Tengo la fortuna de hacer nacido en la década de los sesenta y vivir en una época en la que cada vez hay más oportunidades para nosotras. En estos días, las mujeres podemos elegir la vida que queremos; escoger una pareja, una carrera y hasta diseñar el futuro. Hoy, a mis 60 años, he sido testigo en primera fila de cómo se ha transformado la realidad desde que era niña, y a pesar de lo feliz que me hacen los derechos conquistados y las batallas libradas; estoy consciente que todavía falta mucho camino por andar.

Es hora de inspirarnos

Todos los días, mi ocupación me permite escuchar a muchas mujeres. En cada consulta, curso o domingo de “verdadazos” aparecen nuevas inquietudes, temores, retos y cansancios. Una multitud de cuestionamientos que necesitan respuestas.

Esto me ha hecho reflexionar, y entender, que más que un género, ser mujer es el arte de aprender a construir; es edificar, para nosotras mismas, posibilidades y sueños. Sé que las palabras suenan muy bonitas, pero ¿cómo se logra esto?

La que entiende … camina

Buscar ayuda

Todas y todos necesitamos un empujón para encontrar nuestra identidad y por qué no nuestros deseos. Requerimos ayuda para sobrevivir, para caer paradas y para resistir los embates que se nos ponen enfrente. Una guía para, por ejemplo, terminar bien un año más de vida y empezar otro con una dirección clara y realista.

Lo segundo que me viene a la mente es que para avanzar hay que detenernos a analizar y revisar, no sólo a nosotras mismas, sino lo que nos rodea. Preguntarnos qué parte de nuestros problemas dependen del comportamiento individual, y qué parte del entorno en el que estamos inmersas.

Y es que aunque las mujeres hemos conseguido cambios fundamentales, todavía vivimos en un mundo patriarcal en el que se nos imponen roles y formas de comportamiento. En pleno siglo XXI aún somos satélites de las demandas de los demás, aún tenemos que postergar nuestros sueños, para que otros los cumplan.

La realidad –por diversas circunstancias personales y del entorno– nos llevan a dudar de lo que somos y de lo que queremos. Esto hace que muchas se sientan frustradas por no cumplir las expectativas ajenas, por no ser lo que otros esperan. Dicho eso, vale la pena replantear el camino y encontrar maneras de centrarnos en nosotras, para así querer bien a los demás.

Pero… ¿cómo se le hace para cambiar?

Mucho de lo que me he planteado en la vida, lo he logrado. Algunas cosas las he tenido que descartar, pero otras las he recogido y aprovechado. Tras años de estudio, trabajo, vida familiar, diversión, amores, observación, miedos, desamores, experimentación, fracasos y logros, hoy puedo decir. Por eso me parece importante que entendamos; que la vida no es fácil, pero con todos sus zarandeos y sinsabores, aprendiendo a entenderla y a capotearla, puede ser muy generosa.

En honor a lo anterior he creado una conferencia para celebrar la llegada de mis 60, recorriendo contigo cada década de mi existencia. Un espacio en el que comprendamos qué a pesar de los pesares y penumbras, la vida puede ser generosa si aprendemos a entenderla y a capotearla…

Compra tus boletos aquí

Tiempo de lectura tres munutos …

El mundo en que vivimos nos presenta día a día multiplicidad de retos. Aunque la vida se ha enriquecido con los avances científicos y sociales, también se ha vuelto complicada. Los cambios acelerados y la necesidad de adaptarnos a ellos generan con frecuencia infinidad de efectos en nuestro cuerpo, en nuestra psique y en nuestras relaciones. Entonces vale la pena preguntarnos ¿por qué no vamos a terapia?

Tenemos que reconocer que en la vida existen situaciones y desafíos que generan sufrimiento emocional; en ocasiones innecesario, en ocasiones indispensable, pero siempre útil para entendernos, aceptarnos, transformarnos y manejar nuestra vida oportunamente.

El problema es cuando acallamos lo que nos pasa y agudizamos los síntomas que generan malestar, y aún en medio de noches sin sueño, relaciones con pleitos, decisiones con miedo, nos negamos a pedir ayuda o a consultar.

Los problemas no se resuelven solos

¿Acaso no es común pedir opinión a abogados, médicos, fiscalistas, para asuntos diversos en los que requerimos un cierto apoyo antes de actuar?. Y es que la ayuda terapéutica profesional, aún en pleno siglo XXI, tiene que combatir múltiples prejuicios.

Parece mentira que cuando se trata de resolver un problema relacionado con nuestro desarrollo profesional estamos abiertos a emprender cursos, a adquirir nuevo equipo, y a consultar a expertos en su materia. Mientras que en los atorones de la vida personal nos conformamos con pensar que para salir adelante lo único que tenemos que hacer es echarle ganas y casi esperar a que los problemas se resuelvan solos.

Si bien el paso del tiempo los consejos de los amigos, las lecturas oportunas, el ejercicio físico y el descanso son aliados valiosos para resolver conflictos y transitar experiencias dolorosas, no siempre son suficientes para repuntar.  

Reconozcamos nuestros sentimientos 

Más allá de los juicios y prejuicios con respecto a la psicoterapia, el primer paso para avanzar en nuestra relación con nosotros mismos es reconocer los problemas mentales que nos aquejan. Después hay que respirar, tener la valentía de reconocer que solos no podemos y que necesitamos ayuda para estar mejor. 

Dicho lo anterior, aquí les dejamos algunos sentimientos que comparten aquellos que podrían beneficiarse de una terapia…

  • Estar atrapados en algún problema que nos rebasa.
  • Padecemos alguno de estos síntomas: insomnio, angustia, pensamientos obsesivos, cansancio crónico, cierta tristeza.
  • Nos sentimos desconcertados al experimentar un dolor profundo y un sufrimiento intenso, que no podemos ni superar ni manejar.
  • Estamos desgastados y sentimos que formamos parte de círculos viciosos que nos agobian.

¿Cómo reconocer que requiero pedir ayuda profesional?

 No vale la pena llegar a un sufrimiento extremo o a sentirse asfixiado y hundido para acudir a terapia: detectar el síntoma a tiempo facilitará una rápida solución.

Cuando sientan un malestar que no logran solucionar, tras dos o tres intentos, y observen que dicho fastidio se mantiene por un periodo sostenido de tiempo, es el momento de solicitar ayuda profesional.

***

Si deseas profundizar y trabajar de manera personal en los puntos señalados anteriormente, puedes consultar con algún especialista del equipo que he formado en Psicoterapia la Montaña al 5545548535 o al 5515570199

…Tiempo de lectura 2 minutos

Estamos de acuerdo que Michelle Obama y Albert Einstein son dos personas admirables, y aún así ellos batallaron por creer en sí mismos, no precisamente porque tuvieran una baja autoestima, sino porque, como tantas otras personas padecían el síndrome del impostor. Una afección que se caracteriza por un conjunto de síntomas psicológicos que nos impiden reconocer nuestros logros como propios.

Es difícil identificar las causas, ya que hay más personas que lo han experimentado que las que no; de ahí que haya una controversia sobre llamarlo “síndrome”. Sin embargo, lo que si se sabe es que sentirse un impostor tiene que ver con la percepción que se tenga respecto del éxito o del fracaso.

¿Cómo identificarlo?

¿Alguna vez han sentido que no merecen sus éxitos y que la gente que los rodea va a descubrir que en verdad no son tan bueno? Si la respuesta es sí, es probable que lo parezcas. Ojo este no es el único síntoma que tienen los falsos impostores, también están: renuencia a aceptar cumplidos o críticas constructivas, búsqueda de la perfección, necesidad de ser él o la mejor, y ansiedad frente a situaciones de fracaso.

Evidentemente no es agradable sentirse así, sobre todo cuando estos sentimientos se vuelven crónicos, por lo que ante cualquier malestar siempre es recomendable acudir con un profesional de la salud mental, porque a pesar de que es un síndrome muy común, no es normal sentirnos insuficientes.

¿Cómo podemos lidiar con el síndrome del impostor?

Cuando los síntomas interfieren con nuestro desempeño diario necesitamos con urgencia cambiar la dirección. Aquí les dejamos cinco formas para empezar a transitar el camino de la sanidad.

Pongamos el pensamiento intrusivo en perspectiva. Esto nos ayudará a diferenciar entre lo que  sucede y lo que pasa dentro de nuestra cabeza.

Aprendamos a tomar críticas constructivas, pero también los cumplidos.

Compartamos lo que sentimos con nuestra red de apoyo, ya que la gente que nos rodea suele tener una perspectiva más objetiva de nosotras y nosotros. Además, escuchar las experiencias de otras personas puede ayudarnos a minimizar ese tipo de sensaciones.

Escribir o expresar lo que sentimos para intentar reconocer patrones o detonantes de los que todavía no somos conscientes.

Hagamos ejercicios de respiración o meditación para trabajar la ansiedad e intentar reducirla.

Creamos en nosotras mismas

Autora: Daniela García

***

Si te gustó, también te recomendamos

Taller de Autoestima

Algunos secretos para tener mucho amor propio

Si tú o alguien que conoces necesita ayuda, hagan una cita en Psicoterapia La Montaña

…Tiempo de lectura tres minutos

Hermandad, redes de apoyo, solidaridad, alianza, todos son sinónimos de sororidad. Sin embargo, lo que hace especial a esta palabra es su cualidad femenina; la alianza entre mujeres como forma de hacerle frente a situaciones o espacios que ejercen opresión. Un acuerdo que busca hacer un cambio social y resignificar el papel del género fenemino.

¿Eso quiere decir que todas las mujeres me tienen que caer bien? No, significa que independientemente de cómo nos sintamos respecto a otra mujer, es importante tratarnos con respeto, empatía y solidaridad. Darnos respaldo las unas a las otras y generar espacios seguros.

¿De dónde viene la sororidad?

La palabra viene del Latín soror que significa hermana, sin embargo, no fue hasta hace poco (50 años aproximadamente) que diversos movimientos feministas le acuñaron el significado que tiene hoy en día. Surgió como forma de resistencia frente a comentarios o acciones machistas, por ejemplo, ¿alguna vez han escuchado la frase el peor enemigo de una mujer es otra? Claro y en ese sentido la sororidad es nuestra forma de aclarar que el mejor apoyo que puedo conseguir es el de otra compañera, ya que probablemente entre nosotras nos entendemos mejor.

Por otro lado, una mujer sorora es aquella que decide dejar de lado sus comportamientos negativos hacia otras mujeres. No todas tienen que ser nuestras mejores amigas, pero eso no significa que vamos a hacer sus vidas más complicadas o que las vamos a juzgar. Tener en mente que podemos crear relaciones de amistad llenas de cariño, empatía y apoyo,  libres de juicios y competitividad, puede cambiar nuestra forma de ver a las demás mujeres, y, por lo tanto, a nosotras mismas ya que reflejaremos esas mismas prácticas internamente. 

 

Formas de practicarla

Sin duda, convertirnos en sororas no sucede de la noche a la mañana. Implica un proceso de cuestionamiento y como cualquier otro hábito, de práctica. A continuación, proponemos cinco formas de practicar la sororidad…

Evitemos criticar y juzgar a otras mujeres por su apariencia, sus conductas o decisiones, aunque no sean sororas, feministas o simplemente no te caigan bien. También, si escuchamos que alguien lo hace, no dudemos en hacérselo saber.

No esparzamos o creamos chismes sobre otras mujeres, ya que estos dichos son creados para demeritar nuestro valor.

Cambiemos sentir envidia de los logros de otra mujer por sentir admiración e inspiración.

Incluyamos temas de autocuidado en nuestras conversaciones con amigas, compartamos ideas y tips sobre como aprender a querernos y continuar haciéndolo.

Respetemos las formas en las que las mujeres deciden vivir su vida como sus relaciones de pareja, su sexualidad, su vida profesional, su estado civil, entre otros.

Animemos a nuestras amigas a ser sororas, apoyémoslas y alegrémonos de sus éxitos.

 

Mujeres unidas, jamás serán vencidas

***

También te recomendamos

Mujeres libres y felices … ¿cómo conseguirlo?

LIBRO AUTOESTIMA

Sí, existen hermanos que se pelean más de cinco veces al día, los siete días de la semana. Durante periodos largos, la casa se convierte en una zona de guerra habitada por gritos, puertas que se azotan, acusaciones, fundadas e infundadas, e incluso uno que otro golpe. Y aunque a todos nos gustaría vivir en calma, en un ambiente amoroso en el que el desayuno ocurra entre silencio y sonrisas, lo cierto es que las luchas en los grupos familiares son más comunes de lo que parecen y pueden solucionarse con paciencia y con entendimiento, pero ¿cómo se logra esto?

Como madre de cuatro hombres, pienso que el primer consejo útil es eliminar de nuestro sistema esa imagen ideal de cómo deben ser las relaciones. Las familias perfectas no existen, y los hermanos totalmente pacíficos tampoco. Dicho eso, la responsabilidad de sanar los vínculos entre los hijos es de nosotros, las mamás y los papás.

El error más común

Pienso que la hermandad (o la fratría) es un pequeño laboratorio que le permite a los hijos ensayar para lo que viene. Los hermanos construyen una especie de sociedad íntima en la que no sólo se enseñan a convivir, sino a acompañarse, a divertirse y por qué no a pelear de una manera sana.

A pesar de eso, los padres cometemos el error de intentar que se lleven bien a toda costa, y en ocasiones no permitimos que la relación fluya, me ha pasado. Esto sucede porque les otorgamos roles fijos que tienen que ver con su edad – tú eres el mayor y tienes que proteger a tu hermano– o con su género – eres el hombre de la casa–. Caer en esta equivocación hace que los niños tengan que asumir un compromiso muy grande, que tal vez los incomode.

 Aceptar las diferencias y limitaciones

Para que el vínculo entre hermanos mejore tenemos que aceptar también nuestra propia naturaleza. No podemos negar que aunque los amamos a todos por igual, sentimos con frecuencia mayor comodidad o gusto por alguno de nuestros hijos. Esto no significa que los queramos más o menos, sino que como adultos somos más afines a un estilo de carácter o a cierto tipo de desempeño social.  En ese sentido otro buen consejo que les puedo dar es: acepten que está bien tener un vínculo especial con cada hijo.

Por otro lado, para que el trato mejore es muy importante entender cuáles nuestras funciones, y límites parentales. Si bien podemos lograr, a través de una educación sólida, que los hijos desarrollen una relación de cariño, cuidado y respeto mutuo, esto no significa que los hermanos deban ser mejores amigos, compañeros de aventuras y confidentes íntimos.

Hay que tener súper claro lo que nos interesa fomentar en la familia. Queremos que los hijos aprendan a convivir, a empatizar, a pedir lo que necesitan de manera asertiva, a negociar situaciones difíciles, a generar conexiones sanas y a disfrutar de sus relaciones. No queremos generar expectativas sobrehumanas de “entendimiento perfecto”, “intimidad total” y “ayuda incondicional” entre los hermanos.

¿Cómo hacemos que se lleven mejor?

Para lograr una mejor relación entre los hijos, aquí les dejo algunos consejos prácticos, y sí muy realistas, que todos los padres pueden realizar para que las peleas acaben.

  1. Erijamos una disciplina eficaz en la que haya reglas de comportamiento claras, concretas y adecuadas. En dichas normas tienen que estar, sobre todo, bien dibujados los límites ante las conductas inadmisibles. No olvidemos que es responsabilidad de los padres detener, de manera particular, el comportamiento abusivo, golpes, humillaciones, maltratos, burlas, etc.
  2. Enséñales a usar las palabras para que puedan expresar lo que piensan; para que sepan pedir lo que necesitan y decir lo que sienten.
  3. Respetemos las diferencias individuales, y evitemos, a toda costa, las comparaciones. Es importante valorar la actitud y habilidades que tiene cada uno, en el momento oportuno.
  4. Simple, hay que mostrar a cada hijo el aprecio que tenemos a su corazón y a su inteligencia.
  5. Evitemos los favoritismos, y por favor aprendamos a no tomar de partido, sin razón o fundamento, por alguno de ellos.
  6. Hay que favorecer el trabajo en equipo, tanto en situaciones domésticas como en  aventuras extra curriculares, como salidas de paseo. Las actividades colectivas generan orden y sentido de pertenencia.
  7. Fomentemos espacios de diversión y entretenimiento que les permitan relajarse y disfrutarse. Hay que recordar que el juego ofrece un momento de conexión emocional súper importante para la formación.
  8. No hay que evadir ni negar los conflictos, por el contrario, tenemos que enséñales a buscar soluciones justas para que traten sus diferencias de una manera sana.
  9. Respetemos sus espacios individuales. Necesitamos darles la oportunidad de que cada uno pueda realizar hobbies, actividades o intereses personales, sin insistir en tener que compartan todo, siempre.
  10. La buena relación empieza, por mucho, con el ejemplo. Los hijos pueden aprender a través a través de ver cómo nos relacionamos con nuestros propios hermanos, con sus abuelos, con la pareja, o ex pareja si la tienes.

Empecemos por Don Juan, ese personaje desenfrenado y libertino –nacido en las entrañas del Romanticismo– que iba por la vida vociferándole al mundo el gran número de conquistas que había logrado. Esta hombre, de 1630, dejó para la posteridad un tipo de comportamiento masculino que sugiere que los hombres son más “hombres” de acuerdo la cantidad de mujeres con las que han estado.

De esta última idea se desprende el concepto del mujeriego. Una conducta que nace en las entrañas de una sociedad falocéntrica que celebra al hombre por seducir y condena a las mujeres por lo mismo. Y aunque esta regla parece ser más injusta para el género femenino, en realidad también lo es para ellos. En algunos entornos ser hombre implica recibir una educación en la que se aplaude el egoísmo. Una educación que convierte a la sexualidad masculina es una forma de probarse ante el mundo a través del falo y todas las creencias que hay en torno a él y su funcionamiento.

Por su parte, ser mujeriego es todo un desafío en el siglo XXI, no sólo por los avances de género, también porque las parejas han evolucionado y la felicidad ya no se asocia, de una forma tan directa, con la monogamia.  No obstante, salir con muchas mujeres al mismo tiempo, puede indicar que el individuo padece un trastorno de las relaciones; una enfermedad que si bien puede ser controlada debe tratarse para que no genere consecuencias negativas en la vida de los individuos.

Pero empecemos por el principio…

¿Quiénes son los mujeriegos? 

Este concepto se puede aplicar a aquellos hombres que necesitan conquistar compulsivamente , sin importar si su conducta genera problemas personales o con el otro . Este patrón de conducta suele venir desde la infancia, de hijos que aunque paradójicamente han sido consentidos, no han recibido toda la atención que requieren en los primeros años de formación. Estos niños necesitan aprobación constante –en particular de las mujeres–, tienen poca inteligencia emocional y varios problemas asociados a la intimidad.

Hay que destacar que en su desarrollo, los mujeriegos se suelen sentir vacíos, ya que aunque son fóbicos a la soledad, también lo son del compromiso; esto genera una sensación de insatisfacción constate. En otras palabras, no quieren pasar la vida sin compañía… pero.

En un plano social, los seductores obsesivos son menos selectivos que el resto, y aunque establecer una relación se les dificulta, tienen fijado en su comportamiento el perfil del proveedor, del hombre cuya misión en la vida es ser protector y viril. A los mujeriegos les gusta sentirse necesitados, conquistar y usar con plenitud el papel que les ha otorgado  la familia, la escuela y demás instituciones; esa función de ser los que no lloran, los que salvan al otro (niños y mujeres) antes de salvarse.

Dicho lo anterior y con toda la intención de hacer más sanos nuestros vínculos, vale la pena encontrar la manera de enfrentar este problema. Aquí te dejamos algunos consejos a considerar para vivir una existencia más plena.

Herramientas para ellos 

*Ser sinceros con uno mismo y con el otro; cuando se crea un vínculo es importante no mentir respecto a la condición no monógama y aceptar en la pareja lo mismo que se pide.

*Buscar otras maneras creativas para tratar la ansiedad. Hacer ejercicio, ir a terapia, etcétera; todas las alternativas son buenas.

*Muy simple…¡Jalársela más seguido!

*Aprender a disfrutar y entender los beneficios de la intimidad. Quizá cambiar la variedad por la intensidad.

* Sanarse internamente y madurar. En este sentido la regla de oro es posponer la gratificación y tolerar la frustración.

Herramientas para quienes viven con ellos. 

*La pareja debe tener acuerdos claros, concretos y mutuos. De no ser así hay que terminar.

*Analizar a la pareja. Vale la pena preguntarse  por qué se está con ese hombre en particular, ¿tiene cosas buenas, más allá de la monogamia, por las que vale la pena quedarse?

*Desarrollar la confianza: no perseguir, preguntar o espiar. Esto no sólo daña la relación, también a uno mismo.

Y ojo, una cosa es no ser exclusivo sexual, y otra cosa es ser un ¡patán!, con esos ¡ni en pintura!

 

Pero hoy sufrimos diferente…

El miedo al amor,

 la sobrevaloración del mismo

 y la dificultad de conseguirlo,

son la constante de nuestro penar emocional.

Eva Illouz

 

El tema del amor -por exceso o por defecto– se ha convertido en un tópico de preocupación fundamental en nuestra época. No hace tanto tiempo la religión, el Estado, la familia y el deber organizaban la vida de las personas dándoles un sentido de valía y de propósito.  Hoy la identidad se construye en gran medida por la capacidad de amar y ser amado, de escoger y ser escogido, de desear y ser deseado.

Pero –producto de los avances tecno científicos, de la revolución sexual, del feminismo, de la globalización, de la celeridad de las comunicaciones, entre otros factores- la formas de amar han cambiado rápidamente, y hombres y mujeres estamos al mismo tiempo entusiasmados y confundidos en cuanto a qué le toca a quién, cómo, cuándo, por cuánto tiempo, en qué forma y para llegar a qué. Y así vamos entre intentos y remiendos buscando construir un buen amor ¿o un buen amante? ¿o un  free especial?

Eso sí, todos sabemos que hoy podemos (y debemos) elegir libremente a un compañero “de viaje” (¿o a más de uno? ¿o para más de un viaje?) y que merecemos en ese encuentro un intercambio igualitario que nos genere bienestar emocional y sexual. ¡Faltaba menos! Claro, la persona elegida ha de aceptar nuestra individualidad, pues el ideal de autorrealización no se pondrá en juego por una relación, y como el trabajo, las amistades, las localidades cambian a “la velocidad del rayo”, hemos de lograr mediante negociaciones constantes que el equilibrio y la reciprocidad se sostengan en la relación. Voy sintiendo que ya es demasiado, pero ¿no es esto lo que queremos? ¡Ya no estamos para abnegaciones y sacrificios!.

Gracias a las luchas por la libertad y la igualdad se va consolidando esta transformación. ¿Por qué entonces no encontramos la dicha amorosa “a la vuelta de la esquina”? Es evidente que lo que divulgan los medios, atienden los terapeutas y hablan las amistades en las charlas de café gira en torno al malestar amoroso que se vive hoy.

Explicaciones se dan muchas: “que nuestra sociedad es más egoísta”, “que se han perdido los valores”, “que nuestros traumas infantiles nos llevan a elegir mal”. Pero lo que no entendemos es que justo los cambios sociales que han posibilitado la transformación del amor, generan sus propios y nuevos sufrimientos. ¿A qué me refiero con esto? A que la elección de la pareja se ha vuelto un proceso meticuloso y complejo, los gustos personales son cada vez más exigentes y refinados. Además, tenemos infinidad de posibilidades y éstas siempre se pueden mejorar ¿Cómo cerrarnos a la posibilidad de estar con alguien mejor?. Así, la indefinición y la duda se vuelven la constante.

Por su parte, la imaginación exacerbada y las expectativas irreales –favorecidas  por las nuevas tecnologías- se colapsan en los encuentros concretos: nos aferramos a nuestros sueños y no nos adaptamos a las realidades de quien está sentado junto a mí.

El miedo al compromiso -no solo por la renuncia a candidatos mejores  sino porque desconfiamos de la durabilidad del amor- se hace constante.  Además, comprometerse ya no es un prerequisito para la relación sino un objetivo a alcanzar a través de la interacción. ¡Y conseguirlo no es sencillo! El respeto a la autonomía del otro nos impide pedirlo (y darlo) y el efecto de no saber “dónde estamos parados” genera una ansiedad nunca vista antes en el territorio del amor.

En el pasado, el inconfundible “flechazo” activaba el deseo y disponía a la voluntad. La excesiva racionalización en las actuales elecciones atenúa la intensidad de la emoción amorosa: el deseo sin intensidad pierde fuerza, la atención no se puede fijar en una única persona, y la voluntad es insuficiente para adherirse a dicha decisión.

Y luego ¿para qué unirnos a una sola persona si la libertad sexual nos abre tantas posibilidades de experimentación y disfrute? Una vez desarticulado el “combo” sexo, hijos y amor en un paquete matrimonial, las personas nos instalamos más tiempo en el mercado sexual. Y en nuestra sociedad consumista la competencia erótica es feroz, hombres y mujeres rivalizan entre sí y con sus congéneres por conseguir a las parejas sexuales más deseables, por ver quién acumula más “ligues” y para exhibir sus proezas erótico amorosas. Y si nadie te escoge y te coge ¿Quién eres? ¿Cuánto vales? El amor se ha vuelto el territorio del reconocimiento, de la identidad y de la validación personal.

Y entre una y otra cosa la ambivalencia y la incertidumbre permean la intimidad: “¿Me desea o no?” “¿Se quedará o se irá?” “¿Acaso le soy suficiente?” “¿Será esto lo que funcione o lo que nos llevará a la disolución?”. El amor en la actualidad no solo genera decepción ¡sino que la anticipa!: a temprana edad ya se vislumbran recorridos amorosos inciertos e inquietantes, lo que decanta en estrategias “macabras” para afrontar su fragilidad y temporalidad. Así, no es de extrañarnos que el desapego, el engaño y el abandono sean los “sablazos” que encabezan los quiebres amorosos: para no sufrir, hacemos sufrir…

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.