Siempre he pensado que la familia es el pequeño laboratorio en donde aprendemos a relacionarnos los unos con los otros y que en el futuro reflejará de forma importante la manera de convivir con los demás. En la familia, y de manera particular en el intercambio fraternal, construimos creencias, desarrollamos prejuicios, adquirimos  valores y en medio de todo ello, iniciamos nuestra socialización aprendiendo formas de convivir. 

Hablemos de la relación entre hermanos y hermanas

Cuando hablamos de la relación entre hermanos y hermanas reconocemos que esas primeras interacciones son horizontales pues nos referimos a los primeros grupos de “pares” con quienes convivimos. A diferencia de los padres o cuidadores primarios con quienes la relación es vertical al ser los proveedores de cuidados para nuestro desarrollo. Entrecomillo “pares” porque obviamente el lugar que se ocupa en el grupo fraternal condiciona las expectativas que se tiene de cada hijo y también la asignación y vivencia externa de lo que corresponde hacer, es decir, no es lo mismo ser el primogénito, que el “sándwich” o que el “bebé” de la familia. 

Independientemente del lugar que se ocupe, es entre hermanos que se aprenden muchas “reglas del juego” en lo social. Qué es respetar, qué es abusar, qué es ser paciente, qué es compartir, tolerar o lastimar, etcétera. Entre hermanos se pueden experimentar los cuidados, los abusos, las enseñanzas de unos a otros, las imitaciones, la conciencia de las diferencias y las propias limitaciones, lo que nos sumamos si estamos unidos y lo que nos podemos aportar entre nosotros. También entre hermanos aprendemos a divertimos y disfrutamos, a ignorarnos y lastimarnos. Es este intercambio uno de los aprendizajes más importantes para nuestra futura forma de insertarnos en la sociedad. 

Familia: nuestro pequeño gran laboratorio

La forma en que un grupo de hermanos se relaciona viene influenciada, sin duda, por el ejemplo que los padres dan, no solo en su relación de pareja, sino también la forma en que ellos se relacionan con sus propios hermanos en sus familias de origen. A esto hemos de sumar el trato que los padres y madres dan a sus hijos e hijas,  el cuidado que tienen en transmitir conductas de respeto, así como en detener conductas de abuso entre ellos. 

La consideración de las diferencias es algo que se aprende y se actualiza a lo largo de la vida familiar: si bien los roles fraternales pueden cambiar con el tiempo, la flexibilidad para ello tiene que ver con que los chicos hagan distinciones entre el rol del mayor que tiene más fuerza y lidera, el segundo que compite por crear su lugar, el tercero que se hace notar porque “pasa un poco al olvido”, y el cuarto, que por ser el menor,  puede ser sobreprotegido o bien ignorado. 

Hay hermanos que con el paso del tiempo cultivan una íntima amistad, o abren una sociedad o bien se apoyan de forma incondicional. Otros se distancian y toman vidas diferentes y paralelas, haciendo contactos esporádicos para situaciones particulares de celebración o de ayuda mutua. Sin duda, contar con un hermano solidario, empático y cercano puede ser un regalo de la vida, pero no importa tanto el devenir de la relación como el aprendizaje y la comprensión que de uno mismo y de la vida aporta la experiencia, literal, de la hermandad. 

¿Qué si no se tienen hermanos carnales?

A veces se tienen hermanastros, otras veces primos que están criados por los propios padres en la misma casa, a veces familias extensas que conviven en fraternidad, y esos intercambios de pares en los primeros años de la vida, reitero, dan las bases para aprender a relacionarnos, a cuidar, a hacer equipos,  a sumar, a aprender a renunciar y a negociar; a dar voz a nuestras necesidades y por supuesto, a compartir y divertirnos con locura si aprendemos desde temprana edad a jugar.

Yo estoy convencida que el respeto, el cuidado y el honrar la cuna y el linaje del que venimos como hermanos, seamos íntimos amigos, compartamos valores, tengamos la posibilidad de emprender o trabajar juntos o simplemente de vacacionar y disfrutar algunas reuniones, es plataforma para honrar la dignidad humana, el respeto de las diferencias, el reconocer nuestra interdependencia y el manejo oportuno de nuestras competencias y de nuestro poder. 

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