Hoy, 25 de noviembre: Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, merece la pena reflexionar acerca de lo potente y necesario que resulta incorporar la perspectiva de género no sólo en los horizontes políticos, sino en nuestra vida diaria.

Perspectiva de género

Pero ¿a qué nos referimos con la perspectiva de género? Al enfoque que promueve la reflexión y el análisis de las situaciones de inequidad, discriminación y exclusión provocadas por las dinámicas convencionales del modelo patriarcal, a partir de la promoción de relaciones armónicas y respetuosas, entre hombres y mujeres.

   

¿Qué busca y por qué debemos promoverla? 

 

La perspectiva de género promueve la igualdad entre los géneros a través de la equidad, el adelanto y el bienestar de las mujeres; contribuye a construir una sociedad en donde las mujeres y los hombres tengan el mismo valor, derechos y oportunidades para acceder a los recursos económicos y a la representación política y social en los ámbitos de toma de decisiones. 

 

Finalmente, la perspectiva de género permite ver elementos de las relaciones entre hombres y mujeres que de otra forma no son tomadas en cuenta, por ejemplo, las distribuciones del trabajo doméstico y de los recursos, diferenciadas para uno y otro género. 

 

Necesitamos por eso distinguir que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres no justifican los abusos ejercidos desde las distinciones construidas socialmente respecto a lo que significa ser hombre y ser mujer. 

 

Me atrevo a insistir que no existe esa “naturaleza femenina y masculina” que nos destine a funciones y roles que no surjan de nuestra deliberación personal y desde nuestra elección particular. 

Para cerrar el año…

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Dice Antoni Bolinches que se sufre por amor: y así, hay amores que llegan pero que no se quedan, amores que se quedan pero no funcionan y amores que funcionan pero que se van.  Son los amores en plural. No es otra cosa que las posibilidades amatorias a la luz de la libertad y las luchas del Feminismo: hoy, hombres y mujeres experimentan trayectorias y comportamientos amorosos emergentes con múltiples variables, matices, negociaciones, ajustes, encuentros y desencuentros. Pero qué hacer para que sean más los primeros que los segundos, aquí algunas claves:

 

Tolerancia a la frustración: Si esperas satisfacciones y placer constante no lograrás brincar los momentos ríspidos y las circunstancias de aridez que todo amor conlleva.

Flexibilidad: Esta te permite integrar las diferencias que el otro trae a la relación y modificar algo tuyo para bien de la pareja. Podemos cambiar algunas cosas pero hay diferencias irreductibles que se deben conocer y aceptar.

Auto-Conocimiento: El conocerte te permite elegir mejor y también respetar tus necesidades, intereses y valores dentro de la relación, así como ponerlos al servicio del otro. Además el auto conocimiento te permite adecua tus aspiraciones a tus posibilidades.

Capacidad de llegar a acuerdos: Los buenos amores son los que actualizan su relación. Las diferencias se aceptan y el manejo de las mismas se negocian a través de acuerdos temporales que cuando sea necesario se pueden actualizar.

Técnicas de comunicación: si no sabes escuchar y no te puedes expresar, difícilmente podrás poner sobre la mesa tu punto de vista y entender, al mismo tiempo, la perspectiva de tu pareja.

Independencia económica: La independencia económica te da mucho margen de acción además de sumar recursos materiales a la relación. El amor no florece bien en la escasez, además de que la falta de recursos de alguien lo hace más vulnerable al control del otro y a la igualdad en las negociaciones.

Autonomía emocional: Pero “no solo de pan vive el hombre”. La autonomía consiste en la capacidad de poner los límites que necesitas con el otro sin tener que romper, distanciarte o cerrarte del todo. La autonomía emocional te permite manejar tus afectos de forma que te puedas auto contener ante la ansiedad que genera la aparición de ciertos problemas así como legitimar lo que requieres y deseas.

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Para nadie es una sorpresa que la generación X y cada vez más, la generación millennial, está asumiendo los costos en sus relaciones de pareja de los cambios sociales de las últimas décadas. El Feminismo y la evolución de las mujeres ha puesto de manifiesto la siguientes cuestiones en las relaciones:

 

  1. Rechazo del modelo de relación tradicional hombre dominante/ mujer dominada. 
  2. Ejercicio de una sexualidad libre sin que la maternidad dependa del azar ni de la voluntad de los hombres. 
  3. Desean relaciones simétricas e igualitarias pero a la vez ellas mismas reconocen que para enamorarse de un hombre necesitan admirarle y ese es el origen del problema.

El reto de las relaciones amorosas para las mujeres 

 

Paradójicamente, lo que ha significado el fin de la represión y la caída, lenta pero sostenida, del patriarcado y el principio de la libertad sexual, está generado un malestar amoroso en las relaciones actuales. Si bien, ese costo es generalizado para hombres y mujeres, en el caso de las mujeres tiene una cuota particular: resulta que muchas que han alcanzado la excelencia cultural, profesional y económica están pagando con soledad amorosa su progresión personal. 

 

Por lo tanto, el escenario amoroso para estas mujeres, en palabras del psicoterapeuta, autor y docente español Antoni Bolinches es el siguiente:

 

  • Donde las mejores mujeres encuentran dificultades, los mejores hombres encuentran facilidades. 
  • Los hombres que enamoran son los que se mejoran entonces es injusto que ellos reciban un premio por su evolución,  mientras que las mujeres ven limitadas sus posibilidades a medida que evolucionan. 
  • Esto da por resultado un conjunto de hombres desorientados que deben interactuar con un conjunto de mujeres decepcionadas.

El reto para los hombres

 

El mismo Bolinches, asume que el reto para los hombres de hoy es aceptar que perdieron el poder ancestral del que disfrutaban y han de aceptar el poder emergente de las mujeres que ejercen su libertad y conquistan protagonismo social. 

 

Y añade: “La mayoría de los jóvenes no saben cómo relacionarse cómodamente con las mujeres. Sus abuelos disfrutaban de un modelo injusto pero claro y sus padres podían presumir de haber participado en el cambio aunque la mayoría lo hicieron como meros espectadores”. 

Ellos son la primera generación que está sufriendo las consecuencias del cambio sin encontrar el recambio: saben que lo viejo no volverá pero por desgracia no han sabido crear algo nuevo. Defienden racionalmente que las relaciones de género deben basarse en el respeto mutuo y la igualdad, pero su inconsciente colectivo aún arrastra el modelo hombre dominante vs mujer subordinada.Y en ese reacomodo están. Lo bueno, como señala el propio Bolinches es saber que las relaciones de género serán más simétricas y enriquecedoras en el futuro, puesto que entre los hombres que han evolucionado hacia la madurez y los que se encuentran en tránsito suman ya la mayoría.

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El especialista Antoni Bolinches da dos razones de por qué las mujeres más evolucionadas tienen más dificultad para encontrar pareja:

La admiración: la versión moderna de la protección

La primera y más profunda está anclada a la dotación genética de los hombres: su fuerza muscular. Esta diferencia ha fundamentado el predominio másculino frente a la mujer, quien se ha subordinado al hombre fuerte y poderoso, porque eso le generaba mayores posibilidades de subsistencia. Sin embargo, en la actualidad, y desde que las mujeres han desarrollado su propio potencial, ya no necesitan un “macho” que cuide de ellas, aunque muchas mujeres aún hoy siguen valorando el correlato de aquella necesidad primaria que, con los siglos, se ha convertido en admiración. 

 

De tal forma, que los siglos de civilización machista han ido transformando la variable más relevante que diferencia a los hombres de las mujeres a la hora de enamorarse: la admiración, versión moderna de la protección. Mientras que las mujeres necesitan admirar a un hombre para enamorarse de él, los hombres prefieren establecer relaciones cómodas con mujeres atractivas que les admiren a ellos. Esta causa limita a las mejores mujeres la posibilidad de encontrar hombres adecuados.

Dificultades del amor entre “iguales”

La mayor disposición de las mujeres a admirar al hombre facilita el enamoramiento recíproco porque el hombre prefiere ser admirado que admirar. En cambio, la admiración masculina hacia la mujer dificulta el enamoramiento recíproco por 4 razones principales: 

 

  1. Hay pocos hombres admirables y más mujeres admirables. 
  2. Las mujeres sí necesitan admirar y ellos ser admirados.
  3. El 20 % que las admira no son necesariamente deseables para ellas porque no pueden superar los residuos sexistas de su necesidad admirativa.
  4. En el territorio amoroso las mujeres esperan más calidad de las relaciones para que sea válida, mientras para los hombres “si no están mal en su relación, ya están bien”, para las mujeres “si no están bien ya están mal”.

 

Así, ni la mayoría de los hombres en la actualidad están preparados para enamorarse de mujeres admirables, ni la mayoría de las mujeres admirables, aceptan a hombres a los que no admiran.

 

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Tiempo de lectura: dos minutos 

Basta con observar a muchas mujeres de éxito que nos rodean para darnos cuenta que entre más exitosas, más dificultades amorosas tienen. Una situación que pasa del chiste, a la broma con ironía hasta el comentario burlón pero que encierra una dura realidad para las mujeres que la viven.

 

Según las palabras de Antoni Bolinches, es el síndrome de las supermujeres, título además de su más reciente libro, y que corresponde a un problema que muchas mujeres desarrolladas, crecidas, autónomas y seguras de sí mismas, viven hoy en día. Mujeres que a medida que se perfeccionan y progresan como personas, se le cierran las posibilidades de encontrar parejas masculinas, hasta el punto que algunas de estas mujeres estén pagando en soledad amorosa, su éxito social, profesional y económico.

 

Paradójicamente, los hombres admirables tienen muchas posibilidades de encontrar mujeres que quieran estar con ellos, mientras que las mujeres admirables ven disminuidas sus posibilidades de encontrar parejas adecuadas por una doble causa: la primera es que cuanto más admirables son ellas, más difícil les resulta que un hombre despierte su admiración y la segunda tiene que ver con que los hombres admirables dispuestos a estar con ellas, es inferior al número de mujeres admirables.

 

¿Por qué ocurre esto?

Porque es necesario que los hombres de hoy, mejoren lo suficiente para quedar en condiciones de “enamorar” a esas mujeres del presente; a esas mujeres autónomas, fuertes, libres y seguras de sí mismas. Pero lo que ocurre es que hay una gran desorientación masculina que limita las posibilidades de que un gran número de mujeres, encuentren hombres adecuados para ellas.

 

También ocurre que hay muchas mujeres con una urgencia de estar acompañadas de un “santo varón”, por lo que permiten, aceptan, perdonan y minimizan grandes desgracias emocionales. Así, muchas mujeres en la actualidad, siguen requiriendo admirar de una forma tal a los varones, que si no son iguales a ellas en términos económicos y/o educación no se acaban de enamorar. La mayoría de las mujeres hoy requieren a un hombre más rico, más guapo, de mayor edad, e incluso de mayor estatura que ellas.

 

Las mujeres que admiran demasiado 

Este resultado es muy antagónico y está generando malestar entre hombres y mujeres. Los hombres de hoy no encuentran la pareja que quieren, y las mujeres por su parte, no quieren a las parejas que encuentran. Es muy importante entender los cambios que se están dando para comprender este desfase y desacoplamiento, y lograr que este desencuentro amoroso se torne en crecimiento mutuo.

 

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Antoni Bolinches, psicoterapeuta español y especialista en el tratamiento de los conflictos de pareja, en su libro El arte de enamorar defiende dos ideas básicas. La primera que el arte de enamorar es el arte de mejorar. La segunda es que la mejor manera de seducir es seducir “a nuestra manera”. Así, si desarrollamos esas dos premisas, desde el punto de vista del crecimiento personal tendremos un esquema fácil y efectivo de mejorar como personas y de tener éxito en el amor. Pero la realidad es que esta idea sirve más para los hombres que para las mujeres, porque es incuestionable que los hombres que mejoran son los que más enamoran, sin embargo, no está tan claro que las mujeres que enamoran sean las que mejoran, porque las mujeres que mejoran no son las que más enamoran.

El por qué de ese resultado antagónico

 

¿Por qué los hombres reciben un premio amoroso a su mejora, mientras que las mujeres reciben un castigo? Esa es la realidad amorosa de una generación que está sufriendo en toda su crudeza las consecuencias del cambio radical que ellos mismos han protagonizado: Superar el modelo de predominio masculino y subordinación femenina. Esto nos ha llevado a una situación que tiene a las mejores mujeres decepcionadas y a la mayoría de los hombres desorientados.

 

 Desorientación de hombres y decepción de mujeres 

 

Los hombres de hoy no encuentran la pareja que quieren y las mujeres no quieren a las parejas que encuentran. Es necesario que los hombres de hoy mejoren lo suficiente como para quedar en condiciones de enamorar a las mujeres del presente, pero la actual desorientación masculina limita las posibilidades de que un gran número de mujeres encuentren hombres adecuados para ellas. 

Como consecuencia, las mujeres, a medida que se perfeccionan y progresan como personas, limitan sus posibilidades de encontrar parejas masculinas hasta un punto que ha hecho que las mejores mujeres estén pagando en soledad amorosa su éxito social, profesional y económico. ¿Reconoces a alguna?

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La ciudad en la que vivo, a pesar de su caos y su tráfico, es un agasajo. Caminar por ella a cualquier día, a cualquier hora, por casi cualquier calle, y observar cafecitos repletos de gente diversa, parques llenos de “un poquito de todo”, librerías atiborradas de gente “varia” y bicicletas de un lado a otro, no lo cambio por nada. En mi barrio, por ejemplo, la grata diversidad de personas que se parece poco a aquellos, mis compañeros de vida (de infancia, adolescencia, adultez temprana y media), son personas peculiares. 

 

Y ni qué decir de aquello que de pronto me entra, a la Proust, de implicarme con esmero en la búsqueda del tiempo perdido, con esa sensación de que desperdicié tiempo y vida, y que no experimenté lo suficiente, y que no conocí a los necesarios, y que no he visitado los “top ten”. Y como hilo de media, me voy acordando de mandatos infantiles que mi madre tarareaba con la voz de Serrat. “Hija: ‘que eso no se dice, que eso no se hace y que eso no se toca’”. (Sorry, soy mujer de edad suficiente y crecí de la manita de Serrat). Por no decir las exhortaciones-imposiciones paternas de “las niñas decentes…”, “las mujeres educadas…”, “las buenas hijas…”. 

Me detengo, recopilo y me vivo en el presente. Y me digo “mi vida es buena”. No en vano he tejido y destejido mi experiencia, llorado mis traumillas, liberado algunas represiones, actualizado mis queridas relaciones y, pensando a la Neruda, no me queda duda de que “¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”. 

 

Todos tenemos historias que nos marcan y todos hemos de “acomodar nuestros cajones” para dar cabida a lo nuevo que viene por vivir. Deshacerse del pasado es imposible, resignificarlo es un regalo que refresca la vida. No sería la que soy sin lo vivido, y no quisiera cambiar a quienes troquelaron parte de la persona en la que me he convertido. Sigamos lo que nos dicta Harold MacMillan: “deberíamos utilizar el pasado como trampolín y no como sofá”.

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El opuesto a la reafirmación personal equivale a la autotraición: ese proceso donde te ves arrastrado por las expectativas de los demás, tu propia inercia y temores recónditos. Un momento en el dejas de hacer valer tus deseos, necesidades, intereses y valores yendo en contra de ti mismo. ¿No has sufrido en silencio la vergüenza de “venderte” y no defender tus convicciones? Pocas cosas generan tanta minusvalía y sensación de incompetencia como la traición a uno mismo. Actuar bajo parámetros ajenos o dejar de actuar por falta de voluntad te llevará a desconfiar de ti mismo, es una especie de derrota previa a cualquier intento de cambio.

La importancia de actuar:

Si realmente estás interesado o interesada en cambiar es importante que destierres la idea de que la autoestima se modifica a base de ideas, y te convenzas de la importancia de actuar. Son muchas las maneras de activar este proceso de transformación y de generar conductas de autovalidación. 

 

Tres mecanismos eficaces

 

  • El primero consiste en diseñar experiencias de vida variadas: planear un viaje, leer un libro, cursar un taller, generar alguna relación. Las experiencias de vida te obligan a salir de tu zona de confort, te perturban y por tanto amplían tu manera de vivirte y mostrarte, te enriquecen. 
  • Otra alternativa es crear nuevas narraciones sobre ti y sobre el mundo que te rodea. Este mecanismo privilegia la reflexión: revisa cómo te describes, analiza tu pasado y reacomódalo, generando diversas interpretaciones del mismo, agregando explicaciones que enriquecen el cuento que siempre te has dicho de ti mismo. También puedes reescribir tu historia preguntando a quienes te rodean cómo te ven. 
  • El tercer mecanismo consiste en realizar acciones concretas que te permitan hacer las cosas de manera diferente. Por ejemplo, poner límites a conductas abusivas de otros, pedir lo que necesitas, levantarte más temprano, expresar lo que sientes, abrir una cuenta de banco, visitar a alguien que no has visto, compartir con alguien lo que piensas, sacar una cita de terapia, comprar algo que siempre has deseado o cambiar tu cama de lugar. 

Planear experiencias, construir nuevas narraciones o ejecutar acciones es realizar conductas de autovalidación. Éstas te moverán de la zona en la que estás “incómodamente” asentado, te permitirán descubrir tu poder y conquistar tu autonomía. Modificar lo que vives, lo que dices o lo que haces promoverá un movimiento en cualquier punto del “triángulo” experiencia-narración-acción, activando tu proceso de transformación, el mismo que es el único camino hacia la auténtica autoestima.

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Si algo caracteriza al ser humano es su potencial interno que lo hacen buscar las condiciones adecuadas para crecer. Pero es imposible lograr autoestima y bienestar sin “bien obrar”. ¡Hay que hacer algo! Por eso, y para que puedas avanzar en tu proceso de cambio personal, comparto lo siguiente:

Los primeros pasos…

  • ¡Para! Deja de hacer lo mismo, lo que no te ha funcionado. Hacer más de lo mismo puede ser fácil, conocido, incluso habitual pero no te llevará a resultados diferentes. 
  • Cierra círculos: Reconoce lo que es un obstáculo. No puedes meter cosas nuevas en un cajón si no sacas las viejas. No puedes iniciar una nueva relación si no has cerrado una anterior. No puedes comenzar un nuevo proyecto si estás intranquilo o intranquila con un trabajo anterior. 
  • Ponle nombre a tu problema concreto: Detecta tu malestar. Antes de lanzarte a actuar sin ton ni son, permítete sentir de qué va tu desasosiego, frustración o sensación de fracaso. ¿Qué realmente te perturba? ¿Tiene que ver con alguien o contigo? 

 

  • ¡Encuentra tu motor! Descubre lo que daría propósito a tu vida. El significado y sentido de vida es el motivador superior para de ahí construir un proyecto personal. ¿Qué quiero? ¿Qué anhelo? ¿Con qué sueño? 

 

  • Ten una línea de metas en el tiempo: Establece objetivos específicos; a corto, mediano y largo plazo. Pocos pero consistentes, alcanzables y claros. Pero si tus metas no corresponden a tus habilidades te puedes frustrar innecesariamente, adecúa tus aspiraciones a tus posibilidades reales. 

Continua por el camino correcto

  • Reconoce tus recursos: Haz una lista de tus competencias en uso y de las que hay que explotar: las que ya utilizas y las que puedas desarrollar. El autoconocimiento y la aceptación personal son la base del uso oportuno y constructivo de tus recursos. No todos poseemos los mismos rasgos pero todos tenemos diversidad de recursos.
  • Diseña un plan de acción: En tiempo y forma inicia con lo que te demanda más fuerza de voluntad, para dejar el premio para después.
  • Evalúa y rectifica en el camino: Pueden cambiar tus deseos y tus posibilidades, es válido. Además, no hay un sólo camino ni una mejor decisión, son diversas las opciones para poder lograr el cambio y la satisfacción. ¡Toda experiencia es útil si la asimilas y te ayuda a afinar tu sentido de propósito y el camino a seguir!
  • ¡Celebra tus avances! Cada paso es valioso, no sólo el resultado final. 
  •  Retoma un nuevo desafío y reinicia el proceso. Este proceso repetido, cada vez con mayor confianza y destreza, te llevará a la experiencia de sano amor propio.

 

No olvides que el cambio es un proceso, no un evento, por eso una pequeña diferencia introducida en el actuar puede llevarte a un lugar diferente. 

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¿Te sigues sintiendo como un agente pasivo de tu destino o empiezas a tomar las riendas de tu vida?  A muchas personas se les va la vida esperando que algo pase, que alguien llegue o que su ángel guardián les de la pista de cómo cambiar. Existe la magia de la autoestima sólo si tú haces lo que te corresponde para cambiar. 

Capacidad de adaptación

Siempre está la tensión que se genera entre el deseo de cambiar y la comodidad de lo conocido. Los seres humanos nos sentimos cómodos cuando tenemos control sobre nuestras expectativas de competencia, confianza y comodidad, pero a veces las circunstancias varían y nuestra forma de afrontar la vida no funciona más por lo que nos hallamos ante el reto del cambio. Si nuestra capacidad de adaptarnos no es adecuada, sufrimos el impacto de tener que cambiar y nuestra conducta se hace inadecuada; es como si perdiéramos el equilibrio. Es probable que una frágil autoestima te haya llevado ya a tomar decisiones incómodas e ineficaces y que estés listo para cambiar.

Cuánto tardarás en adaptarte al cambio (y si tendrás éxito o no),  dependerá de la percepción del cambio como una oportunidad o como una amenaza. Ese marco de referencia está conformado en buena parte por tus creencias. Lo primero para iniciar el cambio personal es reconocer qué pensamientos recónditos te pueden detener al iniciar la conquista de la autoestima.

“Malos pensamientos”

Algunas de esas afirmaciones y pensamientos son:

  • Prefieres evitar el malestar y ansiedad de lo desconocido y de la incertidumbre.
  • El cambio te implica un desafío grande. 
  • El confort adormece tu consciencia y te impulsa al autoengaño. 
  • No te gusta correr riesgos. 
  • Piensas que te van a dejar de querer, y quizás perderás a gente querida.
  • Temes hacer el ridículo. 
  • Te falta voluntad, tiendes a posponer gratificaciones o a evitar la frustración, aunque ambas te lleven a un bien mayor. 
  • Intuyes una amenaza real como perder un trabajo.
  • No sabes cómo iniciar la transformación de manera realista.

Insisto, el primer paso para desafiar esas creencias y practicar acciones de autovalidación es que te plantees objetivos concretos y alcanzables, ya que estos te ayudarán a evitar intentos fuera de lugar y desequilibrios innecesarios. A mayor intento de cambio mayor es la ansiedad (¡aprende a clamarte!) pero también es más grande la satisfacción que experimentarás con el logro de tus metas. La ejecución de las propias conductas de autovalidación compensa sobradamente la ansiedad que te generará el cambio de actitud; rápidamente apreciarás lo que he venido repitiendo insistentemente: que pequeñas acciones sostenidas en el tiempo producen importantes resultados. Te invito a que, de ahora en adelante, aceleres desde tu voluntad el proceso de cambio.

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.