¿Mitos o realidades?

Para hablar de “madrastrasgo” hay que hablar de lo que es una Familia (o una Relación) Reconstituida.

La Familia Reconstituida es la relación formada por una pareja adulta en la que al menos alguno de los dos tiene un hijo de una relación anterior. Esta estructura familiar conlleva retos particulares pues al haber varios adultos a cargo de los hijos es necesario clarificar las obligaciones conyugales y parentales de cada uno de ellos.

Pero antes de llegar a ese punto y obvio antes de conocer a los hijos de tu pareja ¡Conózcanse ustedes como pareja! Y prepárate y entérate de algunas cosas que te comparto:

  • ¿Se están trabajando los duelos previos? Las familias reconstituidas tienen muchas pérdidas, ya sea por muerte de algún progenitor o por un divorcio. Se pierde, sino a una persona en forma literal, sí sueños, casa, un padre y una madre presente, en ocasiones al perro y la flexibilidad económica.
  • ¿Los padres biológicos tienen acuerdos concretos y explícitos sobre los hijos? (económicos, emocionales, sociales). Sin claridad en cuanto a qué toca a quién respecto a la crianza de los hijos biológicos los acuerdos de la nueva pareja se tornarán confusos y complicados.
  • ¿Se tiene claro lo que se espera de ti con respecto a tus hijastros? En ocasiones la nueva pareja tiene diferentes expectativas en relación al rol que se jugará con los hijos previos a su nuevo compromiso.
  • ¿Estás lista para no participar de todas las actividades que haga tu pareja con sus hijos? Es importante, si bien requiere de creatividad, flexibilidad y obvio, tiempo, contar de espacios diferenciados para el cultivo de la pareja, para convivir con los hijos biológicos y para la nueva familia.
  • ¿Se puede hablar con claridad sobre finanzas por aquello de “los tuyos, los míos y los nuestros? Es importante poner sobre la mesa el aspecto económico de la nueva relación, sobre todo cuando se abre la posibilidad de tener hijos en la nueva unión.

Una vez tomada la decisión de “entrarle” a una familia reconstituida hay que moverse con prisa pero con pausas. El acomodo de estas familias toma más tiempo que una familia intacta pues hay más variables en juego. A veces el nuevo amor, con un exceso de entusiasmo por “compensar” el pasado o en construir una familia “ideal”, puede ejercer presión sobre los hijos/hijastros a tener actitudes y realizar actividades que requieren de tiempo para ser procesadas y poderse instaurar. ¡No olvides ir paso a paso!

Tips para ser una madrastra correcta (no perfecta)

  1. Lo primero es asumir que ¡los hijos estaban primero!, lo cual no significa que no seas importante.
  2. Busca el mejor momento para conocerlos por primera vez. Cuándo te sientas preparada y tu pareja también. Ni antes ni después.
  3. No te posiciones de inmediato como una figuras materna. Esto se desarrolla paso a paso y con base a los acuerdos previos y a lo que se puede y se necesita en cada caso.
  4. Ubica tu rol. ¡No eres ni la mamá ni el papá! Hay que encontrar el lugar adecuado en el sistema familiar. Esto no significa que no tengas un lugar o que claudiques a tus necesidades.
  5. No asumas papeles que le corresponden a tu pareja o a su ex. Si te sobrecargas te resentirás rápidamente además de que estarás ocupando un lugar que no te corresponde.
  6. Ten claro tus límites. Reconoce no lo que “debería ser” sino lo que realmente puedes y lo que no puedes. Y se asertiva al compartirlos con tu pareja.
  7. No compitas. Ni por los hijos ni por la ex. Si bien se ha de tener claro el lugar que ocupa tu vida de pareja, recuerda que elegiste a alguien que llega a la relación con hijos/as y ex.
  8. Asegúrate que sea tu pareja quien te de tu lugar. Reclamar a los hijastros y a los ex que te traten de “X o Z” forma es un fracaso seguro y un pleito anticipado. Si tu pareja no se posiciona como “tu pareja” frente a sus hijos y ex es inútil y lastimoso quererte dar ese lugar.
  9. Deja a tu pareja lugares privados con sus hijos. No tienes que estar en todo y con todos. Cada subsistema familiar requiere sus tiempos.
  10. Ve ajustando tus expectativas a la realidad. Por más preparada que estés siempre habrá sorpresas. La adaptación es indispensable para poder avanzar.
  11. Relaciónate lo más cordialmente con la ex. Eso sí existe la posibilidad de lograrlo. Y sino ¡diplomacia siempre!
  12. Desahóga “tus penas” con tus amistades. No sirven los verdadazos con tu pareja, a ella aprende a plantearle lo esencial y con cautela.
  13. Sortea y negocia las barreras de otros círculos sociales. Amigos, colegas, familiares, no siempre reciben con el júbilo que podrías esperar.

Otros temas. No sirve tomarse como personal las reacciones de los hijastros. Recuerda que ellos viven:

  • Duelos en relación a los padres.
  • Conflictos de lealtades.
  • Adaptación a dos estilos y normas pues su familia es binuclear.

¡Pero esto no significa que has de tolerar groserías!

Una buena relación con tus hijastros no implica  amarse profundamente. A veces las expectativas “románticas” del vínculo que se “debe” a generar producen mucho dolor. El amor o el afecto con los hijastros se genera (o no) a través del tiempo, pero lo central no es “quererse y disfrutarse” profundamente, sino respetarse y cuidarse buscando lo que es oportuno y constructivo para cada uno de los integrantes de la nueva familia. Con suerte el afecto también llega.

 

Y recuerda ¡No todas las madrasteas son como las pintan! Puedes “pintar” un nuevo modelo siempre y cuando la situación, tu elección y la relación ofrezca  los colores y pinceles necesarios.

No demos por hecho que entendemos perfectamente a nuestros hijos y que sabemos lo que necesitan y quieren.

 

Para escucharlos hemos de tener presente su edad, su etapa evolutiva, su lugar en la familia y las circunstancias concretas que atraviesa en este momento de su vida, y muy importante, ¡su individualidad!. ¿Es muy sensible? ¿distraído? ¿impulsivo?

 

Escuchar activamente a tus hijos no solo permite una comunicación auténtica con ellos, sino reforzar un vínculo de conexión, comprensión y contención que les permite sentirse mirados, entendidos y cuidados.

 

¡Van los tips!

  1. Escúchate primero a ti. ¿Estás tranquilo? ¿Dispuesto? ¿Agitada? Primero decide si puedes estar presente “en cuerpo y alma” o si  es mejor proponer la escucha para otro momento.
  2. Haz contacto visual, de preferencia poniéndote a su altura para intercambiar miradas al mismo nivel.
  3. Presta atención a su lenguaje verbal pero también al no verbal.
  4. Mira a la cara, asiente con la cabeza y refleja expresiones faciales congruentes con aquello que está explicando.
  5. Refleja en lenguaje sencillo lo que escuchas para verificar que comprendiste lo que te dice.
  6. Si es necesario, para mostrar tu interés y tener mayor claridad, pregúntale detalles para corroborar que le has comprendido.
  7. Incluye, en lo que le dices, los sentimientos explícitos o implícitos que te expresa para que él los pueda reconocer y nombrar también.
  8. Muestra empatía, es decir, demuéstrale aceptación y comprensión ante lo que dice y siente. “Entiendo lo que me expresas”, “imagino cómo te sientes”. Ser empático implica no invalidarlo, rechazarlo o juzgarlo.
  9. Indaga junto con él, a través de preguntas sencillas, la forma en que lo puedes ayudar. No saltes rápidamente a dar consejos y letanías, tampoco manipules las soluciones. Hacerle preguntas acertadas pueden ayudarlo, incluso, a reflexionar y encontrar soluciones solo.
  10. Si aún es necesario, haz con él una lluvia de ideas para tomar acciones adecuadas y cerrar la conversación.

 

Al principio te sentirás extraño aplicando estos tips, pensarás que saber escuchar es difícil, pero verás que con la práctica no solo no es complicado sino que tus hijos se sentirán entendidos, respetados y contenidos por ti. Y te cuento: ¡justo esto es lo que constituye el verdadero amor!.

 

La relación madre/padre hijo se cosecha día a día. Gracias a los aciertos de la educación que les dimos y también a pesar de los errores cometidos, siempre hay una posibilidad de actualizar nuestra relación.
Te comparto esta carta que recibí de Ale este 10 de mayo y lo que le respondí.

Madre,

Estoy pensando en la difícil y gran labor de ser madre que es el motivo por el cual estás siendo festejada el día de hoy y tú bien sabes que a mi no me gusta mucho escribir cartas por escribir, diciéndote lo mismo en cada una pero de manera diferente. 

Honestamente no sé cómo sea con mis hermanos, pero creo que los dos sabemos -por nuestra historia compartida, los años vividos y la forma de acompañarnos en más de una etapa de nuestras vidas- que el vínculo que hemos formado es especial. Por eso te agradezco, pues gran parte de quien soy hoy, se lo debo no solo a la labor de madre que hiciste conmigo, sino a tu empeño de formar un hogar desde cero cuando nos fuimos a vivir a la Roma. 

Tus varias metamorfosis han impactado en ti como mujer, y por consecuencia, en ti como madre, y por consecuencia en mi como hijo; y si me pongo a analizar, no estoy seguro de cuántas madres he tenido. Ahora sí que aquí no aplica el “madre sólo hay una”… Yo he tenido como 3 o 4 diferentes o no sé cuántas. Y cada una ha respondido a lo que le correspondía y corresponde responder en su respectivo momento. 

Y me pregunto: Hoy, ¿a qué te corresponde responder? 

Más que hacerme el muy acá, sólo trataré de brindarte mi perspectiva sobre mí, como tú hijo, de lo que yo veo que te corresponde. Digamos que no es consejo, ni acordeón de examen. Sólo un intento de empatía desde mi cariño para ti.

Para eso me remonto brevemente a mi pasado. Me has dicho cómo me ves tú a mi, pero la realidad es que batallamos bastante con mis habilidades para la escuela que se suponen que posteriormente esas serían mis habilidades para la vida laboral/profesional. Así como no tuve problema alguno con los social y que incluso, en tus palabras, era bastante autónomo, con las calis y responsabilidades mías -generalizando- siempre fui una patada en los huevos.

Hace un rato ya, hablábamos de aquella plática en Acapulco en donde nos dimos cuenta de cómo cada uno alcanza a percibir el contenido de una conversación hasta donde puede -o quiere- según lo que está viviendo. En fin… ese es un ejemplo puntal para mí de cómo respondiste ese día a lo que te correspondía responder en ese momento, en esa etapa de mi vida como mi mamá.

Hoy estás y estoy (y me atrevo a decir que mis hermanos también) en una etapa en donde siento que cada uno, de manera muy diferente, está  consolidando una autonomía, para que desde esa autonomía podamos colaborar y acompañarnos. Y eso es algo que siento hoy contigo y que siento de ti para mí; que estamos empezando una colaboración en algo que tanto nos apasiona que es nuestra vida profesional, nuestra vocación, de una manera que nunca había sentido antes. 

Además el acompañamiento que en este aislamiento he tenido contigo, en donde hemos tenido llamadas largas y sin hablar de algo en particular, pero a la vez de cosas tan significativas en nuestra vida: la de cada uno y la que compartimos. 

Por último, quiero decirte que siento que estás en una etapa en donde te corresponde colaborar con nosotros para que -si dividimos la vida en cuartos o tercios- la última fase de tu vida dejemos todo listo (en términos generales) para que nosotros podamos cuidar de ti; para que disfrutes y para que te disfrutemos. Donde lo prioritario no sea tu trabajo ni nosotros tus hijos, sino tú. 

Madre, te amo. Y me siento profundamente agradecido por la madre que me tocó tener. De todos los humanos que hay en el mundo, me tocó ser tu hijo. Qué fortuna la mía y qué gozo. 

Alejandro

 

 

 

 

 

Amor mío, mientras me daba un tiempo de tranquilidad con varios cursos que me dio por tomar sentada en la terraza del depa de Acapulco viendo el mar, recibo tu mail. Mi corazón salta de gozo, tal cual, lo siento latir aceleradamente y agradezco.

 

Te leo y me siento la madre más afortunada, querida, reconocida y respetada.   ¿Qué más puedo puedo pedir hoy 10 de Mayo? Pero no solo eso, me siento babear de leerte, pero también y tanto de verte en la vida. Y eso inunda mi ser de paz, agradecimiento y satisfacción.

 

Reconozco Ale, nuestro particular vínculo desde ese “desde Cero” que hablas, donde hubieron silencios, llantos, palabras, risas, regaños y ayudas; experiencias todas,  incomunicables. Solo tú y yo las construimos, las vivimos y las atesoramos. Nos transformaron a ambos.

 

Me observas bien, me conoces bien, y sí, siguiendo tu metáfora de la metamorfosis a veces pienso ¿Para qué reencarnar? si yo he muerto y renacido varias veces en esta vida. Me alegro que todas las facetas te hayan aportado tanto porque el amor ha estado siempre y ha sido incondicional pero al mismo tiempo en ciertos puntos limitado y deficitario, y dudar de mi como madre queda hoy tan atenuado al leer tus palabras y al verte vivir y afrontar los desafíos de la vida.

 

Nunca fuiste una patada en los huevos, Ale, pero ¡qué energía la tuya! y obstinación y deseo: porque tu querías hacer lo que querías, cuando querías, como querías, con quien querías y de manera insistente.  ¿Te dije que a tus tres meses amamantándote en Valle pensé que ya no tenía leche porque me empujabas con tu manita para ya no comer? Y nada, fui de regreso al pediatra contigo y leche había y tu subías de peso hermosamente, pero simplemente ya no te daba la gana comer de mi…

 

Percibes bien la etapa de vida en la que me encuentro, en el último tercio, para el que me cuido porque lo quiero disfrutar.  Y sí, quiero priorizarme y no sentir que me faltará tiempo, bajar el paso, disfrutar sin culpas y compromisos innecesarios y expandirme en lo que me falta pues las sorpresas de la vida son inagotables. Esta etapa es la cosecha de tantos años de aprendizaje, esfuerzo, disfrute y también de dolor y pérdidas. Y Ale, es claro que ustedes están en otra etapa y los veo fortalecerse en lo individual y como familia velozmente, lo cual es para mí una culminación maravillosa como madre. Siempre seré y estaré, no hay duda, pero con una ligereza y disfrute que no sé ni cómo describir. Me limito a disfrutar y a agradecer, ¡es maravilloso!

 

Y dices bien, nuestra inteligencia, empeño y vocación crea una coyuntura maravillosa en nuestras vidas, de estimulo, creación, colaboración y sustento de vida. Me emociona infinitamente lo que se va gestando a nivel profesional con este rebote que vamos teniendo. Y me sigue dando sentido de vida saber que a tu estilo y con tus preferencias y saberes continuarás un desarrollo personal, una realización profesional y un impacto social que también. 

 

Confío también que el futuro nos va a regalar muchas sorpresas si nos seguimos trabajando. Y me da tanta paz saber que los tengo, que te tengo, que una parte tuya está para mi y que me amas.

 

ERES MI AMOR.

 

Tu madre

Tere

 

 

Cuando de festejar a las mamás se trata, parece que a todo lo bien que nosotras conocemos a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestra pareja, a nuestros hermanos, ellos poco conocen de nosotras, e incluyo a esta variedad de miembros familiares (y no solo a nuestra descendencia) por no agregar en la lista a algunos amigos, vecinos y compañeros de trabajo. ¿Por qué? Pues es que a las mujeres se nos ha dado ese papel de “hacerle de mamá”, y pilmama, y madrina, y madrastra, de una multitud de personas que reciben nuestros cuidados, nuestro cariño, y nuestro apoyo, más allá de lo que nos correspondería. Nos convendría aplicar el sagrado mandamiento un poquito modificado: “Ámate a ti misma como amas a tu prójimo”

¡Ojo!, no digo que esto sea malo dar cuidados y consideraciones a los demás, pero si vamos a dar a los demás cuidados maternos, más allá de nuestras responsabilidades con nuestros propios hijos, hemos de hacerlo porque de verdad lo deseamos, porque la entrega nos sale sin un sentido de culpa personal, porque los otros no nos lo exigen por ser mujeres, y porque cuando decimos “no, ahora sí no puedo” (o no quiero, o no sé qué ching… me pasa…) no hay ofensas, ni chantajes, ni amenazas ni, menos aún, represalias.

Pero si te vives satélite de las necesidades de todos y jamás siendo el eje de tu propia órbita, este 10 de mayo pide que no te festejen y que mejor observen quien eres y escuchen lo que realmente necesitas.

Te comparto algunas reflexiones:

 

  1. Antes de ser madre, eres una mujer con necesidades, intereses, sueños, y valores que quieres respetar y disfrutar. Dalos a conocer.
  2. Para lograr lo que te propones necesitas tiempo, descanso y algo de dinero. Es momento de pedir esos espacios y si no depende de otros conseguirlos, de darte a ti misma lo que los demás no te pueden (o no te quieren) dar.
  3. No te azotes con temas de maternidad. Puedes ser una madre “imperfecta” sin por eso dejar de ser una buena madre. Para desmitificar el rol materno ayúdales a comprender que amas a tus hijos pero no te identificas con eso de que “las buenas mamás disfrutan profundamente de ellos”,  que “lo más importante en la vida es ser madre”,  y que “no hay amor más perfecto que el de una mamá”.
  4. Claro, aclara que el no encajar en el rol de “la madre angelical” no te resta responsabilidad para con ellos, pero si te libera de culpas.
  5. Muestra que madre “no solo hay una”, así que para alcanzar tus sueños, sin con eso descuidar a tus pequeños, acompáñate no solo del padre (o bien otra madre si tu familia es homosexual) sino de otras figuras maternales que puedas sumarse en este rol. ¿Amigas? ¿Hermanos? ¿Vecinos?
  6. Pide a quien te rodea que si no cumples los roles tradicionales no te señalen que no tienes “instinto materno”. La maternidad es una elección, una vocación y una responsabilidad, no a todas nos sale “instintivamente” y ¡no pasa nada!
  7. Da a conocer tus limitaciones. No hagas creer a quienes te rodean que nada te duele, que todo lo puedes y que siempre la pasas bien. Que miren tus imperfecciones, distingan tus sentimientos y reconozcan tus necesidades; verte como una mujer real, de “carne y hueso”.
  8. ¡Diles que te regalen una buena novela! Sí, busca historias y novelas con temas de mujeres, familias, dilemas de la convivencia familiar, ambivalencias de los lazos afectivos, contradicciones de la feminidad y la maternidad.
  9. Aclara que no eres de las que “da su vida por los demás”. Vive tu vida, y compártela con quienes te rodean. La sumisión, el altruismo excesivo, el sacrificio, la abnegación, son actitudes que con frecuencia nos llevan a postergar o frustrar nuestras propias necesidades para sostener las demandas de otros (hijos incluidos), y claro, luego cobrárselas…
  10. Compárteles tu proyecto de vida. Y es que tus hijos no pueden ser tu proyecto de vida. Tienes que tener un proyecto vital que incluya tus deseos, tus intereses, capacidades, sueños y valores. No se trata, por supuesto de negar que la maternidad pueda ser un proyecto atractivo, pero no el único.

 

Si sueltas el “qué dirán” y echas de lado los mitos sobre la maternidad que te acorralan, podrás priorizar el vínculo con sus hijos, la verdadera conexión y la genuina contención.

¡Que este 10 de Mayo  te regalen tiempo para ti y espacios para crear!

 

 

Si bien hemos ganado muchísimo en tema de derechos humanos que preservan la integridad de los infantes, también hemos perdido la capacidad de enseñarles a capotear el sufrimiento y a desarrollar una voluntad tórrida que les permita afrontar los desafíos que cualquier vida presenta.

Los grandes temores de los seres humanos, citando a Sigmund Freud, son el caos, el ataque y la pérdida o abandono, todos hoy juntos y revueltos por el tema del Coronavirus. No hay duda que los pequeños, grupo particularmente vulnerable, vive esta experiencia también.

Te invito a que esta cuarentena les enseñes a salir fortalecidos con algunas estrategias de afrontamiento que podrán utilizar en cualquier reto y etapa de su vida.  No olvides que lo que menciono son orientaciones generales que hay que adaptar a cada niño de acuerdo a su personalidad, su edad y sus circunstancias.

Aquí te van algunas sugerencias:

  1. Favorece el desarrollo de hábitos. Establecer actividades y tareas concretas que se han de acometer día a día permite la construcción de rutinas que faciliten la vida de nuestros hijos.
  2. Fomenta su autonomía. Actividades como aprender a hacer la cama, abrocharse la agujetas y preparar algo de su comida, pueden generarles sentido de competencia personal, experiencia de logro y sin duda mayor autonomía.
  3. Intercala actividad física y mental recreativa. El adicionar, a manera de juego, actividades – que pueden ir desde subir y bajar escalones tomando el tiempo para “romper records”, poner música y bailar, hasta tener rompecabezas en ciertos momentos del día – son maneras de generar recursos de autocuidado, descanso y distracción, y al mismo estimular su cuerpo y su mente.
  4. Habla de sus y de tus emociones.No siempre son necesarias intensas terapias ni “rondas de sinceridad” para integrar en la comunicación el mundo emocional. Preguntar “cómo te sientes”, “qué le está pasando ahorita a tu corazón”, así como relevarle tus experiencias afectivas, les permite conactar con sus sentimiento y emociones, expresarlos, y – con tu ejemplo – aprender a manejarlos mejor. Es probable que el enojo, el miedo y la tristeza salgan a escena: deja que los expresen y ayuda a que los procesen.
  5. Deja que se aburran. Es imposible mantener a nuestros hijos divertidos todo el día. El aburrimiento es la emoción de la no emoción. Aburrirse sin demandar y sin quejarse es un aprendizaje valioso que les permitirá tolerar la frustración, aprender a esperar, posponer la gratificación y, en una de esas, explotar su capacidad de creación. Todas estas son habilidades de gran valía para forjar el carácter.
  6. Irrumpe con alguna novedad. Introducir un elemento sorpresa anticipando con un “a las 8 les tengo una sorpe”, crea ilusión e incertidumbre. La novedad puede ser tan sencilla como comprar colorantes comestibles y dejar que cada uno elija el color que pondrá a su vaso de leche esa noche.
  7. Cancela de tajo los malos tratos. La violencia no se justifica bajo ninguna circunstancia.
  8. Conéctate con ellos.Si logras activar los puntos anteriores tendrás los ingredientes suficientes para que cada día sea de conexión y no de enojos y represión. La conexión genuina genera intimidad, la intimidad fortalece los vínculos, y los vínculos fuertes son el mejor antidoto de la ansiedad, emoción que anda suelta durante esta cuarentena. 

Pareciera que todo esto esto obvio y de sentido común, pero por lo mismo, fácilmente lo olvidamos. Este 30 de abril regala a tus hijos una forma de relación que les ayudará durante el encierro y por sobre todo, durante toda la vida.

El aislamiento forzado que estamos viviendo puede incrementar el riesgo de la violencia doméstica. Una de las tácticas de quienes perpetúan la violencia es controlar lo que la otra persona hace, a quién ve, con quién habla, lo que lee, a dónde va. Esto incluye utilizar los celos para justificar sus acciones y retenerle documentos o gadgets importantes. Hoy la estrategia de limitar su participación con el exterior la tienen en “bandeja de plata”.

La mayor parte de las víctimas de la violencia en la pareja son mujeres, y la mayor parte de los perpetradores son hombres. Las mujeres tienen un riesgo significativamente más alto de ser víctimas de violencia doméstica que los hombres.

Los perpetradores de violencia utilizan una combinación de las siguientes tácticas para lograr y mantener dominación, poder, y control sobre su víctima.

  • Abuso emocional. Insultar; hacerla pensar que se está loca/o; manipular mentalmente; humillar; hacer sentir mal acerca de una/o misma/o; hacer sentir culpable.

 

  • Coerción y amenazas. Haciendo o cumpliendo con amenazas de hacerle daño, de abandono, de cometer suicido, etc.

 

  • Intimidación. Hacer sentir miedo por medio del uso de miradas, acciones, gestos; destrucción de su propiedad; abuso de las mascotas; mostrarle armas.

 

  • Menospreciar, negar, culpar. Dar poca importancia al abuso y no tomar en serio sus preocupaciones al respecto; decir que el abuso nunca sucedió; cambiar la responsabilidad del comportamiento abusivo; decir que ella fue la que causó el abuso; reclamar que él es la víctima “verdadera”.

 

  • Privilegio masculino/autorización. Tratar como sirviente; tomar todas las decisiones grandes; hacer todas las reglas; ser la persona que defina los papeles de ser mujer y hombre.

 

  • Abuso económico. Evitar que obtenga y mantenga un trabajo; hacer pedir dinero; agarrar su dinero; no dejar que conozca o tenga acceso a la información del ingreso familiar.

 

  • Violencia sexual. Tocamientos y caricias no deseadas; contacto sexual forzado; violación; acusar que es o fue infiel; humillar y objetivar su cuerpo; restringir acceso a atención de su salud reproductiva; forzar a tomar parte en sexo no deseado; amenazar con tener sexo con algún otro; coaccionar a tener sexo.

 

  • Violencia física. Agarrar; empujar; dar patadas; escupir; morder; jalonear; pellizcar; golpear; pegar; cachetear; estrangular; cortar; apuñalar.

 

Si te identificas con esta situación, estás siendo víctima de violencia doméstica.

¡PIDE AYUDA!

 

La violencia doméstica ––a diferencia de los actos que escuchamos a diario en las noticias sobre abusos callejeros, robos en transportes públicos, asesinatos a diestra y siniestra que se refiere a una violencia social– es aquella que se da dentro de los hogares donde se supondría que los miembros de la familia se mantienen en resguardo del maltrato.

Esta violencia se da en cualquier hogar sin distinguir razas, países, educación y estrato socioeconómico. La violencia doméstica generalmente se invisibiliza y minimiza porque al hablar de violencia, los integrantes de la familia piensan en agresiones físicas. Por eso es común que esta violencia se dé en forma silenciosa y dejando estragos en quienes reciben el maltrato.

 

¿Qué es la violencia doméstica?

Cualquier palabra, acto u omisión de un miembro de la familia hacia otro con el fin de controlarlo, someterlo y acotarlo causándole –como efecto– algún daño. En general, quien abusa tiene mayor poder, edad, dinero, fuerza o rango en la jerarquía familiar, y si bien la mayoría de los casos incluye la violencia de género, de hombres a mujeres, también se da de los mayores a los menores, o de los adultos jóvenes a los adultos mayores.

El agresor usa la violencia para imponer sus deseos, generar temor y conseguir lo que desea desde un lugar de poder que dificulta a la víctima oponerse y deslindarse. La violencia familiar se tiende a silenciar, tanto porque se normaliza, así como por vergüenza, temor al juicio externo y o a las miradas con desprecio o incredulidad –al darse entre personas del mismo grupo familiar–.

Sobra decir que las familias ­–aún de forma extraña y contraproducente– buscan cuidarse a sí mismas; por eso es común que busquen proteger al agresor. ¿Qué haría una madre con hijos pequeños sin el abastecimiento de su pareja maltratadora? ¿Cómo saldría un niño adelante sin la presencia de su madre, aunque ella sea quien lo golpea?

 

Tipos de violencia doméstica

La violencia se manifiesta de diferentes formas, unas más difíciles que detectar que otras, pero todas generadoras de potentes daños en la integridad física, mental y en ocasiones económica de las personas.

– Violencia física

 

Ataque físico directo. Desde pellizcos y empujones, hasta golpes contundentes que pueden terminar con la vida de quien los recibe.

Violencia emocional

 

Es más sutil que la física, pero no por eso menos peligrosa, ni lastimosa. Implica gritos, insultos, indiferencias, intimidaciones, chantajes, burlas, manipulaciones y prohibiciones con el fin de disminuir y debilitar a la víctima y dominarla.

– Violencia psíquica

La violencia psíquica o maltrato psicológico está íntimamente ligada a la violencia emocional. Lo que la distingue de aquella es que quien la ejerce actúa de manera ambigua, convenciendo a la víctima de que su forma de razonar y sentir es equivocada y que todo lo que hace, lo hace “por su bien”. Esto lleva a quién la padece a un estado de confusión y desequilibro mental.

– Violencia económica

Evitar que obtenga y mantenga un trabajo; hacer pedir dinero; tomar su dinero; no dejar que conozca o tenga acceso a la información del ingreso familiar.

– Violencia sexual

Incluye tocamientos y caricias no deseadas; contacto sexual forzado; violación; acusar de infidelidad; humillar y objetivar su cuerpo; restringir acceso a atención de su salud reproductiva; forzar a tomar parte en sexo no deseado; amenazar con tener sexo con algún otro(a); coaccionar a tener sexo.

 

Efectos

Los casos de violencia dejan múltiples heridas psicológicas, materiales y a veces físicas en los afectados. Entre ellas son comunes los estados de estrés y angustia que pueden derivar en francos cuadros de depresión.

La experiencia de confusión y debilitamiento que pudieran parecer “menores”, hacen que las personas sometidas a estas situaciones tengan dificultad para reconocer y verbalizar lo que están viviendo, y superar el temor a pedir ayuda.

 

Para salir del hoyo…

En estos casos el apoyo externo es necesario para detener la violencia y al mismo tiempo recuperarse de la misma. Quienes son víctimas de estos tratos no son responsables de las conductas del agresor, pero sí de poner a salvo su integridad física y mental.

Los acompañamientos psicológicos, legales y psicosociales no solo facilitan salir de la situación de riesgo sino sanar los efectos psíquicos y emocionales resultantes de este tipo de experiencias.

 

 

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El papel de la suegra ha tenido un impacto histórico en la vida de las familias. Las mujeres durante años, hemos sido educadas para hacernos cargo del mundo de los afectos, de lo doméstico, de los cuidados hacia los demás, si bien esto va cambiando, sigue habiendo familias y, en particular, mujeres que están identificadas y posicionadas completamente en este rol.

Entendiendo esto, podemos imaginar que cuando un hijo varón se casa (pensando por ahora en una relación heterosexual), la madre, siguiendo esta línea, considera que va a ser ella la que va a dar el toque del estilo de vida familiar de la nueva pareja, el modo de resolver las tareas domésticas, las indicaciones de cómo cuidar los afectos de la nueva familia, los tips para velar por el adecuado cuidado de su hijo, ¡ni qué decir de la forma de educar a sus nietos si los hay! En fin, muchas “súper suegras” se consideran las encargadas de enseñar a las nueras cómo construir un hogar.

Es ahí, evidentemente, donde puede comenzar el jaloneo entre las dos mujeres que se identifican con ese rol, que se viven como cuidadoras y que se consideran encargadas de lo emocional, para ver a cuál de las dos les hace caso el hijo-esposo. Sobra decir, que más allá de que me parezca importante que una mujer empoderada viva a su pareja como mutuamente responsable de esos roles con ella, a la suegra ya no le corresponde jugar ese rol: a la suegra, que ya fue madre, que ya lleva camino recorrido, le toca entender que la nueva familia de su hijo no va a vivir como ella quiere, que no replicarán sus valores, que la pareja que inicia encontrarán su propio estilo de vida, y que se equivocarán y repensarán como asimilar y aprender del error.

Siguiendo en esta línea, valdría la pena decir, que un hijo adulto que no obedece plenamente a sus padres, que se alía con su pareja, que no acata ciégamente los mandatos maternos y familiares, da cuenta de una buena educación, pues una educación exitosa lleva a la autonomía, a la toma de consciencia, a un pensamiento independiente, y a la construcción de nuevos modelos de vida adecuados a los retos presentes y a las personas que los desafían. Se vale –y suma como parte de la integridad personal– ser buen hijo: respetuoso, considerado, generoso, conectado; pero un hijo que idolatra a su madre o padre, generalmente es mal padre o mala pareja, pues cumple una función de pareja o padre de sus propios padres.

Dicho lo anterior, ¿cómo se puede ser una buena suegra?:

  1. Se debe considerar si las intromisiones en la pareja de su hijo responden más que a su “buena voluntad”, no se deben resolver los problemas propios en otra parte.
  2. Las buenas suegras aprenden que los límites pueden ser oportunidades para “jubilarse” de un estilo de ser madre que está caduco ya. Estos vínculos sanos equlibran la cercanía/distancia entre las familias.
  3. Una suegra buena entiende y tolera que la nuera y el hijo prueben métodos, hagan sus pininos y tropiecen en el transcurso del tiempo. Da su opinión cuando se la piden, y a manera de propuesta, no de juicio, ni de mandato, y mucho menos de manipulación.
  4. Una buena suegra tiene un proyecto de vida personal, no puede hacer de su hijo y de la familia de su hijo su proyecto de vida.
  5. Las buenas suegras trabajan sus propias carencias y dolores del pasado para no querer resolverlos a través de sus hijos que están viviendo otra situación de vida diferente a la propia.
  6. Quizás algunas cosas bien pensadas, con estrategias bien planeadas, pueden ser aclaradas con su nuera, pero los reclamos y enojos de una madre debe manejarlos con su hijo, directamente. Ciertamente, la relación madre e hijo siempre se puede actualizar, mejorar o perdonar, pero entrar en una dinámica agresiva suegra-nuera es desgastante: por un lado, puede hacer que el hombre se distancie de las cuestiones domésticas, pensando que son problemas que solo corresponden a las partes en disputa (problemas de “viejas”) y, por otro, en realidad siempre es más fácil resolver algo directamente con el hijo, y que el hijo aprenda a poner límites a su propia madre y a llegar acuerdos con su esposa si es necesario. Cuando una relación suegra-nuera se daña, difícilmente es reparable.

 

El punto de ser una suegra perfecta es ser una mujer realizada, madura, que ubica su papel en el rol familiar, que entiende lo que es la autonomía y que si no la ha alcanzado todavía, está en momento de alcanzarla. Además a ella le corresponde, como persona con más experiencia de vida, y mayor rango de responsabilidad, manejar esta situación de forma más inteligente.

 

Una mujer construirá junto con su pareja una sólida relación de pareja, no por las batallas ganadas a la suegra, sino por su apuesta a la propia madurez y a la solidez construida en su nueva relación. Pero ojo, el papel del hijo es central en esta triada: un hombre que se abstiene de definir su postura a favor de su pareja y sigue “exaltando” de manera desbordada el rol de su propia mamá, favorecerá el crecimiento del conflicto, el distanciamiento y la ruptura de su propia relación.

 

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Lealtades Familiares Invisibles

 

Generalemte llegamos al mundo cargando maletas de temor, de ambición, de avaricia, de tristeza, de nuestros ancestros. Pareciera que ellos quisieran seguir perpetuando sus historias a través de nuestras vidas. Este equipaje puede ser de nuestros propios padres o bien de familiares de generaciones anteriores que pasaron sus ideales, penas y deseos a los que les hemos seguido.

Si examináramos con detenimiento la mayoría de nuestros miedos, de nuestros deberes, de las formas de ver el amor, las creencias sobre el trabajo, la muerte y las personas, descubriríamos que pocas veces están basados en nuestras propias experiencias de vida. Un poco de reflexión y observación nos permitiría identificar que el miedo ante la escasez económica, o la culpa ante la libertad sexual, o el recelo a los que son de otra sangre, raza, preferencia sexual o religión pertenece a alguno de los que nos precedió.

Todas estas experiencias, aprendizajes, o respuestas que dieron a sus pasadas vidas nos alcanzan y nos modelan a través de un sin fin de mitos, patrones, dichos, incluso castigos, que limitan nuestra forma de vivir y de actuar.

 

¿Qué son las lealtades invisibles?

Las familias, por inercia, se repiten a sí mismas. Influyen en sus miembros heredándoles el significado que han dado a la existencia.

La lealtades familiares son fibras invisibles pero resisentes que mantienen unidas a las familias a través de comportamientos complejos en las relaciones de unos con otros. Las interacciones familiares buscan por medio de consejos, manipulaciones, chantajes, premios y exhortaciones, transmitir de manera consciente o inconsciente lo que consideran que es bueno para la preservación de sus integrantes y para la unión familiar.

Así, gran parte de nuestra historia personal se construye por significados y recuerdos transmitidos, que pueden o no ser útiles y constructivos para nuestra presente situación, relación o profesión.

 

Construir la propia historia

Si bien no es necesario tirar por la borda todo lo heredado, sí podemos reconocer –por el efecto que tienen algunas relaciones familiares así como por nuestras formas de tomar decisiones importantes– que requerimos construir nuestra propia historia tomando lo que consideramos de valor, adecuación y utilidad de nuestras familias de origen y replanteando lo que nos hace sufrir o simplemente no nos funciona en la actualidad.

Crecer es reescribir y reinventar nuestra vida con guiones alternativos a la historia de nuestra predecesores, honrrando el pasado pero resignificando nuestro presente. Esta reinvención no requiere ni de la ausencia ni de la presencia de sus autores originales, pero sí de la posibilidad de ir devolviendo simbólicamente a cada quien su historia y de ir abriéndonos a la construcción de una trama adecuada a quienes somos hoy.

Solo un concienzudo trabajo interior unido a límites claros pero compasivos con el exterior, nos permitirá soltar las cargas que no nos corresponden y aligerar el equipaje que requerimos para vivir mejor.

 

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“Los padres de más éxito en su misión son aquellos que tienen la rara habilidad de meterse detrás de los ojos del niño y que logran ver lo que él ve, pensar lo que él piensa y sentir lo que él siente. Al final, los que saben interpretar el significado que yace detrás de su comportamiento”

Gottman

 

Los niños constituyen el recurso más preciado de la humanidad. Sin embargo por el modo de proceder humano parecería que otros recursos son más importantes: se estudia afanosamente para construir casas, administrar negocios, interpretar leyes, hasta que un día se afronta en completa ignorancia la tarea de educar a nuestros hijos.

 

La sociedad exige un entrenamiento y preparación para todo tipo de trabajo relacionado con los niños: maestros, psicólogos, entrenadores, etcétera., pero en ocasiones las personas más importantes en la vida de los niños, los padres y las madres, asumimos la labor de educar a nuestros hijos sin ningún entrenamiento especial. Acometemos la tarea más difícil y absorbente, que dura las 24 horas del día, durante muchos años, en tranquila y completa ignorancia: ¡el primer niño que muchos de nosotros conocemos de cerca es nuestro propio hijo!

Agreguemos que vivimos en una época con demasiadas exigencias, cambios acelerados y retos particulares: Hoy, como padres y madres de familia enfrentamos desafíos que muy probablemente la generación de nuestros padres y abuelos no tuvo que sortear.

¿Qué aspectos son centrales para un desarrollo integral que lleve a los niños a desarrollar su potencial y a sentirse seguros de sí mismos? El manejo de las emociones como camino de autoconocimiento y reflexión, y la disciplina eficaz.

Las investigaciones han demostrado que los niños y las niñas educados por padres y madres que valoran y guían sus emociones, pero que al mismo tiempo tienen límites claros al instaurar una disciplina adecuada, hacen un mejor papel en diversas áreas de su vida.

Los niños guiados emocionalmente por sus padres:

  • Forman amistades más fuertes.
  • Se desempeñan mejor en la escuela.
  • Aprenden a lidiar más efectivamente con sus estados de ánimo (humor) y tienen menos emociones negativas.

  • Se recuperan más rápidamente de eventos conflictivos.
  • Se enferman menos.

  • Disfrutan más la vida.

 

Ser un padre emocionalmente inteligente permite:

  • Distinguir el propio mundo emocional.
  • Interactuar con los hijos cuando las emociones se ponen en juego.
  • Ayudar a los hijos a reconocer sus sentimientos y emociones y ponerles nombre.
  • Reflexionar y actuar en consecuencia de manera oportuna y constructiva.

 

No podemos dejar de señalar que en la base de la educación de nuestros hijos y nuestras hijas debe estar el amor, pero el amor por sí mismo no es suficiente. Los padres dedicados, cálidos e involucrados con la crianza, tienen actitudes específicas en relación con sus propias emociones y las de sus hijos, al tiempo que desarrollan un escenario de normas claras, adecuadas y explícitas que contienen a sus hijos y les dan seguridad.

 

 

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  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.