En muchos de sus escritos, Rosario Castellanos, se refirió a la lamentable condición en que vivían sus contemporáneas, y a uno de los peores maleficios de la época: la soltería. Es cierto que muchas cosas han cambiado para las mujeres desde 1970, no es ninguna novedad decirles que durante cientos de años la mujer fue tratada como alguien inferior, cuya función básica era la maternidad. Una mujer sin hijos y sin marido era considerada un ser incompleto. Sin embargo, en todas las familias existía la “solterona” o la “quedada” que, como decía Castellanos, “se convertía en el comodín de la familia”. Sobre la vida de la soltera todos podían disponer, opinar y decidir.

“Raras y amargadas”

María Antonieta Barragán Lomelí señala en su libro Soltería, elección o circunstancia: “Las solas no son un conjunto de mujeres desdichadas, fracasadas, amargadas, neuróticas, radicales, anti hombres, absorbentes, ambiciosas, controladoras, desorientadas, desestabilizadoras, frustradas, deprimidas, infelices, inseguras, permisivas, intolerantes, y tampoco son las superinteligentes, las listillas, las quita hombres, las sabelotodo, las libertinas, las competitivas, las patéticas, las pobrecitas, las ninfómanas, las locas, las incontrolables, las busconas, las desesperadas, las deficientes emocionalmente ni las incompletas”.

De tal manera que durante mucho tiempo las mujeres soportaron matrimonios infernales con tal de no quedarse solas. Otras, se casaron con el que creyeron era la “última coca del desierto”, y las menos, se arriesgaron a vivir solteras

Divertidas y exitosas 

En la actualidad las cosas son distintas, ser soltera es una de las muchas opciones que tiene una mujer. En los últimos años, las sociedades han experimentado cambios: se han creado nuevos modelos de familia y nuevas maneras de hacer pareja: ¿por qué no se pueden vivir nuevas formas de soltería? Que las mujeres vivan con mayor libertad, da también un respiro a los varones, que ya no tienen  que jugar el rígido papel de proveedores o de cuidadores. 

Ser soltera hoy implica independencia económica, claridad de metas, fortaleza y seguridad; saberse valiosa y estar convencida de que con o sin pareja la vida se puede disfrutar. Algo que la mayoría de las personas que ha pasado periodos largos de soltería ha descubierto que ellas mismas son su mejor compañía.

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Transitar de una vida pensada para vivirse en pareja a una en soltería, implica retos importantes: primero, porque la vida misma tiene una serie de desafíos en su recorrido, y segundo, porque estos desafíos se acentúan cuando la cultura dominante sigue privilegiando la idea de que el matrimonio forevery la familia nuclear intactason los caminos de la estabilidad y el éxito.

Somos, inevitablemente, moldeados por el entorno en el que crecemos: familia, escuela, comunidad, sociedad, época histórica con sus consecuentes paradigmas en puerta, entre muchos otros aspectos. Sin embargo, hay que cuestionarse las propias creencias anquilosadas, de lo contrario, podrían repetirse los roles del soltero tradicional: triste, incompleto, y al servicio del trabajo o la familia porque no tiene una vida propia.

Pareja seduciendose

Superación de rompimientos amorosos

Muchas personas se integran a la soltería tras un divorcio, lo cual supone un desafío particular. No es lo mismo ingresara este estilo de vida tras un quiebre amoroso elegido, que como consecuencia de la decisión de la pareja (cuesta entender que para formar una relación se necesita la decisión de dos personas, pero, para terminarla, basta que una no quiera continuar).

Quienes son arrojados a la soltería por una separación no deseada, además de la frustración y el resentimiento que les produce su estado, albergan sentimientos de enojo, de depresión y de angustia que tienen que superar. No obstante, necesitan trabajar la inseguridad personal que produce sentirse dejado para hallar las virtudes de su nuevo estado civil. Asimismo, aquellos que deciden terminar con la relación, deberán aprender a manejar la dosis de culpa que su decisión implica. Para ambas partes, es un camino que necesita repararse y cada uno debe sanarlo por su cuenta.

Ciclos de cambio 

Para poder integrar una forma diferente de vida (fuera de la normatradicional) hay que estar dispuesto al cambio, tener apertura a la movilidad y la capacidad de soltar. Esto no significa que la soltería implique una sucesión de experiencias banales y poco comprometidas, más bien es el aplomo de vivir con intensidad y responsabilidad la experiencia elegida y tener el coraje de saber dejar ir cuando el ciclo de lo vivido llegó a su punto final.

Aceptación de la incertidumbre

Si bien la incertidumbre es parte de la vida de cualquiera, quienes viven en una pareja establecreen transitar un trayecto bien definido y un futuro asegurado (¡cuántos no se dan un frentazo cuando descubren que fíjate que siempre no!). A los solteros, en cambio, si bien planean, desean, emprenden y logran, los vi- sita con más frecuencia la estimulante (e inquietante) pregunta: “¿cómo será mi vida a lo largo del tiempo?.

En su diario acontecer experimentan más, esperan menos, planean hasta donde pueden el futuro, pero requieren aprender a tolerar una buena dosis de incertidumbre, y a aprender a vivir en paz en medio de la impermanencia.

Manejo de la soledad

La soledad tiene una pésima fama porque con frecuencia se la empata con la idea de aislamiento o desolación. El aislamiento (a diferencia de la soledad) es traumático: somos seres sociales que, de una u otra forma y con mayor o menor necesidad de convivencia, requerimos del intercambio con los otros, tanto para sobrevivir como para construirnos como personas. Es distinto estar solo y poder hacerlo (incluso disfrutarlo) contando con la posibilidad de interactuar, convivir, solicitar ayuda y dar cariño, a no tener a quién recurrir en caso de desear compañía o necesitarla.

Por otro lado, la desolación tiene que ver más con la interpretación que le damos al hecho de no tener pareja (y a veces hijos), desde la visión de la cultura dominante. Pero, independientemente de que decidamos estar con alguien, ser padres o no, aprender a vivir en soledad es tarea básica para cualquier ser humano. Es en la soledad donde nos relacionamos con nosotros mismos, donde construimos la autonomía necesaria para crecer y el espacio donde planeamos quienes queremos ser.

 

Construcción de redes sociales

Puede ser lastimoso y frustrante querer seguir encajando en antiguos grupos que se sostienen en estilos de vida que invisibilizan la vida en soltería, de ahí la necesidad de soltar espacios que restan más de lo que aportan, al tiempo de construir nuevos ambientes que respondan a la persona que son en su presente.

Sobra decir que un soltero ajeno al mundo virtual queda fuera de infinidad de intercambios y encuentros propios de la soltería: ¡los solteros están en las redes! Así que a navegar en ellas.

Incorporar el error

La libertad que tienen los solteros facilita el despliegue de vivencias que se construyen a base de “prueba y error”: experimentan más, se equivocan más, pero aprenden más. Sin embargo, aceptar los errores y continuar requiere de un trabajo de seguridad personal, de medir los riesgos, y de capacidad de recuperación.

Es reto especial de los solteros aprender a no vivir como fracaso los errores que, inevitablemente, se cometen en el camino.

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No todos los solteros y solteras son iguales; un estilo de vida individual se percibe diferente según la edad de la persona. Marie France Hirigoyen, en su  libro Las nuevas soledades, hace algunas distinciones. 

No somos iguales

De los 20 a los 35 años, las personas solas aún esperan el encuentro del “gran amor”, pero la prolongación de los estudios y la falta de estabilidad laboral hace que los “compromisos” relacionales se posterguen.

Entre los 35 y los 45 años, particularmente las mujeres, se cuestionan el tema de tener o no hijos. Algunas profesionistas con puestos de alto rango esperan el límite biológico para analizar si se van a embarazar. Tanto hombres como mujeres experimentan esta etapa como un estado pasajero. 

Después de los 45 años, llega a menudo “la individualidad de los divorciados”, quienes, tras años de relaciones que dejaron de tener sentido para ellos, retoman su vida autónoma priorizando sus deseos, intereses y valores. 

Los solteros seniors, de entre 60 y 75 años siguen siendo muy activos. Varios aún gustarían de tener una relación pero muy pocos anhelan formalizar. Otros prefieren su absoluta individualidad: si tienen hijos, dividen su tiempo entre ellos y las amistades. La mayoría se permite gustos estereotipados como viajes o gustos lujosos.

Vive tu soltería de manera plena

No podemos negar que la vida individual incluye la paradoja de no escapar a cierto sufrimiento por los prejuicios que imperan en la sociedad y, a la vez, de procurar el goce de una buena dosis de paz y libertad. Quédate con lo segundo y recuerda que más que un estado civil, la soltería es un estilo de vida: una experiencia puede ser enriquecedora y placentera si así lo deseas. Lograrlo depende de ti. 

 

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No todos los solteros viven igual su soltería; ¿cuáles son las diferencias entre estos grupos de solteros? o ¿cómo se conciben los habitantes de cada uno de estos territorios?

ROJO: ARROJADOS

  • Piensan que la vida es mejor en pareja. 
  • Se sienten inadecuados o rechazados porque no han encontrado a su “media naranja”.
  • Posponen proyectos estimulantes o valiosos por darse a la tarea de encontrar “su amor ideal”.
  • Piensan que lo que hasta hoy habían vivido era “válido” porque eran jóvenes y estaban en etapa de experimentar.
  • Consideran que el ingreso a la “madurez” se los da el casarse y tener hijos. 
  • Creen que lo que da significado a sus vidas son los vínculos de pareja, y no los diversos vínculos amistosos, laborales y culturales. 

AMARILLO: EN TRANSICIÓN

  • Han comenzado a soltar “las cargas” de un rompimiento. 
  • Comienzan a apreciar las bondades de la individualidad y su estilo de vida empieza a tener descubrimientos interesantes. 
  • Están abiertas a las posibilidades que este estatus les pueda brindar como…
  • Recorren un proceso de aceptación de su soltería. 
  • Se resisten menos a lo que están viviendo e integran mejor su nueva realidad. 
  • Si bien, la incertidumbre sigue siendo parte de su vida, experimentan una esperanza que los abre a vivir experiencias diversas, a cuestionar la vida convencional.
  • Desafían los prejuicios y mitos relacionados con la vida individual. 

VERDE: POSICIONADOS 

  • Valoran y defienden su soltería. 
  • Entienden que no todas las personas tienen la vocación de la vida matrimonial.
  • No sienten culpa por vivir de una forma “diferente”.
  • Priorizan su crecimiento profesional y tienden a ser exitosos laboralmente.
  • Ven en su trabajo una fuente de satisfacción y de servicio. 
  • Refuerzan su autoconcepto.
  • Obtienen reconocimiento social.

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Las “malas lenguas” y algunas investigaciones dejan ver que la vida llevada de manera individual está en aumento. Se pronostica que, para mediados de siglo, una tercera parte de los hogares de nuestro país serán unipersonales. Es evidente que, en los últimos tiempos, los humanos hemos migrado de un estilo de vida comunitario a una rampante individualización. 

 

El camino no ha sido sencillo…

Recorriendo la historia, encontraremos que, a partir de la modernidad, triunfaron valores antes despreciados: progreso, comunicación, felicidad, libertad e individualidad. Se deja atrás el llamado “oscurantismo” y el teocentrismo de la Edad Media para retomar al hombre como centro del universo y a la razón como eje para combatir la ignorancia, la tiranía y la superstición. Con el triunfo del capitalismo en el siglo XIX queda coronada la primacía del individuo.

Factores que detonaron la vida individual

La culminación de la individualidad se gesta en el siglo XX con una serie de avances tecno-científicos nunca antes vistos, así como varios movimientos sociales que cambiaron nuestra mane-ra de pensar: la revolución sexual, con la legitimación del placer, invitó a los individuos a explorar sus cuerpos y cuestionar sus relaciones a favor de la satisfacción personal; el movimiento feminista dotó a las mujeres de poder y las posicionó en la vida pública tras años de enclaustramiento doméstico. Hace poco, era imposible vislumbrar la vida a solas. En términos prácticos, se necesitaba de una familia aglutinada para reproducirse… y producir.

 

Abramos a la puerta soltería

Pero con todo y los logros de la tan preciada conquista de la vida individual, la experiencia misma de la soltería, de pronto, tiene un toque surrealista (y algunos retos por superar): ¿Será real lo que vivimos nuevas caras de la soltería? ¿Son acaso un cúmulo de sueños de los que vamos a despertar? 

Yo digo que no “abramos la puerta” a las irrupciones de aquellos que aún estigmatizan la vida en “solo” y, en cambio, sí permitámonos la experiencia de dejarnos envolver por el discreto encanto de una vida individual…

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Aunque la vida de pareja en muchos contextos sigue siendo “la norma”, cada vez son más las personas que quieren una vida individual, que la disfrutan, y que se construyen a través de ella. Ni la crisis económica de los últimos tiempos, a consecuencia de la pandemia, ha podido parar esta tendencia y sin importar las razones que las orillan a ello, cada vez son más los hombres y las mujeres que deciden disfrutar de su “soledad”. El camino no ha sido sencillo, pero hoy, más que nunca, ser soltero está de moda. 

¿De dónde viene este cambio de perspectiva?

Eric Klinenberg, sociólogo de la Universidad de Nueva York, destaca en su libro Going Solo los siguientes: 

  • El incremento de la esperanza de vida.
  • La incorporación de las mujeres al mercado laboral.
  • El rechazo de los jóvenes a compartir vivienda y a comprometerse.
  • La revolución en las comunicaciones, que permite el contacto permanente con los demás.

Estos factores según Klinenberg, empujan a superar el antiguo estigma del “soltero” o el “solitario”, y resaltan los privilegios de la vida individual. ¡Y es que las ganancias son muchas! Además de la conquista del espacio y el tiempo personal, los “solos” pueblan los rincones de las ciudades y llenan de vida los espacios públicos. Forman grupos con personas que comparten intereses y valores, gastan más en ellos. 

Ser “solo”

Ser “solo” (o “ sola”) hoy tiene incluso un sesgo de éxito y libertad. En particular para las mujeres, actualmente las solteras tienen la oportunidad de demostrar que pueden vivir una vida plena sin la necesidad de casarse o tener pareja.

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Estar bien consigo mismo no es cosa que se logre con facilidad, pero la soltería pone el 50% de las condiciones necesarias para lograrlo, que es tener tiempo con uno mismo. El otro 50% le toca a cada quién. ¿Pero por qué a algunos les resulta tan desabrida la vida sin pareja? 

La vida es un pastel con varias rebanadas

Preguntémonos cuántas áreas de desarrollo y satisfacción tiene una persona. Hay quienes sostienen su vida con sólo dos o tres dimensiones (pareja y trabajo, por ejemplo). ¿Qué pasa cuando hay una de estas crisis entra en crisis? El equilibrio se pierde y la gente se puede venir abajo. Si tenemos seis o siete áreas de desarrollo y satisfacción, en cambio (por ejemplo la profesional, la social, la familiar, la del cuidado físico, la intelectual, la artística, la cultural, la deportiva, la espiritual, etcétera), el equilibrio se sostiene en caso de que alguna de ellas se desestabilice. Así pues, ¿por qué darle un peso desproporcionado a la relación de pareja? Por supuesto que lo tiene, pero debe tomarse en su justa dimensión. La soltería, por el tiempo libre que ofrece, constituye una enorme oportunidad de desarrollo personal.

 

Tú eres tu mejor compañía

Aprender a estar con uno mismo aporta un autoconocimiento mayor, así como crecimiento y evolución. Recuerda, sobre todo si estás viendo tu soltería como algo temporal, que si no eres una buena compañía para ti mismo, difícilmente lo serás para alguien más. En cambio, quien disfruta su soledad con la conciencia de que es una persona completa, muy probablemente cesará de actuar como si estuviera “trunco”. Dejará, entonces, de ser un alma en busca de “su media naranja”, para convertirse en un alma al 100%.

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El matrimonio sigue siendo considerado “la medalla de oro” si de estados civiles se trata; de manera sutil o explícita, permea la idea de que es “mejor” estar casado que soltero. Y no hay duda de que la vida de pareja tiene su encanto y que, de una u otra forma, la mayoría de las personas aspiramos a vivir espacios de compañía en algún momento de la vida; pero de ahí a afirmar que es mejor vivir con alguien y que es un drama vivir en soltería me parece un prejuicio, una creencia obsoleta, incluso un mito ancestral.

Mitos y estereotipos

La soltería genera estereotipos y éstos generalmente se basan en mitos. Los fantasmas de la soltería afirman “verdades” que habría que desbancar al observar de cerquita la vida de los solteros y solteras: “Que las personas con pareja, de preferencia matrimonial, son más maduras, confiables y comprometidas que los solteros”. “Que los hijos de padres y madres solteras tendrán una vida desgraciada”. “Que el trabajo, al que tanto tiempo dedican las personas solteras, no les dará ninguna recompensa al paso del tiempo”. “Que son promiscuos, frívolos, egoístas y, para colmo y culminación, ¡envejecerán y morirán solos!”. Bla, bla, bla, bla… ¡Qué ignorancia! Pareciera que en el modelo “arca de noé” (¡todos con pareja!), los que viven de a dos piensan saber todo lo que la gente soltera necesita, sufre, quiere y ansía. 

 

 

Si reflexionamos a conciencia todos estos mitos notaremos que son por demás simplistas. Para empezar, hagamos distinciones: no todas las vidas de los solteros son iguales; no es lo mismo ser soltero si se es hombre que si se es mujer; existen los que viven en ciudades u otros que viven en el campo, e incluso son diferentes los que viven en el norte de los sureños. También hay diferencias entre los y las solteras de diferentes nacionalidades, culturas, etnias, religiones, preferencias sexuales, entre otras cosas. Estas distinciones importan mucho y distinguen de manera significativa la vida, los deseos, las necesidades, los intereses y valores de unos y otros. Por favor, ¡basta de generalizar! 

Antes de juzgar…

Nada comprueba que sean más felices los casados que los solteros, y tampoco se puede asegurar que la gente con pareja no enfrenta de manera cotidiana la experiencia de la soledad. Así que, antes de hacer afirmaciones prejuiciosas con tanto ahínco, pregunta a cualquier soltero o soltera que conozcas cómo, dónde y con quién disfruta la vida, ya que te podrías llevar una sorpresa.

 

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Empecemos por Don Juan, ese personaje desenfrenado y libertino –nacido en las entrañas del Romanticismo– que iba por la vida vociferándole al mundo el gran número de conquistas que había logrado. Esta hombre, de 1630, dejó para la posteridad un tipo de comportamiento masculino que sugiere que los hombres son más “hombres” de acuerdo la cantidad de mujeres con las que han estado.

De esta última idea se desprende el concepto del mujeriego. Una conducta que nace en las entrañas de una sociedad falocéntrica que celebra al hombre por seducir y condena a las mujeres por lo mismo. Y aunque esta regla parece ser más injusta para el género femenino, en realidad también lo es para ellos. En algunos entornos ser hombre implica recibir una educación en la que se aplaude el egoísmo. Una educación que convierte a la sexualidad masculina es una forma de probarse ante el mundo a través del falo y todas las creencias que hay en torno a él y su funcionamiento.

Por su parte, ser mujeriego es todo un desafío en el siglo XXI, no sólo por los avances de género, también porque las parejas han evolucionado y la felicidad ya no se asocia, de una forma tan directa, con la monogamia.  No obstante, salir con muchas mujeres al mismo tiempo, puede indicar que el individuo padece un trastorno de las relaciones; una enfermedad que si bien puede ser controlada debe tratarse para que no genere consecuencias negativas en la vida de los individuos.

Pero empecemos por el principio…

¿Quiénes son los mujeriegos? 

Este concepto se puede aplicar a aquellos hombres que necesitan conquistar compulsivamente , sin importar si su conducta genera problemas personales o con el otro . Este patrón de conducta suele venir desde la infancia, de hijos que aunque paradójicamente han sido consentidos, no han recibido toda la atención que requieren en los primeros años de formación. Estos niños necesitan aprobación constante –en particular de las mujeres–, tienen poca inteligencia emocional y varios problemas asociados a la intimidad.

Hay que destacar que en su desarrollo, los mujeriegos se suelen sentir vacíos, ya que aunque son fóbicos a la soledad, también lo son del compromiso; esto genera una sensación de insatisfacción constate. En otras palabras, no quieren pasar la vida sin compañía… pero.

En un plano social, los seductores obsesivos son menos selectivos que el resto, y aunque establecer una relación se les dificulta, tienen fijado en su comportamiento el perfil del proveedor, del hombre cuya misión en la vida es ser protector y viril. A los mujeriegos les gusta sentirse necesitados, conquistar y usar con plenitud el papel que les ha otorgado  la familia, la escuela y demás instituciones; esa función de ser los que no lloran, los que salvan al otro (niños y mujeres) antes de salvarse.

Dicho lo anterior y con toda la intención de hacer más sanos nuestros vínculos, vale la pena encontrar la manera de enfrentar este problema. Aquí te dejamos algunos consejos a considerar para vivir una existencia más plena.

Herramientas para ellos 

*Ser sinceros con uno mismo y con el otro; cuando se crea un vínculo es importante no mentir respecto a la condición no monógama y aceptar en la pareja lo mismo que se pide.

*Buscar otras maneras creativas para tratar la ansiedad. Hacer ejercicio, ir a terapia, etcétera; todas las alternativas son buenas.

*Muy simple…¡Jalársela más seguido!

*Aprender a disfrutar y entender los beneficios de la intimidad. Quizá cambiar la variedad por la intensidad.

* Sanarse internamente y madurar. En este sentido la regla de oro es posponer la gratificación y tolerar la frustración.

Herramientas para quienes viven con ellos. 

*La pareja debe tener acuerdos claros, concretos y mutuos. De no ser así hay que terminar.

*Analizar a la pareja. Vale la pena preguntarse  por qué se está con ese hombre en particular, ¿tiene cosas buenas, más allá de la monogamia, por las que vale la pena quedarse?

*Desarrollar la confianza: no perseguir, preguntar o espiar. Esto no sólo daña la relación, también a uno mismo.

Y ojo, una cosa es no ser exclusivo sexual, y otra cosa es ser un ¡patán!, con esos ¡ni en pintura!

 

Retos y vericuetos de la vida en pareja hoy

En ocasiones no cuestionamos el porqué y el para qué de la vida en pareja, a veces incluso lo banalizamos, y pocas veces nos preguntamos de dónde viene este gusto, este deseo de hacer pareja, o acaso ¿esa necesidad?

Una primera reflexión sobre el tema deriva de entender cómo hemos evolucionado como especie a través de los años.

La extendida época de crianza tuvo consecuencias particulares en las relaciones de los hominidos ancestrales, una que nos interesa en relación al tema de la pareja es la necesidad de la hembra de cierta protección y seguridad durante la crianza.

Por otra parte, la postura erguida les permitía copular frente a frente favoreciendo el establecimiento de un reconocimiento y gusto en el intercambio sexual, esto unido a la desaparición de periodo de celo en las hembras y el desarrollo de orgasmos en las mismas, aumentó la frecuencia de las cópulas y el gusto por un compañero particular. El sexo y el erotismo no son solo fisiológicos, son relacionales también.

Si bien en la actualidad la pareja no se funda en la importancia de la reproducción, producción y sobrevivencia como antaño, aún parece una constante en la vida de las personas la búsqueda de una relación particular que de manera especial nos abra opciones en la vida, nos genere una seguridad básica, y nos nutra de compañía, gozo y afecto.

Hoy se privilegia el gusto por estar con el otro, la necesidad de un intercambio de ternura y afectos, y de ayuda cotidina. El eje de la vida amorosa ha cambiado, pero el deseo por vivir en pareja parece que no.

Por otro lado, y también como efecto de la larga época de crianza que requerimos para conquistar la autonomía, mencionamos que venimos de una historia primaria de apego con la madre: en los primeros años de vida, si tuvimos suerte, dispusimos al menos por un tiempo de algún cuidador que fue “solo para nosotros” y que estuvo atento a satisfacer todas nuestras necesidades.

Lo digamos o no, seamos concientes o no, muchos deseamos una vida de pareja que nos recuerde, nos perpetúe, o remplace, esa unicidad. Quizás por eso podemos decir que al amor adulto siempre nos deja insatisfechos, porque por buena que sea la relación amorosa que generemos, nadie puede ni tiene la obligación de colmarnos como lo hicieron, bien o mal, nuestros cuidadores primarios en esos primeros momentos de vida.

No podemos dejar de señalar, que la búsqueda –a veces frenética– de una relación amorosa, también se correlaciona con una sociedad que privilegia la vida de pareja sobre la vida individual.

Insistimos que si bien en el pasado, las necesidades de reproducción, producción, y sobrevivencia hacían imperiosa la unión conyugal y la convivencia familiar, en la actualidad los requerimentos de la vida moderna son diferentes, y los deseos, necesidades y valores de los sujetos del siglo XXI también lo son.

A veces no estamos dispuestos a pagar ciertos costos y asumir ciertas renuncias para vivir de a dos, pero aún así se deja todavía sentir el estigma en relación a la soltería y la vida “en solo”; el privilegiar la vida de pareja sigue ejerciendo su inercia y con ella se despliega una fuerte presión a quienes viven en soltería.

Para desarrollar el potencial personal, necesitamos contactarnos a nosotros mismos al tiempo que nos relacionamos con otros seres humanos; a veces esos “otros” son una pareja concreta, pero en ocasiones son un círculo de amigos, o un grupo de colegas, con frecuencia la propia familia y demás seres queridos que siempre han estado cerca de nosotros. Todos condimentan con “sal y pimienta” el día a día de nuestras vidas y dan calor y cobijo a nuestro corazón.

 

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.