a su formación, y cuánto va a influir. 

No debemos de olvidar que el lenguaje que usamos con nuestros hijos dice mucho de nosotros, y como ellos son nuestro espejo, es probable que imiten las malas estrategias que utilizamos. Por ejemplo, si un niño vive en casa a gritos, probablemente le levante la voz a su maestra y a sus compañeros de la escuela, porque es lo que ha aprendido.

Hijos

Consejos para una buena comunicación

No hay una receta secreta para poder lograr esto, pero lo que sí existe son ciertas acciones que pueden marcar una diferencia:

*Tener un tono conciliador para que el niño tenga la confianza de expresar lo que siente y lo que quiere, sin el temor de que lo juzguen o no le crean.

*Ser firme en las decisiones que haya que tomar respecto al niño, siempre que estas se generen con argumentos válidos en torno a su bienestar.

*Ser claro y conciso en lo que se le quiere decir a los hijos. Esto les ayudará a entender la situación, para no tener malentendidos más adelante.

*Tratar de tener un lenguaje positivo. De esta forma, se ayudará a edificar la autoestima de los pequeños. Y aunque no todo puede ser color de rosa, lo puedes ayudar a creer en sí mismo y darle herramientas para superar los altibajos de la vida.

Modelo

El modelo SEPA para la comunicación

De acuerdo con Begoña Aznárez, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, cualquier noticia vulnerable que le demos a nuestros hijos, debe de incluir estas cuatro estrategias…

*Sensaciones: son las reacciones físicas que experimentamos ante una situación, como por ejemplo: sudoración de manos, temblor de piernas, latido acelerado del corazón, sensación de nudo en el estómago, etc.  

*Emociones: Son las emociones que sentimos por cualquier suceso de nuestra vida, como la muerte de algún familiar, y utilizamos los verbos: miedo, tristeza, coraje, etc.

*Pensamientos: Es lo que creemos respecto a a una situación, un ejemplo de esto es utilizar el verbo pensar, como “pienso que fue mi culpa”.

*Acciones: Son las conductas o acciones que tenemos en alguna situación como llorar, enojarse, gritar, etc.

Con estas herramientas, podrá ser más fácil comunicarle a nuestros hijos cuando una persona fallece, u otra mala noticia de cualquier índole.

 

Nadie nos dice cómo ser padres, pero sí podemos dejar una huella positiva en nuestros hijos

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Taller Hijos sanos, contentos y libres 

 

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Estar en contacto con la naturaleza nos puede aportar muchos beneficios, y ser la solución para mejorar varios de nuestros malestares físicos. Sin embargo, en medio de una ciudad, en la que no abundan los espacios verdes con pasto, estar en contacto con las plantas se ha convertido en una travesía difícil del lograr, pero no imposible.

A lo largo del tiempo se han creado nuevas maneras de abordar el problema del exceso de pavimento, y aliviar la necesidad de estar cerca de la naturaleza. Una alternativa genial para reducir el estrés, y hasta evitar enfermedades crónicas, es el Grounding, una disciplina que nos invita literalmente a poner los pies en la tierra para encontrar la paz y olvidar por un segundo los contratiempos de la cotidianidad.

Beneficios para nuestro organismo

En la antigüedad estar descalzos era una práctica común, pero con el crecimiento de las ciudades los hombres se acostumbraron a utilizar la suela de los zapatos.

Algunos estudios hechos por la Universidad de California revelan que tener una conexión directa con la tierra trae grandes ventajas a la salud. Una de las más importantes es que instantáneamente mejora el estado de ánimo. Esto se explica gracias a que el cuerpo es conductor de electricidad y su carga positiva se enfrenta con la carga negativa del suelo; lo que genera un desahogo necesario para las funciones vitales.

Pero además de ayudar en procesos energéticos, hacer esta práctica ayuda en las siguientes áreas

  • Disminuye la inflamación del cuerpo
  • Mejora el sueño
  • Reduce dolores menstruales
  • Ayuda a la circulación
  • Aumenta nuestro bienestar y nos conecta al momento presente.

Algunas recomendaciones para caminar descalzos 

**Si no se cuenta con un jardín, pueden colocar sus pies sobre una maceta con tierra.

**Para los papás: si su bebé está inquieto y sufre de cólicos, o llora mucho, intenten cargarlo en brazos y caminen descalzos, o simplemente recuéstense en el pasto, lo más seguro es que ambos puedan lograr tranquilizarse.

**En familia organicen picnics, siéntense en el pasto, recárguense en un árbol, abrácenlo y llénense de energía.

**Aprendamos a admirar los paisajes que la naturaleza ofrece. Solo hay que observar las nubes, las estrellas, los amaneceres y los atardeceres.

Disfruten de su estancia en el césped.

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Autora Paola Alderete

Sí, existen hermanos que se pelean más de cinco veces al día, los siete días de la semana. Durante periodos largos, la casa se convierte en una zona de guerra habitada por gritos, puertas que se azotan, acusaciones, fundadas e infundadas, e incluso uno que otro golpe. Y aunque a todos nos gustaría vivir en calma, en un ambiente amoroso en el que el desayuno ocurra entre silencio y sonrisas, lo cierto es que las luchas en los grupos familiares son más comunes de lo que parecen y pueden solucionarse con paciencia y con entendimiento, pero ¿cómo se logra esto?

Como madre de cuatro hombres, pienso que el primer consejo útil es eliminar de nuestro sistema esa imagen ideal de cómo deben ser las relaciones. Las familias perfectas no existen, y los hermanos totalmente pacíficos tampoco. Dicho eso, la responsabilidad de sanar los vínculos entre los hijos es de nosotros, las mamás y los papás.

El error más común

Pienso que la hermandad (o la fratría) es un pequeño laboratorio que le permite a los hijos ensayar para lo que viene. Los hermanos construyen una especie de sociedad íntima en la que no sólo se enseñan a convivir, sino a acompañarse, a divertirse y por qué no a pelear de una manera sana.

A pesar de eso, los padres cometemos el error de intentar que se lleven bien a toda costa, y en ocasiones no permitimos que la relación fluya, me ha pasado. Esto sucede porque les otorgamos roles fijos que tienen que ver con su edad – tú eres el mayor y tienes que proteger a tu hermano– o con su género – eres el hombre de la casa–. Caer en esta equivocación hace que los niños tengan que asumir un compromiso muy grande, que tal vez los incomode.

 Aceptar las diferencias y limitaciones

Para que el vínculo entre hermanos mejore tenemos que aceptar también nuestra propia naturaleza. No podemos negar que aunque los amamos a todos por igual, sentimos con frecuencia mayor comodidad o gusto por alguno de nuestros hijos. Esto no significa que los queramos más o menos, sino que como adultos somos más afines a un estilo de carácter o a cierto tipo de desempeño social.  En ese sentido otro buen consejo que les puedo dar es: acepten que está bien tener un vínculo especial con cada hijo.

Por otro lado, para que el trato mejore es muy importante entender cuáles nuestras funciones, y límites parentales. Si bien podemos lograr, a través de una educación sólida, que los hijos desarrollen una relación de cariño, cuidado y respeto mutuo, esto no significa que los hermanos deban ser mejores amigos, compañeros de aventuras y confidentes íntimos.

Hay que tener súper claro lo que nos interesa fomentar en la familia. Queremos que los hijos aprendan a convivir, a empatizar, a pedir lo que necesitan de manera asertiva, a negociar situaciones difíciles, a generar conexiones sanas y a disfrutar de sus relaciones. No queremos generar expectativas sobrehumanas de “entendimiento perfecto”, “intimidad total” y “ayuda incondicional” entre los hermanos.

¿Cómo hacemos que se lleven mejor?

Para lograr una mejor relación entre los hijos, aquí les dejo algunos consejos prácticos, y sí muy realistas, que todos los padres pueden realizar para que las peleas acaben.

  1. Erijamos una disciplina eficaz en la que haya reglas de comportamiento claras, concretas y adecuadas. En dichas normas tienen que estar, sobre todo, bien dibujados los límites ante las conductas inadmisibles. No olvidemos que es responsabilidad de los padres detener, de manera particular, el comportamiento abusivo, golpes, humillaciones, maltratos, burlas, etc.
  2. Enséñales a usar las palabras para que puedan expresar lo que piensan; para que sepan pedir lo que necesitan y decir lo que sienten.
  3. Respetemos las diferencias individuales, y evitemos, a toda costa, las comparaciones. Es importante valorar la actitud y habilidades que tiene cada uno, en el momento oportuno.
  4. Simple, hay que mostrar a cada hijo el aprecio que tenemos a su corazón y a su inteligencia.
  5. Evitemos los favoritismos, y por favor aprendamos a no tomar de partido, sin razón o fundamento, por alguno de ellos.
  6. Hay que favorecer el trabajo en equipo, tanto en situaciones domésticas como en  aventuras extra curriculares, como salidas de paseo. Las actividades colectivas generan orden y sentido de pertenencia.
  7. Fomentemos espacios de diversión y entretenimiento que les permitan relajarse y disfrutarse. Hay que recordar que el juego ofrece un momento de conexión emocional súper importante para la formación.
  8. No hay que evadir ni negar los conflictos, por el contrario, tenemos que enséñales a buscar soluciones justas para que traten sus diferencias de una manera sana.
  9. Respetemos sus espacios individuales. Necesitamos darles la oportunidad de que cada uno pueda realizar hobbies, actividades o intereses personales, sin insistir en tener que compartan todo, siempre.
  10. La buena relación empieza, por mucho, con el ejemplo. Los hijos pueden aprender a través a través de ver cómo nos relacionamos con nuestros propios hermanos, con sus abuelos, con la pareja, o ex pareja si la tienes.

No demos por hecho que entendemos perfectamente a nuestros hijos y que sabemos lo que necesitan y quieren.

 

Para escucharlos hemos de tener presente su edad, su etapa evolutiva, su lugar en la familia y las circunstancias concretas que atraviesa en este momento de su vida, y muy importante, ¡su individualidad!. ¿Es muy sensible? ¿distraído? ¿impulsivo?

 

Escuchar activamente a tus hijos no solo permite una comunicación auténtica con ellos, sino reforzar un vínculo de conexión, comprensión y contención que les permite sentirse mirados, entendidos y cuidados.

 

¡Van los tips!

  1. Escúchate primero a ti. ¿Estás tranquilo? ¿Dispuesto? ¿Agitada? Primero decide si puedes estar presente “en cuerpo y alma” o si  es mejor proponer la escucha para otro momento.
  2. Haz contacto visual, de preferencia poniéndote a su altura para intercambiar miradas al mismo nivel.
  3. Presta atención a su lenguaje verbal pero también al no verbal.
  4. Mira a la cara, asiente con la cabeza y refleja expresiones faciales congruentes con aquello que está explicando.
  5. Refleja en lenguaje sencillo lo que escuchas para verificar que comprendiste lo que te dice.
  6. Si es necesario, para mostrar tu interés y tener mayor claridad, pregúntale detalles para corroborar que le has comprendido.
  7. Incluye, en lo que le dices, los sentimientos explícitos o implícitos que te expresa para que él los pueda reconocer y nombrar también.
  8. Muestra empatía, es decir, demuéstrale aceptación y comprensión ante lo que dice y siente. “Entiendo lo que me expresas”, “imagino cómo te sientes”. Ser empático implica no invalidarlo, rechazarlo o juzgarlo.
  9. Indaga junto con él, a través de preguntas sencillas, la forma en que lo puedes ayudar. No saltes rápidamente a dar consejos y letanías, tampoco manipules las soluciones. Hacerle preguntas acertadas pueden ayudarlo, incluso, a reflexionar y encontrar soluciones solo.
  10. Si aún es necesario, haz con él una lluvia de ideas para tomar acciones adecuadas y cerrar la conversación.

 

Al principio te sentirás extraño aplicando estos tips, pensarás que saber escuchar es difícil, pero verás que con la práctica no solo no es complicado sino que tus hijos se sentirán entendidos, respetados y contenidos por ti. Y te cuento: ¡justo esto es lo que constituye el verdadero amor!.

 

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.