Sumisa, rebelde o consciente

De la serie “Para amar nuestros cuerpos”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 min 20 s

 

Los tratados sobre el cuerpo y la belleza no mencionan los cuerpos de las mujeres viejas o en proceso de envejecimiento. Nuestros cuerpos cambian con la edad, van adquiriendo formas, texturas y posturas que no son las de antes. No mejores ni perores: diferentes, propias de un cuerpo maduro.

 

¿Qué posición asumimos  ante el cuerpo transformado por la edad?

 

1. Caemos ante la narrativa cultural del deterioro, la pérdida, el declive y decimos que nos sentimos mayores, enfermas, cansadas y asexuales, y que “ya no estamos en edad para eso”.

2. Predicamos la teoría del envejecimiento exitoso o del no-envejecimiento, y afirmamos que estamos estupendas, alegres, fuertes, sexuales y activas.

 

Es decir, o llegamos derrotadas antes de empezar y nos desanimamos; o nos anclamos en que la juventud es la única medida, no  permitimos el paso del tiempo y nos entregamos a una guerra contra nuestros cuerpos cambiados y cambiantes, predicando una falsa alegría y una actividad sin límites aunque nos lleva a un cansancio extremo.

Ambas posiciones suponen estereotipos sobre el envejecimiento y la desvalorización social de las personas mayores: una desde la sumisión, otra desde la rebeldía, pero ninguna reconoce que nuestros cuerpos se transforman y evolucionan con los cambios naturales que se han dado en nuestra vida.

 

Hablemos de nuestros cuerpos cambiados, mirémoslos con cariño y curiosidad, dejemos nuestro enfado a un lado, y trabajemos en ellos y por ellos. Cuando somos capaces de reconocer estos cambios, retamos el discurso de la eficiencia y del rendimiento de la actividad, considerados como la única manera de estar significativamente en el mundo. Tener otras capacidades o las mismas de siempre en diferentes intensidades y utilidades es reconocerse otra, la misma, pero cambiada. Ni mejor ni peor, la misma, pero diferente.

 

No te pierdas el próximo 21 de mayo el taller con con Alessa di Bari Aprende a disfrutar tu cuerpo y tu sexualidad con Alessia di Bari

Hombres que ocupan espacio de más despatarrándose al abrir las piernas…

 

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

¿Te ha tocado  que en el trasporte público, a la espera de una cita o en algún avión se sienta un hombre junto a ti que abre las piernas, despatarradamente, abarcando un espacio que ya no le corresponde? No entiendo si eso es un tema machista, de educación, o simplemente distracción, o ¿todo al mismo tiempo?

 

Esto se conoce como manspreading, término que se refiere a la forma de sentarse de algunos hombres, principalmente en el transporte público, abriendo las piernas de par en par, invadiendo el espacio de los asientos contiguos. A quienes les ha tocado vivir esta conducta de cerca (ojo, a más mujeres que hombres, pero no es excluyente) les hace sentir incómodos e invadidos en su espacio personal.

 

Un estudio hecho en el subterráneo de Nueva York arrojó que el 26% de los hombres ejerció manspreading.

 

Manspreading

¿Educación masculina?

 

También, comentando el tema con amigas y hermanas, más de una me ha dicho que siente que esto coincide con una educación masculina que permite a los hombres ocupar más espacio del que les corresponde:

  • Con la forma de acaparar conversaciones
  • De imponer a determinados grupos planes alineados a sus intereses y necesidades asumiendo que los demás los disfrutarán
  • En distintos lugares como restaurantes, cines, parques y filas del super vemos que diversos de sus objetos ocupan más espacio del que les toca
  • Tener tono de voz demasiado alto en espacios que impera un silencio necesario
  • Abandonar un baño público sin proceder al lavado de mano, etc.

Por supuesto, ni todos ni siempre realizan estas conductas. Lo más desconcertante del tema, además, es que el hecho de ponerlo sobre la mesa hace que algunos representantes del género masculino –y uno que otra mujer– me tachen de feminista extrema. ¡Help! ¿También te ha pasado a ti?

 

También puedes leer Feminismo para hombres y Hombres y mujeres ¿así nacemos o así nos hacemos?

Cuando hacer más, con más estrés y buscando la “perfección”, ¡no es mejor! 

 

Escrito por: Tere Diaz 

 

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

Vivimos una era de transformación permanente: velocidad incesante, exposición digital constante, opciones múltiples en todo, exigencias inalcanzables, competencia férrea y, como efecto… incertidumbre y duda constante. Ante esto, muchos eligen el camino de la “mega tenacidad” o “super excelencia”, junto con el costo de tener una vida agotadora. Por eso, sin más preámbulo, te dejo la segunda parte de las claves para no complicarte la vida:

 

4. Trabaja la vergüenza, esa que te hace pensar que si no lo das todo, no eres suficiente o eres mala persona. Si se procesan y comprenden los sentimientos pasados de vergüenza es más fácil disminuir el perfeccionismo.

5. Trabaja con los otros. El perfeccionista se protege para sentirse a salvo, por eso hay que trabajar en cambiar este patrón de protección por uno de conexión con otros, esto te permitirá estar abierto al apoyo y compasión de los demás.

Mujer huye de reloj que la persigue, en vector

6. Distingue la responsabilidad del perfeccionismo. Revisa los estándares de cumplimiento que te pones: ¿son reales?, ¿te los ponen otros o te los pones tú? Distingue de quiénes son esas demandas, logra esto antes de que te impliques emocionalmente en la meta.

7. Deconstruye en el día a día la perfección. Indaga de dónde viene tu pensamiento de TODO O NADA. No busques sólo lo gris, sino la coexistencia del blanco y negro, desarrolla un pensamiento flexible.

 

Date permiso de realizar algunas cosas con escrupulosidad para no sentir que siempre tienes que renunciar a tu “perfección”. Pero con disfrute, y no con desgaste, para lograrlo elige sólo algunas tareas para aplicar tu máximo esfuerzo.

 

Para tener la lista completa, no olvides revisar la Parte 1 de las claves.

Si quieres conocer un poco más del tema te invito a leer Contra la ansiedad y Pérdida y resiliencia

Cuando pienso que todo depende sólo de mi…

Tere Diaz

 

 

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Día tras día, acá y allá, escuchamos el famosísimo slogan “QUERER ES PODER”. Esta frase motivadora está llena de optimismo, energía y voluntad férrea. Cuántos no hemos caído en la creencia de que nuestro esfuerzo, intención, deseo -y por ahí, de pasadita, los post-its motivadores pegados en la pared- son la promesa anticipada de conseguir dinero, pareja, belleza y trabajo, por mencionar los logros “más cotizados” en el mercado.

 

Seguro ya te habrás dado de “topes contra la pared” y confirmado que la perseverancia compulsiva no siempre hace reales nuestros deseos y anhelos; en la vida se puede lograr mucho, pero no todo. Después de todas las terapias y cursos que he tomado y los libros de autoayuda que he escrito, claro que creo en el cambio, pero en un cambio que es un largo proceso, una transformación que requiere de resiliencia y por tanto de flexibilidad y adaptación.

can´t cortado por tijeras

Conoce algunas  herramientas de primera mano:

  • Reconocer las realidades o circunstancias de vida que impone cada contexto: limitantes personales, situaciones precarias e injustas o incluso el azar. No reconocerlas es “sobre dotarnos” de un poder personal que termina por estrellarnos con la realidad y que puede causar que nos sobre responsabilicemos injustamente de los resultados no alcanzados
  • Ejercer una genuina auto compasión -que nunca es lástima y desprecio por uno mismo– es tener una actitud amorosa hacia las personas que somos.
  • Aceptar y distinguir que no todo lo que ocurre depende única y exclusivamente de uno mismo, ello incluye tener una visión realista de qué se puede y de qué se intenta.

 

La fuerza interna requiere de sabiduría y de un manejo oportuno del método “prueba y error”. Enfrascarnos en la espiral obsesiva de “querer es poder” es someternos a una exigencia externa y a un sacrificio despiadado y estresante, por eso dudo mucho de las prácticas de autoexplotación, extenuación y castigo para llegar a dónde uno quiere.

La existencia puede ser difícil, pero sabiéndola “malabarear” -con alegría, descanso, aceptación, colaboración, y sí, empeño, pero uno humano, razonable, conquistable– puede volverse suficientemente generosa y nos ofrece mejores resultados.

Te invito a que en adelante practiques pensar de forma realista y racional, mirando tus áreas de fortaleza y mejora, sin el estrés de pensar que querer es poder.

 

Para saber más:

  1. Contra la ansiedad
  2. ¿Para qué sirven los sentimientos?

Y te invito a la Conferencia ¿Vives con estrés? 7 claves para no complicarte la vida

Tiempo de lectura: 5 minutos

 

Es un hecho innegable que muchas mujeres lucharon en el pasado para que ahora gocemos de los derechos que tenemos en diferentes ámbitos, lamentablemente también es innegable que seguimos viviendo bajo una cultura donde todavía se espera que las mujeres “actúen de cierta manera” conforme a roles de género.

Un ejemplo de ello lo describe el término “techo de cristal”, que se utiliza para referir a los diversos obstáculos que impiden a una mujer calificada alcanzar puestos de alto nivel en una organización, dejando claro que jugamos partidos en los que la cancha no está pareja.

Pero ¿qué pasa cuando vivimos con un “techo de cristal interno”? Las mujeres muchas veces nos enfrentamos a nosotras mismas limitándonos con creencias, culpas, miedos e inseguridades que nos impiden tomar decisiones constructivas y valiosas para nuestro proyecto de vida.

 

Mujer frente a computadora con preocupaciones atrás en ilustración
¿Cuándo vivimos con un techo de cristal interno?

Cuando cedemos, concedemos y retrocedemos para el bien de los demás a costa del nuestro, estamos permitiendo que nuestro techo de cristal interno limite nuestro potencial.

Imaginemos  ser definas por ser la madre de alguien, la esposa de alguien, la hija de alguien, la empleada de alguien… no se vale ser el satélite cuando existe el valor propio y las capacidades para desarrollar y crecer de manera individual. Esto no significa que está mal ser madres y esposas, pero también hay que tener en cuenta y ser honestas a la hora de analizar el contexto en el que vivimos y si éste condiciona nuestros deseos porque así lo hemos decidido.

¿Qué tanto nos frena la opinión de los demás? ¿Qué tanto nos frenan nuestros roles de género? Porque una cosa es ceder una cosa por otra, es decir, no perder a la hora del intercambio, y otra muy diferente es acabar sacrificándose en pro de los demás, cosa que a veces es esperada de las mujeres.

¿Qué podemos hacer?

Es muy importante saber poner límites; para lo cual es necesario reconocer y enfrentar nuestro techo de cristal interno, esto es ser conscientes de cuáles son los miedos e inseguridades que nos limitan, este es un trabajo de carrera larga pero cada pequeño paso y acción cuentan, aprendamos decir que no a lo que no nos conviene y cuando no nos conviene.

Te invito a que reflexiones sobre alguna pequeña acción que llevas tiempo postergando por tu techo de cristal interno y una vez que lo identifiques ¡pon manos a la obra!

 

Para complementar el tema, te recomiendo mi curso Mujeres poderosas y amorosas

Por todos lados nos bombardean constantemente con la idea de que el propósito único y específico de existir es ser felices, pero ¿podemos definir exactamente qué es la felicidad? Parece que no: cada quien la piensa de manera diferente. Aspirar a ella todo el tiempo es algo que está fuera de la realidad y suena estresante ¿no? Es natural anhelar que en la vida tengamos bienestar y satisfacción, pero dadas las condiciones actuales, también es común no ver con claridad esta meta.

Y aquí es donde entra un tema controversial: el de normalizar el malestar. Es fácil estancarnos en los pensamientos, sentimientos y acciones que nos hacen sentir mal, pero al malestar hay que detectarlo, entenderlo sin juicios y obtener el mensaje que nos quiere dar sobre nosotros o sobre nuestras creencias. Es normal sentirse abrumada/o, aburrida/o, estresada/o, con miedo, no encontrarle sentido a las cosas; todos estas experiencias humanas dan cuenta de lo que hemos vivido y de lo que estamos viviendo. Pero ¿Cuántas veces nos sentimos rebasados y nos hemos negado a ir a terapia porque pensamos que “es para locos”? Este prejuicio impide que muchas personas acepten que necesitan ayuda para cargar el peso de lo que las acongoja, entender lo que les aqueja y pedir apoyo a los especilistas que se han entredado para acompañar.

Pelota roja con cara feliz en el aguaDejemos de IDEALIZAR la felicidad y pongamos MANOS A LA OBRA al malestar. La felicidad no es algo total y absoluto, y considerarla así solo nos impide alcanzarla; lo mejor que podemos hacer es pensarla como cosas concretas, situaciones, personas, momentos por vivir. No podemos aspirar a tener una vida llena únicamente de buenos momentos, sería una mentalidad infantil y alejada de la realidad. Pero de ahí a vivir devorados por la ansiedad y el miedo, el enojo o la depresión, tampoco es una sana realidad.

La felicidad se construye día a día con nuestras acciones concretas, ya que al final, nosotros tenemos bastate ingerencia en la comprensión de nuestros penares y en la conquista de nuestro bienestar.
¡Hay que aplicarnos para ser suficientemente felices! ¿Te animas?

Nadie es perfecto. La vida es un proceso de crecimiento y mejora. Para poderlo transitar es importante que evites 5 actitudes que atentan contra tu autoestima. Identificarlas y evitarlas reforzara tu experiencia de competencia y valía personal y te permitirá relacionarte de manera sana con los demás.

¡Aquí van!

No aceptarte a ti misma. Si no te conoces, quieres ser como los demás, rechazas tus características, puedes tener aspiraciones que no van de acuerdo a tus posibilidades y a tus circunstancias. Una autoestima sana implica conocerte y respetarte, saberte capaz de tomar y transformar lo que no te sirve y así dejar de lado las culpas y resentimientos.

No tener asertividad. Es importante que, dentro del marco del respeto, sepas hacer valer tu opinión, tus valores y puedas expresar tus necesidades y tus límites. Ser asertivo es eso, expresar y legitimizar tus necesidades, sueños y valores. La asertividad te da la fimeza para pedir y poner límites.

Ser incongruente. No tener una escala de valores y principios a la que puedas alinear tus acciones te deja a la deriva. Y conocerla y traicionarla te hacer ser tu pero enemiga. La congruencia es la brújula que te permite ser tu misma/o.

Silueta sentada dudando, frases de inseguridad al fondoNo asumir la responsabilidad de tu vida. Victimizarte y no tomar la batuta de tu vida te quita protagonismo en un proyecto personal. Depender de otros o culpar a otros por tus fracasos te convierte en un actor secundario que esta a la caza de excusas respecto a todo lo que te pasa.

Ir por la vida sin propósito. Sin un para qué es imposible encontrar el cómo. La falta de sentido o significado en la vida te impide tomar las acciones necesarias para lograr tus metas. Esto requiere de que te conozcas, claro. Saber para qué eres buena/o, lo que te gusta, lo que sabes hacer. Alguien sin misión, pasión y vocación carece de directríz en la vida y afecta su sentido de valor propio.

Momento de verse al espejo…

Te invito a hacer una breve reflexión sobre estas actitudes, ¿eres capaz de identificarlas? ¿te has visto envuelta/o en alguna de ellas?. Recuerda que la autoestima no solo es quererte y gustarte, es el motor para actuar y alcanzar lo que te propones.

Si quieres conocer más de este tema, el 12 de marzo tengo el taller de autoestima ¿Cómo mejorar mi seguridad personal?

La alta sensibilidad es un rasgo de la personalidad. Todos tenemos una personalidad que se desarrolla con la mezcla del temperamento con el que nacemos y con los rasgos de carácter que surgen de nuestras primeras socializaciones.

De acuerdo con el Dr. Stanley Turecki (El niño difícil), el temperamento es el estilo de comportamiento innato de cada individuo, cómo reacciona cada quien a los estímulos que percibe del medio ambiente. Los rasgos temperamentales nos predisponen a actuar de una u otra manera, no nos determina pero nadie nacemos siendo una hoja en blanco.

Medidor de emociones señalando carita feliz

El temperamento se conforma de 9 rasgos:

  1. Nivel de actividad. Que tan activo o pasivo soy, cuánta energía tengo que me impulsa a estar en movimiento.
  2. Distracción. Con cuánta facilidad o dificultad me concentro o pierdo esa capacidad de poner atención.
  3. Persistencia. Qué tan insistente soy para conseguir lo que quiero. Se refiere a la perseverancia, incluso al extremo de la terquedad.
  4. Adaptabilidad. Cómo reacciono frente al cambio. Se refiere a la dificultad o facilidad para ajustarme a las transiciones.
  5. Acercamiento o rechazo. Cómo reacciono a lo desconocido y a lo nuevo (por ejemplo, climas, ropas, comidas, personas), y qué tanta facilidad tengo para integrarlo a mi vida o cuánto se me imposibilita acostumbrarme.
  6. Intensidad. En qué medida expderimento mis emociones y las muestro al exterior. Me enojo muy fuerte, me gana la euforia, exploto con facilidad, etc.
  7. Qué tan regular soy. Esta caracteristica se refiere a la predecibilidad en mis hábitos y mis procesos: en el sueño, cuándo me da hambre, en otros ritmos marcados y rutinas orgánicas.
  8. Sensibilidad. La forma de recibir y reaccionar a los estímulos sensoriales, a los ruidos, olores, sabores, mi reacción al dolor. Hay quienes son muy con muchísima facilidad y otros que son menos excitables a estos estímulos.
  9. Estado de ánimo positivo o Tiendo a tener una actitud optimista o negativa ante la vida y la gente en general, mis reacciones ante lo que ocurre se van más hacia las valoraciones positivas o negativas, soy más bien una persona que muestro buen o mal humor.

Estos rasgos temperamentales generalmente se manifiestan en los primeros años de vida,  hay incluso bebés que muestran muy rápidamente una mayor reacción a los estímulo sensoriales y más hipersensibilidad a lo que sucede a su alrededor.

Corazón pequeño en fondo rosa¿Sabes si eres muy sensible?

Para saber si eres una persona muy sensible te será de utilidad valorar que tan marcados en ti están estos rasgos.  Y ojo, hay que entender que si bien ser muy sensible a veces dificulta ciertas tareas de acostumbramiento y  adaptación, estas características no implican ni que haya una patología ni que se padezca un trastorno.

Estos rasgos son también oportunidades para crear conexiones importantes y sólidas con otras personas, así como hacer distinciones de situaciones riesgosas o ineficientes. Las personas altamente sensibles también son más empáticas y compasivas, así como detallistas, analíticas y meticulosas para tareas especiales. Comprender estos rasgos que la caracterizan nos permiten formar un entorno inclusivo en el que no se juzgue a quien podría parecernos diferente en su actuar y su reaccionar ante las situaciones de la vida.

Y si te identificas como alguien altamente sensible, cónocete mejor, respétate más, y date momentos de reflexión y tranquilidad. Se requiere de su tiempo y espacio a solas para integrar lo vivido y recuperar el bientestar.

Las bases de la identidad

 

Empecemos entendiendo cómo se construye la identidad. Para eso hablemos primero de la personalidad. Ésta es una mezcla de temperamento y carácter. El temperamento es la tendencia innata a responder positiva o negativamente a los estímulos en general, a ser activos o más bien tranquilones, a mostrarnos fríos o cálidos emocionalmente; es decir, tiene una base genética. Por su parte, el carácter se forma con la influencia del contexto que nos rodea: nuestros padres, la escuela, nuestra religión o ideología circundante y. por supuesto, la cultura de nuestra comunidad. Todos estos ingredientes moldean el yo, lo que somos y cómo nos construimos, y dan como resultado nuestra personalidad.

 

Parece una receta fácil ¿no? Pero, como todo proceso, el de convertirnos en personas tiene su complejidad: hay condicionantes y hay elecciones. La identidad, entendida como la percepción que una persona tiene de sí misma y de su individualidad, es flexible. Antes se pensaba que la identidad era definitiva, sin embargo, ahora sabemos que es algo cambiante, que se puede transformar, actualizar, adaptar a diversas situaciones y reconstruir. El actualizar nuestras creencias, transitar nuestros fracasos, aprender de ellos y el vivir diferentes experiencias va moldeando la identidad. Si bien tenemos rasgos de carácter producto de nuestros genes y nuestra historia, no seremos las mismas personas siempre, y eso está bien.

Lupa agranda a individuo entre multitud

Y, ¿cómo se relaciona todo esto con la autoestima?

La identidad, a diferencia de la personalidad que se va construyendo desde la infancia, se modela cuando empezamos a definirnos a nosotros mismos con mayor consciencia. Y es en las etapas de la adolescencia donde toma importancia saber quién soy, qué quiero y cómo me diferencio de los demás.
Pero por más seguridad que tengamos en las respuestas a estas preguntas, siempre existe la posibilidad de que las experiencias vitales, nuestras relaciones, nuestras elecciones, nuestros logros y pérdidas influyan en la forma de mirarnos a nosotros mismos y que, en consecuencia, atravesemos una crisis de identidad, perdiendo la brújula respecto a quiénes somos y qué queremos.

 

Una identidad lastimada por efectos no integrados en nuestra vida puede afectar la autoestima, es decir, desorientarnos, hacernos perder nuestro sentido de propósito, de valía, de competencia y de motivación. Una identidad desdibujada genera confusiones y dudas, hace que afloren la inseguridad y el miedo ante la vida.

 

Trabajar en nuestra identidad y fortalecer nuestra autoestima, sin buscar soluciones mágicas, implica un proceso de auto conocimiento y de accionar nuestras competencias y recursos personales. De este modo, podemos continuar con nuestro crecimiento, mantener la estabilidad, tomar elecciones oportunas y saludable y conseguir un grado suficiente de satisfacción vital.

Trabajar en la identidad es algo interno y propio, pero siempre es válido pedir ayuda; si quieres profundizar en el tema, te invito el próximo 12 de marzo a mi taller de autoestima ¿Cómo aumentar mi seguridad personal?

Mucho se habla y se dice de la autoestima. Parece que todos tienen una opinión y algo que comentar al respecto, y más si se trata de la autoestima ajena, pero es de notar que este tema no solo toma relevancia respecto al nivel de bienestar y seguridad personal, sino también en cómo nos relacionamos con los demás.

 

Hay situaciones que pueden tener una influencia negativa en nuestra autoestima: haber vivido –o seguir viviendo- experiencias donde la ambigüedad y la contradicción salen a flote, por ejemplo recibir respuestas ambivalentes de nuestros padres, pareja o alguien que consideremos “digno” de darnos la validación que buscamos. También, los abusos y negligencias impactan la manera en la que nos percibimos a nosotros mismos: el maltrato sostenido puede llevarnos a sentirnos no merecedores de cuidados y de amor.

 

Si bien, hay personas que pueden sortear de manera exitosa estas vivencias, también hay a quienes esta combinación de factores sí les afecta, reflejándose en un grado de inseguridad y minusvalía personal que resultan en baja autoestima.

Laptop con notas de amor propio

Por esto, te invito a que hagas un ejercicio de reflexión y respondas las siguientes preguntas:

1. ¿Conoces tus necesidades, tus deseos, tus intereses y tus valores?
2. ¿Tiendes a escuchar tus cuestionamientos internos respecto a la forma en que vives tu vida, aunque te hagan sentir miedo, malestar o frustración?
3. ¿Te consideras capaz de resolver los retos que la vida te presenta?
4. ¿Acostumbras pedir lo que necesitas?
5. ¿Puedes decir no a lo que no te parece bueno, interesante u oportuno para ti?
6. ¿Defiendes tus valores y tus deseos?
7. ¿Tienes claridad de hacia dónde te diriges en la vida y lo que quieres lograr?
8. ¿Evitas culpar a los demás de tus problemas y te haces responsable de lo que te ocurre?
9. ¿Aprecias la persona que eres?
10. ¿Te tratas a ti misma/o con respecto y autocompasión?
11. ¿Te sientes satisfecha/o con el uso y despliegue que haces de tus capacidades y competencias?
12. ¿Tu pensar y sentir generalmente es congruente con tu decir y actuar?
13. ¿Tienes lo que necesitas para vivir como te gusta?
14. ¿Tiendes a recuperarte de las situaciones difíciles de la vida?
15. ¿Toleras con suficiente fuerza interna el malestar que produce salirte de tu zona de confort?
16. ¿Generalmente logras lo que te propones?
17. ¿Tiendes a sentirte par de la gente? ¿Ni superior ni inferior?

Si has respondido NO a la mayoría de estas preguntas te invito a poner “manos a la obra” para construir una autoestima sana. Recuerda que un nivel suficiente de autoestima te permitirá experimentarte capaz de tener una buena vida y merecedor o merecedora de amor y de buenos tratos. La autoestima permite que desarrolles un sentimiento de capacidad y valor personal.

¡Inicia este trabajo de crecimiento y adquiere un grado suficiente de seguridad y satisfacción!

 

Taller ¿Cómo aumentar mi seguridad personal? Sábado 12 de marzo

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.