Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Cuando hablamos de verdades y mentiras tengamos en cuenta que para ser digno de confianza se tiene que dar muestras de juicio crítico, discreción y de una madurez básica. Hay personas que no están preparadas para conocer ciertas verdades, por inmaduros, neuróticos o abusivos; y hay quienes hasta dan señales de que prefieren ignorarlas.

 

Hay temas que sí se pueden comunicar y que además quieres compartir con alguien más. Muchas veces, quienes demandan de manera insistente que se les diga alguna verdad, por íntima que esta sea, una vez que la tienen “en sus manos”, no saben qué hacer con ella. OJO, no nos referimos al caso de una mentira descubierta que a modo de reparación se requiere explicar, sino a ciertos temas y dilemas, que no cualquiera podría entender, abrazar, ni manejar.

 

¿Qué tanto es tantito?

Las mentiras suelen deteriorar la confianza y cualquier relación amorosa o de amistad que no tiene un grado básico de confianza no logra subsistir. La mentira constante, manipuladora, agresiva, es símbolo de abuso, de uso del otro y de inmadurez; existen expertos mentirosos que logran envolver a sus víctimas.

 

Pero ¿qué hay de la mentira ocasional? Esa que se usamos esporádicamente y que no daña a nadie. No se puede negar que un determinado tipo de mentiras facilita la convivencia y permite las relaciones en un ambiente de armonía. Por contradictorio que parezca, en algunos casos puede resultar lícito, maduro y hasta adecuado utilizar una mentira.

 

¿Cómo no confundir el auto engaño del ocultamiento oportuno de una verdad?

Van algunos síntomas internos que te permitirán saber si mentiste de manera oportuna y constructiva, o bien, por enojo, conveniencia o descuido:

 

  1. Si las mentiras son pocas y decirlas te produce una sensación interna de paz por haber hecho lo correcto, seguramente es una mentira buena.
  2. Súmale que, al mentir, has de ser consciente de que puedes asumir -de ser necesario- las consecuencias de la verdad que pretendes ocultar y, aun así, prefieres utilizar la mentira.
  3. El efecto del uso esporádico de la mentira permite experimentarte más congruente y seguro de tu conducta, no un farsante que quiere esconder quién es y lo qué hace.
  4. Podemos considerar buena aquella mentira que surge de la parte madura de quien sale y genera más beneficios al que la recibe que a quien la dice. Buscas cuidar al otro, o a la relación.
  5. Y, por último, existe la mentira “en defensa propia”, comprensible si sabes que lo que hiciste generará daños mayores e irreversibles a tu persona porque no hay manera de defender tu verdad.

 

Este tema de mentir o no es inagotable y el camino sinuoso. Entonces usa tu conciencia, se cuidadoso contigo y con tu pareja, rebota con alguien cercano y confiable si es necesario y, como la persona adulta que eres, asume que solo tú tienes la respuesta correcta.

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Desde siempre nos han enseñado que mentir es malo y decir la verdad es bueno. Sin embargo, existe la posibilidad de “abusar de la verdad”, de usarla de manera inoportuna y exagerada: ¿realmente el otro tiene que saber todo de mí y yo todo de él? ¿Para que una relación sea buena se requiere de una apertura total? ¿Será factible que cierto ocultamiento facilite la convivencia, preserve la individualidad y proteja el amor? Estas preguntas no dejan de ser delicadas pues se requiere de una importante consciencia ética para abordar este tema.

 

Aun así, y apelando a la responsabilidad y honestidad los lectores, no puedo dejar de afirmar que pretender vivir en la verdad absoluta -eso que yo llamo “verdadazos sin ton ni son”- es no solo imposible sino, en algunas ocasiones, lastimoso. Explicaré un poco más…

 

Los mundos del individuo

  • Los seres humanos tenemos un mundo público con la información que damos a todas las personas: en dónde trabajamos, a qué familia pertenecemos, nuestro estilo de vida, ciertos gustos particulares, etc.
  • También tenemos un mundo privado: un espacio más pequeño que solo compartimos con nuestra gente cercana y de confianza. Incluye nuestros temores, algunos deseos e intereses, necesidades importantes, experiencias vividas y valores que nos mueven en el diario vivir.
  • Además, las personas poseemos un mundo íntimo que se juega en la profundidad de nuestro ser: ciertas fantasías, pensamientos y sensaciones; diversos sueños, temores, anhelos… Algunas experiencias muy personales -gratificantes y vergonzosas- que nos ayudaron a constituirnos en lo que somos. Esto habita en el silencio de nuestro interior y crea un mundo complejo y contradictorio dentro de nosotros mismos. Es frecuente que nosotros mismos nos sorprendamos de él, que no lo entendamos del todo, o que prefiramos callarlo por temores hacia nosotros mismos y los demás.

 

Todos tenemos, desde la responsabilidad y buen juicio, derecho a preservar un mundo íntimo para nosotros mismos: en él cuestionamos, soñamos y construimos nuestro ser. Reitero que frecuentemente ni nosotros podemos descifrarlo y comprenderlo con claridad, menos aún abrirlo y compartirlo con los demás. Quererlo poner en palabras y trasmitirlo al otro, además de ser difícil es arriesgado. Por eso es sano y necesario conservarlo como algo propio e interno.

 

Quizás tu deseo de compartir tu mundo íntimo tiene que ver con una necesidad de ser honesto, pero también puede ser porque te perturba lo complejo de su naturaleza contradictoria y quieres descargar ese pesar en alguien. Si este es tu caso considera la posibilidad de abrirlo con alguien confiable que pueda escucharte, no juzgarte; será importante también que aprendas a manejarte con cierto grado de incertidumbre y ambivalencia.

Si esto no te es suficiente, valdrá la pena que busques un espacio terapéutico para trabajar sus contenidos.

Escrito por: Tere Díaz

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Si no has escuchado hablar del Dr. Tel Ben Shahar, te cuento un poco: es profesor en Harvard y escritor; sus estudios se enfocan en la psicología positiva y el liderazgo. Con esas credenciales, creo que podemos tomar en cuenta los consejos que da para ser felices.

 

13 simples pasos

 

  1. Practica alguna actividad física. Está comprobado que el ejercicio ayuda a mejorar el ánimo; con 30 minutos puedes combatir la tristeza y el estrés.
  2. Desayuna. No seas de esas personas que se saltan el desayuno por falta de tiempo o para no engordar. Estudios demuestran que desayunar te da energía, te ayuda a pensar y desempeñar exitosamente tus actividades.
  3. Agradece todo lo que tienes. Escribe en un papel 10 cosas que te dan felicidad. ¡Enfócate en lo bueno!
  4. Sé asertivo. Aprende a pedir lo que quieres y di lo que piensas. Ser asertivo ayuda a mejorar tu autoestima.
  5. Invierte en experiencias. Se dice que el 75% de personas de un estudio se sintieron más felices al gastar en viajes, cursos y clases; mientras que el 34% al comprar cosas.
  6. Enfrenta tus retos. Cuanto más postergas algo, más ansiedad y tensión genera. Hacer checklists y tachar las tareas cumplidas te da un empujón de felicidad y motivación.
  7. Ten recuerdos y fotos de tus seres queridos al alcance. Llena tu refri, computadora, celular, escritorio, tu cuarto, etc. de recuerdos bonitos.
  8. Saluda y sé amable con los demás. Solo sonreír cambia el estado de ánimo.
  9. Usa zapatos cómodos. Increíble, pero si te duelen los pies te pones de mal humor, asegura el presidente de la Asociación Americana de Ortopedia.
  10. Cuida tu postura. Caminar con los hombros ligeramente hacia atrás y la vista hacia enfrente ayuda a tener un buen estado de ánimo.
  11. Escucha música. Está comprobado que te despierta deseos de cantar y bailar, subiéndote el ánimo y alegrándote la vida.
  12. Cuida tu nutrición. No te saltes comidas, come algo ligero cada 3 o 4 horas y mantén los niveles de glucosa estables. Evita el exceso de harinas blancas y el azúcar. ¡Come de todo!
  13. Arréglate. El 41% de la gente dice que se sienten más felices cuando piensan que se ven bien, ¡es momento de ponerse guapos!

 

Y recuerda que la vida es un vaivén de emociones, sin embargo, podemos tomar el control de cómo las enfrentamos y las asimilamos. Tu ¿qué haces para encontrar la felicidad?

Si te interesa profundizas en el tema te recomiendo el libro Autoestima ¿Cómo aumentar mi seguridad personal y mi sano amor propio?

Escrito por: Tere Díaz

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El 1 de agosto de se celebra el Día Mundial de la Alegría, pero de qué debemos hablar al abordar este tema de ¿estar siempre alegres o de ser suficientemente felices?

 

¿La Ciencia de la Felicidad?

 

Sonja Lyubomirsky en su libro “La Ciencia de la Felicidad” hace una investigación sobre el tema. Afirma que los factores que determinan la felicidad -entendida como esa experiencia de bienestar y satisfacción- se pueden dividir:

 

  1. 50% de nuestra predisposición a ser felices viene en la información genética. Así como la inteligencia o el colesterol, la tendencia a la delgadez o a la robustez, algunas personas tienen mayor disposición genética para experimentar bienestar que otras.
  2. 10% tiene que ver con las circunstancias de la vida: ser ricos o pobres, sanos o enfermos, hermosos o poco agraciados, casados o solteros. Esto sorprende porque la mayoría de las personas hemos puesto todo nuestro empeño en cambiar nuestras circunstancias para ser felices sin lograr el cometido.
  3. 40% tiene que ver con nuestra actividad deliberada, con nuestra forma de pensar y nuestras decisiones y acciones en la vida. Este porcentaje, desde nuestro conocimiento personal y nuestra responsabilidad, hace factible la consecución deliberada de la felicidad.

 

Sonja agrega que cada persona es distinta, y por eso cada una experimenta un tipo de bienestar subjetivo relacionado con la realización de actividades concretas basadas en sus necesidades, deseos, intereses y valores particulares como: practicar la gratitud, cultivar el optimismo, invertir en relaciones sociales, manejar el estrés y las pérdidas, actividades que incluyen cuerpo y alma como meditación.

El común denominador de todas estas personas es la sensación de que su vida es buena, tiene sentido y vale la pena.

 

Si bien la alegría es subjetiva, la felicidad es una emoción que puede ser en un principio una experiencia corta y de cierta intensidad, pero ¿cómo lograr prolongarla en el tiempo? Te doy una pista: nuestros actos de cada día que van haciendo un tejido de pequeños momentos satisfactorios que generan bienestar y realización personal.

Entonces, ¿qué podemos concluir? Hay que aprender a ser suficientemente felices: parece que lo primero que frustra de “ser feliz” es soñar con una felicidad total y absoluta. Podemos pensar en la felicidad como una experiencia posible, en vez de “idealizarla”, a través de cosas muy concretas, de situaciones muy planeadas, y con personas muy esperadas.

 

Para saber más te recomiendo el curso Yo soy mi proyecto de vida

Escrito por: Tere Díaz

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En la primera parte de esta serie hablamos sobre como la figura de la propiedad privada influyo en el origen del concepto de familia monogámica, en esta segunda parte reflexionaré sobre la parte natural y biológica de los humanos con respecto a elegir una sola pareja.

 

Empecemos por regresar en el tiempo para ver cómo, entre los primeros humanos, la amenaza de muerte prematura explica la prisa por reproducirse.  Simplistamente, podríamos describir que los primeros “cazadores” tenían que buscar hembras para reproducirse, por lo que copulaban con el mayor número posibles.

 

Pero entonces, ¿cómo surge esa predilección de uno por otro?

 

Por la necesidad de sobrevivencia. Para una hembra era difícil cazar o defenderse de un depredador mientras cargaba a un crío. Así surge la premura de tener protección y comida extra para sobrevivir ellas y sus crías, y surge también la necesidad del “esposo” y del “padre”.

 

Ahora, suponiendo que un macho atrajera a muchas hembras ¿cómo proteger a todas al mismo tiempo? No había modo, lo que sí pdían hacer  era caminar junto a una sola hembra y resguardarla tanto de animales salvajes como de otros machos y, al mismo tiempo, ayudarla a abastecerse y a criar a sus hijos.

 

Y, ¿qué hizo la hembra para garantizar que el elegido tuviera genes de calidad? Desarrolló una estrategia de seducción y otra de eliminación de rivales a través de la competencia femenina. Además, agreguemos tres peculiaridades sexuales de la mujer:

  1. Capacidad de copular cara a cara
  2. La falta de periodo de celo que le permite copular en cualquier momento
  3. La capacidad orgásmica.

 

Todo esto favorece que la mujer busque la sexualidad, establezca vínculos de cercanía e intimidad con un compañero reproductor (o un amante paralelo) y que se facilite la fertilización. Parece entonces que esta monogamia sobre la que se edificará, con el paso de millones de años la relación amorosa, más que un mandato biológico es resultado de una relación personal.

 

Por otro lado, puntualicemos el asunto de que el instinto, en este sentido, no favorece la monogamia, sino que por el contrario impulsa las relaciones sexuales fuera del vínculo de pareja.

 

¿Ser monógamo por elección, pero no por naturaleza?

 

Si bien la tendencia a hacer pareja es natural, al mismo tiempo la inclinación biológica apunta más bien a la promiscuidad. El enamoramiento, etapa previa al amor, tiene un límite en el tiempo y dura de tres a cuatro años aproximadamente; este tiempo corresponde al ciclo completo que nuestros antepasados requerían para reproducirse, desde la concepción hasta que la cría se defendiera con cierta soltura. En ese periodo se daba un emparejamiento blindado por “una especie de monogamia”, hasta que desaparecidos los efectos narcóticos del “romance”, terminaba la necesidad de la “fidelidad” e incluso del vínculo.

 

Antropólogos evolucionistas afirman que contamos con un equipo biopsíquico que nos permite sentir un profundo apego a una pareja, un amor romántico por otra persona y un deseo de sexo pasional con muchos otros; y que en ocasiones se pueden ajustar estas tres competencias en una sola persona.

 

Después de leer mis análisis, ¿tú qué piensas sobre la monogamia?, ¿crees que es por naturaleza, por elección?, ¿cómo ha funcionado para ti? Te leo.

 

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 5 min

 

En una brevísima serie de 2 artículos haré una reflexión sobre un tema del que surgen muchas dudas e inquietudes: la monogamia. En el primero hablaremos de donde surge la idea de la monogamía desde el punto de vista de la construcción social y en el segundo sobre como es parte de la naturaleza.

 

Es común el debate sobre si los seres humanos somos monógamos o no por naturaleza. Mucho de lo que somos y actuamos como especie viene de comportamientos instalados a lo largo del tiempo en respuesta a la sociedad, religión y condiciones económicas, jurídicas y políticas del momento.

Lo biológico pesa, pero al final somos la mezcla de naturaleza y cultura.

 

¿Cómo surge? Pista: por la supervivencia

 

Repasando la historia, encontramos que cuando las sociedades agrícolas evolucionaron, la explotación de la tierra y el propietariado pasaron a ser controlados principalmente por varones. Con esto se instituye el patriarcado y, con él, el surgimiento de la familia monogámica. Los varones querían  asegurarse de que la descendencia era propia para que su herencia llegara a manos de sus hijos legítimos. Necesitaban asegurar la exclusividad sexual de su mujer para controlar que los hijos fueran suyos.

 

Más adelante, esa exclusividad dio paso a las normas sociales impuestas por las instituciones de antaño que favorecían el status matrimonial y la fidelidad a una sola persona como resguardo de la estabilidad social, reforzando la idea de que el matrimonio y la fidelidad eran el camino correcto. Las leyes castigaban con severidad las infidelidades, desde luego con mucho más intolerancia a las de las mujeres que a las de los varones.

 

Y, ¿qué hay de la biología?

Helen Fisher -bióloga y antropóloga norteamericana- en su libro “Anatomía del Amor” enfatiza que, en comportamientos sexuales, nos caracteriza la necesidad de garantizar nuestro futuro genético. Argumenta que el adulterio tiene  un sentido en la evolución: que los machos difundan sus semillas y las hembras diversifiquen su grupo genético. De hecho, con técnicas de detección genética se descubrió que algunas aves consideradas monógamas se escapan de su nido y tienen aventuras con otros pájaros.

 

Enontces, la monogamia es creada por los varones para sostener el poder y el dominio sobre su pertenencia. Surge una doble moral que ve la figura de las prostitutas y cortesanas como “vías de escape” para un sexo más pasional y lúdico para los hombres. Visto así, las motivaciones que dieron origen a la idea de la monogamia son particularmente vulnerables, pues no son “leyes de la naturaleza” sino acuerdos sociales.

 

No te pierdas el próximo artículo, con el que concluiré la serie de monogamia.

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 min 40 s

 

Soy muy ruidosa. Hablo de más, suspiro de más, me muevo de más,  y pienso y siento de más. Y por donde paso voy haciendo espavientos: un paso para adelante y otro para atrás con el fin de recoger lo que he dejado regado; un manoteo dentro de mi bolsa buscando aquello que yo sola me escondí; y al mismo tiempo -medio en mímica y medio explicando- voy dando algunos lineamientos -a diestra y siniestra- para poder proseguir con mi quehacer habitual.

 

Y no es que no me guste el silencio, de hecho, me canso de mí misma y por ello me procuro momentos tranquilos en los que disfruto de mi soledad:  la soledad de personas, el off de programas televisivos, el mute del “tin tin” del celular, y la lejanía “a ventanas bien cerradas” de la bulla de mi calle que, siendo una arteria muy transitada, difícilmente deja de darse a notar.

 

De lo que poco me canso es de los viajes a los que me lleva el interior de mi cabeza. Cuando acomodo el entrono que me facilita “un retiro de silencio” me dejo llevar por un vals de pensamientos con emociones, que me invita a recorrer mi vida toda. Un pasado que me ha construido y en su trayecto ha dejado amores, dolores e infinidad de aprendizajes. Un presente que voy formando a la medida de mis necesidades, intereses y valores, por el que transito la vida al ritmo que me ajusta. Y un futuro que me da perspectiva y me llama -insistente, curioso y desafiante– a recorrer esta tercera y última etapa de mi vida con un sentido de logro, de propósito, y de bienestar.

 

Y con ese vals interno voy conquistando un silencio mental que se contrapone a mi mundo exterior, en el que tiendo a moverme como una ráfaga que pareciera dar bandazos sin “ton ni son”. En ese silencio estoy, nadie me ve. Y desde ahí me dejo envolver por el hilo de lo que pienso y siento; por aquello que, si en algún momento pareció no tener sentido ni forma, ahora empieza a tejerse de manera armónica y con una clara finalidad. Es del silencio que emergen mis decisiones claras, sentidas, deseadas, planeadas… me quedo motivada, me quedo en paz.

 

Pero cada tanto me pregunto cuándo… cuándo  este silencio que hoy es la pauta de un nuevo comienzo, será el silencio de mi punto final…

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 9 minutos

 

Amo tener pareja, pero la sotería no me ha detenido a vivir. Y para mí parte de vivir es viajar…

 

Soy la mayor de una familia de cuatro hermanas. Desde muy chicas mi papá compartió con nosotras su deseo de viajar; de conocer México y, de a poquito, el mundo. Comida, vestuarios, modismos, idiomas, usanzas, paisajes, personas, costumbres, cultura y demás generaban un cúmulo de experiencias que inhundaban nuestros viajes familiares. Desde nuestra ida por un día a Cuautla -con inflables para disfrutar del sol, de una alberca y de un picnic-  hasta la travesía a la India y sus confines -donde ya adultas nosotras lideréabamos el viaje-, la espera de las vacaciones ha sido siempre la anticipación de una aventura que mezcla aprendizaje, convivio y placer.

 

Durante los siete años que pasé en recien soltería, me asombraba observar -a diestra y siniestra-  amistades y familiares que se asombraban de mi peregrinar por el mundo en completa soledad. “Pero ¿no te aburres?” “¿Nunca has sentido miedo?” “¿No te incomoda sentarte solita a comer?”. Es difícil explicar algo que tan naturalmente se disfruta. Más que explicarles me quedo pensando en silencio: ¿Pero cuál peregrinar si me llevo a mi misma? ¿Cómo decirles que una maleta suficiente y un sin fin de curiosidades e inquietudes son una compañía “a todo dar”?

 

Un portal estadístico internacional, llamado Statista, afirma que el 70% de los viajeros mundiales son mujeres, y Booking.com agrega que el 62% de las mujeres latinoamericanas han hecho al menos un viaje fuera de su país. Sí, para viajar se necesita alguito -o muchito- dinero, lo sé, pero primero se requiere la firme decisión de quererlo realizar.

 

¿Que sí quieres pero que te da miedo viajar sola? Hazlo, y sí, hazlo con algo de temor, con mucha incertidumbre y con suficientes previsiones. No serás ni la primera ni la última mujer que viaja sola. La experiencia, cualquiera que sea, lo vale. Yo me atrevo a decir que mis grandes transformaciones vitales han derivado de algún viaje en soledad.

 

 

Por eso te comparto algunas indicaciones, lo demás, ya tu me lo compartirás:

 

  • Elige un destino e investígalo; inicia con algún lugar que, siendo un reto, al mismo tiempo no te represente un problema en cuanto a costo, lenguaje y distancia. A mí me encanta elegir lugares que ya aparecieron en la lectura de alguna novela o en algún documental.
  • Infórmate a través de alguna agencia de viajes o del mismo internet conoce qué aparece como recomendable, de qué forma se visita y en qué fecha del año es más conveniente viajar. Yo tiendo también a preguntar a amigos o conocidos que ya han tenido la experiencia de estar por allá.
  • Decide dónde hospedarte; un lugar céntrico, bien conectado y suficientemente recomendado te facilitará tus pininos en el exterior. Para mí, Airbnb ha sido la oportunidad de llegar a casa de un lugareño y sentir que alguién espera mi llegada, me apoya, me sugiere,  pero no invade mi intimidad.
  • No te expongas; infórmate de la seguridad del lugar que visitas y extrema precauciones en cuanto a recorrer zonas de riesgo, realizar actividades comprometedoras que ni en tu ciudad de origen llevarías a cabo y, claro, ten a mano siempre una “salida de seguridad”. Confía en tu intuición, pero no excluyas la prevención. Yo tiendo a informar a mi gente querida y cercana dónde me encuentro, compartiéndoles datos del lugar.
  • Mantente conectada; dispón, lo más posible, de conexión de internet. A mí me gusta, por seguridad y por agilidad, llevar un internet portátil si es que el plan de mi celular no tiene alcance suficiente en determinado lugar.
  • Contrata experiencias locales; la posibilidad de participar en tours, caminatas, visitas guíadas, clases locales te permitirá vivenciar los usos y constumbres lugareños y conocer gente diversa y particular. Además de ciertas visitas “de cajón” que hago por mi cuenta, las experiencias “menos turísticas” -alguna clase de cocina, la visita a ciertos mercados, una cata de vinos en alguna terraza  local- dan la sensación de estar casa y no solamente de turistear.
  • Déjate permear por la experiencia; cuando vas absorbiendo con tus 5 sentidos los distintos lugares puedes experimentar diferentes necesidades, anhelos, competencias y otras formas no exploradas de ser tu. Cuando viajo yo suelto mi roles del día a día y exploro otras posibilidades de conecterme conmigo misma y manifestarme a mi al rededor

 

El miedo de viajar sola se doma viajando, y es el manejo de ese “nerviecillo” el que te llevará a atravesar tus temores, a descubrir nuevos mundos, a diseñar nuevos “selves” y a enriquecerte con lo que te brinda cada lugar.

¡Buen viaje!

 

Sumisa, rebelde o consciente

De la serie “Para amar nuestros cuerpos”

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 3 min 20 s

Los tratados sobre el cuerpo y la belleza no mencionan los cuerpos de las mujeres viejas o en proceso de envejecimiento. Nuestros cuerpos cambian con la edad, van adquiriendo formas, texturas y posturas que no son las de antes. No mejores ni perores: diferentes, propias de un cuerpo maduro.

¿Qué posición asumimos ante el cuerpo transformado por la edad?

1. Caemos ante la narrativa cultural del deterioro, la pérdida, el declive y decimos que nos sentimos mayores, enfermas, cansadas y asexuales, y que “ya no estamos en edad para eso”.

2. Predicamos la teoría del envejecimiento exitoso o del no-envejecimiento, y afirmamos que estamos estupendas, alegres, fuertes, sexuales y activas.

Es decir, o llegamos derrotadas antes de empezar y nos desanimamos; o nos anclamos en que la juventud es la única medida, no permitimos el paso del tiempo y nos entregamos a una guerra contra nuestros cuerpos cambiados y cambiantes, predicando una falsa alegría y una actividad sin límites, aunque nos lleva a un cansancio extremo.

Ambas posiciones suponen estereotipos sobre el envejecimiento y la desvalorización social de las personas mayores: una desde la sumisión, otra desde la rebeldía, pero ninguna reconoce que nuestros cuerpos se transforman y evolucionan con los cambios naturales que se han dado en nuestra vida.

Hablemos de nuestros cuerpos cambiados, mirémoslos con cariño y curiosidad, dejemos nuestro enfado a un lado, y trabajemos en ellos y por ellos. Cuando somos capaces de reconocer estos cambios, retamos el discurso de la eficiencia y del rendimiento de la actividad, considerados como la única manera de estar significativamente en el mundo. Tener otras capacidades o las mismas de siempre en diferentes intensidades y utilidades es reconocerse otra, la misma, pero cambiada. Ni mejor ni peor, la misma, pero diferente.

No te pierdas el próximo 21 de mayo el taller con con Alessa di Bari Aprende a disfrutar tu cuerpo y tu sexualidad con Alessia di Bari

Hombres que ocupan espacio de más despatarrándose al abrir las piernas…

 

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

¿Te ha tocado  que en el trasporte público, a la espera de una cita o en algún avión se sienta un hombre junto a ti que abre las piernas, despatarradamente, abarcando un espacio que ya no le corresponde? No entiendo si eso es un tema machista, de educación, o simplemente distracción, o ¿todo al mismo tiempo?

 

Esto se conoce como manspreading, término que se refiere a la forma de sentarse de algunos hombres, principalmente en el transporte público, abriendo las piernas de par en par, invadiendo el espacio de los asientos contiguos. A quienes les ha tocado vivir esta conducta de cerca (ojo, a más mujeres que hombres, pero no es excluyente) les hace sentir incómodos e invadidos en su espacio personal.

 

Un estudio hecho en el subterráneo de Nueva York arrojó que el 26% de los hombres ejerció manspreading.

 

Manspreading

¿Educación masculina?

 

También, comentando el tema con amigas y hermanas, más de una me ha dicho que siente que esto coincide con una educación masculina que permite a los hombres ocupar más espacio del que les corresponde:

  • Con la forma de acaparar conversaciones
  • De imponer a determinados grupos planes alineados a sus intereses y necesidades asumiendo que los demás los disfrutarán
  • En distintos lugares como restaurantes, cines, parques y filas del super vemos que diversos de sus objetos ocupan más espacio del que les toca
  • Tener tono de voz demasiado alto en espacios que impera un silencio necesario
  • Abandonar un baño público sin proceder al lavado de mano, etc.

Por supuesto, ni todos ni siempre realizan estas conductas. Lo más desconcertante del tema, además, es que el hecho de ponerlo sobre la mesa hace que algunos representantes del género masculino –y uno que otra mujer– me tachen de feminista extrema. ¡Help! ¿También te ha pasado a ti?

 

También puedes leer Feminismo para hombres y Hombres y mujeres ¿así nacemos o así nos hacemos?

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.