Más que un cambio de discurso

Escrito por: Tere Díaz

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

El cambio de contexto social actual nos está llevando a la equidad de género y la inclusión social. Antes, los roles de género indicaban que el hombre era proveedor y la mujer la encargada de la guía emocional, la crianza y contención de los hijos e hijas. En un nuevo paradigma esperamos que los hombres se involucren como guías emocionales y que el trabajo del hogar y de crianza sea equitativo.

 

Para ello te dejo 5 ideas para apoyar el cambio a modelos de paternidad positiva

 

1. Reconozcamos los esfuerzos individuales de muchos hombres por salir de los modelos tradicionales y de adoptar esquemas de una paternidad nutricia y emocionalmente potente y comprometida.

 

2. La paternidad, o el amar, se aprenden de las vivencias que ocurren a lo largo de nuestra vida. No es genético o biológico (como diría la visión sexista que impone estereotipos de género), es un atributo construido a través de relaciones y la influencia de la cultura.

3. Dejemos de creer que la paternidad/maternidad son actos automáticos y de instinto. Eliminando la creencia de que ser padres es una “misión biológica” o una necesidad fisiológica podremos entender que no nacemos ni padres ni madres, ¡nos hacemos! Necesitamos desarrollar una figura comprometida que cuida y procura a sus hijos, que se construye maternal, paternal, familiar y socialmente.

 

4. Con una actitud propositiva y, contando que hay que garantizar el libre desarrollo de la niñez y su derecho a la libre autodeterminación, es posible sobreponerse a los mandatos tradicionales de género y adoptar la crianza compartida como una opción posible y necesaria.

 

5. Abramos el diálogo entre hombres para revisar machismos y modelos tradicionales de masculinidad; realicemos un esfuerzo de cambio, pues el beneficio para los hijos (y para ellos mismos) vale la pena. Incluso para quienes han renunciado a la paternidad biológica, pero no la capacidad de educar y compartir experiencias amorosa y empáticamente.

 

Al participar de la construcción de modelos visibles de padres comprometidos con el cuidado físico y emocional de sus hijos, confío en que las nuevas generaciones gocen de padres más presentes.

Abro hilo ¿conoces a alguien que ejerce la paternidad positiva? Cuéntame que características destacarías de su labor como padre.

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 7 minutos

 

Pareciera que lo que  más lastima a los hijos en un divorcio y una separación no es el dolor de que la familia nuclear se convierta en una familia binuclear, lo cual sin duda es un reto y tiene pérdidas y dolores para todos: los hijos, los padres, los familiares, los amigos cercanos y, a veces, hasta para la mascota. Este duelo se supera oportunamente si se recorre un sano proceso de recuperación. Sin embargo, lo que es difícil superar siendo hijos es el ataque constante, el rechazo continuo, el enjuiciamiento cotidiano, las agresiones de ida y vuelta y sobre todo las triangulaciones que hacen la madre o el padre para usarlos como “piezas de cambio”, cuando ellos mismos como adultos no superan la separación o el divorcio y sólo tienen “deseos de venganza”.

Hay casos de separación en los que no era un mal padre, pero sí una muy mala pareja, y que como tal pudo haber sido abusivo, desconsiderado, descuidado con la madre de los hijos. Este escenario genera en los hijos un conflicto de lealtades pues ellos quieren a ambos progenitores. ¿Cómo voy a querer a mi papá que sí me cuida y que me hace bien si lastimó a mi mamá?

Hacernos cargo de nuestros malestares con respecto a la separación y al ex, y liberar a nuestros hijos de tener que “tomar partido” por uno o por otro, es una forma de evitarles dolores y problemas que no tendrían que ser parte de un duelo normal ante una separación.

1. Tu hijo o hija no tiene que ser tu aliado  

Hay que entender los niveles jerárquicos que tienen los sistemas familiares, en la que los distintos miembros ocupan diferentos posiciones: esposo y esposa, papá y mamá, hermano/hermana, hijo/hija. Cuando a un hijo lo colocamos en el sistema parental o conyugal  para hacerlo aliado o cómplice de uno de los progenitores y así atacar a la expareja, o bien le damos funciones que tenía el padre o madre, y lo estamos privando de su lugar de hijo en el que no le corresponde resolver sino ser escuchado y cuidado.

 

2. ¿Cómo reacomodar el sistema familiar tras una separación? 

Cuando el padre es un buen padre y  el hijo no está en riesgo con él, sino que por el contrario, se beneficia de su presencia y compañía, más allá del enojo que a ti como madre te genere su vínculo, has de hacerte responsable de tus propios sentimientos y problemas, para no interferir en aquella relación. Esto no significa que debas ocultar a tus hijos tu dolor, que niegues que estás en un proceso de aceptación, o que tienes asuntos que resolver con su padre, pero ellos deben saber que esa tarea te corresponde hacerla a ti y que estás trabajando por resolver y sanar.

Descargar de manera verbal o física,  el dolor que tu expareja te causo a ti en tus hijos,  para que ellos tampoco quieran al padre sí genera trauma, sí genera  daños que superan el proceso normal de recuperación tras un divorcio o separación.

 

Entonces, los hijos que ven a sus padres comportarse de manera madura y responsable, como equipo –o al menos no como adversarios- tienen un mejor desarrollo emocional y mental, tienen más estabilidad para generar buenas relaciones sociales.

¿Consideras que la relación qué llevas con el papá de tus hijos tiene áreas de mejora? ¿Qué cambiarías?, no olvides que, de considerarlo pertinente, siempre puedes buscar apoyo en un terapia para trabajar el como tú te sientes al respecto y mejorar la situación para ti y tus hijos.

Por aquello de los festejos de la escuela…

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 5 minutos

 

1. Empecemos por normalizar que hay muchos modelos de familia

 

Estamos siendo testigos de una evolución de las familias, aunque todavía se privilegia la normativa heteroparental (familias  de un papá, una mamá, hijos e hijas), no podemos negar que hay otro tipo de familias. Y para poder normalizar una situación como la ausencia de una figura paterna en las celebraciones, hay que ser capaces de entender esa diversidad de modelos y eliminar la vergüenza o culpa que podría existir en aquellos festejos que tienen una gran carga emocional y social, como el Día del Padre.

 

2. Distinguir las causas por las que falta un papá en el hogar

 

Es importante considerar las razones por las cuales  en determinada familia no hay un papá. No es lo mismo la explicación y el manejo en una familia en la que la madre eligió serlo por inseminación artificial, donde en vez de un padre hay un donador, que el caso en el que la muerte del progenitor dejó a una mujer en estado de viudez a cargo de los hijos. En ambos casos es relevante que la comunicación sea clara con los hijos para que puedan entender la configuración particular y única de su familia, así como atravesar los retos que su situación implica.

 

Cuando, por otro lado, hablamos de un padre ausente –por abandono, migración, o por alguna otra razón en la que no hay forma de tener contacto con él- es necesario que, de acuerdo a la edad del niño o niña, se le de una explicación puntual y realista sobre el motivo de la ausencia, un acompañamiento emocional para procesar la noticia, así como -si es posible, oportuno y constructivo dependiendo del caso ver la posibilidad de localizarlo, sin dejar de  preguntársele al niño si le interesaría tener contacto, verlo, llamarlo, escribirle una carta, etc. Para este último caso se debe advertir y prever los diversos resultados que puede tener ese esfuerzo: que el papá tal vez no responda, o que pueda causar una desilusión, o tener una respuesta no ideal.

 

Lo más importante en estas situaciones es no poner en riesgo la integridad física o emocional del hijo, hay padres cuyas cercanía, en caso de localizarlos, resulta más dolorosa y peligrosa que edificante, y en tales casos o en aquellos en el que el papá no responde, mostrarles desde la experiencia, la inaccesibilidad del papá.

Es central tener el criterio, y si es necesario, pedir ayuda profesional, para poder orientar al pequeño en las mejores acciones que tomarán como familia para conocer, entender y  aceptar cualquiera que sea el descenlace y  la realidad.

 

3. Genera grupos de crianza adecuados a tu tipo de familia

 

Vale la pena decir que para los niños con familias uniparentales es importante construir redes de apoyo que se conviertan en grupos de crianza compartida, y sin abdicar a la responsabilidad de ser una madre soltera, propiciar más vínculos emocionales con tíos, abuelos, amigos que cubren el rol de acompañante para que el cariño y el crecimiento del hijo o hija no se centre en una sola persona, y que cuente con apoyos y contenciones que sumen a su capital social y emocional.

 

¿Te pareció útil este post? , abro hilo: ¿Qué practicas te han funcionado al explicar a tu hijo o hija la ausencia de su papa? ¿cómo has logrado minimizar la carga emocional en las celebraciones del día del padre para tu hijo o hija que no cuenta con esa presencia?

De la serie “Madres ¿culposas o amorosas?”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

¿No pudiste llegar a la actividad escolar de tu hija por el trabajo?,  ¿lo dejaste llorar porque te sentías exhausta?, ¿le diste comida en lata o con azúcar?

Como madres tendemos a cargar con la cruz de la culpa por estar, por no estar, por hacer, por no hacer, por decir y por no haber dicho. Las mamás debemos aprender a transitar y gestionar este sentimiento, por eso te aconsejo:

  1. Agarra la culpa y transfórmala en “reparación”. Es inevitable que te equivoques, entonces ¿cómo puedes arreglar lo que salió mal? ¿Qué hago para que no se repita?
  2. No someterte a ella, no caigas en las ideas románticas de ser mamá y las presiones sociales lo acompañan.
  3. Prioriza la conexión, vínculo con tu hijo y la contención a través de los límites.
  4. No hagas de tus hijos tu único proyecto de vida; que tu proyecto sea los suficientemente rico y variado para no quedar con las manos vacías cuando los hijos se independicen.
  5. Madre NO solo hay una: se vale crear equipos de apoyo para la co-crianza y el co-cuidado de los hijos.
  6. Practica yoga emocional: fortalecerte para no sobreproteger a los hijos, aprende a poner límites y ten claridad para decir sí cuando es sí y no cuando es no.

 

Y un pilón: no extiendas tu rol al resto de tu entorno. Existen mujeres que son madresposas: se adjudican no solamente el cuidado de sus hijos, sino el de sus parejas, de sus padres, vecinos, jefes y demás. En los intercambios sociales debe haber un balance: no solo dar sino pedir y recibir también.

Seamos mamás suficientemente buenas, dejando de lado los estándares que se nos imponen. Al final, lo que menos tiene la vida es perfección. Y en este aspecto, te recomiendo la película Una vida sin terminar, donde vemos la menos que perfecta vida de Jean y su hija.

De la serie “Madres ¿culposas o amorosas?”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 4 min 40 s

 

  1. Mito del instinto materno. La maternidad es una vocación, no un llamado de la naturaleza. Si ya tienes hijos y descubres en el camino que “no se te da eso del instinto”, ¡no pasa nada! Hay mucho que hacer para ser una madre suficientemente buena. No tienes que torturarte por no experimentar esa sensación de plenitud que otras mujeres reportan (genuinamente o por subirse al tren de la “supermom”).
  2. Sucumbir a la presión y juicio social por nuestro desempeño. Hay un listón tan alto -algunas veces autoimpuesto y a veces externo- que “poco o nada nos permitimos equivocarnos”. Hay expectativas de lo permitido y lo no en cuanto una se convierte en madre. ¡Y ni qué decir si no te conviertes nunca!
  3. Miedo a repetir la educación que nos dieron nuestros padres. La frustración de querer aplicar un modelo de crianza supuestamente más respetuoso del que nosotras recibimos, intentando frenéticamente no repetir lo que consideramos “errores” de nuestras propias madres. Un modelo ¿respetuoso con quién? ¿tiene sentido intentar cumplir con las exigencias de ese modelo si vamos a acabar ahogadas?
  4. Imposibilidad de equivocarte. El error forma parte de la exploración, así que equivocarse es sano o corriente. Además, da la oportunidad para explicarles a los infantes que errar es humano, que se puede reconocer, pedir disculpas y reparar en lo posible. Y da la oportunidad de gestionar la frustración al enseñar que no siempre las cosas salen como esperamos.
  5. Querer esconder tus limitaciones. Déjales ver que no puedes con todo, que no eres superhumana. No les hagas creer que nada te duele y que siempre la pasas bien. Que vean tus imperfecciones, distingan tus sentimientos y reconozcan tus necesidades; verte como una mujer real, de “carne y hueso”, los ayudará a ser vulnerables y más humanos.
  6. Entrar a la competencia social por tener los “mejores hijos”. ¿Por qué tus hijos tienen que ser los mejores?, ese pensamiento sólo pone presión innecesaria en ti y en ellos. No hay paz ni felicidad en un vivir en un mundo dividido entre los que “ganan” y los que “pierden”.
  7. Creer que podemos evitarles el sufrimiento. No hay modo de evitar que sufran de uno u otro modo. El dolor no sólo es inevitable en ciertas circunstancias, sino que es una experiencia de vida que, bien afrontada y asimilada, ayuda a madurar. No sobreprotejas a tus hijos, para que sepan manejar los dolores propios de su edad o los tropiezos que la vida les ponga.
  8. Conflictuarte cuando sientes que “los quieres y los odias”. Los vínculos humanos se caracterizan por la ambivalencia y la contradicción, a veces incluso la incongruencia.
  9. Sentirte egoísta por tener espacios personales. Necesitamos espacios propios. En ocasiones vivimos al límite y se acumula el cansancio, entonces así como no es sano estar siempre trabajando y no tener tiempo para desconectarse, tampoco lo es estar día y noche criando.

 

Recordemos que las mujeres que dan la vida por los hijos no sólo con el tiempo se los cobran, sino que tienden a descuidarse, reprimirse y terminan, si no enfermando, siendo una carga para ellos. Estemos atentas de estas actitudes que nos llevan a la culpa para poder maniobrarlas y transitar este sentimiento hasta lograr asimilarlo y transformarlo.

 

Te recomiendo Las cosas por limpiar, una serie en la que vemos a la protagonista -madre soltera- luchar por sacar adelante a su hija.

De la serie “Madres ¿culposas o amorosas?”

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 min 40 s

 

Uno de los papeles más exaltados, endiosados y mitificados es el de la “buena madre”. Pero, ¿qué pasa cuando te sientes presionada por ti, el entorno y los hijos para ser una madre perfecta? Te esfuerzas, te agotas, te frustras, y también te culpas.

 

¿De dónde viene este sentimiento de culpa?

Primero que nada, tengamos en mente una diferencia esencial que no se toma en cuenta: no es lo mismo la capacidad de tener hijos  que el deseo de tenerlos y el gusto por criarlos, (maternidad-mothering = crianza).

 

Agreguemos la romantización sobre la maternidad. Nunca falta la persona que casi contorsionándose de emoción afirma: “No me imaginaba que se pudiera amar de una forma tan brutal, tan incondicional, tan, tan… no sé”. Quedándose sin palabras para describir el amor de madre que experimenta. Y es que, es difícil contradecir a quien está convencido de que la mujer verdadera es la mujer madre, y que sólo a través de la maternidad se accede al amor que nunca antes se sintió.

Por otro lado, se juzga a las mujeres que se atreven a pensar: “Los hijos son una pesadilla. Los puedes amar, sí, pero la inversión de tiempo, dinero y esfuerzo, no retorna”. Además, nos toca capotear el juicio de profesores, pediatras, padres, comadres, y de todo aquel que tuviera algún comentario al respecto; o los múltiples blogs de internet con fans de la lactancia prolongada (y casi obligada) y del colecho (que los bebés y niños duerman en la misma cama que los papás) hasta la primaria.

 

Nuevamente, el perseguir ser una madre perfecta o “aceptable”, hace que inevitablemente que la cara de la maternidad vaya siempre de la mano con la cruz de la culpa: culpa por estar, por no estar, por hacer, por no hacer, por decir y por no haber dicho.

 

Es necesario que entendamos que la maternidad se transforma con el tiempo, en actualidad no podemos verla con ojos del pasado debemos evolucionar a una cara real de la maternidad.

 

Te invito a reflexionar de donde vienen tus culpas como madre y a seguir con esta serie para poder contrarrestar ese sentimiento de culpa.

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

Si bien la frustración es una emoción recurrente en los niños, que se expresa con llanto, gritos, enojo e, incluso, comportamientos agresivos, es nuestra labor como adultos enseñarlos a comprenderla, darle nombre y asimilarla.

Por eso, continuando el post ¿Qué hacer cuando tu hijo pierde y se enfada por ello? Consejos para ayudarlo a manejar la emoción. Parte 1, te dejo los siguientes consejos que te ayudarán a darle herramientas que los fortalecerán para cuando enfrenten momentos de frustración:

 

1. Dale técnicas de relajación. Si le enseñas a respirar: inhalar y expirar, puede conseguir concentrarse en ambos movimientos y calmarse poco a poco.

2. Aplaude cuando tu niño hace las cosas bien. Tanto con palabras como con gestos.

3. Da el ejemplo. Nunca puedes olvidar que los padres somos referentes y modelos a seguir de nuestros hijos.

4. Hazle ver lo relevante que es aprender de la derrota para mejorar. No siempre se gana, no siempre te “sales con la tuya”. A veces es suerte, otras trabajo, otras es multifactorial. Trabaja con la idea de que en el segundo intento ya hay medio camino recorrido: ya se sabe en qué consiste el problema.

5. Señala la emoción cuando se produzca. Aprovecha, por ejemplo, cuando en una película o un cuento infantil aparezca un personaje sintiéndose frustrado para señalar dicha emoción.

6. Enséñale qué es el esfuerzo. Junto con la perseverancia y el trabajo duro son algunos de los valores que debemos transmitir para que aprendan a manejar la frustración.

7. Pon normas y límites. Decir que no deja un aprendizaje muy relevante a los niños: no siempre podemos conseguir todo lo que queremos. Hay que intentar decirlo de forma positiva y tratar de ofrecer al niño alternativas. Es esencial consensuar normas con nuestros hijos acordes a su edad.

 

Recuerda que el próximo 11 de mayo daré una conferencia sobre ¿Cómo no ser una madre perfecta? Y ser una ¡buena madre!

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 3 minutos

 

Está en nuestra naturaleza sentir frustración cuando algo no nos sale como queremos o esperamos, también está en nuestra naturaleza aprender a manejar las emociones que, hasta cierto punto, nos hacen daño. Como papá y mamá es tu labor guiar a los hijos para poder manejar las situaciones ante esta emoción; por eso te aconsejo:

 

1. Mantén la calma. Si te ven con ansias o nervios, es poco probable que se serenen. Si hablas con tranquilidad y asertividad, la tormenta pasa.

2. Enséñale a controlarse. Es importante que el niño ponga nombre a la emoción. Que si está enfadado sepa que lo siente se llama “tal”. Podemos emplear la palabra “calma” o “stop” cuando esté intranquilo, y decirlo mientras físicamente lo contienes y lo ayudas a parar. En ocasiones una simple palabra, con trabajo previo, consigue bajar revoluciones.

3. Enséñale a identificar y entender lo que siente. Es importante que el niño ponga nombre a la sensación que le invade. Que si está enfadado sepa que lo siente se llama enojo, tristeza, decepción, etc.

4.  Reconoce la frustración sin hacer de ella el centro de atención. Puedes acompañarlo en los momentos en los que se frustra, pero sin dejar que de rienda suelta a su enojo, ni hacer de lo pequeño algo grande. Lo que importa es que el momento pase.

5. Mantente firme. Es esencial permanecer en una idea y seguirla sin titubeos. Si cambian las normas, los límites no quedan claros y es fácil que el niño se confunda y no aprenda a manejarse oportunamente cuando transite momentos de frustración. Es importante que ambos padres estén remando en el mismo bote y en la misma dirección.

 

Hablar como pareja, o con los otros adultos que co-educan al pequeño (una abuela, una pareja que no es progenitor) es de vital importancia  para  que el equipo de padres o de adultos a cargo, reme en la misma dirección.

En la segunda parte hablaremos de que podemos hacer para darles herramientas para afrontar estos momentos de frustración.

 

Y, para dar continuación al tema: este 11 de mayo no te pierdas mi conferencia ¿Cómo no ser una madre perfecta? Y ser una ¡buena madre! 

Síndrome de la madre o padre impostor

Escrito por: Tere Díaz

 

Tiempo de lectura: 7 minutos

 

Si bien los seres humanos siempre hemos requerido, a diferencia de otras especies de animales, de cuidados especiales y afectos para desarrollarnos y crecer, en la actualidad las exigencias impuestas por la sociedad para cumplir los 200 mandamientos de la crianza “perfecta” y de los “retoños” exitosos, se han convertido en algo imposible –e innecesario– de cumplir.

 

Los avances en cuanto a conocimiento del desarrollo infantil y derechos humanos de niños y niñas resguardan a los menores de abusos y negligencias que entorpecen su óptimo crecimiento, pero de ahí a esperar que cada uno de nuestros hijos e hijas tengan una vida perfecta y sin sufrimiento, hay una brecha infranqueable.

 

No somos perfectos, ni nuestros hijos lo serán y no podremos quitar de sus vidas algún sufrimiento innevitable, ni podemos medir nuestro éxito como padres o madres relacionado a sus elecciones de vidas. Es por eso que darnos cuenta de la presión que genera la idea de que el bienestar y felicidad de nuestros hijos depende de nosotros, puede ser frustrante, desmoralizante, y paralizante.

 

Señalamientos con direcciones opuestas

¿Has experimentado como padre o madre el Síndrome del Impostor?

 

¿Has sentido esa duda respecto a tus propias capacidades como educador de tus hijos? Aquella que te lleva a sentirte siempre en falta. Vivir en un cuestionamiento constante sobre lo correcto e incorrecto de la forma de crianza y con una ansiedad galopante sobre hacer fracasar a tus hijos, desata el famoso Síndrome del Impostor.

 

Es claro que, además de los señalamientos de nuestros propios padres, las comparaciones con nuestros amigos que también están criando hijos y, a veces las dificultades con nuestra propia pareja, nos llevan a subir los estándares en materia de crianza, pero también el impacto de las redes sociales que solo muestran los logros de padres y madres en sus faenas y no los fracasos del día a día, detonan nuestra persecución personal sobre cómo educar a los hijos y prepararlos mejor para la vida.

 

Familia de 5, en vectores

Aprende a perdonarte

 

Sí, cometemos y cometeremos errores al educar a nuestros pequeños, pero ¿no es de humanos responsables detectarlos y repararlos? ¿y confiar también en el potencial de crecimiento que nuestros hijos? Y esta postura no significa “lavarnos las manos” respecto a su cuidado o incluso desatendernos de nuestra responsabilidad de cuidar y educar. Pero en cuestión de crianza hay que establecer estándares propios de acuerdo con nuestra particular escala de valores, y con el conocimiento preciso de quién es y qué necesita cada uno de nuestros hijos.

 

No hay reglas para la crianza: cada hijo es único y responde a diferentes estímulos, por lo tanto necesita diferentes métodos para educar y para aprender. Visto así, el Síndrome del Impostor lejos de facilitar nuesta mejor atención y aprecio a nuestros hijos, y de generar el darnos cuenta de nuestros errores y repararlos,  hace que nos convirtamos en nuestros propios verdugos y enemigos.

 

Eliminemos la idea de vivir conforme a los estándares ajenos, o bien, reaccionando a lo que tememos que vivan nuestros hijos por  nuestros traumas. Es necesario inventar tu propia forma de criar adaptada a cada hijo en su unicidad. También trabajar tu propia infancia si es que esta dejó en ti huellas que te impide ver a tu hijo como quien es, sin mezclarlo con quién fuiste tú. Y es importante perdonarte ante los errores cometidos, y reparar con hechos y no rumiando los sentimientos de culpa, de insuficiencia y de humillación.

 

¿Te interesó el tema? Te recomiendo El eterno dilema de los padres entre el amor y la disciplina

Al pensar en familia nos viene a la cabeza la foto de una mamá, un papá y dos pequeñitos, de preferencia niño y niña, pero con el tiempo los tipos de familia han cambiado notablemente. Hoy existen familias binucleares, producto de la separación de una pareja con hijos donde los hijos cuentan con dos hogares; extensas, que incluyen miembros de diferentes generaciones, abuelos, tíos, primos viviendo bajo el mismo techo; homoparentales, en las que la pareja esta constitiuda por personas del mismo sexo; de padres solteros y, hasta podríamos decir, familias elegidas, aquellas que sin ser consanguíneas forman un hogar.

El engranaje familiar

Para que cada familia funcione requiere tener una estructura clara que la sostenga y, como toda estructura, esto implica que las partes que la constituyen ocupen el lugar que les corresponde. Así, los padres o los adultos a cargo tendrán por jerarquía, más poder y, por ende, más autoridad y responsabilidad.

A lo largo de la vida familiar los roles de los padres  -que implican funciones y tareas particulares para el mantenimiento y buen funcionamiento de la familia- pueden ser más o menos negociados, acordados y actualizados dependiendo de las necesidades, características y las transiciones de la familia.

Lo que no cambia

Los adultos a cargo deben sostener su lugar de poder y responsabilidad, esto no implica que sean autoritarios y abusivos, sino que sean los “capitanes del barco”. Cuando un hijo se posiciona como la autoridad familiar (explícita o implícitamente), ya sea por la falta de capacidad o responsabilidad de los padres o bien por la alianza que hace con alguno de ambos progenitores en contra del otro, la cosa se pone mal, cobrando costos particulares a los hijos que no pueden vivir las etapas de desarrollo que les corresponden, y dejando a los adultos en un juego de poder o de dependencia que tampoco les permite madurar como adultos, ni cumplir con sus funciones parentales, ni vivir una experiencia de pareja cabal. Para que la familia funcione se necesita que cada quien desempeñe su papel.

Rol de pareja y rol de padre o madre

Ahora, una cosa es ser parte del equipo parental con sus implicaciones de crianza y educación, y otra es ser parte del equipo conyugal, en que los mismos miembros desempeñan papeles diferentes para cultivar la relación de pareja, su disfrute y su amor.

Cuando las parejas  deciden tener hijos, la llegada de nuevos integrantes hace que cambie la dinámica de la relación radicalmente; pasar de ser pareja a ser padres no significa que las necesidades propias y las de la relación deban dejarse de lado. Y es cierto que los hijos necesitan del sustento parental en los años de formación, pero también es un hecho que, tarde o temprano, y sobre todo si se les educa y se les nutre de lo que requieren para “volar”, tomarán su propio camino para realizar su proyecto de vida personal.

Como verás, lograr que todo funcione bien es todo un malabar y requiere que los adultos a cargo hagan un balance entre sus rol como padres y su rol como pareja. Hay parejas separadas que terminan con el equipo conyugal, pero conservan el parental “hasta que la muerte los separe”.

Confío que estos consejos te puedan ayudar:

  • No dejes que los hijos tomen el control de tu vida –no quiere decir que los dejes olvidados y relegados-; pero por su propio bien y el la pareja  va a ser necesario recuperar espacios y tiempos reservados para la relación: lugares en la casa, tiempo en el día, en las vacaciones.
  • Para mantener vivo el amor de pareja hay que actualizar constantemente los acuerdos conyugales: la distribución de tareas, la satisfacción de las necesidades personales, el pedir ayuda para prevenir resentimientos y el poder construir espacios de goce y complicidad.
  • Si bien la crianza es un trabajo de pareja, también es muy útil tener una red de apoyo, de modo que la relación tenga tiempo y espacio para darse un respiro y disfrutarse. Familiares, amigos y empleados de confianza podrán ser parte de este equipo de apoyo durante los momentos más demandantes de la crianza.
  • A los hijos no se les tiene que explicar TODO, ni pedirles permiso para tomar decisiones que corresponden a los adultos. Esto los pone en un lugar que no les corresponde y genera un sentido de competencia e inadecuación, además de darles un poder que no saben manejar. No es lo mismo considerarlos o darles alguna explicación a que de ellos dependa la decisión
  • Siempre es importante delimitar los territorios que no les corresponden a los hijos, en tiempo, en espacio y en participación. Esto da un aire a los padres/pareja, y también pone límites saludables y protectores a los hijos.

Recuerda que los hijos se irán, lo ideal es que se vayan lo mejor equipados posibles, y que de paso dejen a la pareja con la complicidad necesaria para seguir disfrutando y construyendo su vida y su amor.

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.